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22 junio 2017

¿Por qué el supercapitalismo y sus políticos promueven el feminismo de “género”?

El feminismo de género, también denominado “feminazismo” echó a andar de la mano de las fundaciones Ford y Rockefeller, es decir, el ultracapitalismo (aprovecharon un movimiento previo para crear una versión amarillista para sus fines, que luego veremos).
En 1995 la ONU celebra la primera Conferencia de Pekín (Cumbre
de Beijing 95) para abordar la situación de las mujeres en el mundo, su problemática, todo lo concerniente a las mujeres y, “casualmente” ambas fundaciones también se hicieron notar…
En España el Gobierno Aznar, siguiendo los pasos del gobierno “socialista” de Felipe González (que pasará a la Historia por haber importado el invento, y ser el principal promotor de la ideología de genero en España, creando el Instituto de la Mujer…) y plagiando al Partido Republicano estadounidense, continúa con las directrices de la ya mencionada conferencia de la ONU, y profundiza en el camino emprendido por el socialista Felipe González y su partido…
El “popular” Aznar lo amplia luego a bombo y platillo, y con su gobierno se consolidan los diversos Institutos de la Mujer en las diversas regiones (léase “comunidades autónomas”) y se sientan las bases para la futura “ley integral contra la violencia de género” y demás leyes de apartheid y de discriminación “positiva” contra los varones…
Comienza a ponerse en marcha un enorme tinglado, una gran ubre, de mega subvenciones para grupos “de mujeres” que surgen por doquier, como setas, y cuyo último objetivo es la financiación fraudulenta de los partidos, sindicatos, y ONG-lobbies que están detrás de los mencionados grupos de mujeres…
Algunas de las consecuencias de la implantación del feminismo de género, en Europa y en el Tercer Mundo, están siendo entre otras la desestructuración de las familias, el control de la población y la desestabilización de las sociedades, enfrentadas en guerras de sexos, así como la erradicación de las culturas locales de los países pobres, en especial los de África y Asia.
En esencia el fascio-feminismo de género considera a un 50% de la población –las mujeres- “minoría discriminada”, y por tanto merecedora de cuantiosas subvenciones y ayudas (“deudas históricas” y cosas similares, lo denominan los neo-marxistas e izquierdistas “políticamente correctos”…)
Desde el año 2000 se vienen poniendo en funcionamiento en España de manera acelerada las Políticas de Género basadas en la agenda de la Unión Europea. Coincidiendo con este periodo, tres de los cuatro principales cargos en el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional han sido ocupados por tres españoles con la aprobación y complacencia de quienes controlan y financian tan importantes instituciones promotoras de las Políticas de Género.
España se convirtió en el líder mundial de referencia en la aplicación de Políticas de Género, con la aprobación en 2004 de la denominada “Ley Integral contra la Violencia de Género”.
Dicha Ley consagra el Derecho Penal de Autor, es decir discrimina entre hombre y mujer estableciendo diferentes tipos de sanciones para un mismo delito, en función del sexo del autor y de la víctima. No existe precedente mundial de una ley similar.
Por poner un ejemplo, en España existen en la actualidad asociaciones “de mujeres” que reivindican la Prisión Provisional automática para cada orden de alejamiento dictada contra un hombre, lo que conllevaría el ingreso en prisión de varias decenas de miles de personas. E incluso llegan a exigir que se establezca que tres policías se turnen para proteger a cada mujer presuntamente maltratada.
Aparte de cualquier otra consideración, y desde un punto de vista estrictamente económico, estas posturas disparan mortalmente contra la línea de flotación del sistema social español, dado que los recursos sociales, simplemente son limitados y escasos.
La consideración de una simple denuncia, como documento acreditativo de la condición de Mujer Maltratada a efectos de recepción de ayudas, es una realidad legal ya plasmada en los distintos Boletines Oficiales de España.
Somos muchos los que pensamos que la conculcación del Derecho a la Presunción de Inocencia y la presunta malversación de fondos públicos, son práctica común en nuestro país…
Si uno de los aparentes objetivos de las Políticas de Género es el combatir la Violencia Doméstica, (o al menos la denominada Violencia de Género) los resultados de la aplicación de esta clase de políticas en otros países no dejan lugar a dudas. Países “Feministas de Género” como Suecia –siempre citados como ejemplo a seguir por el Feminismo de Género- son un pésimo modelo social a imitar, pues presentan las tasas de Violencia Doméstica más altas de la Unión Europea, en oposición a Irlanda, Grecia o Italia (países supuestamente de tradición machista. Desgraciadamente Suecia tampoco es modelo socialmente de casi nada esencial – a pesar de la deformada buena imagen de éste país- pues sus tasas de suicidio y de maltrato a la infancia lo sitúan por desgracia en los primeros lugares de la lista de lo que podríamos denominar lugares donde “falta felicidad social”.
Algo especialmente destacable es que Suecia presenta una tasa de Maltrato a la Infancia que sólo es superada por Rumania de entre los países de la OCDE.
Suecia por otra parte presenta una cultura de divorcio muchísimo más desarrollada que España, sistemas de Mediación Familiar, y una aplicación extensa de la Guarda y Custodia Compartidas…
Pero, volvamos al asunto que nos ocupa: Existen algo más que sospechas, suficientes indicios que indican que el supercapitalismo (Ford, por ejemplo, mantuvo excelentes relaciones con los nazis, era antijudío y “antinegros”) ha manipulado el feminismo con claros objetivos, el más destacable es el de suplantar las tensiones sociales o lucha de clases por una lucha de sexos inducida. De esa manera la gente acaba poniendo más atención, en el hecho de que se haya producido la muerte de 60/70 mujeres por violencia intrafamiliar (todo queda en familia y se echa la culpa “a la violencia masculina/machista”, es decir, a los trabajadores varones) y le pasa desapercibido que se produzcan más de 1500 muertos durante el año en accidentes laborales o en accidentes de tráfico, en los que también mayoritariamente fallecen hombres. Por idénticos motivos, nadie habla de los más de más de 500 hombres separados que se suicidan anualmente en España tras el divorcio.
Se desactiva el conflicto social, para evitar que las grandes empresas salgan perjudicadas; se divide a los trabajadores, creando un ambiente contencioso entre sexos; se acaba con la familia nuclear para pasar a unidades minifamiliares atomizadas en las que todos son consumidores individuales (dando entrada a consumidores adolescentes y niños. Negocio redondo.
Por otra parte, se crea una sociedad donde otras creencias, como la religión, tienen menos margen de maniobra, y donde el capitalismo puro y duro campa a sus anchas, sin cortapisas ni “peros” morales.
La alianza capitalismo- feminismo; aparte del importante efecto de desviar las metas y preocupaciones de progreso hacia las luchas de género (en un mismo país la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres puede ser, por ejemplo, de 1 a 60; y entre mujeres y hombres de 1 a 1,3 y sin embargo, la machacona publicidad del feminazismo ha logrado que haya una mucho mayor preocupación social por disminuir esta última)
Otro asunto especialmente importante, es que las mujeres suelen ser más conservadoras y más “pasivas” políticamente que los hombres. Otorgándoseles más derechos y, sobre todo privando de ellos a los hombres, necesariamente aumenta la desmovilización social y el conservadurismo político (que no hay que confundir con “conservadurismo sexual”)
Por otro lado, las iniciativas de todo tipo, encaminadas a destruir lo que siempre se ha llamado “la familia”, fomentando el divorcio, familias “monoparentales”, uniones homosexuales, etc. origina una mayor descohesión social y una sociedad muchísimo más fácil de manipular. Se está creando una sociedad acéfala…
Estamos hablando de una política consistente en buscar “un problema” –lo haya o no, eso es lo de menos-, “encontrarlo” a fin de aplicar lo que les interese a determinados políticos, diagnosticar erróneamente, decretar soluciones duras e injustas y luego aplicarlas a medias…
Es necesario mirar con lupa las consecuencias de la progresiva implantación de las políticas “de género” en el mundo, es imprescindible denunciar la política de apartheid por razón de sexo, los intentos megalómanos de imponer y crear “el hombre (mujer) nuevo”,… teorías de semejante calibre siempre han producido enormes desastres.
(Este texto ha sido elaborado a partir de un amplio estudio de Eugenio Dorao)

20 junio 2017

Breve borrador para el debate sobre el derecho de autodeterminación

Introducción:
Existe una imperante necesidad en el movimiento popular en general y en el Movimiento Comunista en particular de abordar esta cuestión ya tan trabajada. Esta necesidad está determinada por dos cuestiones fundamentalmente: 1era, el abandono o vago desarrollo de esta cuestión por parte de algunos sectores del Movimiento Comunista; y 2do, una situación coyuntural en la que el campo independentista hegemónico en el Estado Español se está reelaborando en base a premisas cada vez más supeditadas al imperialismo, de índole menos popular y en la que la cuestión nacional se está convirtiendo en la cuestión fundamental a cualquier precio (en ocasiones y paradójicamente el precio a pagar es la misma nación). Por tanto, hemos visto de vital necesidad reavivar este debate con la seriedad merecida, más allá de una declaración de principios o limitado artículo de opinión sobre simplistas formulas ante una realidad tan compleja como esta.
Es importante establecer, en primer lugar, un matiz muy importante y básico sobre el concepto de autodeterminación y el trato que se le da actualmente, ya que es problemático en tanto que los conceptos, construidos y dotados de sentido de tal o cual manera, pierden efectividad a la hora de comunicar esta o aquella idea sobre la realidad a la que se refieren.
Se está dando énfasis a la idea de autodeterminación de pueblos o naciones como simple referéndum, como hecho puntual dentro de un proceso y no como un proceso en su totalidad. Es decir, el mismo poder político no es conquistado en el marco de lucha en el que se da el proceso de autodeterminación, si no que se hace una concesión puntual de poder político mediante plebiscito. Y aquí, como tal, la autodeterminación no se da en tanto no se conquista el poder político, no se varía la correlación de fuerzas en el campo de batalla. Solo mediante un proceso de conquistas políticas puede darse la autodeterminación; un referéndum es un representante formal de un salto cualitativo dado en este campo.
Intentaremos poner sobre la mesa ciertas problemáticas que aparecen durante la reflexión de este tema.
La nación:
Tal vez este sea uno de los temas más difíciles conceptualmente hablando al que nos podamos enfrentar en este escrito. Preguntarse qué es la nación es algo muy complejo que no se puede resolver sin situarla históricamente. De hecho, la nación en Europa se desarrolla como tal durante el desarrollo del capitalismo. ¿Quiere decir esto que previo al capitalismo no existieran agrupaciones humanas integradas? No, lo que quiere decir es que la forma particular que toma ese grupo étnicamente homogéneo, aunque con amplias variaciones regionales, durante el capitalismo es lo que actualmente conocemos como nación.
La creciente acumulación económica y de poder político por parte de la burguesía (y la formación del Estado burgués) dan lugar a un creciente comercio dentro de su marco de lucha de clases, lo que afianza unas relaciones económicas integradas entre las diversas regiones que el Estado reclama para sí. Así mismo, los intelectuales afines a la burguesía comienzan a desarrollar no solo la ideología jurídica del Estado burgués, sino que también desarrollan su ideología nacional, la cual está estrechamente relacionada con el interés de la burguesía de homogeneizar un marco de relaciones económicas internas en base a una identidad única de las distintas regiones del territorio reclamado, que si bien pueden ser parte del mismo grupo étnico existen variaciones regionales. Por tanto, los intelectuales burgueses empiezan a establecer qué es ser español, francés, vasco y un amplio etc. Una tipología ideal generalmente establecida en base a unos criterios étnico-identitarios sesgados que la burguesía asume y extiende a la población que se encuentra en su marco de influencia. Por tanto, es esta intelligentsia la que determina lo que es la identidad nacional, cuáles son sus particularidades, y por tanto, quien, oficialmente, pertenece a la nación. Siendo lo oficial un elemento coercitivo de gran poder, se asumen las características identitarias esbozadas por los intelectuales nacionalistas como referencia de la construcción identitaria de la nación en cuestión y de una reorganización de la cultura nacional oficial, cuando es posible que de facto las costumbres cotidianas de amplia parte de la población no coincidan estrictamente con lo oficialmente estipulado. Es preciso recalcar que si bien la construcción de la identidad nacional toma elementos propios de las clases populares, estas no están inmersas en el proceso constructivo de la identidad nacional oficial en tanto que no participan ni en el Estado ni en otras estructuras políticas que son las encargadas mediante los medios ideológicos a su alcance en trasladar la idea de identidad nacional homogénea a su población. Uno de los elementos fundamentales de la autodeterminación, tanto en su concepción socialista como popular, necesita de asumir que la cultura y la identidad, aun por suponerlos como elementos sustanciales más allá de la influencia racional y científica, necesita dotarse en esta época de dura agresión ideológica y cultural del imperialismo de herramientas para su propiocepción y auto-conciencia como elemento fundamental en la que se puedan identificar los elementos genuinamente populares de la cultura y desechar aquellos elementos alienantes propios de la cultura de masas capitalista cada vez más arraigada (lo más temible de todo esto es que ocasionalmente se confunde la cultura de masas o degradaciones de la misma con cultura popular y se le da un valor subalterno cuando es propiamente producto mismo del capitalismo).
Debemos asumir que la nación solo toma forma como tal cuando existe una clase social dominante económica y políticamente con la pretensión de unificar a las regiones que comparten lazos histórico-culturales bajo una misma identidad nacional, que además de identificarse culturalmente, es capaz de identificarse jurídica y políticamente. Cabe destacar que la integridad de la misma nación o regiones que la conforman se establece mediante lazos económicos, relaciones comerciales y de producción, puesto que sin estas relaciones materiales dos territorios étnicamente homogéneos se irán diferenciando por la carencia de unas relaciones que afiancen la reproducción de sus particularidades culturales y el intercambio de símbolos y costumbres que los asemejan. Los casos más perfectos son los de los llamados Estados-nacionales, puesto que conforman una idea jurídica de derechos y deberes (generalmente mitológico e idealista) en los que su población se reconoce como ciudadanos de los mismos (la pepa, la constitución del 78 etc…). Sin embargo, la construcción de la nación no se da exclusivamente mediante Estados que asumen como oficial una nacionalidad y la pretenden extender a todo el territorio Estatal, puesto que la influencia de las clases dominantes es variable en distintos territorios del mismo Estado dependiendo de diversas variables histórico-políticas.
Conciencia nacional y ¿de clase?
Hay que destacar que en todo proceso político aparece la ideología y la lucha de clases, de manera más o menos evidente, como elemento fundamental y constitutivo de este proceso, y negarlo supone alienación de la realidad concreta, la no-conciencia. En tanto que todo proceso político está dividido por fuerzas políticas está dividido por clases sociales o posiciones inherentes a las mismas o a otras variables sistémicas. Y esto no es menos en relación al tema de la autodeterminación. ¿Quién dirige el proceso de autodeterminación? No todos los posibles procesos de autodeterminación en una misma nación o pueblo llevan al mismo lugar… Asumir que el proceso de autodeterminación lo reclama una nación como tal en contra de un(os) Estado(s) opresor(es) es simplismo del más interesado, pues como ya hemos dicho, la nación como formación económico-social puede tomar diversas formas particulares dependiendo de qué clase social sea la dominante. Se dice, por ejemplo, que “España nos hunde” por economía del lenguaje, cuando es simplismo del mensaje, ya que decir que “la burguesía del Estado español (y más que esta) nos hunde a los trabajadores vascos, catalanes, gallegos, canarios, castellanos… y de los países periféricos y otros continentes no quedaba tan pomposo. Y es que, todo proceso de autodeterminación, nacionalismo o idea de patria, lleva una ideología de clase claramente impregnada, puesto que esa idea de patria o nación, de Estado particular o carencia del mismo, esa comunidad imaginada del futuro al que queremos pertenecer corresponde a una formación económico-social particular, donde existen clases sociales que ejercen un poder político, son explotados o explotadores, o que están en vías de desaparecer.
Sin menospreciar la profundidad conceptual que pueda llegar a tener la “conciencia nacional”, en la mayoría de los casos supone hablar de hegemonía de la burguesía en tanto no exista conciencia de clase por parte del proletariado, puesto que la idea abstracta de nación y patria es lo más alienante en esta materia. Con una idea alienada de la nación o de la patria no puede darse conciencia de la realidad material, no puede darse conciencia de clase, y por ende, no puede darse conciencia nacional en tanto no se comprenda a la misma como un campo de lucha de clases y no un lugar de armonioso reencuentro fraternal. Sin un proyecto político para la clase obrera vasca no existirá Republica Socialista Vasca. Si nos dejamos llevar por las ensoñaciones que la burguesía ha elaborado para nosotros lo único que conseguiremos es afianzar su poder político.
La construcción de la Republica Socialista Vasca pasa por la construcción del Partido Comunista de Euskal Herria
En tanto que hemos afirmado la existencia inapelable del carácter de clase existente en el proceso de autodeterminación, en Euskal Herria ese proceso pasa por la construcción del Partido Comunista, puesto que ya no hablamos de la autodeterminación de una nación en abstracto, si no de la autodeterminación de la clase obrera vasca hacia el socialismo, pasando inevitablemente por la independencia de clase, por la conciencia organizada como premisa fundamental para el cumplimiento del objetivo estratégico que es la Republica Socialista Vasca. Otra fórmula organizativa es equivoca, es dejar en manos de la burguesía la liberación nacional (si realmente la hubiera) y no asumir que solo la acción revolucionaria de los trabajadores puede liberarnos del yugo imperialista.

15 junio 2017

LA ORT

Resultado de imagen de ort ujmEntre finales de los sesenta y principios de los setenta se produjo una multiplicación de los comunismos españoles. Se asistió entonces a la proliferación de organizaciones marxista-leninistas que pretendían recuperar y fomentar aquel espíritu revolucionario  abandonado por el Partido Comunista de España (PCE).

Éste, en efecto, desde la mitad de los cincuenta había emprendido una profunda evolución ideológica que desembocaría en la fórmula eurocomunista. Buscando presentar una imagen democrática y tolerante y alcanzar una alianza interclasista contra la dictadura, el partido de Carrillo había puesto en marcha un proceso de secularización de su discurso, alejándose de los dogmas de la tradición comunista y adoptando paulatinamente posturas compatibles con los valores propios de los sistemas occidentales. La progresiva moderación del PCE, entrelazándose con otros factores como las repercusiones en España del 68 mundial y la escalada represiva que culminó con los estados de excepción de 1969 y 1970-1971 , favoreció el florecer de grupos radicales que ocuparon el creciente vacío político dejado a su izquierda .
La mayoría de las nuevas organizaciones marxista-leninistas del interior, al mismo tiempo que criticaban el «revisionismo carrillista», rechazaban la tradicional identificación con las políticas soviéticas. Efectivamente, al encontrarse el mito de la URSS en una situación de declive, prefirieron orientarse hacia las llamadas «nuevas izquierdas» y las corrientes de comunismo alternativo que, al
contrario, conocían entonces su auge en occidente . El maoísmo, en particular, tuvo mucho arraigo.
Fue adoptado por partidos que tomaron la vía armada, como el PCE (marxista-leninista) y luego
el PCE (reconstituido), así como por otros que eligieron una línea sustancialmente masista: los casos más relevantes en este sentido fueron representados por el Movimiento Comunista de España
(MCE), el PCE (internacional), que en 1975 pasó a denominarse Partido del Trabajo de España (PTE), y la formación que constituye el objeto específico del presente artículo, es decir, la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT).

Ésta nació en 1970 mediante la conversión en partido de la Acción Sindical de Trabajadores (AST), un sindicato clandestino que había sido puesto en marcha en 1963-1964 por católicos procedentes sobre todo de las Vanguardias Obreras y que, desde sus comienzos, había participado activamente en las Comisiones Obreras (CCOO). A finales de los sesenta la AST se planteó la necesidad de adquirir un compromiso propiamente político: en un contexto caracterizado por la radicalización de diversos sectores del antifranquismo, estimó que la lucha contra la dictadura del Caudillo, en particular, y por el socialismo, más en general, no podía limitarse al ámbito económico. Además, consideró que en el panorama español hacía falta (re)construir un partido auténticamente marxista-leninista, dado que el PCE  había perdido dicho carácter.

La ORT no completó su proceso de formación hasta 1972.
Durante sus dos primeros años definió su marco ideológico y experimentó cambios en su militancia y equipo dirigente: si es cierto que se benefició de la incorporación de jóvenes profesionales y estudiantes, al mismo tiempo sufrió los abandonos de quienes no aceptaron la transformación en partido o la adopción del maoísmo .
Resultado de imagen de ort ujmLa ORT, así como los otros partidos de la misma familia ideológica, se adhirió a una imagen idealizada del modelo chino. No podía ser de otra forma, dado que el conocimiento acerca de la realidad del régimen del Gran Timonel en occidente era muy escaso, basado esencialmente en los materiales de propaganda, y en España este déficit informativo resultaba agravado por las condiciones de la dictadura. La República Popular China pudo aparecer así como un lugar mítico donde proyectar utopías y esperanzas de renovación radical . La ORT, en efecto, se orientó hacia el maoísmo porque lo consideraba un corpus de teorías y prácticas capaces de avivar constantemente la tensión revolucionaria, preservando los principios marxista-leninistas y evitando al mismo tiempo las degeneraciones que afectaban al bloque soviético. Fue determinante en este sentido la fascinación producida por el compromiso de China a favor de los procesos de liberación nacional y, sobre todo, por la Revolución Cultural, que fue vista como una alternativa concreta  al sistema pseudoburocrático que caracterizaban la Unión Soviética, como un experimento exitoso de construcción del
socialismo realizado mediante la amplia participación del pueblo y el ejercicio de la crítica abierta.

En el crepúsculo del franquismo, la ORT intentó establecer contactos finalizados a la construcción de un partido unitario de los marxista-leninistas españoles; se insertó en esta perspectiva, por ejemplo, un fracasado acercamiento al MCE . Además, prosiguiendo la labor de la AST, la organización desarrolló una intensa actividad en el movimiento obrero, y en particular en las CCOO.
Afirmando la necesidad de fortalecer las Comisiones a nivel de base y de potenciar el carácter antifascista de sus reivindicaciones, polemizó continuamente con el PCE, al que acusaba de encerrarlas en un marco legalista y de mermar su potencial combativo para ponerlas al servicio de una política de conciliación.
 La ORT estableció una presencia notable en las CCOO de Madrid, Huelva y, sobre todo, Navarra. En dicha región se convirtió en la fuerza hegemónica del nuevo movimiento obrero y protagonizó algunas importantes acciones, como la movilización general del 11 de diciembre
de 1974.

Se ve que dos conceptos maoístas, derivados de la Revolución Cultural, arraigaron profundamente en la organización y la condicionaron a lo largo de su trayectoria. Uno fue el principio de la «línea
de masas», que en el caso de la ORT se tradujo en exaltar el papel creador del pueblo y en hacer constantemente hincapié en la necesidad catártica de que él mismo fuera protagonista del proceso
de configuración de la España posfranquista. Esto implicó, entre otras cosas, la adopción de una postura fuertemente contraria a los pactos entre elites. El otro concepto maoísta que tuvo gran influencia en la organización fue el de la «lucha ideológica entre dos líneas» que, al postular la contraposición constante entre una línea «revolucionaria» y otra «revisionista», fomentó el sectarismo y operó constantemente como factor de división. Además, encerró a menudo la actividad del partido en esquemas doctrinarios rígidos basados en la defensa de identidades del pasado, que le impidieron elaborar una renovada síntesis entre teoría y práctica para situarse en el complejo sistema de democracia parlamentaria que iba tomando forma.

Escribir la historia de la ORT, y de la izquierda radical en general, significa explorar unas alternativas que salieron vencidas de la Transición, como la búsqueda a ultranza de la ruptura, la lucha contra el pacto social o la reivindicación de un diferente modelo.


La ORT tenía una concepción etapista de la marcha hacia la sociedad comunista. En el momento de la muerte de Franco su objetivo inmediato consistía en conseguir una neta ruptura con el régimen
dictatorial, considerado como expresión política del poder socioeconómico de los sectores oligárquicos y cuyo legado era la monarquía de Juan Carlos. Para lograr este resultado, el partido
Resultado de imagen de ort ujmcreía indispensable la confluencia de dos factores: la unidad de la oposición y el incremento de la lucha de masas.
Como programa mínimo para un amplio acuerdo de todas las fuerzas interesadas en un cambio democrático, la organización proponía la Alternativa Democrática Unitaria (ADU), que preveía el
derrocamiento del soberano nombrado por Franco, la formación de un gobierno provisional de unidad antifranquista y la celebración de elecciones libres para la Asamblea Constituyente. Sin embargo,
la inclusión de la ORT en los organismos unitarios de la oposición resultó problemática, ya que, al comienzo de la Transición, el partido no integraba ni la Junta Democrática (JD) ni la Plataforma de
Convergencia Democrática (PCD). No había tomado parte en la JD, por un lado, porque condenaba la presencia en ella de personalidades como Calvo Serer, que veía como exponentes de la oligarquía,
y por el otro, porque sus problemáticas relaciones con el PCE, marcadas por críticas y recelos mutuos, dificultaban notablemente su adhesión a una coalición en que el partido de Carrillo representaba la principal fuerza organizada. En la primavera de 1975, intentando remediar su aislamiento, la ORT había ingresado en la PCD promovida por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE); sin embargo, después de unos meses había salido también de este organismo al juzgar que no se pronunciaba de manera bastante contundente contra la monarquía.

En estas difíciles relaciones con la JD y la PCD se puede ya notar una dinámica que caracterizó la actuación de la organización a lo largo de la Transición: una constante contradicción entre una
tensión incluyente, propensa a la praxis, que reconocía el carácter minoritario del grupo y la consecuente necesidad de colaborar con otros partidos para poder conquistar avances a nivel político y social, y otra excluyente, pegada al principio de la lucha ideológica, que rechazaba los necesarios compromisos intrínsecos a cualquier política unitaria.
En su táctica para conseguir la ruptura, la ORT atribuía una importancia crucial, aún más que a los acuerdos entre partidos, a las presiones desde abajo. A este propósito hay que considerar que, de manera parecida a los otros grupos de la izquierda radical, poseía una visión de las masas caracterizada por  optimismo histórico: creía que el pueblo, en su mayoría, presentaba niveles de madurez política y combatividad tan altos que cabía la posibilidad de plantear a corto-medio plazo la lucha no sólo por la instauración de un Estado republicano, sino también por la realización de transformaciones que afectaran las estructuras socioeconómicas. Dadas estas circunstancias, la ORT consideraba al alcance de la mano la materialización de la Huelga General (HG), conditio sine qua non para romper con el franquismo y asegurar el protagonismo de las masas en el proceso de cambio, poniéndolas en una posición de fuerza en el momento de la configuración del nuevo sistema y facilitando así la creación de una democracia avanzada, primer paso hacia la República Popular y el comunismo.
En el inmediato posfranquismo, los acontecimientos alimentaron las esperanzas de la ORT de concretar dicha perspectiva. A partir de diciembre de 1975, a lo largo de la geografía española se desarrolló una enorme oleada de protestas. La sociedad civil reclamaba libertad y amnistía. En el ámbito obrero, el malestar causado por la crisis económica contribuyó a fomentar las movilizaciones, que en muchos lugares coincidieron con un momento de negociación de nuevos convenios. Durante el primer trimestre de 1976 se produjeron
así 17.731 huelgas.
 La organización, en sus zonas de influencia, trabajó intensamente para que las protestas se extendieran y radicalizaran.
En Navarra, por ejemplo, estuvo entre los promotores de la movilización del 22 de febrero, así como del paro general de cuatro días en solidaridad con los sucesos de Vitoria. La ORT creía que se podía tocar «con los dedos la caída del fascismo» .
Sin embargo, los partidos mayoritarios de JD y PCD hacían una lectura distinta de la situación. A comienzos de marzo, precisamente a raíz de los hechos de Vitoria, juzgaron que el primer gobierno de la monarquía poseía más capacidad de resistencia de lo previsto, mientras que las fuerzas de la oposición, a pesar de ser ingentes, no eran suficientes para derrumbarlo. Coordinación Democrática (CD), nacida de la fusión de JD y PCD, renunció, por tanto, al objetivo máximo de la ruptura propiamente dicha, adoptando la fórmula de la ruptura pactada. Ésta,  representó una traición
por parte de las elites partidistas al auge experimentado por las luchas de las masas: «Es como si tuviéramos una fortaleza enemiga asediada y a punto de vencer —se afirmaba en En Lucha— y para
lograr su final rendición [...] retirásemos las tropas».
Dado que los otros partidos de CD tenían escasa capacidad de control sobre las movilizaciones de base, la ORT dirigió sus principales críticas hacia el PCE que, según ella, había aprovechado su
papel dirigente en CCOO para «poner límites a la acción de las masas» en función de «sus posiciones de conciliación con el enemigo». El caso de Madrid le parecía emblemático. Desde comienzos de enero las manifestaciones y paros habían experimentado allí una rápida escalada, culminando entre los días 12 y 17, cuando el número de huelguistas alcanzó los 400.000. La ORT, que en las Comisiones de la capital representaba la segunda fuerza organizada después del partido de Carrillo y contaba con destacados dirigentes como Luis Royo y Cristino Doménech, quería mantener las movilizaciones a ultranza hasta que desembocaran en la HG.
En cambio, los líderes de CCOO ligados al PCE, al considerar que las huelgas ya habían alcanzado su cenit y se encontraban en un punto muerto, en la segunda mitad del mes propiciaron la formación
de comisiones negociadoras, favoreciendo la vuelta de los trabajadores a sus puestos.


Así, al momento de explicar el por qué no se había producido el evento catártico de la HG a pesar de que, según ella, existían las condiciones, la ORT no cuestionó sus análisis acerca de la supuesta
debilidad del aparato estatal o de la elevada conciencia antifascista del pueblo, sino que utilizó las direcciones de los partidos de CD, y del PCE en particular, como chivos expiatorios.
Durante la primavera, en la organización se desarrolló un intenso debate acerca de la oportunidad de tomar parte en la Platajunta.
Si algunos señalaban la necesidad de quedarse fuera, para tener una posición de coherencia y claridad política, otros subrayaban que el estar en CD representaba el medio más eficaz para influir críticamente en los procesos decisorios de la oposición y empujar hacia la ADU. Finalmente, en este caso la tensión incluyente prevaleció y la ORT ingresó en la Platajunta a comienzos de julio, a
raíz de la caída de Arias.

A su vez, la organización había empezado un proceso de acercamiento al PTE , que se entrelazó con la salida de ambos partidos de CCOO. Las Comisiones habían defendido siempre el proyecto
de un sindicalismo posfranquista unitario. Sin embargo, la mayoría de su equipo dirigente, considerando que la legalización de los sindicatos parecía aproximarse y constatadas las profundas reticencias de la Unión General de Trabajadores (UGT) ante la perspectiva de la unidad orgánica, en el verano de 1976 se movió hacia una aceptación de hecho de un futuro marco de pluralismo sindical. Consecuentemente en julio, en la Asamblea de Barcelona, se afirmó la necesidad de convertir cuanto antes CCOO en una Confederación Sindical propiamente dicha, para no perder terreno a favor
de la central socialista.

ORT y PTE rechazaron esta decisión, porque todavía consideraban posible el levantamiento de un sindicato unitario, a condición de que se construyera fomentando la participación desde abajo, a través de un proceso asambleario ascensional que culminaría con un Congreso Sindical Constituyente. Esta perspectiva, fundada en la convicción de que las masas poseían un instinto claramente unitario, chocaba con la de los dirigentes de Comisiones ligados al PCE, que ponían esencialmente en las manos del Secretariado y de la Coordinadora General la tarea de proceder a la
transformación en central sindical. En la Asamblea de Barcelona la postura de ORT y PTE fue respaldada sólo por el 10 por 100 de los asistentes. Durante el verano los dos partidos maoístas maduraron entonces la decisión de salir de Comisiones, que se hizo efectiva a finales de octubre, cuando nació oficialmente la Confederación Sindical de CCOO.

14 junio 2017

Una historia increíble de la miseria intelectual del postmodernismo. El pene conceptual como un constructo social: un engaño al estilo Sokal sobre estudios de género

El engaño
El supuesto científico y metacientífico androcéntrico de que el pene es el órgano reproductor masculino es apabullante y, en gran parte, indiscutible.
Así es como empezamos, usamos esta oración absurda para presentar un «artículo» de 3.000 palabras que no es sino un completo sinsentido disfrazado de erudición académica y que, posteriormente, una revista académica del ámbito de las ciencias sociales con revisión por pares aceptó y publicó.
Este artículo nunca debería haberse publicado. Con el título «El pene conceptual como un constructo social», nuestro trabajo «argumenta» que «El pene con respecto a la masculinidad es una construcción incoherente. Se defiende así que el pene conceptual se comprende mejor no como un órgano anatómico, sino más bien como una construcción social performativa y un constructo difundido a nivel social». Todo ello con el objetivo de demostrar la afirmación del filósofo David Hume de que existe una profunda brecha entre lo que es y lo que debería ser. Nuestro artículo, ese que nunca debería haberse publicado, se publicó con acceso abierto, lo que significa que está disponible para todos los lectores y no está sujeto a pago, en la revista con revisión por pares Cogent Social Sciences. En caso de que se elimine el PDF, lo tenemos guardado.
Con los seudónimos de «Jamie Lindsay» y «Peter Boyle», y enmarcado en el ficticio «Grupo de Investigación Social Independiente del Sureste», escribimos un artículo absurdo con base en la teoría del género discursivo posestructuralista. El artículo era ridículo adrede, pues nuestra argumentación se basaba esencialmente en que los penes no debían considerarse como órganos genitales masculinos, sino como construcciones sociales perjudiciales. Ni siquiera nos molestamos en saber qué significa realmente la «teoría del género discursivo posestructuralista», dimos por hecho que si dejábamos meramente claro que nuestras implicaciones morales se basaban en que la masculinidad es intrínsecamente mala y que el pene está, de alguna manera, en la raíz de todo ello, conseguiríamos que nos publicasen el artículo en alguna revista respetable.
Estas características irrecusables de nuestro engaño restan importancia a la falta de aptitud de nuestro artículo para ser incluido como publicación académica. No intentamos hacer un artículo coherente, simplemente lo llenamos de vocablos de la jerga («discursivo» e «isomorfismo»), tonterías (como argumentar que los hombres hipermasculinos están dentro y fuera de ciertos discursos al mismo tiempo), frases clave (sociedad prepospatriarcal), referencias lascivas a los términos relativos al pene, insultos hacia los hombres (incluido el de hacer referencia a algunos hombres que eligen no tener hijos como «incapaces de forzar a una compañera») y alusiones a la violación del espacio o  despatarre –quejarse de que los hombres se sienten con las piernas abiertas– es «similar» a violar el espacio a su alrededor». Después de redactar el artículo, lo leímos con atención para asegurarnos de que no decía nada significativo y, como ninguno de nosotros pudo determinar de qué trataba realmente, lo consideramos un éxito.
A continuación proporcionamos algunos ejemplos, como un párrafo de la conclusión, el cual ambos revisores consideraron como muy positivo.
Concluimos así que la mejor forma de comprender el concepto de pene no es como un órgano sexual masculino, o como un órgano reproductor masculino, sino como una construcción social promulgada que es, a la vez, perjudicial y problemática para la sociedad y las futuras generaciones. El pene conceptual presenta problemas significativos para la identidad de género y la identidad reproductiva dentro de la dinámica social y familiar, tiene un carácter excluyente en las comunidades marginadas basadas en el género o la identidad reproductiva, es una fuente inagotable de abuso hacia las mujeres, así como hacia otros grupos y personas marginadas por motivos de género, es el origen performativo de la violación, y es el motor conceptual que está detrás de gran parte del cambio climático.
Sí, lo ha leído bien, afirmamos que el cambio climático lo causan «conceptualmente» los penes. ¿Cómo defendimos esa afirmación? De la siguiente forma:
Los enfoques hegemónicamente masculinos destructivos e insostenibles de las políticas y acciones ambientales más urgentes son el resultado predecible de una violación de la naturaleza por una mentalidad dominada por los hombres. Esta mentalidad se refleja mejor si reconocemos el papel del pene conceptual en la psicología masculina. Cuando se aplica a nuestro entorno natural, especialmente a ambientes vírgenes que se pueden expoliar fácilmente por sus recursos materiales, y los cuales quedan dilapidados y reducidos después de que los enfoques patriarcales con base en el beneficio económico hayan robado su valor esencial, la extrapolación de la cultura de la violación inherente al pene conceptual se hace evidente.
Y así, lo que argumentamos se deduce de lo anterior por medio de una cita sin sentido generada algorítmicamente a partir de un artículo ficticio, al que nos referimos y citamos explícitamente en el artículo:
La significancia de la hipermasculinidad tóxica deriva directamente del pene conceptual y se basa en sí misma para apoyar el materialismo neocapitalista, motor fundamental del cambio climático, especialmente en lo que se refiere al uso desenfrenado de las tecnologías basadas en combustibles fósiles que emiten carbono y en la dominación de los entornos naturales vírgenes. No consideramos necesario profundizar en las críticas del objetivismo dialéctico ni en sus relaciones con tropos masculinos, como el pene conceptual, para hacer una crítica efectiva del objetivismo dialéctico (excluyente). Todas las perspectivas importan.
Si tiene problemas para entender lo que significa, hay dos puntos importantes que se deben considerar. En primer lugar, nosotros tampoco lo entendemos. Nadie lo hace. Esto debería haber bastado para que cualquier revista con revisión por pares decidiese no publicarlo. En segundo lugar, estos ejemplos son los más lúcidos en comparación con el resto del documento. Por ejemplo, considere este ejemplo final:
En la medida en que la masculinidad es esencialmente performativa, también lo es el pene conceptual. El pene, según Judith Butler, «solo puede entenderse por referencia a lo que se excluye del significante dentro del dominio de la legibilidad corporal» (Butler, 1993). El pene no debe entenderse como una expresión honesta de la intención del intérprete si se presenta en una actuación de masculinidad o hipermasculinidad. Así, el isomorfismo entre el pene conceptual y lo que se denomina en la literatura feminista discursiva como «hipermasculinidad tóxica» se define con base en un vector del machismo cultural masculino braggadocio con el pene conceptual en el papel de sujeto, objeto y verbo de acción. El resultado de esta tricotomía de papeles es posicionar a los hombres hipermasculinos tanto dentro como fuera de discursos competidores cuya dinámica, como se observa en el análisis posestructuralista del discurso, promueve una interacción sistemática de poder en la que los hombres hipermasculinos usan el pene conceptual para pasar de sujetos impotentes a sujetos poderosos (consultar a Foucault, 1972).
Nadie sabe qué significa esto porque es un completo disparate. Quien diga que lo entiende, miente. Punto final.
Pero aún va a peor. No solo el texto es ridículo, sino también las referencias. La mayoría de ellas son citas a artículos y cifras de este ámbito que apenas tienen sentido en el marco del texto. Otras se obtuvieron mediante la búsqueda de palabras clave y artículos que, aparentemente, estaban relacionados con las palabras que citamos. De todas estas fuentes no leímos absolutamente ninguna, adrede, pues formaba parte del engaño. Y todavía va a peor...
Algunas referencias citan el Postmodern Generator, un sitio web codificado en la década de 1990 por Andrew Bulhak que presenta un algoritmo basado en el método de Alan Sokal (NYU) para engañar a una revista de estudios culturales llamada Social Text y que genera un «artículo» posmoderno cada vez que la página se carga. Gran parte de nuestras citas y referencias proceden del Postmodern Generator. Entre ellas se incluyen citas sin sentido incorporadas en el cuerpo del documento que remiten a cinco «artículos» diferentes generados en tan solo unos minutos.
Cinco referencias a artículos falsos en revistas que no existen es algo increíble por sí mismo pero lo que es aún más asombroso es que el artículo original que presentamos solo tenía dieciséis referencias en total (ahora tiene veinte, después de que un revisor pidió más ejemplos). Casi un tercio de nuestras referencias remite a fuentes falsas de un sitio web. Todo ello nos da pie a mofarnos de que este tipo de sinsentidos tienen cabida, sobre todo, en los campos «académicos» corrompidos por el posmodernismo. Hablaremos de ello más adelante.
Dos de las revistas falsas citadas son Deconstructions from Elsewhere y And/Or Press, que se obtuvieron directamente a partir de citas ficticias generadas algorítmicamente en el Postmodern Generator. Otra de las citas se remite al investigador ficticio «S. Q. Scameron», cuyo nombre, completamente inventado, aparece en el cuerpo del artículo varias veces. En respuesta a esto, los revisores consideraron que nuestras referencias eran «sólidas», incluso después de un control de referencias cruzadas aparentemente meticuloso llevado a cabo en la fase final de aprobación editorial. No importa el esfuerzo que se haga, parece que uno simplemente no puede superar al genio de Cogent Social Sciences.
Sin embargo, en un principio no pretendíamos engañar a Cogent Social Sciences. Si lo hubiéramos hecho, esta historia no sería tan interesante ni tan fulminante. Otra revista NORMA: International Journal for Masculinity Studies, una revista del grupo editorial Taylor & Francis, nos recomendó Cogent Social SciencesNORMA rechazó «El pene conceptual como un constructo social», pero pensó que encajaría bien en la Serie Cogent, que trabaja de forma independiente dentro del grupo Taylor & Francis. En su carta de rechazo, los editores de NORMA escribieron:
Consideramos que su artículo sería muy adecuado para nuestra Serie Cogent, una plataforma multidisciplinaria y abierta para difundir de forma rápida investigaciones revisadas por pares en todas las disciplinas.
Si reenvía su artículo:
·      Ahorrará tiempo, ya que no es necesario volver a formatearlo ni reenviar su trabajo manualmente.
·      Conseguirá que su artículo se publique más rápido, puesto que, junto con él, se reenviarán también las revisiones anteriores.
En el caso de que se acepte su artículo, y para garantizar que todos los lectores podrán acceder a él de forma abierta, la Serie Cogent le invita a realizar una contribución «pague lo que considere» para cubrir los costes de la publicación en acceso abierto. Tanto usted, como autor, como la institución o entidad que haya financiado la investigación puede realizar este pago. Actualmente muchas instituciones y entidades de financiación proporcionan apoyo económico para publicar en acceso abierto.
Entonces, decidimos hacerles caso y Cogent Social Sciences aceptó «El pene conceptual como un constructo social». Los revisores nos animaron muchísimo y nos evaluaron de forma muy positiva en casi todas las categorías. Por ejemplo, un revisor calificó nuestra propuesta de tesis como «sólida» y la elogió de la siguiente forma: «Capta [sic] la cuestión de la hipermasculinidad a través de un proceso multidimensional y no lineal», lo que nosotros interpretamos como que vaga sin rumbo a través de muchas capas de jerga y tonterías. El otro revisor calificó la tesis, junto con el artículo completo, como «destacable» en cada una de las categorías.
Sin embargo, no aceptaron el artículo del todo. El segundo revisor de Cogent Social Sciences nos sugirió algunas soluciones relativamente fáciles para hacer que nuestro trabajo fuera «mejor». Las aceptamos y modificamos el artículo en aproximadamente dos horas, añadiendo simplemente algunas tonterías más sobre el despatarre, la supuesta causa del cambio climático, y los concursos de quién la tiene más larga.
El problema de las revistas de acceso abierto en las que se paga por publicar
Cogent Social Sciences es una revista multidisciplinaria de acceso abierto que ofrece una revisión por pares de excelente calidad en todos los campos de las ciencias sociales, desde el Derecho, la Sociología, la Política, la Geografía y el Deporte a la Comunicación. Si consigue que su investigación conecte con el público general, obtendrá el máximo número de lectores e impacto.
Una de las cuestiones más importantes a las que se enfrenta la publicación con revisión por pares es la siguiente: «¿Son las revistas de acceso abierto en las que se paga por publicar el futuro de la publicación académica?». Al parecer hemos respondido a esa pregunta con un gran ¡NO! en rojo.
Sin embargo ese ¡NO! tiene un asterisco. Es decir, el proceso llevado a cabo en las revistas de acceso abierto en las que se paga por publicar no puede garantizar una calidad si no cuenta con unas medidas de protección muy estrictas, algo que no sorprenderá a aquellos que ya estén familiarizados con este debate. No hay nada necesariamente o intrínsecamente malo en las revistas de acceso abierto o en las que se paga por publicar; es más, en última instancia, pueden resultar de gran valor. Sin embargo, a corto plazo, pagar por publicar puede ser un problema importante debido a las tendencias inherentes a los conflictos de intereses, ya que los beneficios están por encima de la calidad académica, es decir, el ánimo de lucro es peligroso porque las cuestiones éticas son caras.
El mecanismo de pago por publicar no debe afectar a las normas de control de la calidad del proceso de revisión por pares. Cogent Open Access afirma que consigue resolver este problema mediante un proceso de revisión ciega. ¿Funciona? Tal vez no siempre, si este caso sirve como indicio. Algunas revistas en las que se paga por publicar explotan felizmente a académicos preocupados por su carrera profesional y publican cualquier cosa (véase el famoso engaño del artículo de Seinfeld)1. ¿Es el nuestro el mismo caso? Los académicos dedicados a los estudios de género comprometidos con la integridad de su disciplina académica deberían esperarlo, y tienen razones para sospecharlo. Por un módico precio de mínimo 625 dólares, Cogent Social Sciences estuvo dispuesta a publicar «El pene conceptual como un constructo social»2. Sin embargo, al parecer, existe un problema aún más profundo aquí. Suponiendo que se trata de un medio predador de pago por publicar, nos sorprendió que una revista aparentemente respetable del grupo Taylor & Francis nos propusiera contribuir en la Serie Cogent (Nota de los autores: dejamos a criterio del lector considerar NORMA: International Journal for Masculinity Studies como una revista válida, aunque, aparentemente, la dirigen todos unos expertos académicos en el campo y no es una máquina depredadora de hacer dinero). El problema, entonces, quizás tenga que ver no solo con las revistas de pago por publicar, sino también con la infraestructura que las soporta.
En suma, es difícil posicionar a Cogent Social Sciences en un rango que va desde una revista académica rigurosa en estudios de género a una fábrica predadora de dinero por publicar. En primer lugar, Cogent Social Sciences funciona con el visto bueno del grupo Taylor & Francis, con el cual, sin ningún duda, está estrechamente asociada. En segundo lugar, se presenta como una revista de acceso abierto de excelente calidad en el Directorio de Revistas de Acceso Abierto (DOAJ), que pretende ser una lista fiable que recoge este tipo de publicaciones. De hecho, se encuentra registrada en otras organizaciones de acreditación similares.
Estos hechos arrojan dudas suficientes en torno a la sencilla afirmación de que Cogent Social Sciences es una farsa de revista que aceptó «El pene conceptual como un constructo social» solo para ganar dinero. Como resultado, independientemente de que Cogent Social Sciences se sitúe en el espectro que acabamos de mencionar, existen razones sólidas para considerar que gran parte del problema radica en el propio concepto de que cualquier revista es una «revista académica rigurosa en estudios de género».
Posmodernismo, Estudios de Género y Canon del Conocimiento
En 1996, Alan Sokal, profesor de Física de la Universidad de Nueva York, publicó un artículo falso titulado «Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity» en la revista de estudios culturales Social Text, publicada a su vez por Duke University Press. La publicación de este artículo sin sentido en una prestigiosa revista con una fuerte orientación posmodernista supuso un golpe devastador a la legitimidad intelectual del Posmodernismo.
A continuación, Sokal y el físico belga Jean Bricmont escribieron en su libro de 1997, Fashionable Nonsense, que ciertos tipos de ideas pueden llegar a ponerse tan de moda que incluso pueden poner en peligro la competencia crítica requerida en el proceso de revisión por pares. Esto da pie a que se publiquen completos absurdos, siempre que parezcan o suenen de cierta manera o promuevan ciertos valores. Con base en el engaño de Sokal, continuamos con nuestra broma, aunque sabíamos que era necesario darle otra forma.
El objetivo de Sokal era demostrar que los abusos lingüísticos de moda, sobre todo aquellos que se basan en juegos de palabras y dobles sentidos relacionados con términos científicos, la aparente autoridad científica, la conformidad con ciertas normas políticas izquierdistas y los cumplidos de los preconceptos académicos de un consejo editorial bastarían para asegurar que un artículo se publicase y, por lo tanto, mostrase un rigor académico de mala calidad por parte de la erudición posmodernista y el comentario social.
Uno de los principales objetivos del engaño de Sokal fue la apropiación de la terminología matemática y científica que los «estudiosos» posmodernistas no terminaban de entender ni usar correctamente. En nuestro artículo incluimos los términos «isomorfismo» y «vector» a modo de sutil homenaje a Sokal. Los sinsentidos de moda se centran sobre todo en los abusos posmodernistas de la terminología matemática y científica. Es decir, Sokal señaló el abuso académico por parte de posmodernistas y encontró además su punto muerto. Su trabajo solo podía publicarse si los posmodernistas que lo aprobaron tenían una motivación política incontenible y una asombrosa falta de comprensión de la matemática básica y la terminología de la física.
La comunidad científica se puso eufórica cuando Sokal hizo estallar la burbuja posmoderna porque estaban hartos de que los posmodernistas usasen mal los términos científicos y matemáticos para redactar auténticas chorradas cargadas de jerga y comentarios sociales extraños que, solo superficialmente, mostraban cierta seriedad en la terminología científica. Parece que Social Text aceptó el artículo de Sokal, sencillamente porque Sokal era un científico reconocido que parecía haber visto la luz.
Nuestro engaño era similar, por supuesto, pero tenía como objetivo exponer un sesgo algo más alarmante. La más potente de las susceptibilidades humanas en relación a la corrupción por el absurdo de la moda es la tentación de aprobar sin crítica alguna los sinsentidos que moralmente están de moda. Esto es, supusimos que podíamos publicar un artículo completamente absurdo y sin sentido siempre que este mostrase a simple vista una actitud moralizante que concordaba con las convicciones éticas de los editores. Como cualquier impostor, nuestro artículo tenía que disfrazarse, y el nuestro fue el disfraz más ridículo y caricaturesco posible. No nos limitamos a ponerle un bigote obviamente falso para enmascarar su verdadera identidad, sino a ponerle dos de ellos como cejas.
Sokal expuso la obsesión en torno a la burbuja académica que caracteriza todo el proyecto del posmodernismo académico. Nuestro objetivo era más pequeño pero más intencionado. Lo que pretendíamos era poner a prueba la hipótesis de que los cumplidos de la arquitectura moral de la izquierda académica en general y la ortodoxia moral de los estudios de género en particular es el irresistible determinante de publicar en una revista académica en el campo. Es decir, nuestro objetivo fue demostrar que el deseo de que se reconozca una determinada visión moral del mundo puede superar la evaluación crítica requerida para la erudición. En particular, sospechamos que los estudios de género están lisiados a nivel académico debido a una creencia predominante y casi religiosa de que la masculinidad es la raíz de todo mal. Nuestra sospecha queda justificada con base en los hechos observados.3
Una cuestión aún más preocupante es que, desgraciadamente, creemos que nuestro engaño no romperá este hechizo. En primer lugar, el engaño de Alan Sokal, del que hace ahora más de 20 años, no impidió la continuación de la extraña «erudición» posmodernista. En primer lugar, no llevó a que se endureciesen los estándares que habrían bloqueado nuestro propio engaño. En segundo lugar, la gente no suele renunciar a sus apegos morales y a sus compromisos ideológicos solo porque no estén alineados con la realidad.
En la década de 1950, el psicólogo Leon Festinger reveló la operación del conocido fenómeno de la disonancia cognitiva cuando infiltró un pequeño culto a un OVNI conocido como los «buscadores». Cuando las creencias apocalípticas de los Buscadores no consiguieron materializarse como se pensó, Festinger documentó que muchos miembros de la secta se negaron a permitir que los hechos cambiaran por completo sus creencias básicas, así que las racionalizaron. Posteriormente, muchos buscadores adoptaron la creencia de que el papel que desempeñaban era el de salvar al mundo con su fidelidad. Es decir, ¡creían que los extraterrestres que traían el día del juicio final estaban tan impresionados por su fe que decidieron no destruir el mundo después de todo!
Por lo tanto, es plausible que algunos académicos de los estudios de género afirmen que el «pene conceptual» tiene sentido tal y como lo describimos, que los hombres a menudo sufren de machismo braggadocio y que existe un isomorfismo entre estos conceptos a través de cierta concepción hipermasculina tóxica personal de su propio pene.
Esperamos sinceramente que no.
Conclusión: un problema con dos frentes para la academia
Existen, al menos, dos dolencias profundamente problemáticas que dañan la credibilidad del sistema de revisión por pares en campos tales como los estudios de género:
  1. El eco de las absurdas tendencias moralmente impulsadas que provienen de las «ciencias sociales» posmodernas en general y de los departamentos de estudios de género en particular.
  2. Y el complejo problema de las revistas en las que se paga por publicar con estándares laxos que rivalizan en el ultracompetitivo ambiente académico de «publicar o perecer». Al menos una de estas dolencias llevó a que «El pene conceptual como un constructo social» se publicase como un trabajo legítimo en el ámbito académico. Además esperamos que cada uno eche la culpa al otro.
«El pene conceptual como un constructo social» se sometió a un proceso de revisión ciega por pares y, sin embargo, fue aceptado para su publicación. Esto requiere una explicación seria. Parte de la culpa puede recaer en el modelo de acceso abierto, de pago por publicar, pero el resto recae en todo el entramado empresarial académico denominado «estudios de género». Como vemos, los estudios de género, en su formato actual, necesitan una limpieza a fondo.
Un punto crítico es que este artículo se publicó en una revista de ciencias sociales que una fuente académica, supuestamente fiable, nos recomendó. Al parecer, Cogent Social Sciences es una revista válida con revisión por pares. Es obvio que la publicación de este artículo en una revista de este tipo revela que existe algún problema en el estado actual de la publicación académica. Los problemas se reducen, al parecer, a dos: la mala conducta académica derivada de la toma de decisiones financieras de las revistas de pago por publicar en acceso abierto, y la consanguinidad pseudoacadémica que contamina, o define, las ciencias sociales basadas en la teoría posmodernista.
Por otro lado, nadie argumenta, ni tiene razones para hacerlo, que distinguidas revistas como Nature y otras tantas hayan adoptado un proceso de revisión por pares repleto de defectos y acciones corruptas significativas. Gran parte del sistema de revisión por pares sigue siendo el modelo estrella para el avance del conocimiento humano. El problema reside dentro de una nebulosa de revistas marginales y predadoras que se dedican a ganar dinero por publicar. En varios casos se trata de revistas de acceso abierto, aunque es posible que, en gran medida, se trate de un problema específico de la disciplina, como, en un principio, esperamos. Después de todo, esta no es la primera vez que se engaña al campo académico del posmodernismo.
Este engaño, sin embargo, se encontraba arraigado a sesgos morales y políticos disfrazados de una teoría académica rigurosa. En un contexto de trabajo sesgado, endulzamos el más absoluto absurdo con una serie de sentimientos morales de moda y de una jerga impenetrable. Cogent Social Sciences se tragó felizmente la broma. Tras ello dejó un absurdo absoluto fácil de disfrazar.
El ambiente académico de «publicar o perecer» es en sí un veneno que necesita un remedio. Todo esto da lugar a revistas predadoras orientadas a obtener beneficios respetando pocas o ninguna norma académica y que presionan a los académicos para que publiquen su trabajo a toda costa, aunque este sea marginal o dudoso. Muchos de estos académicos son víctimas de un sistema que les obliga a publicar más artículos y con mayor frecuencia, en detrimento de la calidad de la investigación, y de estas revistas predadoras que les ofrecen la ilusión del prestigio académico. Por supuesto, tenemos todo el derecho de sospechar que la mayoría de los académicos que han publicado en Cogent Social Sciences y otras revistas de la Serie Cogent sean realmente auténticos eruditos engañados por lo que puede ser un proceso de revisión por pares de baja calidad con un lenguaje bien pulido. La pregunta que lanzamos sobre la integridad fundamental de campos como los estudios de género parece, sin embargo, mucho más urgente.
«El pene conceptual como un constructo social» no debería haberse publicado por sus méritos, ya que fue un trabajo que persiguió no tener absolutamente ningún mérito. La pregunta que se nos plantea ahora es: «¿Cómo podemos restaurar la fiabilidad del proceso de revisión por pares?».
NOTAS:
  1. Para más información, lea el famoso artículo de engaño del Dr. Martin Van Nostrand.
  2. La Universidad Estatal de Portland tiene un fondo dedicado a pagar por revistas de acceso abierto, y esta revista en particular fue calificada para tal. Por razones éticas, sin embargo, no solicitamos financiación, aunque en este caso estaba virtualmente garantizada. En cambio, el artículo fue financiado externamente por un partido independiente. Nunca recibimos una factura de la revista. No pagamos para que se publicara.
  3. Nuestra sospecha surgió de innumerables ejemplos documentados en el Twitter de @RealPeerReview gestionado por un anónimo.