ALGUNOS PROBLEMAS (GENERALES) DE LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO.
En esta segunda parte del trabajo, vamos a analizar aquellos problemas de tipo general con que nos encontramos a la hora de abordar la construcción del partido. Evidentemente, como nos enseña el Materialismo Dialéctico, no se trata de problemas aislados, separados entre sí, estancos, sino que unos y otros se hallan interrelacionados y son interdependientes.
A mi modo de ver, los más importantes, son los siguientes: a) La desorientación ideológica y política, provocada por la falta de referentes simbólicos, producida a raiz de la caída del bloque soviético; b) el desarme ideológico y los cambios operados en la conciencia de clase, como consecuencia de la modificación del modelo de acumulación capitalista; y c) la persistencia de las divisiones históricas sufridas por el movimiento revolucionario.
1.- Un enfoque dialéctico de los problemas.
Antes de nada, hay que decir que todos los problemas se deben analizar desde un punto de vista dialéctico. Para ello, tenemos que evitar caer en la unilateralidad, es decir en el error de centrarnos únicamente en uno de los aspectos del problema, en aquel que nos parece más importante, despreciando los demás. Nuestro análisis, debe ser multilateral, es decir que ha de contemplar los distíntos ángulos del problema, sus distintas vertientes, todos sus aspectos y las interrelaciones que se dan entre ellos.
Otro error frecuente, que se debe evitar, es el de la superficialidad. Esto supone que nos conformamos con la apariencia de las cosas, sin tratar de llegar a su esencia; con la forma, sin tratar de penetrar en su contenido. Sin embargo, el análisis de los problemas debe hacerse en profundidad, tratando de desentrañar sus contradicciones internas, procurando contemplar sus distintos aspectos (en unidad y en oposición), indagando en sus causas y, al mismo tiempo, enmarcando éstas en su contexto.
Por último, a la hora de abordar el estudio de un problema, debemos abandonar los prejuicios, las ideas preconcebidas, lo que supondría cometer un error de subjetivismo. Al contrario, nuestros análisis de los problemas, se deben caracterizar por su objetividad, es decir por considerar las cosas, los fenómenos y los problemas, tal como son, independientemente de nuestros deseos y de nuestra voluntad.
Los problemas y las causas que los originan, a su vez, mantienen entre ellos una interrelación dialéctica. Se influyen mutuamente. No son eternos e inmutables. Tienen un carácter histórico y cambian y se manifiestan de diferentes formas en distintas épocas, dependiendo de las condiciones concretas; e incluso pueden llegar a desaparecer para dar paso a otros nuevos, al modificarse sustancialmente las condiciones que los habían originado.
2.- Tres grandes problemas.
A continuación, iré desarrollando estos aspectos, poniendo de manifiesto sus conexiones respectivas y exponiendo los medios que, desde mi punto de vista, en las condiciones actuales, nos permitirán avanzar hacia su superación.
1.- En cuanto al primer problema, hay que tener en cuenta que después del hundimiento del bloque soviético, que se produjo a comienzos de la década de los noventa, el sector del Movimiento Comunista Internacional para el que aquel había constituído el único “modelo” de socialismo posible, con el que se identificaba y que le servía de referencia, sufrió una profunda desorientación. No podía concebir la posibilidad de que en la URSS, en la patria del socialismo, y en los otros países del bloque, se pudiera haber restaurado el capitalismo.
Sin embargo, no se puede atribuir, de forma simplista, la caída del llamado “socialismo real” a la “traición” de algunos dirigentes del PCUS como Jruschov o Gorbachov. Ello supondría un reduccionismo abusivo, que sólo puede contribuir a distorsionar nuestra pecepción de la realidad. El desmoronamiento de la URSS y del conjunto del bloque soviético, ha obedecido a causas mucho más profundas y complejas, que no voy a entrar a analizar en este trabajo, pero que en su momento deberán abordarse, pues se trata de un debate ineludible en el seno del movimiento comunista, que habrá que hacer con la perspectiva que nos da el tiempo transcurrido y que deberemos realizar de forma objetiva y desapasionada.
Pero, al igual que lo ocurrido con el sector llamado “prosoviético”, también ha sucedido lo mismo con aquellos otros sectores que tomaban como modelo a Albania o a China , y que quedaron igualmente desorientados a causa de la evolución sufrida por ambos países. Así, tras la muerte de Mao, ocurrida en 1976, China abandó abiertamente la via de “confiar en sus propias fuezas”, iniciando un proceso de “desmaoización” que fue acompañado por la descolectivización de la agricultura (desmantelamiento de las comunas populares); la apertura al mercado mundial; el estrechamiento de las relaciones con EEUU (1979); la entrada en el FMI (1980); el tratado comercial con la URSS (1983), ampliado en 1985; el acuerdo con Gran Bretaña (1984), y su reciente entrada en la OMC, con el apoyo de EEUU; integrándose así en la economía capitalista mundial, junto a los EEUU, la UE y Japón.
Como he dicho antes, todos estos temas habrá que debatirlos en profundidad más adelante. Lo que ahora sí quiero resaltar, es que los ideólogos burgueses y los apologistas del capitalismo, aprovechando esta situación, arreciaron su campaña de desprestigio del marxismo que, en parte ha obtenido algunos de los resultados que esperaban lograr con ella, ya que ha llegado a generar la desilusión y el desánimo en amplios sectores de la militancia comunista y ha provocado el debilitamiento y el reflujo del movimiento revolucionario. De hecho, esa campaña ideológica ya había comenzado en la década de los ochenta, cuando la URSS se hallaba en pleno estancamiento económico .
Además de los factores internos, también hubo otros externos que contribuyeron considerablemente a su agravamiento, tales como: a) la repercusión que tuvo sobre la URSS la crisis económica que, desde mediados de la década de los setenta hasta finales de los ochenta, sufrieron los países capitalistas más desarrollados; y b) el recrudecimiento de la “guerra fría” que tuvo lugar a raiz de la intervención soviética en Afganistán (1979) y que se ha conocido como “segunda guerra fría”, que relanzó la carrera armamentística entre las dos superpotencias.
Todo ello favoreció el desarrollo de distintas teorías y doctrinas reaccionarias como el Neoliberalismo, que exaltaba al máximo el egoismo y el individualismo, la insolidaridad y el consumismo compulsivo ; y reactivó otras como la de la sociedad postindustrial y el fin de las ideologías (Daniel Bell), que ya habían sido enunciadas décadas atrás. Al mismo tiempo, en el terreno de la filosofía, se reforzaba la influencia del Neopositivismo .
2.- Durante el periodo que va desde mediados de la década de los setenta a finales de la de los ochenta, se han operado una serie de profundoscambios en el modelo de acumulación capitalista. Dichos cambios, se han basado en: a) la transnacionalización del capital y la hegemonía de las multinacionales; b) la incorporación de los últimos avances científico-técnicos (microelectrónica, informática, robótica, telemática, ingeniería genética, nuevos materiales, etc.) al proceso de producción; c) la implantación de la llamada organización científica del trabajo (OCT) en las empresas; d) la internacionalización del proceso de acumulación capitalista, con la consiguiente expansión del mercado a escala planetaria (globalización); e) la aceleración de los procesos de integración económica (UE, TLC, MERCOSUR,...); f) la progresiva liquidación de las conquistas sociales logradas por la clase obrera (desregulación), con la consiguiente reducción de las funciones asistenciales del Estado capitalista (desmantelamiento del Estado del bienestar); y g) la creciente precarización del empleo.
Como consecuencia de todo ello, en los países capitalistas desarrollados se han producido importantes modificaciones en la estructura social, que han llegado, incluso, a provocar significativas diferenciaciones en el seno de la propia clase obrera, y que han dado lugar a la aparición de nuevas contradicciones que dificultan su necesaria cohesión interna. Me refiero a las contradicciones que se dan entre distintos sectores, tales como: a) trabajadores en activo y desempleados; b) Trabajadores con empleo fijo y con empleo precario; c) cualificados y no cualificados; d) autóctonos e inmigrantes. De todas formas, se trata de contradicciones no antagónicas, que no tienen un carácter irreconciliable y que, por tanto, podemos y debemos resolver por medio del diálogo y la persuasión.
El aumento del paro estructural y el progresivo desmantelamiento del Estado del bienestar, han traído como consecuencia una mayor operativización del “ejército de reserva”, que con la desregulación de las relaciones laborales y la reducción de la protección social, ha permitido que aquel cumpla más eficazmente su misión de favorecer la competitividad entre los trabajadores y presionar a la baja sobre los salarios y las condiciones de vida y de trabajo.
Por otra parte, simultáneamente con todo esto, ha tenido lugar un proceso de “desproletarización” de la producción, como consecuencia de la creciente disgregación y atomización sufrida por los grandes núcleos obreros de las décadas anteriores, debido a la progresiva reducción del tamaño de los centros de trabajo, y a la paulatina desaparición de los “barrios obreros”, que en muchas ocasiones habían surgido en las proximidades de las grandes fábricas o de las minas, debido al fenómeno de urbanización acelerada que ha traído consigo la aparición de nuevas barriadas “dormitorio” y al rápido crecimiento de los medios de transporte que ha permitido alejar cada vez más el lugar de residencia de los centros de trabajo.
Esta serie de transformaciones económicas y sociales, ha tenido como consecuencia la progresiva desaparición de la conciencia de clase “tradicional”, que se caracterizaba por una cultura y unas actitudes “obreristas”, que hoy sólo se conservan entre algunos sectores de trabajadores de más edad, pero que prácticamente han desaparecido entre las generaciones más jóvenes. Se trataba de una forma de conciencia de clase primaria, surgida en ambientes de trabajo y de vida que se caracterizaban por estar formados por comunidades homogéneas, social y ocupacionalmente aisladas, relacionadas con los grandes centros de producción .
Al mismo tiempo, se ha producido el desarme ideológico de la clase obrera, como consecuencia de la completa renuncia de los partidos de la “izquierda” tradicional (socialdemócratas, revisionistas, etc.) a impulsar luchas por la transformación social y por su actitud de abierta colaboración con la clase dominante en su tarea de defensa del Estado burgués y del sistema socio-económico capitalista.
Como dice, muy acertadamente Carlos de Cabo:
“Surge el postmodernismo como una cultura de retirada, de cansancio y de fracaso. Pero sobre todo como una funcional ideología del sometimiento..., los análisis postmodernos no priman lo objetivo sino lo subjetivo; la inmodificabilidad de lo real-colectivo hace que se proponga el protagonismo de lo subjetivo. Como ya no son posibles las grandes metas, hay que refugiarse en el mundo privado”
Hasta ahora me he centrado en los cambios habidos en los países capitalistas desarrollados, como consecuencia de la modificación que ha experimentado el modelo de acumulación capitalista a partir de mediados de la década de los setenta . A continuación, me voy a referir, aunque sea más brevemente, a la situación de los países del llamado Tercer Mundo.
La globalización económica (acumulación de capital efectuada a escala mundial), configura un sistema polarizado en dos extremos, el Centro y la Periferia, cuyas relaciones de dominación / dependencia, son resultado de la ley de desarrollo desigual del capitalismo. Ello trae consigo la polarización de la riqueza y de la pobreza, como consecuencia del intercambio desigual y de la creciente deuda externa; la progresiva diferenciación de niveles de vida entre la población de los países capitalistas desarrollados del centro (dominantes) y los de la periferia (dominados); la explotación de los recursos naturales, con la consiguiente esquilmación de la naturaleza, que amenaza gravemente el equilibrio ecológico de todo el planeta.
En lo que respecta al continente africano, las condiciones ya son insostenibles. Su rápido crecimiento demográfico; el atraso económico; la dependencia exterior; el lugar periférico que ocupa en el mecado mundial; las artificiales divisiones fronterizas (heredadas del colonialismo); el hambre, sobre todo en el África subsahariana; la pobreza; el analfabetismo; los conflictos inter-étncos;... dan lugar a una situación política altamente inestable, propicia para grandes estallidos sociales. Sin embargo, en la situación actual, con la debilidad del Movimiento Comunista Internacional, y la práctica desaparición del nacionalismo progresista laico panárabe (como consecuencia de lo anterior), es posible que, durante un cierto tiempo, esas revueltas sean capitalizadas por el integrismo islámico .
En cuanto a América Latina, hay que decir que reviste ciertas particularidades. A diferencia de lo ocurido con muchos países de África y de Asia, que durante los siglos XVIII y XIX sufrieron la ocupación militar por parte de las potencias coloniales, principalmente Inglaterra y Francia, y no alcanzaron su independencia política hasta mediados del siglo XX; los de América Latina conquistaron su independencia a principios del siglo XIX. En este subcontinente, la dominación española y portuguesa, fue sucedida por la francesa e inglesa y, posteriormente, pasaron a situarse bajo la norteamericana. Por ello, aunque el sometimiento y la periferización de estos países fue antigua, su consolidación tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando cayeron bajo la hegemonía de los EEUU. De ahí que su inserción en el mercado mundial haya tenido lugar de forma subordinada al imperialismo norteamericano.
La pobreza de amplias capas de la población; las profundas desigualdades sociales; el atraso económico; el analfabetismo; y la deuda externa, son las notas más características de la situación de América Latina.
En Asia, se concentra la mayor parte de la población del planeta. Es en este gran continente donde se están dando unas condiciones especiales que pueden tener gran influencia en la futura evolución de la correlación de fuerzas a nivel internacional, con la consiguiente repercusión en el desarrollo de la lucha de clases. Me referiré a ello más adelante.
3.- Por último hay que decir que, a comienzos del siglo XXI, todavía persisten las divisiones que se produjeron en el Movimiento Comunista Internacional hace ya casi medio siglo. Unas divisiones históricas que no podemos pasar por alto, pero que debemos contextualizarlas y analizarlas a la luz de la experiencia de las últimas décadas.
A la vista de estos tres grandes problemas (de tipo general) que dificultan la construcción del partido comunista en Euskal Herria, podríamos adoptar una actitud pesimista, y hasta derrotista, pensando en las enormes dificultades que entrañará su superación. Si considerasemos la situación a corto plazo, podríamos pensar que sí hay motivos para ser pesimistas. Pero, si la contemplamos desde el punto de vista del Materialismo Dialéctico y el Materialismo Histórico, es decir, desde una perspectiva histórica y estratégica, teniendo en cuenta que todos los procesos se encuentran en movimiento y en desarrollo, que nada es eterno e inmutable, y que todas las cosas y situaciones son susceptibles de experimentar profundos y radicales cambios; entonces comprobaremos que tenemos sobradas razones para ser optimistas.
3.- El cambio de época.
A mi modo de ver, en estos momentos se dan una serie de factores y concurren unas circunstancias en la situación internacional que nos permiten afirmar que el movimiento revolucionario está comenzando a superar la situación de reflujo que ha sufrido en las tres últimas décadas. Por ello, considero que nos encontramos en una especie de “punto de inflexión” en el que se invierte la anterior tendencia y que estamos iniciando un cambio de época.
Hoy día, a nivel internacional, se dan tres contradicciones fundamentales: 1) la que enfrenta al proletariado y a la burguesía, de todos los países; 2) la que enfrenta a los pueblos y naciones oprimidas con el imperialismo, especialmente con el norteamericano; y 3) la que enfrenta a las distintas potencias imperialistas entre sí.
De acuerdo con su importancia relativa, el desarrollo de las contradicciones (principales), condiciona e influye sobre el desarrollo del resto de las contradicciones (secundarias) a nivel mundial. Pues bien, en los últimos años, al menos dos de ellas se han agravado considerablemente.
Los EEUU, la principal potencia imperialista, como consecuencia de su política agresiva, se encuentra empantanada en dos guerras (Afganistán e Irak) en las que se tiene que enfrentar a una creciente resistencia popular, y de las que no ve una clara salida.
Por otra parte, su actual posición hegemónica se está viendo cada vez más amenazada por la competencia de las nuevas potencias regionales emergentes, especialmente por parte de China . La alianza estratégica de ésta con Rusia, por una parte y con India, por otra; sus relaciones económicas, comeciales y políticas con Irán; el reforzamiento de la Organización de Cooperación de Shangai, de la que también forman parte Rusia y otros cuatro países del Asia central, y en la que China juega un papel preponderante; el debilitamiento de la influencia de EEUU en Corea del Sur, su tradicional aliado, que ha iniciado un proceso de acercamiento a Corea del Norte; debilitan considerablemente la posición del imperialismo norteamenricano en Asia, donde sus apoyos se están viendo cada vez más limitados.
Si, además, tenemos en cuenta la posición antiimperialista de algunos países como Irán o Siria que, a pesar de sus inconsecuencias, se oponen a los planes expansionistas norteamericanos; el desarrollo del movimiento revolucionario y de las guerillas comunistas en Nepal, India, Bangla Desh, Filipinas, y más recientemente en kurdistán Norte; podría decirse que Asia se está convirtiendo en una especie de “talón de Aquiles” para el imperialismo norteamericano.
Pero la potencia hegemónica, también está encontrando fuerte resistencia en América Latina, donde cada vez es más amplia la oposición a sus planes para poner en funcionamiento el ALCA, tanto por parte de la clase obrera como de los campesínos indígenas. También hay que tener en cuenta la reciente iniciativa cubano-venezolana para impulsar el ALBA, como alternativa al proyecto de EEUU. Igualmente son importantes los movimientos populares producidos en los dos últimos años en Bolivia y Ecuador, en defensa de sus respectivas reservas nacionales de hidrocarburos (gas natural y petróleo), ante la amenaza de expolio por parte de las multinacionales norteamericanas, que cuentan con el apoyo de las oligarquías de ambos países.
En cuanto a la UE, la otra potencia imperialista que compite con los EEUU, está atravesando una prolongada y difícil crisis política. Por una parte, aunque ha limado algunas de las diferencias que mantenía con EEUU, fundamentalmente a raiz de la agresión contra Irak, las relaciones entre ambas se mantienen en una dinámica de unidad y lucha . Por otra, tras el reciente rechazo popular producido en Francia y Holanda al Tratado para la Constitución Europea, se ha ralentizado el proceso de integración política. Además, la difícil situación creada en Alemania tras las pasadas elecciones parlamentarias, oscurece aún más el panorama.
En general, entre los trabajadores de la Europa occidental, está creciendo el temor ante las medidas dirigidas a desmantelar el “Estado del bienestar” (restricción de derechos políticos, reducción de prestaciones sociales, privatización de sectores económicos decisivos, etc.) que están adoptando los gobiernos burgueses de todos los países. La entrada de los nuevos diez miembros de la UE, que posibilita la deslocalización de empresas y que favorecerá la llegada de grandes contingentes de inmigrantes, preocupa a amplios sectores de trabajadores, que constituyen un “terreno abonado” y muy receptivo a las ideas racistas y xenófobas que difunden las organizaciones neonazis, que están siendo apoyadas por el gran capital europeo con objeto de desorientar y dividir al proletariado.
Con el hundimiento del bloque soviético, la crisis que sufría el movimiento revolucionario a nivel internacional, tocó fondo. Puede decirse que supuso el final de la etapa de reflujo que éste venía sufriendo a nivel mundial, desde hacía varias décadas. Pero, también podemos considerar este hecho como el final de una batalla que se inició con la Revolución rusa de Octubre de 1917. Una batalla que ha concluído, pero la guerra contra el capitalismo y la explotación continúa. A partir de entonces, comenzaron a aparecer aquí y allá indicios de que se había iniciado, lentamente, su recuperación.
Si la desaparición de la URSS, y la evolución seguida por China, han supuesto para un amplio sector del Movimiento Comunista Internacional la pérdida de unos polos de referencia, que ha provocado la desorientación y el desánimo en el movimiento revolucionario, no es menos cierto que ello nos ha situado en un nuevo punto de partida. Hoy día, poseemos una rica experiencia histórica con la que no pudieron contar Lenin y los bolcheviques, ni los comunistas chinos. Estudiándola, podemos extraer grandes enseñanzas, tanto por la vía positiva (sus aciertos y sus éxitos) como por la negativa (sus errores y sus fracasos). Puede decirse que éste es el aspecto positivo de la contradicción. Y si hasta ahora, el aspecto dominante ha sido el que favorecía el reflujo del movimiento revolucionario, se están comenzando a dar las condiciones para que se invierta la situación, para que se produzca un cambio cualitativo que permita la recuperación y el avance de las fuerzas comunistas y revolucionarias en todo el mundo.
Por otra parte, numerosos estudios efectuados en las dos últimas décadas vienen a confirmar la validez general del Materialismo Dialéctico, reforzando sus fundamentos científicos y contribuyendo a enriquecer el maxismo. Me refiero, por ejemplo a las teorías de la “evolución discontínua” o el “desarrollo por equilibrios intermitentes” (Richad Lewontin, Niles Eldredje y Stephen Jay Gould) o la del “equilibrio en los sistemas dinámicos inestables” (Ilya Prigogine).
En otro orden de cosas; también debemos tener en cuenta que, aunque los cambios operados en el modelo de acumulación capitalista, han dado lugar a la paulatina desaparición de la conciencia de clase “tradicional”, ésta ha ido dando paso a un nuevo tipo de conciencia de clase. Se trata de una conciencia más compleja, que es un reflejo de las contradicciones estructurales del sistema capitalista y de los grandes problemas que de ellas se derivan. En este sentido apuntan diversas investigaciones sociológicas efectuadas en los países capitalistas desarrollados, como Gran Bretaña (Mann y Westergaard) o Suecia (Himmelstrand), etc.
Se trata de una nueva forma de conciencia de clase que refleja aspectos parciales de las contradicciones generadas por el capitalismo. Por ejemplo: el alto nivel de paro, la precarización laboral, el deterioro medioambiental, las condiciones generales de vida, la opresión nacional, la situación de la mujer, el militarismo y el imperialismo, etc. Este tipo de conciencia de clase, necesita de una perspectiva global, para llegar a transformarse en conciencia de clase revolucionaria. Esa labor ideológica y política, que se requiere para elevar la conciencia de clase incipiente y fragmentaria a un nivel superior, sólo puede ser desarrollada por un partido comunista, armado con la teoría marxista-leninista.
La globalización económica, también ha dado lugar a algunos nuevos fenómenos, como: a) el incremento del flujo migratorio que se dirije hacia Europa occidental; y b) el movimiento antiglobalización de los “foros sociales”, mundiales, continentales, etc.
En cuanto al movimiento migratorio que, procedente de los países más atrasados y dependientes de Asia, Africa y America Latina, está llegando, cada vez con más fuerza, a los países de la UE, hay que tener en cuenta que, en su gran mayoría, viene a engrosar las filas del proletariado. Ello, en principio, constituye un hecho positivo, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los y las inmigrantes son relatívamente jóvenes y, además, su tasa de natalidad es más alta que la europea. Por consiguiente, su llegada tiende a favorecer un cierto “rejuvenecimiento” de la población . Es evidente, a todas luces, que una tarea importante de los comunistas de los países desarrollados, entre los que se incluye Euskal Herria, es la de lograr que las masa de trabajadores y trabajadoras inmigrantes, se incorporen al proceso revolucionario.
Sin embargo, esto no va a resultar nada fácil, si tenemos en cuenta que las condiciones de explotación y marginación social en que se ven obligados a vivir la mayor parte de quienes llegan al “paraiso” europeo, y su miedo a ser expulsados del país con cualquier pretexto, les obligan a estar siempre a la “defensiva”. Generalmente, buscan el apoyo de las redes sociales de acogida, y de las propias comunidades de inmigrantes que les han precedido, muchas veces encerradas en sí mismas. Su integración social, suele producirse en la segunda generación, cuando sus hijos e hijas se escolarizan. Por eso, es muy importante trabajar en esas redes de apoyo.
La inmigración procedente de países del magreb, suele estar sometida a fuertes influencias político religiosas por parte de sus respectivas comunidades, muchas veces bajo control ideológico de los imanes y cléricos islámicos. En el caso de los procedentes de Latinoamérica, suele haber menos dificultades de integración, pero ello también depende de su origen. Las comunidades formadas por inmigrantes indígenas, son más cerradas. En cualquier caso, es necesario desarrollar el tema de la multiculturalidad, desde el punto de vista de la teoría marxista, para que seamos capaces de afrontar el trabajo correctamente.
El movimiento antiglobalización y de los Foros Sociales se inició en la década de los noventa, aunque tuvo su antecedente en el Foro Mundial de Alternativas, que se creó en Bélgica en 1976. Hasta la fecha, el Foro Social Mundial ha celebrado cinco reuniones, la última en Mumbai (India) en el 2004, y posíblemente el de 2007 se celebre en África. Los Foros Sociales, son amplísimos movimientos en los que han llegado a participar más de 100.000 activistas, pertenecientes a unos 6.000 grupos y organizaciones de todo tipo, cada uno con sus propias perspectivas, objetivos y niveles de conciencia. Desde partidos políticos, sindicatos, movimientos campesinos, comunidades indígenas, ONG´s, e iglesias, hasta grupos feministas o ecologistas, de todo el mundo.
En estas macro-asambleas (aunque se subdividen en cientos de grupos de debate), es prácticamente imposible adoptar decisiones. A lo sumo, se pueden organizar campañas, como la que se realizó contra la invasión de Irak, que llegó a organizar decenas de manifestaciones en todo el mundo, el día 15 de febrero de 2003.
Algunos intelectuales de “izquierda”, sostienen que los Foros Sociales constituyen el “punto de encuentro” del movimiento antiglobalización, que son un instrumento para coordinase, intercambiar experiencias, y organizar campañas de denuncia y deslegitimación del sistema económico, político y militar. Sin embargo, son contrarios a que se trate de buscar alternativas al capitalismo. Cada vez que algún sector, dentro del Foro Social Mundial o Europeo, propone la necesidad de plantear alternativas, se encuentra con la oposición más furibunda de los sectores socialdemócratas, populistas y de la multitud de burócratas de ONG´s, que actúan objetívamente como verdaderos agentes al servicio del imperialismo y la reacción.
Por ello, aunque es importante paticipar en los Foros Sociales, de cualquie ámbito, los comunistas debemos hacerlo de forma coordinada y planificada, en cuanto que constituyen una potentísima estructura de masas. Pero, los Foros Sociales, no eliminan la necesidad de que el proletariado revolucionariose se dote de una estructura organizativa a nivel mundial, estos es la Internacional Comunista.
Respecto a la situación de división del Movimiento Comunista Internacional, a que me refería más arriba, hay que tener en cuenta que algunas de las condiciones que la posibilitaron, ya han desaparecido. Me refiero a que en la URSS se ha restaurado abiertamente el capitalismo y que buena parte de los antiguos partidos comunistas llamados “prosoviéticos” han pasado a adoptar posiciones claramente socialdemócatas. También han desaparecido bastantes de los antiguos partidos “prochinos”, que surgieron al calor de la disputa chino-soviética. No obstante, a nivel internacional, continúan existiendo numerosos partidos comunistas, con mayor o menor implantación, y considero que conviene trabajar por favorecer la unidad de las fuerzas revolucionarias.
Por supuesto, que no se trata de adoptar una postura “unitarista”, en abstracto, al margen de los principios marxistas-leninistas. Hoy día, algunos de los temas de debate de la década de los sesenta (la coexistencia pacífica, el problema de la guerra y la paz, la cuestión de Stalin, las vías hacia el socialismo, etc.) han perdido parte de su actualidad. Aunque no debemos olvidar estas cuestiones, pero en estos momentos se encuentran fuera su contexto histórico.
Sin embargo, la lucha de líneas en el seno del Movimiento Comunista Internacional continúa, y hoy día se puede sustentar en una larga y dilatada experiencia. Ello, nos permite centrar el debate en algunas cuestiones que a través del tiempo se han manifestado como esenciales, como las más cruciales, para el conjunto del movimiento comunista. En ese sentido se inscribe mi “Propuesta de Bases Ideológicas y Políticas”, y los “cuatro principios” que en ella planteo. Espero que resulten de utilidad para un debate tan necesario como el que debemos impulsar.
Ekaitz.





