por Juanjo Sanz
El alto el fuego de ETA ha alterado el panorama político en Euskalherria y en el conjunto del Estado.
Existe el temor en algunos ámbitos abertzales de que este alto el fuego pueda interpretarse que está motivado por el alto coste social, político y humano , que se expresa en la existencia de más de 800 presos políticos y en los procesos represivos que, de manera creciente, están en curso.
Este temor no es infundado, ya que desde los dos partidos que configuran principalmente el régimen político y social en el estado español se han apresurado a dar precisamente tal interpretación. Desde el PSOE , con satisfacción , asignándose una pretendida habilidad política para explotar en beneficio propio la supuesta debilidad de la izquierda abertzale. A la vez, intensifica la represión hacia todo aquello que pueda tener relación con la misma.
Desde el PP, para lamentar que unas pretendidas conversaciones con ETA y una posible suavización de las condiciones de persecución del MLNV impidan “la derrota total y definitiva “de la disidencia vasca, que a la vez habría de servir de aviso para todos aquellos que pudieran cuestionar el intocable estatuquo representada por la sagrada Constitución española.
Pero por otra parte, el problema de los presos, se insinúa desde la IA, que ha de tratarse de manera discreta y a medio plazo, para que no pudiera interpretarse como la razón fundamental, si no exclusiva, en la “justificación “del alto el fuego de ETA.
Por el lado opuesto, se insiste en la idea, al repetir insistentemente que el alto el fuego no tendrá una contrapartida política que pueda alterar minimamente lo que denominan estado de derecho y la intangibilidad de la Constitución. Es decir, se niega la mayor del actual proceso político; el derecho a la autodeterminación del pueblo vasco.
Por eso, la amnistía o como quiera definirse la excarcelación de presos/as por motivos políticos, incluidos los derivados de acciones armadas, es una cuestión que está directamente relacionada en un proceso de avance democrático. Para ello habría que insistir en incorporar al sentimiento de solidaridad con los presos, el argumento político de que la existencia de los mismos es una consecuencia política derivada de la llamada “transición”, en la que no existió una restauración de la legalidad republicana aplastada por el levantamiento fascista. A la vez que se hacia tabla rasa, utilizando la amnesia, en forma de amnistía política para los crímenes, robos, atropellos y en general opresión , durante casi cuarenta años, de los pueblos y naciones que, de manera forzada, configuran el estado español.
El conflicto con las ”nacionalidades históricas” tampoco se resolvió desde planteamientos democráticos, sino desde la base de una Constitución pactada desde los poderes reales del Estado(Oligarquía económica y política, Iglesia, Ejército y otros residuos del régimen franquista), con la colaboración esencial de nuevos partidos diseñados para la ocasión, que utilizaron siglas históricas prácticamente inoperantes en el plano de la resistencia política durante las últimas décadas del régimen franquista.(PSOE).
Además, la renuncia del PCE (partido hegemónico en el Estado en las luchas políticas y sociales en los últimos 25 años de la dictadura) a seguir luchando por la consecución de una democracia política y social avanzada, como trampolín hacia el socialismo, tuvo también una repercusión especialmente negativa para la clase obrera de las nacionalidades del Estado español y para el conjunto de los pueblos afectados.
En Euskalherria, donde las luchas obreras, especialmente importantes, habían confluido con las reivindicaciones nacionales vigorizadas desde nuevos presupuestos políticos durante los últimos años de la dictadura, el rechazo de la Constitución (pactada, amañada y vigilada) ha sido un fenómeno de masas que no ha podido ser ni asimilado ni reducido por el Régimen político social construido en la “transición”.
La consecuencia de la confluencia de los dos fenómenos: la renuncia de las organizaciones históricamente enfrentadas,( incluso con las armas durante un periodo) ,caso del PCE, a seguir luchando por los principios y objetivos por los que nacieron, junto con la irrupción en la lucha política de un movimiento con un fuerte componente nacionalista, matizado y complementado con planteamientos socioeconómicos de vocación socialista, determinó, desde las postrimerías del franquismo, la irrupción de formas de intervención política armada, que no siempre ha ayudado o han sido elementos positivos para un fortalecimiento político de la izquierda abertzale ,en particular, ni de una necesaria acumulación de fuerzas para la resistencia vasca en general, pero que han contribuido a mantener el rechazo activo de una parte muy importante del pueblo vasco al continuismo posfranquista.
La actividad armada de ETA con sus errores (muchos) y sus aciertos, ha sido, de hecho, un referente en la evolución política en Euskalherria y en el conjunto del Estado. Para unos, para combatirlo (los más a nivel de estado), para otros, para que sintieran que todavía quedaba un horizonte de esperanza para la lucha de liberación nacional (los más en Euskalherria).
La situación internacional de los últimos 20 años ha pesado de manera muy negativa en los procesos de las luchas sociales y políticas de la izquierda a nivel mundial y como no podía ser de otra forma también a la IA, aunque de una manera no tan destructiva. En cualquier caso, la actividad armada de ETA y los ciclos de acción represión llevaban al conjunto del MLNV a una situación teorizada por algunos como de “empate infinito”, pero que en realidad aboca a la parte más débil a un debilitamiento progresivo, con repercusiones muy negativas, en este momento, para el conjunto de la resistencia vasca.
Por eso, siempre desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera y de otras capas sociales trabajadoras que configuran el 90% de la ciudadanía vasca, el alto el fuego de ETAse configura como un elemento importante ante el nuevo reto de afrontar la construcción nacional de Euskalherria, como parte constitutiva del proceso de liberación nacional.
Esta nueva etapa, objetivamente de ofensiva política, debe ser administrada como tal. Para eso, los acuerdos con el Régimen, a través del estado, siendo necesarios, deben estar siempre supeditados a la estrategia política de construcción nacional en la dialéctica de la lucha.
Elementos constitutivos de la estrategia de construcción nacional en la perspectiva de una Euskalherria independiente y socialista podrían ser:
- El reforzamiento de la caracterización de la izquierda, del MLNV.
En este sentido, todas las reivindicaciones en el plano del proceso de liberación nacional deberían llenarse de un contenido de reivindicaciones sociales inaplazables, que además afectan a la inmensa mayoría del pueblo vasco.
La concreción del significado de liberación nacional mediante la lucha por objetivos concretos fácilmente asumibles por una mayoría de la ciudadanía vasca atraería sin duda cada vez sectores más importantes de los sectores populares vascos ajenos, cuando no enfrentados en abstracto, a la liberación nacional vasca desde prejuicios nacionalistas españolistas.
La comprensión que liberación nacional y liberación social van de la mano y que son hoy y ahora componentes de un mismo proceso político, potenciarán la fuerza política del proceso al incorporar a sectores importantes del pueblo vasco, a la vez que aislarán las posiciones políticas reaccionarias en partidos y organizaciones sedicentemente progresistas que proclaman desde el control asfixiante de los medios de comunicación su “oposición democrática” a los derechos nacionales, cuando objetivamente y conscientemente en la mayoría de los casos, lo que se está defendiendo es no sólo el statuquo político de la configuración del Estado Español, sino, fundamentalmente el statuquo económico y social de un capitalismo dependiente de los intereses del imperialismo, norteamericano principalmente.
Sobre esta base y a la vez sobre elementos comunes (en esta etapa) del proceso de “liberación nacional” es necesario ampliar la política de alianzas a importantes sectores de la burguesía vasca (no vinculada directamente a los intereses de la oligarquía del estado) que mantienen, en función de los procesos históricos, un gran apoyo entre sectores importantes del pueblo vasco.
Que el PNV y EA (pues de ellos hablamos) están sometidos a fuerzas centrífugas que expresan las contradicciones sociales entre los bases, mayoritariamente populares, y el grueso de su dirección es algo que los últimos episodios de confrontación interna ilustran claramente.
Naturalmente que los sectores más “consecuentemente” nacionalistas dentro de los aparatos de estos partidos no son unos rojos asimilables. Representan a distintas fracciones de la burguesía (digamos media) y la pequeña burguesía en constante contradicción con “los de arriba” y “los de abajo”.
Sobre un programa político de reivindicación democrático nacional es posible y necesaria la construcción de un amplio frente democrático nacional vasco.
Las bases sociales de PSOE y EB pueden y deben ser atraídas a este proceso. Para eso, el aislamiento político del aparato del PSOE es un elemento fundamental .
No entender que el PSOE es la “otra cara” del régimen que ha utilizado, utiliza y utilizará todos los medios legales o no, legítimos e ilegítimos, democrático formales y abiertamente fascistas para impedir la liberación nacional de Euskalherria sería situarse en un error que traería fatales consecuencias.
No estaría completa esta breve y muy limitada reflexión sobre el momento político si no señaláramos, en tanto que marxistas-leninistas, que un problema fundamental a la hora de llevar a cabo lo expuesto, es la inexistencia de un partido comunista vasco que fuese capaz de participar activamente, como tal partido, y con influencia creciente en el proceso.
Por eso, el trabajo de los comunistas, la participación en la luchas sociales y políticas deben tener como norte hacer comprensible a los sectores más dinámicos de la clases trabajadoras vascas, y en especial, a la clase obrera, de la necesidad de construir día a día el Partido de los Comunistas, sin impaciencias ni voluntarismos, pero con la firmeza de las convicciones y de la inigualable y constante aportación de experiencias que nos ha dado y da diariamente el movimiento comunista internacional y las luchas de liberación de los pueblos sojuzgados por el capitalismo y el imperialismo. 2006-05-09