09 agosto 2010

Entrevista con Patxi Zabaleta (Aralar)

 Pasen y vean, mientras los jovenes revolucionarios vascos reparten pegatinas anti-aralar, los zutik EH pierden el culo por reunirse con el traidor Patxi, malos tiempos para la lirica
DN
¿Cómo se sintió la primera vez que se volvió a reunir con la izquierda abertzale tradicional?
No tuve ninguna sensación diferente. Con diferentes vicisitudes en cada caso, pero por lo que a mí respecta nunca he roto relación con muchísimas personas de la otra sensibilidad de la izquierda abertzale. En Aralar siempre hemos hecho el análisis de que dentro del ámbito abertzale hay un espacio de derecha, que en la CAV lo ocupa el PNV y en Navarra, por desgracia, UPN, y un espacio plural de una izquierda necesariamente de carácter exclusivamente civil y político. Ésta es la previsión de futuro, a la que hay que llegar superando las actuales situaciones, como la persistencia de la lucha armada y las carencias democráticas del Estado.
El coordinador de Aralar en Navarra, Txentxo Jiménez, afirmó el miércoles que descartan una confluencia electoral con Batasuna y EA en 2011. ¿Lo ratifica?
No es algo que esté sobre la mesa.
La connotación de las declaraciones de Jiménez es diferente.
Puede tener diferentes connotaciones, pero no es contradictorio. Decimos lo mismo, salvo en algunos matices.
¿Matices importantes?
Pueden ser matices más o menos importantes o pueden ser perspectivas en las que puede haber diferentes puntos de vista. En cualquier caso, hoy por hoy, esto no se está discutiendo.
¿Y si la izquierda abertzale y EA lo pusieran sobre la mesa?
Como hacemos siempre, lo estudiaríamos y lo discutiríamos. Ahora nuestra primera opción en Navarra es NaBai, donde ya tenemos un acuerdo con EA, y en la CAV en solitario. No estamos planeando ningún plan B. Las conversaciones que estamos manteniendo con EA y Batasuna tratan de temas absolutamente importantes que no pueden quedar a merced de cuestiones electorales. Ahora mismo no tenemos ninguna preocupación partidista, sí política, como es lógico.
¿Qué tipo de colaboración prevé Aralar con Batasuna?
Estamos hablando con Batasuna y EA porque ellos nos lo han pedido así. En ese sentido, la actitud del PNV (ha rechazado una reunión a tres con EA y la izquierda abertzale) nos parece antigua. Ahora mismo, los temas que hay sobre la mesa son la normalización política, la pacificación y la acumulación de fuerzas para defender el derecho a decidir, pero eso no significa que vaya a haber un reflejo electoral. Los que firmaron Lizarra-Garazi no se presentaron juntos a las elecciones. Ese es el esquema mental con el que estamos trabajando. Los partidos deben mirar más allá de los objetivos partidistas. Cabría también lo contrario, pero podríamos llegar a acuerdos que no implicasen una unidad electoral.
¿Han avanzado en los temas que están estudiando -normalización, pacificación y derecho a decidir-?
Sin duda, la puesta en común de temas tan transcendentales como los que estamos tratando, es un avance en sí mismo hacia la normalización. El hecho de que en la misma mesa hablemos Batasuna y EA, que vienen juntos porque han querido, cosa que nosotros siempre respetamos, es en sí un avance.
¿La apuesta de la izquierda abertzale tradicional por las vías exclusivamente políticas reducirá el espacio de Aralar?
No. Aralar está en la mejor situación en la que ha estado, y va a mejorar. Creemos que tenemos la obligación y el interés de impulsar la evolución de la otra sensibilidad de la izquierda abertzale, que, en todo caso, es una evolución hacia postulados que nosotros hemos defendido desde hace muchos años, en algunos casos, desde hace decenios. En la medida en que la otra sensibilidad de la izquierda abertzale se va acercando a nuestros postulados ideológicos no nos sentimos en absoluto desplazados, sino contentos.
¿Qué diferencias se han puesto de manifiesto?
En los documentos que han presentado falta la defensa expresa de los derechos humanos como base de la defensa de los derechos civiles políticos. Ese es uno de los temas que se pusieron en evidencia en el último Aberri Eguna. Los documentos expuestos por Aralar en Urruña y por la otra sensibilidad de la izquierda abertzale y EA en Hendaia tenían esa diferencia. Algo similar ocurrió en la convocatoria de la manifestación del 10 de julio en San Sebastián.
¿En qué más difieren?
También nos hemos confrontado en el debate del derecho a decidir como base del proceso de la independencia. Nosotros creemos que es un derecho transversal, palabra que a ellos no les gusta, pero que es una de las expresiones de la pluralidad. Aralar sostiene que el derecho a decidir tiene que ser defendido por los independentistas y aquellos demócratas que no sean independentistas. Por lo tanto, la imagen que hay que reproducir es la de Cataluña y no la imagen del acopio de fuerzas en la idea independentista, como ocurre en el documento Lortu arte (el del pacto del Euskalduna). Son cuestiones muy serias. Estamos seguros de que son debates que necesariamente tenemos que ir ganando, uno a uno, como hemos ido ganando otros.
¿Se ha dado algún paso en este sentido?
La idea de que el derecho a decidir no se exclusivice por los independentistas es estratégica, y creo que ya está calando en la otra sensibilidad de la izquierda abertzale. Ése era uno de los mensajes profundos que había en Lizarra-Garazi, donde se defendió el derecho a decidir sin que conllevase una oferta electoral conjunta posterior. No hay que repetir Lizarra-Garazi, pero hay que partir de esa perspectiva.
¿Rechaza un pacto entre independentistas como paso previo a ese proceso?
Sí. No hay que ir a un acuerdo entre independentistas para defender el derecho a decidir. Precisamente, hacer un estadio previo creemos que constituye un error táctico en la defensa de ese principio.
¿Cuál ha sido la primera reacción de Batasuna y EA a los documentos que ha presentado Aralar?
Eso está en el debate interno. Batasuna y EA pusieron sobre la mesa Lortu arte, nosotros pusimos otro documento y ellos han hecho su contrapropuesta. De todos modos, los dos comunicados que hemos publicado conjuntamente tras las dos reuniones contienen una palabra fuerte, "respeto". Eso es cierto y hay que subrayarlo. Hay que poner énfasis en el esfuerzo que está realizando Batasuna. Es de tomar en consideración no sólo por los contenidos ideológicos que están, sino por los que se les exigen. No podemos negar ante la sociedad que los avances que se están dando son reales y hay que constatarlos en un sentido positivo y Aralar, además, como acercamiento.
¿En qué ve los cambios en la izquierda abertzale histórica?
El hecho de que se acepten y se mantengan los principios Mitchell es un paso. Lo que se defiende en los documentos Zutik Euskal Herria o Lortu arte, que no son satisfactorios para nosotros del todo, es antagónico de lo que defendía la ponencia Bat eginez (Batasuna) o antes Oldartzen. Es algo positivo, y nosotros hemos contribuido a ello. En la izquierda aber-tzale siempre ha habido un debate ideológico que hasta hace diez años se desarrolló en una confrontación interna. Ahora el antagonismo es externo, más traumático, pero mucho más eficaz.
Indica que Aralar ha contribuido a la evolución de Batasuna. ¿De qué manera?
No ha sido el único factor, pero es evidente que nuestra influencia ha sido transcendental en varios desafíos que tiene delante la otra sensibilidad de la izquierda abertzale. La vocación manifiesta de Aralar de formar parte, cuando se den las condiciones, de lo que va a ser la nueva izquierda abertzale plural que nosotros llamamos zibil eta zabala, hace que seamos un acicate, no el único pero sí transcendental, para la evolución que está haciendo Batasuna.
Además del posicionamiento hacia la violencia, ¿qué ha aportado Aralar a la izquierda abertzale?
Por ejemplo, un hecho que hasta ahora no ha conseguido nunca Batasuna es que Aintzane Ezenarro sea desde hace unos años de forma repetida y constante la política mejor valorada en la CAV. ¿Por qué es así? Porque al margen del porcentaje que nos apoya, hay un porcentaje muy grande que no está en contra de Aralar. Los últimos en la lista de valoración política suelen ser los dirigentes del PP y Batasuna, porque los que no están a favor de ellos, están en contra. Eso es lo que ha cambiado Aralar.
¿En qué medida alteraría una tregua de ETA la posibilidad de que los firmantes del pacto del Euskalduna y Aralar lleguen a acuerdos?
La apuesta de Aralar es la reclamación a ETA de un cese unilateral y sin contenidos políticos. No reclamamos una tregua, sino un cese permanente y unilateral. En este sentido, utilizamos una terminología diferente a la que utiliza la otra sensibilidad de la izquierda abertzale. Evidentemente, un alto el fuego permanente y garantizado crearía una nueva situación que sería altamente valorada.
¿Sería más fácil alcanzar acuerdos con Batasuna a través de dirigentes de Aralar que no estén marcados por un pasado en HB?
Todos los que lleguen a acuerdos merecen beneplácito. A mí, personalmente, hasta ahora nadie me ha excluido de ninguna mesa de debate. Cuando me excluyan, ya lo meditaré.
¿Qué margen da a ETA para que responda a la Declaración de Bruselas?
Creemos que el llamamiento de los mediadores internacionales debe ser atendido, aunque sin el síndrome del reloj. Poner plazos a las cosas no es lo más adecuado. Si viene ya, bienvenido, y cuanto más tarde llegue, peor. Pero el objetivo es que la respuesta llegue.
Si no ocurre así, ¿prevé una nueva escisión en la izquierda abertzale?
No es una hipótesis con la que trabajamos. Aralar ya hizo su camino y no es deseable un Aralar bis. Lo que tiene que hacer Batasuna es un camino sin romper su cohesión interna. Lo que tiene que haber es un pronunciamiento de la organización que atienda a los mediadores internacionales.
La Declaración de Bruselas también pide una respuesta al Gobierno.
Tenemos que insistir en la idea de que la normalización política no es sólo el cese de ETA en la lucha armada, que también, sino que además requiere la modificación de las legislaciones especiales. Es un escándalo que quemar un contenedor en Pamplona sean tres años de prisión y en Logroño sea una multa. O que exista la incomunicación con denuncias reales de torturas.
¿Cómo interpreta los últimos acercamientos de presos que ha ordenado el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba?
Es un tema puramente táctico. Se sigue instrumentalizando la política penitenciaria para unos objetivos políticos concretos. Los presos son ciudadanos y ciudadanas que tienen la privación de un derecho, la libertad, pero tienen el resto derechos vigentes y tienen que ser tratados como tales.
¿Qué credibilidad da a quienes, como Mayor Oreja, dicen que podría existir una negociación con ETA?
Ninguna. Enturbian la situación porque no tienen ningún mensaje político para el momento en que ETA declare un cese unilateral y político sin contraprestaciones. Ése es el precipicio ante el cual se encuentran Mayor Oreja y otros políticos.

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