09 noviembre 2011

La violencia revolucionaria por Pablo Miranda (ultima)

Los planteos acerca de que las condiciones históricas concretas, la existencia de los gobiernos progresistas en varios países, la derrota de varias formaciones guerrilleras excluyen la violencia revolucionaria y canalizan la lucha de las masas por las reformas y el progreso material no corresponden a la realidad y menos al análisis marxista leninista de estas situaciones.
Es indudable que las condiciones cambian rápidamente y continuarán haciéndolo; los comunistas debemos tener en cuenta esos cambios, actuar en correspondencia con ellos, siempre desde posiciones revolucionarias, desde los intereses de los trabajadores y los pueblos y no renunciando a los principios para acomodarnos y ser funcionales al sistema capitalista.
Evidentemente, la derrota de varias expresiones de la lucha guerrillera es una lección a tenerse en cuenta, no se la puede obviar; sin embargo, esa situación no implica la anulación del papel de la violencia revolucionaria. Si se afirma que las diversas fuerzas que desarrollaron la lucha armada no concluyeron en la toma del poder es una verdad; pero, también es cierto, que el desarrollismo y el reformismo de los gobiernos progresistas no enfrentan los problemas estructurales, se dan en el marco del capitalismo y la dominación imperialista y mantienen y defienden los intereses de los patronos y terratenientes. Las derrotas de la insurgencia fueron temporales y se dieron en el fragor de los combates; el curso de los cambios en paz, la prédica de la “revolución ciudadana” son consecuencia de la traición de los oportunistas y renegados y, de las ilusiones de las masas trabajadoras y la juventud. Está claro que las diferencias son sustanciales.
Los problemas de la dependencia imperialista, de la explotación y opresión de las clases dominantes en los diversos países siguen sin resolverse; los trabajadores siguen encadenados al capital, la desigualdad social se hace más evidente, la pobreza y la miseria afectan a centenas de millones. Las personas conscientes, los partidos y organizaciones de izquierda revolucionaria tenemos clara esta situación, no nos confundimos; los trabajadores, los pueblos indígenas y la juventud organizadas no se ilusionan con la gestión de esos gobiernos; son atacados y se defienden, un día pasarán a la ofensiva.
Arriba decíamos que estos procesos no son obra de los caudillos sino de las masas, del desarrollo de la lucha de los trabajadores, los pueblos y la juventud, de la decisión de la izquierda revolucionaria de apoyarlos y desde luego de las limitaciones y debilidades de nuestras fuerzas. Si amplios sectores de masas participan en estos procesos es evidente que una parte de ellos pueden ilusionarse, ser atrapado por el discurso demagógico y la política asistencialista; pero, también es verdad que otro sector se foguea en la lucha, participa en el debate político, asume lecciones y continúa en el combate por la liberación social y nacional.
Esa situación involucra a millones en la discusión y el discernimiento de la vigencia del socialismo y la revolución social; la lucha de clases tiene ámbitos generales y las clases dominantes y sus sirvientes no pueden manipular al conjunto de los pueblos.
El movimiento sindical, los combates de los pueblos indígenas y de la juventud continúan, escriben en la subjetividad popular la necesidad del poder, la posibilidad de convertirse en clases dominantes.
Sin descender al análisis voluntarista, sin expresar la fe del carbonero, teniendo en cuenta la magnitud de la lucha ideológica y política afirmamos que las condiciones objetivas y subjetivas para que la revolución se produzca son favorables, cualitativamente mejores que en el pasado inmediato y, con seguridad, mañana serán superiores; en algunos países se prefigura una situación revolucionaria. La expresión y el desarrollo de estas condiciones se expresan, en diferentes países, de manera desigual.
La revolución social y el socialismo son una necesidad histórica y ocurrirán más temprano que tarde, se darán en las condiciones concretas de tiempo y de lugar. Eso lo conoce el imperialismo y la reacción y por esa razón recrudecen el combate al comunismo, a los revolucionarios, a la lucha de las masas.
También lo sabe una parte importante de las masas y los revolucionarios asumimos la responsabilidad de organizar y hacer la revolución.
El imperialismo y la reacción, el oportunismo y el revisionismo le apuestan a la confusión ideológica y política, a la permisión y ejecución de esas alternativas con el propósito de desviar la lucha revolucionaria de las masas.
Los revolucionarios proletarios persistimos en la responsabilidad de organizar y hacer la revolución, de unir, educar políticamente y conducir al combate y a la victoria a los trabajadores y a la juventud, lo hacemos en las diversas situaciones: tenemos claro que el proceso de acumulación de fuerzas se desarrolla y que pueden producirse saltos cualitativos que den lugar a la profundización de la crisis política, a su conversión en crisis revolucionaria.
De otro lado, para nosotros no admite discusión la necesidad de organizar la lucha armada revolucionaria, de trabajar en la subjetividad del movimiento social la consigna del poder y la posibilidad de conquistarlo, de crecer cuantitativa y cualitativamente, de involucrarnos efectivamente en el movimiento social y asumir la capacidad de dar la voz de orden en el momento oportuno. Una eventualidad de ese momento es la posibilidad del estallido de insurrecciones locales y/o generales que no necesariamente nos conduzcan al poder, pero que, si sabemos conducirlas, nos colocarán en otro estadio de la lucha revolucionaria, en punto de partida para la lucha guerrillera de las masas, para una guerra civil revolucionaria, en todo caso en mejores condiciones para avanzar y triunfar. Otra alternativa es que el combate social de los trabajadores, los pueblos y la juventud se desarrolle hacia confrontaciones agudas e intensas que desemboquen en cualquiera de las formas de la lucha armada revolucionaria.
La lucha por el poder nos exige construir las fuerzas armadas populares al servicio de los altos intereses de los trabajadores y los pueblos, que deben responder a la política revolucionaria y ser conducidas de manera consecuente.
La construcción de las fuerzas armadas populares demanda del partido revolucionario del proletariado, a partir de las concepciones marxista leninistas:
 1.- trabajar en la subjetividad de las masas trabajadoras y la juventud las ideas y la necesidad de la toma del poder,
 2.- laborar para que el movimiento revolucionario de masas asuma la responsabilidad como protagonistas de la violencia revolucionaria,
 3.- organizar la autodefensa de las masas,
 4.- sembrar en la conciencia y en la práctica de los dirigentes y militantes el rol de organizadores de las diversas formas de la violencia revolucionaria de las masas,
 5.- construir las expresiones de las fuerzas propias de la revolución y,
 6.- agitar entre las fuerzas armadas burguesas los ideales patrióticos y emancipadores.
Las condiciones actuales en todos los países de América Latina y de manera particular en aquellos donde existen gobiernos “progresistas” exigen que los revolucionarios no bajemos la guardia, que mantengamos presente y viva la decisión y la voluntad de luchar con las armas en la mano por la revolución y el socialismo. Hay que tener presente que los aparatos militares y de inteligencia del imperialismo, de las fuerzas armadas y policiales en cada país están intactas y funcionando, por tanto no debemos abrigar ilusiones en las libertades democráticas, siempre serán relativas, y a su sombra, la represión contra los revolucionarias se continuará haciendo. La confrontación ideológica y política que se expresa en esos países tiene que ser aprovechada para la difusión del marxismo leninismo, de la política revolucionaria, de la necesidad de luchar por el poder, de la obligatoriedad de organizar la violencia revolucionaria, sus recursos humanos y materiales. Son condiciones favorables que deben ser potenciadas. No hay lugar para la duda, la situación demanda nuestra decisión política.
Ecuador, setiembre de 2011

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Se que no tiene que ver con el articulo pero el caso es que el sindicato amarillo ELA se ha reunido con las diputaciones y la critica que le hacen a la de gipuzkoa es interesante.

De su txosten: "Gipuzkoako Aldundia: proposamen fiskal kontinuista, gizartearen parte hartzerik
gabea"

Y es que de momento la politica fiscal de Bildu no llega ni a socialdemocrata. Esto es una cosa real y numerica no barata palabreria, si quieren tener nuestro voto (yo les vote) tienen que demostrar que verdaderamente van a hacer una gestion diferente, de momento nada de nada.

http://www.ela-sindikatua.org/gizarte-politikak/fiskaltasuna/DIPUTAZIOEKIN%20BILERAK%202011eko%20azaroa.pdf

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