Los cientos de miles de trabajadores despedidos por el fujimorismo, siguen pidiendo que se les haga justicia; los cientos de miles de afiliados a la AFP, siguen esperando que se modifique la legislación de estas entidades parasitarias, que nunca pierden cuando las cotizaciones se vienen abajo, que mantienen las tasas de comisiones más altas del mercado; que paradójicamente los trabajadores no tienen ningún representante en los Directorios; que no pueden sacar sus fondos pues éstos gozan de intangibilidad. Que los cientos de miles de pequeños empresarios, trabajadores y público en general continúan sido víctimas del sistema crediticio. Que los services y el régimen CAS siguen campeando en el sector privado y público. Los puertos, los aeropuertos siguen en concesión de extranjeros; El Consorcio Camisea no suelta el lote 88, y siguen haciendo de las suyas en la venta del gas. Y el BCRP, mantiene dólares que se deprecian en vez de haberlos cambiado por oro, reestructurando las reservas internacionales del Perú. Las mineras, como Yanacocha, siguen teniendo el apoyo del Gobierno en sus nada santas actividades de lucro, al margen de los pueblos donde se encuentran los metales.
La izquierda, que ha compartido el gobierno y el parlamento, es timorata frente a la política nada nacionalista del actual gobierno, y tiene responsabilidad en que no se haya creado hasta ahora el Frente Único de la Izquierda peruana, como contrapeso a una Derecha que ha rodeado a Humala. Y también es responsable, quienes desde la CGTP, organizan marchas de apoyo a un gobierno que nació torcido, y que incluso, después de que Humala se pronunció a favor de las mineras y después que “despidió” a los más “progresistas” de su gobierno, nombrando a una corte de neoliberales, al mando de un militar autoritario, la Central persiste renovando su apoyo, no quedando nada de su independencia de clase, y postrándose a los compromisos y favores que el revisionismo recibe.
La izquierda peruana, tiene que recapacitar, ejercitar una valiente autocrítica, unificarse bajo una plataforma concreta, y emprender acciones para exigir a este gobierno el cumplimiento de sus compromisos ante el pueblo. Es la hora de la unidad, y en este nuevo periodo político todos los sectores progresistas tienen un lugar en la defensa de los intereses de las masas populares y en la lucha por nuestra segunda independencia.
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