Dentro del arsenal ideológico-político utilizado por la burguesía y el imperialismo para confrontar el desarrollo de los procesos revolucionarios, se halla el ataque en contra de la organización política revolucionaria de la clase obrera y los pueblos y, de manera particular, en contra del papel, las formas organizativas y la práctica políticadel partido marxista leninista. En este último aspecto, revisionistas y otra clase de oportunistas -como trotskistas y anarquistas- se han unido al coro anticomunista; inclusive revolucionarios pequeñoburgueses, debido a sus concepciones voluntaristas y a la estrechez de miras, caen en ese tipo de apreciaciones.
En general, la embestida va por el lado de negar la necesidad de la existencia del Partido para la lucha de los pueblos por la libertad, el bienestar, el progreso y la revolución, puesto que esas tareas podrían ser cumplidas por los movimientos sociales o nacionales, las organizaciones de masas, por una organización militar o una vanguardia colectiva.
Una serie de procesos políticos se han encargado de rebatir esos puntos de vista. De un artículo escrito por Pablo Miranda (“Necesidad del Partido Comunista”, 1993) reproducimos unas líneas que dejan claro por qué es indispensable la existencia del Partido: “... la experiencia histórica ha demostrado que las revoluciones proletarias han alcanzado la victoria en aquellos países (Rusia, China, Albania) donde existió y combatió heroicamente el Partido Comunista; que varios procesos revolucionarios fracasaron, fueron derrotados por la inexistencia y/o debilidad del partido proletario (La Comuna de París, España, Grecia); que el curso socialista de la revolución de liberación nacional ha sido posible donde actuó el Partido Comunista (Vietnam, Albania); y no se ha producido allí donde el Partido no existió o ha tenido grandes limitaciones (Nicaragua, Argelia); que la subversión revisionista de la dictadura del proletariado ha sido posible por la degeneración ideológica y política del partido proletario (Rusia, Checoslovaquia, Albania)”
A veces, sobre todo cuando se hace una lectura superficial de algunos materiales, el combate en contra del partido marxista leninista se lo hace, justamente, invocando la necesidad de un “partido revolucionario”. El trotskismo, por ejemplo, en su teorización sobre el tema del partido hace una diferencia entre partido estalinista y bolchevique, intentando separar la concepción leninista del partido de la práctica política desarrollada por Stalin y el movimiento comunista en la época de la Internacional Comunista.Busca mostrarse como heredero del leninismo, cuando en realidad el trotskismo-tanto en política como en sus formas organizativas- se encuentra apartado del leninismo.
Por el lado de estos nuevos procesos políticos que se vive en algunos países de América Latina también se escuchan discursos respecto de la necesidad del partido revolucionario. En esos terrenos no ha entrado Correa, para quien aquello resulta una especie de aberración, pero sí lo ha hecho el presidente venezolano, Hugo Chávez.
En octubre del año pasado, en uno de sus tantos discursos Chávez sostuvo que “sin un partido revolucionario no se hace ninguna revolución”. La frase recorrió por muchos lados y se escribió bastante al respecto, pero aquello no debe llevar a equívocos. Él no invoca la construcción de un partido de tipo leninista, en contra del cual se ha referido en muchas ocasiones. Su concepción de partido ladescubrimos en los varios intentos realizadosal respecto en todos estos años (desde V República hasta el PSUV) y en el ideario político de la “revolución bolivariana”. En el discurso en referencia, como complemento a su visión del proceso político, llamó a “profundizar los estudios teóricos y prácticos de la historia y pensamiento de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora para impulsar la construcción del socialismo”. Esos son sus fundamentos ideológicos, de los que es imposible extraer un teoría socialista por obvias limitaciones históricas en las que dichos personajes se desenvolvieron.
No basta invocar la necesidad del partido, la clave está en la concepción que se tiene de él, de su naturaleza y sus lineamientos organizativos, delas formas de lucha que utiliza para asegurar el triunfo del proceso revolucionario. El partido del proletariado, en condiciones de llevar a la clase obrera al poder, construir el socialismo y avanzar hacia el comunismo es, únicamente, el que se guía por el marxismo-leninismo.

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