Parece que estas palabras
acaben de salir de un crítico con el Septenvirato
que actualmente domina la izquierda abertzale para su propia
degeneración, pero las escribió Enver Hoxha (máximo dirigente de
la Albania socialista) en los años sesenta, cuando los revisionistas
habían tomado los partidos comunistas del Este de Europa para minar
el movimiento revolucionario, y como se vio más tarde, liberalizar
los Estados socialistas hasta acabar con el menor vestigio de poder
popular.
Estos son los verdaderos
traidores, los que se jactan de historial revolucionario y su
puñalada están despreciable o más que la de cualquier otro. Nada
se le puede reprochar a los socialdemócratas que culminen una
traición como aquella de los años cincuenta y sesenta en Europa, o
como la de estos últimos años en Euskal Herria. La experiencia nos
ha enseñando a saber que se puede esperar de ellos. El problema está
en aquellos que aprovechándose del referente de consecuencia que
fueron en el pasado, arrastran a muchos en su traición. Incluso
aquellos que pueden considerarse críticos, pero se mantienen dentro
del movimiento, legitimándolo con su silencio, pues bien sabemos que
quien calla...
Ejemplo de esta clase de
elementos, traidores del movimiento revolucionario, (no de los que
callan, desde luego) es el veterano poli-mili Antxon, una especie de
Onaindia del siglo XXI, que hoy ha visitado la capi
(¡que viva el Reino! Pero ¡ojo!, el de España no... el
nabarrista) precisamente a cumplir esa nueva función que se les ha
adjudicado a la vieja guardia. Con la legitimización de sus
galones, y acompañados del amén final del seguidismo,
formulan los ''nuevos tiempos''
renunciando al pasado revolucionario y justificando su rendición como la mayor de
las victorias (en esa ''acumulación de fuerzas'', una colección de
siglas que cada vez se alejan más de los principios con los que
surgió el MLNV).
EHS Araba
Ejemplo de esta clase de
elementos, traidores del movimiento revolucionario, (no de los que
callan, desde luego) es el veterano poli-mili Antxon, una especie de
Onaindia del siglo XXI, que hoy ha visitado la capi
(¡que viva el Reino! Pero ¡ojo!, el de España no... el
nabarrista) precisamente a cumplir esa nueva función que se les ha
adjudicado a la vieja guardia. Con la legitimización de sus
galones, y acompañados del amén final del seguidismo,
formulan los ''nuevos tiempos''
renunciando al pasado revolucionario y justificando su rendición como la mayor de
las victorias (en esa ''acumulación de fuerzas'', una colección de
siglas que cada vez se alejan más de los principios con los que
surgió el MLNV).EHS Araba
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada