30 enero 2014

Los clasicos según ORTZI acerca de la cuestión nacional

* Seguimos con Ortzi, historiador (de los más serios) de la izquierda abertzale, nos analiza con contrariedad pero con justicia los planteamientos de los clasicos acerca de la cuestión nacional.
Por mucho que algunos presenten a Lenin como campeon independentista, estan mintiendo, Lenin apoya la autodeterminación pero esta en contra de la separación, es decir, es una tactica  como bien afirma Apalategi y Ortzi, para descubrir el antagonismo de clase y liberar fuerzas proletarias que van a rebufo de la pequeña burguesia.

Ortzi

Marx y Engels, teorizan en un periodo histórico en que el desarrollo del capitalismo está creando los modernos Estados europeos, en el que nacen los Estados alemán e italiano, en el que las revoluciones burguesas, fenómeno paralelo al desarrollo del capitalismo y causa y efecto del mismo, están acabando con los residuos del feudalismo, y en el que el imperialismo no ha desarrollado aún sus contradicciones. En el Manifiesto comunista, publicado en 1848, afirman ambos que la nación es fruto de la revolución burguesa y de la creación de un mercado "nacional":

La burguesía suprime cada vez más la dispersión de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la población, centralizando los medios de producción y concentrando la propiedad en un reducido número de manos. La consecuencia fatal de estos cambios ha sido la centralización política. Provincias independientes, o a lo sumo federadas entre sí, con intereses, leyes, gobiernos, tarifas de aduanas diferentes, han sido reunidas en una sola nación, en un solo interés nacional de clase, tras un único cordón aduanero.”

Así pues, Marx y Engels apoyan en su época los movimientos de liberación nacional en tanto en cuanto acaban con los restos del feudalismo. Pero afirman también en el mismo Manifiesto que en las luchas nacionales de su tiempo, estrictamente burguesas, los comunistas deben anteponer a sus intereses los intereses del proletariado.

La definición de nación que contiene esta obra se deriva de las anteriores concepciones. Las patrias actuales son burguesas, luego nada tienen que ver con los obreros; son éstos, al conquistar el poder político, quienes se convierten en nación:

Se acusa a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad. Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no tienen. Puesto que el proletariado de cada país tiene que conquistar en primer lugar el poder político, que erigirse como clase nacional mente dirigente, convertirse él mismo en nación, es también por lo mismo nacional, aunque de ningún modo en el sentido burgués de la palabra.”

El apoyo o el rechazo de Marx y Engels a los movimientos nacionales de su tiempo, siempre relativo, depende, pues, de la medida en que combatan al feudalismo. El imperio austriaco "cárcel de pueblos", es para ellos un reducto de la reacción y del feudalismo; por consiguiente, prestan su apoyo a los movimientos de liberación nacional suscitados en su seno. También apoyan el movimiento de liberación polaco; éste presenta para ellos un carácter social y revolucionario, pues dirige sus golpes contra los terratenientes rusos y polacos. Su apoyo a la causa irlandesa es decidido y ardiente, pues ésta combate contra la explotación colonial descarada de que le hace objeto Inglaterra (1).
(1). Andreu Nin: Els Movimets d'ematcipació nacional, Ediciones Catalana, de París, 1970, p. 94.

Por el contrario, no hay en éstos un apoyo a la causa de las minorías nacionales en los Estados burgueses modernos, cuyo movimiento les parece retrógrado y contrario a las intereses de la revolución burguesa. (Si en Marx se leen comentarios de simpatía hacia el movimiento campesino vasco de las guerras carlistas, es precisamente parque en el Estado español no se ha llevada a cabo una revolución burguesa.) Engels enjuicia estos movimientos según el criterio de naciones "históricas" y "no históricas"; en un artículo escrito el año 1866 afirma que el "principia de las nacionalidades" no es válido; "hay pueblos que han aparecida en el curso de la historia, tales como las escoceses y los bretones, para desaparecer absorbidas par naciones más poderosas."

Marx y Engels pasan, pues, muy rápidamente sobre el problema nacional. No es ése el caso de las pensadores de la II Internacional que teorizan sobre una situación europea en la que los Movimientos nacionales han cambiada de signo.. En esta fase, la fase del imperialismo., el capital desborda el marco de los Estados; éstos luchan entre sí en todo el mundo por la obtención de colonias de las que extraer materias primas y a las que exportar los capitales; y en Europa, las naciones grandes amenazan a las débiles.

Esta situación general se complica con la específica de Europa oriental. En los siglos anteriores, las invasiones de las turcos y las mongoles han provocado la creación de grandes Estados centralizados -Austria-Hungría, Rusia- compuestos de pueblos diversos. En esta época, las monopolios de la nación dominante en aquellos Estados colonizan a los pueblos restantes; en éstas se producen movimientos nacionales de oposición que, aunque dirigidos habitualmente por la burguesía respectiva, y tendentes a la formación de un Estado burgués, tienen un carácter progresista por luchar contra una opresión nacional muy real, y son tanto más fuertes cuanta más desarrollada está la burguesía.

Los teóricos de la II Internacianal, y especialmente los austriacos, pues es en el Imperio Austro-húngaro donde el carácter multinacional resalta can más evidencia, son conscientes de este fenómeno, pera le dan soluciones muy diversas.

Una corriente, la de la escuela austriaca -cuyas cabezas de fila son Renner y otto Bauer dan al hecho nacional una solución utópica: la de la autonomía cultural de los pueblos. Según Renner, las naciones deben organizarse -siempre dentro de un mismo Estado, cuya unidad no se pone en duda-, no como unidades territoriales, sino como asociaciones de personas. Los naturales de una misma nacionalidad deben formar una corporación propia, con sus capitales propias y la facultad de dictar decretos y establecer impuestos. Otto Bauer campleta esta teoría afirmando que en el seno de un Estado plurinacional, las miembros de las distintas nacionalidades --checas, húngaras, austríacas, par ejemplo- convivirían en las mismas poblaciones desarrollando sus formas de gobierno y sus instituciones culturales.

Kautsky adopta una postura centrista Afirma que los Estados nacionales son siempre una formación política imperfecta. Para él, la solución del problema no es una solu ción personal -como para las austríacos- sino territorial. Reconoce asimismo el derecho de las nacionalidades a disponer de sí mismas; pero este derecho no lo interpreta en el sentido de formar un Estado separado, sino en el de la autonomia. El proletariado, afirma, debe luchar contra la opresión nacional; pero no en pro de la nación, sino de la democracia. Opina por ello que la independencia nacional de las naciones oprimidas no es un objetivo a ser perseguido en cualquier circunstancia.
Entre los socialistas polacos se dan dos concepciones contrarias: El Partido Socialista polaco de Pilsudsky es un partido patriótico pequeño burgués y no internacionalista. Rosa Luxemburgo adopta por el contrario una actitud de negadora del hecho nacional. Los movimientos nacionales, afirma, expresan siempre y sin excepción la tendencia de la burguesía a la dominación de clase. Los burgueses, una vez conseguido su objetivo de formar una nación, pasan de la defensa a la opresión de otras nacionalidades. Por ello, la única consigna válida es la de la igualdad de "derechos de los pueblos", resultado de la lucha del proletariado contra toda opresión. No puede hablarse del derecho de los pueblos a la autodeterminación, sino del derecho a la autodeterminación del proletariado.

Los bolcheviques mantienen una actitud original. Esta concepción deriva de la comprensión exacta del fenómeno del imperialismo por Lenin; porque éste es, sobre todo, el teórico marxista de la era del imperialismo (2).
(2) Stalin, Los fundamentos del leninismo, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1972, p, 29 s.
Lenin descubre que el imperialismo lleva a su extremo tres contradicciones del capitalismo: los monopolios agudizan las contradicciones entre capital y trabajo, convirtiendo en insuficientes los métodos habituales de lucha sindical y parlamentaria; los monopolios y las potencias imperialistas entran en, contradicción, entre sí en su lucha por conquistar materias primas y territorios ajenos, provocando guerras y debilitándose mutuamente; un puñado de potencias imperialistas entran en contradicción con los millones de hombres del mundo colonial. De esta comprensión deriva el rechazo de la teoría en boga entonces en la II Internacional según la cual la revolución se haría allá donde el capitalismo estuviera más desarrollado. Para Lenin, al convertir el imperialismo a la economía en mundial. la revolución pasa a ser el resultado de las contradicciones dentro del sistema mundial del imperialismo en su conjunto, el resultado de la ruptura de la cadena por el eslabón más debil-que no tiene por qué coincidír necesariamente, y que históricamente no ha coincidido, con los países más desarrollados capitalistamente.

Lenin expone sus concepciones sobre el hecho nacional fundamentalmente en su obra Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, escrita en 1914. En la Europa occidental, el intervalo comprendido entre 1789 y 1871 es la época de las revoluciones democrático burguesas y de la creación de los Estados nacionales, que son, como norma nacionalmente homogéneos. Por el contrario, en la Europa oriental y en Asia -Rusia, Persia, Turquía, China- las revoluciones democrático burguesas comienzan a partir de 1905 y se proponen igualmente la formación de Estados independientes y nacionalmente homogéneos.

Lenin afirma que un pueblo que oprime a otros pueblo no puede ser libre, y que los obreros del pueblo opresor -en su caso, los grandes rusos- deben luchar contra tal opresión. Su afirmación sobre la autodeterminación es tajante, y diverge de las de los restantes teóricos de la II Internacional:

Homenaje de Boltxe a Lenin, manipulando groseramente
su pensamiento.
Por autodeterminación de las naciones se entiende la separación estatal de las coléctividades nacionales extrañas, se entiende la formaci6n de un Estado nacional independiente [ ... ] “.(3)
(3) V. I. Lenin: Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, en Obras escogidas, Ediciones en lenguas extranjeras, Moscú, 1948, tomo 1, p. 850.

Pero sin embargo, y consecuentemente con su concepción de los movimientos nacionales como movimientos burgueses, Lenin considera distintos los movimientos nacionales de los intereses proletarios, y subordina los primeros a los segundos.

« La burguesía coloca síempre en primer plano sus reivíndicaciones nacionales y las plantea de un modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Por eso el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho de autodeterminación, sin garantizarlo a ninguna nación, sin exponerse a dar nada a expensas de otra nación ( ... )Reconociendo la igualdad nacional y derecho igual a formar un Estado nacional, aprecia y coloca por encima de todo la unión de los proletarios de todas las naciones. »
Lenin vuelve a insistir en numerosos párrafos sobre la neutralidad que deben guardar los obreros ante el hecho nacional:

« ( ... ] Se exige que los proletarios se mantengan en una posición de completa neutralidad, por asi decir, en la lucha de la burguesía de las díversas naciones por la supremacía» (4)
(4)Lenin: Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, op. cit., p. 878.


La obra de Stalin El marxismo y la cuestión nacional, escrita a principios de 1913-antes por tanto de la obra citada de Lenin- comulga con estos principios. ( el objetivo político de este trabajo es el de luchar contra la vision culturalista y no territorial del problema nacional de los austriacos, en especial de otto Bauer.)

Stalin insiste en la relación existente entre la nación y la época del capitalismo ascendente:

« La nación no es simplemente una categoría histórica, síno, una categoría histórica de una época determinada, de la época del capitalismo ascendente. El proceso de liquidación del feudalismo y de desarrollo del capitalismo es al mismo tíempo el proceso de constítución de hombres en naciones. »

Su concepto de la nación no es ajeno a la teoría de los componentes nacionales que sabemos en boga entre las minorías nacionales, y resulta de hecho de una amalgama del pensamiento de la escuela austriaca: nación es, para él,

« Una comunidad estable, históricamente constituida, de lengua, de territorio, de vida económica y de formación psíquica, que se traduce en la comunidad de cultura. »

Aunque afirma que la nación no se concibe sin estar reunidas todas estas componentes, insiste -y esta insistencia reviste cierta modernidad- en el papel singular que desempeña la lengua:

« ¿Qué es lo que distingue la comunidad nacional de la comunidad del Estado? Entre otras cosas, el hecho de que ( ... ] no podría concebirse sin una lengua común, mientras que para el Estado la lengua común no es obligatoria. »

Stalin, cometiendo el mismo error de Lenin sobre Europa occidental -debido también a los prejuicios de Engels al respecto- considera a los estados europeos occidentales nacíonalmente homogéneos, e identifica el problema nacional con la situación de la Europa del este, donde se han formado Estados multinacionales ante la amenaza de invasiones. En esta parte del continente, al desarrollarse el capitalismo, se agudiza la opresión nacional. Las capas dominantes de las naciones oprimidas y opresoras luchan entre sí, pero ambas desean formar su propio mercado; en esta lucha, la burguesía llama en su apoyo al pueblo e invoca la noción de patria.

El proletariado debe, pues, luchar contra la opresión nacional, pero no tiene necesidad alguna de agruparse bajo la bandera de la burguesía nacional, pues su propia bandera es la del internacionalismo.

Estas concepciones van a tener ocasión de verificarse en la práctica al cabo de muy pocos años. Cuando tiene lugar la revolución burguesa rusa de febrero de 1917, las nacionalidades oprimidas por Rusia se ponen en movimiento. En Letonia y en Estonia, en Georgia y Armenia, en la Rada de Ukrania, el Kurultai de Crimea y Baikiria, se forman Consejos nacionales, dominados muchos de ellos por la burguesía local. El gobierno provisional de Kerenski se opone a este movimiento, pues considera intangible la unidad territorial rusa.
Lenin, sin embargo -cuya tesis al respecto, defendida por Zinóviev y Stalin, ha prevalecido en el Partido bolchevique en abril de 1917 - apoya la lucha de las naciones oprimidas; afirmando, sin embargo, la necesidad de la más estricta centralización del partido a nivel del Estado.

El pensamiento leninista de esta época, pues, se opone al chovinismo de gran potencia; pero no identifica socialismo y patriotismo, y cuantas veces se han invocado en ETA sus obras para fundamentar esta identificación -como por ejemplo en los trabajos de Krutwig- se han tenido que forzar sus tesis.

Triunfante la revolución socialista en octubre, el Consejo de comisarios del pueblo proclama en febrero de 1918, en su Declaración de derechos del pueblo de Rusia, "el derecho de autodeterminación"; como consecuencia, se admite la separación de Ucrania y Finlandia, se reconoce la independencia de Armenia, Georgia, Rusia blanca y Azerbeidján, y se afirma la soberanía de Polonia y Lituania.

Pero la experiencia no resulta muy positiva. Estos movimientos nacionales, antes de la revolución de Octubre, no venían siendo encabezados por la clase obrera, sino por la burguesía. Por ello, la burguesía se hace con el poder en estas nuevas Repúblicas y aplasta a los obreros allá donde cuenta con la ayuda del imperialismo. La República obrera de Finlandia es anegada en sangre por una Guardia blanca reclutada en Suecia y Alemania; Letonia, Lituania y Estonia se conviertene en vasallos de la Entente; . Besarabia es anexionada por los rumanos; la organización militar de Pilsudsky asfixia en Polonia al movimiento obrero (5).
(5)Andreu Nin: Op. cit., p. 190 s.

Esta situación obliga a los dirigentes bolcheviques a modificar su postura. Stalin afirma, en un trabajo publicado en 1920, La política del poder de los Soviets en la cuestion nacional en Rusia, que la separación de Rusia de las regiones periféricas no solo socava la potencia revolucionaria de la Rusia central, sino que, además, les convierte en presas fáciles para el imperialismo, pasando a ser sus esclavas. En consecuencia, tras la guerra civil rusa se produce un vasto movimiento federativo de las nuevas repúblicas socialistas, y el 30 de diciembre de 1922 se constituye la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Las Repúblicas federadas están formadas por Repúblicas autónomas, y éstas a su vez por regiones autónomas. Esta unión se define como voluntaria, y las Repúblicas independientes que forman parte de ella pueden salirse de ella cuando quieran. (Pero esta voluntariedad se va a revelar con los años totalmente utópica.)

Como vemos, pues, la teoría y la práctica leninistas sobre el problema de las nacionalidades se pueden resumir del siguiente modo:
-lucha de la clase obrera contra la opresión nacional;
-neutralidad de la clase obrera ante los nacionalismos, que son movimientos burgueses; 
-en los Estados multinacionales, el partido de la clase obrera, se debe formar no en el marco de la nación sino en el del Estado.


28 enero 2014

Excelente aportación al debate de Olarieta: "En Euskadi el movimiento independentista necesita una aclaración"

Juan Manuel Olarieta


La situación en Euskadi pivota sobre tres ejes fundamentales, sin los cuales es imposible entender los acontecimientos más recientes. El primero es la persistencia del fascismo, de España como Estado fascista y a eso, y no a otra cosa, es a lo que se enfrenta el movimiento de liberación en Euskadi. El segundo es la degeneración revisionista del PCE, que en Euskadi tuvo su prólogo en los tiempos de la guerra civil con Astigarrabía, es decir, ya antes de 1956, y cuyas consecuencias fundamentales fueron la confusión y el seguidismo respecto del movimiento nacionalista. El tercero es el cambio social ocurrido a partir de los años sesenta, que incorporó al proletariado urbano sectores campesinos rurales, que aportaron sus propias concepciones ideológicas, las cuales acabaron por imponerse porque el revisionismo les abonó el terreno.

Se puede decir, pues, que el movimiento nacional en Euskadi es ambiguo por partida doble y se alimenta a sí mismo con la riada de chovinismo y centralismo que llueve cada día. Por su propia naturaleza de clase todo movimiento nacionalista es ambiguo hasta cierto punto, por lo que el vasco no se diferencia de otros, sino que es una ambigüedad mucho más acusada, cuantitativa y cualitativamente. Dado que la confusión viene de lejos, la mezcolanza está profundamente arraigada, y dado que el movimiento se ha enfrentado de una manera consecuente al Estado, ha tenido una repercusión mucho mayor que otros.

Aunque un movimiento nacional es siempre socialmente amplio, quien lo define es su fuerza dirigente, que es quien impone las formas de organización, las líneas, los programas, e incluso una terminología propia y característica. No obstante su composición social, la masa que lo conforma, en el movimiento abertzale esa fuerza dirigente ha sido la pequeña burguesía, a la que el revisionismo le ha permitido arrastrar tras de sí a una parte importante del proletariado. A eso es a lo que llaman "pueblo trabajador vasco".

Si hay un lugar en el que la claridad es más necesaria que en otros, ese es Euskadi, y no caben eufemismos; todos los intentos por escurrir el bulto son contraproducentes. No será necesario decir que tal clarificación sólo puede redundar en un reforzamiento y un avance del propio movimiento de liberación nacional. Si hay alguien a quien hay que hablarle claro es a aquel con el que hay confianza, al amigo, al aliado, mientras que con el enemigo no se discute nada. Tampoco creo necesario recordar que con los amigos no valen medias tintas. Yo no puedo ser amigo de nadie que no me hable claro, que piense una cosa y me diga otra, que no sea franco conmigo. Finalmente, tampoco creo necesario puntualizar que no se puede confundir la amistad con el amiguismo. El aliado, el amigo no es el amiguete, ni el colega, es decir, ese tipo de relaciones, más personales que políticas, que tanto abundan en determinados círculos.

Aparentemente ha sido la liquidación de lo que durante estos años ha sido la izquierda abertzale lo que ha creado la confusión, pero no es así. El movimiento de liberación nacional ya ha empezado a liberarse, por fin. Esa liquidación, lo mismo que la liquidación de la URSS en 1991, es lo que va a favorecer una aclaración que era necesaria desde hace mucho tiempo. La izquierda abertzale necesita imperiosamente un ajuste de cuentas consigo misma y veremos la manera en que lo aborda porque si se escuda en el "tono" o en las "formas" de la crítica, o si se las toma como una agresión, sigue por el mal camino, lo mismo que siempre.

En lo que el proletariado respecta, una amplia experiencia histórica demuestra, una y otra vez, que no puede abandonar la dirección ni de la lucha antifascista ni del movimiento de liberación nacional, y para dirigir necesita un partido comunista, que no se parece, ni de lejos, a ninguna otra forma de organización de ninguna otra clase social, que tiene un programa propio, su línea política, su propia ideología y sus propios principios. Ese es el punto de partida, de manera que si en Euskadi no hay un partido comunista, lo primero que hay que hacer es crearlo, y si ya existe hay que unirse a él. No se puede empezar nada por ningún otro sitio, y menos por el final. El partido comunista es el eje de coordenadas; todo lo demás empieza a contar a partir de ahí.

Pero la experiencia del "frente norte" en la guerra civil demuestra que ni siquiera eso es suficiente. A pesar de la demagogia que durante décadas ha alimentado el PNV, en dicho "frente norte" no hubo realmente guerra porque bajo Astigarrabía el PCE entregó la dirección a la burguesía, una tarea que ésta no puede llevar a cabo. En la medida en que la liberación nacional de Euskadi hoy es más de lo mismo, hay que acabar con el seguidismo de los comunistas en Euskadi respecto a la burguesía y al movimiento nacional, o lo que es lo mismo, poner ese movimiento en manos del proletariado y su partido comunista.

Pero no es eso lo que han llevado a cabo en Euskadi la mayor parte de los grupos que se llaman comunistas que, como en los tiempos de Astigarrabía, siguen siendo un apéndice de la burguesía, que se mueven cómodamente dentro de la confusión, de los "frentes" y las "alianzas", como pez en el charco. Nunca han pretendido ser otra cosa que una parte residual de ese movimiento nacional y en la medida en que dicho movimiento está en trance de liquidación, forman parte integrante de su naufragio.

Las tendencias liquidacionistas siempre han estado presentes dentro del movimiento abertzale, cuya historia es un continuo tejer y destejer de escisiones, corrientes y siglas cuyo hilo conductor es casi imposible seguir a lo largo del tiempo, hasta que, finalmente, se metió en el embudo de sus propias ambigüedades, de las que incluso tanta ostentación ha hecho gala. No se trata de que no haya identificado quiénes son sus enemigos, sino que nunca ha sabido quiénes eran sus amigos, lo cual conduce siempre a tener a los enemigos por amigos y a ver enemigos ("españolistas") donde no los hay.

Lo nuevo no es que ahora haya liquidadores sino que se han impuesto precisamente en un momento en el que, dada la crisis económica, las condiciones son más favorables que nunca para el movimiento independentista. El momento que han elegido para proclamar su rendición a los cuatro vientos no es ninguna casualidad, coincide con la crisis capitalista de 2007, que ha puesto las cosas en el sitio justo en el que la izquierda abertzale nunca las quiso tener. Ahora el protagonismo corresponde a la clase obrera y eso es justamente lo que la liquidación trata de impedir, vincular las reivindicaciones nacionales a la revolución socialista, que es el núcleo de la olvidada (y nunca aclarada) consigna de"independetzia eta sozialismoa".

La crisis económica, pues, vuelve a poner al partido comunista en el eje de coordenadas, cuya línea debe ser distinta, cuyo programa debe ser distinto y cuyas formas de organización también deben ser distintas de las del movimiento nacional.

27 enero 2014

Carta Desde la carcel de Soria en 1979(negando a Lenin)

  • Como deciamos, Lenin y su concepto nacional es deslegitimado en toda ocasión, los cuadros se han tomado la molestia de leerle (no como ahora) e invocan al famoso “mecanicismo”, “dogmatismo” y otros ismos para escaparse del embrollo. En pleno año 79 el gran patriota, Txomin ha hablado con Arzallus y le ha sincerado: “Aquí solo tenemos un marxista y medio”, se refiere a Argala y a Yoyes.

  • Punto y hora 142

  • Desde la Cárcel de soria
A nadie se le escapa que este pedazo de la historia de Euskadi que nos está tocando vivir es critico, dramáticamente crítico. Dos posturas se enfrentan ante la alternativa que para el futuro de Euskadi y su proceso de liberación nacional y social supone el denominado Abrazo de la Moncloa. Por un lado, la aceptación del mismo proveniente de dudoso y oscuro «nahaste borraste» consensual (UCD, PNV, PCE, PSOE, EIA ... ) Y por otro, el rechazo total defendido por KAS (y HB) Y sus entornos. Hace unos días «El País» - órgano oficial de la Reforma Suárez -, publicaba un trabajo del militante de EIA, Eduardo Uriarte (Ex dirigente de ETA V), en el que se valoraban ambas posturas y que creemos merece unas puntualizaciones. Uriarte considera la radical postura de KAS como un transplante al siglo XX del carlismo más puro e impenitente. Asevera que el haber llegado a nuestros días sin pasar por el tamiz purificador liberal, impide a los «herederos del carlismo» poder reclamarse marxistas, pues si bien el liberalismo atacaba los intereses de las minorías nacionales, erá profundamente progresista con respecto a la ideología dominante en los siglos XVIII Y XIX. Vamos, que en definitiva, la postura «visceral» de KAS entronca con los truenos del padre Aitor, los irrintzis de Orreaga y los akelarres de las cuevas de Zugarramurdi. Efectuar un análisis tan simplista de la realidad revolucionaria y pujante de KAS y los movimientos desarrollados en su entorno es recurrir a las más puras esencias de la metafísica.(duele esta critica por cierta, no desarrolla la respuesta porque no puede).

La política seguida por EIA a lo largo del proceso estatutario es una política de consenso, de pacto. El proceso de Reforma es un claro intento de reforzar las posiciones de la burguesía en el salto de la dictadura a la «democracia», anulando las posibilidades de revolución social e inclinando al máximo la correlación de fuerzas en la lucha de clases a favor de los intereses burgueses.

El procedimiento seguido ha sido, desde los inicios de la Reforma, el del freno del «conflicto» a través del trapicheo, el pacto y el consenso. Así surgieron el Pacto de la Moncloa, la Constitución y el Abrazo de la Moncloa estatutario. Pues bien, la raíz, la esencia de la teoría marxista es precisamente la potenciación del «conflicto», realidad social que Marx teorizó en la lucha de clases, y no su anulación. Por esta razón la práctica del pacto con la burguesía (española y «vasca»).

la política de reconciliación (para Bandrés el Estatuto implica la firma de un tratado de paz), no puede en absoluto reclamarse marxista. Marxismo implica enfrentamiento, ruptura con el capital, máxime en los momentos en que éste mendiga los pactos porque observa que el empuje de los movimientos de liberación nacional y social pone en peligro su estabilidad y su futuro.

Cuando EIA ha aceptado como bueno el Estatuto consensuado por las fuerzas burguesas ha asumido sus posiciones políticas actuales, descarada copia de los modelos europeos, orientados a un brutal reforzamiento del aparato de Estado, que garantice su perpetuación (Onaindía tiene la misma obsesión que el PCE, la «democratización» del aparato de Estado, que sirva para su aceptación universal)(esta si es una buena critica). ¡Qué lejos del viejo Marx, cuyo pensamiento va dirigido a la extinción del Estado desde un principio, por muy remota que se vea la fecha! Este reforzamiento conduce a una creciente fascistización (como palpablemente se observa en toda Europa Occcidental) que pasa desde la manipulación de los medios de comunicación hasta los medios más brutales de represión, que particularmente los revolucionarios vascos sufrimos en nuestras carnes (Ley Antiterrorista, de Seguridad Ciudadana, asesinatos, atentados, cárcel de Soria, busca y captura de refugiados vascos ... ) Todo un proceso - el de Reforma - contrario a la independencia y el socialismo.



Paso a paso, las posturas de EIA van acercándose a las eurocomunistas del beatífico Carrillo. Hasta en la forma de tratar a los grupos e individuos que se oponen al proceso. Las posturas críticas son tratadas de «irracionales», «utópicas», «viscerales», «irresponsables», «testimoniales» ... oleada de epítetos que nos son ya familiares. Obligación emanada de asumir veladamente la ideología burguesa que precisa a su lado de partidos de «izquierda» tolerables, que permitan la «pacificación» y desmovilización de las masas. El partido dirigente de la «revolución» se encarga de consensuar con los poderes políticos fácticos y su central sindical (¿ELA-STV?) con la patronal. ¡Qué lejos también de Marx y Lenin!

Los radicales vascos también somos tratados de infantiles pequeño-burgueses por negamos a emplear todas las posibilidades que proporcionan las instituciones burguesas (Parlamento, Juntas, Diputaciones, etc.) Lo cierto es que puede ser rentable hacerlo. Lenin lo expuso brillantemente en «La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo,). Sin embargo, lo que los revolucionarios no podemos hacer es caer en el auténtico infantilismo de creer que el análisis que Lenin hace de la rentabilidad revolucionaria de las instituciones burguesas sea aplicable para Euskadi y su revolución.

Hay que tener en cuenta que Lenin habla de su época y de su propia experiencia. No poseía el riquísimo caudal de información que hoy poseemos nosotros.

El sistema capitalista supo reaccionar con inteligencia y agilidad ante el mazazo que supuso el triunfo de la revolución bolchevique e ideó un sistema democrático burgués dotado de tal cantidad de artimañas institucionales que cualquier desliz atrapa en sus redes a quien prioriza la lucha institucional (que jamás para Lenin ocupó un lugar preferente). Por otra parte, desconocía el hecho de que los partidos surgidos de la III Internacional se fueran a acercar paulatinamente a aquellos que calificaba de social chovinistas y amarillos surgidos de la 11 Internacional.

El análisis de Lenin difícilmente puede aplicarse literalmente al marco de la lucha en Euskadi, salvo que la cuestión nacional la releguemos a un segundo plano (como por ejemplo, aceptando un Estatuto que niega nuestra soberanía nacional) y no admitamos la evidente cuestión de que Euskadi es un marco autónomo de lucha de clases. Y esto ya es otra cosa. Pero para quienes tenemos bien presentes los peculiares aspectos de nuestra problemática nacional y social el análisis de Lenin no es aprovechable para la revolución vasca. Tenemos que elaborar y desarrollar una teoria propia, so pena de caer en un fútil dogmatismo. Cuando la participación parlamentaria no ayuda, sino que frena el camino hacia la independencia y el socialismo, como revolucionarios debemos rechazarla de plano. Lo mismo ocurre con la participación en el futuro Parlamento vascogando que surja del Estatuto sin Nafarroa, porque tal no será nada más que un apéndice del parlamento español. De ello ya se han encargado Suárez y Garaicoechea.

El mismo Lenin aconsejaba «investigar, estudiar, descubrir, adivinar, captar lo que hay de particular y específico desde el punto de vista nacional, en la manera en que cada país aborda concretamente la solución al problema internacional común".(manera elegante de negar a Lenín).

La política seguida por KAS, de aprovechar sólo aquellas instituciones que permitan obtener verdadero contrapoder POPULAR, no los cómodos sillones de la contrarrevolución, priorizar sobre todo la lucha de masas (principio elemental y básico de la lucha revolucionaria) y emplear todos los elementos de combate, sin exclusión alguna, ha dado unos frutos que están a la vista. El más obtuso observador reconoce que hoy día el único obstáculo preocupante y con verdadero revulsivo para la Reforma Suárez lo constituyen KAS y sus entornos y KAS no procede de ningún texto o biblia clásica (se refiere al manifiesto?). Es creación exclusiva, espontánea de los trabajadores vascos. Su punta de lanza revolucionaria. Trabajo queda por delante para profundizar y teorizar sobre la concepción de KAS y adecuarlo a la situación real y concreta de cada coyuntura histórica. La práctica revolucionaria ya ha demostrado que se trata de un instrumento excepcionalmente válido para el logro de la independencia y el socialismo. Y así como la alternativa estatutaria cierra puertas, frena la revolución vasca, la alternativa táctica de KAS las abre, garantiza la existencia de una auténtica democracia y de lo que tantos dolores de cabeza a nuestros sesudos «padres de la patria,,; la pacificación de Euskadi. Eso sí, la lucha por su consecución no es cómoda. La auténtica libertad tiene muchos quilates y no la regala nadie.

M. KORTA
desde la carcel de Soria.


26 enero 2014

El catedrático Jon Kortazar escribe la biografía del poeta Gabriel Aresti


El catedrático de Literatura vasca de la UPV Jon Kortazar ha cumplido con el compromiso que adquirió con una de las hijas de Gabriel Aresti: escribir una biografía del poeta. Coincidiendo con el 70º aniversario de su nacimiento la Fundación BBK edita Gabriel Aresti (1933- 1975)(colección Temas Vizcaínos), obra en que Kortazar intenta "el acercamiento y comprensión de un hombre con muchas facetas".
El libro se presenta esta tarde en Bilbao con el escritor Ramón Saizarbitoria y el académico de Euskaltzaindia Andrés Urrutia acompañando al autor (Aula de Cultura de la BBK. Elcano, 20; 19.30). Kortazar ha recogido en la obra documentación que se encontraba muy desperdigada, así como testimonios de las personas que trataron con Aresti. "Los recuerdos sobre Aresti son contradictorios: era un hombre a la vez afectuoso y agrio. La biografía es un intento de acercamiento y comprensión a un hombre con muchas facetas, un autor que parece duro y al mismo tiempo se siente solo", dice.
Kortazar (Mundaka, 1955) añade este trabajo sobre Aresti a los numerosos estudios que ha publicado sobre la literatura vasca del siglo XX, entre ellos el dedicado a Esteban Urkiaga, Lauaxeta, que abordó en su tesis doctoral.
Gabriel Aresti (1933- 1975) incluye abundante material gráfico, en su mayoría fotografías poco conocidas, procedentes de los álbumes familiares y de los archivos de Euskaltzaindia. El libro cierra el proyecto que se inició en junio de 1999 con la presentación en la Biblioteca de Bidebarrieta, en la capital vizcaína, de una exposición dedicada a recorrer la trayectoria vital y poética de Aresti.
Kortazar, responsable del guión y la coordinación de esa muestra, investigó entonces la figura del poeta, a corta distancia de su familia y de su círculo más cercano. Finalizado el trabajo, quedó en el aire un compromiso con Andere Aresti, la hija pequeña del escritor, para trasladar en el futuro a un libro la biografía de su padre.
El resultado es, en palabras de su autor, una obra de "alta divulgación" en la que ha realizad "una síntesis y comprensión de los testimonios" que el poeta dejó en su corta vida. Kortazar quiere que su trabajo destaque que la literatura de Aresti "hizo modelos de realidad en este pueblo". "Los escritos de Aresti no son sólo textos, sino también cambio social", explica.
Kortazar recuerda en el libro que sólo vio a Aresti una vez en su vida, en la Universidad de Deusto, y recorre desde sus raíces familiares y su infancia y juventud en Bilbao a los contactos con los medios intelectuales vascos, su evolución política y su caracter vehemente y controvertido. La obra recorre cronológicamente la producción literaria del escritor y dedica capítulos a sus primeros poemas, a la poesía simbólica, a la prosa narrativa y el teatro, y se detiene especialmente en el denominado ciclo de la piedra, la poesía social de Harri ta Herri,Euskal Harria y Harrizko Herri Hau.

* Gabriel Aresti, el más conocido poeta en lengua vasca de la posguerra y principal impulsor de la renovación literaria del euskera en los sesenta, carecía de una biografía en castellano. Jon Kortazar ha llenado ese hueco con una semblanza de fácil lectura que tal vez permita a sus lectores acercarse al Aresti real, anterior a su mitificación post mortem por los mismos que le persiguieron en vida. Vástago de una familia conservadora de clase media, y contable de profesión, fue un católico agónico, como su paisano Blas de Otero, y nacionalista por vía lingüística antes de encarnar una versión entre existencialista y sentimental del marxismo. De acuerdo con esas coordenadas tuvo la esperanza de fusionar el nuevo nacionalismo y el comunismo, y de ahí su apoyo a las sucesivas escisiones izquierdistas de ETA. Ello le valió la enemistad del nacionalismo tradicional, y de parte del renovado, que ya en 1968 le boicoteaba conferencias y sembraba infundios contra él. Ese año había sido, con el lingüista Michelena, uno de los impulsores de la unificación literaria del euskera, que él ya había aplicado por su cuenta en Malden Behera, un poema de 1.904 versos editado a fines de los cincuenta y que constituye,la cumbre de su producción poética. Mentor de jóvenes autores de los setenta, su prematura muerte, en 1975, a los 41 años, le dispensó de asistir a la incorporación al libreto del nacionalismo de su metafórica defensa de la casa del padre. "Hombre sin doblez", como le definió un enemigo, también escribió, pensando en Tomás Meabe, fundador de las Juventudes Socialistas: "Sólo es español quien sabe / Meabe / las cuatro lenguas de España".

24 enero 2014

Lenin, según Jokin Apalategi y Paulo Iztueta (última)

Podemos aclarar lo dicho hasta ahora, presentado las soluciones propuestas por Lenin.

IV. Las soluciones.

Hemos venido presentando a lo largo de este capítulo el pensamiento de Lenin acerca de la estrategia a utilizar en la política nacional e internacional y del progreso del mundo en etapas sucesivas. Nos queda por ver el apartado de las soluciones propuestas.

Entre tanto manipulador se agradece
la sinceridad de Apalategi.
Siguiendo la lógica de su visión estratégica, la primera solución es la concerniente a la Internacional comunista que en el lenguaje político se resume en lo siguiente: todas las reivindicaciones democráticas, incluida la reivindicación nacional, deben estar subordinadas a la lucha revolucionaria de masas directamente orientada hacia el derrumbamiento de los gobiernos burgueses y la realización del socialismo (44). Dado que la dictadura del proletariado es un hecho que se impone, resulta que todos los acontecimientos de la política internacional convergen sobre un mismo punto central, es decir, sobre la lucha de la burguesía mundial contra la República soviética rusa (45). Por consiguiente, no puede limitarse, en la hora actual, a reconocer o a proclamar simplemente la unión de los trabajadores de las diferentes naciones, sino que es necesario llevar una política que tienda a realizar la unión más estrecha posible de los movimientos de liberación colonial y nacional con la Rusia de los Soviets (46).

Veamos en concreto qué soluciones propone Lenin sobre los diversos movimientos nacionales. Recordamos que dichas proposiciones son siempre tácticas y que forman parte de la estrategia internacionalista.

Aquí y allá, por doquier, se habla de la autodeterminación. Primeramente vamos a ver cuál es el significado de este concepto en general. Luego distinguiremos tres tipos de autodeterminación: el primero que concierne a los movimientos nacionales dentro de los Estados multinacionales; el segundo, que se refiere a los movimientos nacionales en los países colonizados, y el último, que está en relación con los movimientos que combaten el imperialismo. En un pasaje Lenin define así la autodeterminación: " ... por autodeterminación de las naciones se entiende su separación estatal de las colectividades de nacionalidad extraña, se entiende la formación de un Estado nacional independiente» (47).

Para comprender debidamente esa definición hay que relacionar ese texto con otros afines, ya que Lenin no defiende la autodeterminación, sino a nivel de derechos (48), como se desprende del siguiente texto:
,,,Se nos dice: Apoyando el derecho a la separación, apoyáis el nacionalismo burgués de las naciones oprimidas. (. .. ) Nosotros contestamos: No, precisamente a la burguesía es a quien le importa aquí una solución "práctica», mientras que a los obreros les importa la separación en principio de dos tendencias» (49).

En este otro pasaje concretiza con un ejemplo su postura: "Acusar a los partidarios de la libertad de autodeterminación, es decir, de la libertad de separación, de que fomentan el separatismo, es tan necio e hipócrita como acusar a los partidarios de la libertad de divorcio de fomentar el desmoronamiento de los vínculos familiares» (50).

Veamos más de cerca cuándo admite Lenin y en qué sentido la aplicación del derecho de la autodeterminación. Se reduce a dos casos.

En primer lugar está el caso de los Estados multinacionales. No olvidemos lo que hemos anotado antes sobre la visión etapista de Lenin. Según él, en los países donde el capitalismo se encuentra desarrollado, como por ejemplo en la Europa occidental y en los Estados Unidos, la cuestión nacional resulta totalmente absurda. Si mantuviéramos esta afirmación tendríamos que decir que la cuestión nacional sería igualmente absurda en el caso de Euskal Herria, incluso que ni siquiera debería poder existir. Sin embargo, los hechos están ahí. Contrariamente a la opinión de Lenin, en Occidente constatamos la existencia de Estados multinacionales y de problemas nacionales.

verdadera biblia de los milis en los 70
En segundo lugar tenemos el caso de la Europa Oriental, es decir, el caso de las países donde el capitalismo no está desarrollado todavía. Es aquí donde Lenin admite el derecho a autodeterminarse. No se pueden cumplir en estos países las tareas del proletariado, que son las de alcanzar la transformación democrática burguesa y la de ayudar a la revolución socialista en los demás países, si no se defiende el derecho de las naciones a disponer de sí mismas. Uno de los objetivos más difíciles y más importantes a alcanzar en esta empresa consiste en unir la lucha de la clase obrera de las naciones oprimidas con la de las naciones opresoras (51). La organización estratégica del proletariado de las naciones oprimidas y opresoras debe entenderse, por lo tanto, dentro de la unión más absoluta (52). En el supuesto de que se adoptara la autodeterminación en una perspectiva comunista para resolver el problema nacional, Lenin propone la forma concreta de la Federación. He aquí un texto: « La federación es la forma transitoria hacia la unidad total de los trabajadores de las diferentes naciones. Está demostrada ya la utilidad de la federación tanto en las relaciones de la R.S.F.S.R. con las otras Repúblicas soviéticas (de Hungría, de Finlandia, de Lituania en el pasado; de Azerbaidjan y de Ukrania en la actualidad) como en el seno mismo de la R.S.F.S.R. respecto a las nacionalidades que no tenían antes ni existencia particular en tanto que Estado, ni autonomía como, por ejemplo, las Repúblicas autónomas de Bachkiria y de Tartaria, creadas en los años 1919 y 1920 dentro de la R.S.F.S.R.,. {53).

En tercer lugar analizamos el caso de los países colonizados o semicolonizados. Es el segundo caso donde se reconoce el derecho a la autodeterminación. Los socialistas tienen que admitir que estas naciones colonizadas tienen el derecho de disponer de sí mismas, incluso tienen que apoyar a los elementos más revolucionarios de los movimientos democráticos burgueses que luchan por la liberación nacional y en contra de los poderes imperialistas que los oprimen (54). Hay que tener en cuenta que Lenin habla de unirse con los elementos más revolucionarios y no de adoptar la lucha de liberación nacional en sí. Respecto a la finalidad de la Internacional comunista dice:
La Internacional comunista no apoya los movimientos democráticos burgueses de las colonias y de los países subdesarrollados, sino bajo la condición de que los elementos de los futuros partidos proletarios, aparentemente comunistas, sean agrupados y educados en todos los países subdesarrollados de acuerdo con el espíritu de sus tareas particulares, tareas de lucha contra los movimientos democráticos burgueses. La Internacional comunista debe concluir una alianza temporal con las democracias burguesas de las colonias y de los países subdesarrollados, pero sin fusionar con ellos, manteniendo con firmeza la independencia del movimiento proletario, incluso en su forma más embrionaria” (55).

En cuarto lugar se plantea la cuestión nacional en los pueblos sometidos al imperialismo. Aquí aparece la tercera posibilidad de autodeterminarse. Este es el caso de los Estados nacionales y multinacionales donde las relaciones de producción de las masas campesinas tienen un carácter feudal o semi-feudal. Retengamos la diferencia que existe entre estos pueblos y aquellos que están sometidos al colonialismo. En efecto, aquéllos jamás alcanzaron la forma estatal; éstos, sin embargo, sí. Allí donde predominan las relaciones precapitalistas, la política de la Internacional comunista consiste en hacer propaganda en favor de los Soviets de los campesinos en los países subdesarrollados y en crear Soviets de obreros (56).

Para terminar, citamos una frase que concluye uno de los trabajos de Lenin. Pensamos que resume bien claro su pensamiento: "Es imposible hacerse con la victoria sobre el capitalismo sin un libre esfuerzo hacia la unión y la unidad del proletariado y, consecuentemente, de todas las masas trabajadoras de todos los países y de todas las naciones del mundo» (57).

La tarea proletaria es de incumbencia estratégica; todo el resto, incluida la cuestión nacional, reduce Lenin a las cuestiones relacionadas con problemas tácticos y de alianzas. Sin embargo, en la última etapa de su vida, Lenin acordaba una importancia cada vez mayor en su actividad política a estas realidades y, en particular, a la cuestión nacional.

(45) Id., cap . Premiere ébauche des Theses ... p. 24. (46) Id., p. 24.
(47) «Obras escogidas-, op. cit., pp. 618-619. (48) Id., p. 631.
(49) Id., p.631.
(50) Id., p. 641.
(51) "Sur les questions nationale et coloniale», cap. "La Révoluution socialiste et le droit ... », pp. 12·13.
(52) Id., p. 8.
(53) Id., cap. "Premiere ébauche des theses ...• , p. 25. (54) Id., cap. "La Révolution 'Socialiste et.. .• , p. 13.
(55) Id., "Premiere ébauche des theses ... ", p. 29.
(56) Id., "Rapport de Ja Commission nationale et coloniaJe", p. 36. (57) Id., "Premiere ébauche des theses ... D, p. 30.

22 enero 2014

El erre carga contra el nacionalismo vasco "critico".

kimetz en su minuto de gloria.
  • algunos pseudo-comunistas no entienden la necesidad de desenmascarar políticamente al nacionalismo pequeño-burgues  por muy rojo que se disfraze, así hemos entendido en EHS nuestras criticas politicas a Ibil y ahora lo mismo entiende el PCE (r) con Kimetz  cuya pésima dirección en estos cuatro ultimos años han demostrado su incapacidad total  para la construcción organizativa en momentos tan fecundos para ello. El tono del escrito es burlón y despectivo pero lo importante son los argumentos, los amigos de ODC  se quedan solos en su apoyo al nacionalismo burgues. 
COMUNISMO O NACIONALISMO
Al parecer, ciertos sectores de la pequeña burguesía nacionalista de Euskal Herria están atravesando por una especie de crisis de identidad. Ya no les basta con ser nacionalistas, sino que también se han empeñado en hacerse pasar por marxistas-Leninistas, que parece que tiene más tirón, ahora que el MLNV ha sido liquidado, por obra y gracia del otegismo.

Los comunistas no tenemos nada en contra de la pequeña burguesía nacionalista y hasta la consideramos un posible aliado desde el punto de vista de las tareas democráticas de la revolución en el Estado español. Sin embargo, lo que no podemos consentir bajo ningún concepto es que pretenda colarse por la puerta de atrás en el movimiento comunista y meter sus narices allí donde, sencillamente, no tiene nada que rascar.

Éste es el caso de la "organización comunista vasca que lucha por la liberación nacional y social de Euskal Herria", que se hace llamar, de forma más resumida y menos rimbombante, Kimetz.

Entre los objetivos que se ha marcado Kimetz está la creación de un "partido comunista de clase" vasco. No han sido pocas las organizaciones que se han planteado este mismo objetivo. Todas ellas han partido siempre de las mismas premisas: "clase trabajadora vasca", "lucha de clases vasca", "Estado vasco independiente" ... Kimetz, por su parte, ha hecho su particular aportación al acerbo "marxonacionalista", sacándose de la manga perlas como ésta: «Esta.doble opresión, nacional y de clase, (. .. ) configuran a Euskal Herria como un marco nacional autónomo de la lucha de clases.»

¿ Marco nacional autónomo de la lucha de clases? El marxismo siempre ha defendido que la lucha de clases tiene un carácter internacional. Pero he aquí que, para Kimetz, Euskal Herria es tan particularísima y singularísima que hasta cuenta con su propia lucha de clases, enteramente "nacional y autónoma" y sin ninguna relación con la que se da, no sólo en el Estado español, sino en todo el resto del orbe.

Cuando un nacionalista pretende ejercer de teórico marxista, se producen hallazgos realmente notables y sorprendentes.

La organización comunista en las nacionalidades oprimidas

En lo que respecta a la cuestión de la organización comunista en las nacionalidades oprimidas, no negamos la posibilidad de que, en determinadas condiciones, se haga necesaria la creación de un Partido Comunista independiente. Esto ya sucedió, por ejemplo, en Catalunya, con la creación del PSUC, en 1936. Sin embargo, no encontramos en aquel PSUC nada parecido al reduccionismo nacional que observamos en Kímetz. El PSUC nunca habló de "lucha de clases catalana" o de cualquier otro absurdo similar. El PSUC tuvo siempre claro que la lucha del proletariado catalán estaba indisolublemente ligada a la lucha del proletariado del resto del Estado; y la línea política aplicada por el conjunto del movimiento comunista en España era una y la misma, asegurada ésta por la estrechísima relación entre el PCE y el PSUC y por la existencia de la Komintern.

Ibil, los criticos más etnocentristas...
Las posiciones defendidas por Kimetz van, por el contrario, por otros derroteros y entran en total y absoluta contradicción con las posiciones que históricamente ha defendido el movimiento comunista en relación con la cuestión nacional. En sus documentos, ni siquiera mencionan el derecho de autodeterminación como tal, que tan bien caracterizaron nuestros clásicos, en particular, Lenin y Stalin. y ello a pesar de que en una entrevista (concedida en mayo de este año) mencionan a este último como un referente en el análisis de la cuestión nacional. ¿En qué sentido consideran un referente a Stalin? Lo que defiende Stalin y lo que defienden ellos son cosas enteramente diferentes. Stalin decía: «para que el proletariado alcance la victoria, hay que unir a todos los obreros, sin distinción de nacionalidad. Es evidente que la destrucción de las barreras nacionales y la unión estrecha de los proletarios rusos, georgianos, armenios, polacos, judíos, etc. es condición indispensable para la victoria del proletariado de Rusia» 1. Kimetz, en cambio, nos sale con la cantinela del "marco nacional autónomo de la lucha de clases" y ni se plantea «la unión estrecha» entre el proletariado vasco, gallego, catalán, castellano, etc.

Kimetz no defiende la autodeterminación, sino que contempla únicamente la independencia. Y esto, en sí mismo, ya sitúa a este colectivo con los dos pies fuera del marxismo. Su objetivo es "la consecución de un Estado socialista vasco, reunificado '" e independiente" con "un partido  comunista de clase ... , instrumento  clave ... para armar política y organizativamente a la clase trabajadora de Euskal Herria". Todo esto nos resulta muy familiar. Son las mismas tesis que han abanderado ciertos sectores de la Izquierda Abertzale, sin haber llegado nunca a comprender la relación existente entre la lucha por el socialismo y la lucha por la liberación nacional, con la diferencia de que Kimetz se dice comunista cuando, en realidad, no es más que otro tinglado de la pequeña burguesia vasca con el que se pretende arrastrar al proletariado vasco a las filas del nacionalismo. Y esto no podemos dejar de denunciarlo.

Nuestro Partido y el problema nacional

En este punto, debemos remitimos a lo expresado en el Informe Político de nuestro IV Congreso: «La política de nuestro Partido en relación a esta cuestión es bien conocida: defendemos y luchamos por el derecho de autodeterminación e independencia de Catalunya, Galicia y Euskal Herria y las apoyaremos si, finalmente, optan por romper los vínculos que les atan al Estado español para crear un Estado nacional aparte. (. . .)

Algunos interpretan esta posición consecuentemente democrática e internacionalista, como una “táctica” destinada a crear una «sucursal españolista» del Partido en las nacionalidades-; o sea, que nos consideran como unos competidores que buscan arrebatarles la «clientela» en su «coto vedado». Su estrecha visión nacionalista no les permite ver otra cosa. Esto les lleva también a no comprender que apoyando a los movimientos independentistas democráticos, no les estamos haciendo ningún «favor» particular, sino que estamos favoreciendo al movimiento en su conjunto y, por tanto, también a nuestra clase, contribuyendo de esa forma al debilitamiento del enemigo común.

»La causa de las naciones oprimidas por el Estado fascista e imperialista español es parte de nuestra propia causa y debemos continuar defendiéndola con todas nuestras fuerzas. Esto favorecerá la labor de los comunistas en aquellas nacionalidades, que podrán también unir sus fuerzas, organizarse como partido diferenciado e independiente de la burguesia y hacer causa común con todos nosotros. Para ello son necesarios una línea politica general y un solo centro dirigente que abarque a todo el Estado. ( .. .)

»Lo que sucede es que no está resultando nada fácil crear la conciencia y la organización comunista en todas partes. Muchos pretendidos comunistas, en realidad, no son sino nacionalistas [como le ocurre precisamente a Kimetz, N. d. A.] Otros muestran vacilaciones a la hora de plantearse el problema real de crear la organización clandestina y desarrollar una práctica revolucionaria consecuente [como también le ocurre a Kimetz, N. d. A.], lo que inevitablemente les conduciría a tener que criticar y deslindar los campos con el nacionalismo. Mas esto resulta ya indispensable hacerlo si de verdad se quiere dejar de ir a la zaga del nacionalismo burgués y crear la organización política independiente de la clase obrera para la lucha por el socialismo y los derechos nacionales.»

Kimetz no es que vaya a la zaga del nacionalismo, sino que el nacionalismo es el núcleo a partir del cual estructura todo su proyecto. Y, por supuesto, no comparte ni puede compartir el diagnóstico que nuestro Partido hizo en este mismo Informe al IV Congreso: «La salida, pues, del atolladero al que parece estar abocado el movimiento revolucionario de Euskal Herria, no creemos que puedan encontrar lo por esa vía [en la vía nacionalista, N. d. A.], sino en el firme terreno de la unidad de todas las fuerzas que luchan contra el Estado capitalista, fascista e imperialista español. Esto implica, lógicamente, una revisión a fondo de la política que han seguido. No obstante, y aun teniendo en cuenta que dicha rectificación no habrá de producirse sino, en todo caso, después de nuevas y amargas experiencias, nosotros apoyamos y apoyaremos a las masas populares de Euskal Herria en sus justas demandas yen su enfrentamiento contra el Estado.»

Kimetz no se plantea ninguna «revisión a fondo» de la política que ha seguido el movimiento popular en Euskal Herria y que les ha conducido a su situación actual. Muy al contrario, muestra la mejor de las disposiciones para reeditar esos errores.

En la entrevista ya citada más arriba, Kimetz manifestaba que la crisis del MLNV «ha  
dejado huérfana a la clase obrera vasca». En esta afirmación se encuentra condensada toda la concepción política e ideológica de Kimetz. Este colectivo considera que el representante de la clase obrera vasca no es el "partido comunista vasco" que ellos pretenden construir, sino el MLNV, de ahi que con la liquidación de este último se haya quedado huérfana. Para los comunistas, las cosas se presentan de otro modo: la orfandad de la clase obrera no guarda la menor relación con las circunstancias por las que pueda atravesar el MLNV. El MLNV representa a la pequeña burguesía nacionalista. La clase obrera estará o no estará huérfana en función de la existencia de un fuerte partido comunista que la organice, y un partido comunista que, por supuesto, no es el asunto nacionalista que pretende construir Kimetz.

Kimetz cree ser un destacamento comunista (últimamente se escucha mucho esto del destacamento comunista). En realidad, no pasa de ser una fracción socializante del MLNV. El nacionalismo haría muy bien en dedicarse a resolver sus propios asuntos (y no son pocos los problemas a los que se enfrenta). Y aún estaría mejor si ciertos nacionalistas dejaran de jugar a marxistas-leninistas en sus peleas internas; "zapatero a tus zapatos", dice el refrán .

1- Stalin ·Cómo entiende la Socia/democracia la cuestión nacional"