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04 septiembre 2014

Cataluña: una nación histórica.

El historiador Pierre Villar sitúa el surgimiento del movimiento nacional en Cataluña en el siglo XIX. Es la época del comercio, del surgimiento de la burguesía. “Del regionalismo intelectual pasa al autonomismo (1892: Bases de Manresa). Después de 1898, habla de «nacionalidad». En 1906, una Solidaridad Catalana obtiene, por encima de los partidos, un gran triunfo electoral. Hacia la misma fecha se sitúa otro cambio: el primer partido catalán, la Lliga Regionalista, que reunía sobre todo a elementos moderados (eruditos acomodados, «fuerzas vivas» industriales, campesinos y tenderos católicos).”
Es igualmente, en el siglo XIX, cuando el idioma catalán, surge con más fuerza: “La lengua catalana recobró dignidad literaria entre 1833 y 1850, con la Oda a la Patria, de Aribau, las poesías de Rubió y Ors y los Juegos Florales. Los trabajos históricos de los Bofarull, Milá y Fontanals y Balaguer pusieron de moda el pasado catalán. Surgieron grandes poetas, como Verdaguer, y más tarde Maragall.”.
Pero, se pregunta el historiador: “Lo esencial es saber por qué esta corriente “intelectual (…) pudo encontrar a su servicio un teatro, una prensa, unas asociaciones, y por último, influir a todo un pueblo, en lugar de quedarse en una obra de capillas y de almanaque.”
¿Por qué el movimiento adquirió consistencia nacional en Cataluña y no en Aragón o en Asturias? Porque en Cataluña, a diferencia del resto de España, existía “una burguesía activa y toda suerte de capas medias acomodadas, que cultivan el trabajo, el ahorro y el esfuerzo individuales, interesadas por el proteccionismo, la libertad política y la extensión del poder de compra. En España dominan los viejos modos de vida: el campesino cultiva para vivir y no para vender; el propietario no busca acumular ni invertir; el hidalgo, para no desmerecer, busca refugio en el ejército o en la iglesia, y el burgués madrileño, en la política o en la administración; los conservadores condenan la libertad política, y los liberales, el proteccionismo. Dos estructuras, dos psicologías.”
Sobre esa base económica propia, se desarrolla – y promueve- el uso del idioma, de la cultura, de la psicología, que son propias y distintas. Y es sobre esa base, que el PCE y el PSUC, elaboran su línea política: reconocimiento del derecho a la autodeterminación, supeditación a la causa del progreso social. El periodo iniciado en 1789 con la revolución francesa y las sucesivas oleadas revolucionarias de 1848 en Europa, había llegado con casi un siglo de retraso a España. El progreso social, en esa época, implicaba realizar todavía tareas de la revolución democrático-burguesa: combate al latifundismo, establecimiento de un sistema educativo, de transportes, industrialización… 
Joan Comorera, fundador del PSUC –muerto en las cárceles franquistas-, resumía la actitud frente a la cuestión nacional a mediados de los años 30: “«Cataluña es una nación. Pero Cataluña no puede aislarse. La tesis de que Cataluña puede resolver su problema nacional como un caso particular, desentendiéndose y hasta en oposición al problema general del imperialismo y de la lucha del proletariado, es reaccionaria. Por este camino se va a la exageración negativa de las peculiaridades nacionales, a un nacionalismo local obtuso. ¡Por este camino no se va hacia la liberación social y nacional, sino a una mayor opresión y vejación!”

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