30 octubre 2014

Propuesta Comunista 71. PCPE

Desde hace varias semanas, está circulando el número 71 de Propuesta Comunista, revista del PCPE. Con un nuevo diseño de portada, incluye en sus cien páginas un conjunto de artículos orientados a fortalecer el armazón teórico y político de la militancia comunista para afrontar las tareas revolucionarias de esta época, que es la de la transición del capitalismo al socialismo.

Abre el número un trabajo del responsable del Area Ideológica del CC del PCPE, Raúl Martínez, que, bajo el título Los cambios en la forma de dominación y la lucha comunista, repasa las modificaciones habidas en el período de la actual crisis del capitalismo, constatando una acentuación de la tendencia a la reacción. A continuación, Sócrates Fernández, Secretario General de los CJC, con motivo de la próxima celebración del 30 aniversario de la fundación de los Colectivos de Jóvenes Comunistas, hace un recorrido por su historia al hilo de los capítulos que conforman el libro conmemorativo en fase de preparación. El tercer artículo, La crisis capitalista la está pagando la clase obrera, firmado por el miembro del Consejo de Redacción de UyL Armiche Carrillo, expone, con amplio despliegue de datos, cómo impacta la crisis del sistema en las condiciones de vida de la clase obrera y los demás sectores populares.

La reflexión La crisis ucraniana, un conflicto interimperialista, de Ástor García, responsable del Área Internacional del CC del PCPE, sitúa claves importantes que ayudan a entender la ubicación de ese conflicto en la confrontación creciente entre los bloques imperialistas, con especial protagonismo de la Unión Europea, Rusia y Estados Unidos. Seguidamente, Propuesta Comunista recoge, con el título Sobre la cuestión de la mujer, una elaboración de la Comisión de la Mujer del CC del Partido Comunista de Grecia en la que desarrolla las coordenadas que orientan su trabajo de organización del movimiento de emancipación de la mujer inserto en la lucha general de la clase obrera. 

Finaliza el número con una entrevista a Pável Blanco, Primer Secretario del Partido Comunista de México, tras la celebración de su reciente Congreso, que ha venido a resumir un período de crecimiento orgánico y fortalecimiento ideológico, lo que ha permitido concretar acuerdos para enfrentar importantes retos de futuro. 

Decir, como cierre de esta nota, que la contraportada está dedicada al 150 aniversario de la I Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores), que constituyó “un gran paso adelante en la organización de la clase obrera como fuerza social y política independiente para luchar por la revolución socialista y el comunismo”.

Apuntes sobre Lenin y la autodeterminación de las naciones Por José Gabriel Roldán

* Este articulo no puede llegar en un momento más adecuado, justo cuando nuestros viejos amigos de Boltxe organizan su religioso LENIN EGUNA, y decimos religioso porque veneran a Lenin como una imagen religiosa pero ni lo leen ni lo estudian, sino no serían tan atrevidos de vincular a la figura de Vladimir con el interesado y nacionalista lema de "Independentzia ta Komunismoa" nada tan alejado de  los presupuestos de Lenin, nosotros también fuimos engañados por el Lenin con txapela que venden algunos nacionalistas disfrazados de boltxebikes pero esperamos ser los últimos.

tomado de tiempos rojos:
https://tiemposrojos.wordpress.com/2014/10/30/apuntes-sobre-lenin-y-la-autodeterminacion-de-las-naciones/


“Uno de vuestros errores consiste en que no examináis la cuestión nacional como una parte de la cuestión general del desarrollo social y político de la sociedad, como una parte subordinada a esta cuestión general, sino como algo independiente y constante, que, en lo fundamental, no varía de dirección ni de carácter en el transcurso de la historia. Por eso no veis lo que ve todo marxista, a saber: que la cuestión nacional no tiene siempre el mismo carácter, que el carácter y las tareas del movimiento nacional cambian según los diferentes períodos del desarrollo de la revolución.” (Stalin, La cuestión nacional y el leninismo)
El referéndum en Escocia, en septiembre de este año, ha puesto en evidencia la superficialidad, la fragilidad teórica y el poco apego al marxismo de no pocos “marxistas” a la hora de abordar la cuestión nacional en la época del imperialismo. En otros casos –debido a la existencia de pujantes y a veces masivos movimientos nacionalistas o de liberación nacional– se permitieron no abordar la cuestión a fondo, amparados en las escaramuzas, los enfrentamientos armados y en que siempre está la presencia de por lo menos un imperialismo en acto de agresión; mas en el caso de Escocia, los seudomarxistas quedaron al desnudo.
Los conceptos “antiimperialismo”, “independencia nacional”, “autodeterminación de las naciones”, “movimientos de liberación nacional” y otros similares, surgen en las cabezas de estos seudomarxistas cada vez que hay una gran potencia involucrada en algún evento trascendente en alguna parte del mundo, sin importarles las características y las condiciones que se presentan. Ahora se encuentran con que esa “parte del mundo” es precisamente una de las grandes potencias, con larga historia de agresión y sojuzgamiento de pueblos, y baten palmas de emoción porque casi sin darse cuenta ha tomado cuerpo un “movimiento de liberación nacional” en Escocia, que no puede menos que debilitar a su vecina Inglaterra, el socio principal del imperialismo más agresivo y rapaz del mundo, Estados Unidos. El escenario está pintado para darle un carácter progresivo a la “lucha” de Escocia contra el imperialismo inglés, que supuestamente la tiene sometida y oprimida. Y si a esto se le añade el aura de la lucha de William Wallace, mucho mejor, sobre todo si tenemos en mente las épicas escenas de “Braveheart”.
Mas la historia es otra. Escocia no es Irlanda que ha sufrido hasta tiempos actuales la opresión del imperialismo inglés. El capitalismo se estableció en Escocia antes de que entrara a formar parte de la Unión –de la que quieren “independizarla”– y entró en calidad de socio para beneficiarse de la expansión colonial e imperialista de Inglaterra, donde las huestes bajo la bandera de San Andrés, jugaron un papel fundamental, de la mano de las huestes de San Jorge. La economía escocesa y su burguesía monopolista se encuentran completamente integradas con la economía y la burguesía monopolista inglesas, están entrelazadas por miles de vínculos históricos, sociales, económicos y políticos, desde hace siglos Por otro lado, en Escocia se encuentra una sección combativa del proletariado británico, el sector más golpeado por la explotación capitalista y por la actual crisis que el capital monopólico está haciendo pagar a los obreros.
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La autodeterminación de las naciones: una reivindicación de contenido burgués
Es bueno recordar que el principio de la autodeterminación de las naciones es unareivindicación burguesa, que consiste en el derecho de una nación –que es parte de un Estado plurinacional o  depende de una potencia colonial o imperialista– a separarse de él y formar un Estado nacional independiente. La formación de Estados nacionales está asociada al desarrollo del capitalismo en un territorio determinado, a la lucha contra los rezagos feudales, a la liberación burguesa de las fuerzas productivas, a la expansión de la producción mercantil capitalista y al establecimiento de la democracia burguesa. Así lo fue en la época del capitalismo ascensional, cuando la burguesía tenía un carácter progresivo y revolucionario; así lo es hoy en aquellos países donde están pendientes las tareas democrático-burguesas de la revolución, países donde el principal obstáculo para la realización de esas tareas democrático-burguesas es la dominación imperialista en alianza con la gran burguesía y los terratenientes locales.
De manera general, los marxistas establecen una diferencia cuando hablan de la cuestión nacional según si corresponde a la época del capitalismo ascensional, cuando la burguesía todavía cumplía un papel revolucionario, o si corresponde a la época del imperialismo, cuando la burguesía es reaccionaria. En la época del capitalismo ascensional, los clásicos enseñaron a establecer una diferencia entre “naciones reaccionarias” y “naciones progresistas”; en la época del imperialismo, entre naciones opresoras y oprimidas. El objetivo al resolver la cuestión nacional es la “paz nacional”, según el término empleado por Lenin y Stalin, es decir, la convivencia basada en la igualdad de las naciones en el marco de un Estado único (y en caso de no ser posible esto, la separación de las naciones en Estados independientes). Esta “paz nacional” fue alcanzada durante el capitalismo ascensional por los principales países capitalistas desarrollados, que formaron su Estado nacional independiente.
Contra lo que muchos creen, ese Estado “nacional” no fue ni es exclusivo de una nación (o una etnia), sino que incluyó y comprende a varias naciones que han alcanzado la “paz nacional” en un Estado único. Los clásicos del marxismo jamás hablaron ni entendieron la formación de un Estado nacional como el perteneciente a una sola nación o etnia. Casitodos los Estados europeos son, por su origen, plurinacionales; es decir, el Estado-nación que el capitalismo creó en Francia, Inglaterra, Alemania, Holanda, Bélgica, Suiza, etc. nofue el Estado de una sola nación. En estos países, el desarrollo del capitalismo en su máxima expresión borró las diferencias entre las naciones que constituyeron esos Estados. Por esa razón, aun considerando que existía diversidad nacional o étnica en esos países, Lenin, en su polémica con Rosa Luxemburgo, afirmó que el problema nacional en esos países de Europa Occidental ya se había resuelto.
 El imperialismo, según enseña el marxismo, ha divido al mundo entre un puñado de países imperialistas, por un lado, y un gran número de países, naciones y pueblos oprimidos, sometidos y sojuzgados por ellos, por el otro. Esto ha traído como consecuencia que la lucha de los pueblos oprimidos por la liberación de las garras del imperialismo converja y se una a la lucha de clase del proletariado por el socialismo, formando parte de la revolución proletaria mundial. De esta premisa, los seudomarxistas sacan como conclusión que se debe apoyar todo movimiento nacional, en cualquier parte del mundo. Eso es falso: la cuestión nacional es parte de la cuestión de la revolución proletaria y se subordina a ella, y debe ser analizada considerando las condiciones histórico-concretas.
La pregunta fundamental
Al abordar la cuestión nacional en concreto, para determinar el carácter progresista o revolucionario de un movimiento nacional, los marxistas siempre hacen esta primera pregunta: ¿se ha llevado a término ya la revolución democrático-burguesa? Así procedió  Lenin al analizar, por ejemplo, el caso concreto de Austria que Rosa Luxemburgo puso al debate como prueba de la inaplicabilidad de las tesis bolcheviques:
Primero, hacemos la pregunta fundamental de si se ha llevado a término la revolución democrática burguesa.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)
Esta pregunta está justificada por el hecho histórico de que la formación de Estados nacionales independientes “es una tendencia de todas las revoluciones democráticas burguesas”. (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914). Y esto precisamente determina el carácter progresista o revolucionario de un movimiento nacional. Cuando Lenin escribió, casi toda Europa Occidental ya había completado su revolución democrático burguesa; pero este movimiento se hallaba en desarrollo en Europa Oriental y se había despertado en Asia. Este es un hilo conductor en toda la obra de Lenin en relación a la cuestión nacional. En consecuencia, como dijimos antes, el carácter revolucionario de la formación de Estados nacionales independientes está vinculado principalmente al cumplimiento de las tareas democrático burguesas en países atrasados y con rasgos semifeudales y feudales. Si estas tareas ya han sido realizadas, poco cabe hablar de autodeterminación de las naciones como movimiento revolucionario o progresista, a menos que se dé bajo condiciones de ocupación militar, sojuzgamiento nacional y opresión dictatorial por parte de una potencia imperialista, como fue el caso de la Alemania nazi, para poner el ejemplo más claro.
Cuando Rosa Luxemburgo, para argumentar el supuesto error de los bolcheviques en su programa nacional, puso como evidencia el hecho de que ninguno de los partidos marxistas de los principales países de Europa Occidental tenía en su programa el derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin le respondió que eso se debía a que en esos países el problema nacional ya se había resuelto, por lo que la lucha del proletariado era directamente por el socialismo, mientras que la situación era diferente en Rusia, Polonia, Ucrania, etc., donde las tareas democráticas de la revolución todavía estaban pendientes, y el problema nacional en países como Rusia era de vital importancia para limpiar de rezagos feudales y de despotismo el camino a la lucha de clases abierta y clara entre el proletariado y la burguesía.
“Ante todo, que es necesario distinguir estrictamente dos épocas del capitalismo diferentes por completo desde el punto de vista de los movimientos nacionales. Por una parte, es la época de la bancarrota del feudalismo y del absolutismo, la época en que se constituyen la sociedad democrática burguesa y su Estado, la época en que los movimientos nacionales adquieren por vez primera el carácter de movimientos de masas, incorporando de uno u otro modo a todas las clases de la población a la política por medio de la prensa, de su participación en instituciones representativas, etc. Por otra parte, presenciamos una época en que los Estados capitalistas tienen ya su estructura acabada, un régimen constitucional hace mucho tiempo establecido y un antagonismo muy desarrollado entre el proletariado y la burguesía; presenciamos una época que puede llamarse víspera del hundimiento del capitalismo.
Lo típico de la primera época es el despertar de los movimientos nacionales y la incorporación a ellos de los campesinos, que son el sector de la población más numeroso y más “difícil de mover” para la lucha por la libertad política en general y por los derechos de la nación en particular.Lo típico de la segunda es la ausencia de movimientos democráticos burgueses de masas, cuando el capitalismo desarrollado, al aproximar y amalgamar cada día más las naciones, ya plenamente incorporadas al intercambio comercial, pone en primer plano el antagonismo entre el capital fundido a escala internacional y el movimiento obrero internacional.”(Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)
Para Lenin está claro que la cuestión nacional no tiene relevancia en el programa de los partidos marxistas de los países capitalistas desarrollados, donde está a la orden del día la lucha contra la burguesía del Estado único, por el socialismo, mediante la unidad del proletariado sin distinción alguna. Muy diferente es el caso en países donde aún no han concluido las transformaciones democráticas burguesas, donde cumplir las tareas democráticas de la revolución es el paso fundamental e inevitable para seguir el camino de la revolución socialista. “Todo el quid está en esa diferencia” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914).
Criticando acremente a Rosa Luxemburgo –que enrostraba a los bolcheviques que su reivindicación de la autodeterminación de las naciones “se puede aplicar  por igual no sólo a los pueblos que habitan en Rusia, sino también a las naciones que viven en Alemania y en Austria en Suiza y en Suecia, en América y en Australia”–, Lenin sostenía que era absurdo suponer que los bolcheviques abogaban por ese principio en los países de Europa Occidental y Estados Unidos:
“Si el programa marxista no se interpreta de manera pueril, sino marxista, no cuesta ningún trabajo percatarse de que se refiere a los movimientos nacionales democráticos burgueses… ese programa concierne “en general”, como “lugar común”, etc., a todos los casos de movimientos nacionales democráticos burgueses. No menos evidente sería también para Rosa Luxemburgo, de haberlo pensado lo más mínimo, la conclusión de que nuestro programa se refiere tan sólo a los casos en que existe tal movimiento
…Es ridículo buscar en los programas de Occidente solución a problemas que no existen (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)
Dos años después lo puso con más claridad:
“En este terreno [de la cuestión nacional] hay que distinguir tres tipos principales de países:
Primero, los países capitalistas avanzados de Europa Occidental y los Estados Unidos. En ellos han terminado hace mucho los movimientos nacionales burgueses de tendencia progresista…” (Lenin, La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, 1916)
Y ¿a qué se refería cuando hablaba de la “tendencia progresista” de los movimientos nacionales? Tres años antes, Lenin lo había planteado, vinculando el carácter progresivo del movimiento nacional con las tareas democrático-burguesas, pendientes, de la revolución, porque esta es la característica histórica principal que da contenido a la cuestión nacional:
Es progresivo el despertar de las masas después del letargo feudal; es progresiva su lucha contra toda opresión nacional, su lucha por la soberanía del pueblo, por la soberanía nacional. De ahí, la obligaciónindiscutible para todo marxista de defender la democracia más resuelta y más consecuente en todos los aspectos del problema nacional. Esta es una tarea negativa en lo fundamental. El proletariado no puede apoyar el nacionalismo más allá de ese límite, pues más allá empieza la actividad “positiva” de la burguesía en su empeño por consolidar el nacionalismo.
Una obligación indiscutible del proletariado como fuerza democrática esponer fin a toda opresión feudal, a toda opresión de las naciones y a todo privilegio para una de las naciones o para uno de los idiomas; en ello están los intereses indiscutibles de la lucha de clase del proletariado, lucha ensombrecida y entorpecida por las discordias nacionales. Pero apoyar el nacionalismo burgués más allá de estas fronteras, firmemente delimitadas y encuadradas en un determinado marco histórico, significa traicionar al proletariado y pasarse al lado de la burguesía. Aquí hay un límite, a menudo muy sutil, del que se olvidan por completo los socialnacionalistas ucranianos y los bundistas.” (Lenin, Notas críticas sobre el problema nacional, 1913)
 ¿Puede existir lucha de liberación nacional en países los imperialistas?
A la división básica del mundo entre países imperialistas y naciones y pueblos oprimidos que el imperialismo ha impuesto, y que, desde el punto de vista marxista, determina la cuestión nacional en la época del imperialismo, la II Guerra Mundial destacó una variante de la opresión nacional: la ocupación militar y sojuzgamiento de países capitalistas desarrollados, imperialistas, por acción de otra potencia imperialista, más allá de las “normales” ganancias territoriales producto del avance de los ejércitos en una guerra regular. Si bien las anexiones de territorios en la propia Europa habían sido moneda corriente en los conflictos bélicos de las potencias europeas, la II Guerra Mundial amplió la escala a niveles inimaginables.
La Alemania nazi ocupó y sometió por medios militares a Checoslovaquia, Francia, Bélgica, etc., incorporándolas a su esfera de influencia. En esas condiciones, los comunistas plantearon correctamente la lucha del proletariado en los países ocupados, como una lucha o guerra de liberación nacional, en la que cabía unir todas las fuerzas patriotas, consecuentes e inconsecuentes, por la expulsión del imperialismo invasor, postergando la lucha por el socialismo. Solo esa liberación nacional podía permitir un escenario despejado para la lucha de clase del proletariado contra la burguesía, por la revolución y el socialismo.
La lección que los marxistas sacaron de esta experiencia es que en un país capitalista e imperialista es posible la lucha de liberación nacional, bajo condiciones de ocupación militar, sojuzgamiento nacional y régimen dictatorial por parte de otra potencia imperialista, que la convierte en una nación oprimida. Lenin había previsto esto:
“…ni siquiera en Europa se puede considerar imposibles las guerras de liberación nacional en la época del imperialismo. “La época del imperialismo” ha hecho imperialista la presente guerra, engendrará ineludiblemente (mientras no se llegue al socialismo) nuevas guerras imperialistas y ha hecho imperialista hasta la médula la política de las grandes potencias actuales; pero esta “época” no excluye en lo más mínimo las guerras nacionales, por ejemplo, por parte de los pequeños Estados (supongamos que anexionados u oprimidos nacionalmente) contra las potencias imperialistas, de la misma manera que no excluye los movimientos nacionales en gran escala en el Este de Europa.” (Lenin, Sobre el folleto de Junius, 1916).
La historia demostró que no sólo pequeños Estados, sino grandes (Francia), fueron “anexionados u oprimidos nacionalmente” en Europa Occidental por una potencia imperialista durante la II Guerra Mundial. En esas condiciones de anexión u opresión nacional por parte de otra potencia imperialista, el proletariado de los países imperialistas sometidos tiene como tarea principal la lucha de liberación nacional como el único camino a la lucha de clase por el socialismo. Esa lucha de liberación nacional es una lucha por la soberanía e independencia, por la autodeterminación nacional, por el derecho al Estado independiente, por el derecho a decidir su propio destino sin imposiciones de una nación opresora.
La actitud de los marxistas ante la cuestión nacional
El principio de la autodeterminación de las naciones no es el punto principal del programa nacional. Lenin ponía en primer lugar la igualdad de derechos de las naciones y la unión del proletariado de todas las naciones en el Estado territorial, y como consecuencia de la igualdad de las naciones, el derecho explícito a la autodeterminación de las naciones.
“La única política de principios en la cuestión nacional: unión del proletariado de todas las naciones, igualdad de todas las naciones, ningún privilegio a ninguna de las naciones, derecho a la autodeterminación…”
La clase obrera de un Estado plurinacional no puede poner como primer punto de su programa la autodeterminación de las naciones, es decir, la separación de la nación para formar un Estado independiente. Eso es nacionalismo. Los marxistas están por la igualdad de las naciones, incluyendo explícitamente el derecho a la autodeterminación de las naciones, sin embargo, esto no significa que están incondicionalmente por la separación de una nación para formar su Estado independiente. Bien decía Lenin que la historia ha demostrado que ahí donde se reconoce la igualdad de las naciones y su derecho a formar su propio Estado, sin exclusivismos ni privilegios para ninguna nación, se reduce el peligro de la “disgregación del Estado”, es decir, se reduce el ejercicio de ese derecho a la separación.
De manera incondicional, el proletariado está a favor del derecho a la autodeterminación de las naciones pero no está incondicionalmente por la formación de Estados nacionales independientes. Si alguna nación quiere separarse para formar un Estado independiente, los marxistas deben evaluar si esto favorece a la lucha de clase del proletariado en su conjunto, considerando su efecto en la lucha dentro del Estado único, en la lucha en el nuevo Estado nacional y en la lucha del proletariado internacional. Los intereses del proletariado son intereses de clase, no los intereses de la nación.
“… al reconocer la igualdad de derechos y el derecho igual a formar un Estado nacional, aprecia y coloca por encima de todo la unión de los proletarios de todas las naciones, evalúa toda reivindicación nacional y toda separación nacional con la mira puesta en la lucha de clase de los obreros.”(Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914).
Y esta posición que pone por encima de todo la unión de los proletarios de todas las naciones (de un Estado determinado), esta posición que reconoce el derecho de las naciones a la autodeterminación, no descarta que pueda estar en contra del acto mismo de la separación de una nación para formar su Estado independiente:
“…el hecho de que los marxistas de toda Rusia y, en primer término, los rusos,reconozcan el derecho de las naciones a la separación no descarta en lo más mínimo la agitación contra la separación por parte de los marxistas de esta o la otra nación oprimida, del mismo modo que el reconocer el derecho al divorcio no descarta la agitación contra el divorcio en este o el otro caso.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)
Rosa Luxemburgo criticaba el programa nacional de los bolcheviques porque era demasiado general, no tenía aplicación práctica y era contradictorio. Por su parte, algunos historiadores burgueses concluyen que Lenin no se comprometía en la cuestión nacional, que sus tesis eran ambiguas y contradictorias (porque reconoce el derecho a la autodeterminación pero declara que puede estar en contra de la separación). La respuesta de Lenin era siempre que la cuestión nacional se debía evaluar según las condiciones histórico-concretas, haciendo uso del método marxista y anteponiendo los intereses de la clase obrera y su lucha contra el capitalismo. Y a quienes como hoy, preguntaban: “autodeterminación: ¿sí o no?”, Lenin les decía:
“¿Contestar “sí o no” en lo que se refiere a la separación de cada nación? Parece una reivindicación sumamente “práctica”. Pero, en realidad,es absurda, metafísica en teoría y conducente a subordinar el proletariado a la política de la burguesía en la práctica. La burguesía plantea siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales. Y las plantea de un modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Teóricamente no puede garantizarse de antemano que la separación de una nación determinada o su igualdad de derechos con otra nación ponga término a la revolución democrática burguesa. Al proletariado le importa, en ambos casos, garantizar el desarrollo de su clase; a la burguesía le importa dificultar este desarrollo, supeditando las tareas de dicho desarrollo a las tareas de “su” nación. Por eso el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho a la autodeterminación, sin garantizar nada a ninguna nación ni comprometerse a dar nada a expensas de otra nación.”(Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)
Los marxistas no están a favor de la autodeterminación de las naciones, a su separación y formación de un Estado nacional independiente, de manera incondicional. La cuestión nacional debe ser abordada considerando no sólo las características particulares de las naciones bajo estudio sino también atendiendo a que las condiciones y las relaciones entre esas naciones cambian con el tiempo, al igual que cambia también el contexto internacional en el que se desenvuelven. Cuando el marxismo dice que la cuestión nacional debe ser analizada tomando en cuenta las condiciones histórico-concretas está diciendo que la cuestión nacional no es inmutable, porque las relaciones entre las naciones cambian, la correlación de fuerzas cambia, las condiciones socioeconómicas sobre las que se desenvuelven cambian, y, en consecuencia, la actitud y las tareas del proletariado al respecto deben cambiar.
Los marxistas apoyarán todo movimiento nacional que favorezca la lucha del proletariado por el socialismo en un país dado, siempre que contribuya a la revolución proletaria mundial. La base de la posición del proletariado en la cuestión nacional es una posición de clase, que no puede ser otro que el camino de la revolución socialista y la hegemonía del proletariado.
Pero incluso en aquellos países donde las tareas democráticas de la revolución no se han cumplido, Lenin, teniendo en cuenta el punto de vista de los intereses de la lucha de la clase obrera, insistía en analizar si un movimiento de liberación nacional o de autodeterminación de las naciones era conveniente o no, en un momento dado. Así, por ejemplo, refutando a Rosa Luxemburgo que negaba a Polonia el derecho a una lucha nacional contra el zarismo, por considerar que las luchas nacionales eran imposibles en la época del imperialismo, Lenin reconoció en su análisis que Polonia era una región más desarrollada que la Rusia zarista, que el despotismo y la feudalidad rusa impedían el avance de Polonia, eran un obstáculo para el enfrentamiento directo entre la burguesía y el proletariado polacos. Por consiguiente, no solo por su condición de minoría nacional oprimida sino por su nivel de desarrollo capitalista, Polonia no solo tenía derecho a independizarse de Rusia sino que el propio desarrollo social se lo iba a plantear:
“si en un país, cuyo régimen estatal se distingue por presentar un carácter acusadamente precapitalista, existe una región nacional delimitada que llevaun rápido desarrollo del capitalismo, resulta que cuanto más rápido sea ese desarrollo capitalista tanto más fuerte será la contradicción entre este desarrollo y el régimen estatal precapitalista, tanto más probable será que la región avanzada se separe del resto del país, al que no la ligan los lazos del “capitalismo moderno”, sino los de un “despotismo asiático”.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)
Sin embargo, considerando la situación en su conjunto, como consecuencia de la primera guerra mundial imperialista, Lenin sostuvo que en ese momento lanzar la consigna de la independencia de Polonia no era oportuna y era inconveniente porque ponía en peligro a las revoluciones rusa y alemana (véase Balance de la discusión sobre la autodeterminación, 1916). La lección que sacan los marxistas de este caso es que aun cuando la lucha sea legítima, su conveniencia o no depende de si permite o contribuye al avance de la lucha revolucionaria de la clase obrera tomada en su conjunto, en el marco de la situación internacional, del desarrollo de las contradicciones en el mundo.
“Las distintas reivindicaciones de la democracia, incluyendo la de la autodeterminación, no son algo absoluto, sino una partícula de todo el movimiento democrático (hoy socialista) mundial. Puede suceder que, en un caso dado, una partícula se halle en contradicción con el todo; entonces hay que desecharla. Es posible que en un país, el movimiento republicano no sea más que un instrumento de las intrigas clericales o financiero-monárquicas de otros países; entonces, nosotros no deberemos apoyar ese movimiento concreto. Pero sería ridículo excluir por ese motivo del programa de la socialdemocracia internacional la consigna de la república.” (Lenin, Balance sobre la discusión de la autodeterminación, 1916)
Oportunas y actuales estas palabras de Lenin, en momentos en que en algunas partes del mundo brotan dudosos movimientos que luchan por la “democracia” y “repúblicas populares” en países capitalistas desarrollados. Es evidente que para hacerlas digeribles para la clase obrera, estas luchas nacionalistas separatistas, en esos países, se han disfrazado de luchas “antifascistas” o “democráticas” con el objetivo formar “repúblicas populares”, desviando objetivamente a la clase obrera de su lucha por el socialismo.
En los Estados de composición nacional heterogénea, la tarea del proletariado en relación con la cuestión nacional es doble: 1) luchar por la igualdad de las naciones, sin exclusivismos ni privilegios para ninguna nación, reconociendo el derecho de todas las naciones a la autodeterminación, y 2) establecer la unión más estrecha de la clase obrera de todas las naciones de ese Estado en partidos, organizaciones y sindicatos únicos sin distinción nacional, y librar una lucha conjunta por la revolución, por el derrocamiento y la expropiación de la burguesía.
El caso de la separación de Noruega de Suecia en 1905: clavo ardiente del que se agarran los socialchovinistas
La falta de argumentos y la incapacidad de analizar y explicar de manera concreta la cuestión de Escocia, ha llevado a algunos a recurrir a la tergiversación de la actitud de Lenin en el caso de la separación de Noruega de Suecia.
Así, por ejemplo, dos organizaciones pequeñoburguesas de Noruega y Gales, emitieron una declaración conjunta pidiendo “a los [escoceses] indecisos” que sigan el “consejo” que Lenin dio a los obreros en torno a la cuestión de la independencia de Noruega. Para “ilustrar” la forma en que debían actuar los obreros en el referéndum de Escocia, citan de esta forma a Lenin en su artículo sobre El derecho de las naciones a la autodeterminación, de 1914:
“¿Cuál fue y debió ser la posición del proletariado noruego y sueco en el conflicto motivado por la separación? Los obreros conscientes de Noruega, desde luego, hubieran votado, después de la separación, por la República, y si hubo socialistas que votaron de otro modo, eso no demuestra sino que hay a veces mucho oportunismo obtuso, pequeñoburgués, en el socialismo europeo. Sobre esto no puede haber dos criterios, y sólo nos referimos a este punto porque Rosa Luxemburgo intenta velar el fondo de la cuestión con disquisiciones que no vienen al caso
No cabe la menor duda de que la socialdemocracia sueca habría hecho traición a la causa del socialismo y a la causa de la democracia si no hubiera luchado con todas sus fuerzas contra la ideología y contra la política tanto de los terratenientes como de los Kokoshkin, si no hubiera propugnado, ademásde la igualdad de las naciones en general (igualdad que también reconocen los Kokoshkin), el derecho de las naciones a la autodeterminación, la libertad de separación de Noruega.
La estrecha unión de los obreros noruegos y suecos y su plena solidaridad de camaradas de clase ganaban, al reconocer de este modo los obreros suecos el derecho de los noruegos a la separación. Porque los obreros noruegos se convencían de que los obreros suecos no estaban contagiados de nacionalismo sueco, de que la fraternidad con los proletarios noruegos estaba, para ellos, por encima de los privilegios de la burguesía y de la aristocracia suecas. [La ruptura de los lazos impuestos a Noruega por los monarcas europeos y los aristócratas suecos fortaleció los lazos entre los obreros noruegos y suecos.] Los obreros suecos han demostrado que… sabrán mantener y defender la completa igualdad de derechos y la solidaridad de clase de los obreros de ambas naciones en la lucha tanto contra la burguesía sueca como contra la noruega.”
(Tomado del Statement from Communist League of Norway and Yr Aflonyddwch Mawr in Wales, del 15 de septiembre de 2014, publicado por el blog Gran Marcha Hacia el Comunismo. La parte en negrita son palabras de Lenin omitidas en la cita de la declaración.)
En primer lugar, lo del “consejo” de Lenin a los obreros suecos, es falso. Lenin escribió esto en 1914, mientras que la secesión de Noruega ocurrió en 1905. El grupo noruego que firma esta declaración, desconociendo su propia historia u ocultándola para apoyar una posición nacionalista, quiere hacer creer a sus lectores que la actual situación entre Escocia e Inglaterra en 2014 es similar a la situación que hubo entre Noruega y Suecia en 1905, y que en consecuencia los obreros ingleses y escoceses deben actuar como lo hicieron los noruegos y suecos en relación a la secesión. Para ello no solo omiten elanálisis previo de Lenin, sino que deliberadamente cercenan, mutilan, la cita de Lenin,eliminando una parte que precisamente establece la diferencia entre uno y otro caso. Para demostrar cómo cambia el sentido del escrito de Lenin, nosotros la hemos incluido entre corchetes y resaltado arriba: “lazos impuestos a Noruega por los monarcas de europeos y los aristócratas suecos…”.
Lenin sostenía que en la votación para la separación de Noruega los obreros actuaron correctamente al votar por la independencia, aunque después debieron votar por la república y que la actitud de los obreros suecos al solidarizarse con los obreros noruegos, impidió la reacción de la aristocracia y la burguesía suecas contra la decisión soberana de Noruega. Sin embargo, los firmantes de la declaración mencionada ocultan un hecho fundamental que invalida la equiparación de estos dos casos:
“Para analizar este ejemplo a lo marxista, no debemos pararnos en las malas cualidades de los muy temibles “fraquistas” [nacionalistas polacos, adversarios de los marxistas polacos], sino, primero, en lasparticularidades históricas concretas de la separación de Noruega de Suecia, y, segundo, ver cuáles fueron las tareas del proletariado de ambos países durante esta separación.
Noruega está ligada a Suecia por lazos geográficos, económicos y lingüísticos no menos estrechos que los lazos que unen a muchas naciones eslavas no rusas a los rusos. Pero la unión de Noruega a Suecia no era voluntaria, de modo que Rosa Luxemburgo habla de “federación” completamente en vano, sencillamente porque no sabe qué decir. Noruega fue entregada a Suecia por los monarcas durante las guerras napoleónicas, contra la voluntad de los noruegos, y los suecos hubieron de llevar a Noruega tropas para someterla.” (Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)
Lenin aconsejaba sabiamente que había que tener mucho cuidado con las analogías históricas, peor aún cuando no se tiene el más mínimo apego a la investigación científica. El hecho fundamental que las organizaciones arriba citadas pasan por alto es éste: 1) la unión de Noruega y Suecia no fue voluntaria, 2) Noruega fue entregada a Suecia por las potencias europeas como producto de las guerras napoleónicas, y 3) Suecia tuvo que imponer su dominio, llevando tropas a Noruega para someterla, violando su soberanía. A diferencia de eso, la unión de Escocia con Inglaterra en el Reino Unido fue voluntaria, en igualdad de condiciones, uniendo sus tropas a las inglesas en aventuras coloniales e imperialistas, sometiendo naciones y pueblos, beneficiándose ambas de la explotación y saqueo imperialistas. Las condiciones concretas de ambas uniones son distintas, no son comparables, por lo que no se pueden derivar las mismas conclusiones, como debe saber todo marxista.
La conclusión a la que llegó Lenin, a partir del caso de la separación de Noruega de Suecia, fue que la autodeterminación de las naciones es realizable bajo el imperialismo, a título de excepción, por la vía pacífica, “sin guerra y sin revolución”. El actual caso de Escocia confirma esta conclusión de Lenin, y queda claro cuál es el factor que permite ese caso de excepción: el ejercicio de la más amplia democracia burguesa en el Estado en cuestión, que no puede corresponder sino a un país altamente desarrollado desde el punto de vista capitalista (democracia inimaginable en la Rusia zarista, esa “cárcel de pueblos”, donde la lucha por la república era una de las banderas principales de los bolcheviques). Independientemente del juicio que se pueda tener del resultado, los escoceses ejercieron su derecho a decidir sobre la autodeterminación, decidiendo permanecer en el Reino Unido. Sería absurdo afirmar que por no haber formado un Estado independiente “les fue negado” el derecho a la autodeterminación.
La actual ola de nacionalismo en Europa y los auténticos movimiento de liberación nacional
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En los últimos años ha emergido en Europa una ola de nacionalismos, como consecuencia del reacomodo imperialista a través de la Unión Europea que favorece a unas cuantas potencias, agudizado por el descontento ante la redistribución del costo de la última crisis económica cuyo peso se ha puesto sobre la espalda de los pueblos y sobre todo de los que habitan los países más débiles de esa unión imperialista. Estos movimientos nacionalistas que levantan banderas separatistas, en su mayoría, sin antecedentes reales de resistencia nacional al Estado que conforman, no tienen nada que ver con movimientos de liberación nacional progresistas. Responden claramente a los intereses de fracciones de sus burguesías nacionales –monopólicas, cabe resaltar–  por replantear sus términos de vinculación con la Unión Europea, que se aprovechan del descontento popular canalizándolo tras sus intereses capitalistas  y dividen a la clase obrera del Estado único.
Es tan cuestionable el carácter “nacional” de esos movimientos que, como en el caso de Escocia, los separatistas ponen énfasis en el carácter democrático del movimiento, acusando de esta forma al Estado central de burocrático, mas no de opresor. Algo que sólo se les ha ocurrido a seudomarxistas que no tienen ninguna idea de la cuestión nacional desde el punto de vista del marxismo. Según estos oportunistas en los países capitalistas desarrollados, donde hace mucho tiempo se alcanzó la “paz nacional”, el proletariado debe luchar por la democracia (burguesa, se entiende) y no por el socialismo. Un ejemplo claro de lo que decimos es este slogan de un grupo británico seudo-radical, con motivo de la votación por la independencia de Escocia: “Vote Yes for Democracy but don’t forget the class struggle for SocialismTomorrow”(http://democracyandclasstruggle.blogspot.com/2014/09/scotland-yes-vote-is-vote-for-democracy.html).
Si bien el derecho a la autodeterminación de las naciones es un principio básico de la democracia, los “izquierdistas” nacionalistas, no se refieren a ese aspecto de la democracia, porque no pueden invocar la condición de “nación oprimida”, y se centran en otras reivindicaciones de la democracia. Objetivamente, esto reduce la lucha de la clase obreraen un país capitalista desarrollado, –donde hace mucho tiempo se cumplieron las tareas de la revolución democrático-burguesa– a una lucha por reivindicaciones burguesas, a una lucha dentro del marco del capitalismo, postergando para “mañana” la lucha por el socialismo. (Cierto es que Rusia también era un país imperialista y los bolcheviques luchaban por la república, por la democracia completa, pero era un “imperialismo militar-feudal” y las dos etapas de la revolución eran necesarias). No cabe duda que los marxistas de los países imperialistas deben luchar por defender y ampliar las reivindicaciones democráticas burguesas, luchar por la democracia consecuente, así como se lucha por las reformas bajo el capitalismo, pero esta lucha se inscribe, confluye y realiza en la lucha directa por el socialismo, por el derrocamiento y la expropiación de la burguesía del propio país, como objetivo de la revolución proletaria. Reconocer esto no descarta que, en estos países, una exigencia democrática pueda ser el eslabón clave o el factor desencadenante de la lucha revolucionaria por el socialismo.
Pero si seguimos a los seudomarxistas habría que promover y saludar los “movimientos de liberación nacional” de Gales, de Quebec, de Okinawa, de los Estados del Sur de Estados Unidos, de Britania francesa, de Baviera, de Sicilia y Cerdeña, de algún Cantón suizo, etc., etc., habría que degradar la lucha de la clase obrera por la revolución y el socialismo a lucha por la “democracia” y repúblicas populares, en países capitalistas desarrollados, en países imperialistas. Porque si escarbamos en los Estados nacionales clásicos que el capitalismo en Europa ha proporcionado como lo mejor de sus históricas revoluciones burguesas, encontraremos una variedad de “naciones” en cada uno de ellos. Hasta ahora habían pasado desapercibidas porque el desarrollo avanzado del capitalismo condujo a la desaparición de las barreras nacionales en esos Estados, porque es bien sabido que el capitalismo en su desarrollo actúa como un molino triturando, pulverizando, esas diferencias nacionales. Y he aquí que los seudomarxistas que aplauden sin condiciones todo “movimiento” (si es antiyanqui, lo hacen sin preguntar qué intereses representa y objetivamente a dónde conducen) han sido atrapados por el nacionalismo pequeño burgués, y no están lejos de desear algo antihistórico y anacrónico en Europa, algo nunca visto ni soñado por las mentes más delirantes: “una nación, un Estado”; una idea reaccionaria incluso desde el punto de vista burgués, que ya es bastante; una idea que conduciría a una situación de disgregación peor que en la época del feudalismo, con una serie de Estados diminutos creados por particularismos nacionales, tratando de ir contra la corriente de la historia, del desarrollo capitalista y de la revolución proletaria, dividiendo a la clase obrera en innumerables destacamentos desvinculados. Ya la sola desmembración de dos países, la URSS y Yugoslavia, fue un gran golpe para la clase obrera internacional, no porque estos países fueran socialistas en ese momento (que ya no lo eran), sino porque escindió a dos grandes e importantes secciones del proletariado internacional en veintidós secciones más pequeñas correspondientes a veintidós nuevos países, las dividió no solo físicamente sino espiritualmente, separándolas en la lucha contra el enemigo común y no pocas veces enfrentándolas en luchas “nacionales”, como hemos visto y vemos en la actualidad. Pero lo más grave es cuando a la ofensiva reaccionaria se le unen los seudomarxistas, los socialimperialistas, los socialchovinistas y los tontos útiles que incondicionalmente abrazan cualquier “lucha” de dudoso revolucionarismo o progresismo, en la que “providencialmente” siempre destaca una burguesía a la que hay que sacarle provecho en su contradicción con un imperialismo o con otra fracción de la burguesía. Es decir el eterno sino de los reformistas y revisionistas.
Los movimientos de liberación nacional, los movimientos democrático-burgueses de tendencia progresista, los que ponen en cuestión la existencia misma del imperialismo como sistema, son los de los países atrasados, semicoloniales y dependientes, sojuzgados, explotados y expoliados por el imperialismo. De suyo se desprende que la independencia nacional y económica de estos países es irrealizable sin una lucha a muerte contra el imperialismo y la reacción, los cuales ni en sus momentos de mayor debilidad les permitirán que rompan los lazos de dependencia, que se desgajen del sistema imperialista, que sigan un camino revolucionario independiente. Esta lucha no puede ser pacífica, porque el imperialismo firmaría su sentencia de muerte si permitiera que estos países se liberen de su yugo. Es en Asia, África y América Latina donde los movimientos de liberación nacional todavía tienen una tendencia progresista y revolucionaria, donde ya existe clases obreras capaces de ponerse a la cabeza de la lucha, donde existen organizaciones comunistas que trabajan por enraizarse en las masas, donde incluso en algunos lugares ya se desarrollan luchas armadas de liberación. Estas luchas son las que en primer lugar merecen nuestra solidaridad de clase y exigen que el proletariado de todos los países cumpla su deber internacionalista de luchar contra la burguesía del propio país y contra todo imperialismo, grande o pequeño, fuerte o débil, sin tomar partido por alguno de ellos, sin apoyarse en uno para combatir al otro, so pena de ir a remolque de la burguesía monopolista de un bloque imperialista y perder su independencia de clase.
Los marxistas no deben olvidar que
“En el problema de la autodeterminación de las naciones, lo mismo que en cualquier otro, nos interesa, ante todo y sobre todo, la autodeterminación del proletariado en el seno de las naciones.”(Lenin, El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1914)


28 octubre 2014

El fascismo islamico envia a líder checheno a encabezar el asalto a Kobani

El Estado Islámico (EI) envió al checheno Abu Omar al Shishani a encabezar el asalto a la norteña ciudad siria de Ain al Arab (o Kobani para los kurdos) ante la enérgica resistencia de los milicianos kurdos, reportan hoy medios de prensa.

La agencia de noticias Rudaw destacó que Tarjan Batirashvili, su verdadero nombre, recibió la orden de abandonar la región montañosa de Sinjar, en Iraq, donde estaba encargado de las masacres contra la minoría yazidí.

Fue nombrado comandante de operaciones en la región septentrional de Iraq el pasado año y es considerado uno de los más poderosos cabecillas militares de esa formación terrorista, agregó.

Rudaw precisó que Abu Hamza Bormi será el reemplazo del checheno en Sinjar, donde el EI intenta obtener una victoria tras las fuertes pérdidas sufridas por las derrotas en los pueblos de Zumar y Rabia.

El EI envió gran número de hombres de refuerzos hacia Ain al Arab desde su bastión de Raqqa, cabecera de la provincia oriental siria de igual nombre y devenida en capital del autoproclamado Califato, subrayó.

También trasladará más efectivos a la norteña gobernación de Idleb para obligar a Estados Unidos y sus aliados a ampliar los bombardeos y evitar su concentración en Kobane, como llaman los kurdos a esa localidad, añadió.

La agencia detalló que los extremistas extranjeros están molestos con sus homólogos sirios porque estos últimos no se muestran tan dispuestos a combatir.

Ain al Arab está bajo asedio de los extremistas desde el 7 de octubre, cuando llegaron a sus puertas tras conquistar decenas de pueblos aledaños en una ofensiva de tres semanas.

La región es de gran importancia para el EI, organización considerada terrorista por la comunidad internacional, porque le permitiría enlazar dos áreas que controla en la actualidad.

Además, ese enclave tiene unos 300 kilómetros de frontera con Turquía, país acusado por las autoridades de Damasco de apoyar a los grupos radicales, en especial al EI. 

PL

La cuestión nacional (VI). Por Basurde. "lenin y 2"

 "Sí, indiscutiblemente debemos luchar contra toda opresión nacional. No, indiscutiblemente no debemos luchar por cualquier desarrollo nacional, por la "cultura nacional" en general". (Ibíd.. Pág. 22. El subrayado en el original).
De nuevo en El derecho de las naciones a la autodeterminación Lenin escribía: "Por eso el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho a la autodeterminación, sin garantizar nada a ninguna nación ni comprometerse a dar nada a expensas de otra nación". (Lenin. El derecho de las naciones a la autodeterminación.Pág. 20. )
En otra obra Lenin escribe sobre la perniciosa influencia en el movimiento obrero:
"Cualquier nacionalismo liberal–burgués lleva la mayor corrupción a los medios obreros y
ocasiona un enorme prejuicio a la causa de la libertad y a la lucha de clase proletaria. Y esto es tanto más peligroso por cuanto la tendencia burguesa (y feudal burguesa) se encubre con la consigna de "cultura nacional". Los ultrarreaccionarios y clericales, y tras ellos los burgueses de todas las naciones, hacen sus retrógrados y sucios negocios en nombre de la cultura nacional (gran rusa, polaca, hebrea, ucraniana, etc.,).
Tal es la realidad de la vida nacional de nuestros días si se la aborda desde el punto de vista marxista, es decir, desde el punto de vista de la lucha de clases, si se comparan las consignas con los intereses y con la política de las clases y no con los "principios generales", las declamaciones y las frases carentes de contenido". (Lenin. Notas críticas sobre la cuestión nacionalPág. 9.).
¿Ha quedado claro?. Los trabajadores tienen el deber de oponerse a todas las formas de discriminación y opresión nacional. Pero también tienen el deber de negarse a dar a apoyo al nacionalismo en cualquiera de sus formas. ¡Que contraste con esos supuestos marxistas que no pierden la oportunidad de actuar como portadores de la bandera de Sortu, ETA o Ernai en la creencia equivocada que persiguen una política leninista!. Desdibujar la línea divisoria entre marxismo y nacionalismo es una violación de todo lo que Lenin defendió.
Para combatir las perniciosas ilusiones divulgadas por los nacionalistas Lenin avisaba
que:"El proletariado no puede apoyar ningún afianzamiento del nacionalismo; por el contrario, apoya todo lo que contribuye a borrar las diferencias nacionales y a derribar las barreras nacionales, todo lo que sirve para estrechar más y más los vínculos entre las nacionalidades, todo lo que conduce a la fusión de las naciones. Obrar de otro modo equivaldría a pasarse al lado del reaccionario filisteísmo nacionalista". (Ibíd. Pág. 22).

Esta es la auténtica posición del leninismo con relación al nacionalismo. ¡Qué diferencia
con la vulgar deformación que busca reducir todo a una "simple" consigna de "autodeterminación"!. Ahí es precisamente donde cae el filisteísmo nacionalista reaccionario y abandona el punto de vista marxista, el del proletariado. Lejos de glorificar al nacionalismo y la creación de nuevas barreras separatistas, Lenin, al igual que Marx, tenía una opinión muy pobre de la "estrechez de miras de la pequeña nación". Ambos siempre estaban a favor de los estados más grandes posibles, con el resto de cuestiones ocurría lo mismo. Defendía suprimir las fronteras, no erigir otras nuevas. Estaba a favor de la mezcla de las poblaciones e incluso la asimilación (siempre y cuando fuera voluntaria) y en absoluto estaba a favor de la glorificación del idioma y la cultura de una nación frente a otra. Dejemos a Lenin hablar por sí mismo:
"El proletariado no sólo no se compromete a mantener el desarrollo nación, sino todo lo contrario, advierte a las masas de estas ilusiones, mantiene la más absoluta libertad de trato capitalista y da la bienvenida a todo tipo de asimilación excepto la forzosa, sobre la que sustenta el privilegio".(...)
"Nacionalismo burgués e internacionalismo proletario: tales son las dos consignas antagónicas irreconciliables, que corresponden a los dos grandes campos de clase del mundo capitalista y expresan dos políticas (es más, dos concepciones) en el problema nacional.". (Ibíd. Pág.13)
No hay duda sobre esto. El nacionalismo burgués y el internacionalismo proletario son dos políticas totalmente incompatibles, la incompatibilidad se concreta en la perspectiva mundial de dos clases hostiles. Es inútil divagar e intentar enmascarar esta realidad obvia. Lenin defendía firmemente el internacionalismo proletario frente al nacionalismo. El hecho de que se opusiera a todas las formas de opresión nacional, y demostrara simpatía por los pueblos oprimidos, no debe servir para ocultar lo indiscutible, Lenin era el enemigo del nacionalismo.
http://euskalherriasozialista.blogspot.com.es/2014/10/la-cuestion-nacional-v-por-basurde-lenin.html

27 octubre 2014

ELA critica a LAB por descubrir «ahora» a la patronal del Metal

ELA calificó ayer de «sorprendente» que LAB «descubra ahora» a la patronal del Metal y su pretensión de «querer imponer la reforma laboral». «Esa conclusión llega con más de dos años de retraso, tiempo que LAB ha perdido», enfatizó ELA. La central respondía así al anuncio de LAB de abandonar las mesas de negociación de los convenios sectoriales del Metal ante la actitud de la patronal y en demanda de «una negociación real».

El líder de la ultraderecha es elegido diputado del Parlamento de Ucrania

El líder del partido ultranacionalista Sector Derecho, Dmitri Yárosh, según el recuento del 92,35% de las papeletas en su distrito ha obtenido el 29,75% de los votos y va a entrar en la Rada Suprema de Ucrania, informa el Comité Central Electoral.
Dmitri Yárosh, líder de los ultranacionalistas ucranianos, ha resultado el candidato más votado en el distrito electoral de la ciudad de Dnepropetrovsk, lo que le garantiza un escaño en el Parlamento ucraniano, informa RIA Novosti citando al Comité Central Electoral de Ucrania. 
 
El domingo se celebraron elecciones parlamentarias en Ucrania, con excepción de las provincias de Donetsk y Lugansk. De acuerdo con los últimos resultados oficiales, después del recuento del 55,28% de las papeletas, el Frente Popular del primer ministro Arseni Yatseniuk lidera los resultados con un 21,6% de los votos. Le sigue el Bloque de Poroshenko, el actual presidente ucraniano, con un 21,45%. 

De acuerdo con los datos del Comité Central Electoral de Ucrania, el índice de participación electoral ha alcanzado el 52,42%. Los resultados finales, según está planeado, se divulgarán la noche del miércoles o la mañana del jueves.


Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/145007-lider-derecha-ucrania-parlamento-elecciones

26 octubre 2014

Entrevistas a Pastor (LCR), Intxausti (ORT), Eladio Garcia (PTE), Del Río (EMK)

JAIME PASTOR DE LCR (En 1972 ETA VI se funde con ellos)





EUGENIO DEL RIO MC(Su grupo hegemoniza ETA del 64 al 66)




ELADIO GARCIA CASTRO PTE(La fuerza más grande a la izquierda del PCE en 1979)




JOSE SANROMA "CAMARADA INTXAUSTI"  ORT(Gran fuerza en Nafarroa)









25 octubre 2014

El timo de la igualdad para sobreexplotarnos por Ernesto

Todos los empresarios lo piensan, ninguno lo dice
Mónica Ortiz ha dicho en voz alta lo que todo empresario piensa: que las trabajadoras de menos de 25 años y de más de 45 apenas tienen hijos, por lo que se acogen a bajas por maternidad que interrumpen su trabajo normal durante unos meses... Los sindicatos han querido demostrar que aún existen, tronando con esta “muestra de machismo”. No es la primera vez que la Oriol utiliza la carta de la provocación hablando claro y expresando los sentimientos de la patronal. Hace unos años ya aludió a que habría que rebajar el salario mínimo para jóvenes en prácticas. 
En realidad, Mónica Oriol es una empresaria capitalista que intenta optimizar su inversión, obteniendo el máximo de beneficios con el mínimo esfuerzo. No es raro por tanto que se muestre cicatera con los salarios y que prefiera a trabajadoras que no puedan tener hijos o que hayan renunciado a ser madres. Los beneficios ante todo, detrás de ellos cualquier cosa. No se le puede reprochar, por tanto el que tenga la misma sensibilidad social que una escoba o que le interese la natalidad de sus trabajadoras  más allá de lo que le interesa adquirir una infección de estómago. El problema no es la sinceridad de Mónica Oriol, sino cuando los capitalistas quieren jugar a políticos y evitar que crezca la alarma social en torno a sus declaraciones. Entonces se enmascaran como filántropos, humanistas o social–cristianos, cuando en realidad, no dejan de ser depredadores en busca de máximos beneficios. Cuando Henry Ford decidió subir los sueldos a sus trabajadores, no fue por filantropía –aunque él lo argumentó así– sino para convertir a los trabajadores alienados en consumidores integrados. Y vender más. Fue una jugada maestra que el neo–capitalismo ha olvidado porque sus gestores ya no están a pie de fábrica sino atrincherados tras las gráficas de la bolsa.
Así pues, no vamos a unirnos a las voces sindicales que condenan las declaraciones de Mónica Oriol. Condenar tales declaraciones y transigir con el capitalismo neo–liberal como el mejor sistema de organización de la economía, parecen actitudes contradictorias. Resulta difícil condenar las flatulencias que provoca una sobredosis de fabes, sino no se condena al mismo tiempo una forma compulsiva de engullir leguminosas. Por tanto, Mónica Oriol es consecuente con su función social y sus intereses, mucho más desde luego que sus críticos.
Pequeña historia de la incorporación de la mujer al mercado laboral
Desde mediados del siglo XX, la mujer ha pasado de ocuparse de las tareas del hogar y de la educación de los hijos, a integrarse en el mercado de trabajo. A partir de los años ochenta esa integración ya ha llegado al límite. Vale la pena recordar cómo se produjo este proceso.
Hace ahora cien años, el estallido de la Primera Guerra Mundial obligó a que algunos puestos de trabajo dejados por los soldados que habían sido llamados al frente, fueran cubiertos por mujeres que demostraron eficiencia en determinados cometidos. Pero no fue sino después de la Segunda Guerra Mundial cuando las necesidades de la reconstrucción de Europa (por la magnitud de las destrucciones y del esfuerzo necesario y por los millones de hombres muertos en los frentes) hicieron que se iniciase una incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo.
Este proceso fue estimulado, elogiado y propagado por las grandes fundaciones capitalistas: la Rockefeller, la Ford, la Carnegie… En los años sesenta y setenta, los movimientos feministas fueron impulsados por esas mismas fundaciones e incorporaron sus tesis a organizaciones mundiales, como la UNESCO y las mismas Naciones Unidas. Algunos creyeron que las fundaciones liberales norteamericanas hacían esto por convicción en la marcha hacia una sociedad mejor, más libre, más justa y más igualitaria. Era mentira. Un capitalista (y, por extensión, una fundación subvencionada por ese capitalista) no tiene más interés que el seguir obteniendo beneficios y estructurando unos modelos sociales que le permitan obtener esos beneficios y los hagan más digeribles para la sociedad. La “igualdad”, precisamente, no es el valor que más interese al universo capitalista cuyo único motor es el darwinismo social: el derecho de los poderosos a modelar un modelo social en el que los “poderosos” aumenten su gobierno sobre los “débiles” y donde la igualdad sea pura ficción o simplemente un mito retórico.
El trabajo es un elemento económico más al que se le puede aplicar la ley de la oferta y la demanda. Cuando no hay suficientes trabajadores para ocupar los puestos de trabajo, resulta inevitable que los empresarios deban de ofrecer incentivos salariales para que sus vacantes laborales sean cubiertas. Sin embargo, cuando existe una multitud de trabajadores que optan a un mismo puesto laboral, el precio de la fuerza de trabajo tiende automáticamente a decrecer.
En el primer tercio de los años 70 terminaron los “Treinta años gloriosos” de la economía mundial que siguieron a la reactivación económica que tuvo lugar a partir de 1942 especialmente en unos EEUU que hasta ese momento había seguido soportando las consecuencias de la crisis de 1929. En 1973, la tercera guerra árabe–israelí, la Guerra del Yonkipur, tuvo como consecuencia el embargo de petróleo decretada por los países productores de petróleo organizados en la OPEP, generándose una recesión económica mundial que obligaría a una reformulación del capitalismo internacional (de ahí nació la idea de la globalización y de los proyectos de hegemonía económica norteamericana teorizada por Zbigniew Brzezinski en su libro aparecido ese año La era tecnotrónica).
El nuevo capitalismo y la alteración de la estructura familiar
Estos episodios alteraron la economía mundial hasta el tuétano, pero también alteraron al conjunto de la sociedad. Hasta ese momento, el salario de un padre de familia de cualquier país del Primer Mundo, era susceptible de bastar para que una familia de clase media y del proletariado industrial viviera cómodamente. El padre, en países como España, podía incluso optar a un segundo trabajo (lo que se llamó en los 60 y 70, “pluriempleo”) y poder ahorrar, poseer una segunda vivienda y vehículo propio.
Sin embargo, a partir de 1975–76, en todo el Primer Mundo empezaron a producirse dos fenómenos interrelacionados: los Estados desarrollados empezaron a aumentar la presión sobre los beneficios procedentes del trabajo, disminuyendo paralelamente la presión fiscal sobre el capital. Era evidente que esto tendería a construir a medio plazo una economía especulativa y a descender la importancia y el volumen de la economía productiva. Pero el segundo fenómeno era todavía más perverso: los salarios fueron disminuyendo, aumentando siempre menos de lo que aumentaba la inflación y el coste de la vida de tal forma que los trabajadores que dependían de su salario, vieron disminuido progresivamente su capacidad adquisitiva. Para ello se recurrió a abrir el crédito: si los salarios no daban de sí para comprar en efectivo, el crédito les permitiría fraccionar los pagos y alcanzar unos niveles de consumo que, de otra manera, les resultarían antes inalcanzables. El crédito procedía, precisamente, de la economía especulativa.
¿Y por qué descendía la capacidad adquisitiva de los salarios? Este era el gran problema y el quid de la cuestión. Descendía, simplemente, porque la incorporación de la mujer al mercado laboral había duplicado en pocas décadas el volumen total de la demanda de trabajo… Allí en donde en 1945 había un hombre para optar a un puesto de trabajo, en 1973 ya se encontraban un hombre y una mujer. Con una oferta de trabajo que crecía a menor velocidad que la demanda, los salarios no podían sino bajar.
Era evidente que este proceso hubiera sido rápidamente denunciada por los sindicatos… de no ser porque el movimiento feminista, las fundaciones capitalistas, la intelectualidad y los medios de comunicación amamantados por el dinero, empezaron a aludir a que la incorporación de la mujer al mercado laboral era un signo de “igualdad”, generando un clima emotivo y sentimental que tendía a considerar y exaltar el fenómeno, haciendo imposible que nadie denunciara sus efectos colaterales. Cuantas más mujeres aspiraran a trabajar… más hacia abajo tenderían los salarios. Eso es lo que explica, además, que los salarios de la mujer sean por término medio un 25% más bajos que los de los varones.
Cuando se llegó a mediados de los años noventa al límite en la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, los capitalistas recurrieron al “ejército colonial de reserva”: la inmigración. Inyectando inmigrantes en las sociedades del antiguo Primer Mundo se conseguía seguir con el fenómeno que se había iniciado en los años cincuenta y alcanzado su límite máximo a partir de los noventa con la incorporación de la mujer: seguir consiguiendo los salarios, aumentando el volumen de fuerza de trabajo disponible. No hay nada nuevo bajo el sol.
De la especialización en la familia al final de la familia tradicional
 la incorporación de la mujer ha alterado sobre todo a la vida familiar. Hasta la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, en las sociedades previas regia la “especialización” y la “división de funciones”: el padre salía a trabajar (su salario bastaba para mantener a la familia) mientras la mujer se dedicaba al mantenimiento del hogar y a la educación de los hijos. Pero la mística feminista unida a los intereses del capitalismo “liberaron” a la mujer (esclavizandola al trabajo). A medida que se fue incorporando al mercado de trabajo, los salarios tendieron a bajar y cada vez era más necesario que más mujeres intentaran traer un salario más al hogar para compensar el descenso objetivo en la masa salarial percibida por sus maridos. La mujer quedaba, igualmente, transformada en “productora alienada”. Las feministas radicales tenían razón cuando denunciaban que la nueva situación de la mujer implicaba una doble sumisión: a su marido y a su patrono. Pero el problema iba mucho más allá.
Para que exista viabilidad en una sociedad debe de existir una tasa de reproducción superior al 2,2 o de lo contrario, esa sociedad se irá contrayendo numéricamente hasta desaparecer. Pero para poder tener dos hijos o más, es preciso que los salarios permitan mantener a los hijos y que los hogares sean lo suficientemente amplios como para que puedan vivir dos o más hijos, manteniendo la necesaria intimidad y los espacios propios a cada miembro. No es raro que países como España, en donde estos procesos alcanzaron límites extremos –encarecimiento continuo del precio de la vivienda desde 1980 hasta 2007 y descensos salariales– la tasa de reposición demográfica haya caído al mínimo: el 1,2 (tasa de la que habría que deducir el 0’3,  la demografía que corresponde a la inmigración que se reproduce a tres veces mayor velocidad que la población autóctona).
Las madres no solamente ya no pueden cuidarse de sus hijos a causa del trabajo (los envían a la guardería o encargan de su educación a los abuelos), sino que ni siquiera las familias pueden tener hijos e incluso ¡ni siquiera pueden formarse! La edad de emancipación de los jóvenes va aumentando y la edad en las que las mujeres tienen al primer hijo, estadísticamente está por encima de los 30 años, convergiendo a marchas forzadas… con el final de la edad fértil.
A esto se han sumado las nuevas tecnologías: los abuelos, disminuidos en sus fuerzas, prefieren que sus nietos jueguen con video–consolas o naveguen por Internet, durante horas y horas. Esto hace que cada vez más los niños (y especialmente los españoles) carezcan de capacidad de concentración, sean incapaces de fijar la atención en nada, vayan sustituyendo el lenguaje hablado por gritos y onomatopeyas y sean cada vez más incapaces de entender razonamientos lógicos. Separados de las madres con horarios de trabajo endiablados, sin apenas ver a sus padres, quedaría la esperanza de que las escuelas los educaran. Pero los modelos educativos aplicados en estos últimos 36 años por socialistas y peperos han constituido, fracaso tras fracaso, una pira para la educación española. Los centros de enseñanza son hoy meros almacenes de alumnos, con profesores desmotivados, sino desesperados, ante la imposibilidad de controlar a los alumnos ni de fijar su atención y perdiendo buena parte del tiempo lectivo, simplemente, en lograr que se callen.
La mujer, al haber renunciado a su papel de madre y haber conquistado nuevos espacios laborales, es uno de los elementos que han contribuido a la atomización de las familias.
¿Existe alguna solución?
El panorama que presentamos es muy sombrío, pero no por ello menos real. Siempre existe por supuesto, la posibilidad de que los gobiernos adopten algunas medidas para paliar estos problemas. No estamos sugiriendo que se retroceda a momentos de la historia en los que la mujer ha estado subordinada al varón y carente por completo de derechos civiles. Es evidente que ese período corresponde a otros momentos de la historia y que no se trata de reivindicarlo. Pero si lo que se quiere es recuperar la solidez de la sociedad y garantizar su supervivencia en el tiempo es inevitable que en el seno de las familias exista algún tipo de “división de funciones” y de especialización. Pero esto no bastaría si se tratara de una iniciativa aislada, para que pudiera demostrar su eficiencia debería ir acompañada de otras medidas. Veamos algunas posibilidades.
El Estado debería intervenir el precio de la vivienda. Promover especialmente viviendas sociales pensadas y diseñadas para albergar dignamente a familias de entre dos y tres hijos. El salario mínimo debería subir y el mercado laboral debería de recuperar una situación de normalidad próxima al pleno empleo, automáticamente la mujer iría recuperando su tarea de “madre de familia” y educadora de los hijos. La reforma del sistema educativo apoyaría esta reconversión. Por supuesto, un tratamiento fiscal favorable a las familias con hijos, un régimen de subvenciones a la familia y de exenciones de impuestos, contribuiría a afianzar el proceso de reconstrucción de la sociedad desde la base.
Pregunta: ¿por qué el hombre debe trabajar y la mujer debería encargarse del hogar y de los hijos y renunciar a su futuro profesional? Queremos aclarar que el análisis que hemos hecho hasta aquí es frío y objetivo, no albergamos la más mínima desconfianza hacia la mujer que ejerce sus funciones profesionales, lo que estamos diciendo es que es imposible compatibilizar trabajo y educación de los hijos y maternidad, que educar un hijo es extremadamente complejo (y mucho más en una sociedad en plena mutación) y que toda mujer tiene la posibilidad y la libertad de elegir cómo quiere construir su futuro.
Quienes han construido la modernidad no pueden darnos lecciones: hoy la mujer afronta por pura necesidad la obligación de buscar trabajo a la vista de la merma de los salarios, tanto si vive sola, como si vive con sus padres, como si piensa en montar una familia; no tiene libertad para elegir o no tener hijos: ha visto como se reducía extraordinariamente la posibilidad de tenerlos y mucho más la de educarlos y mantenerlos. En esas circunstancias no existe libertad para elegir entre ser madre o asumir un futuro profesional y se engaña quien vea esta situación actual como “conquista” y “reivindicación satisfecha” y se queje solo de que la mujer cobre solo un 25% menos que el varón.
Cualquier sociedad evolucionada funciona mediante la división de funciones. La biología impone a la mujer la maternidad de manera inevitable. Puede asumirla o negarse a ella, en pleno ejercicio de su voluntad, pero en contrapartida es preciso que tenga presente que una sociedad sin nacimientos, es inviable. El hecho de que el hijo se geste en el seno de la mujer y su primera alimentación natural sea un producto de la mujer, la leche materna, así como los ejemplos históricos reiterados en nuestro horizonte antropológico y cultural  induce a pensar que la mujer está más adaptada para asumir la educación de los hijos. En cualquier caso, la tradición, el origen, la cultura, la situación socio–económica, la psicología, condicionan y sugieren vías, pero no determinan ni obligan perentoriamente.
No hay que olvidar que el Estado tiene la obligación de presentar un modelo viable a la sociedad y que, desde el poder, puede favorecer un modelo u otro de sociedad y de comportamientos y actitudes sociales. Cuando Mónica Oriol realiza sus declaraciones, no es neutral: es una capitalista que está traduciendo a términos de sexo y maternidad las preferencias de los patronos para la contratación. No miente y hay que agradecerle su brutal sinceridad. Pero es que el modelo actual es el modelo capitalista, un modelo que para alcanzar el máximo de rentabilidad, precisa la destrucción de cualquier vínculo social orgánico sustituyéndolo por masas obedientes que ni siquiera piensen en que están siendo explotadas (los medios de aborregamiento de las masas aumentan su poder constantemente), atemorizadas ante el riesgo de pauperización, incapaces de formar familias y hogares, de educar a los hijos en unos valores que para ellos están cada vez más lejos ante la “lucha diaria por el pan” y ante la precariedad e inestabilidad actuales…
No, Mónica Oriol no es la “enemiga”, el enemigo verdadero es el capitalismo y su proyección sobre las masas en forma de “progresismo” que exalta cualquier actitud que aleje de la organicidad social y zambulla en “experiencias sociales nuevas” que acumulan fracaso tras fracaso, que auguran inviabilidad sobre inviabilidad, ante las que es necesario, nos dicen los “seudoprogresistas”, ir cada vez más adelante, precipitarse sobre el vacío y seguir caminando hacia adelante para evitar pensar en que se está cayendo en picado. Ese es el enemigo. En cuanto a Mónica Oriol y sus seis hijos, pensemos solamente en ella como síntoma del capitalismo: haced lo que digo (“no tengáis hijos”) y no miréis lo que hago (“tener hijos a espuertas”)…