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20 octubre 2014

Gabriel Aresti y la polemica del vascuence en los 60


Que se desarrollara una polémica política en pleno franquismo, cuando las condiciones de seguridad para las partes eran todo menos confortables, no fue una novedad; ya se habían conocido otras, en especial  sobre el papel  del nacionalismo vasco en los turbulentos años 60.
 En la de 1967 hay un elemento nuevo, implicito hasta entonces, un non-dit: las posibles consecuencias culturales de la oleada  migratoria en curso sobre la región vasca. Y es que, entre los años 50-60, ha resucitado  el síndrome del "esto (el país, la patria, etc.) se va" del primer nacionalismo.

Como es bien sabido, los dos episodios de migración interior  masiva hacia  Vasconia —el de mediados del siglo XIX y el de los años 50-70 del sigl XX coinciden con dos hechos mayores:
a)      El nacimiento del nacionalismo filogenético, racial, de Arana-Goiri. Aparece  el neologismo Eus/zkadi y sus familiares eus/zko y eus/zkotar que obedecen a su necesidad de hallar una traducción adecuada a los latinos vasco/basque unas voces  que se refirieran no tanto a la condición idiomática del sujeto sino a su calidad de “aborigen” de Vasconia, hablara o no vascuence. Estos etnonimos de procedencia nacionalista se abrieron camino en el siglo XX a través de la lucha política, a lo largo de la  Republica, el exilio y el periodo franquista. Baste recordar la vigencia aún del Eusko Gudariak- himno marcial entonado en la Guerra Civil- entre los condenados del Juicio de Burgos de 1970.
b)      Un nuevo nacionalismo idiomático. El vascuence tiene que sustituir los vínculos “tierra-sangre-cultura” debilitados en el transcurso del siglo. Reaparecen en expresión castellana los idiomáticos euskaldun, Euskal Herria,  pese a que la extensión territorial de los vascohablantes, cada vez más mermada, hacía inapropiados estos términos para designar a todos aquellos vascos que entre los siglos XVIII al XX iban perdiendo el uso de la lengua vernácula e incluso la memoria del mismo (El nacionalismo había proscrito la voz “Euskal Herria” por la utilización que había hecho el carlismo de ella). El deslizamiento semántico vasco euskaldun ocurre en los años 60.
A modo de elemento interpuesto entre ambos nacionalismos hallamos un amplio conglomerado ideologico heredero del vasquismo de los años 20-30, fácil de identificar en plumas como la del entonces muy popular Jose de Arteche, compartido en esos años tanto por una parte considerable de las elites vencedoras de la guerra, como por la generalidad del nacionalismo tradicional perdedor de la misma. El vasquismo vivencia y transmite una imagen de país que el nuevo nacionalismo rechazará o adoptará sólo en parte. Un buen exponente de esta imagen de país lo hallamos en los números de la revista bilbaína Gran Via, en una significativa serie “La epopeya de los vascos”, entre cuyos autores aflora un indisimulado hálito regional-nacionalista(Luis Michelena, Antón Gaztelu, Ciriquiain). Según esta visión, el vasco sería un pueblo enraizado en su solar por lo menos desde el paleolítico-albores de la época romana y su epopeya el haber conservado a lo largo de la historia un legado común considerable, consistente en la que la revista denomina pureza racial (caracteres somáticos que enlazarían con el vasco prehistórico), un gran caudal de energía aportado a la historia universal, la singularidad del vascuence (para el que se solicitan medidas a fin de que no desaparezca),unas costumbres y aptitudes artísticas específicas, y una catolicidad "honda" que mordida por los ataques de Unamuno/Baroja y "los movimientos de población  que han traído a vivir entre nosotros a elementos numerosos religiosamente Pobres es decir, lo que in situ se denominó inmigración.

Al nuevo nacionalismo —dentro del cual asoma ETA, pero no sólo ella— nace vinculado a la rebeldía juvenil y al discurso anticolonialista de las generaciones de postguerra, pero también, en gran medida, al peso del flujo migratorio de otras regiones de España sobre la Vasconia industrializada. Migración que diseña un significativo pico durante los años 1960-70, como el de Sestao (población total 1981: 40.374) con 23.921 inmigrantes llegados:
Antes/en 1950     Entre 1951-1960            Entre 1961-1970               Tras 1970
2.345                                 4.148                          9.273                               7.615
Entre estas fechas puente, los porcentajes de inmigrantes interiores se mueven dentro de este abanico: Sestao, 59%; Pasaia, 54%; Salvatierra-Agurain, 53%;Oiartzun, 38%; Ondarroa, 33%. Inmigración masiva que, durante 1960-5, habría supuesto el mayor porcentaje sobre el crecimiento demográfico desde el año 1900, pero también crecimiento vegetativo alto de los autóctonos que supera, levemente, la afluencia migratoria. Muchos de éstos abandonan a su vez su aldea (auzo y grupo doméstico) y comparten las nuevas barriadas obreras con los no vascos. Las referencias al "paralelo 38" o los epítetos denigrantes ,ya no tanto "maketo" como "tártaro", "calmuco" y, sobretodo, "coreano", "manchurriano", (Según me comenta un médico de entonces, José Antonio Ayestarán, parte de la inmigración de los años 50 venía afectada de ictericia. Según él, los apelativos procedían de filmes muy populares como Miguel Strogoff,  producción italo-francesa de 1956—y de la reciente guerra de Corea.) desaparecen pronto. Se producirá un evidente, aunque siempre en precario, ajuste convivencial. La dureza del régimen, el realismo sindical, los imperativos de clase y el voluntarismo de los nuevos grupos juveniles de izquierda hacen el resto. Un acomodo no exento de polémicas y roces, que aún se recuerdan, pero concretado en acciones comunes como el codo a codo a propósito de la huelga de Bandas de 1967.

Aun así, la nueva oleada foránea, con frecuencia superpuesta a la decimonónica, se vivió, tanto por el viejo como por el nuevo nacionalismo, como la puntilla final a un componente esencial de la aludida imagen del país : la lengua vasca.
A ambos lados de la frontera franco-española, el euskera se encontraba en el suave declive que sucedió a la caída libre iniciada en el siglo XIX, cuando el avance ilustrado de la escolarización europea hizo retroceder a las lenguas minoritarias. En tierras de vascuence, merced, entre otros, al sistema del anillo escolar introducido en 1772 por los progresistas "caballeritos" de Azcoitia para facilitar el acceso al castellano por el pueblo llano y dotarlo de más oportunidades. Arturo Campión lo describe en Plena vigencia en su Blancos y Negros de 1898. La cruzada casticista del general Franco —como antes la de Primo de Rivera— rechazó el bilingüismo ilustrado: el castellano era la única lengua ciudadana; todas las demás sobraban en la comunicación entre españoles. Cierto que ni en los peores momentos de la posguerra llegó a haber una prohibición oficial del vascuence firmada en "las alturas", pero, como suele ocurrir con frecuencia, hubo a nivel local quienes —vascos o no— se encargaron de depurar con furia toda huella del pasado (lápidas, registro civil, bibliotecas) y de perseguir las manifestaciones vivas del mismo.
Mokoroa
Morocoa influyo en ETA
En los años 6o, los rigores del primer franquismo habían remitido de hecho, pero la tendencia natural seguía siendo a la baja: el vascuence, abandonado por muchos, lo hablaba aproximadamente un 4o% de los vasco-franceses, un 30% de los guipuzcoanos y vizcaínos, un 15% de los navarros, más un puñado de alaveses. La juventud nacionalista —pero también izquierdistas de la epoca como Enrique Múgica— atesoró viejas gramáticas de euskera —como la de Zabala Arana—, las estudia en soledad o en grupo; recuperar el vascuence no es sólo una satisfacción personal, es hacer antifranquismo. El renacimiento de la ikastola (escuela por lo general bilingüe con aprendizaje o mejora del euskera) fue, en esencia —aunque tampoco únicamente (Recalde formo parte del grupo fundador de la ikastola ikasbide de donosti, luego fue consejero de educación y objeto de atentado de ETA)—, fruto del esfuerzo tenaz del nacionalismo vasco, cuya nueva generación otorgó un carácter nacionalitario fundamental al idioma. Krutwig, Alvarez Enparanza "Txillardegi" y otros teóricos de ETA abanderaron el proceso cuya fuente de inspiración se halla en los años 30, bastante antes de la llegada del estructuralismo: el escolapio Justo Mari Mocoroa "Ibar", autor de Genio y lengua (Tolosa, 1935), obra que sintetiza de forma elocuente la creencia romántica (Herder, Humboldt) de que la lengua de un pueblo infunde carácter formando parte esencial de su herencia colectiva. Genio y lengua circuló de mano en mano en el periodo 1950-70 de la clandestinidad, ejerciendo gran influencia sobre la primera ETA y los jóvenes de otros movimientos, Aresti incluido. Este retorno al alegato lingüístico de los foralistas del Siglo de Oro constituye un hito aún vigente dentro del nacionalismo vasco: del "apellidismo" de Arana-Goiri se pasaba al "idiomatismo” beligerante de Krutwig Sagredo.
Tras el nacimiento de la revista Egan en 1948, el mejor exponente del renacimiento del euskera lo encontramos en el semanario capuchino Zeruko Argia (tirada de 10.000 ejemplares y plumas como Saizarbitoria, azurmendi,kintana e Iñaki Gabilondo), que, al abrigo de la censura por su carácter eclesiástico, se convirtió en el principal portavoz subrepticio del nacionalismo vasco. Las ikastolas renacen, ha habido reiteradas peticiones al Ministerio de Educación de que se introduzca el vascuence en la escuela pública. Se es consciente de que el clima de la cultura minoritaria ha mejorado.
La "tolerancia" oficial hacia el euskera, en la escuela privada, la radio o el teatro, los bertsolaris, la creación de cátedras y escuelas de Declamación Vasca, la autorización para la impresión de libros y revistas, la famosa Orden Ministerial de marzo de 1951, tratan de camuflar posiciones intransigentes. Entre 1940 y 1955, el euskera pasó de criminal adversario de la lengua del "Imperio" a "ese tesoro precioso que debemos conservar"'.
En 1967 se inicia en las páginas de Zeruko Argia una viva polémica sobre el carácter exclusivamente identitario —o no— de la lengua vasca. Volviendo al viejo dilema unamuniano resucitado por un reciente libro de Martín Ugalde (prolongar la agonía o enterrar con todos los honores a dicha lengua), es un fraile de Aranzazu cultivador de la misma, José Azurmendi, (hoy el máximo intelectual del etnocentrismo abertzale)  quien relanza el tema: Baiña zergatik eta zertako euskaldun? ("pero, ¿por qué  para qué ser vascohablante?"). Azurmendi sabe que, utilizando la voz "euskaldun" (en su sentido literal de "vascoparlante"), su público va a identificarla, de forma amplia (cultural), con "vasco' a secas, casi el "eusko" aranista de la preguerra. Por eso, su segunda pregunta reviste visos de provocación, sobre todo cuando la preceden dos afirmaciones apodícticas:
Eskolak bearrezko direla ere argi dago, zenbait gauza iritxi nai badira beiñepein (...) Baiña artaz, biiinguismoak (eta zein bilinguismok) euskerari egiazko bizitza bizi bat aseguratzen ote dion galdetuko nuke. Bizitza indartsu bat, ez triste bizitza, ez sekula bukatzen ez dan agonia bat. Ala baiño askoz obe il.
("Que las escuelas son también necesarias está claro, por lo menos si se quiere alcanzar alguna cosa ( ... ) Pero sobre esto, yo preguntaría si el bilingüismo (y qué bilingüismo) le aseguraría al vascuence una verdadera vida viva. Una vida fuerte, no triste, no una agonía interminable. En este caso, es mejor que muera".)
Euskal erria euskerak egiten du, ez bestek. Beste galdera bat gelditzen da: zergatik euskaldun jarraitu eta zertarako?
(«El vascuence hace a Euskal Herria, ninguna otra cosa más. Queda otra pregunta: ¿por qué seguir siendo euskaldun y para qué?".)
Joxe Azurmendi
En resumen: ponía en duda el bilingüismo existente (ikastolas) o posible (escuelas, de Inserción del vascuence), afirmaba —jugando con la ambigüedad "euskaldun-vasco"- que sólo una lengua, el vascuence, podía ser vector de nacionalidad; ningún otro componente de la imagen de país vasquista podía serlo.
Es preciso recordar que durante los decenios anteriores a la Guerra Civil, la gran reivindicación idiomática del nacionalismo —tanto político como cultural— había sido el bilingüismo escolar, el aprendizaje en y de las dos lenguas locales . En los años 6o, sin embargo, vemos aparecer dentro del neonacionalismo aludido la fórmula opuesta: la lengua nacional como vehículo único frente a la diglosia, frente a la "codicia" de las lenguas dominantes. Por eso, en el mundillo nacionalista vasco el artículo de Azurmendi  produjo el efecto deseado: múltiples alegatos que definían al vascuence como factor nacional irreductible, un argumentarlo que abundaba en variantes voluntaristas del tenor "somos euskaldunes, estamos obligados a seguir siéndolo", lo que Conor Cruise O'Brien llamaría obediencia a las "voces ancestrales". Si Azurmendi, en conformidad con Txillardegi, Krutwig y otros teóricos del neonacionalismo, tenía razón, lo que procedía entonces era "euskaldunizar" —o "reeuskaldunizar"— a toda la población de la Euskal Herria histórica, cuya situación lingüística se atribuye no tanto a leyes naturales sino sobre todo a la guerra reciente ya oscuros hechos coloniales que la censura franquista impediría explicitar: "Barakaldo, Etxeberri... son Euskal Herria, y si sus gentes no son euskaldunes, ello se debe a sucesos acaecidos hace tiempo (que ahora no voy a contar)"(Egiguren,arazo garbi bat).
No obstante, rompiendo esta unanimidad intervino el literato Gabriel Aresti que, de inmediato, sacaría a colación el "non dit", el trasfondo de toda la discusión: la inmigración y el papel del sistema escolar en el conflicto (Bilbaoko erdal herritik). "Hau ez da euskal Herria. Hau erdal Herria da" ("Esto no es Euskal Herria sino el Pueblo del castellano"), proclama, y más adelante, "Esto ya no es Euskal Herria; esto es Castilla". En su vivienda de Basurto (Bilbao) —añade— viven 28 familias, entre las cuales sólo pueden contarse tres apelados vascos, incluido el suyo. Según Aresti, se trata a los que se llama "coreanos" con desprecio y burla: "Koreanoak, deitzen diete, mezprezioz tratatzen dituzte, haietzaz burlatzen dira". Alude a un grupo radical de jóvenes (euskotar etzale batzuk) que habría agredido a un gallego de los muchos que pueblan Basurto. A propósito de esto, conviene recordar que el tiempo de asueto fue propicio a este tipo de incidentes, como el ocurrido en el baile público de Hernani (entre mozos locales e inmigrantes que abucheaban el baile a lo suelto), o de Rentería a mediados de los años 6017.
Gabriel Aresti, el rey del euskera y Komunista vasco
A la nueva ikastola, el mencionado "ajuste convivencial" le afecta de forma nada despreciable. Como no podía ser menos en una situación de dictadura (la de Franco), profundamente nacionalista también, la ikastola era de carácter privado, acogida al paraguas eclesiástico. Esto incomodaba a Aresti. Según él, en ese territorio—Bilbao, Etxebarri, Barakaido, Ermua—, había que pedir escuela (pública) en vascuence para los niños vascoparlantes, no las burguesas ikastolas. No sólo eso: empujar a los niños que no saben vascuence a una escuela en este idioma, "eso se llama fascismo":
Hemen euskaldun batzuk bizi gara; gure haurrentzat euskal eskolak eskatu behar ditugu (ez hortik ikusten diren ikastola burjesak), hori izanen baita gure libertatea. Ukatzen dizkigutenak izen erreza dute. Baina kale-arte honetan dauden erdaldunentzat euskal eskolak zabaltzea, eta bertara erdaldun humeak bortxatu eta behartzea, hori faszismoa da.
Calcula Aresti que en Ermua podía haber alrededor de diez mil gallegos y dos mil vascoparlantes; debía de dotarse a los primeros de escuelas en gallego, escribe. Con lo cual, siguiendo su planteamiento, el sistema escolar en Vasconia debería de rechazar la ikastola, por "burguesa", y solicitar la implantación de escuelas públicas zonales en castellano, gallego y vascuence.
El artículo es recibido en los círculos nacionalistas (o próximos) con estupor y múltiples comentarios dolidos. Apenas nadie osa oponerse de forma abierta al autor de Harri eta Herri, punta de lanza de la modernización del euskera, futuro Premio Nacional de Literatura. ¿Cómo atreverse a llamar al orden al hombre que en vascuence dice preferir a un ser humano y sus derechos antes que a la colectividad originaria? Las respuestas se limitan a darle vueltas al concepto Euskal Herria, la "tierra del vascuence", a estirarlo hacia versiones más territoriales, hacia la "tierra en la que queremos vivir". Entre otros, Carlos Santamaría, que echa sobre las anchas espaldas del capitalismo la responsabilidad de la castellanización de Bilbao y de su área, niega que alguien haya querido obligar a los foráneos a aprender vascuence ("Orrelako gauza pentsatu ere, zeiñek egin du?") y profetiza que los hijos de esos inmigrantes acudirán a cientos de forma voluntaria a aprenderlo. En vano; Aresti arremete en un segundo artículo contra el uso de los marcadores étnicos vigentes (fe, historia, folklore, lengua, registros biométricos), y concluye parafraseando a Voltaire:
Zer da Euska Herria? Pirinioetako haran artean astoen gainean dabilen astalde bat.
("Qué es Euskal Herria? Una manada de burros a lomo de burros que recorre los valles del Pirineo".)
Publica luego Aresti un tercer artículo (Azken hitz bilbaoz en Zeruko Argia 224) en el que contesta a lo que Jon juaristi (gran amigo de Aresti y de Txabi Etxebarrieta) llamaría la "tribu tribulada"; se suma a su "tribulación", pero denuncia "nuestro totemismo" y el temor vasco a deshacerse de tabúes ancestrales. Afirma que no son estos tabúes los que defienden la vida diaria del vasco sino el Estado:
Baina nik konpren ez dezakedana da, zerprotejitu nahi dugun guk gure tabuekin. Gure propiedade pribatuak ez ditu, gu protejitzen euskeraren edo euskal arimaren edo gure obitura zahar eta garbien tabuekin, ezpada espainiol harmadarekin.
("Pero, lo que no puedo entender es qué es lo que queremos proteger con nuestros tabúes. Nuestras propiedades privadas, el alma vasca o las limpias costumbres antiguas no las protegemos con los tabúes del vascuence sino con el ejército español".)
También, que cuando se establecen premisas que se dan por absolutas —como que no hay vascos sin vascuence—, forzosamente tendrán que ser también absolutas las deducciones que surjan de las mismas. Que todo es relativo y, por tanto, no hay absolutos. Que si cambiamos de idioma a unos niños, todo lo que esté en relación con el Idioma cambiará: el pensamiento, la etnia, el genio, la nación, las costumbres. Y que, "por lo tanto, si anunciamos de antemano que, cuando llegue la ocasión, vamos a euskaldunizar a todos los niños no euskaldunes que viven entre nosotros, no es de extrañar que los erdaldunes (los no vascoparlantes) den todos los pasos necesarios para castellanizar a los nuestros". Finalmente suelta su contestación-traca final a Azurmendi:
Inor ez da ausartu egiarekin erantzutera. Zertarako euskaldun? Baina, gizonak, zergatik ezkutatu nahi dugu ,guztiok dakiguna? Ezertarako ez. EZERTARAKO EZ". (...) Zororik nagoelako naiz euskalduna, eta gainera zororik egoteko eskubidea dadukadalako.
("Nadie se ha atrevido a contestar con la verdad. ¿Para qué el vascuence? Pero, señores, ¿por qué ocultar lo que todos sabemos? Para nada. PARA NADA. ( ... ) Soy euskaldun porque estoy loco, y porque, además, tengo derecho a estarlo.")
Con esta gran boutade, Aresti daba a entender que había llegado a la misma conclusión que dio a conocer, con gran escándalo del nacionalismo, Unamuno en 1901. Pero él decide, por el contrario, cual nuevo Quijote, servir (salvar?) a la dama que todos dan por condenada. ¿No estábamos acaso en el siglo del absurdo (Ionesco, Beckett), del "acto gratuito" (Gide, Camus) como exponente de la libertad individual? Para algunos, estos artículos de Aresti se viven como una insoportable provocación. Articulistas y lectores del Zeruko temen la conclusión política a la que conduce la reflexión de Aresti: una España regional dentro de la cual la "tierra del vascuence" sería un solar más. Lo reconoce Mirentxu con cristalina sinceridad:
Tras perder el vascuence, toda nuestra personalidad, todo se pierde, y además si margináramos al vascuence y si habláramos en otra lengua, pareceríamos completamente erdaldunes y, de esta forma, seríamos iguales a las demás provincias de España 19.
El vascuence como herramienta identitaria-separadora, por un lado. La España Arestiana descrita de forma magistral en los célebres versos dedicados a Tomás Meabe, por otro: "Cierra los ojos muy suave / Meabe, / pestaña contra pestaña. / Sólo es español quien sabe,/ Meabe, / las cuatro lenguas de España".
Aresti era considerado entonces un escritor declaradamente marxista. Era un hombre que rondó el EGI juventudes del PNV) de los años 50, cuando su ideal era komunismo kristau bat (un comunismo cristiano) según un buen conocedor, el mismo José Azurmendi. Lee, como muchos de su generación, a Oteiza. Luego entra en la tertulia bilbaína de La Concordia, donde conoce a destacados militantes o "acompañantes" del PCE. En 1966, la revista del partido, Arragoa, glosa su Justizia txistulari; el partido lo solicita continuamente, muchos de sus militantes son amigos suyos.(Blas de Otero, Agustin Ibarrola, Gabriel Celaya..)
Durante la inmediata posguerra un número considerable de puestos de trabajo de presos y exiliados vascos habían sido ocupados por inmigrantes de las zonas más deprimidas de España; ELA-STV acusó recibo de ello desde el exilio. No obstante, veinte años después, una nueva STV, la del Interior, ELA-Berri "Movimiento Socialista de Euskadi", independizada desde 1964 de la dirección exterior, hace borrón y cuenta nueva. Ofrece una visión realista, adaptada a la nueva situación:
Si la emigración es de Derecho Natural, también tenemos que decir que los valores de nuestro pueblo vasco son de Derecho Natural: valores étnicos, psicológicos, culturales y fundamentalmente nuestra lengua vasca: el euskera.
Los militantes de ELA-Berri son defensores de la integración del proletariado foráneo por medio de la escolarización y de la práctica sindical. Conocen el uso desmovilizador que ha ejercido la patronal (vasca) de Bandas de Etxebarri en combinación con el Ministerio de Trabajo trayendo nuevos inmigrantes con el objetivo de romper la huelga comenzada el 30 de noviembre de 1966, que duraría más de cinco largos meses. Mediante la emigración, la gran burguesía española:
Elimina de un solo golpe el núcleo más revolucionario que existe en un país: los trabajadores parados, la miseria. Ahora bien, para acogerlos está preparada la gran burguesía industrial VASCA, que en un momento de inflación se beneficia de esta mano de obra abundante y barata. ( ... ) El trabajador inmigrante tiene su sitio en STV (..) Si el inmigrante se enamora de nuestra tierra y decide "echar raíces", entonces, no hay caso, es un hombre asimilado, es un VASCO más a parte entera. Por mayor causa, su sitio está en STV, pues es su verdadero sindicato, el que le defiende y defenderá con su valiosa aportación y ayuda".
Muchos cuadros de ELA-berri formarán parte de la ESB de Txillardegi
Los apellidos no étnicos de sus militantes represaliados —como el del preso José María Rodríguez—, afloran a lo largo de sus publicaciones. Sus objetivos declarados son una "amplia coalición democrática" —muy semejante a la preconizada por el PCE— a la hora de la "liquidación del régimen fascista español" y un vago "establecimiento de una sociedad internacional de trabajadores, fundada en la propiedad socialista de las fuerzas productivas, en la abolición de la dominación de clase entre los hombres y, por tanto, en la plena liberación nacional de todos los pueblos". Ante las aserciones de Aresti, los "eladios" no se contentan con lamentarse en privado o en Zeruko Argia. Le contestan "también desde el marxismo" o lo que ellos piensan que es marxismo, con varias y furiosas andanadas —a él y, de paso, a Ramón Saizarbitoria—, en Lan Deya, su órgano de prensa. En la primera, a modo de introducción de urgencia, se le acusa de practicar el "fascismo en euskera", de intentar "deformar y desprestigiar al socialismo y al movimiento nacional vasco", de negar "los principios de integración e integridad territorial más elementales", de profesar el "nacionalismo español neo-fascista"( hoy en día parece que no se han cambiado mucho los insultos). Se le echa en cara que "no hay periódico oficial del Movimiento capaz de publicar hoy, en español, un artículo como ese". En la segunda se alude a un nuevo "frente social-colonialista" contra el vascuence, a una "ofensiva, solapada y suburbana" disfrazada de "socialismo" y de "humanismo abstracto" que sustituye a los pasados ataques del Régimen. Esta ofensiva mantendría, según lugar y ocasión, tres tesis "social-colonialistas"(ya el vocablo colonialista aplicado a España indica el tipo de marxismo riguroso que Ela practicaba) que ELA-STV rebate:
1. Primera tesis social-colonialista: Asimilación lisa y llana de vasco y "burgués". La lucha por la supervivencia del euskera no es sino un subproducto ideológico de la "burguesía", el euskera tiende a dividir a los obreros, la defensa de los valores culturales vascos no es una reivindicación proletaria (la defensa de los valores culturales no vascos, por supuesto que sí), etc., etc. ( ... ) Pretender que un idioma, una estructura lingüística, un instrumento de inter-comunicación, sea propiedad de una clase determinada, es equivalente a rechazar el motor de explosión o el análisis factorial, con el pretexto de que son utilizados preferentemente por la burguesía.
2. Segunda tesis social-colonialista: Existen en nuestra tierra un "problema lingüístico" y un "problema social". Sin embargo, el "problema lingüístico" engloba "solamente" un conjunto de datos culturales y antropológicos sin relación con las fuerzas operantes en la infraestructura. En sí, el "problema lingüístico" pertenece a la superestructura ideológica, es ajeno a la lucha de clases, pero es un problema real que hay que tratar de resolver. ( ... ) ¿Es posible que el idioma, que supone una relación interpersonal, colectiva, social por tanto, sea ajeno al proceso de producción material? ¿Cómo una estructura de expresión comunitaria puede dejar de tener relación con todos los problemas superestructurales e infraestructurales?
La tercera tesis consistiría en sembrar la confusión mediante un abanico de disquisiciones teoréticas conducentes a que:
…allí donde es peligroso aventurar opiniones arriesgadas se invoca la necesidad de utilizar una lengua que pueda expresar las "necesidades del pueblo". Necesidades que no se explica cuáles son, ni a qué pueblo se refieren, ni a qué clase de ese pueblo hacen referencia, ni en virtud de qué raros poderes mágicos, estos señores se constituyen en portavoz de las necesidades del pueblo. ( ... ) Naturalmente, su crítica a la enseñanza se limita "solamente" a las ikastolas.
Invocar el humanismo abstracto frente a la opresión concreta no es válido para ELA Berri:
…no lleva sino al viejo, traído y llevado cuento del "universalismo humanista", de la "apocatástasis mundial"y de la hermandad entre los pueblos del mundo. Ideas irrealizables mientras continúen los conflictos reales entre clases y pueblos. Por el momento no sirven más que para dos cosas: una, despojar a los incautos o a los despistados, de lo suyo, en provecho del vecino; otra, poner de manifiesto el curioso "universo" de nuestros "universalistas", hombres-antes-que-vascos. (Como si un vasco pudiese dejar de ser hombre, o disociarse en sus dos componentes de "hombre" y de "vasco", sutil distinción que nos llevaría a distinguir separadamente en el caballo lo genéricamente "caballo" y lo genéricamente "mamífero".)
Calificar—en situación de dictadura— de "burguesa" a la ikastola, de inútil al vascuence, como lo insinúa Aresti, sería tanto como incurrir en colaboracionismo ya que:
Bajo el fascismo genocida, denostar al euskera es constituirse en aliado del principal enemigo del euskera, la gran burguesía oligárquica española. El euskera es el idioma de los trabajadores vascos, y también de la burguesía nacional, pero el español es el instrumento de opresión de la burguesía española y del fascismo. Afirmar el euskera es afirmar un valor democrático y socialista.
¿Verdad que les suena? Sustituyan Franco por España y estaremos de nuevo ante el victimismo nacional culturalista más actual.
Espíritu de "colaboración" —prosigue el articulista—, como los descritos por Sartre (Deat y Marquet), "acompañado de una dosis considerable de masoquismo" y de "aire de genio incomprendido, descubriendo de nuevo el Mediterráneo...; sus genialidades tienen por lo menos 6o años, y su afición a hablar de lo que no sabe es tan vieja como el mundo".

Conviene recordar por ello que todavía estaban lejos de haberse calmado las aguas de la V Asamblea de ETA en la que la actitud hacia el vascuence, las ikastolas, la burguesía nacional y el proletariado foráneo fue el principal caballo de batalla. ELA-Berri tomaba parte en ella, trataba de hacerse con las escuelas sociales de los "felipes" y rompía con unas CC.OO en las que el PCE imponía sus condiciones. El término burgués era un insulto admitido como tal en todas las familias que componían entonces, aquí y acullá, la bullente galaxia izquierdista. Que esta ruidosa marejada pudiera desarrollarse, pese a las precauciones de rigor, con tanta crudeza bajo los ojos de la policía y de la censura sí que es paradójico... Sobre todo si no se conocen bien las paradojas del tardofranquismo y si no se tiene en cuenta que la censura, en contra de la creencia de algunos, no era más tolerante con el castellano que con el vascuence, ya que a éste se le escrutaba "sobre todo desde una perspectiva política",(opinión compartida por Ramón Saizarbitoria). Otra cosa fue el ataque ad hominem, por escrito, cosa que sólo se puede comprender desde el calor de la batalla política aludida y desde la virulencia de polémicas contemporáneas de gran difusión como la que enfrentó a Camus y Sartre sobre el "socialismo real" en los años 50. Aresti concitaba amores y odios, podía ser tierno y despiadado, pero sobre todo era un provocador. No era el primero en poner por escrito afirmaciones que circulaban profusamente en el mundo de la clandestinidad; sí que lo era en hacerlo en un medio legal y añadir a ellas el peso de su autoridad moral antifranquista. A modo de profeta de las sombras, provocaba y esperaba una reacción, pero no, al parecer, la desaforada filípica de los eladios. Contestó, algo más tarde, aludiendo a la penosa campaña se ha librado contra él. En efecto, reconoce tener un "concepto lingüístico de la ciudadanía" y en él se ratifica. Los amigos —escribe— se lo han perdonado, ya que piensan que "la lengua y los fenómenos que ésta lleva aparejados (etnia, folklore, etc.) no son más que mera superestructura". Los otros —los eladios y los que se han sumado a ellos— no le perdonan nada, ya que:
Hoiek herritasunaren kontzeptu burjes bat dadukate. Haientzat, hajen hitzak dira, integrazioa eta integridadea eskubide sakratuak dira (...) Behin gizonaren alde paratu nintzen. Orain, askok, ideia ederren izenean, lur honetan, ez daduzkate kontuan gizonaren interesak24
("Esos poseen un concepto burgués de la ciudadanía. Para ellos —y son sus palabras— la integración (de los inmigrantes) y la integridad (territorial) son derechos sagrados." ( ... ) "En cierta ocasión me manifesté a favor del hombre. Ahora, muchos, en nombre de bellas ideas, no tienen en cuenta en esta tierra los intereses del hombre.")

Oskorri y Aresti, komunistas que desarrollarón la cultura en euskera
Aresti, un excelente poeta,  fue un  un intuitivo captador de situaciones. Esta vieja discusión que acompaña al nacionalismo vasco desde sus primeros estadios (Kiskitza, Balparda, Prieto, Estatuto de la Sociedad de Estudios Vascos versus Estatuto de Estella) , había renacido en los años 6o. ETA —en sus variantes diversas—y ELA-Berri la insertaban en los parámetros del análisis marxista de clase (superestructura-infraestructura).

 Aresti no quiso sobrepasar la identidad lingüística de EuskalHerria=Pueblo del Vascuence pero coadyuvó a su deslizamiento dentro de la piel del concepto (político) pueblo vasco. Es más, él mismo consagró con el poder de su pluma este dogma del nuevo nacionalismo al rechazar la interpretación polisémica previamente al uso. El dogma se generalizó con él, fue adoptado incluso por los que le atacaron, sigue vigente de facto, por razones diferentes, en gran parte del nacionalismo actual y en el benemérito artículo inicial del Estatuto de Gernika que equipara el lingüístico Euskal Herria al ambiguo Pueblo Vasco "que se constituye en Comunidad Autónoma... bajo la denominación de Euskadi o País Vasco". En los 6o, a los emigrantes sólo se les pedía su integración: "No les pedimos que arrinconen lo suyo, sino que, ya que han venido aquí, acepten lo nuestro, que se propongan aprender el vascuence"(Itziar Bikendi, “emigranteak eta gu” en Zeruko Argia 235). Luego, mediados los años 70, buena parte de la población local convive en los barrios obreros con los no vascos, han desaparecido los "paralelos 38"; la laboriosidad y disposición de los foráneos, la mili común, los matrimonios mixtos, la cuadrilla, el festejo local y, como hemos dicho, la dureza del régimen, han obrado el precipitado neogeneracional. Sin embargo, la integración lingüística seguirá siendo para algunos sectores una exigencia, sin salvedad particular alguna. La discusión identitaria arribará así a las playas del siglo XXI con el dilema obligatoriedad del vascuence o posible elección de lengua oficial vehicular, aún en activo. Porque, como el mismo poeta lo vaticinara, cuando se presentan premisas que se dan por absolutas —como que no hay vascos sin vascuence—, es muy probable que sean también absolutas las deducciones. Algo de esto barruntó Rikardo Arregi, figura emblemática del renacimiento del euskera en los años 6o, cuando, poco antes de su prematura muerte, escribió:
Desipuitze derrigorrezkoa ta absolutugintza kondenatzea premiazko (...) Ontan gabiltzanak absolutigintzarako joera izateko arriskua dugula, dudarik ez dago. Beiñ baiño gehiagotan erori gerala ere ez. Orregaitik ez da gaizki egongo ori azaltzea ta derriorrezkoak diran zuzenketak egitea.
("Es necesario desmitologizar y es urgente condenar la absolutización ( ... ) No hay duda de que, los que andamos en ello, corremos el peligro de caer en la absolutización. Incluso que hemos caído más de una vez en ello. Por eso no estará mal señalarlo y efectuar las correcciones que sean necesarias.")
Aresti, un comunista avant la lettre, no llegó a conocer la industria de la subvención ni la polémica identitaria de fines de siglo, pero sí el boicot y el vacío que se le abrió ese año 67 en múltiples espacios. Meses más tarde, una veintena de jovenes le reventó una conferencia que iba a pronunciar en Bilbao dentro de una Semana del Euskera, tildándolo de "españolista". En el 70, muy afectado, acusado de aceptar "el dinero de Fraga" por el Premio Nacional de Literatura, dedicó su Harrizko Herri Hau a:
los trabajadores vascos a quienes los capitalistas vascos les comen el sudor y la vida y a las maestras que ponen en peligro sus pequeños jornales para enseñar en un noble vascuence los derechos del hombre a los niños vascongados, en las escuelas vascas llamadas ikastola, sin contrato de trabajo y sin seguridad social.
Su editora donostiarra eliminó dos de las páginas de Kaniko eta Beltxitina, "por pensar que con los vientos que corren por el país, en aquel entonces no era positivo que nosotros respaldáramos la duda a la existencia de un proletariado exclusivamente vasco (Lur editorial).


8 comentarios:

Anónimo dijo...

juaristi esta soberbio...

Anónimo dijo...

PSE-EE POWER!

Anónimo dijo...

Muy bueno ya es hora de arrancar al comunista aresti de las garras del nacionalismo burgues que con tanta saña lo persiguió.

Anónimo dijo...

Muy interesante. Gracias ehs.

Anónimo dijo...

Gabriel Aresti influyo bastante en el equipo bizkaino de ETA V, los hermanos etxebarrieta, Buendia y el otro que lideró EIA, no me acuerdo el nombre.
En todo caso un heterodoxo en el tema de la lengua y un ortodoxo en la clase.
No se le entendió en la ia pero su impronta ha quedado por mucho tiempo.

Anónimo dijo...

Gabriel Aresti defendio el modelo italiano para la transción. De la misma forma que la democracia cristiana y el PCI sustentaban el régimen italiano posterior al fascismo. Aresti creia que la transición en Euskadi debería llevarse entre el PCE y el PNV, de esa forma se quedarían fuera los gobernantes del régimen anterior y los sectores catolicos y comunistas vascos construirian un nuevo régimen.

Detras de esta idea subyace sobre todo la idelogía eurocomunista de Gabriel Aresti. Por eso sería injusto englobarlo en Euskadiko Ezkerra, sobre todo si se tiene en cuenta que EIA era marxista-leninista. Habría que situarlo entorno al PCE-PCI-PCF. En el eurocomunismo en definitiva.

Xabier Kintana dijo...

Dakigunez, G. Aresti marxista zen,hitz batez, Komunista, eta ez zuen hori iñoiz ezkutatu edo ukatu. Ez zen, ordea, iñoiz Espainako alderdi komunistakoa izan. esan zuen euskaldunak izateko modu ezberdiñak badirela

Anónimo dijo...

Tiene varios poemas dedicados a ETA, no creo que esto sea muy eurocomunista.