Buscar este blog

02 octubre 2014

La contradicción abertzales-españolistas. Andoni

Uno de los efectos que se desprenden de la ideología nacionalista, cualquiera que sea la forma en que se manifieste, bien sea en su versión racial, étnico-cultural o populista, es la introducción en el seno de las clases trabajadoras de una serie de contradicciones que, al no estar basadas en el propio antagonismo entre las clases, sino en criterios que priorizan por encima de cualquier otra consideración a la nación, la patria, etc., impiden, o cuando menos, entorpecen seriamente la unidad del movimiento obrero y popular. 

La contradicción abertzales-españolistas hay que situarla en este marco. Mediante ella se divide, o mejor dicho se intenta dividir, a la sociedad vasca en dos bloques definidos en base a criterios de carácter nacional-patriótico y en los que la composición de clases de la sociedad no cuenta o pasa a un segundo plano diluida en lo «abertzale» o lo «españolista». Porque, evidentemente, puede haber «españolistas» (término con el que el abertzalismo burgues designa a todo el que no defienda la necesidad de un Estado independiente vasco plantee la lucha de clases nivel de todo el Estado español) proletarios o burgueses, explotadores o explotados; y, simultáneamente, bastará defender a Euskadi, a la patria vasca y su Estado nacional por encima de todo para ser un buen patriota (abertzale). Tanto el término «abertzale» (patriota) como el de «españolista» y la posición antagónica entre sí de ambos, expresan categorías conceptuales propias de la ideología nacionalista. La nacionalidad, tanto la propia a la que hay que defender, como la vecina, de la que hay que defenderse, son los polos contradictorios en torno a los cuales se producen los antagonismos las consiguientes luchas para su solución.
Coherente con esta concepción, el esquema abertzales-españolistas no es más que la expresión actual en la práctica política de la contradicción, la falsa contradicción, Euskadi-España que sirve de fundamento ideológico al nacionalismo desde su nacimiento hasta nuestros días. De acuerdo con ella, la contradicción abertzales-españolistas es plenamente coherente, aunque igualmente falsa. 
Sin embargo, y muy a pesar de la ideología nacionalista, no es el enfrentamiento entre los patriotas defensores de la unidad e independencia de Euskadi (abertzales) y los «españolistas» el que define los antagonismos que se producen en nuestra sociedad hoy. En Euskadi, como fuera de Euskadi, son las clases sociales, es decir, los que detentan y administran la riqueza y el poder por una parte y los que se encuentran marginados de ambos por otra, quienes componen los dos bloques que protagonizan la lucha por el mantenimiento del sistema establecido o la transformación de la sociedad, dando lugar la lucha de clases.

Las clases sociales, y no son una excepción las clases trabajadoras ni el proletariado, no se determinan socialmente ni se cohesionan políticamente nunca en base a los rasgos diferenciadores que una nacionalidad tiene con respecto a otras, y que el nacionalismo eleva a la categoría de principio, sino en relación al aparato de poder económico político que, en
cualquier formación social actual se vertebra y articula a través del Estado; es en este marco estatal donde obreros banqueros, jornaleros terratenientes, proletarios burgueses, poderosos marginados luchan entre sí para dirimir sus antagónicas contradicciones.

No existen clases sociales abertzales ni españolistas porque no es la ideología, y menos la de carácter nacionalista o patriótica, lo que define a las clases sino su relación con el aparato de riqueza y de poder que el Estado respalda. No existe un paro y una inflación vasca y otra española ni se da una devaluación, un aumento del tipo de interés o una restricción de la circulación monetaria distintas para Euskadi o para España. Es decir, el marco de actuación de las clases no es otro que el del Estado, y en nuestro caso, nos guste o no, el del Estado español, por muy multinacional que sea, como efectivamente lo es, la composición sociológica de su población.

La lucha patriótica, la contradicción entre patriotas y «extranjeros», sólo tiene carácter progresista y revolucionario cuando existe una situación de invasión o de ocupación por parte de una potencia externa, o cuando menos, una situación de dominación de la que se beneficia un país extranjero como es el caso de la relación metrópoli-colonia. A mi entender, ni Euskadi está invadida por los españoles ni depende colonialmente de la metrópoli española, por lo que no existe contradicción alguna de carácter nacional-patriótico entre Euskadi y España, entre los patriotas vascos (abertzales) y los «pro-españoles» (españolistas). 
La contradicción abertzales-españolistas no es más que la expresión de la respuesta que el abertzalismo radical actual da la opresión nacional que el Estado español, vertebrado sobre la base de la nacionalidad mayoritaria, ejerce sobre la nacionalidad vasca. Naturalmente, es una respuesta deformada por la ideología nacionalista
que no puede ser aceptada desde una postura de clase. No obstante, la opresión nacional sobre las nacionalidades minoritarias y periféricas es un hecho real cuya solución no puede ser abandonada a las fuerzas nacionalistas que operan con esquemas como el de abertzales-españolistas, entre otras razones porque, el primer efecto político de esta artificial contradicción es dividir los trabajadores de Euskadi en base criterios totalmente ajenos a su condición de clase e impedir la unidad con los demás trabajadores que tienen el mismo enemigo en el mismo Estado. La cuestión nacional vasca, al menos desde mi punto de vista, que se sitúa en posiciones comunistas, sólo puede ser planteada correctamente desde una perspectiva que la integre en la lucha global que el proletariado lleva contra su enemigo de clase (ya que no tienen ningún enemigo nacional, ni «españolista» ni de cualquier otro carácter similar) y que actúa, mediante su aparato de poder a nivel de todo el Estado español.
Es en este marco estatal, precisamente por ser en él en el que se ejerce la dictadura de la burguesía, donde el proletariado queda homogeneizado como clase, por encima de la composición plurinacional que tenga, en su lucha contra el Estado del que se sirve la clase antagónica para ejercer su dominación, una de cuyas manifestaciones, entre otras, es la opresión nacional de las nacionalidades peninsulares. 

7 comentarios:

josemari l.e. dijo...

Una buena idea sería leer, o releer, algunos "clásicos" del nacionalismo revolucionario vasco. Algunos autores que están en la cabecera de este blog (Txabi, Argala...) Otros que no lo están (Krugwit, Beltza...) Este asunto está resuelto. Desde luego la clase está por encima de la nación, pero el caso es que muchos de quienes afirman esto, no piden en ningún caso la desaparición de España, sino la sumisión de Euskadi a los proyectos españoles. aunque sean proyectos de clase, muy loables en sentido social.

Anónimo dijo...

de que año es esto?

porque si es actual veo que el economicismo imperialista sigue siendo la base de los planteamientos españolistas "obreros"

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo con Jose Mari

Anónimo dijo...

Superado?
yo todavia leo en comentarios de este mismo blog lo de español azos

josemari l.e. dijo...

Anonimo de 3.43
No he puesto superado... que desde luego no lo está...He puesto "resuelto", porque creo que al menos en la llamada teoría revolucionaria si está resuelto...Otra cosa es en extensión, comprensión y aplicación práctica. Probablemente no está "superado", como preguntas. Aunque las dos palabras pueden ser sinónimas y era necesaria la aclaración.

xoxe dijo...

la teoria del nacionalismo revolucionario si resuelve este tipo de contradicciones cosa que el marxismo leninismo no hace, ni tampoco el nacionalismo burgues.
Otra cosa que identificar a los jovenes y no tan jovenes con el nacionalismo revolucionario cosa hoy en dia harto complicada.

Anónimo dijo...

Lenin le dio muchas vueltas a la cuestion nacional, y dejo muchas puertas abiertas, por no hablar de su arbitrariedad a la hora de llevarla a la practica.

asi que aqui que nadie vaya de listo