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14 noviembre 2014

ETA berri (los primeros comunistas de ETA). Gurutz, 5ª parte



d) La burguesía nacionalista y la clase trabajadora
La diferenciación que efectúa ETA Berri de un nacionalismo burgués y un nacionalismo popular, ambos en el marco de las naciones oprimidas o dependientes, así como el descubrimiento de tantas conciencias nacionales como clases sociales existen en un país, aun cuan éste sea un país oprimido, le llevan, a la conclusión de que es necesario establecer una clara distinción entre el proyecto político, perseguido por la burguesía nacionalista , y el que debe llevar a cabo la clase trabajadora.
Y esta distinción se hace tanto más necesaria en el caso de: naciones oprimidas, como es la de Euskadi, por cuanto que en el el nacionalismo burgués aparece pomo claramente opuesto al nacionalismo ofensivo de carácter opresor o imperialista, y adopta, en consecuencia, un carácter progresista. Sin embargo, y aun cuando tacticamente parezca que el nacionalismo burgués defensivo se encuentra unido con el nacionalismo popular contra el nacionalismo opresor y expansionista, en su opinión, esto constituye una especie de espejismo.
Si se analiza en profundidad el contenido y los presupuestos basicos de los que parte cada uno de estos tipos de nacionalismo resulta que los dos tipos de nacionalismo burgués, el ofensivo y él defensivo, parten del mismo supuesto ideológico, si bien aplicados a una situación dispar, mientras que el nacionalismo popular parte de la comprensión de la problemática nacional desde otra perspectiva de clase. En una palabra, la concepción del hecho nacional es opuesta de un nacionalismo —el burgués, imperialista o defensivo-- a otro —nacionalismo popular- ya que uno y otro constituyen la expresión consciente de dos clases antagónicas: .
El nacionalismo burgués plantea problemas de superestructuras y el nacionalismo popular investiga las causas de la opresión nacional en las estructuras socio-económicas, luchando, consecuentemente, por la transformación de las estructuras que han generado la dependencia de una nación (Examen crítico...)

Aplicando a Euskadi la distinción efectuada entre los tres tipos de nacionalismo en las naciones dependientes, ETA Berri situa al nacionalismo del PNV en el marco del nacionalismo verbal, al considerar a este partido
como el instrumento de la derecha vasca, el partido de la gran burguesía nacional (Irun 1966 Hendaia, Zutik 40.

   Como consecuencia de ello, ETA Berri,va a mostrarse enormemente critica con el PNV, quien se va a constituir en el blanco preferido de sus ataques. Asimismo, ETA Berri va a rechazar a priori toda posibilidad de colaboracion con el PNV salvo si se trata de una alianza global con el conjunto de todas las fuerzas vascas antifascistas, alianza que, en todo caso, estaría basada en la acción y sobre un programa con un contenido muy concreto y específico. En una palabra, sé trataría de una alianza puramente táctica y coyuntural.
Ahora bien, ETA Berri considera que a pesar de que el PNV constituye el genuino representante de la gran burguesía nacional, hay
un sector de la media y pequeña burguesía que todavía se considera respetado por estas organizaciones y responden a sus llamadas(“Unidad sí, pero..., ¿Que unidad?”, Zutik 41)

Resulta evidente que la burguesía nacional, entendida como clase, no colaborará con el pueblo trabajador, pero sí es posible que ciertos sectores de la pequeña burguesía vasca se adhieran al proyecto de liberación nacional propuesto por la clase trabajadora vasca. No obstante, aún con esta pequeña y media burguesía vasca habrá que llegar a alianzas de tipo coyuntural, ya que 1a lucha de liberación nacional es una lucha entre burguesía y proletariado, en la cual no caben repartos de poderes.
Por ello, cabe la posibilidad de establecer, en determinadas circunstancias, alianzas tácticas concretas con grupos políticos democrata-burgueses, siempre que tales alianzas permitan acelerar la lucha hacia el socialismo, siendo condición previa indispensable para ello la creación, de una corriente obrera nacional, en la que se sitúe al proletariado en el centro de la lucha revolucionaria de liberación nacional,
necesidad urgente ésta, máxime cuando la clase obrera como en Euzkadi, constituye una muy estimable realidad revolucionaria y tiene frente a si un relativamente bien estructurado capitalismo (Examen critico...)
En la exposición de ETA Berri se ofrecen, en nuestra opinión, aspectos enormemente positivos, entre los que quizás cabe destacar el descubrimiento de la interrelación estrecha entre el nacionalismo y la lucha de clases; el interés por parte de la burguesía de establecer una separación entre ambos aspectos, o cuando menos, una integración de la lucha de clases en el marco superior y prioritario de la lucha nacional, la necesidad de que sea el proletariado vasco quien se convierta en el motor de la revolución vasca, y el carácter de indisolubilidad que para este proletariado debe adquirir la unión entre la revolución nacional y la revolución socialista.
Estas aportaciones resultan ciertamente valiosas y suponen un avance ideológico evidente con respecto a las posiciones mantenidas hasta el presente por ETA.

II LA CLASE TRABAJADORA COMO MOTOR DE LA REVOLUCIÓN VASCA
a) Una nueva estrategia revolucionaria
ETA Berri establece una neta distinción entre lucha anticapitalista y lucha antifranquista. La primera tiene un carácter estructural, esencial y permanente, mientras que la lucha antifranquista constituye una forma especifica y accidental de producirse el enfrentamiento contra el capitalismo, aplicada al caso concreto de la dictadura franquista.
El franquismo, o, mejor dicho, el antifranquismo, constituye un enorme obstáculo para una correcta comprensión de los objetivos perseguidos en definitiva por la clase trabajadora. En efecto, la prioridad y la urgencia de esta lucha contra el régimen, y la necesidad de conjuntar los esfuerzos en pro de la consecución de las libertades democráticas, hace olvidar, en opinión de ETA Berri, que la clase trabajadora no puede limitarse a esta mera consecución de objetivos democráticos y antifascistas, sino que es necesario que dirija todos sus esfuerzos hacia la consecución de su objetivo final: la revolución socialista.
ETA Berri insiste especialmente en la idea de que la lucha que debe plantearse la clase trabajadora no puede ser una lucha meramente antifránquista Si bien es necesaria la destrucción del franquismo para cualquier desarrollo democrático posterior,
no es suficiente la consigna de hoy hemos de unirnos para echar al Franco, mañana ya veremos (Zutik 42).

La lucha democrática y la lucha por la revolución socialista deben ir estrechamente unidas, ya que la consecución de las libertades políticas, individuales y nacionales, se ha de fundar sobre una transformación de las estructuras:
Este cambio estructural ha de ser, a la vez de condición imprescindible, garantía definitiva de la irreversibilidad del futuro orden democrático, ante los embates de la derecha (Unidad si, pero, ¿qué uniadad?, Zutik 41).

Ya se ha indicado anteriormente que ETA Berri, al igual que una gran parte de la oposición antifranquista, considera que los signos de liberalización detectados en el seno del régimen franquista a lo largo del año 1966 constituyen un indicio inequívoco de que el regimen va a evolucionar, abandonando paulatinamente sus estructuras fascistas para ir acomodándose al marco jurídico-político exigido por el neocapitalismo.
Partiendo de esta premisa, ETA Berri va a incidir de forma fundamental en la necesidad de establecer una estrategia revolucionaria adecuada, no para oponerla al franquismo, sino para luchar contra la nueva estrategia neocapitalista, una vez acabado el franquismo.
En tal sentido, ETA Berri propone unas normas de actuación y una estrategia que resultan no solo diferentes, sino radicalmente antagónicas con las previstas por ETA a lo largo de su historia
Partiendo de la base de la indisolubilidad de la lucha por la revolución socialista y la lucha por la consecución de las libertades democráticas, ETA Berri niega la existencia de dos fases diferenciadas en el proceso revolucionario vasco la fase democrático burguesa y la fase socialista, y, asimismo, no admite que esta fase socialista quede desplazada al futuro, en beneficio de la prioridad por los objetivos democrático-burgueses:
Un movimiento socialista deberá en todo momento, aunque las condiciones objetivas y subjetivas no parezcan idóneas, empujar hacia el socialismo, presionar en dirección a la toma del poder por la clase obrera. Aplazar las «realizaciones socialistas» apoyándonos en consideraciones teóricas sin gran conexión con la realidad vasca, es un apriorismo imperdonable en un movimiento revolucionario. La toma del poder no parece «posible» hoy. Eso no quiere decir que debamos renunciar a ella; eso no significa que hayamos de dejar de aprovechar toda oportunidad para hacer nuestra revolución ( «Examen crítico de las posiciones...», pp. 8-9.).

En su opinión, y dadas las circunstancias que se están produciendo en el, régimen franquista, no resulta posible la realización de una revolución socialista a corto plazo en el Estado español. Tal revolución sería viable si el franquismo se mantuviese inalterable, ajeno a cualquier tipo de evolución marcada por las leyes del capitalismo. La evolución del franquismo hacia un régimen de carácter democrático, evolución obligada por los sectores más dinámicos del capitalismo español y, en definitiva, por la propia evolución neocapitalista, obliga a situar el futuro de la revolución socialista en la perspectiva en la que se sitúa en los demás países desarrollados de Europa.
En consecuencia, la estrategia correcta debe tener presente no tanto el actual régimen franquista cuanto el régimen político democrático-burgués que del mismo se derive en un futuro que, a los ojos de ETA Berri, aparece como próximo.
La estrategia a poner en práctica no es otra que la fijada por la clase trabajadora en otros países desarrollados de Europa.
En la Europa occidental, y dadas las características de la evolución del capitalismo, no resulta posible la realización de una revolución socialista de carácter frontal y violento, similar a la llevada a cabo por Lenin en 1917.
En los paises desarrollados, en los cuales la miseria ha desaparecido o, en todo caso, ha quedado reducida a zonas muy limitadas, el socialismo no aparece cómo una necesidad urgénte y perentoria a los ojos de las masas trabajadoras. La mejora del nivel de vida, el establecimiento de la sociedad de consumo, han suavizado enormemente el antagonismo entre las clases y han adormecido, en gran medida, la conciencia de la clase de los trabajadores.
De otra parte, y en contra de las tesis mantenidas por Marx y Lenin, va a resultar sorprendente la resistencia del aparato del Estado propia de las sociedades occidentales en los países capitalistas avanzados, aspecto que obligará a un replanteamiento de las tesis revolucionarias. Precisamente esta enorme resistencia de los aparatos del Estado capitalista va a constituir el punto cardinal del análisis de teóricos marxistas que, como Gramsci, se ven obligados a reflexionar sobre una nueva vía al socialismo de este tipo de sociedad, donde las «reservas orgánizativas» de las clases dominantes son, en períodos de crisis, mucho más fuertes de lo que se podría suponer ( Gramsci y el Estado. Hacia una teoría materialista de la filosofía de Christine Buci-Glucksmann)

De ahí que el paso al socialismo no puede hacerse, en, Europa occidental, ni de inmediato ni mediante la insurrección armada únicamente mediante transiciones, señaladas inevitablemente por luchas muy duras, escalonadas en una etapa bastante larga (André Gorz)
ETA Berri va a aplicar estas teorías a la situación del Estado español, e incluso a la situación de Euskadi, de forma mecanica. En tal sentido, va a considerar que el socialismo no puede ser impuesto como consecuencia de una acción revolucionaria sobre el fascismo, por lo que
estimamos que no tiene objeto sacrificar una acción a largo y a corto plazo por una lucha del «todo o nada» (Zutik 42)
Se plantea, en consecuencia, una profunda revisión de la estrategia llevada a cabo hasta el presente por ETA, una estrategia que como cabe recordar, ha venido fundamentada en dos premisas basicas: antagonismo radical y absoluto con el aparato del Estado bien por motivos diferentes a los de los partidos revolucionarios y urgencia en la inmediata destrucción de ese aparato.
ETA Berri propugna, al contrario, la idea de que la revolución socialista debe ser una revolución prolongada, y asimismo estima que no debe sobrevenir como consecuencia de una acción directa y radical, sino como resultado de una serie de reformas revolucionarias progresivas. Utilizando la terminología gramciana, se trata de pasar de una guerra de movimientos a una «guerra de posiciones»:
La imposibilidad de hacer una inmediata revolución armada que pusiera todos los poderes sociales en manos de los trabajadores nos obliga a pensar en una nueva estrategia revolucionaria que tenga por objeto la realización desde ahora, de reformas parciales revolucionarias, que, en definitiva, definirán mejor que cualquier teoría abstracta los plazos del proceso revolucionario y su mísmo contenido (Zutik 43).
En justa aplicación de esta nueva estrategia revolucionaria, ETA Berri rechaza la posibilidad de realizar actividad armada alguna, puesto que el objetivo perseguido ahora no radica tanto en un enfrentamiento violento con el aparato del Estado cuanto en un proceso lento de consolidación y reforzamiento de la hegemonía de la clase trabajadora. Sólo cabe la posibilidad de la utilización de la lucha armada
para dar el último paso de la revolución socialista, ya que muy dificílmente será realizable, si no es de un modo violento (Zutik 42).


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