Buscar este blog

07 diciembre 2014

ESCOCIA: Hugh MacDiarmid el nacional-comunista (1892-1978)



En las elecciones generales británicas de octubre de 1964, en el distrito de Kinross (Escocia), Hugh MacDiarmid, que se presentó como candidato comunista, obtuvo 127 votos. Su rival, Sir Alec DouglasHome, 16.659. La elección fue altamente significativa. MacDiarmid (1892-1978), poeta y nacionalista (además de comunista), era el más importante poeta escocés del siglo xx y el principal inspirador del «Renacimiento Cultural Escocés», el mayor intento hasta entonces por crear una verdadera cultura nacional escocesa; y era igualmente uno de los creadores del nacionalismo político escocés moderno.
  Douglas-Home (1903-1995), primer ministro de Gran Bretaña en el momento de la elección —lo era desde octubre de 1963—, representaba todo lo contrario. Conservador y aristócrata era, en palabras del propio MacDiarmid, un «escocés desescotizado», un «zombie», según el poeta, que encarnaba la anacrónica tradición del antiguo orden terrateniente, y un hombre de filiación y educación —siempre en palabras de MacDiarmid— «antiescocesas».
El resultado fue por ello extraordinariamente revelador: derrota devastadora, ciertamente, para MacDiarmid y por extensión, para el renacimiento escocés que él encarnaba; triunfo abrumador para el candidato antiescocés y su tradición política, esto es, para el unionismo conservador angloescocés, denominación bajo la cual Douglas-Home había representado al distrito escocés de Lanark del Sur entre 1931 y 1945 y bajo la que había ocupado la Secretaría de Estado para Escocia entre 1951 y 1955, en el último gobierno presidido por Churchill. Triunfo también para la aristocracia terrateniente: como decimocuarto conde de Home, Sir Alec había heredado unas 54.200 hectáreas (134.000 acres) de tierras y minas en el condado de Lanark, siempre en Escocia. La conclusión parecía inevitable. Dada la significación nacionalista de MacDiarmid —por más que se hubiera presentado en aquella elección como comunista—, significación evidenciada en los mismos términos que usó para referirse a su contrincante, el resultado ponía de manifiesto las evidentes dificultades del nacionalismo escocés para afirmarse como fuerza política diferenciada en la política escocesa.
La misma biografía de MacDiarmid era buena prueba de ello. Nacido en una pequeña localidad del sur de Escocia, de origen modesto —su padre era cartero rural; él mismo vivió siempre con muchas dificultades económicas y lo hizo por ello, a menudo, en lugares pequeños y remotos (como Whalsay, en las islas Shetland, o Candymii, en el sur de Escocia)—, escritor torrencial y desigual, crítico y polemista temible, de trato difícil e imprevisible, MacDiarmid, seudónimo de Christopher Murray Grieve, escribió mucho, especialmente poesía y ensayo. Poesía, como A Drank Man Looks at the Thistle, 1926, su obra maestra; Primer himno a Lenin, 1931; Stony Limits, 1933, Las islas de Escocia, 1939, In Memoriam James Joyce, 1955; y ensayo, como Estudios escoceses contemporáneos, 1926; Bajo el signo del cardo, 1934; Poeta afortunado. Auto-examen sobre literatura e ideas políticas, 1943, una especie de autobiografía.2 Experimentó con estilos poéticos y literarios novedosos y arriesgados, y abordó muchos y muy diversos —y a veces desconcertantes— temas. En su poesía convivirían lirismo intenso y paisajismo, especulación filosófica y coloquialismos satíricos, visiones de Escocia, poemas políticos y pretenciosidad científica; en sus ensayos, la crítica literaria, la política (la revolución soviética, Irlanda, la guerra civil española...), el marxismo, la ciencia, la reflexión sobre Escocia y el periodismo de actualidad.

Todo ello respondió a un proyecto explícito que MacDiarmid asumió como una misión personal: el despertar cultural de Escocia. Con un propósito doble e inequívoco: por un lado, liberar a la literatura escocesa de su dependencia de la lengua y la literatura inglesas, y del artificioso y estereotipado sentimentalismo idealizante de su misma tradición literaria (el romanticismo de Burns, la novela ruralizante de la llamada «escuela del kailyardx, la escuela del «huertecito»: J. M. Barrie,J. J. Beli, S. R. Crockett ... ); crear frente a ello, en segundo lugar, una nueva lengua literaria escocesa —para lo que MacDiarmid adoptó como lengua poética el «lallans» sobre la base del «escocés» del sur— y fundamentar así una nueva literatura escocesa que integrara preocupación y realidad social escocesas con modernismo internacional.
MacDiarmid se propuso, en suma, crear una conciencia nacional escocesa. Anglófobo, antiimperialista, nacionalista y socialista, la militancia política era, en su visión, inseparable de su actividad literaria: MacDiarmid creyó siempre en la idea de una república escocesa independiente, vinculada en todo caso a una futura Europa unida.
Pero como su vida personal y su trayectoria literaria, su actividad política estuvo llena de contradicciones, dificultades y arbitrariedades inesperadas. Concejal socialista independiente, por breve tiempo, en el ayuntamiento de Montrose, donde hacia 1920 empezó su carrera literaria, MacDiarmid concurrió ya como nacionalista en las elecciones de 1927, en el distrito de Dundee, y fue por esos años, junto con el también escritor Compton Mackenzie (1883-1972), uno de los impulsores del Partido Nacional de Escocia, partido del que en 1934 nacería el Partido Nacional Escocés (SNP), el principal partido nacionalista escocés del siglo xx, formado tras la fusión del PNE con otro pequeño partido nacionalista; el Partido Escocés. MacDiarmid fue, sin embargo, expulsado de su partido en 1933 por comunismo. En efecto: en 1933 se afilió al Partido Comunista de Gran Bretaña (en 1931 había publicado ya un poema significativamente titulado «Primer himno a Lenin»).
No duró, sin embargo, mucho. Del PCGB fue expulsado, en 1938, precisamente por el error contrario: «por desviación nacionalista». MacDiarmid se incorporó, como hasta cierto punto parecía
natural, al Partido Nacional Escocés (SNP) en 1942, bajo cuyas siglas (pero siempre sin éxito) se presentó a las elecciones de 1945, esta vez por el distrito de Kelvingrove. No supo, o no pudo, integrarse en el SNP. Lo abandonó en 1948; en 1950 volvía a participar, también sin fortuna, en las elecciones por el mismo distrito pero como «nacionalista escocés independiente». En 1957 retornaba al Partido Comunista (con tal significación se presentó, como se dijo al principio, a las elecciones de 1964), un hecho desconcertante por producirse inmediatamente después del aplastamiento por la Unión Soviética del levantamiento  húngaro de 1956, en protesta de lo cual habían dejado el partido
comunista británico muchos y conocidos intelectuales, como por citar algún ejemplo, los historiadores marxistas E. P. Thompson, Christopher Hill y John Saville.
El fracaso político de MacDiarmid se debió en parte a su arbitraria e inestable personalidad, a su peculiar idiosincrasia que le hizo oscilar pendularmente, como acabamos de ver, del nacionalismo al comunismo, y viceversa. Pero había más. Su fracaso evidenciaba, como decía antes, el fracaso electoral de todo el nacionalismo escocés, y del partido que lo encarnaba, el Partido Nacional Escocés: éste; el SNP, no tuvo, en efecto, su primer diputado hasta abril de 1945, cuando su entonces líder, Robert Mc Intyre, resultó elegido por la localidad de Motherwell en una elección parcial, escaño, además, que perdería tres meses después en el curso de las elecciones generales de julio de aquel año.
El caso fue, además, que tampoco el «renacimiento cultural escocés» que inspiró MacDiarmid —y al que cabría asociar los nombres de los escritores Lewis Grassic Gibbon, Edwin Muir, Neil Gunn,
Fionn Mac Colla, Sidney Goodsir Smith, William Sontar y Norman MacCaig— tuvo el éxito que él hubiera deseado. Ni el lallans, en realidad un idioma sintético que combinaba palabras dialectales con arcaísmos que MacDiarmid recuperó de diccionarios y textos eruditos, reemplazó en Escocia al inglés ni como lengua hablada ni como lengua escrita, ni MacDiarmid logró crear una verdadera cultura nacional escocesa. Cuando terminaba el siglo XX, el pueblo escocés seguía asociando cultura escocesa con los poemas románticos de Burns, el verdadero poeta nacional, con el fútbol, la pasión deportiva del país, y con las canciones populares, las tres manifestaciones de la cultura popular escocesa que MacDiarmid podía detestar más intensamente.

No hay comentarios: