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03 diciembre 2014

ETA berri (los primeros comunistas de ETA). Gurutz, 8ª parte


viene de:


e) El reducciomismo obrerista de ETA Berri

La recesión económica que se inicia a finales de 1966, va a constituir un serio aldabonazo para las clases en el poder lo cual va a originar una marcha atrás en el proceso de «liberalización del régimen».
La propia Ley Orgánica de 10 de enero de 1967, que va a introducir cambios sustanciales en 1as Leyes Fundamentales y en el cuerpo de instituciones del Estado, va a mantener invariables sin embargo, elementos sustanciales del autoritarismo de la estructura del Estado y del Gobierno. En tal sentido, el Movimiento a pesar del carácter «comunitario» que se le da, continúa siendo el único partido autorizado por el que se debe canalizar toda la actividad política. Tampoco se modifican los presupuestos antidemocráticos del sindicalismo y de la política laboral.
Lo que la Ley Orgánica pretendía, en realidad, era dar un nuevo aspecto de legalidad constitucional, de cara especialmente a la entrada en el Mercado Común. Pero el mantenimiento de las estructuras autoritarias básicas va suponer un duro golpe para las aspiraciones de democratización del régimen «desde dentro» de la oposición liberal.
Va a ser precisamente el conflicto de «Laminación de Bandas» el que, con su inevitable resonancia, va a poner en evidencia las lacras del sistema, así como. la verdadera situación de la clase obrera, situación que el régimen trata de ocultar y falsear ante los organismos internacionales.(Nuestra huelga, p 75).
En efecto, el 21 de abril de 1967 es declarado en Bizkaia el estado de excepción. Más de 150 militantes obreros resultan encarcelados después de registros domiciliarios efectuados durante las horas de la noche. En los días inmediatamente anteriores al 1 de mayo, 15 militantes obreros son deportados a diversos puntos de España. Más tarde, el número de deportados se elevará hasta la cifra de cuarenta. (Nuestra huelga, p 118).
   ETA Berri ha cometido, al igual que otros grupos de oposición antifranquista, un error estratégico realmente importante. Este error de apreciación no ocasiona en los demás partidos consecuencias graves, en la medida en que bastará con una readaptación a la nueva situación de represión surgida. Sin embargo, para ETA Berri, su apuesta por la reforma del franquismo le va a suponer la muerte definitiva del grupo como opción válida para aglutinar en torno a síuna opción nacionalista revolucionaria..
   Sus aportaciones ideológicas en torno al caracter de la dependencia del pueblo vasco con respecto al Estado español, la interconexión estrecha entre esta situación de dependencia y la evolución sufrida por las estructuras socioeconomicas, etc... constituyen la base enormemente valiosa para una definitiva clarificación de las causas por las que el País Vasco no se constituyó en su momento como un Estado-nación, así como para determinar una vía, correcta en orden a su estructuración futura como ente nacional.
Sin embargo, el endurecimiento del régimen, y, en consecuencia, el fracaso de su estrategia, van a terminar «dando la razón» a la tendencia tercermundista (acción-reacción-acción) ,y van a permitir la consolidacióh en ETA de la idea de Euskadi como país ocupado.
Se va a dar, además, la circunstancia de que la ofensiva del régimen, tras el amago de apertura, se va a centrar fundamentalmente en la clase obrera, y de modo muy particular en la clase obrera vasca, como consecuencia del conflicto de Bandas. ETA Berri advierte el error en que ha incurrido:
En nuestras últimas publicaciones han visto algunos un excesivo optimismo. De revolucionarios es reconocerlo y corregir rápido y bien los errores cometidos.(Zutik 49)
pero ya es demasiado tarde para tratar de colocarse al frente de la lucha obrera en el Pais Vasco.

ETA Berri, en un largo proceso iniciado hace ya bastantes años desde el seno de ETA, va descubriendo paulatinamente que, tras el régimen fascista de Franco, se esconden una serie de intereses y una serié de fuerzas detentadores del poder económico. Descubre, asimismo, que a lo largo de los últimos años se ha producido una profunda transformación de las estructuras socioeconómicas, y que esta transformación va dirigida en el mismo sentido que en los demás países desarrollados. Por ello considera que el régimen franquista debe de adoptar y adecuar las formas jurídico-politicas a la nueva situación económica y social surgida como consecuencia del avance del neo capitalismo, y por ello considera que, inevitablemente, se va a producir en el seno de este régimen una transformación política que lo equipare a las democracias occidentales.
Descubre,asimismo, ETA Berri que en la Europa desarrollada, el movimiento obrero viene efectuando, desde hace ya cierto tiempo, una estrategia revolucionaria acorde con la nueva situación y en con secuencia, trata de aplicar esta estrategia a la situación concreta de Euskadi.

Sin embargó y como ocurre casi siempre que se intenta trasplantar un modelo revolucionario, ETA Berri pretende aplicar de forma mecánica esta nueva estrategia, sin tener, en cuenta las condiciones en que se desarrolla la lucha nacional y obrera en Euskadi.
De este modo comete un primer error, que ha quedado ya reseñado, consistente en considerar que la evolución del franquismo hacia una democracia neocapitalista es ya un hecho y que, en consecuencia, resulta aplicable «de facto» la estrategia revolucionaria de los movimientos obreros de la Europa desarrollada.
El segundó error, derivado de la aplicación mecánica del modelo revolucionario de los países desarrollados de Europa, radica en que ETA Berri olvida que la lucha obrera en Euskadi mantiene unas características específicas que la diferencia de modo notorio de la mantenida por esos otros países.
En tal sentido, ETA Berri olvida, cuando menos, tres aspectos; a saber: a) que Euskadi constituye una nacionalidad dependiente del Estado español —en lo que a Euskadi Sur hace referencia— y,además, oprimida por un régimen dictatorial impuesto por una guerra civil; b) que en Euskadi existe una profunda conciencia nacional y un poderoso movimiento nacionalista que cuenta con una gran experiencia histórica, y c) que la reivindicación nacional de Euskadi no es única, sino que va acompañada, cuando, menos, de la de Cataluña y Galicia, lo cual pone en duda la consolidación auténtica del Estado español como tal.
El descubrimiento de la estrecha relación existente entre la situación de dependencia del pueblo vasco y las transformaciones socio económicas del Estado español lleva a ETA Berri a un proceso, de acercamiento a las realidades socio económicas y políticas del Estado. Sin embargo, este interés por conocer la situación del, Estado, y su intento de equiparar la misma con la existente en los demás países europeos desarrollados, va a terminar por convertir la problemática de Euskadi en cuestión accidental secundaria, en relación a la problemática del Estado.
En tal sentido, es realmente significativo que, por ejemplo, en el Zutik numero 42, dedicado al análisis socioeconómico y político del Estado, no se efectué ninguna aplicación de los resultados del análisis efectuado a la concreta problemática revolucionaria vasca. Resulta lógico que la mayor parte de la publicación se dedique al estudio de la situación del Estado, y en tal sentido se produce un avancé importante con respecto a las posiciones anteriores de ETA, que consideraba los problemas del Estado como algo, que afectara a otra galaxia del universo; pero lo que ya no resulta tan lógico es que no se elaboren las oportunas consecuencias que de tal análisis se derivan para Euskadi, si tenemos en cuenta que ETA Berri se definé como grupo o movimiento nacionalista vasco.
Se produce, pues, un paulatino desplazamiento del objeto revolucionario, del que constituye otra muestra evidente el hecho de que la agudización del problema nacional vasco se considere como un factor secundario en el proceso de evolución del régimen franquista (Véase Zutik 43). De hecho —y objetivamente.—, puede considerarse que el problema vasco no constituye, en 1966, el problema básico del régimen franquista, pero no cabe la menor duda de que, para un grupo que se considera, nacionalista, tal factor debe estar presente, con un carácter prioritario y básico, en el conjunto de su estrategia.

   Los teóricos revolucionarios de la Europa desarrollada parten de la base de que los Estados nacionales europeos se hallan totalmente consolidados y de que en su seno no existen reivindicaciones nacionalistas pendientes. En su consecuencia, establecen, en justa aplicación de los principios marxistas, que la contradicción principal en esas sociedades desarrolladas viene fundada en el antagonismo entre la clase trabajadora y la burguesía.

Sin embargo, en Euskadi, y sin perjuicio de que existe un evidente contradicción entre las dos clases sociales antagónicas, no es menos cierto que se da al mismo tiempo un antagonismo entre una parte del pueblo vasco y el Estado español, que viene, cuando menos, desde mediados del siglo XIX. El régimen franquista, con su política de represión y dureza, no ha hecho otra cosa que agudizar enormemente tal antagonismo. Como ya es conocido, en ciertos casos excepcionales, los elementos nacionales desempeñan un papel primordial, fundamental, en las luchas políticas, hasta el punto de convertirse en motor de la evolución, de manera más clara que las estructuras socioeconómicas, llegando incluso a eclipsar provisionalmente los conflictos de clases y los antagonismos socioeconómicos.

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