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01 diciembre 2014

M.P.M. (Arenas): a favor de la autodeterminación y en contra de la Independencia

Los comunistas sostenemos que el reconocimiento de la existencia de tres nacionalidades oprimidas en España supone también el reconocimiento de su legitimo derecho a elegir su propio destino, el reconocimiento del derecho a su autodeterminación. Esta es la única base sobre la que se podrá resolver el problema nacional en nuestro país.

Ahora bien, ¿qué entendemos nosotros por derecho a la autodeterminación? Detengámonos en este punto, pues no faltan interpretaciones de este principio revolucionario adobadas para todos los gustos. La más extendida de todas -y también la más torcida- es la que lo entiende, sin más, como la separación, la independencia; ni que decir tiene que ésta es una interpretación unilateral de dicho principio que no podemos compartir.
Dejemos que sea Lenin -que como se sabe es quien más se ha ocupado de este problema- el que nos ayude a aclarar un poco las ideas a este respecto: El derecho de autodeterminación de las naciones significa exclusivamente el derecho a la independencia en el sentido político y a la libre separación política de la nación opresora. Concretamente, esta reivindicación de la democracia política significa la plena libertad de agitación en pro de la separación y de que ésta sea decidida por medio de un referéndum de la nación que desea separarse. Por tanto, esta reivindicación no equivale en absoluto a la separación, fraccionamiento y formación de Estados pequeños. No es más que una expresión consecuente de la lucha contra toda opresión nacional .

El derecho a la autodeterminación significa, pues, el derecho de los pueblos de Catalunya, Euskal Herria y Galicia a expresar libremente su voluntad como nación para elegir sus destinos, hasta llegar a la separación, si así lo deciden, para formar un Estado aparte; significa también plena libertad de agitación a favor de esa separación. Sin estas dos condiciones no puede hablarse seriamente de libertad de elección ni de democracia política. Pero reparemos en un pequeño detalle que suele pasar inadvertido con harta sospechosa frecuencia: es el que se refiere al referéndum mediante el cual los pueblos de las nacionalidades han de expresar su voluntad. Digamos de paso que un referéndum para decidir una cuestión de esta naturaleza es impensable que se pueda realizar en España mientras exista el actual sistema capitalista. Ahora bien, una vez garantizados los derechos políticos y la libertad plena de elección (únicamente el régimen socialista puede garantizarlo), la cuestión que se plantea es la siguiente:
¿En nombre de qué principio se puede impedir, aunque sólo sea a un sector minoritario de la población, manifestarse a favor de la unión? Por eso afirma Lenin que la reivindicación de la democracia política -que es al fin y al cabo de la que se trata- no equivale en absoluto a la separación..., no es más que una expresión consecuente de la lucha contra toda opresión. Por consiguiente, el derecho a la autodeterminación no es sólo y exclusivamente -como lo interpretan los nacionalistas pequeñoburgueses- la separación, sino que implica también la unión y la libertad de agitación en pro de esa unión.
Tal es nuestro concepto del derecho de los pueblos a la autodeterminación que, como se ha podido comprobar, no tiene nada que ver con la autonomía, la federación o alguna otra fórmula, como la misma independencia, que suponga una imposición. El derecho a la autodeterminación -dice Lenin- significa la existencia de tal régimen democrático en el que no sólo haya democracia en general, sino también en el que no pueda darse solución no democrática al problema de la separación (5). Y este régimen, apenas hace falta decirlo, no puede ser otro que el régimen socialista.

De ahí que el PCE(r), al mismo tiempo que apoya la lucha por el derecho a la autodeterminación de los pueblos oprimidos por el Estado imperialista español, muestra su desacuerdo con los que propugnan la separación, y llama a los obreros de todas las nacionalidades a unirse a fin de derribar el Estado monopolista e implantar el socialismo en España como única solución al problema nacional.
Llegado ese momento, serán los pueblos los que decidan libre y democráticamente su destino como nación: la separación o la unión. Ni que decir tiene que ésta última habría de realizarse en pie de absoluta igualdad económica, política y cultural, sin que ninguna nación sobresalga o trate de imponerse a las otras.
No es misión del Partido de la clase obrera decidir ahora, y por sí mismo, cuál de estas dos posibles soluciones es la mejor. Eso dependerá de muchos factores y, en todo caso, serán los pueblos -y sólo ellos- quienes lo decidan. Nuestro deber en estos momentos consiste en defender consecuentemente este principio e impedir que la clase obrera -la única clase de nuestra sociedad que puede asegurar el ejercicio de ese derecho, así como la consecución de los demás objetivos de la revolución- sea fraccionada o imposibilitada de actuar unida.

Por todas estas razones nos oponemos resueltamente a la consigna de la independencia, ya que sostenerla supondría en estos momentos hacerle el juego a la burguesía -a la propia y a la de todo el Estado-; nos llevaría a dividir al proletariado según su nacionalidad, a crear varios centros dirigentes, varios partidos comunistas y varios focos de lucha independientes y desvinculados unos de otros. Así facilitaríamos la labor del fascismo, que podría concentrar sus fuerzas donde más le conviniera en cada momento e iría aplastando la resistencia por partes, nación a nación.
Este sería, en suma, el camino más corto para llevar la revolución a la derrota y no conseguir ninguno de los objetivos marcados: no se podría derrocar al Estado, ni conseguir el derecho a la autodeterminación ni, por ende, acceder a la independencia ni a ese socialismo a que hacen mención los nacionalistas para adornar sus proclamas.
Estos nacionalistas subordinan la lucha por el socialismo al logro de la independencia nacional y, consecuentes con este planteamiento, desligan el movimiento nacional del proceso revolucionario que se viene dando en el conjunto de España. Esta política no puede responder más que a los intereses de la pequeña burguesía que trata así de defenderlos ante el riesgo inminente de su desaparición como clase. Esta no puede ser la política del proletariado, ya que sólo puede crear su aislamiento y hacer fracasar su propio movimiento.   en segundo lugar, por la ausencia durante muchos años de un auténtico partido marxista-leninista que lograra encabezar de una manera consecuente la lucha del proletariado y el pueblo vasco contra todo tipo de explotación y opresión, tanto social como nacional.
Ahora bien, la aparición de una nueva vanguardia de la clase obrera, la reconstrucción del Partido Comunista, fiel interprete de los intereses inmediatos y futuros del proletariado y de las más amplias masas del pueblo, y la actividad consecuente que viene realizando, ha contribuido a poner al nacionalismo radical, pequeño-burgués, en la encrucijada: o bien tomar el camino de la lucha por el socialismo, de la revolución proletaria, adquiriendo así un carácter internacionalista; o bien proseguir por el estrecho camino del nacionalismo, lo que no puede conducirle más que a acentuar cada vez más su carácter de clase burgués y llevarle finalmente al fracaso y a la disgregación.
En cuanto a la posibilidad de ganar para la causa socialista a algunos de esos sectores que hoy se movilizan sobre la base de las consignas independentistas, hemos de decir que ésta no depende solamente -ni siquiera principalmente- de la posición que adopte el Partido ante esa consigna. Es más, estamos convencidos de que si existe realmente alguna consigna justa que permita al Partido ganar influencia en las nacionalidades, ésa es la consigna del derecho a la autodeterminación. El proletariado no puede estar interesado en la separación más que en el caso hipotético (inadmisible desde todo punto de vista para nosotros) de que no se le permitiera acceder a todos sus derechos -y no sólo nacionales-. Ahora bien, la pequeña burguesía (como la media y la grande), siempre procurará influir en el proletariado, distraerlo de sus verdaderos objetivos; tratara de impedir que se una a sus hermanos de clase de las otras nacionalidades, y todo eso, como se comprenderá, no se puede evitar haciéndole concesiones en cuestiones de principios.

Por lo demás, tal como hemos demostrado, nosotros no nos oponemos a la separación, a la independencia de las naciones, y, como en el caso de Canarias, estamos decididos a apoyarla sin ningún tipo de reservas desde ahora mismo. No creemos, pues, que ninguna persona seria pueda acusarnos de chovinismo (o lo que es lo mismo, de españolismo, según la expresión acuñada por los nacionalistas burgueses). Nosotros lo que mantenemos es que hoy día la tarea más importante de todo revolucionario, lo que verdaderamente interesa al proletariado es acumular fuerzas suficientes, dotarse de una dirección única y esclarecida y adoptar los justos métodos de lucha que conduzcan al derrocamiento del Estado capitalista. Por eso nos oponemos a la consigna de la independencia, ya que esta consigna confunde y divide al proletariado, impide su actuación conjunta y lo aparta de sus verdaderos objetivos históricos.
Pretender enfrentarse a un Estado como el actual, armado hasta los dientes, fuertemente centralizado y con una larga experiencia en la represión del movimiento revolucionario; pretender derrocar a este Estado y lograr la independencia desde una estrategia localista, de aislamiento nacional, sin contar con la fuerza del proletariado del resto de las naciones -muchos de ellos emigrantes en Euskal Herria o Catalunya-, ése es un objetivo prácticamente imposible de lograr o, por lo menos, muy improbable. A lo máximo que podríamos llegar de seguir esa estrategia, como se está demostrando, es a una situación de ulsterización, a mantener un foco permanente de rebelión que llegado un momento, puede ser aislado fácilmente por la reacción.
Nuestra estrategia se orienta hacia el logro de la revolución socialista, hacia el derrocamiento del Estado, empeñándonos para ello en la tarea de lograr la unidad de todos los revolucionarios en un Partido único que haga posible la organización y la lucha común de todos los obreros y los pueblos de las distintas nacionalidades, sin lo cual no será posible dar solución a ningún problema en España.
Luchar por los derechos nacionales sin más -incluso por la independencia- tenía algún sentido en la época ascensional de la burguesía o en una situación colonial donde exista una burguesía nacional con amplias perspectivas de desarrollo. Hoy día, cuando el capitalismo ha alcanzado en España la última fase de su desarrollo, unificando a las burguesías de las distintas nacionalidades y llevando a la máxima agudización sus contradicciones con el proletariado, sólo éste está en condiciones de encabezar y dirigir la lucha nacional, y lo hará, qué duda cabe, sólo que supeditándola a la revolución social. Por tanto, excepto en la colonia de Canarias, no existe en la actualidad en ninguna nacionalidad de España una burguesía democrática o nacional que esté realmente interesada en un cambio profundo y radical de la sociedad, ya que este cambio únicamente puede venir con su propio derrocamiento [...]

9 comentarios:

Anónimo dijo...

justo lo contrario de lo que dice Enrique Cuadra.
Muy acertado el post, que se lo lea...

Anónimo dijo...

De que época es el escrito de Arenas? Ha cambiado algo la situación del capitalismo internacional desde entonces?análisis de la situación concreta.las situaciones cambian se mueven aunque algunos pretender ver fotografías inamovibles

Anónimo dijo...

es del 99 y en lo que respecta a la cuestión nacional evidentemente no solo ha cambiado sino que los hechos le han dado la razon.

Anónimo dijo...

¿Y quién cojones os creéis los de este blog para titular un texto como os venga en gana? Ni este texto lleva el título que vosotros le habéis endosado ni dicho "título" es un resumen o una síntesis de su contenido. Arenas no dice que esté contra la independencia. Arenas se posiciona contra los que siempre y en cualquier circunstancia se pronuncian única y exclusivamente por la consigna de la independencia. No se puede estar por el derecho de autodeterminación y en contra de la independencia. Es totalmente absurdo. Arenas habla de circunstancias y condiciones, en función de las cuales los comunistas se posicionarán en uno u otro sentido. Por otra parte, resulta muy llamativo que en un blog cuyo título es "euskalherriasozialista" se defiendan posiciones tan furibundamente antinacionalistas. E igualmente llamativo es que tituléis los textos siempre con la intención de suscitar una lectura sesgada o unilateral de los mismos. Y esto ocurre principalmente con los textos del erre. ¿Sabéis a qué parece ir orientada vuestra actividad? A imposibilitar el trabajo comunista en Euskal Herria. Si no queréis que os tachen de provocadores (como se hace desde varios ámbitos), deberíais empezar por respetar los textos que colgáis. Si continuáis con la misma línea de manipulación, habrá que entender que efectivamente sois unos provocadores.

Anónimo dijo...

vaya perorata, te sale el humo por la cabeza.
relajese!!!
¿Que no dice eso Arenas? vuelvete a primaria y aprende a leer, que te lo subrayan en negrita y luego vuelves y das un argumento, no es tan dificil.
no hay más ciego que el que no quiere ver

Anónimo dijo...

el nivel aqui es asi, o estas con la patria o eres un provocador.
Meteis un documento oficial del erre que dice lo mismo que el titular y sale un enajenado mental afirmando que no pero sin embargo lo estoy leyendo ahora y es que no es nada raro, los comunistas estamos a favor de la autodeterminación y en contra del nacionalismo tanto grande como pequeño, y esto es imposibilitar y provocar, tio empieza por leer a Arenas y a Lenin y si no te cuadra, borrate de comuinista. lo tuyo es la patria vasca.

Anónimo dijo...

Esto para los enterados que han leído medio texto de Arenas, y ya se creen en disposición de ir dando lecciones de lo que dice o deja de decir Arenas. Entrevista de Arenas a la revista "Nabarra" en 2007: "Si el pueblo vasco decide en un referéndum, y con todas las garantías democráticas, su independencia, nosotros lo vamos a apoyar con todas las consecuencias. (...) Lo que pasa es que en otras épocas no lo veíamos viable." "Si el pueblo vasco decide lo que para mí sería lo peor, el mantenimiento de la opresión y de los vínculos con el Estado español en esas condiciones, nosotros lo tendríamos que aceptar. No estaríamos de acuerdo, pero tendríamos que respetarlo. Y si decide la independencia total, eso lo íbamos a celebrar tanto como vosotros, aunque sólo fuera por una cuestión fundamental: porque eso debilita a la reacción española, a nuestro mortal enemigo, y todo lo que sea un debilitamiento de nuestro enemigo, nos favorece en todos los sentidos."
Aquí vemos que Arenas defiende algo muy diferente a lo que creen que defiende quienes no conocen sus posiciones ni de lejos: aquí habla de que "lo peor" para el pueblo vasco, en las condiciones actuales, sería optar por mantenerse dentro del Estado español; también habla de que celebraría tanto como cualquier independentista vasco que se optara por la independencia. ¿Es que Arenas se contradice a sí mismo? No. Lo que ocurre es que en el texto publicado en este blog (con ese título tan torticero que le acompaña) habla del derecho de autodeterminación desde una perspectiva en la que no se contempla la posibilidad de que los pueblos del Estado puedan ejercer sus derechos nacionales antes de la revolución socialista. En la entrevista, sí se contempla esa posibilidad (y esta posibilidad existe en estos momentos en relación a Catalunya) y, por lo tanto, el enfoque de la cuestión nacional varía. Al contrario de lo que piensan algunos, el m-l no se pronuncia siempre y en cualquier circunstancia por la unidad. Decía Lenin que los comunistas no responden sí o no a la separación de una nacionalidad de un Estado. Lenin defendía que la cuestión nacional se subordinaba a los intereses de la lucha por el socialismo. Pero que estos intereses podían dictar en un determinado momento pronunciarse tanto por la unidad como por la independencia. La posición a adoptar por los comunistas ante un referéndum de autodeterminación es, por tanto, una cuestión táctica. Lo que, por otra parte, ningún comunista puede discutir es la necesidad de la unidad orgánica de la clase obrera dentro de un Estado, independientemente de su nacionalidad. El problema es que hay gente tan absolutamente obtusa que no sabe distinguir entre esta cuestión de la unidad orgánica de la clase obrera y la posición a adoptar ante la posibilidad de que una nacionalidad esté en condiciones de ejercer su derecho a la separación. Confunden asimismo los objetivos socialistas o de clase con los objetivos democráticos, como lo es el derecho de autodeterminación. Lo mezclan todo. Y así no hay dios que entienda ni a Arenas ni a Lenin ni a Rita la Cantaora. Al que va recomendando lecturas al personal, porque cree que sabe un montón de marxismo, una recomendación: fórmate más allá de los cuatro textos mal leídos publicados en internet que parecen constituir toda tu formación teórica. Por otro lado, un apunte: yo a Lenin y a Arenas ya los conocía cuando era casi un adolescente. Y hace ya un par de décadas de aquello. Tú pareces ser todavía un adolescente o andar muy cerca de este período. Un poquito menos de soberbia. En este mundillo de internet, hay quien lee un solo texto sobre un autor y ya cree tener un doctorado sobre el mismo.

Anónimo dijo...

En serio estas aportando una entrevista en un mass media y comarandola con los textos de un congreso???
En cualquier partido comunista serio, y el PCE r lo es, los textos y el programa aprobado entre congresos son los textos oficiales, las entrevistas en medios no se pueden comparar con la linea oficial del partido que la trazan en el congreso.

Anónimo dijo...

Estais diciendo los dos ultimos lo mismo.
El problema es tactico no estrategico.