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04 enero 2015

El PSUC 36-39 (III)


                                            


Otro factor que explicaba el fuerte incremento del número de militantes del PSUC entre julio 1936 y marzo 1937 se encontraba en las ventajas que suponía para la población civil la posesión del carnet de militante de un partido o sindicato del bando republicano. Ésto beneficiaba por igual al conjunto de organizaciones republicanas, de las que el PSUC no quedaba al margen. La posesión del mencionado carnet era una acreditación y una garantía para su propietario de ser antifascista, y ello se traducía en garantías de seguridad personal (ya que difícilmente se cuestionaría su compromiso con la causa antifascista) y en facilidades para poder acceder a los productos de primera necesidad. Pero en el incremento de la militancia del PSUC también tuvo un papel decisivo la atracción que este partido ejerció sobre un amplísimo sector de lo que podríamos llamar, en términos sociales, como clases medias: la intelectualidad catalana (escritores, dibujantes...). Se trataba de un colectivo que, sin ser propiamente comunista o socialista (excepto algunos casos muy concretos), pasaba a militar, identificarse y/o comprometerse con el PSUC, ya que consideraban que era un partido con una excelente organización, que defendía sus mismas posturas sobre la guerra y la revolución, y que se distanciaba del radicalismo anarco de la CNT-FAI (y del POUM). El hecho de que una buena parte de esta intelectualidad militase en el PSUC era importante numéricamente, pero aún era más significativo el prestigio que proporcionaban al PSUC, gracias a la incidencia y a la influencia que tenían entre la población catalana. Desde el prisma del PSUC los intelectuales jugaban un papel vital en la vida de la retaguardia republicana y del frente, porque además de ser un ejemplo a seguir por parte de los ciudadanos, les atribuían un papel de primer orden en la educación y la formación cultural/intelectual de la población. Para conseguir la atracción de los intelectuales el PSUC utilizó, especialmente, un conjunto de publicaciones que gozaban de notable difusión dentro de la sociedad catalana, como L'Esquella de la Torratxa, Papitu y Mirador. A todo ello, también hay que añadir entre los factores que estaban detrás del incremento numérico de la militancia del PSUC el limitado nivel de concienciación política y de formación ideológica de un amplio sector de la población catalana, tal y como lo han demostrado los estudios de historia oral y las memorias de antiguos militantes del partido. Estas últimas permiten apreciar cómo muchos miembros del PSUC entraban a militar sin saber prácticamente cuál era la esencia de esta organización, sus características más relevantes y su espectro ideológico, aunque ésta no era una dinámica exclusiva del PSUC, sino del conjunto de las organizaciones políticas y/o sindicales catalanas durante los años de la guerra.

Finalmente, el último elemento que estaba detrás del aumento de la militancia del PSUC residía en la capacidad de este partido para presentarse a la sociedad catalana como el único y legítimo representante de la URSS en Cataluña. El país de los soviets era un mito en la Europa del momento, de la cual España, y en particular Cataluña, no quedaban al margen. Por ello, que el PSUC se presentase a la población catalana como el representante de la URSS en Cataluña le confería el honor y el prestigio de ser el representante del país dónde se había llevado a cabo la primera revolución comunista de la historia de la humanidad, del país que estaba implicado profundamente en la lucha contra el fascismo, y que ayudaba militar y alimentariamente a la Cataluña republicana. Estos argumentos, especialmente el último, tuvieron un papel decisivo para generar la atracción del PSUC entre un buen número de catalanes.


En definitiva, el crecimiento del PSUC entre julio 1936 y marzo 1937 fue el resultado de un conjunto de factores internos al propio partido (su concepción sobre la guerra y la revolución, la vinculación con la UGT catalana, la política de atracción de la intelectualidad catalana republicana, y la capacidad del PSUC para aparecer a la opinión pública como el representante de la URSS en Cataluña); y de factores externos, derivados de la propia dinámica que vivía la Cataluña del momento (la importancia de tener el carnet de alguna organización antifascista y el bajo nivel de formación ideológica y política de la gran mayoría de la población). Esta diversidad de elementos se traduciría en una amplia variedad de procedencias ideológicas y sociales entre los nuevos militantes. El resultado final sería el incremento de la heterogeneidad de la militancia del PSUC, tanto a nivel ideológico como social. En el aspecto ideológico, en el PSUC habían confluido desde comunistas  (procedentes del POUM) y anarquistas (procedentes de la CNT-FAI) hasta liberales progresistas (procedentes de la ERC y las organizaciones bajo la esfera de ésta), pasando por socialistas (procedentes de la UGT catalana) e incluso nacionalistas de corte independentista (procedentes de Estât Cátala). Y, a nivel sociológico, además de las incorporaciones de obreros, en el PSUC habían ingresado pequeños propietarios urbanos y agrícolas, así como sectores de profesiones liberales y asalariados agrícolas. Sin ningún tipo de dudas, la composición sociológica y, muy especialmente la composición ideológica de los militantes del PSUC, no seguía los parámetros de los partidos comunistas europeos occidentales.
¿Cuál sería la reacción de la IC ante esta heterogeneidad ideológica y social de la militancia del PSUC? Desde esta organización internacional se dejarían oír fuertes críticas a la composición del PSUC, especialmente en su vertiente ideológica, ya que ésta era la que generaba un mayor contraste en relación con la composición de los partidos comunistas de Europa occidental. Y es que el PSUC no tenía una base militante como la de los partidos comunistas de Europa occidental ligados a Moscú, especialmente en su vertiente ideológica, y, lo que era aún peor, esta tendencia se había incrementado durante los primeros meses de la Guerra Civil. Así lo reconocería el delegado francés de la IC, André Marty, en un informe elaborado el 7 de marzo de 1937, dónde lacónicamente aseguraba que «dentro del partido hay elementos honrados, pero también muchos otros están lejos de nosotros».

 Marzo 1937-julio 1937
Con este estado de la cuestión se llegaba a julio 1937, fecha de celebración de la la Conferencia Nacional del PSUC. Si en marzo 1937 las fuentes oficiales  del partido hablaban de unos 50.000 militantes, estas mismas ahora los cifraban en 60.000. Aunque esta última cifra estaba sobredimesionada, y muy probablemente se debería ubicar en unos cinco mil militantes menos, no encubría que entre marzo y julio de 1937 había continuado la dinámica de crecimiento exponencial del partido. Los factores que estaban detrás del crecimiento respondían a los mismos parámetros que habíamos visto para el período julio 1936-marzo 1937, aunque a ellos ahora se añadían un par de elementos nuevos, fruto de las consecuencias de los Sucesos de mayo de 1937 en Cataluña. En primer lugar, a raíz de aquellas jornadas el PSUC se convirtió en la principal fuerza política de Cataluña, lo que le sirvió para facilitarle la atracción de militantes en tanto que organización hegemónica en Cataluña; y, en segundo lugar, la incidencia y la injerencia de la URSS en la vida catalana (al igual que en el resto del territorio republicano) había crecido exponencialmente después de mayo 1937, y el PSUC lo aprovechó para rentabilizar aún más su identificación con la URSS. Sin embargo, en la continuidad del crecimiento del número de militantes del PSUC entre marzo-julio 1937 se apreciaba una variación respecto al perfil ideológico y social expuesto entre julio 1936-marzo 1937: en el perfil social ya no se conseguía el incremento a través de los pequeños propietarios urbanos y agrícolas, sino a través de los obreros industriales y campesinos asalariados; y, respecto al perfil ideológico, los nuevos militantes ya no procedían, mayoritariamente, de los partidos liberales progresistas, es decir, de la ERC y de las organizaciones que estaban bajo la esfera de esta última. La atracción procedente de este colectivo había tenido su apogeo durante la segunda mitad de 1936, aprovechando las urgencias de numerosos militantes de la ERC (y de las organizaciones bajo la esfera de ésta) para encontrar una alternativa a la desvertebración de su partido. Pero a partir del primer tercio de 1937 esta fuente se secó rápidamente. Precisamente es a partir de julio 1937 cuando podemos aproximarnos con mayor precisión a la composición sociológica de los militantes del PSUC, a partir de los datos presentados por el secretario de organización del partido catalán durante la I Conferencia Nacional del PSUC. Así, según Miquel Valdés el 62% del total de militantes del PSUC estaba compuesto por obreros industriales, el 20% por campesinos trabajadores (sin especificar si se trataba de pequeños propietarios o asalariados agrícolas), el 16% por asalariados no industriales (maestros, dependientes de comercio y de industria...) y el 2% por pequeña burguesía.


Si hacemos caso de estas cifras, la composición social del PSUC era relativamente similar a la composición social del PCE, tal y como lo revelan los datos aportados por la dirección del PCE en marzo de 1937. Aunque en este último caso no se presentaban las cifras en tantos por ciento, a diferencia de los datos del PSUC, sino en cifras absolutas, se apreciaba que la composición social de ambos partidos era similar: 1) En el PSUC y en el PCE había una notable presencia obrera, más acentuada en el caso del partido catalán, debido a que en Cataluña existía una mayor proporción de población obrera que en el resto del territorio republicano español; 2) la presencia de pequeños propietarios agrícolas y de asalariados agrícolas era importante en los dos partidos, aunque más numerosa en el caso del PCE debido a que en Cataluña había un menor proporción de población rural en comparación con el resto del territorio republicano; 3) las clases medias (incluyendo a los intelectuales) tenían una presencia significativa en los dos partidos; 4) las mujeres, presentadas en los datos oficiales del PSUC y del PCE como un colectivo propio, en ambos casos representaban menos del 10% de la militancia total. Esta similitud en el perfil sociológico de los militantes del PSUC y del PCE implicaba que el PSUC tuviese una composición social similar a la de uno de los partidos comunistas de Europa occidental miembro de la IC. Pero esta similitud era el resultado de una situación excepcional, que no se reproducía en ninguno de los otros partidos comunistas de Europa occidental, generada por la coyuntura de una guerra: la Guerra Civil Española. Durante el conflicto bélico, tanto el PSUC como el PCE defendieron la misma política frentepopulista, de. la cual su eje más significativo eran las posturas de los dos partidos sobre la guerra y la revolución. A través de la política frentepopulista PSUC y PCE habían atraído a sus filas a obreros, pero también a pequeños propietarios agrícolas y urbanos, clases medias y asalariados agrícolas que veían en estos dos partidos una organización revolucionaria pero de orden, alejada del radicalismo de la CNT-FAI (y del POUM). La afirmación de que la composición social del PSUC y del PCE era fruto de una situación coyuntural (la Guerra Civil Española) y no de una dinámica estructural, se confirma si realizamos una comparación del perfil socioprofesional de la dirección de ambos partidos. Mientras que en entre los integrantes de la dirección del PSUC el 70% eran trabajadores del sector servicios, el 28% trabajadores manuales y un 2% tenían un perfil socio-profesional desconocido, en el PCE estas cifras se distribuían de forma prácticamente inversa. Entre los dirigentes del PSUC encontrábamos a maestros (Joan Comorera, Víctor Colomer, Dolors Piera), dependientes mercantiles (Lluís Alvarez, Père Aznar, Wenceslao Colomer, Miquel Serra Pàmies), dependientes de banca (Josep Muni), vendedores de libros y cajistas de imprenta (Rafael Vidiella) y peritos agrónomos (Joaquín Almendros); mientras que los que tenían un perfil de trabajadores manuales u obreros representaban un número mucho menor (Pere Ardiaca, Artur Cussó, Josep del Barrio, Felip García Mates y Miquel Valdés), sin olvidar la presencia de un campesino (Josep Torrents). En cambio, en la dirección del PCE predominaban los dirigentes procedentes del ámbito obrero y de los trabajos manuales, siendo un claro ejemplo el propio secretario general, José Díaz, un antiguo panadero; y la número dos del partido, Dolores Ibárruri, que procedía de una familia minera. El amplio espectro de procedencias socio-profesionales de los integrantes de la dirección del PSUC estaba estrechamente relacionado con la diversidad social e ideológica del partido. La diversidad definía a la dirección del PSUC, pero también a su propia base militante, dibujando unas características diferentes a la de los partidos comunistas de Europa occidental, fundamentalmente en el caso de la composición ideológica. No obstante, en el aspecto social también existían algunas diferencias, tal y como lo demuestra la comparación del perfil social de los militantes del PSUC con el de uno de los grandes partidos comunistas de Europa occidental, el PCF.
 El PCF era uno de los partidos emblemáticos de la IC, tanto por su fuerza política y arraigo social, como por su estrecha vinculación con Moscú. Según los datos expuestos en su VI Congreso (31 marzo-6 abril de 1937) tenía alrededor de un 56% de obreros, un 20'21% de clases medias y un 3'4l% de funcionarios y gente de servicios públicos. Entre 1929 y 1937/38 el PCF sufrió un incrementó exponencial de la presencia obrera, que convirtió a esta clase social en la protagonista del incremento de la militancia. Un ejemplo relevante de esta dinámica lo proporcionaba la región parisiense, donde el PCF pasó de tener 9-080 obreros en 1933, a 115.367 en 1937, lo que representaba un incremento del 1.270 %23. Si hacemos extensibles estas cifras al conjunto de la militancia del PCF, en 1937 tendríamos que hablar de un 80/85% de presencia obrera entre sus militantes, cifra que contrastaba sensiblemente con el 62% de militantes obreros que tenía el PSUC en julio 1937.

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