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04 enero 2015

El PSUC 36-39 (IV)

 AGOSTO 1937-FEBRERO 1938: EL CRECIMIENTO A LA BAJA DE UNA MILITANCIA QUE MANTIENE SU ECLECTICISMO IDEOLÓGICO Y SOCIAL

Después de julio 1937 la militancia del PSUC siguió incrementándose, pero con una tendencia a la baja respecto al crecimiento exponencial que había tenido desde julio 1936. Sin ningún tipo de dudas se había truncado el incremento exponencial que había caracterizado la trayectoria del PSUC desde el inicio de la guerra. Sirva como ejemplo que entre julio 1937 y enero 1938 el partido recibió poco más de dos mil nuevas incorporaciones en la retaguardia, y que durante enero 1938 el número total de militantes, entre el frente y la retaguardia, no superó los 60.00027. ¿Cómo se explicaba esta dinámica, cuando precisamente el PSUC era el principal partido de la vida política catalana y la incidencia del factor soviético en Cataluña era cada vez más intenso? El factor principal que estaba detrás de esta situación se encontraba en la pérdida del alud de afiliaciones políticas y/o sindicales que había caracterizado a la población catalana durante el primer año de guerra, especialmente durante los seis primeros meses del conflicto bélico. Las ilusiones y las esperanzas que había generado el estallido de la Guerra Civil se había perdido, y ésto había supuesto un notable freno para el incremento de las afiliaciones políticas y/o sindicales. Además de ese factor principal, también jugó su papel el hecho de que la evolución del conflicto bélico estuviese siendo muy negativa para los intereses del bando republicano, la cual cosa generó una disminución de la euforia y las expectativas de victoria que afectó negativamente a la moral de la población y a los estímulos para su movilización política y/o sindical. Y finalmente, el último factor que estaba detrás de la disminución del crecimiento exponencial del PSUC, se encontraba en la progresiva erosión del origen del PSUC como partido unificado, situación que generó reticencias entre sectores de población que no se identificaban con un partido que empezaba a perder la originalidad y el eclecticismo que lo había caracterizado desde su nacimiento.

 Este aspecto, no obstante, merece un punto aparte. Entre julio y octubre de 1936 el PSUC se había consolidado como un partido unificado, es decir, como un partido marxista de tipo nuevo, mezcla de socialistas y comunistas, que tenían en el antifascismo la bandera que los unía y que definía la política del partido. Ello había sido posible, en gran medida, gracias a que durante estos meses el PSUC escapó  a la incidencia de la IC (y del propio PCE), fruto del desorden generado en el conjunto del territorio republicano por el inicio de la Guerra Civil y la casi independencia que acompañó a Cataluña con el inicio del conflicto bélico. Pero a partir de octubre de 1936 el interés de la URSS por la guerra de España, a raíz de las consecuencias que ésta podía tener en la redistribución de fuerzas en el continente europeo, llevaron a la IC a actuar decididamente sobre territorio español. En el caso de la región catalana esta decisión se tradujo en una ofensiva para incidir en el PSUC, con el objetivo de acabar con la excepcionalidad que tenía este partido para Moscú: había que convertirlo en un partido comunista y, además, hacer de él la obediente filial del PCE en Cataluña. Ahora bien, aunque entre octubre 1936 y mayo de 1937 la IC no alcanzaría este objetivo, debido a la casi independencia de Cataluña (que continuaba dificultando la incidencia de la IC sobre Cataluña) y a la voluntad mayoritaria de los militantes del PSUC de mantener el partido catalán como un partido unificado, se iniciarían los primeros contactos entre la IC y el PSUC. Con este estado de cosas se llegaba a los Sucesos de mayo de 1937, a raíz de los cuales quedó eliminada la excesiva autonomia de Cataluña y se produjo la llegada de la dirección del PCE a la capital catalana, situación decisiva para permitir que la IC (y el PCE) incidiese de forma efectiva sobre el PSUC. A partir de este instante el partido catalán se vio presionado de forma efectiva por la IC (con ayuda del PCE), y el primer resultado fue el inicio de la erosión del carácter del PSUC como partido unificado, antesala del inicio de su conversión en un partido comunista. Volviendo a la composición de la militancia del PSUC entre agosto 1937-febrero 1938, desde la perspectiva de la historia social las cifras de crecimiento de los militantes del PSUC entre julio 1937 y enero 1938 son jugosas y, además, pueden desglosarse. Durante estos meses, en 27 comarcas y 1 subcomarca catalana habían habido 3.295 ingresos, de los cuales, según los datos oficiales, el 40'84% eran obreros, mientras que el 42'18% eran campesinos (sin especificar si se trataba de pequeños propietarios agrícolas o de asalariados agrícolas), el 8'3% empleados, el 4'4% intelectuales o gentes de profesiones liberales y el 4'1% pequeños comerciantes. Esta misma proporción de presencia obrera se reproducía en el caso de Barcelona ciudad, ya que de los 1.421 nuevos militantes el 43'2% eran obreros, el 44'19% empleados, el 2'5% campesinos (sin especificar, nuevamente, de qué tipo de campesinos se trataba), el 0'4% pequeños comerciantes, el 1'1% gente de su casa y el 0'42% sin especificar. En el caso concreto de las cifras de la capital catalana también disponemos de datos sobre la procedencia ideológica de los nuevos militantes: 49 del PCE, 100 de las juventudes del PSUC (las JSUC), 16 de Estât Cátala, 91 de ERC, 22 del PSOE, 106 de la CNT, 959 de la UGT y 351 de otra central sindical sin especificar. Estas cifras revelaban, nuevamente, el carácter ecléctico de la composición de los militantes del PSUC, tanto en el aspecto ideológico como social. Nuevamente, pues, el perfil de los militantes del PSUC se distanciaba de las características de la militancia de los partidos comunistas europeos occidentales (excepto en el  caso ya comentado del PCE), especialmente desde su vertiente ideológica. Ahora bien, a la IC le quedaba el consuelo de las expulsiones que se habían llevado a cabo en el PSUC durante septiembre 1937, teniendo como blanco a aquellos militantes sospechosos de actos de indisciplina y/o manifestaciones de infidelidad a la causa y a la política del partido, que permitían apreciar en ellas a expulsiones con matiz político-ideológico que en un futuro cercano deberían aumentarse notablemente. De hecho, éstas eran las primeras expulsiones de militantes de base de las que tenemos constancia, y que afectaron a un total de seis militantes. Respecto al colectivo femenino, entre julio 1937 y enero 1938 se había conseguido el ingreso de 700 mujeres. Esta cifra era insuficiente si tenemos presente las expectativas que había marcado la Secretaría femenina del PSUC sobre el crecimiento que debía seguir este colectivo; pero también era insuficiente en relación con el aumento del protagonismo de la mujer dentro de la retaguardia catalana, tanto en la esfera económica como en la política y la social. Por todo ello, la Secretaría femenina inició una campaña para crear, entre enero y marzo 1938, agrupaciones femeninas del PSUC en todas las localidades catalanas, aunque su éxito no fue el esperado. 

 MARZO 1938-FEBRERO 1939: HACIA UNA MILITANCIA IDEOLÓGICAMENTE COMUNISTA, Y SOCIALMENTE OBRERA 
Así se llegaría a finales de marzo 1938, momento en el cual el PSUC iniciaría el proceso de conversión en un partido comunista, sellada entre enero y principios de marzo de 1938 durante la estancia del secretario general del PSUC en la capital soviética. Durante su periplo por Moscú, Joan Comorera garantizó a las autoridades de la IC que su partido iniciaría la conversión en un partido comunista (continuando así la línea abierta en mayo de 1937 con el inicio de la erosión del PSUC como partido unificado), a cambio de que la IC garantizase la independencia del PSUC respecto al PCE.


  Así, con el visto bueno de Joan Comorera a la conversión de su organización en un partido comunista, se eliminaba el último escollo que dificultaba la transformación del PSUC en un partido comunista. No obstante, ¿cómo afectaría el inicio de la conversión del PSUC en un partido comunista a su militancia, teniendo presente que se trataba de una militancia heterogénea ideológica y socialmente? En principio, todo proceso de conversión en un partido comunista, también llamado bolchevización, afecta fundamentalmente a los aspectos ideológicos. Esta premisa se cumpliría en el caso del PSUC, pero con la gran particularidad y originalidad que la bolchevización de la militancia del partido catalán no se limitaría a los aspectos exclusivamente ideológicos, sino que también incidiría en su composición social. Así, el PSUC, desde el punto de vista de la militancia, centraría su bolchevización en los aspectos ideológicos, cosa lógica en la medida que éstos eran los aspectos en los que existía un mayor contraste entre la composición del PSUC y la de los partidos comunistas de Europa occidental agrupados bajo la IC; pero junto a ellos también se llevaría a cabo una bolchevización en la composición social, encaminada a aumentar el número de obreros en el PSUC. Esta voluntad de bolchevización en el ámbito social sería el resultado de una apuesta personal de la dirección del PSUC alineada con Joan Comorera, quienes veían así una forma suplementaria para dar muestras a la IC de la fidelidad del PSUC a este organismo internacional. El germen de esta opción ya se recogía abiertamente en el informe presentado por el secretario general del PSUC a la dirección de la IC el 20 de febrero de 1938, en el cual mostraba su descontento con la composición social del partido e, implícitamente, apostaba por incrementar la presencia obrera. Estas eran sus palabras: 
Durante su crecimiento el partido se está liberando de las debilidades de todo partido joven. Su composición social es un 65% de obreros industriales, un 20% de campesinos y el resto funcionarios, gentes de profesiones liberales y pequeña burguesía. Esta composición social no nos satisface. Su formación ideológica es débil. El partido es joven y entre sus elementos absorbe a elementos procedentes de partidos republicanos y, en menor medida, de la Confederación Nacional del Trabajo, todos ellos con una pobre cultura marxista. El partido se esfuerza por corregir estas debilidades multiplicando las reuniones de activistas, perfeccionando su prensa, preparando la edición de una revista teórica, popularizando las enseñanzas de nuestros maestros y fortaleciendo nuestros cuadros


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