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23 enero 2015

Sobre la cuestión femenina

Luchadoras kurdas
Aunque las mujeres son generalmente oprimidas, la cuestión femenina presenta características diferentes para las mujeres de la burguesía y aquellas del proletariado, que la colocan por lo tanto de modo diferente y opuesto. Para las mujeres de la burguesía el problema se asienta esencialmente sobre un plano jurídico y de acceso a la propiedad y la ganancia, a las posiciones en las instituciones de la clase dominante. Su emancipación a menudo toma la forma de “libre competencia” con los hombres pertenecientes a la misma clase social. Las feministas burguesas nunca atacan los fundamentos de la actual sociedad, nunca ponen en tela de juicio la explotación del trabajo asalariado. Cuando entran en las élites de la vida económica y política, en las organizaciones del poder capitalista, se transforman de “partidarias de los derechos a las mujeres” en partidarias entusiásticas de los privilegios de la clase dominante. Su personal “emancipación” es pagada por la creciente subordinación de millones de otras mujeres. Y cuando hablan de liberación de las mujeres a menudo lo hacen para justificar las guerras imperialistas. Para las mujeres del proletariado la cuestión de su opresión se presenta de una manera totalmente diferente, siendo vinculada a las exigencias de explotación y reproducción del capital. Para poner fin a esta esclavitud es indispensable el paso a una nueva y superior organización social.
Mujeres del ejercito sirio
 Las mujeres del proletariado y las masas populares no pueden conducir de la misma manera y con los mismos objetivos de las mujeres burguesas la lucha por su emancipación económica y social, aspecto fundamental de la lucha de liberación de todas las formas de enajenación, explotación y esclavitud. Deben necesariamente conducirla junto a los hombres de su misma clase contra la clase de los capitalistas, sustentando la realización de determinadas reivindicaciones económicas, políticas, sociales, culturales, etc. para entrar en la lucha y conducir la batalla en persona y en igualdad de condiciones, sin quedar atrás. Al mismo tiempo, los trabajadores hombres tienen un profundo interés en apoyar las luchas del proletariado femenino y a luchar junto a las obreras para formar un frente único de lucha contra la clase de los capitalistas y derrotarla. La lucha por la abolición de la opresión de la mujer, la plena igualdad de los derechos de los dos sexos en todas las esferas de la vida social y privada, es parte integrante de la lucha por la abolición de todas las formas de explotación en las relaciones humanas, por una alternativa real a las relaciones sociales burguesas. Por lo tanto es una cuestión que concierne al conjunto del proletariado y debe ser insertada en el cuadro de la lucha por el comunismo. Y puesto que la histórica relación de subordinación del sexo femenino a aquel masculino se debe también a la potencia de las tradiciones, de las costumbres burguesas y a la influencia de las religiones —que siempre han justificado la sumisión de la mujer, vehiculado ideologías de resignación y atacado sus derechos— contra estas posiciones reaccionarias debe ser conducida la lucha más decidida por la educación de las mujeres trabajadoras y de las capas populares en el espíritu del comunismo, por la defensa de los valores progresistas y revolucionarios, de verdadera liberación de la entera humanidad.

Batallon mujeres Donbass
El movimiento de masas para sustentar y cumplir con determinados intereses de las mujeres no puede ser un movimiento restringido sólo a las mujeres. Tiene que ser un movimiento común a las mujeres y los hombres del proletariado. El propósito de esta lucha no es la “libre competencia” de la mujer con el hombre, sino la conquista del poder político por el proletariado para derribar el capitalismo y edificar la nueva sociedad en la que serán abolidas la explotación y la opresión de clase y sexo. La mujer proletaria tiene un papel fundamental e insustituible en esta lucha. Una gran contribución a esta batalla anticapitalista puede ser ofrecida por la creación, en los diferentes países y a nivel internacional, de un amplio movimiento femenino de masa, democrático, antiimperialista y revolucionario. El trabajo de construcción y fortalecimiento de los  comunistas en cada país del mundo no puede prescindir de la aportación de las mujeres proletarias más avanzadas y conscientes, que deben ser militantes con iguales derechos y deberes, plenamente integradas en los partidos y en las organizaciones de la lucha de clase del proletariado. Por lo tanto, debe ser desarrollado e intensificado el trabajo de propaganda y agitación entre las mujeres trabajadoras, para ganarlas en la lucha de clase, y así ganar para las organizaciones comunistas a las mejores hijas del proletariado. Es evidente que este trabajo, que tiene una gran importancia, debe ser desarrollado con métodos y formas particulares, tareas de lucha específicas, dependiendo de la situación concreta, al fin de extender nuestra influencia, acercar las trabajadoras a la causa de la revolución socialista y desarrollar su conciencia de clase.
Mary Zamora, comunista perseguida por Rafael Correa.
 Frente a millones de mujeres explotadas, insatisfechas, llenas de resentimiento contra la dúplice opresión que se impone sobre ellas, agravada por las medidas antipopulares, los prejuicios del régimen burgués, los marxistas–leninistas deben intensificar el trabajo entre estas masas, encontrar el modo de suscitar esta enorme fuerza, de organizarla, de educarla, de hacer entrar en nuestras filas las proletarias más avanzadas y luchadoras, haciéndolas participar activamente en todos los frentes de la lucha de clases. La victoria de la revolución socialista, la dictadura del proletariado y la edificación de la sociedad socialista y comunista son inconcebibles sin la participación consciente y resuelta de las mujeres obreras y trabajadoras, protagonistas de su propio futuro. Como escribió con pasión e inteligencia Clara Zetkin, una gran combatiente comunista por la emancipación y la liberación de la mujer: “La colaboración de las amplias masas femeninas no significa solamente aumentar la cantidad de las fuerzas, sino también hacerlas más ricas en calidad. La mujer no es una mala copia del hombre; en cuanto ser femenino tiene sus propias características y valores particulares para la lucha y la construcción del socialismo”.

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