Buscar este blog

27 marzo 2015

Desmontando a ...Krutwig (I)

   Federico Krutwig Sagredo (Getxo, Vizcaya 1921-Bilbao 1998) es el teórico más importante de ETA V, pretendidamente socialista y rupturista con la tradición sabiniana. Hijo de alemán y de vizcaina de ascendencia italiana, Krutwig aprendió el euskara de adulto. Hablaba o decía hablar una docena de lenguas, entre ellas el griego clásico y el copto. Su propio origen familiar determinó sin duda sus concepciones sobre la nacionalidad vasca. Dado que no podía pretender la pureza "racial" ambicionada por el aranismo construyó un nuevo sistema ideológico en el que la lengua ocupaba el lugar dejado por la raza. Se enfrentó por ello al nacionalismo tradicional y llegó a afirmar de Sabino Arana que "Hitler comparé á lui était un enfant de choeur". Por cierto, que el rechazo que siente por Arana Goiri no es nada comparado con la repugnancia que le inspira Iñigo de Loyola:
Si Hitler e Himmler han sido monstruos por haber liquidado, físicamente a seis millones de judíos, gitanos y otros enemigos, Ignacio de Loyola los ha dejado a todos chiquitos, porque él es quien ha sembrado el gusano que corroe el alma sana del Hombre sano .

Así propondrá al príncipe renacentista César Borgia, que,según él, era de origen vasco (su verdadero apellido sería Anzuola), como modelo frente al jesuitismo.
Sin embargo, el aranismo supuso un hueso demasiado duro de roer y ni Krutwig ni la primitiva ETA, en la que influiría, aunque no tanto como se le ha atribuido, lograron liberarse del yugo ideológico de Sabino. Además de la influencia sabiniana, en Krutwig se barrunta la huella del nacionalismo alemán tradicionalista y las nuevas corrientes "etnistas" que estaban surgiendo en Europa (el occitano Guy Héraud, el ucraniano Alexandre Marc y el bretón Yann Fouéré, fundamentalmente).
 En toda la obra de Krutwig es patente también el influjo del elitismo de Nietzsche, a menudo indistinguible del puro fascismo, así como del sionismo israeli. Llevado por su etnismo radical opondrá a la democracia liberal el concepto de "etnocracia". A pesar de toda la justificación intelectual de la "etnocracia" krutwigiana, es evidente su continuidad con la democracia confesional de Sabino Arana, de "Aitzol" y la "democracia orgánica federalista" de la primera ETA. De hecho, en obras posteriores abandonará este concepto para hacer apología de la "beltistocracia", "gobierno de los mejores", que es precisamente el sentido original de la palabra "aristocracia", identificada por Krutwig con el despotismo ilustrado. El en apariencia revolucionario Krutwig va de la mano del tradicionalista Vázquez de Mella, quien también soñaba con una federación de repúblicas "democráticas en los municipios y aristocráticas, con aristocracia social, en las regiones", opuesta al régimen parlamentario.

En 1943 ingresó en la Academia de la Lengua Vasca desde la cual abogó por la unificación del vascuence literario, para lo cual proponía tomar como base la traducción del Nuevo Testamento realizada por Leiçarraga en 1571. El labortano clásico resultó, no obstante, una variante demasiado arcaica para la unificación del euskara y Krutwig se quedó solo con su propuesta frente al posibilismo del resto de la Academia, fundamentalmente Luis Michelena. A pesar del éxito del llamado euskara batua, basado en el guipuzcoano con aportaciones labortanas y altonavarras, Krutwig siguió utilizando su particular dialecto hasta su muerte.
Nuestro autor fue además el creador de la sociedad Jakintza Baitha-Kaliatés Gnóseos (1985), con el objetivo de difundir el griego clásico, al que esperaba convertir en la lengua oficial de la futura Europa Unida. No es broma: los eurodiputados Josu ion Imaz, hoy ex-presidente del PNV, y Carlos Garaikoetxea, de Eusko Alkartasuna y antiguo presidente del gobierno de Vitoria, a petición de Jakintza Baitha, han llegado a presentar en Estrasburgo mociones en este sentido. Krutwig creía que los pictos o caledonios, los primitivos habitantes de Escocia, eran en realidad una tribu vasca. A ellos les atribuye la creación del llamado rito escocés de la masonería, siguiendo el cual se propuso crear una red de logias (que ese es el sentido que atribuyó a la inexistente palabra vasca baitha, que pretendía comparar con el acadio bitu, "casa", pero que en realidad es una desinencia labortana y altonavarra para designar un caserío, siempre con el nombre del propietario), articuladas todas en una Sophópolis ("ciudad del saber") que pretendía construir en la ría de Gernika, frente a Mundaka. En Sophópolis existiría incluso un templo a Ortzi, el dios de los vascos anterior a la cristianización, destronado por el moderno Jaungoikoa. A quien quiera creerle revela incluso la localización del Santo Grial en el Monte Salvado, junto a Orduña.
Además de esotérico y neopagano Krutwig fue el impulsor del nacionalismo franco-provenzal. Llegó incluso a crear, en 1971 el neologismo "Arpitania" (que él escribía, Harpetania; Harpetarroa en su idiolecto euskérico), que es el nombre con el que en la actualidad algunos nacionalistas del Valle de Aosta y de las zonas adyacentes designan a su país: "Arpitania" deriva del vascuence harpe, "caverna", que coincide con el nombre que se da a los Alpes en francoprovenzal, pues desde su exilio en Aosta Krutwig estaba convencido de que los arpitanos eran los parientes más próximos de los vascos en el continente europeo. Curiosamente en Vasconia Krutwig no pensaba así, ya que incluyó a Arpitania dentro de Borgoña en su propuesta de los Estados Unidos de Europa. Con el pseudónimo de Arno de Mendiguri escribió un artículo en el libro Ehtudio su la kuestion harpitanha (1975), un de los primeros intentos de teorizar el nacionalismo franço provenzal, y en el que, teniendo presente el modelo de recuperación del hebreo en Israel, propuso a los valdostanos que aprendieran vascuence como segunda lengua.
El territorio habitado por vascos, arpitanos, guanches, prebereberes, caledonios, pelasgos, protohititas, sumerios y caucásicos constituía, según Krutwig, la mítica Garaldea, la Tierra Alta de reminiscencias tolkienianas, en la que se habían conservado más o menos intactos los caracteres de los primitivos habitantes de Europa, anteriores a la conquista indoeuropea. Llegó incluso a escribir en 1975 una Grammatica della lingua garalditana, la supuesta lengua madre de Garaldea, identificada con el euskara. Garaldea es en realidad un sucedáneo del desprestigiado mito platónico de la Atlántida, a pesar de que incluso al continente desaparecido asigna una etimología vasca: Ast-lan ("el país de los picachos"). Garaldea era el vínculo de las primeras civilizaciones. Estaba persuadido de que el vasco y el griego habían mantenido restos de esa lengua primigenia, como lo probarían la existencia de vocablos comunes como zitu/sftos ("alimento"), aletu/aléo ("desgranar"), arto/ártos ("mijo", "pan"), zilar/síderos ("plata", "hierro"), baratz/paradeí'sos ("huerto") y baiki/naikhí ("sí"), además de múltiples conjunciones. No voy a entrar a valorar la verosimilitud de estas etimologías, algunas de ellas ciertamente llamativas, otras puros sonsonetes. Lo fundamental del argumento de Krutwig es que los vascos compartían con los griegos el honor de ser los primeros europeos, enfrentados a los "africanos" españoles.
La Gran Euskadi
Exiliado desde 1952, vivió en Labort, París, Argelia y el Valle de Aosta, desde donde, como se ha dicho, impulsó el nacionalismo arpitano. Colaboró con Iker Gallastegi y José Antonio Etxebarrieta, escindidos de Euzko-Gaztedi, las juventudes del PNV, en la creación de los primeros comandos, anteriores a ETA. Desde 1965 contactó con los socialistas humanistas de ETA ("Txillardegi" y Benito del Valle, entre otros), desplazados de la dirección, escribiendo varios artículos para su órgano Branka. Elaboró además dos informes para la V Asamblea en 1965 y 1966. Pero mientras "Txillardegi" y los suyos rompen con la organización en 1967, Krutwig continuó militando de alguna manera hasta el año 1975.
El ingreso de Krutwig en ETA es, por tanto, posterior a la publicación de su obra más importante, Vasconia (1963), considerada exageradamente como la Biblia de la nueva izquierda nacionalista. En realidad fue El Español, órgano del Ministerio de Información y Propaganda franquista, el que contribuyó como nadie a la difusión de la obra. Tal como, denuncia el propio Krutwig, la aceptación de los postulados de Vasconia estuvo bien lejos de ser unánime en ETA y los miembros marxistas de la organización fueron los mayores destructores de ejemplares del libro. Por el contrario, la opinión del sector oficial de ETA, representado entonces por "Txillardegi", fue mucho más benigna: "Vasconia", a pesar de sus errores y de sus injusticias humanas, es el libro más importante aparecido sobre el problema de Euzkadi en lo que va de siglo"(txillardegi).
 La propia dirección de ETA se encargó de aclarar que "El PNV sabe que VASCONIA ni es "tabú" ni el "biblia" para nosotros. VASCONIA no nos asusta. Tiene, a nuestro juicio, cosas excelentes y cosas garrafales"(ETA 1964). Si en  Vasconia predomina el etnismo de autores como Héraud, en otra obra posterior, La cuestión vasca, intentará acentuar el contenido marxista de su pensamiento, sin que fuera capaz de crear una verdadera síntesis entre influencias tan dispares.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Asi si EHS, argumentando y sin insultar, me ha gustado mucho el de kampion y este promete.

Wasconiae Eterna dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.