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06 marzo 2015

La cuestión de Alava

* texto para el debate sobre  nación vasca.

El corónimo Alaba(nque) se documenta ya en la Crónica de Alfonso III, redactada hacia el año 884. Álava es tal vez el heredero directo de Alba, población de los antiguos várdulos, mencionada por Ptolomeo en el siglo II y que no debía de estar muy alejada de la moderna Salvatierra. Su nombre podría ser, por tanto, el de mayor continuidad histórica entre los de las siete provincias vascas. En la Crónica de Alfonso X el Sabio hay un texto que acredita que el nombre de Álava trascendió los límites actuales de esta provincia para referirse a toda Vasconia: "Alava, que es desde el río Ebro fasta la gran mar de Bayona". Pero, por el contrario, hay también pruebas de su empleo restrictivo para referirse únicamente a la Llanada hasta tiempos muy recientes. Desde 1840, Álava se estructura en siete cuadrillas: Vitoria/Gasteiz, Salvatierra/Agurain, Ayala/Aiara, Laguardia/Guardia, Zuia, Mendoza y Añana. En la actualidad la Fundación Zortzigarrena (1996) pretende convertir el enclave burgalés de Treviño/Ihuda en la octava cuadrilla alavesa, con el apoyo mayoritario de los habitantes del antiguo Condado. Que sepa, sin embargo, no existe ningún movimiento para hacer de Orduña/Urduña, enclave vizcaino en territorio alavés, una novena cuadrilla. Aunque, a decir verdad, tendría más fundamento histórico la reconstrucción de la antigua Busturia alavesa (es decir "Cinco Villas"), con los pueblos de Delika, Artomafia, Aloria y Tertanga, en el municipio de Amurrio, en la cuadrilla de Ayala, además de con la propia Orduña.
De entre las cuatro provincias vascas peninsulares ninguna ha estado tan vinculada a Castilla como Álava.
 Fernán González fue conde de Castilla y de Álava en el siglo X y los escritores musulmanes hablan por lo menos desde el siglo XI de Alava y al-Qila, "Álava y los Castillos", sin distinguir claramente entre ambos territorios. Hoy en día Álava es la provincia con menor porcentaje de vascohablantes y gran parte de su toponimia, especialmente en el Oeste y el Sur de la provincia, es castellana, a pesar de los intentos de vasquizarla arbitrariamente: Baños de Ebro se ha convertido en euskara en "Mañueta", Elburgo en "Burgelu", Laguardia en "Biasteri", Ribera Alta en "Erriberagoitia", Ribera Baja en "Erriberabeitia", Valdegovía en "Gobiaran", Yécora en "Ekora" y Elvillar en "Bilar". Los supuestos equivalentes euskéricos de estas poblaciones o no se documentan o son simplemente nombres latinos o romances a los que interesadamente se tiene por vascos.

Existe  cierto paralelismo entre la historia de Álava y la de Navarra. Ambas han sido hasta época muy reciente dos provincias eminentemente rurales, muy castellanizadas, conservadoras y carlistas, que contrastaban con las más industriales, euskaldunes, emprendedoras y abertzales Vizcaya y Guipúzcoa. En Álava, como en Navarra, ha existido una mayor continuidad institucional, pues el Decreto Ley de 23 de junio de 1937, que abolió el régimen de conciertos en las dos provincias costeras, lo dejó vigente en Álava y, de hecho, el Concierto de esta provincia se renovó en 1952. Para hacer constar la diferencia con las de Guipúzcoa y Vizcaya, la Diputación de Álava se tituló "Foral" desde 1938, todavía sin finalizar la Guerra Civil. Entre 1909 y 1922 ya había existido una Junta de Procuradores de Hermandad de Álava, organismo meramente consultivo, y entre 1958 y 1977 funcionaron unas Juntas Conmemorativas de Álava, integradas por procuradores de Hermandad designados gubernativamente, con la tarea de hacer de intermediarios entre la Diputación Foral y los municipios. Las Juntas Conmemorativas se reunían sólo dos veces al año. A pesar de que el Decreto de 2 junio de 1977 pretendía organizar estas Juntas, ya en enero de 1979 se restablecieron las Juntas Generales abolidas en 1877.
Ya esta advertido de la debilidad del nacionalismo en esta provincia. Durante el primer proceso estatutario, sólo cuatro municipios, Aramaio, Zuia, Barrundia y Elburgo, apuestan por la Mancomunidad Vasca en la Asamblea de 30 de enero de 1919. En estos momentos en el resto de Álava era mayoritario el "alavesismo", dirigido desde el Ayuntamiento de Vitoria. Ese sentimiento "alavesista", diferenciado e incluso opuesto al "vasquismo", se refleja en el hecho de que el castellano sea la única lengua oficial del Proyecto de Estatuto Alavés presentado por el diputado Antonio Echave-Sustaeta en enero de 1919. En cambio, en el Proyecto de Restauración Foral elaborado por la Diputación en febrero de ese mismo año, se admitía la cooficialidad del vascuence en las zonas vascófonas alavesas.

Durante el segundo proceso estatutario, que se inicia con la República, Álava fue, tras Navarra, la que más reparos puso en la incorporación a un ente autonómico común con Vizcaya y Guipúzcoa. Se llegó a redactar incluso un Proyecto de Estatuto Alavés (1931), apoyado por veintiún ayuntamientos de ideología republicana o independientes. Este proyecto, en su artículo cuarto, reclamaba la incorporación de "otros territorios cuyos habitantes así lo soliciten mediante el voto plebiscitariamente", alusión velada al enclave de Treviño. La Cámara de Comercio e Industria de Álava ya había solicitado al Congreso la inclusión de Treviño en 1919. Antes de esa fecha, en dos ocasiones, 1646 y 1880, fueron los propios representantes del enclave los que solicitaron su incorporación a Álava. Desde entonces, en otras tres, 1940, 1958 y 1998, hasta el 90 por ciento de la población del Condado de Treviño y de La Puebla de Arganzón han pedido su inclusión en Álava, sin que las autoridades competentes hayan obrado en consecuencia.
En cuanto a la lengua, los artículos 26 y 27 del citado Proyecto de 1931 disponían:
La lengua oficial de los alaveses es el castellano [ ... ].
En las escuelas de los municipios euskeldunes [sic] de la Provincia de Álava se utilizará para la enseñanza el euskera y el castellano, observándose al efecto las normas que fije el Ayuntamiento.
Todos los funcionarios administrativos que presten servicio en los municipios euskeldunes deberán ser conocedores del euskera(Proyecto estatuto alaves 1931).

Pero el personaje que encarnó la oposición al Estatuto en Álava no fue republicano ni independiente, sino un conocido oligarca y dirigente carlista llamado José Luis Oriol (1877-1972). En un principio Oriol, como la mayoría de los carlistas, fue favorable al Estatuto Vasco-Navarro, pero cambió de criterio tras la Asamblea de Pamplona (junio de 1932), en la que se decidió que Navarra no se incorporaría al mismo. Desde la perspectiva de Oriol, Navarra, de fuerte presencia carlista como Álava, habría podido contrarrestar el predominio nacionalista en Guipúzcoa y Vizcaya, por lo que no tenía sentido que Álava participase en ese Estatuto tras la defección del Viejo Reyno. En el plebiscito de 5 de noviembre de 1933 votaron a favor de Estatuto el 46,40 por ciento de los alaveses, mientras lo hacían en contra el 11,94 por ciento. La abstención llegó entonces al 41,41 por ciento y los blancos y nulos al 0,25 por ciento. Según el criterio de Oriol, al superar la suma de votos negativos y abstenciones a los votos afirmativos, Álava debía quedar al margen del Estatuto. Así, en enero de 1934, 42 alcaldes y 180 concejales (casi todos no nacionalistas), que representaban al 39 por ciento de la población, pidieron la exclusión de Alava. No obstante, tal pretensión tenía poco sustento legal. Si en Navarra, a propuesta del radical Emilio Azarola, se aprobó en enero de 1932, una cláusula que exigía que dos tercios del censo debían pronunciarse por el Estatuto Vasco-Navarro para asegurar la participación de Navarra en el mismo, en Álava, al no haberse aprobado tal condición, el plebiscito fue considerado válido a pesar del alto índice de abstenciones. Pero la Comisión parlamentaria de estatutos no incluye a Álava en el País Vasco definitivamente hasta el 12 de mayo de 1936, menos de cinco meses antes de que el Estatuto de Elgeta entrara en vigor.
Con el único propósito de frustar la participación de Álava en el Estatuto, los tradicionalistas habían elaborado una Carta Foral en enero de 1936, que sería aprobada por 40 ayuntamientos. Como ha señalado  de Pablo, la Carta Foral fue un auténtico proyecto de estatuto, y no como pretendían los carlistas, una mera regulación de atribuciones tributarias. A diferencia del Proyecto de Estatuto Alavés no preveía la incorporación de Treviño, pero en lo concerniente al vascuence no difería demasiado respecto al proyecto republicano de 1931. Así los artículos quinto y sexto señalaban:
El euzkera [sic] es, como el castellano, lengua oficial en los territorios euzkaldunes de Álava (....)
En los territorios declarados euzkaldunes, la enseñanza primaria se dictará para los dos primeros grados en euzkera, iniciándose al mismo tiempo a los escolares en el conocimiento del castellano. Del tercer grado en adelante se empleará exclusivamente el castellano como instrumento de enseñanza, sin perjuicio del estudio del euzkera como displina especial.

El artículo 13 preveía la creación de una Conferencia Vascongada para asuntos que afectaran también a Guipúzcoa y a Vizcaya, pero no se alude a Navarra.
Es interesante referirse a la relación entre lengua y sentimiento autonomista. Para  de Pablo, los municipios que en 1930 eran vascohablantes y los que habían perdido el euskara desde principios de siglo eran los que se mostraban unánimemente favorables a la autonomía. Las zonas castellanizadas en los siglos XVIII y XIX se mostraban divididas en cuanto al estatuto. Y las comarcas que habían perdido el vascuence antes del XVIII se mostraban indiferentes o contrarias a la autonomía. La excepción es Campezo, que (según De Pablo) había perdido el euskara en los siglos XVI-XVII, pero que mantenía un elevado apoyo al estatuto, probablemente por las excelentes comunicaciones con Vitoria. Estos datos muestran el papel de periferia de la Rioja Alavesa y algunos municipios en la frontera con tierras burgalesas, de lengua castellana desde siempre y constatan una diferencia a menudo olvidada respecto a Navarra: que en esta provincia su zona menos euskaldun, la Ribera, de ninguna manera puede ser considerada como un territorio periférico, sino que goza de una vitalidad extraordinaria en todos los órdenes.

Ya he señalado que Álava, frente a Guipúzcoa y Vizcaya, mantuvo su régimen de conciertos durante el franquismo. Esta mayor continuidad jurídica ha permitido la aparición de un sentimiento particularista. Durante la Transición, la Unión Nacional Española (1976), liderada por Gonzalo Fernández de la Mora, el conocido profeta del "crepúsculo de las ideologías", e integrada en Alianza Popular, exigió la restauración foral y sendos estatutos provinciales para las tres Vascongadas. La Unión Foral del País Vasco (1979), liderada en Álava por Pedro Morales, consigue, con un programa "alavesista", el 6 por ciento de los votos en las elecciones de marzo de 1979. Unidad Alavesa (1991), de Pablo Mosquera, se presentó como la continuadora de la Unión Nacional Española y de la Unión Foral, defendiendo un Estatuto de autonomía exclusivo para Álava, con cierta pujanza.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Tu texto es de una indecencia supina. Reaccionario hasta decir basta. Por donde empiezo...estas buscando desmontar un nacionalismo, un agente diferenciador, pero al mismo tiempo reconoces que en Bizkaia y Gipuzkoa ese cariz particular se da con mas contundencia. Hablas del enclave de Orduña -cuna del abertzalismo histórico- como región que debiera de estar integrada en Alava pero al mismo tiempo concluyes que Alava es un enjendro del expansionismo vasco. Hablas de la historia como una cinta fabricada por los pueblos cuando es un relato configurado por los poderosos que no tienen patria (igual que los malos comunistas). ¿Que haces escribiendo en un blog de izquierdas insinuando todo lo que insinúas? Te pones a dar un simposio sobre los topo-nimios de la frontera natural de EH como si en las fronteras naturales de todos los pueblos no hubiera sincretismo. Te quedas interesadamente en el año 91 sin mencionar los movimientos populares que se han creado en Araba en aras de una cultura robada durante siglos..Es asqueroso. Por cierto, hay un pasaje de un viajante del SXII (un pasaje, no un relato histórico) que afirma que por esa fecha en Vitoria todo el mundo entendía el Vascuence y que en los pueblos de su alrededor todos lo usaban como lengua vernácula. Y otro dato, erribera-gotia, ribera-alta, sí, municipio formado por pueblos como artaza, escota, barron, ginea, arreo, arbigano, ormijana, subijana etc..Date el piro socio!

Anónimo dijo...

Es texto es de un euskaldun, sobresaliente cum laude en historia, pero claro a los nazis vascos eso les da igual.
todo lo que no sea la gran nacion vasca inventada por txillardegi es españolismo y asi todos nos quedamos tranquilos.
Argumentos cientificos?ninguno.
historiadores abertzales reconocidos?ninguno.
ala a cascarla,nazis.

Eufrasio Meanurikoa dijo...

Infumable y vergonzoso

Anónimo dijo...

Perfecto,documentado e inapelable.
se demustra que la nación vasca no existe es un invento del romanticismo del siglo XIX y Alava nunca ha sido nacionalista vasca.

Anónimo dijo...

Mgnifico documento que pone sobre la mesa la heterogeneidad de Euskal Herria. Ahora bien, desde mi perspectiva, este texto y otros de similares características, más que ser objeto de luchas entre nacionalistas españoles y vascos, para los comunistas deben ser la evidencia y la línea de trabajo para aglutinar desde la clase, un proyecto socialista de construcción nacional.

Anónimo dijo...

de acuerdo con la ultima oponion.

Anónimo dijo...

Exquisiteces españolas

Anónimo dijo...

Malidicencias nacionalistas vascas...

Anónimo dijo...

Texto neutral, me gusta como punto de partida para entendernos.

Anónimo dijo...

Muy esclarecedor ante la chuleria nacionalista vasca.