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04 abril 2015

Bernardo del Carpio y la batalla de Roncesvalles

Vicente José González García, Bernardo del Carpio y la batalla de Roncesvalles, Oviedo 2007En 2008 se cumplen doce siglos de la Batalla de Roncesvalles, en la que Bernardo del Carpio, sobrino de Alfonso II, rey de Oviedo, venció a Roldán, sobrino de Carlomagno, enfrentamiento que señala simbólicamente el inicio de las relaciones que a lo largo de los siglos mantendrán España y Francia. Bernardo y Roldán fueron dos de los héroes, durante siglos, de esas naciones históricas. Cuando Carlos de Gante llegó a España en 1517, desembarcando en Asturias para asumir la responsabilidad de regir el Imperio español, las autoridades de Aguilar de Campoo decidieron honrar al futuro emperador abriendo en su presencia la tumba de Bernardo del Carpio, y entregando a quien iba a ser el emperador Carlos I la espada victoriosa de Bernardo, el noble de Oviedo. Poco importa que se tratase de la misma espada que empuñó Bernardo o de otra espada en la que se inscribiera el nombre del vencedor de Roldán, pues lo verdaderamente importante es aquella voluntad de significar una continuidad histórica, que transcurridos entonces siete siglos, no era otra que la de España. Es bien conocido que, en el momento en el que la historia se puso al servicio de la reconstrucción de las naciones políticas modernas, la historiografía francesa procuró negar a quien había vencido a su héroe nacional Roldán. Y la leyenda negra empañó el juicio de tantos otros historiadores y críticos españoles. Ya en 1978, cuando los roncesvallistas celebraban los doce siglos de una de las batallas allí habidas, Vicente José González advirtió, en solitario, que aquella conmemoración no se correspondía con la batalla de Bernardo y Roldán. Argumentos que poco a poco, y a veces en algún congreso de manera entusiasta, se han ido abriendo paso. Treinta años después se ofrece en este libro la contundente reconstrucción histórica y crítica que facilitará la recuperación del papel que a Bernardo del Carpio le corresponde.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Exquisiteces imperiales españolas con tricornios boreales floridos , el nóvamás del universalismo imperialista sadomasoquista vocinglero hispano , vamos!!
Sin más comentarios .

Anónimo dijo...

pero si el imperialismo español fue ejecutado por vascos en america, te doy nombres??

Anónimo dijo...

Uno de los fenómenos más graciosos de los debates políticos en torno a Cataluña es que, desde España, se acuse los catalanistas de manipulación de la historia. Por lo visto, en España no ha habido nunca manipulación. Sólo hay que ver que haya habido que esperar 40 años para que la Real Academia de la Historia (RAH), en su diccionario biográfico, utilice la palabra "dictador" para definir a Francisco Franco. Hasta hace pocos días, la RAH afirmaba que el régimen de Franco no había sido una dictadura, sino sólo "un régimen autoritario". A la postre, la biografía oficial de la RAH fue escrita por Luis Suárez , uno de los patrones de la Fundación Francisco Franco. ¿Qué se podía pedir, en un caso así? La biografía de Suárez es totalmente elogiosa, esconde torpemente la represión y los crímenes de Estado y llega a decir, literalmente: " pusó en marcha, en 1963, el Plan de Desarrollo, que en pocos años coloca a España en el séptimo puesto en la escala económica mundial ". Esto se llama objetividad!
Claro que la cosa les viene de lejos, a los españoles . Su pasión por la objetividad se remonta a las crónicas del rey Alfonso III de Asturias: "La Crónica Albeldense" (año 881), la "Crónica profética" (883) y la "Crónica de los reyes visigodos o Crónica de Alfonso III "(911). En ellas se explica como Don Pelayo, al frente de un centenar de fieles, derrotó un ejército musulmán formado por 178.000 sarracenos, con la ayuda milagroso de la Virgen de Covadonga. El episodio, escrupulosamente objetivo, se ha repetido durante siglos en todos los manuales de historia de España. En las mismas crónicas explica además una muy fantasiosa genealogía según la cual Don Pelayo era, de hecho, nieto de Rodrigo , el último rey de los visigodos, lo que lo legitimaba para tener el dominio sobre toda la Península. En estos puro delirios medievales se basa el mito de que la nación española ya existía en tiempos de los reyes visigodos. Y de estos mismos delirios derivan los conocimientos (!?) históricos que demuestran tener Esperanza Aguirre y Alicia Sánchez-Camacho para afirmar que la nación española ya existía hace tres mil años. Ah, la historiografía española! Es lo tanto, muy objetiva! Empezando por Don Pelayo, y acabando por Franco.