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25 abril 2015

El concepto de naciòn de Stalin por Demófilo(I)

Para servirnos, no una sola confusión, sino un gazpacho salteado de ellas, a cada cual más ridícula,Gilito enchufa la batidora para acompañar al concepto de "nación" toda una larga familia semántica:

"Hemos usado la palabra 'pueblo' aunque, para lo que nos interesa, podemos usar la de horda, gens, fratría, tribu, etnia, nación, etc., porque estamos resaltando lo esencial, la explotación del trabajo y expropiación de su producto, el saqueo del excedente acumulado en cualquiera de sus formas, desde los tesoros, almacenes, cuadras, hasta los medios de producción, pasando por los seres humanos, por las mujeres en especial para sobreexplotarlas sexo-económicamente" (Gracias a un error de Engels).

Pues eso, que para lo que a Gilito le interesa es todo lo mismo: horda, gens, fratría, tribu, etnia, pueblo, nacionalidad, nación... Pero seguro que pondría el grito en el cielo si en "Intereconomía" hablaran de la horda vasca. También resultaría ridículo reclamar el derecho de autodeterminación de las tribus nómadas del Sahel. La confusión de Gilito deriva de Bauer, el socialdemócrata austriaco, de quien Stalin escribió:

"Bauer, evidentemente, confunde la 'nación', que es una categoría histórica con la 'tribu', que es una categoría étnica" (El marxismo y la cuestión nacional)

Desde 1956 la podredumbre del movimiento comunista en España ha conducido a que por doquier hayan aparecido naciones y movimientos independentistas, a cada cual más folklórico, cada uno de ellos con sus propias exigencias independentistas y en los que, sobre todo, prevalece la huida de "España" cuya herencia nadie asume, como resumió en 1979 el cantante independentista gallego Suso Vaamonde en una canción que le llevó al exilio y luego a la cárcel:

"Cando me falan de España
sempre teño unha disputa
que se España é miña nai
eu son un fillo de puta"


"Cuando me hablan de España
siempre tengo una disputa
que si España es mi madre
yo soy un hijo de puta"


Incluso los propios españoles están contra esa "España" que aparece como un enemigo abstracto e impersonal, hasta el punto de que los comunistas últimamente han eliminado el nombre de sus siglas.

No cabe ninguna duda de que, en este aspecto, la burguesía ha logrado imponer plenamente -una vez más- sus postulados porque los comunistas han claudicado, en especial sobre un asunto espinoso, cuyo origen está en el franquismo. Unos y otros han dado por sentado que"España" es una nación, que como, además, a nadie le gusta, nadie asume tampoco esa condición nacional sino que huyen de ella y pretenden"independizarse". Por lo tanto, lo que se debería haber planteado como una parte de la lucha de clases, como una lucha revolucionaria, la lucha contra el Estado, la burguesía lo ha reconvertido en una lucha nacional con un planteamiento falso que a todos les interesa preservar. Lo que nadie ha puesto en cuestión es el punto de partida mismo del asunto: que a diferencia de lo que dijeron los franquistas"España" no es ni ha sido nunca ninguna nación, sino un Estado plurinacional, por lo que hablar de "Estado español" en lugar de "España"es una redundancia porque "España" no es más que un Estado.

Todo eso demuestra que, en definitiva, el concepto de nación ha sido barrido del materialismo histórico y, lo que es aún peor, que, como consecuencia de ello, se confunde a un Estado con una nación, lo cual es nefasto. La nación es una categoría fundamental del materialismo histórico sin cuya comprensión no resulta posible establecer la línea política correcta de un partido comunista. Su definición científica la expuso Stalin en 1912, convirtiéndose desde entonces en parte integrante de las concepciones bolcheviques, primero, y de la Internacional Comunista, después:

"Nación es una comunidad humana estable históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura".

El concepto de nación, es pues, político. No es antropológico, ni étnico, ni biológico, ni racial. Tampoco es lingüístico, ni cultural. En la medida en que el nacionalismo burgués se apoya sobre alguno o algunos de estos criterios, la discusión de los comunistas con ellos sobre este aspecto se torna muy difícil, por no decir imposible.

El concepto marxista de nación se basa en una multiplicidad de rasgos que Stalin enumeró: una comunidad estable de personas, un idioma común, un territorio, una unidad económica, una cultura propia y una fisonomía espiritual. Los burgueses toman uno o varios de esos rasgos en exclusiva, olvidándose de los otros. Pero una nación no se basa en ninguno de esos rasgos en particular sino en todos ellos en general"La nación es la combinación de todos los rasgos tomados en su conjunto", escribió Stalin.

El concepto de nación es histórico, es decir, las naciones aparecen en un momento determinado de la historia y se transforman, por lo que no se trata de algo estático sino sometido a influencias de todo tipo, entre ellas las influencias de otras naciones: "El 'carácter nacional' no es algo que exista de una vez para siempre, sino que cambia con las condiciones de vida", dijo Stalin.

Pero no basta decir que la nación es una categoría histórica, añade Stalin, sino que es una categoría propia de una determinada época concreta de la historia: "la época del capitalismo ascensional", es decir, en la etapa previa al imperialismo, en la época premonopolista, porque "el mercado es la escuela en que la burguesía aprende el nacionalismo". El mercado crea una cohesión y unos lazos internos entre las poblaciones que antes no existían.

En la época del capitalismo ascensional la clase social emergente era la burguesía, a quien correspondió dirigir los primeros movimientos nacionales, lo cual revistió dos formas fundamentales en Europa:

a) desintegración de los grandes imperios feudales: zarista, otomano, austro-húngaro, español
b) integración: conquista de la unidad nacional en Italia y Alemania

La lucha nacional es, pues, una cuestión de clase eminentemente burguesa que aparece por primera vez en la historia como consecuencia de la guerra de la independencia de Estados Unidos contra Inglaterra y luego de la revolución francesa. A partir de entonces la burguesía se define a sí misma como "patriota" y define a la nación (su nación) definiéndose a sí misma. A la palabra nación, que ya existía antes, le aporta un significado nuevo, político y general, que es el mismo que el marxismo utiliza.

La burguesía imprime, pues, a su nación su sello característico de clase, la envuelve en una atmósfera nacionalista confusa en la que mezcla un poco de todo. Ese marchamo clasista ha llevado a algunos oportunistas a deducir conclusiones equivocadas, la principal de las cuales es la de que "todos los nacionalismos son iguales", todos son igualmente rechazables, lo que conduce a un cierto "internacionalismo" que es radicalmente falso porque equipara a los oprimidos con los opresores y le hace el juego a estos con la excusa de oponerse a "todos" ellos.

Los comunistas estamos contra cualquier forma de opresión, incluida la opresión nacional. Por lo tanto, estamos radicalmente enfrentados a aquellas naciones que oprimen a otras, con cuyo nacionalismo no tenemos nada que ver, mientras sí tenemos un camino que recorrer con las naciones oprimidas, cuya justa lucha no sólo defendemos sino que debemos encabezar. El carácter burgués de la naciones, dice Stalin, sólo corresponde a la etapa ascendente del capitalismo y, en todo caso, añade, de ella no se desprende, "ni mucho menos, que el proletariado no deba luchar contra la política de opresión de las nacionalidades".

Con más razón esa misma tesis de Stalin adquiere su vigencia plena con la llegada del capitalismo a su fase imperialista, en la que nos encontramos hoy. La nueva etapa no cambia la esencia del planteamiento nacional, sino sólo su dimensión, ya que pasa a formar parte de un problema más amplio: el colonial, el indígena, los países emergentes del Tercer Mundo, etc. Como, por otra parte, el imperialismo pone a la orden del día la lucha por el socialismo, ambas cuestiones, la social y la nacional, quedan estrechamente vinculadas pero, obviamente, no en la manera que el nacionalismo pequeño burgués pretende.

Stalin precisó científicamente lo que es una nación y la manera en la que se forman históricamente, lo cual, como cualquier otra abstracción, debe entenderse de una manera concreta para cualquier nación, como es el caso de Euskal Herria. Por consiguiente, la formación de Euskal Herria como nación es un proceso que, como en el caso de cualquier otra nación, comienza con la penetración del capitalismo, de la formación paralela en Euskal Herria de una clase burguesa que imprimió su carácter de clase al nacionalismo y el desarrollo de un mercado interno que creará una homogeneidad social que antes no existía, cuya manifestación jurídica es el principio de igualdad (igualdad ante la ley), que supone también uniformidad.

Ese principio básico de igualdad, derivado de la revolución francesa, el nacionalismo burgués lo interpreta peyorativamente como"centralismo", como sumisión del País Vasco a unas instituciones foráneas e incluso como conquista o invasión y no como la pérdida de unos privilegios feudales que estaban destinados a ser barridos por la historia. Pero justamente sin esa uniformidad y sin ese centralismo jamás se hubiera forjado la homogeneidad interna, sin la cual no se puede hablar de la existencia de una nación. Esa homogeneidad la proporciona el mercado y la sanciona jurídicamente el principio de igualdad.

Los nacionalistas no admiten esta evidencia histórica y se inventan otra al estilo burgués, es decir,basada en ficciones más o menos inverosímiles. La mayor parte de su esfuerzo lo destinan a sostener que Euskal Herria ya era una nación antes del final de la segunda guerra carlista y la abolición foral de 1877. El núcleo de sus tesis invierte la marcha de la historia, confunde la feudalidad con la independencia política, para concluir que al desaparecer la feudalidad con el avance del capitalismo, Euskal Herria es incorporada a un Estado extranjero. Para demostrarlo exponen muchos precedentes, que son exactamente eso, precedentes, pero que se hace necesario aclarar a fin de comprobar la validez científica del materialismo histórico también en este punto.

El primero de ellos es la guerra carlista de 1833, durante la cual el vasco-francés Jose Agustín Xaho viajó a Navarra, escribiendo un libro sobre aquellos acontecimientos. Como, además Xaho, también escribió una gramática sobre la lengua, parece que ahí se pueden encontrar las primeras raíces nacionales de Euskal Herria.

No es así, salvo que se sostenga un concepto burgués de nación basado en sus rasgos lingüísticos o culturales, que es bastante característico del País vasco-francés. Pero Xaho es quizá el mejor ejemplo de que en aquel momento Euskal Herria estaba lejos de constituir una nación. En todo caso, Xaho desarrolla dos discursos, uno para el norte y otro para el sur del Bidasoa. En el norte es un revolucionario burgués y centralista, mientras que para el sur defiende lo contrario. Además de escritor Xaho fue un notable político que encabezó la revolución de 1848 en Baiona. Se le puede calificar como un republicano radical al más puro estilo francés que, sin embargo, en el sur se alinea con los carlistas, es decir, con la reacción. Al igual que Gilito y los nacionalistas burgueses, concibe la primera guerra carlista como una guerra por la liberación nacional vasca, pero sólo de la parte sur. Defiende en el sur todo aquello contra lo que lucha en el norte.

El nacionalismo burgués tiene otra buena referencia en Xaho porque, además, en su libro sobre la gramática del euskara, escrito en 1836, aparece por primera vez el "Zazpiak Bat" (siete en uno), esto es, el principio de una unidad homogénea, tanto de los vascos del norte como del sur. Pero el "Zazpiak Bat" de Xaho no tiene ningún contenido nacional ni político.

8 comentarios:

ruski dijo...

Pero desde mi parte de ignorancia ¿no es cierto que las masas campesinas vascas que nutrieron el carlismo lo hacian en buena medida en defensa de las tierras y aguas comunales, excedencia de acudir al servicio militar español...etc? No pongo en duda que el liberalismo fuese la antitesis de la reaccion clericalista pero no menos cierto es que supuso mediante la introduccion de una nueva vuelta de tuerca capitalista en los modos de produccion de una profunda alteracion y mutacion de la identidad nacional vasca en el sur. Identificar las guerras carlistas como una lucha de liberacion yo no lo considero erroneo ya que si no me equivoco desde entonces (quizas a dia de hoy atenuado) el retroceso linguistico-cultural-psique euskaldun fue o ha sido notorio. Un saludo

ruski dijo...

Pero desde mi parte de ignorancia ¿no es cierto que las masas campesinas vascas que nutrieron el carlismo lo hacian en buena medida en defensa de las tierras y aguas comunales, excedencia de acudir al servicio militar español...etc? No pongo en duda que el liberalismo fuese la antitesis de la reaccion clericalista pero no menos cierto es que supuso mediante la introduccion de una nueva vuelta de tuerca capitalista en los modos de produccion de una profunda alteracion y mutacion de la identidad nacional vasca en el sur. Identificar las guerras carlistas como una lucha de liberacion yo no lo considero erroneo ya que si no me equivoco desde entonces (quizas a dia de hoy atenuado) el retroceso linguistico-cultural-psique euskaldun fue o ha sido notorio. Un saludo

Bustos dijo...

Guerras carlistas -como Fueros- hubo no solamente en Vascongadas (grafía al uso),principal protagonista de la I,como Cataluña lo fue de la II,o,por ejemplo,Málaga.
Defendían unos fueros feudales y al Rey dinástico contra la Ley Sálica.
De "liberación nacional" rien du rien o muy poco.

felder dijo...

el "no-nacionalismo" de stalin no estaba reñido con su imperialismo genocida.

no esta mal para no ser "nacionalistas"....

josemari l.e. dijo...

El nacionalismo español, y por tanto la idea de que España es una unidad nacional, que debe constituirse como tal y empezar por expulsar a los franceses, nace en torno a 1812 y las Cortes de Cadiz. Pero las ideas políticas que ayudaron a esta formación, eran una confusa mezcla de intereses patrimoniales de la nobleza y especulaciones de mercado, por parte de una burguesía todavía débil y políticamente dependiente de los intereses de la nobleza. La Alianza Trono-burguesía, y la utilización del pueblo como carne de cañón contra los franceses, fue el primer desatino (otros dicen traición) de la burguesía española.
Para entonces, los catalanes han perdido una guerra (1714) y sus Fueros. Y cualquier posibilidad de constituir su propia nación. El papel de la burguesía en este conflicto fue igual de confuso que en la actualidad. La mayoría estaba de acuerdo en la pertenencia a España, porque era su mercado natural.
El caso vasco, es casi lo mismo, pero aplazado algo mas de un siglo. Las guerras carlistas no son guerras de liberación nacional. Pero son importantes, porque en ellas se conoce la posición mayoritaria de la burguesía vasca en favor de la construcción de España. Por las mismas razones que los catalanes.
El caso paradójico es que, parece que España, mas atrasada económicamente que los anteriores, podía haber sido despreciada como nación. Y sin embargo, ambas burguesías (vasca y catalana) prefirieron y siguen prefiriendo una nación unida (España), por simples razones de amplitud de mercado.
Todo este asunto del nacionalismo burgués está muy trillado. Y casi todo el mundo está de acuerdo, en sus líneas generales. Lo que no está tan resuelto y a nosotros nos interesa mas, es el papel de la clase obrera, en la construcción de naciones "interiores" que, por ocupación o devoción, han sido impedidas como tales, por la construcción de España.
Y este conflicto de los obreros como clase social revolucionaria y al mismo tiempo independentista, se nos atraganta. Porque, es verdad, que hay mucha intoxicación y manipulación burguesa en los movimientos obreros, que aspiran al mismo tiempo a la independencia nacional. Y que, es difícil de digerir, el papel que juegan. Cuando su preocupación principal tendría que ser su propia emancipación social. Y "dejar" lo nacional a los burgueses. Que serían los únicos interesados en construir Euskadi o Catalunya.
Y sin embargo, la realidad es tozuda. Y todos los obreros nacionalistas no pueden estar manipulados, ni pueden equivocarse a la vez. O sea, que tiene que haber algo...De lo que por cierto hay miles de páginas escritas.

Anónimo dijo...

Por simple ignorancia y desconocimiento, ¿que es ese algo del que hablas?

josemari l.e. dijo...

A mi me parece que es difícil sostener que la clase obrera viva en la ignorancia o desconocimiento, si te refieres a la clase obrera actual ( o sea, desde los años sesenta). Puede estar contaminada de valores burgueses, entre ellos el consumismo, el apego al orden, la manipulación informativa etc. Pero creo que ya es hora de admitir que hay una mayoría de obreros concienciados (en España, en Euskadi o en Catalunya) que saben lo que quieren y que quieren ser libres.
Ese "algo" está dicho con tono positivo. Tiene que haber una conciencia nacional, consolidada contra el franquismo y contra la sinrazón de la ocupación española, pero alimentada con la lucha obrera contra las burguesías "propias" y su descarada alianza con el poder central.
En el caso vasco, estamos hartos de repetir los argumentos de los Etxebarrieta, de Argala,(están en la cabecera de este blog)y de aportar ejemplos de militantes como Gorostidi o Idígoras (también en la misma cabecera). Y muchos obreros e intelectuales no-burgueses, que mientras no se demuestre lo contrario eran y son nacionalistas revolucionarios. Es decir, independentistas y marxistas. Ese algo, de que hablo, es un algo del que se ha escrito mucho. Pero parece que inútilmente. Se que es difícil, complicado de entender y de aceptar. Pero la nación-estado-mercado que quiere la burguesía. no es de ninguna manera la nación-pueblo-libre-socialista que quiere la clase obrera. Y el mercado global que practica la burguesía, tampoco es el internacionalismo proletario, que aunque sea un nombre antiguo tiene una vigencia importante.
Y eso de que los obreros no tienen patria, el amigo san Carlos se lo tuvo que envainar. En realidad los que no tienen patria son los ricos. Salvo que sea Suiza, Andorra...y esos sitios.

Zaza dijo...

¿A que se refiere Demófilo cuando dice "Gracias a un error de Engels", al final del segundo párrafo?