Buscar este blog

23 abril 2015

Respuesta a Herri Gorri (sobre la cuestión nacional) y apuntes para el debate en el MCEe por KIMETZ

imagesW1SUCV89Dado el debate abierto por los camaradas de Herri Gorri en consecuencia de la publicación de nuestro último Enbor, publicamos este documento como respuesta al análisis realizado por dicha organización sobre el artículo Polemizando sobre la cuestión nacional. Lo hacemos, ante todo, porque en el momento histórico en el que nos encontramos es imprescindible enarbolar la lucha de dos líneas a fin de completar un balance ideológico de la cosmovisión proletaria, cosmovisión que en nuestro días arrastra un importante cúmulo de limitaciones de la pasada experiencia revolucionaria que le lastran a la hora de actuar como ideología de vanguardia, lo que impide el cometido revolucionario del proletariado. Esta cuestión toma aún más relevancia si consideramos la nula compresión del principio universal de la lucha de dos líneas tanto en el MCEH como en el MCEe, lo que lleva al revisionismo hegemónico a evitar todo tipo de autocrítica y balance ideológico. Por tanto, la iniciativa de los camaradas de Herri Gorri nos parece enormemente positiva, ya que nos permite enrolarnos en una imprescindible lucha de contrarios que aborda, en este caso, un tema fundamental para nuestro contexto, como es el de la cuestión nacional. Sin más rodeos, pasamos a abordar los puntos con los que nuestros camaradas discrepan, así como sus motivos y su propio análisis.
Para comenzar, nuestros camaradas nos señalan que, el nacionalismo revolucionario, si bien es una tendencia pequeño-burguesa, abrió el camino a “la gestación de un marxismo revolucionario”. No obstante, debemos detenernos concienzudamente ante tal cuestión. Y es que, como bien señalan nuestros camaradas, el nacionalismo revolucionario del MLNV consagrado en la V. asamblea de ETA, se miraba en el espejo de las luchas de liberación nacional anticoloniales (Argelia y Vietnam), así como revoluciones democrático-populares en países subdesarrollados y expoliados por el imperialismo como Cuba. Querer llevar a cabo un proyecto de liberación nacional y social en plena Europa imperialista mirándose en el espejo del tercermundismo no podía sino ser síntoma de las limitaciones ideológicas que lastraban al MLNV más obrerista. De hecho, ya en los 80, el MLNV se asemejaba, intencionadamente, a los procesos revolucionarios centroamericanos. En dichos procesos, se estableció un frente popular con la liberación nacional en el horizonte. Estos frentes desarrollaban actividades guerrilleras y adoptaban una posición abiertamente prosoviética en los últimos años de la Guerra Fría. El MLNV actuaba mirándose en ese espejo, pero con la incapacidad de desarrollar la guerra de guerrillas y apostando por el terrorismo de cuadros en forma de presión a los Estados imperialistas. Con los sandinistas en el poder en Nicaragua y la Guerra Civil en El Salvador, fueron muchos los militantes del MLNV que se enrolaron en las guerrillas de estos dos países, síntoma de su simpatía y de su consideración como ejemplo de dichos procesos. A medida que caía la URSS y con ella, todos sus satélites europeos, en Nicaragua y El Salvador se abrieron “procesos de paz”, los frentes populares se convirtieron en un solo partido, se abandonó nominalmente el marxismo como ideología y se aceptó el pluralismo burgués como modelo sociopolítico justo. En casa, HASI era liquidado, HB pasaba de coalición a partido único, los culturalistas se hacían con el poder de ETA y de los centros de poder del MLNV y se comenzó a hablar de “socialismo identitario”. El paralelismo con la deriva del FSLN nicaragüense y el FMLN salvadoreño no es, por lo tanto, casual.
Continuando con el abordaje del texto, nuestros camaradas nos platean que la culpabilidad del aislamiento nacional no viene solo por parte de las fuerzas patrias, sino que más allá del Ebro hay culpables que señalar. Sin ninguna duda, el PCE, la principal fuerza antifranquista en el Estado español, puso todo tipo de trabas a cualquier tipo de lucha relevante contra el fascismo; y no es de extrañar. El PCE era y es una fuerza imperialista, una fuerza que representa los intereses de la aristocracia obrera, adoptando para ello las concepciones más desechables del marxismo, aquellas que violan su esencia revolucionaria para convertirlo en un conjunto de ideas inofensivas para el orden social establecido. En este sentido, a la aristocracia obrera le interesa que la burguesía monopolista aumente sus cuotas de mercado, a fin de verse beneficiada en el posterior reparto del pastel, siendo la opresión nacional una pieza clave de la unidad de mercado del Estado español. Y, ante esto, se nos plantea la siguiente cuestión: ¿Puede justificarse la adopción del nacionalismo en la nación oprimida cuando se hace lo propio en la opresora? La respuesta, entonada con toda rotundidad posible, es NO. El nacionalismo es una ideología burguesa, y como tal, debe ser combatida, sea cual sea su contexto, con su contrario dialéctico: el internacionalismo proletario. Si se da el caso, como se dio en los 70, de que en nombre de la unidad del proletariado se niega el derecho inalienable a la autodeterminación de las naciones, adoptando una posición imperialista, los comunistas debemos denunciar tal acción enarbolando el internacionalismo proletario. De hecho, hoy en día, existen organizaciones (PCPE, RC, PTD…) que en nombre de la unidad del proletariado han llamado a boicotear la consulta catalana del 9N, consulta donde la nación catalana estaba llamada a elegir su futuro. De esta forma, en nombre del proletariado estas organizaciones adoptaron la misma (o incluso una peor) posición que la burguesía monopolista española. Ante tales expresiones de ideología burguesa, los comunistas debemos mostrarnos beligerantes y enarbolar la bandera del internacionalismo. Lo que no debemos hacer bajo ninguna circunstancia es responder al nacionalismo con más nacionalismo. Es decir, lo que hizo la V. asamblea fue, ante una posición ultrarreaccionaria del PCE, mirar para otro lado dejando a estos vía libre para hegemonizar todo el antifranquismo en el Estado español y tomar la senda del nacionalismo revolucionario para presionar al Estado (ya que la toma de poder se veía inviable) solo desde Euskal Herria.
En el siguiente párrafo, los camaradas de Herri Gorri discrepan con nuestro análisis sobre la Revolución Socialista Vasca, argumentando que, si organizarse a nivel de Euskal Herria en lugar de a nivel de los estados imperialistas es aislacionismo nacional, también lo es organizarse a nivel de los estados en lugar de hacerlo a nivel internacional. Para dar con la tecla en esta cuestión, bastaría con repasar lo que es un estado burgués, sus funciones y su cometido.
(…) El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar (…) (…) El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder del Estado (…) (…)el Estado lo es, por regla general, de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que con ayuda de él se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo así nuevos medios para la represión y explotación de la clase oprimida (…)
Como bien señala Lenin (“El Estado y la revolución”), el estado es un órgano de dominación de clase, mediante el cual, en el capitalismo, la burguesía ejerce su dictadura contra el proletariado. Para ello, se dota de cuerpos represivos especiales y de emergencia, así como de un amplio aparato burocrático. De la misma forma, establece un mercado nacional en el que basa su capacidad de desarrollo, lo que le asegura un mínimo de estabilidad. Por otra parte, esto no quiere decir que el capitalismo no sea un sistema mundial en el que los mercados estén interconectados, así como consolidados con organismos internacionales de toda índole. Sin embargo, los organismos internacionales del capital no tienen la capacidad de ejercer la dictadura de clase sin valerse de los estados. De hecho, y de forma incuestionable, los aparatos burocráticos y represivos de la burguesía, orientados hacia la dictadura contra el proletariado local, son de mucho mayor dimensión que los organismos imperialistas. Por ejemplo, el ejército imperialista yankee tiene un poder de despliegue mucho mayor que el que puede tener la OTAN. No obstante, cuando las cosas se complican, EEUU prefiere prescindir de la OTAN para actuar de forma más explícita, aunque rara vez le es necesario. De forma similar, cualquier cuerpo policial de un estado imperialista es de mucha mayor dimensión que la propia Interpol. Por lo tanto, si bien el capitalismo es un sistema mundial, requiere de los estados como entes para ejercer la dictadura de clase de la burguesía, siendo incapaz de prescindir de ellos. De esta forma, la revolución proletaria tiene como objetivo inapelable la destrucción de los estados burgueses, baluartes de la clase dominante. De la misma forma, los estados son el centro principal de producción ideológica de la clase dominante, en base a unas relaciones sociales que permiten la producción y la reproducción ideológica, (con especial ahínco en los Mass Media y su papel que juegan en ello) reafirmando una vez más su papel imprescindible como órgano de dominación de clase en el orden mundial de opresión. Por todo ello, no es comparable, como prentenden nuestros camaradas de Herri Gorri, el marco de Euskal Herria respecto al de los estados, con el de los estados respecto al orden internacional.
Ya en el apartado “Independencia política, táctica o estrategia” los camaradas dan muestras de no haber entendido nuestro planteamiento. Nosotros planteamos lo siguiente: un independentismo sea como sea e independiente al contexto histórico en el que yace, no es sino una burda expresión de nacionalismo. Que nadie dude de que, si las fuerzas revolucionarias empezasen a fortalecerse en el Estado español, el hasta hoy nacionalismo vacilante del PNV se convertiría en un independentismo radical; es decir, llamarían a independizarse de la revolución. Por tanto, que una fuerza que se diga revolucionaria esté dispuesta a llamar a la independencia incondicionalmente, incluso si eso supondría independizarse de la revolución, nos parece un disparate inconmensurable. Este es el mejor ejemplo de la inviabilidad de un independentismo incondicional en el seno de un proyecto revolucionario. En lo que al internacionalismo respecta, parece que continúa la incomprensión de nuestros camaradas respecto a nuestros planteamientos. Cuando hablamos de internacionalismo, nos referimos a la necesaria fusión de la clase más allá de las barreras nacionales. Concretamente, esto en nuestro contexto significa que el proletariado revolucionario vasco debe fusionarse con sus camaradas catalanes, gallegos o españoles. De esta forma, la lucha contra el Estado español adopta un carácter internacional, proletario y de liberación nacional. Abogar por el internacionalismo en el marco del estado no significa que deba limitarse a ello; al contrario: el internacionalismo debe ser concebido como máxima proletaria mundial, siendo la Internacional Comunista la mayor expresión de internacionalismo proletario en su más amplia concepción. De esta forma, la Internacional debe actuar como Partido Comunista Mundial, expandiendo la revolución en los diferentes contextos bajo la dirección correcta de los partidos comunistas locales. Lamentablemente, no es posible la existencia de la IC sin antes la materialización del principio leninista de Socialismo en un solo país, pues es necesaria una base de apoyo que pueda articular al destejido movimiento proletario mundial bajo la concepción correcta del marxismo para nuestra época, dejando atrás las limitaciones que tanto lastran al marxismo en su cometido revolucionario. En resumen, el internacionalismo debe ser aplicado en la medida que se pueda, tanto a nivel mundial como a nivel internacional dentro de un mismo estado. Dicho esto, en el Estado español están todas las premisas dadas para que el proletariado, independientemente de su nacionalidad, se funda en la lucha contra el enemigo de clase. Solo así, bajo la unidad, será posible la victoria.
Más adelante, Herri Gorri hace mención a la cultura internacionalista, la cual niega y sustituye por la aceptación de la diversidad nacional. Como trataremos más abajo, apreciamos que nuestros camaradas distorsionan, si bien desinteresadamente, la orientación hacia el comunismo de la Revolución Proletaria Mundial en materia nacional. De hecho, Herri Gorri no se plantea la disolución de las naciones en cuanto construcción social burguesa; sino que las considera ajenas a la contradicción proletariado-burguesía, como estructura permanente en la sociedad comunista. De aquí que nuestros camaradas llamen a la diversidad nacional como máxima, cuando no es sino una reivindicación por plasmar bajo la dictadura revolucionaria del proletariado, así como en las dictaduras burguesas, para mediante la llamada a la paz entre pueblos, apologizar la guerra entre clases (haciendo que una contradicción se convierta en hegemónica y relegue a la otra). De la misma manera, la diversidad cultural no puede ser entendida como algo ajeno a la lucha de clases, sino de forma inherente a esta. Por ello, debemos dejar algo bien claro: toda cultura tiene, inevitablemente, un carácter de clase. La burguesía tiene variopintas expresiones culturales, dependiendo de su propósito concreto y del contexto en el que se ubica. Así mismo, el proletariado revolucionario, debe construir su cultura en base a sus intereses de clase concretos y al servicio de la Revolución Proletaria Mundial. Mediante el avance de la revolución y la forja de la unidad mundial de la clase, inevitablemente las expresiones culturales del proletariado adoptarán una connotación internacionalista, fiel a su carácter de clase mundial, transfronteriza. A su vez, esta cultura de nuevo tipo entrará en contradicción directa con la cultura burguesa, incluyendo las culturas nacionales. Hasta que, con la desaparición de la sociedad de clases, desaparezcan las naciones, la cultura burguesa y todo tipo de producción ideológica impropia de la realidad material. Así que, el internacionalismo proletario, no solo “unifica a los Pueblos Trabajadores con identidades culturales diversas”, sino que crea una cultura de nuevo tipo al servicio de los intereses de la clase. Y, como última anotación, decir que no basta con aceptar la diversidad cultural que existe en Euskal Herria, ya que esta diversidad (como cualquier otra) no es sino el producto de una sociedad regida bajo la dominación burguesa, y que el llamamiento a respetar esta diversidad, sin dar pié a la producción cultural de nuevo tipo, no puede servir sino para frenar la guerra entre pueblos, pero no para encender la guerra entre clases.
La siguiente cuestión que abordan los camaradas es en relación a la fusión o alianza del proletariado de las distintas naciones del Estado español. En el caso de la alianza, plantean la relación del proletariado vasco con el español en forma de estructuras orgánicas independientes. En el caso de la fusión, la unión de clase la entienden como el enrolamiento del proletariado de todo el Estado en un solo partido. Quizá cometimos del error de ser poco específicos en el uso de estos dos términos, pero lo cierto es que los usamos como sinónimos. Por ello, es a la fusión a lo que hacíamos referencia, considerando esta como la justa aplicación del internacionalismo proletario, así como del centralismo democrático, en la lucha contra la burguesía del Estado español y sus estructuras.
Posteriormente, Herri Gorri considera sorpresivo que llamemos a la destrucción del Estado fascista español como forma óptima de constituir la liberación nacional. Antes que nada, es necesario aclarar en qué medida es fascista el Estado español y por qué su carácter fascista es importante en la cuestión nacional. Cuando hablamos de que el Estado español tiene un carácter fascista, no nos referimos a que la burguesía adopte una forma de dominación basada en la dictadura terrorista abierta, establezca estructuras corporativistas ni que la oligarquía financiera prescinda de un bloque de clases dominantes que consoliden su posición hegemónica dentro de la clase. Nos referimos a que, el Estado español, en la llamada “transición” heredó gran parte de las estructuras que sirvieron como aparatos para la dominación de clase bajo la dictadura fascista española. De esta forma, el bloque de clases dominantes creado en la transición (burguesía monopolista, burguesías nacionales y aristocracia obrera) continuó con gran parte de las estructuras fascistas en seno del Estado, especialmente con aquellas relativas a la represión. Así, nos encontramos con que la los cuerpos represivos y militares del Estado español están plagados de fascistas, fervientes amenazadores en nombre de la España indisoluble. Esto hace que la democracia burguesa española sea inviable a la hora de realizar un referéndum de autodeterminación. No obstante, si la burguesía monopolista percibe que puede sujetar o aumentar sus cuotas de mercado aún con la independencia, no tendrá problema en cargarse a la casta, el régimen del 78 y hasta a los borbones si fuese necesario; obviamente, Podemos juega un papel clave en todo esto.
No tenemos diferente respuesta al planteamiento que hace Herri Gorri sobre este tema del que ya hayamos pronunciado y respaldado anteriormente; la principal estrategia del proletariado revolucionario por la liberación social y nacional de las naciones oprimidas y contra el imperialismo español es la de la completa unión, la aplicación de los principios fundamentales del comunismo y la defensa férrea del derecho de autodeterminación. La cuestión nacional debe introducirse en el seno de la teoría marxista-leninista, debe vincularse constantemente con la estrategia general de avance hacia la conquista del poder obrero, el socialismo y la dictadura del proletariado, en total contraposición con las teorías y perspectivas nacionalistas y socialchovinistas de la burguesía y de la pequeña-burguesía. Definitivamente, la solución para la cuestión nacional no puede ser considerada aisladamente del profundo proceso histórico que va desarrollándose, no puede ser considerada una lucha ajena a la dicotomía proletariado-burguesía, no al menos, de manera estratégica.
No obstante, cuando Herri Gorri nos “acusa” de contradictorios cuando dicen“Citando literalmente el texto de KIMETZ “…los leninistas vascos, debemos impulsar la independencia política en las situaciones en las que sea un acto revolucionario y afecte al debilitamiento del Poder del Estado español, a la vez que suponga el fin de la opresión nacional”. Este fragmento, cuestiona sus afirmaciones relativas a que la independencia “incondicional”, divide al proletariado, que ellos mismos habían señalado, ya que ahora se señala la necesidad de impulsar procesos de “independencia política”, que sean actos revolucionarios, así como sus tesis relativas a la ruptura del sujeto revolucionario estatal y las tesis sobre el “aislamiento nacional”, ya que ahora la independencia de una nación oprimida, puede ser positiva, puesto que debilita al Estado burgués español”. No entendemos como una cuestión tan sencilla crea tantas dudas, como hemos dicho anteriormente (en esta misma respuesta) no apoyamos la “independencia incondicional” porque no aceptamos la indenpendencia política de la revolución proletaria, pero lógicamente impulsaremos la independencia politica cuando ésta ponga fin a la opresión nacional en un escenario burgués (actual). En una sola palabra, SI a la independencia política en un escenario burgués y reaccionario, NO a la independencia en un escenario revolucionario; aislarnos del Estado español reaccionario, abrazar la lucha por un Estado proletario. Eso es bajo nuestro punto de vista, no aceptar una “independencia incondicional”. Por otra parte, sobre lo que Herri Gorri nos atribuye con nuestra postura “la división del proletariado” en los casos en los que decimos SI a la independencia política, no hay mucho que decir que no se haya manifestado anteriormente. Para nosotros la verdadera y fiel unión del proletariado llega desde la unión, dándose la “división”, si así se decide, como máximo garante de democracia; es decir, “impulsar la unidad, y si es preciso, dividir para volver a unir”. Consigna que debe ser defendida siempre desde la unión proletaria y el internacionalismo proletario y no calumniada ni prostituida desde posiciones burguesas, como “dividir, para no unir jamás”.
La correcta estrategia del proletariado revolucionario es la que propugna la unión voluntaria de las naciones (oprimidas) y es por ello, por lo que debe defenderse “a capa y espada” el derecho de autodeterminación e incluso, y sobre todo, la separación. Como hemos dicho más arriba, y como experiencia histórica real, objetiva y materialista el “impulsar la unidad, y si es preciso, dividir para volver a unir” es el camino real para liberar a las naciones oprimidas del yugo del imperialismo español, es este el único método científico, revolucionario y proletario; el único método comunista e internacionalista para resolver el problema nacional.
Ya en el apartado Nación y estado, nuestros camaradas consideran llamativo que hablemos de la posible intervención imperialista contra la RSV y no hagamos lo propio en el caso de un derrocamiento de todo el Estado español. La cuestión es que no nos referíamos a una intervención imperialista multinacional como la de la Guerra Civil Rusa (que inevitablemente, se dará, de uno u otro modo), sino a la intervención del imperialismo español, tratando el asunto como cuestión interna. Teniendo en cuenta que un Estado-comuna debe seguir el principio de “apoyarse en sus propias fuerzas”, las propias fuerzas de un Estado-comuna confederal ibérico serían manifiestamente superiores a las de un pequeño Estado-comuna de apenas 3 millones de habitantes. La destrucción total del Estado español, no solo acarrearía la liberación nacional de nuestra patria, sino también la de los catalanes y gallegos, así como la de la semi-colonia canaria. A su vez, huelga decir que la unión en la confederación ibérica deberá ser siempre a título nacional y de carácter voluntario, posibilitando la futura entrada de otras naciones como Portugal, la integración de Andorra y el Rosselló en los PPCC o la de Iparralde con el resto de Euskal Herria.
Continuando el análisis, nuestros camaradas hacen hincapié en la situación de un marco autónomo de lucha de clases en Euskal Herria, consecuencia de su carácter de nación oprimida. No obstante, esto no puede llevar sino al planteamiento partido-nación, delimitando así la organización comunista a un escenario ajeno al terreno de combate que requiere el enemigo de clase. De esta forma, el internacionalismo proletario es inaplicable, ya que el proletariado adopta su organización independiente en los estrechos límites de su nación. Por el contrario, el internacionalismo proletario, esencia del proletariado revolucionario y de la Revolución Proletaria Mundial, requiere de la fusión directa de la clase independientemente de la nacionalidad, en base a unas premisas que están dadas: la base de los estados como terreno para derrocar al imperialismo.
De igual manera, Herri Gorri encuentra contradictorio que veamos la ocasión de iniciar un proceso revolucionario aprovechando la contradicción nacional (como en el ejemplo de Catalunya) con lo expuesto en el párrafo anterior. El planteamiento es bien sencillo: nosotros apostamos por una táctica-plan de carácter revolucionario, capaz de resolver la contradicción nacional mediante la revolución social. Este debe ser el camino de los comunistas, el de la revolución en las mejores condiciones posibles. No obstante, si la contradicción nacional adopta un carácter asumible y resoluble por las fuerzas de la revolución, ¿Cómo mirar para otro lado? De hecho, los comunistas debemos ser ejemplares y dignos de nuestra palabra, “la verdad es siempre revolucionaria”, más aún cuando debemos lograr la legitimidad en diversas naciones. Por tanto, si en el programa de todo comunista aparece de forma incondicional el reconocimiento y la defensa del derecho a la autodeterminación, ello no debe jamás quedar en letra muerta; si la contradicción nacional se encuentra en una situación capaz de resolverse previa materialización de la revolución proletaria, los comunistas debemos actuar de dos formas, según las condiciones subjetivas y su dimensión vigentes en el momento: 1) en todo caso, llamando al proletariado y la nación oprimida en general a votar por su independencia nacional, a fin de acabar con su situación de sometimiento; o 2) si el partido ha sido (re)constituido y cuenta con capacidad de movilización suficiente, actuando como fuerza garante del proceso de autodeterminación, haciendo cumplir el resultado final de la votación. Estos casos son aplicables a un estado como el español, negador sistemático de la libre voluntad de las naciones sometidas por él, más aún al vigente proceso catalán. Como es sabido, nosotros llamamos a votar por la opción Sí/Sí, la única opción que, de cumplirse, garantiza el fin de la opresión nacional sobre Catalunya bajo un marco burgués. Por ello, el objetivo estratégico de la revolución en las mejores condiciones posibles, no significa que haya que cerrarse al dogmatismo y dejar de contemplar oportunidades para desencadenar un proceso libertador. Sin embargo, esto no es, ni mucho menos, contradictorio con oponerse al independentismo incondicional. Los comunistas debemos siempre realizar en análisis concreto de la situación concreta, y esto nos lleva inevitablemente a estar en contra de planteamientos dogmáticos e idealistas de esa índole. Como hemos mencionado arriba, las capas monopolistas de la burguesía vasca, fervientes españolistas históricamente se volverían hacia el independentismo en caso de situación revolucionaria en el Estado español, precisamente para independizarse de la revolución (lo mismo pasaría con la burguesía nacional Jeltzale). Por tanto, sería de una abismal necedad llamar a separar un proceso revolucionario, o un Estado-comuna; en resumen, lo que incondicionalmente defendemos los comunistas es el derecho a la autodeterminación, mientras que la posición a tomar en dicho proceso no puede definirse en abstracto, ya que es relativa a la situación concreta. Así mismo, Herri Gorri se muestra desconforme con el carácter subordinado del marco autónomo de lucha de clases de Euskal Herria respecto al de los estados.
Por último, nuestros camaradas nos sorprenden con algo que hemos mencionado al comienzo, su incomprensión del papel del desarrollo histórico de las naciones. Esta conclusión la sacamos dado el siguiente fragmento: “KIMETZ llega a afirmar que el carácter internacional del proletariado, mira más allá de las fronteras nacionales y “tiene como objetivo un mundo sin naciones” bajo el comunismo. De no ser que constituya un error en la redacción del escrito, en el que “sin naciones” quiera decir “sin Estados”, no entendemos dicha afirmación.” Pues bien, no se trata de ningún error de redacción, sino de una concepción sobre la nación cualitativamente diferente a la que tienen los camaradas de Herri Gorri.
“Del mismo modo que la humanidad sólo puede llegar a la liquidación de las clases después de pasar por un período transitorio de dictadura de la clase oprimida, no podrá llegar tampoco a la fusión inevitable de las naciones sino después de pasar por un período transitorio de plena liberación de todas las naciones oprimidas, es decir, por el período de su libertad de separación”(…) “Las diferencias nacionales durarán incluso, mucho tiempo después de la instauración universal de la dictadura del proletariado…” (V. I. Lenin. “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo”).
“Hay que poner a las culturas nacionales en condiciones de desenvolverse y florecer, permitiéndoles revelar toda su fuerza latente, a fin de crear las condiciones para su fusión en una cultura, común única, con un idioma común único, en el período de la victoria del socialismo en todo el mundo. El florecimiento de las culturas, nacionales por la forma y socialistas por el contenido, con la dictadura del proletariado en un solo país, para su fusión en una cultura socialista común única (por la forma y por el contenido), en un idioma común único, cuando el proletariado triunfe en todo el mundo y el socialismo haya tomado carta de naturaleza en la vida: tal es, precisamente, el modo dialéctico como Lenin plantea la cuestión de la cultura nacional”. (J. V. Stalin. “Informe político del Comité Central ante el XVI congreso del P.C.(b) de la U.R.S.S).
Lo que las leyes de desarrollo materialista de las sociedades nos enseña es que tras la victoria del socialismo y un periodo de plena libertad de las diferentes naciones, donde cada una de ellas en pie de igualdad y mediante el lazo internacional entre todas ellas, dará paso el florecimiento de las culturas y las lenguas nacionales propias. Y solo mediante el fortalecimiento del socialismo con la vida de los pueblos y el triunfo de la dictadura universal del proletariado, solo en ese preciso momento podrá llevarse a cabo, poco a poco, la extinción de las diferencias naciones que acarreará la inevitable y plena fusión de todas las culturas e idiomas en una sola cultura y en un solo idioma universal sobre la base del comunismo. Negar este desarrollo materialista, proletario e internacionalista de la nación, implica abrazar, de una forma u otra, la sociología burguesa reaccionaria que considera la nación desde un punto de vista metafísico, eterno, invariable e idealista; surgiendo de esta forma todo tipo de ideologías nacionalistas y socialchovinistas.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Madre mía, estos de kimetz están tarados. Cataluña iba a elegir su futuro el 9 n? Un poco de rigor por favor.
Además, no entienden lo que es la lucha de dos lineas, esta, justamente, se opone a la ley dialectica de unidad y lucha de contrarios.
Habéis conseguido a alguien que escribe muy bien pero comete errores garrafales a nivel teórico.

Anónimo dijo...

Madre mía, estos de kimetz están tarados. Cataluña iba a elegir su futuro el 9 n? Un poco de rigor por favor.
Además, no entienden lo que es la lucha de dos lineas, esta, justamente, se opone a la ley dialectica de unidad y lucha de contrarios.
Habéis conseguido a alguien que escribe muy bien pero comete errores garrafales a nivel teórico.

Anónimo dijo...

deja mucho que desear este ultimo articulo de kimetz. cataluña iba a decidir su futuro en una consulta no vinculante orquestada en el seno de la burguesia? lo dudo mucho... no soy militante de ninguna de las organizaciones que habeis mentado en la critica respecto a este asunto, pero, desde luego, entiendo que cuando se lanzan acusaciones como las que haceis, estas tienen que ser sustentadas por argumentos solidos, fruto de un analisis materialista. no por afirmaciones distorsionadoras de la realidad.

Por otro lado, esta claro que no se domina correctamente el concepto de lucha de dos lineas, siendo este totalmente opuesto a la ley dialectica de la unidad y lucha de los contrarios.

no estando de acuerdo con la linea ideologica de kimetz, si en cambio viendo avances teoricos como por ejemplo en cuanto al marco autonomo de lucha de clases se refiere, veo que la calidad discursiva a la hora de transmitir la linea ideologica esta cada vez mas mermada.

esto se debe a que se basan en teorias cuyo significado total no entienden, y a que no analizan la realidad de manera objetiva.

Anónimo dijo...

deja mucho que desear este ultimo articulo de kimetz. cataluña iba a decidir su futuro en una consulta no vinculante orquestada en el seno de la burguesia? lo dudo mucho... no soy militante de ninguna de las organizaciones que habeis mentado en la critica respecto a este asunto, pero, desde luego, entiendo que cuando se lanzan acusaciones como las que haceis, estas tienen que ser sustentadas por argumentos solidos, fruto de un analisis materialista. no por afirmaciones distorsionadoras de la realidad.

Por otro lado, esta claro que no se domina correctamente el concepto de lucha de dos lineas, siendo este totalmente opuesto a la ley dialectica de la unidad y lucha de los contrarios.

no estando de acuerdo con la linea ideologica de kimetz, si en cambio viendo avances teoricos como por ejemplo en cuanto al marco autonomo de lucha de clases se refiere, veo que la calidad discursiva a la hora de transmitir la linea ideologica esta cada vez mas mermada.

esto se debe a que se basan en teorias cuyo significado total no entienden, y a que no analizan la realidad de manera objetiva.

Anónimo dijo...

Todo este pajeo ya se realizó en las mesas de Iruñea segun nos contaron en el PCPE. Incluso se hizo un balance de la historia del MLNV al estilo del MAI, hecho por Kimetz en el famoso ¿kimetz informa?. Ese informe adolecia de todo rigor y fue el MAI el que acabó destruyéndolo.

La unidad por lo ideológico confrontando la lucha de dos lineas no es una apuesta seria. Lo dicho, seguid así.

No os vais a poner deacuerdo ni en el color de la mierda que cagais. Cuando la frustración vuelva a aparecer podeis seguir repitiendo el mantra de la culpabilidad: reformismo del PCPE, la mierda de Borroka traizioa da, los EHKs etc, etc, etc o en su defecto traidores y chivatos varios.

Un saludo