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14 abril 2015

Stalin de Galeano

Aprendió a escribir en la lengua de Georgia, su tierra, pero los monjes lo obligaron a hablar ruso en el seminario.

Años después, en Moscú, todavía delataba su acento del sur del Cáucaso.

Entonces decidió ser el más ruso de los rusos. ¿Acaso Napoleón, que era corso, no había sido el más francés de los franceses? ¿Y la reina Catalina de Rusia, que era alemana, no había sido la más rusa de los rusos?

El georgiano Iósif Dzhugashvili eligió un nombre ruso. Se llamó Stalin, que significa acero.

Y de acero había de ser el heredero del hombre de acero: Yakov, el hijo de Stalin, fue templado desde la infancia en el fuego y en el hielo, y a golpes de martillo fue modelado.

No hubo caso. Había salido a la madre. Y a los diecinueve años, Yakov no quiso, no pudo, más.

Apretó el gatillo.

El balazo no lo mató.

Despertó en el hospital.

Al pie de la cama, el papá comentó:

Ni siquiera eso sabes hacer.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Stalin estaba como un silbo. Fidel y Raul tienen al mayor imperio de todos los tiempos a tiro de lapo de sus casas y nunca han necesitado purgar nada. Lucio Urtubia dijo hace una semana, "actuad con argucia y con astucia porque somos lo que hacemos".