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09 mayo 2015

DEBATE CON RC SOBRE CUESTION NACIONAL

0-INTRODUCCION
Como bien apunta la organización Reconstrucción Comunista, la anterior respuesta a sus críticas y planteamientos, se ocupó principalmente del concepto de Marco Nacional y Autónomo de Lucha de Clases, debido a la centralidad que en Herri Gorri le asignamos, como marco estratégico de nuestra línea política. Más allá del debate teórico, político e ideológico que pudiera generarse en torno al mismo, a priori no consideramos que pudiera llevar a posicionamientos antagónicos, y explicaremos la razón. Su defensa como marco estratégico revolucionario, unida a una resuelta y consecuente línea internacionalista y marxista-leninista y posiciones que, aún desde un marco estratégico estatal español -o francés-, mantengan una línea marxista-leninista, en la que el principio básico del derecho a la autodeterminación e incluso a la secesión, no sea mera fraseología, pueden ser la base de alianzas tácticas -e incluso estratégicas-, si el internacionalismo no se convierte en mera fraseología y se sigue una correcta línea política revolucionaria, contra el revisionismo, el reformismo y el oportunismo. Y esta reflexión la realizamos no sólo pensando en Reconstrucción Comunista, sino en otras organizaciones.
En el análisis que realizamos de los posicionamientos de KIMETZ relativos a la cuestión nacional, ya expresamos de manera explícita, nuestra valoración positiva respecto a organizaciones de carácter estatal que, consecuentes con el marxismo-leninismo, lo sean en lo referido a la autodeterminación y la secesión. Lógicamente, nuestra concepción del futuro Partido Comunista de Euskal Herria parte de su independencia política y orgánica y sus relaciones con otras organizaciones marxistas-leninistas, dependerán de la propia política de alianzas de la que se dote, pero no entenderíamos que no pudieran llegarse a establecer relaciones incluso fraternales.
1.-SOBRE EL MARCO NACIONAL Y AUTONOMO DE LUCHA DE CLASES
Reconstrucción Comunista, reconoce las “características propias” innegables de Euskal Herria, afirmando la base cultural, la existencia de un idioma, una territorialidad estable y una idiosincrasia característica. Es decir, RC reconoce de facto las características de Euskal Herria como Marco Nacional, incluso de un modo más restrictivo que nuestra organización, pues Herri Gorri, reconoce en el Marco Nacional de Euskal Herria, tres idiomas fundamentales, español, francés, euskera, además de diferentes identidades culturales, asociadas a una estabilidad territorial y una idiosincrasia característica determinada por las relaciones dialécticas, complejas entre las mismas.
Dentro del esquema que siguen respecto a la definición clásica del concepto de Nación, propuesta por Stalin, entran de lleno en otra cuestión fundamental, que es la de una “vida económica común” y que, desde su perspectiva, no se cumpliría en el caso de Euskal Herria, lo que invalidaría la definición de Marco Nacional y Autónomo de Lucha de Clases. En el momento histórico que nos encontramos, la “vida económica” no es otra que la determinada por el Modo de Producción Capitalista. Un capitalismo “que dirige e impone el estado central español”, es decir, Euskal Herria carecería de modelo económico propio, debido a que “su vida social, está determinada por el régimen económico del Estado español”. Debemos clarificar que RC considera Euskal Herria lo que solemos entender por Hegoalde, negando la caracterización de Iparralde, como parte de su territorialidad.
El modo de producción capitalista, constituye en realidad una categoría teórica y por ello abstracta, que trata de representar los elementos que caracterizan al capitalismo, desde sus albores hasta la actualidad, los diferentes tipos de capitalismo existentes en diferentes realidades nacionales/estatales y los modelos de acumulación y de valorización del capital, correspondientes a sus fases históricas. Así podemos aplicar la expresión analítica D-M-D´, en la que capital-dinero, se transforma en capital productivo y éste de nuevo en capital-dinero, al que se le ha incorporado el plusvalor, determinado por la tasa de explotación, a cualquier momento histórico del capitalismo.
El capitalismo, además, contiene una tendencia inherente hacia su internacionalización y a la construcción de un mercado mundial, acelerado durante el imperialismo y su fase globalizadora. Es decir, la contradicción capital-trabajo, adquiere características internacionales o trans-nacionales, debido a la internacionalización de la división del trabajo y de las relaciones de producción.
Ahora bien, el capitalismo existe, “hace pie”, se constituye en modo de producción dominante, en sociedades históricas concretas, en las que la relación con los modos de producción pre-existentes, determinan la forma en la que la economía, la política y los fenómenos ideológico/culturales, funcionan como sistemas relativamente autónomos, estableciendo entre los mismos relaciones dialécticamente constitutivas, de forma diacrónica (historia) y sincrónica (contexto-coyuntura). Es este concepto de “sociedad histórica” el que debemos retener para saber a lo que nos referimos cuando utilizamos el concepto de Formación Económico-Social. Es este concepto, el que determina la forma en la que en una sociedad concreta, la contradicción capital-trabajo –estructural en el capitalismo- cobra forma en una dinámica de lucha de clases que será específica y concreta.
Estas explicaciones previas son necesarias para entender la caracterización del capitalismo en diferentes contextos nacionales y/o estatales, su forma concreta y la diferente forma en la que la contradicción capital trabajo existe y, por ello, la estrategia revolucionaria marxista-leninista que debe ser utilizada en cada contexto/marco.
La línea argumental de RC en este sentido, es bastante similar a la que ya respondimos a la organización KIMETZ, cuando coincidimos con ellos que, efectivamente, la caracterización del Marco Nacional-Euskal Herria es el de AUTONOMO y no INDEPENDIENTE que, en realidad, nadie ha sostenido, ni sostiene. Otra cuestión es que existan sectores propios y ajenos al Pueblo Trabajador Vasco, que anhelen la Independencia, pero eso es algo muy diferente.
RC afirma que “la estructura judicial, política, económica, represiva, cultural, educativa, es la que ha impuesto el Estado español”, y no podemos dejar de coincidir con estas justas palabras. Las características de Euskal Herria como Formación Económico Social y sociedad histórica concreta, han sido generadas en su relación con el marco estatal español en el caso de Hegoalde. Y claro está, el “epicentro” de las decisiones que afectan a Hegoalde, se encuentran en gran medida en los aparatos del Estado español y por ello, realizamos valoraciones acerca de la función objetiva que cumplió el PNV en la reforma post-franquista y su consolidación, así como todo el conjunto de actuaciones políticas, represivas, ideológicas… que han afectado a Hegoalde. ¿Cómo no realizar valoraciones sobre cuestiones que constituyen nuestro marco de intervención político? Lo extraordinariamente raro sería no hacerlo.
RC parece que otorga a la afirmación del marco nacional y autónomo de lucha de clases, una concepción cerrada -e independiente-, ajena a la propia exterioridad de dicho marco que, en realidad explica también su base endógena. Es sencillo de entender que, precisamente, uno de los elementos fundamentales que explican el carácter de Euskal Herria como marco, ha sido la opresión que el Estado español ha desarrollado sobre la identidad/cultura euskaldun. De manera simultánea, otro de los rasgos característicos de dicho marco, ha sido la inexistencia de una clase capitalista “nacional” en Euskal Herria, sino que, de hecho, se constituyó en punta de lanza del desarrollo capitalista en el Estado español, conduciendo la revolución industrial y el propio desarrollo capitalista en Hegoalde –esencialmente Bizkaia y Gipuzkoa-.
La clase capitalista de Hegoalde, instrumentalizó el nacionalismo aranista –en realidad anticapitalista y reaccionario- reconstruyéndolo y reconstruyendo al PNV de comienzos del siglo XX, en un nacionalismo burgués bajo la dirección del “sotismo”, con su función más convencional de dividir al movimiento obrero y negar la lucha de clases. Incluso en los primeros tiempos, podemos diferenciar entre este nacionalismo netamente burgués, con un nacionalismo radical independentista pequeño-burgués en torno a JAGI-JAGI, Mendigozales y ANV, cada vez más consciente del problema del capitalismo y de la influencia de la lucha de clases en Euskal Herria, hasta que el triunfo del fascismo acabó con cualquier posible evolución.
El desarrollo del capitalismo en Euskal Herria, en realidad es parte integral –y casi pionera- del capitalismo español, eso es objetivamente cierto, pero se asienta sobre una sociedad histórica pre-existente que determinará las condiciones concretas en las que el capitalismo se consolida como modo de producción predominante y el desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo, generó ya de base, una “vida económica” heterogénea respecto a la del Estado español, para empezar, por la presencia de una pequeña burguesía como fenómeno estructural de la dinámica de clases en Euskal Herria, diferente al existente en el Estado español.
El acelerado desarrollo de las fuerzas productivas en Bizkaia y Gipuzkoa esencialmente, gestó un elemento determinante del capitalismo en Euskal Herria, como fue la consolidación de un modelo de valorización y acumulación de capital, que rebasaba las posibilidades del marco de Euskal Herria. La concentración y centralización de capital en Hegoalde, rebasaba con mucho, las posibilidades de consolidar un “mercado nacional”, debido a su escasa dimensión territorial y poblacional y por ello, la clase capitalista vasca precisó del marco estatal español, tanto para la realización del beneficio, como para importar la necesaria fuerza de trabajo del agro español. Precisamente por ello, nos parecen absurdas las concepciones que tratan de caracterizar a Euskal Herria como una “colonia” de España y aplicar esquemas de procesos de liberación nacional importados de otros contextos y realidades muy diferentes.
Pero RC va más allá. Intentando deslegitimar nuestra posición y al tratar de demostrar la inexistencia de una “vida económica propia”, nos señalan que cuando en Herri Gorri confirmamos que la crisis del 2008 y la posterior ofensiva del capital, ha reactivado formas de confrontación entre capital y trabajo y señalamos fenómenos como la lucha popular contra los desahucios, el 15 M o las marchas por la dignidad, apuntan que son producto de las políticas del Estado español, y por ello negarían el carácter de Euskal Herria como Marco. Si no hemos entendido mal, la posición de RC sería la siguiente: La ofensiva del capital es española, por lo que el marco de lucha es estatal; en Herri Gorri incurriríamos en una desviación estratégica, al reclamar el marco nacional y autónomo de lucha de clases, y no luchar contra el Estado español que es el que impulsa dicha ofensiva.
Creemos que RC analiza la cuestión del Marco-Euskal Herria, desde una perspectiva errónea. No se trata de una discusión ideológica o, como afirman en otra parte de su texto, una “cuestión sentimental”, motivada por nuestro pasado en el MLNV. Es un elemento estructural de la teoría y de la praxis política revolucionaria en Euskal Herria, porque el fundamento de las mismas reside en la caracterización de una Formación Económico Social, en la que la contradicción capital-trabajo, asume unas formas específicas, heterogéneas, que precisan de una estrategia revolucionaria propia, una línea de intervención en el movimiento popular, en el movimiento obrero y en la política propias, para conducir una estrategia de acumulación y de transformación de las correlaciones de fuerzas.
RC parece considerar que hablar de Marco de lucha de clases, implica considerarlo como independiente, ajeno a la realidad externa y, por ello, incompatible con una línea de internacionalismo proletario, por ejemplo en la lucha contra el propio Estado español.
RC incurre en el error de considerar Euskal Herria como un marco independiente, hablando de un supuesto modelo capitalista propio. Incurren en un error al no tener claro el concepto de marco nacional y autónomo de lucha de clases. Este concepto, no implica que consideremos Euskal Herria como “una isla” –algo absurdo-, ni que hablemos de un capitalismo “vasco”… de lo que hablamos es de la forma que adopta la contradicción capital-trabajo en Euskal Herria, dicho de otro modo, las características que Euskal Herria, como sociedad histórica, como Formación Económico Social, aporta a las condiciones de la lucha de clases. Esta lucha de clases, requiere una estrategia revolucionaria propia hacia el socialismo, una estrategia que de forma necesaria, deberá coordinarse desde la premisa del internacionalismo proletario, con otras organizaciones revolucionarias de otros marcos nacionales/estatales. Incluso con la propia Reconstrucción Comunista si se diera el caso, y si aplicaran el principio fundamental del marxismo-leninismo sobre el derecho de autodeterminación y a la secesión de forma consecuente. No vemos donde reside el problema.
“No existe el capitalismo vasco, las leyes vascas de producción, las relaciones vascas de producción, etc” certifica RC para negar la “vida económica” en Euskal Herria, pero de nuevo parten de una caracterización que llevada a sus últimas consecuencias, podríamos llegar a conclusiones absurdas. Desde las premisas que RC fija como condiciones que permiten definir un “marco de lucha de clases” y de una Formación Económico Social, en el que la vida económica adopta una importancia tan evidente, podríamos afirmar también que no existe el capitalismo español, ni las leyes españolas de producción, porque se encuentran subordinadas a las directrices de la Troika, el imperialismo y la división internacional del trabajo. Y es que, tál y como hemos explicado, el capitalismo, las relaciones de producción y los procesos de valorización de capital, se desarrollan en determinados marcos, en los que la materialidad del modo de producción, no puede hacer abstracción de la objetividad de los elementos políticos, institucionales, judiciales, ideológico-culturales… que intervienen sobre el mismo.
Por ello, la defensa del Marco Nacional y Autónomo de Lucha de Clases, como fundamento de una estrategia revolucionaria y planteamientos estatalistas marxistas-leninistas, no debieran ser antagónicos, si el nacionalismo vasco y español son eliminados de la ecuación y el objetivo del socialismo nos unifica en la lucha táctica y estratégica.
2- CUESTION NACIONAL Y NACIONALISMO
No ha sido el nacionalismo el que ha inventado “la cuestión nacional”. Diríamos más bien que los elementos que estructuran la “cuestión nacional”, generaron el nacionalismo. No nos entretendremos en rememorar aquí la historia del nacionalismo en Euskal Herria, pero si debemos tener algunas cosas claras.
1º Existen unos factores objetivos e históricos de opresión sobre la identidad y el idioma euskaldun en Euskal Herria, tanto en Iparralde como en Hegoalde, agudizados durante la Dictadura fascista, pero presentes de manera previa(?) y posterior a la misma.
2º Esa identidad euskaldun, ligada no sólo a un idioma, sino a unas determinadas formas colectivas de existencia que se corresponde a la definición que Stalin realizó de la nación como “comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura” , fue progresivamente minorizada y diluida. Esta base histórica de opresión cultural, tuvo además en la eliminación de los Fueros(?) tras las guerras carlistas, un componente de opresión política e institucional que genera las condiciones para el surgimiento del nacionalismo vasco como producto de la opresión de dos nacionalismos centralistas, ocupados en la construcción de sus mercados y Estados nacionales.
3º Salvo la honrosa excepción del Partido Comunista de Euskadi que, en la línea del internacionalismo proletario y desde un análisis correcto de la cuestión nacional, introdujo la autodeterminación y el derecho a la secesión, como elementos de su estrategia política, a principios de los años 30 y que el triunfo del fascismo y la línea reviosinista del PCE liquidaron, la historia del comunismo en relación a Euskal Herria se caracteriza por una incorrecta línea política.
4º El surgimiento y la evolución del nacionalismo revolucionario en Euskal Herria, es el producto de la confluencia contradictoria, problemática y quizás nunca resuelta, entre un nacionalismo progresista e independentista, cualitativamente diferenciado del nacionalismo articulado en torno al PNV y la lucha de clases. Esa contradictoria confluencia, estableció una ideología popular revolucionaria, predominantemente pequeñoburguesa pero con capacidad de interpelar a sectores del Pueblo Trabajador Vasco con conciencia nacional vasca y sometidos a la explotación del capital, con la que se reconocieron sujeto político con conciencia nacional de clase.
5º La clase capitalista de Hegoalde forma parte del bloque en el poder del Estado español, donde históricamente se han centrado sus intereses ligados a la acumulación y valorización del capital. En este sentido, su nacionalismo si puede ser efectiva y unívocamente definido como de carácter burgués, en su función tradicional de desactivación de la lucha de clases mediante diferentes estrategias políticas, ideológicas y represivas.
Este nacionalismo burgués, surgió como respuesta a dos amenazas estructurales. La primera de ellas, a la lucha de clases y la segunda, al propio nacionalismo revolucionario y al independentismo, cuya materialización resultaría antagónica con sus intereses de clase.
6º La incapacidad y el inadecuado análisis, cuando no el simple desprecio que, salvo honrosas excepciones, ha mostrado el comunismo y sus sucursales en Euskal Herria en relación a la opresión nacional, la autodeterminación y el independentismo, explican el desarrollo del nacionalismo revolucionario y la capacidad por parte de sectores pequeñoburgueses revolucionarios de izquierdas y abertzales, de cooptar a elementos del Pueblo Trabajador Vasco, ante la inexistencia de un comunismo, en el que dichos elementos objetivos hayan sido integrados en un programa revolucionario marxista leninista.
El independentismo, la presencia de un sentimiento de identidad nacional vasco, sea euskaldun , filo-euskaldun o con una conciencia de la opresión centralista del nacionalismo español y/o francés, fuertemente asentado entre amplias fracciones del Pueblo Trabajador Vasco, no puede ser analizado como mero producto del nacionalismo y despacharlo sin más, afirmando que es “burgués”. Es precisamente esta forma de abordar esa realidad, la que lleva a que el nacionalismo instrumentalice en su propio beneficio el conflicto entre identidades, ejerza una ruptura en el seno del pueblo trabajador y el eje de confrontación entre abertzalismo y nacionalismo español, sustituya a la confrontación entre capital y trabajo.
¿Somos por ello en HERRI GORRI “independentistas incondicionales”? Por supuesto que no. Reconociendo el carácter revolucionario del independentismo, nuestra consigna no es “Independencia y Socialismo”, sino línea marxista-leninista de acumulación y de transformación de las correlaciones de fuerzas, para que el Pueblo Trabajador Vasco ejercite la autodeterminación como construcción socialista. Formar un nuevo bloque histórico en el que la independencia sea el producto de la lucha de clases y resuelva de manera simultánea cualquier tipo de opresión cultural/identitaria, política y la explotación capitalista.
Stalin pudo definir determinados elementos objetivos que constituyen una nación, pero existe un elemento más que es el de la voluntad hegemónica de ser nación. Un proyecto colectivo de libre adhesión, en el que la construcción nacional implique un proyecto de clase, que unifique las diferentes identidades presentes en Euskal Herria en el objetivo de una patria y un estado socialista de los trabajadores y trabajadoras. Esa es nuestra condición para la independencia.
3- SOBRE EL PUEBLO TRABAJADOR Y EL MARCO DE LUCHA DE CLASES
Lo que RC afirma acerca del Pueblo Trabajador Vasco, es objetivamente cierto. Fueron los debates de la 5ª Asamblea, los que conceptualizaron el Pueblo Trabajador Vasco, como sujeto con “conciencia nacional y de clase”, dotándolo de una impronta ciertamente interclasista y nacionalista, aún bajo parámetros revolucionarios. Sin embargo, a lo largo de nuestros escritos, hemos definido al Pueblo Trabajador Vasco, desde parámetros muy diferentes. No reconocer esto, y considerar que nos mantenemos en una línea de continuidad con dicha concepción, es no ajustarse a la verdad. Más aún, esta redefinición del Pueblo Trabajador Vasco, que de facto rompe el esquema general del nacionalismo revolucionario y con la definición del sujeto político en Euskal Herria que caracteriza a la Izquierda Abertzale, impulsó una contradicción antagónica en el seno del colectivo que terminaría denominándose Herri Gorri que tuvo como consecuencia que diversos compañeros y compañeras terminaran abandonando el proyecto organizativo.
El Pueblo Trabajador Vasco, lo hemos definido desde su antagonismo respecto al capital y consideramos como más adecuado la denominación de “Pueblo Trabajador”, por representar el conjunto de fracciones pertenecientes a la clase obrera, de los sectores productivos e improductivos, los sectores subempleados y desempleados, estudiantes, trabajadores y trabajadoras en actividades reproductivas no remuneradas, falsos autónomos y autónomos sin empleados o en microempresas en muchos casos familiares, inmigrantes en condición legal o ilegal en condiciones de super-explotación, mujeres sometidas a una doble explotación, como productoras de plusvalor y por su condición de mujer… y además de dichas situaciones muy explícitas y no precisamente vinculadas al “interclasismo”, tenemos además el carácter identitario/cultural de todas esas categorías, que el nacionalismo trata de instrumentalizar en su propio beneficio. Por ello, definimos el sujeto construido en torno al nacionalismo revolucionario, con “conciencia nacional de clase”, como un sujeto que aglutinaba a determinados sectores del Pueblo Trabajador Vasco, en alianza con sectores pequeñoburgueses, pero limitado estrategicamente en los objetivos socialistas, al no tener capacidad de aglutinar a sectores sin conciencia nacionalista revolucionaria del Pueblo Trabajador Vasco y sumar a sectores pequeñoburgueses, fomentando un interclasismo que generó una contradicción permanente entre objetivos nacionalistas y socialistas. La clase obrera productora de plusvalor, asume la centralidad, pero nos parece científicamente más representativo de la realidad el concepto de Pueblo Trabajador.
Dentro de este Pueblo Trabajador Vasco, el derecho de autodeterminación ha alcanzado una legitimidad mayoritaria, por lo menos en Hegoalde, entre sectores encuadrados dentro de la ideología nacionalista vasca y fuera de la misma. Esta percepción acerca del derecho de autodeterminación, establece un punto de heterogeneidad, debido a que en el estado español, salvo en las naciones históricas y sectores comunistas minoritarios, no ocurre de igual modo.
Y es que la cuestión no es afirmar que todos y todas estamos sometidos por el capitalismo, algo obvio, tanto para vascos, como españoles, finlandeses o polacos. El marxismo-leninismo, como guía para la acción y teoría de vanguardia para organizar a los oprimidos, dominados y explotados en la consecución del socialismo, desarrolla su teoría y su praxis política en función de las condiciones en las que la lucha de clases y los factores que intervienen en la misma, imponen una estrategia y una táctica determinadas. Recurrir al argumento de que al no existir “vida económica propia”, por estar sometidos al capitalismo español, en Euskal Herria no se precisa una estrategia propia hacia el socialismo es un argumento que, si no fuera porque a Reconstrucción Comunista la suponemos purgada de nacionalismo españolista y en una línea leninista, sería ciertamente sospechosa.
No existe un modo de producción capitalista, ni vasco, ni español, ni catalán, pero permitasenos afirmar que “vida económica propia”, puede introducir equívocos importantes, al ser un concepto un tanto difuso. Ningún marco de acumulación capitalista es autárquico, independiente aunque tiene características que permite definir un determinado modelo. De igual forma que si consideramos el marco estatal español de acumulación y su modelo en los años previos a la crisis, basado en la construcción y en la burbuja inmobiliaria esencialmente, unido a empleo de escasa cualificación, identificamos un modelo de acumulación capitalista en Hegoalde, en el que la mayor presencia industrial, la menor incidencia de la burbuja financiera y un endeudamiento de las administraciones públicas muy inferior a la media del Estado. De igual forma, las partidas presupuestarias de carácter social son superiores a la media del Estado, destacando la Diputación de Gipuzkoa en este sentido. Los niveles salariales, las desigualdades sociales, los niveles de pobreza relativa y absoluta, son elementos de la “vida económica” de cada marco, aún siendo el modo de producción capitalista el único existente, y aún bajo la subordinación del autogobierno foral navarro y autonómico vasco al centralismo del Estado español.
El capitalismo en Hegoalde, mantiene un desequilibrio estructural entre el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, la capacidad de capital fijo instalado y de capacidad productiva y un mercado interno de demanda de bienes de producción y bienes de consumo, que no podría absorver esa capacidad de oferta. Por ello, la exteriorización es un rasgo característico del capitalismo en Hegoalde, y es causa y consecuencia de la inexistencia de una clase capitalista sin intereses “nacionales”. En el pasado, se tradujo en la necesidad del mercado estatal, en el contexto actual, en la necesidad añadida del mercado de la Unión Europea. Las fracciones dominantes del capital de Hegoalde, así como sus apéndices políticos que los representan, tienen unos objetivos, unos intereses contradictorios con la pequeña y mediana burguesía, si bien no antagónicos, determinados por el proceso de concentración y centralización de capitales post-crisis, que deben ser tomados en consideración.
La propia institucionalidad foral y autonómica, impuesta en el post-franquismo, con el objetivo de imposibilitar un proceso de autodeterminación y fragmentando Hegoalde en dos entidades administrativas diferentes, confiere a la dinámica política y electoral unos parámetros diferenciados y autónomos respecto al estado central.
La “objetividad” del Estado español y su maquinaria política, represiva e ideológica es inapelable, pero, ¿no puede ser considerado un movimiento independentista de base socialista una amenaza directa contra el mismo? ¿No pueden desarrollarse movimientos que, por ejemplo, en Euskal Herria, Catalunya y Galiza, en un desarrollo desigual y combinado de lucha contra el capital y contra la opresión del Estado español y estableciendo alianzas con organizaciones revolucionarias estatalistas, generen una coyuntura de transformación social? Y si, desde el internacionalismo proletario.
Resumiendo. La independencia de clase, pero también la independencia política y orgánica para desarrollar una línea revolucionaria adecuada al marco de intervención, gestionando el programa mínimo y máximo, en un contexto sin ruptura revolucionaria a la vista, en el que es prioritario adquirir referencialidad, implantarse en los movimientos populares y el movimiento obrero, transformar las correlaciones de fuerzas… es algo que en Herri Gorri tenemos muy claro, como también la relación con organizaciones del Estado y de las naciones oprimidas, desde una política de alianzas y de acumulación de fuerzas. Y el Partido Comunista de Euskal Herria, consideramos que debería fundarse sobre las mismas premisas. ¿Eso convierte a organizaciones marxistas leninistas estatalistas con presencia en Euskal Herria en sujetos antagónicos? Desde nuestra perspectiva no.
4.- PUNTOS FINALES
Sobre la crítica que nos realiza RC acerca del internacionalismo, no podemos hacer otra cosa que aceptarla. Un proceso de confluencia como es el de Herri Gorri, implica una primera fase en la que se notan las diferentes procedencias y los usos de ciertas herencias discursivas. Pero creemos que hemos explicitado de manera adecuada, nuestra concepción del internacionalismo, estableciendo la necesaria unidad de los procesos revolucionarios socialistas, desde la premisa del desarrollo desigual y combinado de los mismos incluso dentro del propio marco del Estado español. Otra cuestión es que la concepción de RC “un Estado-un Partido”, pudiera llegar a ser antagónica, lo que en principio no consideramos, ni preveémos.
En lo que se refiere a la “dictadura del proletariado”, como proceso en el que el Pueblo Trabajador como sujeto socialista se convierte en poder constituido, hegemónico, legítimo y legal y la necesaria defensa del mismo, con un sistema que garantice dicho poder y lo consolide frente a los enemigos de la nueva legalidad socialista, incluso mediante la represión o la amenaza de la misma, es un proceso lógico. Como lo es también el proceso previo en el que se sientan las bases de ese poder constituyente y cuya forma dotará a la dictadura del proletariado/democracia popular-socialista de una caracterización propia.
“desarrollar una línea política en la que, en torno a un programa popular, de ruptura democrática transformemos las correlaciones de fuerzas para impulsar un proceso constituyente, que desemboque en un poder popular. El nombre científico con el que desde el marxismo-leninismo conceptualizamos ese poder constituido, es la dictadura del proletariado”.
Nos reafirmamos en nuestras palabras, recordadas por RC en su escrito. Si los comunistas no somos capaces de socializar e impulsar nuestro programa mínimo, con el objetivo de forzar una ruptura democrática provocada por la incapacidad del sistema para resolver los problemas del Pueblo Trabajador, si no se reconstruye un movimiento popular y un movimiento obrero que impulse la saturación institucional, con demandas organizadas que generen contradicciones que no puedan ser gestionadas ni por el reformismo, no podrá llegarse al punto necesario de transformación cualitativa necesario para una fase revolucionaria.
¿Acáso RC quiere pasar del contexto actual a la dictadura del proletariado sin fases necesarias de transformación de correlaciones de fuerzas? ¿Sin establecer pasos intermedios de organización y de poder popular? ¿Sin una línea de intervención con un programa mínimo e incluso en experiencias de gestión confrontadas con la legalidad vigente?
Hablar de violencia, de derrocamiento violento del sistema burgués, no asusta a la clase dominante, sólo provoca su mofa, pues ellos bien saben la naturaleza que adopta la lucha de clases, en realidad incluso mejor que nosotros y nosotras. La fraseología incendiaria que ampara la pereza de tener que realizar trabajo militante a pie de calle, en asociaciones de vecinos, en movimientos contra los desahucios, en comisiones de fiestas… es decir, verdadero trabajo de hormiga, con el Pueblo Trabajador real, al que hay que explicarle incluso el abc, no ya del marxismo, sino de lo que es injusto, deberíamos abandonarla para otros tiempos. Como decía un veterano comunista, la guerra popular revolucionaria, la guerra civil revolucionaria, o se practica, o se prepara, pero no se agita en un papel, ni se habla sobre ella. Los comunistas, somos tan pacíficos como los capitalistas y debemos ser consecuentes con esta premisa… – cáptese la ironía-.
Para finalizar, sólo transmitir a Reconstrucción Comunista nuestro saludo a su proceso congresual y nuestra disposición a seguir manteniendo relaciones constructivas, en beneficio del proyecto estratégico hacia el socialismo que, sin duda compartimos a pesar de las divergencias. Eso si, no confundamos “centrismo” con superación del sectarismo, pues son cuestiones muy diferentes.
HERRI GORRI 5-5-2015

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