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27 junio 2015

Chaho ¿Nacionalista vasco de izquierdas? por Xabier

Chaho defendió también los mitos del vasco-iberismo y del cantabrismo. La suposición de que el vascuence se habló en toda Iberia lo distingue de Sabino Arana, para quien los vascos constituían una raza aislada, sin parentesco conocido. El paradigma del cantabrismo es especialmente importante: los cántabros —es decir, los vascos—, que nunca fueron doblegados por los romanos, han resistido ante godos, musulmanes y castellanos, y han mantenido su independencia hasta la guerra carlista. Durante la independencia, los fueros han sido la Constitución de Vasconia. Los ingleses, que durante la Edad Media dominaron Labort, Sola y toda Gascuña, arrebataron a los vascos el concepto de constitución. Así que la democracia es una creación vasca. Segun afirma en Philosophie des révélations, la democracia es el gobierno de los videntes, y la teocracia, el de los creyentes. A veces se dice que Chaho era socialista. Eso es a la vez cierto y falso. Chaho era un republicano liberal y nunca cuestionó el derecho a la propiedad privada. Era «rojo» porque era partidario de la separación entre la Iglesia y el Estado, no porque fuera comunista (denunció el comunismo con palabras muy severas en más de una ocasión). En sus obras no encontraremos una sola línea sobre la situación de los morrois (criados de los caseríos), que vivían en una situación equiparable a la esclavitud, ni sobre los miles de vascos que tenían que emigrar a América a ganarse la vida. Chaho en eso no es una excepción. Como la mayor parte de los escritores de su época, incluidos los teóricos de los movimientos nacionalistas, concebía a los campesinos como guardianes de las esencias patrias, no como sujetos de derechos políticos. Dicho esto, hay que añadir que Pierre-Simon Ballanche (1776-1847), al que se tiene por el primer vidente de la literatura francesa, tuvo un enorme influjo no solamente en Chaho, sino también en los primeros socialistas «utópicos» franceses. Ballanche, Chaho y todos los «videntes» querían volver a la Edad de Oro (eso es lo que significa la palabra latina revolutio) y en ese sentido eran revolucionarios.

Carlos Maria Isidro de Borbon.
 Ya se ha dicho que Chaho, aunque era republicano, se posicionó a favor del carlismo. En la Primera Guerra Carlista, al Reino Unido y a Francia les convenía que las aduanas permanecieran en el Ebro, en lugar de en los Pirineos, para así mantener una amplia zona de comercio libre de impuestos. Por eso, británicos y franceses favorecieron la idea de que la guerra carlista era una lucha por la independencia de los vascos. La historiografía actual ha probado que los fueros tuvieron poco que ver con el inicio de la guerra, pero franceses y británicos vincularon el fin de la contienda con el mantenimiento de los fueros. Tal vez Chaho estuvo implicado en esas tentativas, pero no tenemos ninguna prueba de ello. Si fuera cierto que Chaho se dedicó a fomentar el particularismo vasco, su papel no habría sido muy distinto del de Metternich y Bismarck, cuando favorecían los nacionalismos polaco y ucraniano contra Rusia. Pero tal vez no tengamos que ser tan mal pensados. Apenas una docena de años antes, Lord Byron (1788-1824) había emprendido en Grecia su romántica cruzada contra los turcos. Segun creo el vidente vino a Navarra inspirado por un espíritu semejante. No debemos olvidar, además, que muchos extranjeros fueron testigos de la guerra y que luego contaron sus hazañas. Con ello contribuyeron a difundir una especie de vascofilia en los ambientes intelectuales europeos. Chaho, por su postura gnóstica, estaba convencido de que Vasconia estaba luchando por el mantenimiento de de los últimos restos  de la civilización originaria europea. A decir verdad, se había manifestado favorable al pretendiente carlista Carlos María Isidro de Borbón 1788-1845 por lo menos un año antes de venir a Navarra. Incluso parece que una parte de su Voyage estaba escrito antes de pisar tierra vasca. En su libro Paroles d’un Bizkaïen aux liberaux de la Reine Christine (1834), cuando todavía no se había puesto en contacto con los carlistas (pero sí con los legitimistas franceses que acudían al salón de la duquesa de Abrantès), ya había afirmado que don Carlos era el rey de los navarros y el señor de los vizcainos.

 Además, Chaho pasó menos de dos semanas en el Viejo Reyno, desde  el que no dice la verdad cuando afirma que se entrevistó con Zumalacárregui. Porque su propósito no era analizar los sucesos, sino escribir literatura. Como sentenció Jorge Oteiza (1908-2003), si el suletino y el guipuzcoano se hubieran entendido, la historia de Vasconia habría sido completamente distinta. Durante la guerra, a algunos líderes carlistas, especialmente el propio Tomas Zumalakarregui (1788-1835) se les acusó de pretender la independencia de Vasconia. Chaho no inventó, ni mucho menos, esos rumores. Varios viajeros que estuvieron en Vasconia durante la Primera Guerra Carlista hacen la misma afirmación. Hay que matizar, sin embargo, que, en la primera mitad del siglo XIX, la palabra «independencia» no tenía necesariamente el sentido actual (es decir, creación de un estado vasco), sino negarse a reconocer un gobierno e intentar derrocarlo, siempre dentro de España. Si algo fue Chaho, fue heterodoxo. Por eso, no podía tener gran impacto en un país que hasta hace poco ha adoptado el lema euskaldun, fededun («el vasco es creyente»).

 Todavía es un misterio si Sabino Arana conocía los escritos de Chaho. Es cierto que nunca lo menciona, pero es casi imposible que no hubiera leído su obra más exitosa, Aïtor, legende cantabre (1845), que conocido varias ediciones en castellano en vida de Arana, traducida por Arturo Campión. Por otra parte, no es casual que, antes de la Guerra Civil, Acción Nacionalista Vasca mostrara un enorme interés por Chaho. Los accionistas Ramón Berraondo y Justo Garate tradujeron casi por completo Voyage en Navarre al castellano. ANV necesitaba un precedente histórico que pudiera competir con el nacionalismo racista y confesional de Arana Goiri y escogió a Chaho. Chaho tuvo una influencia innegable en la evolución del nacionalismo de izquierdas. Según entendió, la Primera Guerra Carlista fue una lucha de liberación nacional vasca y, tras la Guerra Civil, de igual modo la entenderían Telesforo Monzón (1904-1981), Federico Krutwig (1921-1998), y la propia ETA. Asi surgió el mito de la guerra de los 150 años entre † Vasconia y España (contados desde el principio de la Primera Guerra Carlista, 1833).

Chaho no habría creído en esa supuesta guerra. El creia en una guerra de 5000 años. La guerra carlista según su interpretación no era más que un episodio más de la lucha interminable entre los Hijos del Sol y los Hijos de la Noche. Su concepción maniquea y belicista de la historia, sin pretenderlo, confirió un argumento ideológico a la violencia política sufrida por Vasconia durante mucho tiempo. Aunque Chaho se pronunció a favor del federalismo en España y de la independencia de la Vasconia peninsular, siempre se manifestó a favor de la unidad de Francia, especialmente a partir de 1848. En muy contadas ocasiones denuncia el centralismo francés, que durante la Revolución había disuelto la Vasconia continental en el departamento de los Bajos Pirineos. Eso no significa que le resultara indiferente la organización territorial francesa y vasca. Propuso la creación de un nuevo departamento, Adour-et-Gaves, que incluiría Labort, Baja Navarra, Sola, Bayona y el distrito de Dax, con capital en Bayona. Chaho se hizo eco de la propuesta de la Cámara de Comercio e Industria de Bayona, de 1836, y por eso mismo puede ser considerado como un lejano precedente de la reivindicación de un departamento del País Vasco.

Orleans, Ferdinand-Philippe d'.JPG
¿Rey de Navarra? luis carlos felipe
de Orleans, duque de Nemours.
Dicho esto, alguna frase de Chaho me hace sospechar que lo que pretendía el Vidente no era liberar la Vasconia peninsular, sino incorporarla a Francia. En 1794, durante la Guerra de la Convención, la Diputación de Gipuzkoa ya habia proclamado la independencia de  la provincia, bajo protección de la Republica Francesa. Por otra parte, el abogado labortano DominiqueJoseph Garat (1749-1833), quien había llegado a ser ministro de Justicia y de Interior durante la Revolución, presentó al emperador Napoleón I, en 1811, un proyecto para la creación de la Nueva Fenicia, es decir, un estado autónomo constituido por las siete provincias vascas, unido al Imperio Francés. La intención ultima de Bonaparte era anexionarse, ademas de la Vasconia meridional, la mitad de Aragón y toda Cataluña. En su libro De l’agonie du parti révolutionnaire (1838), olvidándose por completo de su apuesta por don Carlos de solo dos años antes, Chaho da a entender que el duque de Nemours podría ser rey de Navarra. En ese momento, el duque de Nemours era Luis Carlos Felipe de Orleans (1814-1896), hijo del rey Luis Felipe y compañero de correrías de Chaho (Catalina  de Foix, la última reina de la Navarra Independiente) también ostentó el título de duquesa de Nemours). Por lo que se ve, el republicano de Tardets se llevaba bien no solo con los legitimistas partidarios de los Borbones, sino también con los orleanistas, al menos durante un tiempo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

es curioso que digais que los britanicos apoyaban la rebelion carlista en EH, cuando fueron estos los que concedieron los creditos para la guerra al gobierno de Madrid