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16 junio 2015

De la lingua navarrorum al estado vasco por Xabier y II

«La conquista de Navarra no conllevó cambios cualitativos en cuestiones lingüísticas. En el estado navarro la opción por el romance estaba tomada desde hacía mucho tiempo». Xabier Erize Etxegarai, Nafarroako euskararen historia soziolinguistikoa (1863-1936). Soziolinguistika historikoa eta hizkuntza gutxituen bizitza,  Iruñea, 1997, p. 248.

Pero volvamos al tema de la lengua. Como íbamos diciendo, en Navarra, la pérdida del euskara, casi imperceptible al principio, más rápida después, se documenta por lo menos desde el siglo X, en las comarcas que estaban en contacto con Aragón, Castilla y al-Andalus, así como con la Ribera, que enseguida sería incorporada al Reino (curiosamente, el vascuence se mantuvo en la Rioja Alta varios siglos más). Más adelante se insistirá en dos ideas fundamentales. La primera es que el romance se extendió siempre de Sur a Norte y de Este a Oeste, es decir, partiendo de las zonas más expuestas al contacto exterior. La segunda es que el romanceamiento lingüístico de la parte vascófona de Navarra ocurrió en un principio fomentada desde la propia Navarra, no obligada por Castilla o por España, en una época muy anterior a la Conquista de 1512 y, ni que decir tiene, a la Guerra del 36. En palabras de Xabier Erize, «Nafarroako konkistak ez zuen hizkuntz arazoen norabidean aldaketa kualitatiborik ekarri. Erromantzearen aldeko apostua askoz lehenagotik egina zegoen Nafarroako estatuan».

Para conocer la toponimia menor de Navarra y, por lo tanto, para establecer los límites históricos del euskara, resultan imprescindibles los cincuenta y nueve volúmenes publicados bajo la dirección de José María Jimeno Jurío Toponimia y cartografía de Navarra. Nafarroako toponimia eta mapagintza, Gobierno de Navarra, Trabajos Catastrales S.A, Pamplona, 1992.
 Hemos mencionado la existencia de dos zonas en Navarra desde el punto de vista histórico y lingüístico. Sería tentador identificar la zona vascófona con el saltus Vasconum y la zona no vascófona con el ager Vasconum que mencionan los clásicos. Cabe señalar que la moderna historiografía da por superada esa duplicidad y que sin duda se han exagerado las diferencias entre ambas zonas en lo que se refiere al influyo romano y al peso de la agricultura. Es claro que el norte de Navarra estaba bastante más romanizado de lo que una visión romántica ha querido suponer y de que las prácticas agrícolas estaban bien desarrolladas antes incluso de la llegada de los romanos. Sin embargo, el reconocimiento de esa obviedad no debe llevarnos al extremo contrario, a saber: minusvalorar la no menos obvia existencia de dos zonas lingüísticas en Navarra y suponer una presencia vascófona significativa en el tercio sur de la provincia. Porque, aunque hoy carezca de sentido hablar de saltus y de ager como conceptos contrapuestos, el caso es que sí existen (o han existido) dos zonas lingüísticas, cuyo límite histórico se encuentra más o menos a la altura de Tafalla. El topónimo Erriberri («Tierra Nueva» o «Extremadura»), recogido en el siglo XVI por Garibay, quien lo consignó como el equivalente euskérico de Olite, se refiere en realidad al territorio de lengua romance que los navarros vascófonos iban arrebatando a los musulmanes. Porque el vascuence no ha sido nunca la lengua de todos los navarros. Como el euskara se ha perdido en la actual Zona Media (así lo demuestra la toponimia), tendemos a pensar que también se ha perdido en la Ribera. Pero, para bien o para mal, eso no es cierto. Que sepa, al euskara se le denomina lingua Navarrorum en un solo documento, privado por más señas, de la época del rey Sancho el Sabio, del año 1167 concretamente, que desde Moret suele atribuirse sin ningún fundamento a la pluma del propio rey. No se puede negar el extraordinario éxito de ese hápax. No me voy a detener en la teoría sobre el irredentismo navarro concerniente a ese monarca, pues fue precisamente el Rey Sabio el que difundió la denominación de «Reino de Navarra», en perjuicio de la originaria, que era, como se ha señalado, «Reino de Pamplona». Lo único que nos interesa ahora es lo siguiente: que la lengua que en los documentos del siglo XIV es denominada lengoage de Navarra o ydioma de Navarre Terre no es el vascuence, sino el romance navarro( Luis Michelena, «Los vascos y su nombre», Revista Internacional de Estudios Vascos, año 32, XXIX, número 1, 1984, p.15.).

Más complicado resulta el análisis de la situación de la lengua árabe entre los musulmanes de Navarra. En principio podemos pensar que la mayor parte de ellos eran muladíes, es decir, antiguos cristianos conversos de lengua mayoritaria romance, y que los árabes constituían una minoría, vide Ricardo Ciérbide, «El Euskera en la Navarra medieval en su contexto románico», Fontes Linguae Vasconum, 30, número 79, 1998, p. 507. Es llamativo que solo tres poblaciones de la Ribera, Tafalla, Azagra y Almonasteri (actualmente, San Adrián) tengan nombre árabe. Todas los demás poseen denominación romance o prerromana (que no vasca). A falta de estudios más profundos, parece ser que los únicos lugares de la Ribera donde existe toponimia menor arábiga digna de ser tenida en cuenta son Tudela y los pueblos circundantes (Ablitas, Barillas, Corella y Cortes). Agradezco esta información a Mikel Belasko.
 El romance era la lengua que durante la Edad Media hablaban la mayoría en la Ribera, fueran cristianos, moros o judíos, y que en la Montaña los cultos, es decir, los ricos, por lo menos leían y escribían, ya que, por desgracia, el euskara era una lengua ágrafa. El romance navarro y el castellano fueron confluyendo en un proceso que se prolongó durante siglos para concluir antes de la Conquista. Por su parte, el occitano, lengua (o conjunto de lenguas) de los francos de los burgos de Pamplona, Estella y Sangüesa, estaba en decadencia para el siglo XIV. Sería apasionante determinar hasta qué punto actuaron los romances navarro y occitano de barrera entre el castellano y el euskara, como, por ejemplo, el asturiano-leonés y el aragonés separaron el castellano del gallego y del catalán durante siglos, contribuyendo al mantenimiento de estos dos últimos idiomas, aun a costa de su práctica desaparición. A falta de datos concluyentes, podemos establecer sin embargo que la primera víctima de la castellanización lingüística del Viejo Reino no fue el vascuence, sino el romance navarro.

En Navarra y en toda Vasconia (y no solo en Vasconia, por supuesto), tenemos una gran tendencia a inventar enemigos externos. Si hoy en día el euskara no se habla en muchos sitios del Zazpiak-Bat no es por lo visto porque, en algunos de ellos al menos, nunca se haya hablado, sino porque hemos sufrido una opresión terrible por parte de españoles y franceses. En mi humilde opinión, en cambio, no hay necesidad de buscar «enemigos» del euskara fuera de Navarra. El éxito del romance y del castellano se explica perfectamente por factores internos, si bien los factores externos pudieron coadyuvar en los últimos siglos. Hasta 1841 Navarra fue un reino, pero ni un solo documento de sus Cortes y Diputaciones está escrito en lengua vasca. Porque las instituciones del Antiguo Régimen no representaban a los elementos populares, sino únicamente a los estamentos privilegiados. Y esos estamentos, fundamentalmente la nobleza, funcionaban en romance, por lo menos en sus actividades públicas. Se nos olvida a menudo que hasta el siglo XIX, los analfabetos constituían en torno al 90 o 95% de la población y que la escuela era solo para la nobleza y el clero y, claro, la escuela los educaba en castellano.

 Para 1857, cuando el ministro Moyano aprobó su famosa ley, que estuvo en vigor durante casi 120 años, las instituciones navarras llevaban décadas impulsando la enseñanza obligatoria en castellano en las escuelas y el vascuence estaba a punto de convertirse en una reliquia en la mayor parte de lo que en seguida se empezaría a llamar Zona Media (una anécdota: en Cataluña también se utilizó el anillo en las escuelas para penalizar el uso del catalán, pero la lengua no se perdió; eso prueba que el sistema educativo no es suficiente para erradicar un idioma). Según Clara Eugenia Núñez, a principios del siglo XX el 55% de la población española (y el 33% de la navarra) era analfabeta, lo que nos debería hacer cuestionar si la ley Moyano, que ha sido considerada como uno de los pilares de la castellanización lingüística, fue realmente tan efectiva como se ha supuesto. La difusión del romance navarro primero y del castellano después fue fomentada durante siglos por las propias instituciones navarras. No digo que ese fomento tuviera intención política, porque hablar de «política lingüística» antes del siglo XIX es un puro anacronismo. Pero el caso es que las instituciones del Reino contribuyeron al prestigio del romance e, indirectamente, a la marginación del vascuence. Si ha habido una opresión del euskara —concepto tan real como difícil de definir— ésa mucho más que una opresión «nacional» ha sido una opresión de clase (las comillas van porque me resisto a hablar de naciones antes del siglo XVIII). Desde 1512, a las instituciones navarras se unieron las de la Corona castellana. Se pueden elaborar larguísimos memoriales de los agravios realizados por Austrias y Borbones al vascuence y las demás lenguas no castellanas de España. Esas listas existen ya (Por ejemplo, para el caso vasco Joan Mari Torrealdai, El libro negro del euskera, Ttartalo, San Sebastián, 1998.) y deben ser valoradas en su justo término. En general adolecen de falta de contextualización. Por ejemplo, la Real Célula de 23 de junio de 1768, dada por el rey Carlos III, suele ser citada como uno de los primeros ejemplos de injerencia lingüística en España a favor del castellano. Y sin duda lo fue, aunque no el sentido que suele atribuírsele, pues lo que pretendía tal disposición no era acabar con el uso administrativo del catalán (y mucho menos con el del euskara), que en aquel momento, más de medio siglo después de la Nueva Planta, no suponía ningún desafío a la hegemonía del idioma que estaba empezando a convertirse en «nacional», sino con el del todavía omnipresente latín. Y la población a la que se dirigía no era el pueblo llano, sino, una vez, más tan solo las elites, que era el único sector con conciencia nacional y por lo tanto el único que constituía realmente la nación española en ciernes. Así que la influencia en la evolución sociolingüística del euskara de la Real Célula de 1768, como la de otras semejantes que se produjeron entre los siglos XVI y XVIII, tuvo que ser prácticamente nula. A menudo nos preguntamos cuántos navarros sabían euskara en una época determinada. En mi opinión, la pregunta correcta no es ésa, sino esta otra: cuántos navarros sabían romance. Es decir, cómo podía funcionar una administración en una lengua que, aparentemente, muchísimos navarros no entendían. Sospecho que la administración, no solo la del Estado, sino también la de la propia Navarra, a pesar de la idealización de la que es objeto esta última por parte de la historiografía navarrista, ha sido algo ajeno a la mayor parte de los navarros hasta época reciente. Porque, desde el punto de vista lingüístico, el Reino de Navarra era tan romanzado como el de Castilla, ya que solo los estamentos privilegiados (romanzados por escrito y a menudo también oralmente) formaban parte de las Cortes y las Cortes eran el Reino. Los campesinos (vascongados al norte de Tafalla, romanzados al sur) estaban fuera del sistema.

Hay una palabra que describe perfectamente la situación sufrida por el euskara a lo largo de su historia, antes y después de 1512. Esa dichosa palabra es «diglosia». Antes de la aparición del nacionalismo vasco el euskara no era un motivo de conflicto en Navarra y el nacionalismo es fundamentalmente una creación de los castellanohablantes. A lo largo de toda la historia, no tenemos noticia de ningún problema de convivencia lingüística entre las dos zonas de Navarra, llámense Montaña y Ribera o, si se prefiere, euskal herria y erdal herria. Casi podríamos afirmar que la misma permanencia de Navarra constituye un desmentido en toda regla del relativismo lingüístico y de la identificación romántica entre lengua y nación. En Castilla se distinguió durante siglos entre Castilla la Vieja, el núcleo originario, y Castilla la Nueva, el territorio despojado al Islam, y otro tanto pasó en Cataluña, entre la Catalunya Vella y la Catalunya Nova. Y ello a pesar de que en Castilla y en Cataluña las diferencias idiomáticas, despreciables salvo para los filólogos, en ningún caso impiden la comunicación. En Navarra, en cambio, donde existía una diferencia lingüística abismal entre el norte vascongado y el sur romanzado, se mantuvo el término Erriberri («Tierra Nueva») solo por casualidad y no tenemos ningún indicio de que existiera un *Errizar («Tierra Vieja»). Tanto es así que para tiempos de Garibay no se entendía el sentido del topónimo y se confundía con Olite. Jamás, durante el milenio de existencia del Reino, tienen las reivindicaciones de los vascófonos navarros la menor connotación política. Así, por ejemplo, las actas de las Cortes de Navarra ocupan una veintena de volúmenes, pero el euskara solo aparece en el siglo XVII, porque los soldados euskaldunes pedían curas que les pudieran dispensar los sacramentos en su lengua. Y, en efecto, el clero es durante todo el Antiguo Régimen el estamento más interesado en el euskara, y ello, a menudo, por cuestiones prácticas: los curas vascongados podían competir con curas romanzados por el control de parroquias euskaldunes(José María Jimeno Jurío, Navarra. Historia del Euskera, Txalaparta ).

 Euskal Herria no era una nación: no podía serlo, porque quienes podrían haber funcionado como clase nacional habían apostado por el romance desde el principio y se habían integrado gustosamente en la incipiente nación española o, en su caso, francesa.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

osea, que no ha habido persecución e intento de desaparacion del euskara en Nabarra, ni por parte de Castilla, ni España, ni Francia... menudo materialismo historico, iros a la mierda

Anónimo dijo...

Gran analisis materialista que huye de esencialismos baratos de los que se nutre el nacionalismo burgues tanto español como vasco.
Buen material de estudio para los comunistas, ya sabemos que ni con razones ni con argumentos vamos a convencer a los "patriotas" de un signo y otro pero los gaztes cada vez estudian más y no estan corroidos por luchas del franquismo, quizas con estas armas teoricas hagamos unos minbres más solidos que los metarelatos nacionales que inundan a Herri Gorri, Kimetz y otras tiendas avasalladas por el nacionalismo historico.
Gracias Xabi!!

felder dijo...

realmente la habeis tomado con nafarroa, os debe escocer bien que hayamos desalojado a la españolada.

Anónimo dijo...

Soy Xabier y he votado por el cambio, pero considero que gente como tú y gente como los de UPN sois las dos caras de identica moneda, no os quiero a ninguno de los dos por dogmaticos esencialistas y conservadores.
La españolada de IU-Batzarre y Podemos ha sido fundamental para desalojar a UPN, no??

Anónimo dijo...

Para los nuevos en este blog, un consejo: no intenten "debatir" con felder y dejad q se ahogue en una esquina pensando en su idilica Euzkadi independiente donde la opresion solo es ejercida por la burgesia vasca.

felder dijo...

2 caras de identica moneda? si fuera por mi, el fuego se combate con fuego, asi que no me importa ser 1 cara de la misma moneda; ahora bien, bildu y geroabai se estan esforzando en lanzar el mensaje contrario, esto es, que mientras upn es negador de lo vasco, bildu y geroabai van a ejercer de integradores de todas las tendencias existentes en nafarroa. asi que de 2 caras de la misma moneda, nada.

esa equidistancia que os traeis entre el nacionalismo negador y el nacionalismo reivindicativo tufa mucho y demuestra cual es vuestra verdadera obediencia.

iu-batzarre y podemos son necesarios para este cambio pero no te olvides que los protagonistas del cambio somos los abertzales de bildu y geroabai, que ademas como sabras, aglutinan diferentes tendencias en su seno, nos todas exactamente historicistas ni mucho menos.

Anónimo dijo...

Si eres Xabier, euskaldun de Tudela, no entiendo por qué no has respondido aún al que preguntó en euskara cuál es tu apellido y el título de la tesis Cum Laude que te ha publicado la editorial Alberdania.

Euskal Herria Sozialista dijo...

Escribe a nuestro mail y te pasamos LOS 3 LIBROS EDITADOS a xabier.

Anónimo dijo...

Por supuesto Xabier, no es xabier erize.
Mejor hablar de los argumentos del texto que del autor, verdad??
algunos ya estan esperando para meter mierda...

Wasconiae Eterna dijo...

ah, pues yo creí desde un primer momento que os referíais al Tudelano Xabier Zabalza.
famoso por su "Nosotros, los Navarros" que lo tengo por ahí, en algún oscuro rincón de mi biblioteca.

Es un libro interesante y breve, que lo leí hace ya tiempo y creo que hablaba sobre la reconciliación de las "dos Navarras" culturales.
Que el Hispanonavarrismo y el Vasconavarrismo debían convivir y enriquecerse mutuamente para dirigir Nafarroa en la misma dirección, o algo así quería transmitir. supongo.

Descartaba la independencia y la Navarra anti-vasquista, creo recordar.

Estaba inspirado en los Valencianos catalanistas que conviven en la comunidad Valenciana con sus paisanos anti-catalanistas.

Wasconiae Eterna dijo...

"Nosaltres, els Valencians" del Valenciano Joan Fuster, se titula el libro en el que se inspiró para hacer "Nosotros, los Navarros"
sí ese era, ahora me acuerdo.

Famosísimo, lo tenéis que haber oído alguna vez.