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23 junio 2015

Grecia traspasa sus líneas rojas

Casi, pero todavía no. El acuerdo entre Grecia y la troika no se cerrará definitivamente hasta finales de la semana. Tras una jornada maratoniana de reuniones y rumores, los líderes de la zona del euro comparecieron pasadas las once de la noche del lunes para rendir cuentas. Ante los medios, los representantes europeos elogiaron los avances en la propuesta de Grecia, que según filtraciones de documentos internos implicaría una ambiciosa reforma de pensiones y subidas de impuestos, pero dejaron el acuerdo para, al menos, un nuevo Eurogrupo extraordinario que tendrá lugar la tarde del miércoles.
Lo cierto es que en los últimos compases de la espera, al filo de las 11 de la noche, un tuit de la agencia AFP aseguraba que se podía haber alcanzado un acuerdo por el que Grecia aceptaría la extensión del rescate en los términos actuales. Esto supondría también infringir en buena parte las concidiones mínimas marcadas por Atenas, ya que Alexis Tsipras había asegurado que no aceptaría un trato que le siguiera introduciendo por la espiral de los créditos imposibles de pagar.
La moneda de cambio al plan de reformas de Grecia debería ser, según las exigencias de Syriza, un alivio de la deuda por parte de los acreedores. Esto es, una quita. Sin embargo, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, aseguró en la rueda de prensa que no era el momento para hablar de ese supuesto. Sin la reducción de la deuda, Tsipras volvería a Atenas con las manos vacías y se enfrentaría a sus votantes y a un Parlamento en pie de guerra.
Tsipras planteó sin éxito el asunto en la cumbre de líderes. En la rueda de prensa posterior, Merkel dijo que estaba abierta a considerarlo, pero después de que finalicen las actuales negociaciones.
Para aumentar la confusión, un portavoz de Tsipras salió hacia las 21 horas del lunes –cuando todos los líderes seguían reunidos- explicando que las discusiones seguían en marcha, y que no solo habría que negociarlas con su propio partido sino con sus aliados ultranacionalistas de los Independientes Griegos (Anel). Anel se opone tajantemente a otra concesión de Tsipras: la supresión del IVA reducido en las islas.
Lo cierto es que con los pocos detalles que se conocen hasta ahora, pero que suenan a música de austeridad ortodoxa, los críticos de Syriza ya han advertido de que no votarán a favor de un programa como este en el Parlamento griego. En una confrontación inaudita en la crisis, mientras se reunían los políticos en la plaza Syntagma se produjeron enfrentamientos entre partidarios y retractores de permanecer en el euro. Hasta ahora, las manifestaciones en la capital griega tenían como objetivo protestar contra los recortes, pero no permanecer en la moneda única.
Miles de griegos piden al Gobierno un acuerdo que mantenga a Grecia en el euro

Claves del acuerdo

De acuerdo con diversas filtraciones en medios y la versión dada por las autoridades europeas y griegas, se haría una reforma de las pensiones (se aceleraría la jubilación a los 67 años acordada por los anteriores Gobiernos), se mantendrían los tres tramos de IVA y un nuevo impuesto de solidaridad. Grecia habría aceptado el superávit primario (sin contar intereses de la deuda) de los acreedores del 1% en 2015 (una de cal y una de arena: los griegos pedían un 0,75%, pero en los acuerdos del 20 de febrero Tsipras y Varufákis rebajaron el 6% inicial al 3,5%), un 2% en 2016 y un 3,5% en 2018.
A cambio, Atenas arrancaría una extensión del rescate; y además, el Gobierno heleno reclama al BCE emitir deuda a corto plazo (mediante los llamados t-bills) para hacer frente a los vencimientos. Todas estas cuestiones el lunes estaban “abiertas”. Un portavoz del BCE aseguraba que la emisión de deuda no estaba garantizada por la sobreexposición de los bancos helenos.
Con todo, durante las cuatro horas que duró la reunión de los líderes de la zona del euro (y que sucedió a la de los ministros de Finanzas que había acabado sin éxito a las 12.30 de la mañana) se sucedieron varias versiones de la propuesta griega. Por un lado, un documento de 11 páginas que reprodujeron los grandes medios internacionales, también El País, y otro ligeramente diferente divulgado por el diario griego Ekathimerini.
Con detalle, la propuesta del Ejecutivo heleno se resume en una nueva tanda de recortes. Por un lado, incluye unos ingresos de 8.000 millones extra entre 2015 y 2016 mediante distintas medidas fiscales. Por ejemplo, Atenas mantiene los tres tramos de IVA (del 6%, 13% y 23%) pero acepta gravar algunos productos más de lo que estaban (como los hoteles). En el 6% se quedarían solo medicamentos y libros.
También se prevé restringir progresivamente la jubilación anticipada (ninguna prejubilación por debajo de 62 años a partir del 1 de enero de 2016), un nuevo impuesto de solidaridad que gravará a las fortunas más altas (que va del 0,7% al 6% en función de los ingresos) y lo más importante: un aumento de las cotizaciones a las pensiones en un 3,9% en la que la principal carga recaería sobre los empresarios y una parte sobre los trabajadores. Según la parte griega, incrementan finalmente las contribuciones de los jubilados al seguro de enfermedad para las pensiones regulares (del 4% al 5%) y suplementarias (del 0% al 5%).

La banca griega, supervivencia diaria

Ahora quedan por delante otras 48 horas de infarto para la banca griega que sobrevive cada día por los chutes de liquidez que le proporciona el Banco Central Europeo gracias a las líneas extraordinarias de liquidez (ELA). Estas líneas se aprobaban semanalmente pero ahora deben ser liberadas por la entidad presidida por Mario Draghi cada día. Ayer, se volvieron a sacar algo más de 1.000 millones de euros de los bancos griegos. A primera hora del martes, fuentes del BCE confirmaron que se había aprobado nuevas aportaciones sin precisar su cantidad.
Tampoco ayudó que el Financial Times asegurase que los ministros de Finanzas de Alemania e Irlanda habían pedido durante la reunión imponer medidas de control de capitales (un corralito) a los bancos griegos, extremo que fue negado rotundamente en la rueda de prensa posterior.
Pese a la decisión de prolongar el castigo dos días más, las sensaciones que emergían de los interlocutores europeos es de que se podría cerrar el pacto definitivo el jueves y viernes durante la cumbre (ya prevista anteriormente) de líderes de la Unión Europea. Los mercados, por lo pronto, han comprado con el rumor y puede ser que el viernes vendan al fin con la noticia.

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