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13 junio 2015

NACIONALISMO VASCO Y NACIONALISMO ESPAÑOL por Xabier

* traducción del euskera de la tesis Cum Laude de Xabier publicado en alberdania. Xabier es tudelano y escribe en euskera.
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EHS en Pamplona
ALGUNOS EXPERTOS SUELEN DISTINGUIR entre nacionalismo "cívico" y nacionalismo "étnico". Es decir, entre un nacionalismo positivo (normalmente, el del propio experto) y un nacionalismo negativo (normalmente, cualquiera que no sea el del propio experto). Esa distinción carece de sentido, al menos en Vasconia. Todos los nacionalismos (el vasco, el español, el francés...) son flexibles y reúnen elementos de diversas procedencias, tanto "étnica" (la lengua, la cultura, las tradiciones...), como "cívica" (la reivindicación de la libertad, la voluntad de vivir juntos, la construcción de la igualdad y el bienestar de los ciudadanos...).
 Los que se empeñan en tildar a todos los nacionalistas vascos de fanáticos sabinianos y los que consideran a todos los españolistas como franquistas furibundos cometen el mismo error de bulto. Así no hay manera de entender nada. Además, el racismo de Arana Goiri y el autoritarismo de Franco Bahamonde tienen el mismo origen: la tradición clerical y antiilustrada.

Como la mayoría de los nacionalismos, el primer nacionalismo español fue también liberal y progresista —el primer carlismo era antinacionalista pues negaba la soberanía nacional—, pero desde la segunda mitad del siglo XIX fue tomándose cada vez más conservador. Siempre han existido nacionalistas españoles de centro y de izquierda (aunque ellos prefieran denominarse "patriotas' O "constitucionalistas"), pero todavía perdura la falsa identificación entre españolismo y franquismo, tras más de treinta años desde la muerte de Franco, sobre todo en los lugares donde existe Un nacionalismo alternativo.
El diputado ultraderechista José Calvo Sotelo, protomartir del franquismo, es conocido por haber afirmado en un mitin en San Sebastián, unos meses antes del inicio de la Guerra Civil, que prefería una "España roja" a una "España rota". Contra lo que podría suponerse, Calvo no era más nacionalista que el socialista Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, quien durante la Guerra aseguró que antes que tolerar la independencia de
Cataluña permitiría la victoria de Franco. Es decir: prefería una España azul a una España rota. El nacionalismo español existe y, como sus homólogos periféricos, abarca todo el espectro político.
Al nacionalismo vasco, le ocurrió casi lo contrario que al español. Aunque surgió en la extrema derecha, adoptó una postura democrática durante la II República y en la Guerra Civil luchó contra el fascismo (por lo menos hasta la rendición de Santoña). Con la
aparición de ETA, el nacionalismo vasco se posicionó todavía mas a la izquierda, produciéndose una identificación subconsciente entre "abertzale" y "revolucionario", que todavía perdura en algunos sectores de la extrema izquierda europea. Salvo excepciones, que las hay, el navarrismo tiende a situarse en la derecha, pues proviene mas del nacionalismo español conservador que del progresista y porque las tendencias liberales que pudo albergar en su seno fueron abortadas por el llamado Alzamiento Nacional. Durante estas tres ultimas décadas en Navarra se ha producido una enorme polarización política, pues el nacionalismo vasco moderado ha sido muy débil y porque un sector de la izquierda española, a causa de (o con la excusa de) ETA, se ha alineado casi siempre con la derecha navarrista en los temas fundamentales.
Es perfectamente posible que en un mismo individuo coexistan varias identidades colectivas, culturales y lingüísticas, nacionales incluso. Los nacionalismos políticos, en cambio, son celosos y monopolistas y no toleran dobles fidelidades, como no sea reduciendo una de ellas a su elemento más folclórico. En Navarra, tras un largo y sinuoso proceso, se ha producido una doble renuncia. Muchos navarros han renunciado a su identidad vasca. Otros muchos, a su identidad española. El único modo de construir una identidad común que pueda valer para unos y otros es la des-politización de los sentimientos nacionales o, si se prefiere, sacar la nación de la vida pública, como se ha sacado la religión, al menos en teoría. Ya es hora de superar los malentendidos provocados por el Estado-Nación: navarros son quienes viven, trabajan y pagan sus impuestos en Navarra, profesen la religión que profesen, hablen la lengua que hablen y sientan la bandera que sientan.

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