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02 julio 2015

El falso argumento de la lengua como causa de la nación. Xabier (III)

Resultado de imagen de vlaams batasunaEn Vasconia también se produce aparentemente una identidad total entre lengua y territorio. Si en alemán se distingue entre Deutschland y Welschland, en vascuence se contrapone Euskal Herria, «el territorio de la lengua vasca», utilizado por primera vez por el alavés Juan Pérez de Lazarraga (h. 1548-1605) a Erdal Herria, los demás países, vocablo empleado ya por el guipuzcoano Sebastián Mendiburu (1708-1782) . «Aparentemente» porque Vasconia ha sido siempre cuando menos un país trilingüe, donde además de la lengua privativa se han hablado desde la alta Edad Media el castellano y el gascón, lengua sustituida en los dos últimos siglos por el francés. Lo que el nacionalismo vasco pretende, con mayor o menor éxito, es extender el euskara a territorios donde se ha perdido recientemente o incluso a otros donde no existe constancia de que se haya hablado nunca. De ninguna manera se intenta dividir el país según criterios lingüísticos, como se ha hecho en Brabante, partida en la actualidad entre «Flandes», «Valonia» y la zona bilingüe de Bruselas. Ni el más radical de los nacionalistas vascos ha propuesto, al menos en público, la división de Vasconia en una zona de lengua vasca y otra de lengua castellana o francesa. Compárese esta actitud con la del movimiento galés Adfer («Restauración»), rama militante de Cymdeithas yr Iaith Gymraeg (Sociedad de la Lengua Galesa, creada en 1962), que exige la partición de Gales, reivindicando sólo las partes con lengua céltica.
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Gales
Hasta ahora me he ocupado del intento de algunos nacionalismos de hacer coincidir los límites lingüísticos con los estatales. Ya hemos visto que en realidad ni siquiera los alemanes pretendieron llevar esta idea hasta sus últimas consecuencias. Ahora me aplicaré en el otro tipo de nacionalismo: el que pretende hacer coincidir las fronteras estatales con los límites lingüísticos por medio de una política intencionada de homogeneización. El prototipo de este nacionalismo «incluyente», cómo no, es Francia.
Por supuesto es falsa la teoría que atribuye al cardenal Armand Jean de Richelieu (1585-1642) la doctrina de las «fronteras naturales», según la cual Francia debía extenderse a toda la Galia de los romanos, considerando al Rin como el legítimo límite con Germania. El supuesto testamento de Richelieu es apócrifo. Se trata de una invención del historiador Henri Martin en 1834, al que incluso el gran Ranke confirió credibilidad. En realidad fue Danton, apremiado por los patriotas renanos francófilos, que deseaban unirse a la República francesa, quien proclamó en 1793 que el océano, el Rin, los Alpes y los Pirineos constituyen las fronteras naturales de Francia.

Si la doctrina de las fronteras naturales aparece bastante más tarde de lo que suele suponerse, también es algo posterior a lo que normalmente se cree la política de imposición del francés en la monarquía francesa. La ordenanza de Villers-Cotteréts, establecida por Francisco 1 en 1539, que los nacionalismos minoritarios del Hexágono consideran como origen de todos sus males, estaba dirigida tan sólo contra el uso del latín en los tribunales. Los «dialectos» quedaban incluidos dentro de la categoría «langaiges maternels françois» por lo que la disposición no les afectaba. Es a partir de 1550, muerto ya Francisco, cuando la lengua de la Corte se impone sobre los patois en los asuntos judiciales y desde luego el latín, no el francés, seguirá siendo la lengua casi exclusiva de instrucción por lo menos hasta la Revolución y en algunos lugares incluso hasta la década de 1860. Luis XIV oficializa el uso del francés en Flandes/Vlaanderen (1684), en Alsacia/Elsa1 (1685) y Rosellón/Rosselló (1700). Su sucesor Luis XV hará lo propio en la parte alemana de Lorena/Lothringen (1748) y en Córcega/Corsica (1768). De hecho, el centralismo y la homogenización lingüística, que se presentan como dos de los ingredientes más «revolucionarios» del sistema liberal francés, hunden sus raíces en la monarquía absoluta.
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La Revolución francesa se limitó a exagerar las tendencias centralizadoras que venían de siglos atrás. Barére, en el informe del Comité de Salvación Pública de 8 de pluvioso de año 11 (27 de enero de 1793), citado hasta la saciedad, afirmaba que:
El federalismo y la superstición hablan bajo bretón; la emigración y el odio a la República hablan alemán; la contrarrevolución habla italiano, y el fanatismo habla vasco [...] la léngua de un pueblo libre debe ser una y la misma para todos.
Como es sabido, la política lingüística revolucionaria fue vacilante y contradictoria. El Decreto de 14 de marzo de 1790 ordenaba la publicación de las disposiciones de la Asamblea en todos los idiomas hablados en Francia. Pero otro Decreto, éste de 2 de termidor de año 11 (20 de julio de 1794), prohibía todas las lenguas no francesas, incluso en la vida privada, lo cual resultaba impracticable en un país donde sólo una minoría hablaba el francés con fluidez. Estuvo vigente tan sólo durante unos meses pues fue suspendido el 16 de fructidor de ese mismo año (2 de septiembre de 1794).

La encuesta, constituida por 43 preguntas, de Henri Grégoire (1790), el paladín de la homogeneización lingüística en Francia, combina un curioso interés etnográfico con la intención confesada de destruir los patois. Según el Rapport sur la nécessité et les moyens d'anéantir les patois et d'universaliser l'usage de la languefrançaise (1794), del mismo autor, el francés era la única lengua en tan sólo 15 de los 83 departamentos. Sólo tres millones de franceses hablaban con soltura el francés. Otros seis millones lo hablaban con dificultad y seis millones más lo desconocían por completo. Es decir, si hemos de prestar crédito a Grégoire, sólo el 20% de los franceses era francófono en 1794. Ese mismo año se impuso el francés, además de en las actas y actos públicos, en la escuela primaria, al menos en teoría.
La Revolución intentó aplicar el dogma de «una nación, una lengua», Según Ferdinand Brunot,
hay que considerar el dogma de que una nación no tiene que tener más que una lengua como uno de los dogmas esenciales del evangelio de los tiempos modernos. Partido de Francia, se ha convertido en europeo. En un siglo ha ganado otros países, hasta constituir uno de los elementos del principio de las nacionalidades.

Resultado de imagen de revolucion francesaEn realidad, como se ha visto, la Revolución no inventó casi nada en materia de homogeneización cultural. La imposición de la lengua francesa puede retrotraerse cuando menos al siglo XVI. Y aun así la voluntad homogeneizadora quedó durante generaciones en una mera declaración de intenciones. Eugen Weber ha demostrado que en fechas tan tardías como 1863 en 8.381 de los 37.510 ayuntamientos franceses no se hablaba francés y que el proceso de francesización no culminó hasta la Primera Guerra Mundial: «La III República [1870] se encontró con una Francia en la que el francés era una lengua extranjera para la mitad de sus ciudadanos» . Bastante más influencia que las medidas revolucionarias tuvieron las leyes orgánicas impulsadas por Ferry y Gobiet (1881-1882) para la creación de una escuela primaria obligatoria, gratuita y laica para los niños de 6 a 13 años.
La idea que se está tratando de transmitir es que algunos nacionalismos tratan de hacer coincidir los límites lingüísticos con los políticos y otros tratan de hacer coincidir los límites políticos con los lingüísticos. Este diferente punto de partida es uno de los factores que explica la dicotomía entre nacionalismos «étnicos» o «germánicos» y nacionalismos «cívicos» o «jacobinos».

7 comentarios:

sozialismorantz dijo...

TENGO QUE REPARTIR EL COMENTARIO EN DOS PARTES POR SER MUY LARGO
Ayer respondí a la primera parte de estos 3 artículos que habéis subido a vuestro blog, no vi estas otras dos partes, respondo a esta.
Decir que el autor tiene una clara tendencia nacionalista española o digamos homogenizadora, no sé si es nacionalista francés o español pero se le ve que va por ahí.
Dice el artículo:
"porque Vasconia ha sido siempre cuando menos un país trilingüe, donde además de la lengua privativa se han hablado desde la alta Edad Media el castellano y el gascón, lengua sustituida en los dos últimos siglos por el francés."
Prefiero hablar de euskal herria(pueblo del euskera) que de vasconia como hace el autor, los vascones eran una etnia y el pueblo del euskera, euskal herria ha estado compuesto a lo largo de la historia por varias etnias como sabéis, no solamente de vascones y hoy además hablar de etnias no tiene sentido, las étnias ya practicamente no existen en el mundo, no digamos en europa, existen las naciones como euskal herria donde las etnias como los vascones quedaron muy atrás.
La diferencia es que la lengua vernácula de euskal herria es el euskera, el occitano(ya comenté que el gascón es un dialecto del occitano), el castellano y después el francés son lenguas que provienen de fuera, existe una diferencia entre estas 3 lenguas, mientras que el occitano es una lengua que no ha sido impuesta en euskal herria el francés y el castellano si han sido impuestas, por ejemplo, el occitano se habló en euskal herria en la frontera norte de euskal herria con occtania pero no en el resto de euskal herria, mientras que el castellano y el francés se hablan en todo el territorio de euskal herria que está en estos estados, estos estados han impuesto el castellano y el francés en todo el territorio de euskal herria que se encuentra dentro de ellos.
Dice después el artículo:
"De ninguna manera se intenta dividir el país según criterios lingüísticos, como se ha hecho en Brabante, partida en la actualidad entre «Flandes», «Valonia» y la zona bilingüe de Bruselas. Ni el más radical de los nacionalistas vascos ha propuesto, al menos en público, la división de Vasconia en una zona de lengua vasca y otra de lengua castellana o francesa."
El tema de bélgica entre flandes y valonia es muy diferente al de euskal herria, la lengua vernácula de flandes es el neerlandés concretamente una variante de este llamada flamenco, por otro lado la lengua vernácula de valonia es el valón una lengua desaparecida que tiene la misma procedencia que el fancés, hoy en valonia se habla fancés, es decir aunque valones y flamencos compartan un estado, bélgica, nunca han compartido una lengua, sus territorios tienen distintas lenguas vernáculas, en el caso de euskal herria la lengua vernácula es el euskera, es cierto que en la frontera con castilla se ha hablado durante mucho tiempo castellano pero el castellano viene de fuera, no es como en bélgica donde existen dos lenguas vernáculas.

sozialismorantz dijo...

ESTA ES LA CONTINUACIÓN DEL COMENTARIO, NO ME DEJA ESCRIBIR TODO EL COMENTARIO JUNTO:
Dice después el artículo:
"Ahora me aplicaré en el otro tipo de nacionalismo: el que pretende hacer coincidir las fronteras estatales con los límites lingüísticos por medio de una política intencionada de homogeneización. El prototipo de este nacionalismo «incluyente», cómo no, es Francia."
El francés según el que escribe el artículo es un nacionalismo incluyente ya que intenta destruir todas las naciones de francia para crear una única nación con una misma lengua y cultura, lo mismo que intenta el nacionalismo español, el otro el nacionalismo de las naciones que intentan seguir siéndolo y no ser destruidas por la homogenización de los estados según el autor del artículo qué es excluyente? El nacionalismo francés o español no intentan incluir nada, intentan homogenizar a las gentes que viven en estos estados para que todos hablen la misma lengua y tengan la misma cultura, incluir sería incluir a estas personas, sus lenguas y su cultura. Pero qué incluyen los nacionalistas franceses y españoles. El nacionalismo español por ejemplo, según los mismos criterios que aplica en el artículo excluiría a los españoles de los franceses por ejemplo ya que al no buscar que hablen la misma lengua los franceses y los españoles, por lo tanto según el criterio del que escribe el artículo el nacionalismo español y francés son también excluyentes.
En mi opinión, seguramente esté muy influenciada por ser libertario(no anarquista) creo que los pueblos, las naciones deberían hablar su lengua vernácula y debería existir una lengua para que se comuniquen las gentes de estos pueblos y la mejor lengua para esto es el esperanto, esta sería la situación ideal.
salud

Anónimo dijo...

Intentemos por un momento desprendernos de la mentalidad actual. Tenemos tan interiorizado el Estado-Nación que no podemos siquiera imaginar una época en la que ese concepto no existía. Durante cientos de años, la prioridad de la inmensa mayoría de los navarros no fue precisamente normalizar el euskara, sino no morirse de hambre y, si era posible, vivir un poco mejor. Como los que vivían bien hablaban (o, al menos, leían y escribían) en romance, los que vivían mal los imitaban. En Cataluña, donde nada nos hace pensar que la presión homogeneizadora del Estado haya sido más débil que la de nuestro país, más bien al contrario, no ocurrió esa sustitución lingüística. Las clases subalternas mantuvieron el catalán, entre otras razones, porque las clases altas lo mantuvieron.

Anónimo dijo...

Aquí, el castellano era la lengua de las elites y, a partir de ellas, la de la mayoría de los vascos peninsulares. Nuestros fueros están escritos en diversas modalidades romances (navarro los de Navarra, castellano los de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, francés los de Labort y gascón los de Sola y Baja Navarra) y, salvo excepciones (en Labort sobre todo, donde no casualmente existía una pequeña burguesía vascófona y vascógrafa), ésas son las lenguas en las que funcionaban las instituciones vascas del Antiguo Régimen. Así que el castellano nunca fue una lengua ajena en la Vasconia peninsular, ni siquiera en la Baja Navarra, donde se siguió utilizando para las convocatorias de sus Estados hasta 1772, es decir, bastante más de siglo y medio después de su incorporación a la Corona de Francia y a solo tres lustros de la Revolución. Ni que decir tiene que los mismos señoritos que en el país despreciaban a los «jebos», es decir, a los caseros euskaldunes, en Madrid (y también en París) proclamaban las bondades del vascuence como «elemento diferencial» y, en último término, como justificación del poder que ejercían en las instituciones forales.

Anónimo dijo...

Tal vez nunca como hoy han vivido tantos navarros en una zona donde el euskara sí que es una lengua ajena. Desde luego, mucho más ajena que el castellano en la zona vascófona. Según parece, durante los primeros siglos de la llamada Reconquista, el euskara se expandió a la Rioja y la Bureba y no veo por qué no podría extenderse en el siglo XXI a la Ribera, si sus habitantes así lo desean (y solo si lo desean), pero la primera condición para cambiar la realidad es conocer la realidad y saber diferenciarla de los sueños. Todos los nacionalismos fueron historicistas en un principio. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, por influjo del nacionalismo alemán, con la justificación intelectual que suponía la hipótesis del relativismo lingüístico, a la que ya he hecho referencia, el recuerdo idealizado del pasado, a menudo imperial, se fue convirtiendo en un elemento de segundo orden y la lengua le tomó el relevo. Eso es lo que ocurrió, por ejemplo, en Chequia, Polonia, Finlandia, Flandes y Cataluña, además de en el propia Alemania. En esa sustitución, tuvo mucho que ver el cambio de la clase dirigente: la nobleza suele ser conservadora y, para mantener sus privilegios, mira hacia atrás; la burguesía, por el contrario, es revolucionaria o por lo menos reformista y no tiene tanto interés en cuestiones de épocas anteriores. La historia se conjuga en pretérito; la lengua, en presente y en futuro. En Vasconia no hemos superado esa fase historicista: todavía somos esclavos de la historia. De una historia inventada, además. En pleno siglo XXI, publicistas, que se dicen historiadores, siguen intentando justificar la existencia de la nación vasca manipulando la historia. No queremos ni oír que el Reino de Navarra funcionaba en romance. Que el Reino era el ámbito de los nobles. Euskal Herria, en cambio, era, sobre todo, el ámbito de los ganaderos y campesinos (y solo de los que vivían al norte de Tafalla).

Xabier dijo...

Navarra no era un estado euskaldún, porque su administración y sus dirigentes no funcionaban en euskara. Es imposible escribir una historia política de Euskal Herria, porque Euskal Herria nunca ha existido como entidad política. El propio Sabino Arana habría estado de acuerdo con esta afirmación. Pero sí es posible escribir una historia cultural y lingüística de Euskal Herria, porque, pese a lo que digan algunos, Euskal Herria constituye una realidad cultural y lingüística innegable.

Necesitamos una gran historia vasca de las mentalidades, que incorpore lo mejor de las aportaciones de la historiografía y de la lingüística y en la que el euskara reciba el trato que se merece como un elemento fundamental, aunque no único, de la permanencia del pueblo vasco a lo largo de los tiempos. Una historia transversal y diacrónica que trascienda los estrechos márgenes temporales impuestos por la especialización académica y que termine de una vez con toda vocación ad probandum. Pero esa historia seguirá esperando en el limbo de los justos mientras no sepamos distinguir lo que fuimos de lo que queremos ser.

Anónimo dijo...

que buen articulo, les dais cera a los nacionalistas burgueses...