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04 julio 2015

El falso argumento de la lengua como causa de la nación. Xabier (V)

Algunos nacionalismos no tienen una base lingüística, sino puramente territorial. Tal es el caso del escocés, por ejemplo. Es más, entre los escoceses está muy difundida la creencia en la «doble nacionalidad»: los habitantes de las Highlands/Gidhealtachd son celtas y su lengua es el gaélico y los de las Lowlands/Galldachd son germanos y su lengua el scots o lallans, variante del inglés. Como casi todas, esta «tradición» puede ser fechada con bastante exactitud ya que fue «inventada» por Gavin Douglas (h. 1474-1522). Si las, diferencias «étnicas» entre los diversos pueblos europeos son mínimas, la que pueda existir entre ambas regiones de Escocia es despreciable. En el siglo XI casi toda Escocia era de lengua celta, goidélica en su mayoría (incluida la parte del antiguo reino anglo de Northumbria que quedaría bajo control de los reyes escoceses), con una pequeña minoría britanica, asimilada posteriormente por aquélla. El norse, lengua escandinava, se mantuvo en las islas Shetland/Sealtainn hasta mediados del siglo XIX, cuando fue sustituido por el lallans. Es decir, los escoceses, salvo quizás los de las Shetland, son más semejantes entre sí —y más distintos de los ingleses— de lo que los propios nacionalistas están dispuestos a admitir. Desde una perspectiva histórica el nacionalismo escocés tiene tantos argumentos para reivindicar la extensión del gaélico en toda Escocia como los nacionalistas vascos para reivindicar la del vascuence en toda Vasconia. Pero la pérdida de la lengua gaélica ha sido mucho mayor que la del euskara (sólo un 1% de hablantes en la actualidad frente al 25% de euskaldunes), lo que ha influido en la imagen que los escoceses tienen de sí mismos. Hoy la mayoría de los escoceses, a diferencia de la mayoría de los vascos, no se identifican con su lengua privativa y el movimiento de revitalización lingüística es bastante más débil que en Vasconia.

La situación sociolingüística de Bretaña es en cierto modo equiparable a la de Escocia. En Bretaña existen desde hace siglos dos zonas lingüísticas diferenciadas: el Pays Bretonant o Baja Bretaña (Breiz Izel en bretón), de lengua céltica, y el Pays Gallo o Alta Bretaña (Breizh Uhel), de lengua romance (el gallo es un dialecto galo-romance hablado también en las antiguas provincias de Maine, Anjou y Touraine). Según el reconocido lingüista bretón François Falc'hun (1909-1991), los britónicos, antepasados de galeses y córnicos, habrían empezado a establecerse en Armórica, la futura Bretaña, ya en el siglo III, donde encontraron una lengua céltica parecida a la suya. La línea de demarcación entre el bretón y el romance que se supone existía en el siglo IX no sería más que una etapa del retroceso del antiguo galo hacia el oeste, no la línea del avance extremo del bretón hacia el este. Por lo tanto, no existe una diferencia «étnica» entre los bretones y el resto de los franceses, pues Armórica no fue nunca romanizada por completo. Para Falc'hun, «los franceses serían más germanos y menos latinos de lo que creen, y los bretones menos diferentes de los otros franceses de lo que se les ha hecho creer». Como con ironía apunta Alain Le Guyader, «es pura modestia por parte de los nacionalistas [bretones] limitar sus ambiciones de receltización al país galo; a decir verdad, deberían reivindicar toda la antigua Galia como terreno de acción lingüística».'' Todavía hoy, el dialecto de Vannes/Gwened acentúa la sílaba final, como el antiguo galo, mientras que el resto de los dialectos bretones acentúan la penúltima sílaba, como el britónico insular.
Hasta épocas recientes, en gran parte de Europa oriental, pero no sólo en ella, varias nacionalidades compartían un mismo territorio. Como señala W. Kolarz:
A principios del siglo XIX Bucarest era todavía una ciudad griega, en 1848 Praga, Pizen [Pilsen] y Ljubljana tenían mayorías alemanas, y en fechas tan tardías como la segunda mitad del siglo xix, las ciudades más importante de Finlandia eran principalmente suecas, Riga y Tartu (Worpat) eran alemanas, las ciudades de Bulgaria en su mayoría griegas y las de la costa dálmata, italianas [ ... ]. Así que el ucraniano que emigraba a la ciudad se convertía en ruso, el eslovaco que abandonaba su pueblo se magiarizaba, el checo que se desplaza a los enclaves urbanos alemanes del interior de Bohemia y Moravia se germanizaba.

Por lo tanto, una vez más las diferencias entre las nacionalidades se establecían no según criterios étnicos sino de clase, de profesión o de procedencia. Muy a menudo los hijos de los asimilados se convertían en los más fervientes patriotas de la nacionalidad adoptada por los progenitores. Pero en ocasiones la asimilación fracasaba, al menos en parte. En estos casos la vuelta a las raíces se hacía imprescindible:
Aprender (o reaprender) la lengua vernácula era una parte integral de la reetnización de checos, eslovacos, polacos, ucranianos, judíos, rumanos, estonianos y otras protoelites de finales del siglo xix y principios del siglo xx procedentes de orígenes socioculturales de clase media (o más alta).
 Me interesa remarcar ahora que en la definición staliniana de 1913 el territorio es uno de los ingredientes esenciales de la nación. Con ello se enfrentaba al criterio de los austromarxistas como Renner y Bauer, para quienes la conciencia y la opción nacionales eran elementos mucho más importantes. Stalin incorporara el territorio a su definición de nación no a partir de la tradición marxista anterior sino del sionista de izquierdas Doy Ber Borokhov (1881-1917).

Vemos que según el Stalin de 1913, a pesar de basarse en la obra de un judío para su definición, los hebreos no constituían una nación pues no tenían un territorio propio.  Los progresos del sionismo
convencieron a Stalin de la conveniencia de otorgar un territorio a los judíos soviéticos. En 1928 creó en la frontera con Manchuria la República Autónoma Judía, que sigue existiendo en la actualidad, con capital en Birobidzhan. En 1989 de los 214.000 habitantes de la llamada república de Birobidzhan menos de 9.000 eran judíos y de ellos sólo 1.037 hablan yiddish como lengua materna pero al tener un territorio propio, desde 1928 los judíos fueron considerados en la Unión Soviética como una nacionalidad. El otro pueblo soviético sin tierra, los gitanos (209.159 en 1979) nunca alcanzaron esa consideración. En cambio Stalin no tuvo ningún problema en reconocer que los negros de Estados Unidos constituían una nación. En 1928 el Sexto Congreso Mundial de la Internacional Comunista declaró inalienable el derecho de autodeterminación del llamado Cinturón Negro, para sorpresa de los propios afroamericanos y de los comunistas estadounidenses. Cuatro décadas más tarde (1968), un autodenominado Gobierno Nacional Negro con sede en Detroit, adoptando con no poco retraso las directivas de la Internacional, proclamó la independencia de la República de Nueva África, compuesta por los estados de Lousiana, Mississippi, Alabama, Georgia y Carolina del Sur. Por esas fechas ya sólo uno de cada tres habitantes de esos cinco estados era afroamericano y sólo uno de cada cuatro afroamericanos vivía en la Nueva África virtual.

En la Unión Soviética la nacionalidad era un concepto fundamentalmente lingüístico, pero no exclusivamente. En 1983 entre los habitantes de la URSS 113 millones no eran rusos. De ellos el 93% hablaba su lengua étnica, un 48% hablaba ruso como segunda lengua, y un 11,5% como primera lengua . Es decir que la lengua no era en la URSS, como en ningún sitio, el criterio determinante de nacionalidad y así muchos ucranianos no saben una palabra de ucraniano y muchos que saben ucraniano no son ucranianos «étnicos».

3 comentarios:

sozialismorantz dijo...

Hay una cosa que no entiende bien el autor de estos artículos y es que una nación no debe tener necesariamente una lengua propia. Cuando hablamos de nación hablamos de una comunidad con una cultura y una lengua común pero la lengua de una nación es parte de la cultura de la nación, si separamos cultura y lengua en la definición es por la importancia cultural de la lengua pero la lengua es parte de la cultura de una nación, que una nación no tenga lengua no significa que no sea una nación, andalucía es una nación aunque no tenga una lengua propia o canarias, son naciones por ser una comunidad humana con una cultura común, que no tengan una lengua o que su lengua ha sido destruida no les hace dejar de ser una nación, como digo la lengua es parte de la cultura de una nación.
El caso escocés, escocia tiene lengua aunque esta está a punto de ser una lengua muerta, esta lengua es el gaélico escocés, si los escoceses no quieren revivir esa lengua como parte de su cultura y quieren seguir hablando unicamente inglés es cosa de ellos, pasa lo mismo con los irlandeses, tampoco quieren revivir el irlandés, sin embargo quieren profundizar en otros aspectos de su cultura, pero no en la lengua, una pena.
En el caso de euskal herria como nación, euskal herria significa "el pueblo del euskera" pero existiría como nación sin el euskera ya que es una nación con una cultura común, aunque no sería lo mismo, habríamos perdido una parte esencial de nuestra cultura que es nuestra lengua.
Dice el autor del texto:
"En la Unión Soviética la nacionalidad era un concepto fundamentalmente lingüístico, pero no exclusivamente. En 1983 entre los habitantes de la URSS 113 millones no eran rusos. De ellos el 93% hablaba su lengua étnica, un 48% hablaba ruso como segunda lengua, y un 11,5% como primera lengua . Es decir que la lengua no era en la URSS, como en ningún sitio, el criterio determinante de nacionalidad y así muchos ucranianos no saben una palabra de ucraniano y muchos que saben ucraniano no son ucranianos «étnicos»."
Ya comenté que la URSS aplicó una política de ucranización en ucrania por la cual todos los hijos de los inmigrantes que llegaban a ucrania desde otros pueblos de la URSS debían aprender en ucraniano en la escuela. El imperio ruso, la realeza de los zares habían intentado rusificar ucrania, imponiendo en ucrania la cultura y la lengua rusa, la realeza aplicó una política de rusificación. La URSS intentó revertir esto y ucranizar ucrania, enseñando ucraniano a los jóvenes y cultura ucraniana.
salud

Anónimo dijo...

precisamente la tesis del autor es esa, que la lengua no es un ingrediente causal del nacionalismo como en euskal herria se afirma, por eso da tantos ejemplos.

sozialismorantz dijo...

Aja, le habré entendido mal lo que quería decir, error mío.
Dice otra cosa que se me olvidó comentar ayer:
"Vemos que según el Stalin de 1913, a pesar de basarse en la obra de un judío para su definición, los hebreos no constituían una nación pues no tenían un territorio propio. Los progresos del sionismo
convencieron a Stalin de la conveniencia de otorgar un territorio a los judíos soviéticos. "
Los judíos son una nación, ahora bien, son una nación sin territorialidad, la política de stalin de dar un territorio en la URSS a los judíos me parece un gran error ya que esto segrega a los judíos, además puedes entregarles un territorio sin poblar pero también como ocurre en palestina un territorio poblado, de donde expulsaron a los no judíos que vivían en ese territorio y siguen haciéndolo ya que es un estado sin fronteras, algo que no existe ya que un estado sin fronteras que se extiende es una colonia no un estado.
Que los judíos, también el pueblo romaní(gitano) sean una nación sin territorialidad no es malo, creo que lo que de debe hacer es apoyar a los judíos y gitanos que vivien en cada estado para que estos mantengan viva su cultura y lengua, por ejemplo creo que el estado debería pagar a los niños judíos y gitanos clases de hebreo y lengua romaní(lengua de los gitanos), no solamente a los niños, a todos los que quieran dentro de estas pueblos. También el estado debería subvencionar encuentros culturales de estos pueblos.
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