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28 agosto 2015

La ideologia de genero, otro timo liberal-progresista (documental noruego)

Apuntes criticos al Independentismo desde el materialismo historico II

* os envío la segunda parte, que había guardado esperando alguna respuesta epistolar, con esta provocación teorica doy por certificado el bajo nivel intelectual de los supuestos "comunistas" abertzales que solo alcanzan a insultar.

«El pequeño-burgués ‘enfurecido’ por los horrores del capitalismo es, como el anarquismo, un fenómeno social propio de todos los países capitalistas. Son del dominio público la inconstancia de estas veleidades revolucionarias, su esterilidad y la facilidad con que se transforman rápidamente en sumisión, en apatía, en fantasías, incluso en un entusiasmo ‘furioso’ por tal o cual corriente burguesa ‘de moda’». (Lenin, El izquierdismo, enfermedad infantil en el comunismo, pág. 40.)
Además, la «revolución» independentista, entendida aplicada a España como descomposición, tampoco es compatible con la praxis revolucionaria comunista, en cuanto que esta, en ningún momento, para la transformación del estado burgués contempla su descomposición previa. Es más, al contrario, la revolución comunista supone la conservación de la unidad del estado para transformarlo de burgués, vía dictadura del proletariado, en socialista. El comunismo es un desarrollo de las contradicciones surgidas en el seno del capitalismo y que no supone en ningún momento la fragmentación disolvente del Estado, sino, insistimos, su transformación revolucionaria pero conservando la unidad. Precisamente la in-dependencia del estado socialista, frente al capitalismo, quedaría mermada si se da «un paso atrás» fragmentario:
«los marxistas no propugnarán en ningún caso el principio federal ni la descentralización. El Estado centralizado grande supone un progreso histórico inmenso, que va del fraccionamiento medieval a la futura unidad socialista de todo el mundo, y no hay ni puede haber más camino hacia el socialismo que el que pasa por tal Estado (indisolublemente ligado con el capitalismo)» (Lenin, Notas críticas sobre el problema nacional, Editorial Progreso, pág. 34.)

Sin embargo, desde esa concepción independentista, impostoramente marxista, pero en realidad idealista, la «conciencia de clase» se identifica, como atributo suyo esencial, con esa «conciencia nacional» fragmentaria (conciencia nacional vasca, catalana, gallega...) por la que la unidad nacional de España desaparece para convertirse en una indefinida, desde el punto de vista unitario, «España plural». Es más, la revolución independentista (con la realización de ese «otro mundo posible»), pasa por la supuesta rehabilitación de esos «pueblos originarios» (que ni siquiera tienen que ver con la etnología prehistórica real, sino que son inventos literarios del romanticismo del siglo XIX), que lo que consigue realmente, no es la internacionalización del proletariado (sobre la base de la nación burguesa industrializada), sino su división contrarrevolucionaria.

Es decir, la «justicia» política abertzale supone, según tal perspectiva, re-situar los límites del Estado sobre los quicios de la cultura, redefiniendo a esta de un modo etno-lingüístico. Así, lejos de fomentar la unidad de acción internacional del proletariado, lo que se produce es más bien su división, promovida en torno a compartimentos «culturales» estanco igual que en las Ex-republicas soviéticas. La «cultura» se convierte así en esa unidad sustancial, autosuficiente, adornada con toda clase de atributos folklórico-literarios, a través de lo que llamaríamos con Adorno la «jerga de la autenticidad» (practicada por el falangismo), y que promueve, en contra del propósito último comunista, la división contrarrevolucionaria de la clase proletaria:
«Tal es la exigencia incondicional del marxismo. Toda prédica que propugne separar a los obreros de una nación de los obreros de otra, toda invectiva contra el «asimilismo» marxista, todo intento de oponer en las cuestiones relativas al proletariado una cultura nacional en bloque a otra cultura nacional supuestamente indivisa, &c., es nacionalismo burgués contra el que se debe llevar a cabo una lucha implacable» (Lenin, Notas críticas sobre el problema nacional, Editorial Progreso, pág. 20.)
En definitiva el secesionismo al que conduce la supuesta «liberación» indepe, apelando a la idealista «autodeterminación», es incompatible con el comunismo de Marx, en cuanto que la supuesta restitución anticapitalista de esos «pueblos originarios» lo que hace es, sencillamente, disolver la unidad de acción del proletariado en su lucha contra el capitalismo en su fase superior imperialista:
«El proletariado no puede apoyar ningún afianzamiento del nacionalismo; por el contrario, apoya todo lo que contribuye a borrar las diferencias nacionales y a derribar las barreras nacionales, todo lo que sirve para estrechar más y más los vínculos entre las naciones, todo lo que conduce a la fusión de las naciones. Obrar de otro modo equivaldría a pasarse al lado del elemento pequeñoburgués reaccionario y nacionalista» (Lenin, Notas críticas sobre el problema nacional, Editorial Progreso, pág. 23.)
Lo que late pues, tras este altermundismo «imagine» es más bien el anarquismo, y no el materialismo histórico y que busca, a la postre, la disolución del campo político en favor de una reaparición (virtual) de la sociedad etnológica (etnicismo, indigenismo...). Así lo afirmará Bakunin con toda claridad:
«¡Abajo con las fronteras artificiales erigidas por la fuerza por los congresos despóticos de acuerdo con las supuestas necesidades históricas, geográficas y estratégicas!. Entre las naciones no tendría que haber más barrera que las que respondieran a la Naturaleza, a la justicia y a las establecidas con un sentido democrático por la voluntad soberana del pueblo mismo sobre la base de sus cualidades nacionales» (Bakunin, Aufruf an die Slawen, apud. Horace B. Davis, pág. 60.)

Lenin en El Estado y la Revolución se ocupará ampliamente de mantener las distancias entre el comunismo y el anarquismo en este sentido, a través de la reivindicación comunista del centralismo. Así, dirá Lenin:
«Engels, como Marx, defiende, desde el punto de vista del proletariado y de la revolución proletaria, el centralismo democrático, la república única e indivisa. Considera la república federativa, bien como excepción y como obstáculo para el desarrollo, o bien como transición de la monarquía a la república centralizada, como «un paso adelante» en determinadas circunstancias especiales. Y entre esas circunstancias especiales se destaca la cuestión nacional... Hasta en Inglaterra, donde las condiciones geográficas, la comunidad de idioma y la historia de muchos siglos parece que debían haber «liquidado» la cuestión nacional en las distintas pequeñas divisiones territoriales del país, incluso aquí tiene en cuenta Engels el hecho evidente de que la cuestión nacional no ha sido superada aún, razón por la cual reconoce que la república federativa representa «un paso adelante». Se sobreentiende que en esto no hay ni sombra de renuncia a la crítica de los defectos de la república federativa, ni a la propaganda, ni a la lucha más decididas en pro de una república unitaria, de una república democrática centralizada.»

E insiste Lenin, más abajo, tomando distancia explícitamente respecto de Bakunin y Prodhon:
«Marx discrepa de Proudhon y de Bakunin precisamente en la cuestión del federalismo (para no hablar siquiera de la dictadura del proletariado). El federalismo es una derivación de principio de las concepciones pequeñoburguesas del anarquismo. Marx es centralista. En los pasajes suyos citados más arriba no se contiene la menor desviación del centralismo. ¡Sólo quienes se hallen poseídos de la fe supersticiosa del filisteo en el Estado pueden confundir la destrucción de la máquina del Estado burgués con la destrucción del centralismo! Y bien, si el proletariado y los campesinos pobres toman en sus manos el poder del Estado, se organizan de un modo absolutamente libre en comunas y unifican la acción de todas las comunas para dirigir los golpes contra el capital, para aplastar la resistencia de los capitalistas, para entregar a toda la nación, a toda la sociedad, la propiedad privada sobre los ferrocarriles, las fábricas, la tierra, &c., ¿acaso esto no será el centralismo? ¿Acaso esto no será el más consecuente centralismo democrático, y además un centralismo proletario?».
E, incluso, critica esta misma confusión («bastardeamiento») entre anarquismo y comunismo, practicada según Lenin por la «renegada» socialdemocracia, un «bastardeamiento» en el que, sin duda, creemos nosotros, recaería nuestro abertzalismo «revolucionario»:
«El oportunista se ha desacostumbrado hasta tal punto de pensar en revolucionario y de reflexionar acerca de la revolución, que atribuye a Marx el «federalismo», confundiéndole con Proudhon, el fundador del anarquismo. Y Kautsky y Plejánov, que pretenden pasar por marxistas ortodoxos y defender la doctrina del marxismo revolucionario, ¡guardan silencio acerca de esto! Aquí encontramos una de las raíces de ese extraordinario bastardeamiento de las ideas acerca de la diferencia entre marxismo y anarquismo, bastardeamiento característico tanto de los kautskianos como de los oportunistas y del que habremos de hablar todavía.»
Concluye Lenin, por fin, terminantemente sobre este asunto:
«El federalismo es una derivación de principio de las concepciones pequeñoburguesas del anarquismo. Marx es centralista. En los pasajes suyos citados más arriba no se aparta lo más mínimo del centralismo.»{




Historia de la V Asamblea (V)

 La representatividad de los delegados no corresponde a criterios claramente establecidos. Al transmitir su invitación a alguno de ellos, Escubi explica, simplemente, que el criterio es que acudan «todos los militantes que puedan aportar algo». Sin embargo, es cierto que la ausencia de algunos militantes significados (como por ejemplo los alaveses Emilio López Adán, Beltza, y Gonzalo Fontaneda) se debió realmente a fallos involuntarios de coordinación y no a la voluntad expresa de evitar su presencia, como en ocasiones se ha afirmado y escrito. Es probable, sin embargo, que a algunos delegados «sospechosos» no se les pasaran las citas con la suficiente diligencia. Respecto a la ausencia de Del Río (Erreka) y otros miembros relevantes de la O.P., existía cierta ambigüedad, pues aunque el texto oficial del C.E. sólo hablaba de la expulsión de «Mixel» (y la disolución de la Oficina Política), los delegados estaban convencidos de que la expulsión afectaba a todos los miembros de dicho órgano.
En cualquier caso, la ausencia de los miembros de la O.P. es el primer punto suscitado cuando, en la mañana del día 8, inicia sus trabajos el pleno de la Asamblea. Los delegados favorables al sector de «Mixel» y «Erreka» proponen que la Asamblea no se constituya oficialmente como tal hasta que estén presentes los cuatro miembros de la O.P. cuya ausencia denuncian. El mencionado sector (formado inicialmente por diez u once militantes) dirige sus interpelaciones a los miembros del Comité Ejecutivo, que se limitan a dar explicaciones genéricas poco convincentes. La voz cantante la llevan en este primer enfrenta miento Escubi, y, sobre todo, Imaz («Miguel»). Ambos exigen que, previamente a cualquier debate o explicación de fondo, todos los asistentes deben dar por oficialmente constituida la Asamblea, comprometiéndose, por tanto, a aceptar cuanto en ella se decida.
El sector rival —que comienza a ser denominado por el resto como «los disidentes»— rechaza tal planteamiento, así como la posibilidad de que la decisión de constitución oficial de la reunión en Asamblea sea tomada por votación mayoritaria. Tal votación, celebrada de todas formas, da una primera pista sobre la relación de fuerzas existentes en el seno de la Asamblea: Trece votan por suspender la reunión hasta que estén presentes los miembros de la O.P., y el resto, salvo dos o tres abstenciones(2), se pronuncian por continuar la reunión, en la que se decidirá la ratificación o no de la medida de expulsión adoptada por el Comité Ejecutivo.
El planteamiento que se somete a votación es el siguiente: Una vez aceptada por mayoría la constitución de la reunión en Asamblea Nacional de ETA, se pasará a discutir si se piensa o no que hay indicios suficientes como para considerar a los miembros de la O.P. responsables de una «desviación de tipo españolista». Si se considera que los datos son suficientes, no serán llamados y se votará la ratificación (o no) de la expulsión. La no convocatoria en tal caso se justifica por razones de seguridad, especialmente por existir la certeza de que la policía conoce la fecha aproximada de celebración de la Asamblea. Si los datos aportados no son considerados por la mayoría indicios suficientes de la existencia de tal «desviación españolista», los miembros de la O.P. serán llamados, continuándose la Asamblea con su presencia.
Este planteamiento es rechazado por los «disidentes» —que conocen ya, por el resultado de la votación anterior, la relación de fuerzas existente— anunciando paralelamente su intención de retirarse de la Asamblea para no avalar con su presencia una reunión que consideran ilegal. Esta declaración la hacen doce delegados, algunos de los cuales, en un momento dado, anuncian también su intención de dimitir de una organización «cuyo funcionamiento ha dejado de ser democrático». Tras una intervención conciliadora de Txabi Etxebarrieta (que, tras la constitución de la Asamblea como tal, ha sido elegido presidente de la misma en sustitución de «Miguel», que ha actuado provisionalmente como moderador hasta ese momento), los disidentes deciden retirar la dimisión, aunque mantienen su postura de no continuar en una Asamblea a la que no reconocen validez.
El Comité de seguridad previamente elegido (y compuesto por Xabier Izko, Xabier Imaz y un tercer militante) decide las medidas que corresponden tomar ante la situación creada. Puesto que la Asamblea debe continuar en el mismo local, los disidentes deberán permanecer en el interior del mismo hasta que finalice la reunión. Se acepta, de todas formas, la propuesta de los disidentes de garantizar la salida, como máximo, el día 11, domingo, por la mañana.
   Los disidentes abandonan el lugar donde prosigue(3) la Asamblea y pasan a una pieza vecina, donde, a su vez, discuten y elaboran un texto en el que reiteran sus argumentos contra los métodos, que califican de «fascistas», empleados por el sector rival. Durante las 48 o 50 horas que se mantiene esta situación son continuos los intentos mutuos de espionaje, tratando cada facción de conocer lo que va a hacer el grupo rival al finalizar la Asamblea. Pese a ciertos excesos y a la tensión característica de toda escisión, no es cierto (aunque así se haya señalado insistentemente por parte de algunas personas) que hubiese «guardias armadas para evitar que huyesen los disidentes», ni otras situaciones de violencia. Por lo demás, tal como había sido aprobado al inicio de la Asamblea, todas las (escasas) armas de los asistentes, incluidas las navajas de uso personal, habían sido requisadas por el Comité de Seguridad antes del inicio de los debates.
Estos prosiguen con la lectura, por parte de Txabi Etxebarrieta, del «informe Txatarra». La lectura del texto, «en voz alta y sin interrupciones» consume, según se recoge con insólita minuciosidad en el «Agiria», un tiempo de 95 minutos. El escrito del ex-egitxu José Antonio Etxebarrieta (cuyo título oficial era: «Análisis y Crítica del españolismo social-chauvinista») es considerado base de la votación que se realizará posteriormente sobre si se ratifica o no la expulsión decidida por el Ejecutivo. Sin embargo, y como complemento, es leído también otro texto de crítica a la Oficina Política, titulado «Comentario del escrito "Por una izquierda socialista vasca", del C.E. de ETA».
La autoría de dicho escrito corresponde probablemente a un grupo de miembros de Ela-berri que por esta época —y a través, en particular, de José Antonio Ayestarán— estaban en contacto con algunos sectores de ETA críticos con los postulados de la Oficina Política. En uno de sus últimos informes, Txillardegi alude a un grupo de militantes de ELA que «han confeccionado un violentísimo escrito contra el llamado "Por una izquierda revolucionaria vasca" de Fernández y su clan».
La votación —celebrada tras una ronda informal en la que diversos delegados añaden a la argumentación central diversos comentarios sobre afirmaciones o actitudes personales de los expulsados que confirmarían su «españolismo» —arroja el siguiente resultado: Todos los delegados a favor de ratificar la expulsión salvo un voto nulo y dos abstenciones. Este resultado, unido al hecho de que un militante de Mondragón (Jokin Barrutia), a priori considerado próximo a los planteamientos de la O.P., haya permanecido en la Asamblea tras la retirada de sus compañeros, hace que varios delegados pidan a los abstencionistas una «explicación de voto», clarificando su postura. La clara alusión a Barrutia es captada por éste, anunciando finalmente que se suma a la posición de sus compañeros, y se retira también de la Asamblea(4).
   El resto del tiempo, hasta la madrugada del domingo, se dedica a la discusión y redacción de un comunicado sobre la situación creada en la Asamblea, por una parte, y del documento «posiciones ideológicas», por otra. Hasta ese momento nadie habla —ni piensa, probablemente— de «escisión», sino de «disidencia», quizás porque la falta de experiencia de la mayoría de los delegados les hace creer de buena fe que se trata únicamente del desvarío de cuatro o cinco personas, sin posibilidad de incidir seriamente en lo que se llama la «base sana» de la organización.
   El mismo Txabi Etxebarrieta, que, como presidente y moderador de la reunión, mantuvo una actitud sensata y equilibrada, pidió repetidamente a los «disidentes» que reconsiderasen su postura y que «no se dejaran llevar por los nervios del momento». La postura de Etxebarrieta al respecto era probablemente sincera, y no motivada por su —por otra parte innato— sentido diplomático. Cabe recordar al respecto que hasta la llegada de los tres enviados del exterior, Etxebarrieta no sólo no había mostrado alarma alguna por el cambio de tono de las publicaciones, sino que, al menos hasta la aparición del Zutik 42, incluido dicho número, se mostraba de acuerdo con que «al fin comiencen a tratarse los temas con profundidad».
   Hay que recordar, que Txabi Etxebarrieta era un hombre muy culto para su edad (el 14 de octubre de 1966 había cumplido 22 años), al que no le resultaban extraños los debates sobre la «nueva izquierda europea» que por entonces estaban de moda entre los estudiantes progresistas. El libro de André Gorz Historia y enajenación, por ejemplo, hubiera figurado en la antología de las obras que le habían causado mayor impacto. Tampoco puede decirse que, en esta época, su visión del nacionalismo fuese de tal tipo que ignorase o despreciase lo que ocurría en el resto del Estado. Por ejemplo, participó muy activamente en las luchas estudiantiles relanzadas en todo el Estado a raíz del encierro de profesores y alumnos de la Universidad de Barcelona en el convento de los capuchinos de Sarriá. Los análisis de Zutik sobre el neocapitalismo, sobre la evolución de las formas de dominación franquista, sobre el nuevo movimiento sindical, etcétera, no le resultaban ni ajenos ni chocantes. Todavía en junio de 1967, durante su examen de grado en la Facultad de Económicas de Bilbao, Txabi Etxebarrieta basaría su exposición oral sobre las nuevas tendencias del capitalismo en análisis claramente inspirados en Gorz, Basso, etcétera. Es cierto, sin embargo, que esos análisis no le hacían poner en cuestión la perspectiva, a más o menos largo plazo, de una estrategia de tipo cubano —en la que creía desde comienzos de los 60—, ni en los presupuestos ideológicos nacionalistas de tipo neoaranista que le había transmitido su hermano José Antonio.
   Aunque el tema podría quizás ser objeto de un análisis más detallado sobre la generación a la que pertenecía, la verdad es que la radicalización nacionálista-aranista de Txabi y su círculo de amigos más próximos, producida a fines del 66, hasta el punto convertirse en aliados de Txillardegi, hubiera sido impensable apenas un año antes. El giro puede constatarse, por ejemplo, comparando sus primeros artículos en Zutik, publicados después de la escisión, con los escritos en el período 63-65 para la revista universitaria Sarriko, de la que llegaría a ser director. En los dos, artículos de esta época que conservamos: «Las religiones y el ateísmo» y «Un sentimiento no sentido» —sobre Unamuno y Ortega—, el rasgo dominante es la voluntad de situar la racionalidad como eje de toda, reflexión política o filosófica. Ciertamente, no sería ese el rasgo predominante de los escritos posteriores.
El escrito sobre los disidentes comienza ratificando la «expulsión de cuatro militantes que hizo el Comité Ejecutivo» y condenando «la llamada nueva línea». Todos los militantes deberán cortar cualquier contacto orgánico con los expulsados y atenerse, en el terreno político e ideológico, a las resoluciones incluidas en el texto «Posiciones ideológicas aprobadas por laV Asamblea». En cuanto al grupo de los «disidentes» se les sigue considerando militantes «mientras demuestren con sus actos su conformidad con los acuerdos de la V Asamblea», quedando, en caso contrario, «automáticamente expulsados».
   Las «Posiciones ideológicas aprobadas por la V Asamblea» es el otro texto elaborado inmediatamente antes de la renovación de los órganos de dirección. Inicialmente se presentó el «Informe verde revisado» como ponencia. Al ser desconocido por los delegados, se decidió retirarlo, reuniéndose en ponencia una comisión encargada de redactar unas propuestas breves que serían luego sometidas al pleno. La adscripción a la Comisión se consideró voluntaria. De todas formas, Escubi y Bilbao Barrena, junto con Txabi Etxebarrieta, por una parte, y Xabier Imaz, por otra, fueron quienes
llevaron la voz cantante. Los dos primeros basaron sus propuestas en los puntos del «Informe Verde».
   El resultado es un texto confuso y mal redactado que denota el alto nivel de improvisación con que fue realizado, a base de añadir, una detrás de otra, las sugerencias de los delegados, sin especial preocupación por la coherencia del conjunto. Consciente de esta falta de coherencia (agudizada probablemente por errores de picaje en la edición que fue publicada en el «Agiria»), Txabi Etxebarrieta preparó, sobre la base del texto original, un borrador, redactado en forma de preguntas y respuestas, que presentó a la 2.a parte de la Asamblea y que sería, a su vez, la base del texto «ideología oficial de Y»(5) adoptado en dicha sesión.
Quizás lo más sobresaliente de la discusión de las «Posiciones ideológicas» en el seno de la Comisión fueran los equilibrios entre las dos posturas extremas (las de Escubi y Bilbao Barrena, partidarios de una más clara definición marxista, por una parte, y la de Imaz Garay, receloso ante todo desliz en tal dirección, por otra) para mantener la frágil unidad lograda en la operación destinada a eliminar al grupo de Iturrioz. Así, fueron precisas todas las dotes diplomáticas de Etxebarrieta para dar con una fórmula unitaria (por lo demás, bastante confusa) en el párrafo destinado a definir el papel de la burguesía nacional en la revolución vasca. La frase en cuestión quedó así:

   «la burguesía nacional, sobre todo la pequeña burguesía, que hoy en día colabora en nuestra lucha con el pueblo trabajador, es HOY, EN SU PRACTICA SOLAMENTE, revolucionaria. Existe el peligro, no obstante, de que la burguesía nacional o elementos reformistas, tomen demasiada fuerza, castrando la revolución. Para cortar ese peligro real no tenemos otra salida que dar una fuerte conciencia al Pueblo trabajador, mostrándole claramente los fines y el sentido de su lucha».
    Poco antes se había afirmado que «es el pueblo y sólo él quien puede llevar a término la revolución integral». Sin embargo, a la hora de definir al «pueblo» se dice, que «es el oprimido», añadiéndose que «en la etapa actual se identifica con el conjunto de la nación vasca con relación al opresor: España y Francia», no quedando clara la distinción entre ese «pueblo oprimido» y el «pueblo trabajador» cuya conciencia será la garantía contra el peligro de que la burguesía nacional «tome demasiada fuerza».
   Otro punto de interés sobre los que se define la 1ª parte de la Asamblea (y que sin embargo no aparece ya en las resoluciones de la 2. parte) es el relativo al estatutismo y al PNV. El rechazo del estatutismo (que es frontal, aunque en el Zutik 44, publicado inmediatamente después de la Asamblea, se matiza la cuestión hablando del Estatuto como la vía intermedia hacia la independencia) se basa en razones ideológicas (supone la aceptación de la soberanía estatal) y de clase (corresponde a los intereses de la burguesía). Al PNV se le considera un partido «superado en los dos aspectos, nacional y social» y se le emplaza a «reivindicar la soberanía nacional vasca abandonando los intereses que le ligan a España», si no quiere «desaparecer por extinción».

  
   El último punto tratado es el relativo a la renovación de los órganos de dirección. El pleno aprueba dar un voto de confianza al ejecutivo saliente para nombrar una nueva oficina política y para dotarse a sí mismo de los refuerzos necesarios para garantizar la continuidad organizativa en el período provisional abierto hasta la celebración de la 2.a parte de la V Asamblea. Xabier Imaz, único delegado del exterior asistente, es encargado de supervisar el proceso, negociando con el Comité Ejecutivo saliente las nuevas incorporaciones. Entre éstas destacan las de Escubi y Bilbao Barrena, que pertenecen simultáneamente al Ejecutivo y a la Oficina Política. El nuevo Ejecutivo queda compuesto por 7 miembros, y la O.P., por 5.
La caída, en el mismo mes de diciembre, de Zaharra, el más veterano miembro del Ejecutivo y único superviviente en el cargo de los directamente elegidos en la IV Asamblea (1965), y la identificación por la policía de otros miembros del anterior equipo, facilita la hegemonía que Escubi y Bilbao Barrena ejercerán de hecho en la dirección y en toda la organización en el período inmediatamente posterior.

     Los nuevos cuadros que, junto con ellos dos, se incorporan a la Oficina Política son Txabi Etxebarrieta, su amigo Unzueta y El danés(luego conocido actor).
Antes de iniciarse la salida, y en una ronda de «temas organizativos varios», un delegado («Buda») plantea oficialmente la petición de ingreso en la organización de un sacerdote. La propuesta causa la extrañeza de la mayoría de los delegados, que, de todas formas, no se atreven a pronunciarse, trasladando la responsabilidad al Comité Ejecutivo. El candidato, Lukas Dorronsoro, cura de Gaztelu, acudiría ya como delegado, tres meses después, a la 2. parte de la V Asamblea.


El período interasambleario
Las primeras medidas adoptadas por el grupo que ha resultado mayoritario en la Asamblea de diciembre son: 1) realizar una fuerte campaña de prestigio y reafirmación organizativa en base a contactos con distintos medios vasquistas; 2) hacer público el «Agiria» (con la explicación de la escisión elaborada en el transcurso de la Asamblea) y publicar rápidamente un Zutik que reafirme las posiciones ideológicas; 3) iniciar los preparativos para la celebración de la 2.a parte de la Asamblea que establezca una clara definición ideológica y estratégica.


(1) De hecho, en el «extracto del acta de la V Asamblea», incluido en el «Agiria» editado como explicación externa al finalizar aquélla se habla de la expulsión por parte del C.E. de «cuatro miembros de la organización».

(2) La abstención más significativa es la de Fano (»Imanol»), en la actualidad fue gran amigo de Otegi y su hijo participó en los dialogos ETA-Zapa militantes de Vizcaya liberado en 1964, futuro dirigente del Frente Obrero en 1968-1969 y de ETA (VI) luego, y que en el momento de asistir a la Asamblea acaba de salir de la cárcel. Aunque finalmente se posicionará en favor de la mayoría, no dejará de criticar lo que considera un error de procedimiento por no permitirse la presencia de «Mixel», cuya capacidad militante subraya en una intervención que suscita la desconfianza de un sector de la mayoría.
(3) El local, cuyas condiciones de seguridad no eran óptimas, se encontraba en los bajos de la casa cural de Gaztelu. Para acondicionarlo, un equipo había excavado varios metros cúbicos de tierra y desperdicios amontonados allí durante años, y construido una cocina y un rudimentario retrete. El principal problema era el humo de los cigarrillos y de las velas que, según se informó a los asistentes, se filtraba por las rendijas del suelo de la planta superior. Las horas más peligrosas eran las del atardecer, cuando los niños del pueblo y algunos acompañantes se reunían en dicha planta para ver la televisión.
(4) Según Jon Nikolás (en su nota para «Hordago») hubo otro militante, procedente del «grupo autónomo del Cabra», que también se retiró de la Asamblea con posterioridad, sumándose a los disidentes.
(5) La letra Y (cuyo nombre en griego es ETA) fue adoptada en la 2º parte de la V Asamblea como nombre clandestino de la organización. Anteriormente el nombre en clave fue JOC. Más tarde sería COPE (de cooperativa).

27 agosto 2015

Vicente Uribe, el stalinista bizkaino

Vicente Uribe GaldeanoPolítico e ideólogo comunista español, nacido en Bilbao en 1897. Obrero metalúrgico, militante del Partido Comunista de España desde 1923, dirigente desde 1927. Representó al Partido en la elaboración del manifiesto electoral del Frente Popular para las elecciones de 16 de febrero de 1936.
Fue Ministro de Agricultura, ya comenzada la guerra, en los gobiernos republicanos de Francisco Largo Caballero (5 de septiembre de 1936 al 18 de mayo de 1937) y de Juan Negrín (18 de mayo de 1937 al 1º de febrero de 1939). Principal impulsor de la reforma agraria, promovida por el Partido Comunista, que intentó llevar a cabo la Segunda República en plena Guerra Civil española. Tiene el mayor interés su escrito de 1938: El problema de las nacionalidades en España a luz de la guerra popular por la independencia de la República Española.
Para Uribe, «las cuestiones particulares de catalanes, vascos y gallegos están ligadas vitalmente a la cuestión nacional de toda España». No admite Uribe, como comunista estalinista, que haya disgregación de intereses frente al interés, común, de la «gran patria». Para Uribe, los separatismos, nacionalismos o federalismos (que no cita) son un paso. Nunca una meta. 
Tras la expulsión del Partido de Jesús Hernández, en 1944, pasó a ocupar el segundo lugar en el escalafón jerárquico del PCE.hasta la ilegalización del PCE en Francia, se irá fraguando un enfrentamiento interno entre el dúo Antón-Carrillo frente a Uribe.
En febrero de 1956 asiste Uribe en Moscú al XX Congreso del PCUS. Dolores ha invitado al Congreso a Fernando Claudín, con la intención de conocer y poner coto al creciente protagonismo que va consolidando Santiago Carrillo en París. Claudín imita la condena que en el XX Congreso se hace de Stalin, y no se frena en sus ataques a Uribe. La crisis abierta en Moscú se intentará salvar en el Pleno del Buró Político del PCE que se celebra en Bucarest en abril y mayo de 1956. Pero en esos pocos días Dolores ha pactado con Carrillo, y la crisis se va a resolver con la caída de Vicente Uribe, convertido en chivo expiatorio y acusado por sus propios camaradas de ser "el Stalin del PCE" y de «culto a la personalidad», en pleno fervor depurador postestalinista. La eliminación de Vicente Uribe, relegado absolutamente por el grupo triunfante capitaneado por Santiago Carrillo Solares, se consumará en el Pleno del Comité Central celebrado en la RDA del 25 de julio al 4 de agosto de 1956. Vicente Uribe falleció en Praga el 11 de julio de 1961, estuvo casado con Teresa García y tuvo cinco hijos.   

Historia de la V Asamblea (IV)


El izquierdismo  abertzale
Escubi, Bareño y Bilbao Barrena pasan al interior a fines de septiembre para preparar la Asamblea. Previamente, en julio, han tenido en Bruselas un contacto con Krutwig y Madariaga, que aparecen como principales exponentes de la corriente que Txillardegi define corno «abertzale-marxista-leninista». En la reunión de Bruselas participan también Txato Aguirre y Mikel Azurmendi.
Jesús M. Bilbao Barrena («Balduino») y José María Escubi («Labrit», en dos años pasara a estudiar marxismo y se distanciara de ETA V) son encargados de redactar un escrito que sintetice las conclusiones de la reunión. El color de las copias que posteriormente remiten al resto de los asistentes es la causa de que dicho escrito conserve siempre, en todas sus sucesivas versiones, la denominación de «Informe Verde».
En agosto, el informe se hace llegar a algunos viejos militantes exiliados como Elósegui, Edur Aguirre, Juan José Etxabe y otros. En un primer paso «experimental» del trío al interior, en el mismo mes de agosto —destinado a hacer algunos contactos—, el escrito es pasado también a los hermanos Etxebarrieta, jovenes talentos en ascenso.
Estos últimos, junto con Txato Aguirre y Azurmendi(luego recalcitrante antinacionalista), que también han regresado al interior ese verano, son los principales contactos con que cuenta el trío de enviados cuando, el 29 de septiembre, festividad de San Miguel, pasan definitivamente la frontera. En la primera semana de octubre, Bareño y Escubi dan una charla, en un local parroquial del barrio bilbaíno de Deusto, a un grupo de jóvenes militantes entre los que se encuentran Txabi Etxebarrieta, López Irasuegui(luego EIA) y Unzueta (luego dirigente de ETA VI), que pronto pasarán también a formar parte de diversos órganos de dirección de ETA.
También participa en la reunión Andoni Olábarri, que años después será miembro del Euskadi Buru Batzar del PNV.
En éste y otros contactos similares que, al margen de las estructuras oficiales, mantiene el trío con militantes de Vizcaya y Guipúzcoa, se plantean críticas a la línea de los Zutik, pero centradas casi exclusivamente en la acusación de «reformismo» y «sindicalismo», sin apenas mencionar la presunta desviación «españolista» que viene denunciando incansablemente Txillardegui desde casi un año antes ante la poderosa ola ideologica marxista.
 
   Estos contactos van otorgando a los enviados una autonomía cada vez mayor respecto a los dirigentes del exterior, que observan con creciente inquietud la evolución de los acontecimientos. Por una parte, a Txillardegi se le ha mantenido al margen de la reunión en que se discute lo que sería primer esbozo del «informe verde». Por otra, Krutwig y Madariaga no han sido consultados sobre las modificaciones que, tras los contactos realizados por el trío en el interior, ha ido experimentándo el texto, que ahora circula ya con el título de «informe verde revisado».
La inquietud de Julen Madariaga aumenta cuando es informado de que, en contra de su opinión, los tres enviados son contrarios a la adopción de medidas de fuerza (expulsión de los «desviacionistas», aún a riesgo de sufrir una escicisión) confiando en la posibilidad de ganar para sus posiciones a la mayoría de la militancia.
Esta es la razón de que, a fines de noviembre, en los mismos días en que Txillardegi recibe la comunicación oficial, firmada por «Mixel», de que la Asamblea se iniciará el 8 de diciembre en el interior, Madariaga decida pasar a San Sebastián y Bilbao con la intención de ejecutar un plan cuyo desenlace sería la expulsión de los componentes de la Oficina Política y la convocatoria de una asamblea a celebrar a mediados de diciembre en el exterior.
La táctica concreta de aplicación del plan es discutida por Madariaga con un grupo de militantes de Donosti que han redactado un escrito titulado: «Ante la actual situación de ETA presentamos la siguiente visión.» Este texto, de una violencia verbal inaudita, constituye una crítica a lo que considera posiciones «imperialistas españolas» en la O.P., y un esbozo de la táctica a seguir en la Asamblea. Dicha táctica (que se presenta, literalmente, como «alternativa ante la aparente imposibilidad de eliminar físicamente a los responsables de la traición, lo que sería a nuestro juicio el único camino correcto de eliminación») consiste en celebrar un «juicio con sentencia inmediata» que obligue a los «imperialistas españoles» a abandonar la Asamblea y la organización. Sólo tras este trámite continuaría la reunión, procediéndose a la renovación de cargos, etcétera. Se trata, en resumen, como se explica en el propio texto, de evitar dar a los «traidores la baza de explicar cuál es su estrategia y táctica».
Madariaga sintoniza inmediatamente con este planteamiento, aunque, llevándolo más lejos, es partidario de impedir incluso la posibilidad de que los miembros de la Oficina Política puedan estar presentes (para ser expulsados) al inicio de la Asamblea. Propone, por el contrario, que la expulsión les sea comunicada previamente mediante un escrito, rompiendo sin más toda relación con ellos. Este desenlace será sumariamente explicado al pueblo mediante un Zutik. Los militantes recibirán información complementaria a través del boletín interno Kemen, que se entregará junto con la comunicación oral de los nombres de los expulsados.
La iniciativa de aplicación de los tres puntos del plan será explicada, según se acuerda, en base a la siguiente argumentación (que el propio Madariaga plasmará en un escrito «a todas las delegaciones» firmado en Bayona el 28 de noviembre): «Viendo ellos (guipuzcoanos, nabarros, Zaragoza y otros sectores) el espantoso desaguisado actual de JOK (nombre clandestino de ETA), pór arte y gracia de Mixel y Cía., deciden dirigirse al que fue secretario de la IV Asamblea a fin de que, a petición expresa y apoyado por la inmensa mayoría de la base sana de JOK, tome las siguientes medidas: 1) Expulsar a «Mixel»; 2) disolver la Oficina Política; 3) convocar la V Asamblea para el 17 de diciembre fuera de Euskadi Sur.»
Este plan no encuentra, sin embargo, gran eco ni en el trío de conspiradores ni en los miembros del Ejecutivo contrarios a las posiciones del equipo de Iturrioz, lo que, a su vez, suscita las iras de Madariaga, que en adelante se referirá al C.E. como «los incapaces». Los tres enviados también serán duramente criticados por lo que Madariaga considera su «acostumbrada ambigüedad».
Con todo, los dos primeros puntos del plan son puestos en práctica por el Comité Ejecutivo, que, en una reunión celebrada sin la presencia de Iturrioz, elabora un escrito que concluye con la notificación a éste de su expulsión y disolución de la O.P. El escrito es entregado a «Mixel» en una nueva reunión del C.E., esta vez plenaria, celebrada en Motrico.
No es aceptado, por el contrario, el punto relativo al atraso de la Asamblea y a su celebración en el exterior. El Ejecutivo, de acuerdo con el trío, decide mantener la fecha del 8 de diciembre. Esta será la razón por la que Madariaga, que ha regresado a Bayona el 25 o 26 de noviembre, no participará, por primera vez desde la fundación de la organización, en la Asamblea Nacional. Esta se inicia con la concentración en la casa del cura de Gaztelu, la noche del 7 de diciembre, de los 42 delegados asistentes.
La notificación de expulsión de «Mixel» lleva la fecha del 20 de noviembre(1). Entre esta fecha y el inicio de la Asamblea en Gaztelu, los tres enviados multiplican sus contactos para garantizar la mayoría para sus posiciones. Mientras tanto, José Antonio Etxebarrieta, que había redactado un primer texto de crítica a las posiciones de la O.P. —texto que es pasado por Escubi al Ejecutivo y que tiene una influencia decisiva en el decantamiento definitivo de dicho órgano contra «Mixel», amplía el escrito con nuevas consideraciones sobre lo que considera «reformismo» de los planteamientos de la Oficina Política. El resultado es un escrito de unos 50 folios, que, leído en la Asamblea, será de hecho el principal acta de acusación contra el sector que va a resultar minoritario. El texto será conocido en adelante como «Informe Txatarra», por ser éste el seudónimo con que lo firma Etxebarrieta.
Se da la circunstancia de que el grueso de la argumentación «antirreformista» procede de la lectura por parte de Etxebarrieta de un ejemplar del «Qué hacer», de Lenin, que presta por aquellos días al autor del informe un antiguo dirigente de EGI, Gabi del Moral, que en esos momentos simpatiza abiertamente con las posiciones de la O.P., y que colaborará más tarde con ETA-berri.
El «Informe Txatarra», del que sólo se hicieron 4 o 5 copias(2), acusaba al planteamiento de la O.P., tal como se había expresado en los tres últimos Zutik (41, 42, 43) y demás publicaciones oficiales recientes, de:
Utópico: en cuanto plantea la lucha obrera en abstracto, prescindiendo de las condiciones concretas de Euskadi en 1966.
Ucrónico: en cuanto no distingue las necesarias etapas de la revolución vasca, y en particular la necesidad de una alianza coyuntural con la pequeña burguesía nacionalista.
A nacional: por omisión, en cuanto, lejos de potenciar las contradicciones políticas que se derivan de la existencia de la opresión nacional, las considera un obstáculo para la revolución.
Reformista: por plantear la lucha en el terreno exclusivamente sindical, despreciando lo específicamente político. Utópicamente reformista, además, por difundir ilusiones sobre la posibilidad de minar el poder del fascismo y las clases dominantes mediante un proceso de «reformas revolucionarias». La propugnada participación en las elecciones sindicales oficiales sería la prueba máxima de ese reformismo sindicalista y legalista.
Antiorganizativo: por pretender diluir a ETA en un vago frente de izquierdas.
Pacifista: por renunciar a una vía de paulatina desaparición del aparato estatal en Euskadi mediante la lucha armada.

La escisión
A la reunión de Gaztelu acuden 42 delegados, de los que 4 son mujeres. Por parte del Ejecutivo saliente están presentes todos sus miembros excepto «Mixel». Sin embargo, tan sólo Jon Nikolás («Nikita»), de entre los componentes de la O.P., acude a la Asamblea. Tampoco está Madariaga, ni ningún otro representante de la vieja guardia del exterior, con la excepción de Xabier Imaz Garay («Miguel»), que, tanto en esta sesión como en la segunda parte de la Asamblea (marzo 67), actuará en la práctica como portavoz de las posiciones de Txillardegi. De la dirección elegida directamente en la IV Asamblea únicamente está presente J. Aspuru («Zaharra»), miembro del Comité Ejecuvo que en cuanto termina la asamblea abandona la militancia.

(1) Jon Nicolás, en la nota incluida en el tomo 5  de la recopilación de «Documentos ETA», asegura que la decisión fue tomada entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre, y comunicada al interesado el día 5. La fecha del 5 de diciembre aparece también como la de la expulsión en un informe firmado por «Markos» y redactado en Bayona la noche del 11-XII, tras recibir un primer informe oral de «Miguel» sobre el desarrollo de la Asamblea.
También es posible que el documento fechado el 20-XI (y reproducido en la recopilación   como el texto oficial de la expulsión), no sea tal sino, quizás, un papel redactado espontáneamente por algún grupo de militantes descontentos. Llama la atención, en este sentido, que el documento no aparezca firmado por el Comité Ejecutivo, como parecería lógico, figurando en su lugar la simple mención «militante de ETA».
(2)De las que no se conserva ninguna, por lo que el texto no figura en la recopilación de Hordago.

26 agosto 2015

las okupas nazis tambien en Chile

Un edificio que pertenecería a la agrupación "Partidarios por la Defensa de Chile" (Padechi) causa alarma entre los transeúntes y vecinos del barrio Brasil.
La sede, ubicada en la calle Compañía, presenta símbolos neonazis en su fachada y lemas antisemitas. El grupo no está registrado como Partido Político y la Comunidad Judía ya hizo público mostró su descontento.

Cañamero responde al manifiesto “por la independencia” del SAT

Desde hace un par de días, un manifiesto, que lleva por título “Hay futuro para Andalucía… con el SAT” y que han firmado hasta el momento algo más de una veintena de militantes y simpatizantes del SAT -entre ellos Sánchez Gordillo-, defiende la necesidad de independencia del SAT, pese a que, entre sus firmantes, se encuentran varios cargos y excargos públicos de IU, que nunca se preocuparon por esta cuestión cuando el SAT era un sindicato que estaba, a todas luces, bajo la órbita de dicho partido y cuyas acciones repercutían principalmente en el beneficio electoral de tal partido.
Diego Cañamero ha respondido a dicho manifiesto con el siguiente mensaje:
“El SOC y ahora el SAT siempre fue independiente.
Desde la época del PTE, que muchos militabamos en el, donde llegamos a tener alcaldes y concejales, después la creación de la cut creada por los compañeros de la sierra sur militantes del SOC hemos guardado la independencia luego más tarde la participación en IU, con concejales, alcaldes, diputados y parlamentarios hemos mantenido nuestra independencia.
¿Porque ahora se quiere hacer creer que que no somos independiente?
Ojo con esto Alguien puede estar buscando un conflicto interno inexistente para que el SAT salga debilitado del congreso.”
El manifiesto se puede leer aquí:
https://futuroconelsat.wordpress.com/
Y la lista de adhesiones aquí:
https://futuroconelsat.wordpress.com/adhesiones/
El SAT celebrará su congreso nacional el próximo mes de Octubre, en el cual se deberá renovar su ejecutiva nacional y momento desde el cual Diego Cañamero, tal y como ya ha anunciado públicamente en diversas ocasiones, dejará de ser Portavoz Nacional del sindicato. De ahí la “advertencia” que Cañamero ha lanzado con este mensaje.

Temor en comunidades por operativo contra EPL

Sobrevuelos de aeronaves de la Fuerza Pública y constantes ametrallamientos en medio de una megaoperación conjunta que se mantiene desde la mañana del domingo en la vereda Guayabón, en zona rural del municipio La Playa de Belén, Norte de Santander, para dar con el capo Víctor Ramón Navarro Serrano, alias 'Megateo', han generado un gran temor en pobladores de la zona.

Según indicó Diógenes Quintero, personero del municipio de Hacarí, población que limita con el lugar de los hechos, campesinos con los que se ha logrado establecer comunicación han pedido el cese de los enfrentamientos, los cuales se están dando cerca a algunas viviendas.

“Ellos llaman para que se trate de parar esa situación porque están muy asustados. Es una zona rural, pero hay viviendas dispersas donde habitan campesinos y los hostigamientos se están dando cerca”, dijo el funcionario.
El Personero agregó que aún no se ha podido acceder a la zona para poder evaluar en compañía de su par de La Playa de Belén y funcionarios de la Defensoría del Pueblo, las posibles afectaciones civiles.

Las autoridades en Norte de Santander mantienen completo hermetismo sobre la búsqueda de 'Megateo', jefe de finanzas de la guerrilla del Epl, quien es señalado de ser el dueño de las actividades del narcotráfico en el oriente del país, junto con los grupos guerrilleros de las Farc y el Eln, al igual que bandas criminales que delinquen en esa zona en la frontera con Venezuela.
CÚCUTA 
En las entrañas del fortín de 'Megateo'

BOGOTÁ, 24 Ago. (Colprensa/Notimérica) - Entre los municipios de La Playa de Belén, Hacarí y una pequeña parte de Ábrego, se encuentra un pequeño corregimiento, hasta hoy conocido por pocos, que por años se ha consolidado como el fortín de Víctor Ramón Navarro Serrano, alias 'Megateo', uno de los narcotraficantes más buscados por Colombia y Estados Unidos. Se trata de una pequeña población con un parque, una iglesia blanca con una torre y con solo 90 casas. Históricamente e ...

Leer mas: http://www.notimerica.com/politica/noticia-entranas-fortin-megateo-20150824194047.html

(c) 2015 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.

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Un soldado muerto y dos más heridos dejan combates contra el EPL (Megateo vivo)

Un militar muerto, otro herido y un policía lesionado dejó en las últimas horas la ofensiva que adelantan comandos especiales del ejército y la policía en la búsqueda del jefe de finanzas del EPL "Alias Megateo" en la región del Catatumbo, en Norte de Santander.
Las autoridades informaron que los hechos se registraron en la zona rural entre las poblaciones de Hacarí y La Playa de Belén donde desde hace cinco días se adelantan acciones tendientes a neutralizar el frente "Libardo Mora Toro" por cuyo cabecilla de ofrece una recompensa de cinco millones de dólares.
La acción violenta se produjo en el corregimiento La Vega de San Antonio donde los comandos de las fuerzas especiales hallaron un campo minado que fue activado, causando la muerte de un soldado.
El otro uniformado herido y el miembro de la fuerza pública fueron trasladados a una clínica privada en la ciudad de Cúcuta para recibir atención médica.
Se informó además que producto de esta gigantesca ofensiva contra Víctor Ramón Navarro, "Alias Megateo" en las últimas horas se ha producido un masivo desplazamiento de campesinos hacía la cabecera municipal de La Playa de Belén.

Reportaje burgues sobre el EPL colombiano (II)

Cortesía de SemanaAl parecer, el jefe del EPL y narcotraficante de la frontera, Víctor Ramón Navarro, murió en operación de Policía, Ejército y FAC.
Las autoridades investigaban ayer si había sido abatido en el Catatumbo, en medio de un operativo conjunto entre la Policía, el Ejército y la FAC, Víctor Ramón Navarro, alias Megateo, jefe de un reducto de la guerrilla del EPL y uno de los narcotraficantes más buscados del país.
El operativo se desarrolló en la mañana de ayer en zona rural de la vereda Guayabón de San Antonio, en el municipio de La Playa, Norte de Santander, donde históricamente se ha movido Megateo, y desde donde comanda la estructura encargada de comercializar la mayor parte de la droga que se produce en la región y que sale hacia el vecino país de Venezuela.
En las acciones, que habrían comenzado hace cuatro días en la zona, a través de la infiltración de comandos especiales, habrían sido capturados, además, el jefe de finanzas de la estructura, identificado con el alias de Ómar; el jefe de seguridad del capo, alias Roberto Caña y una mujer que sería su pareja sentimental.
Dispuestos para diálogos
En el 2012, este comandante guerrillero dijo en entrevista con la revista capitalina ‘Semana’ que el Ejército Popular de Liberación, EPL estaba dispuesto a iniciar diálogos de paz con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, tal y como lo hacen las Farc y eventualmente el ELN.
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No obstante, para las autoridades esta facción del EPL es más una banda narcotraficante que un grupo guerrillero.
La fuerza pública, que ofrece una recompensa de 2 mil millones de pesos por información que conduzca a su captura, le seguía de cerca la pista a Megateo y en los últimos años se les había escapado en varias ocasiones. La última había sido hace un par de semanas, cuando huyó en medio de la selva.
En la ‘Lista Clinton’
Hace dos años, en mayo de 2014, los Estados Unidos lo incluyeron en la denominada 'Lista Clinton' y hace tres años, exactamente el 14 de junio de 2012, en medio de otro dispositivo que pretendía apresarlo, cayó su compañera sentimental, Yanith Sepúlveda.
Se cree que Víctor Ramón Navarro es tan escurridizo por algunas cirugías plásticas que le habrían practicado y que impedirían su fácil identificación y también por la construcción de una serie de túneles en la zona en que se mueve y que le permitirían escapar cuando los uniformados le tienden un cerco.  Las autoridades lo describen además como un obsesionados por el oro al que le gusta coleccionar lingotes, cadenas y pulseras para regalarlos a sus más cercanos.
Megateo, de 39 años y oriundo de San Calixto, Norte de Santander, tiene control militar en vastos terrenos del Catatumbo como cabecilla del frente ‘Libardo Mora Toro’ del EPL.
Navarro Serrano, contra quien pesan cinco órdenes de captura por homicidio, secuestro y rebelión, fue el único comandante que no entregó las armas el 1o. de marzo de 1991 , cuando se desmovilizó el EPL.
Se alió con las Farc y las bacrim para traficar droga. En abril de 2006 asesinó a 10 detectives del DAS y siete soldados que lo iban a capturar en Hacarí.
Lo señalan de haber dado muerte, por lo menos, a un centenar de uniformados.
El 20% no se desmovilizó
El Ejército Popular de Liberación, EPL, fue un grupo guerrillero que se fundó en febrero de 1967 e inició acciones militares en Antioquia, para luego expandirse por Córdoba y Sucre y la región del Magdalena Medio. Fue considerado el tercer grupo subversivo en tamaño del país, tras las Farc y el ELN. Se desmovilizó en marzo de 1991, pero el 20 por ciento de sus integrantes se rehusaron y siguen activos ahora con unos 200 hombres, agrupados en forma de milicias, que operan conjuntamente con otras guerrillas como las Farc, concentrados, sobre todo, en el Catatumbo.

Reportaje burgues sobre el EPL colombiano

Dairo Úsuga, alias Otoniel, es el jefe de la banda criminal de los Urabeños. Víctor Navarro, alias Megateo, es el comandante de una disidencia guerrillera. Por el primero hay 5 millones de dólares de recompensa. Por el segundo se ofrecen 2.500 millones de pesos. Al primero lo persiguen más de 1.500 hombres de la Policía. Tras el segundo hay cerca de 800 uniformados. El primero está en las húmedas selvas del Urabá antioqueño. El segundo, en las montañas de Norte de Santander. Los dos son en la actualidad los hombres más buscados de Colombia.

Otoniel se presenta y pretende que su organización criminal sea considerada como las nuevas autodefensas. Megateo, por su parte, dice que la estructura que dirige es un grupo subversivo de ideas marxistas que lucha por una revolución. Ni lo uno, ni lo otro.

Cobijados bajo el manto de ser paramilitares y guerrilleros, la realidad es que no son los jefes de dos grupos enemigos como lo han intentado hacer creer a la opinión pública. De hecho es todo lo contrario. Son socios, amigos y se dedican a lo mismo: el narcotráfico. Cada uno lidera las que, según las autoridades, son las mayores estructuras que existen actualmente dedicadas a la producción y exportación de droga. Otoniel, por gran parte del Caribe y el Pacífico. Megateo, a lo largo de la frontera con Venezuela.

Estos dos capos llevan años siendo perseguidos por la justicia. Durante lo que va de 2015 han ocupado los titulares de prensa con mucha frecuencia. No es para menos. Desde febrero, Otoniel y su banda son el objetivo de la más grande operación de persecución contra un capo desde los tiempos de Pablo Escobar. Más de 500 de sus hombres han sido arrestados, y le han quitado droga, dinero y propiedades valoradas en más de 600 millones de dólares.

Megateo, por su lado, volvió a saltar a los titulares en las últimas dos semanas. La razón no es otra que la más reciente operación que las Fuerzas Militares lanzaron en su contra. El pasado domingo 16 de agosto se rumoró incluso que el capo del Catatumbo, como es conocido, había muerto ese día. Sin embargo, todo parece indicar que logró sortear con éxito la ofensiva. Desde hace ocho años es considerado un “blanco de alto valor”. Durante este tiempo más de 50 operaciones se han realizado en su contra sin ningún éxito.

La vida de estos dos capos tiene muchas cosas que los unen. Conocen como pocos las zonas en donde se mueven. Han logrado ganarse la confianza y el cariño de la gente que los protege y les informa de cualquier acción en su contra o de algún extraño que llegue a la región. Con regalos de mercados, electrodomésticos, medicinas, motos o dinero los dos son considerados como una especie de Robin Hood por los pobladores. Una hábil táctica que no pocas veces les ha salvado la vida o de terminar en la cárcel. El gusto por las joyas, las fiestas y, sobre todo, por mantener relaciones sexuales con menores de edad es otra característica de los dos capos.

Estas vidas paralelas tienen un origen común que muy pocos conocen. A finales de los años ochenta, Otoniel y Megateo formaron parte de la guerrilla del EPL en donde militaron durante varios años. En 1991 se produjo la desmovilización de ese grupo, la cual estuvo marcada por una alta dosis de improvisación que generó que muchos de sus integrantes sencillamente optaran por no reincorporarse y crear disidencias.

Otoniel y decenas de guerrilleros del EPL fueron reclutados y formaron parte de las nacientes autodefensas de Fidel y Carlos Castaño. Se transformaron en el pilar de ese grupo en la zona de Urabá. Con el tiempo, Otoniel haría parte de los paramilitares del Meta cuando las AUC se expandieron a esa zona. Tras el proceso de sometimiento de estos grupos, durante el gobierno de Álvaro Uribe, Otoniel regresó a Urabá y consolidó la conformación de su actual banda criminal.

El destino de Megateo tras la incompleta desmovilización del EPL no fue diferente. Con un puñado de hombres creó una disidencia de esa guerrilla y se enquistó cerca al municipio de Hacarí, en el corazón de la región del Catatumbo. Enarbolando la bandera del desaparecido EPL realizó alianzas con facciones de las Farc y el ELN, y básicamente se dedicó a manejar y controlar toda la cadena del narcotráfico en esa zona del nororiente del país. Así ha sobrevivido la última década.

El caso de estos dos hombres, más allá de que algún día sean capturados, es un claro ejemplo de los riesgos que existen cuando se realizan desmovilizaciones a medias o improvisadas. De guerrilleros rasos terminaron convertidos en dos capos fugitivos. Una historia que no debe repetirse.

23 agosto 2015

Apuntes criticos al Independentismo desde el materialismo historico

«Nosotros estamos, indudablemente, por el centralismo democrático. Somos contrarios a la federación... Estamos, en principio, contra la federación, que debilita los vínculos económicos y es una forma inservible para lo que es un solo Estado. ¿Quieres separarte? Bien, vete al infierno, si puedes romper los vínculos económicos, o, mejor dicho, si la opresión y los rozamientos originados por la ‘convivencia’ son tales que corroen y destruyen los lazos económicos. ¿No quieres separarte? Entonces, perdona, pero no resuelvas por mí, no pienses que tienes ‘derecho’ a la ‘federación’.» (Lenin en su carta a Shaumian).

Decimos que este altermundismo, en tanto que «comunismo» sui generis, parte de la evidencia, procedente al parecer del materialismo histórico, de que tanto Euskal Herria, como Galiza, Catalunya, etc, son «naciones», y no fragmentos de una nación, y que, curiosamente, llevan siglos, en algunos casos hasta milenios, con «voluntad» de ejercer una soberanía que poseen «de derecho» pero que, sin embargo, invariablemente, les es negada «de hecho». A España, sin embargo, desde esas mismas coordenadas, no se le reconoce existencia histórica como nación, siendo considerada en esencia como un mero subproducto de la ideología fascista-españolista. Es decir, España se identifica plenamente sin más con el «nacionalismo español», según el altermundismo, y su historia es la historia del «nacionalismo español», cuya trayectoria se resuelve en la represión y sometimiento «imperialista» ejercidos sobre los «pueblos peninsulares» y aún más allá (América, &c.).

Ahora bien, ¿de dónde proceden estas evidencias cuya negación, además, conducen al parecer directamente al fascismo?, ¿es esta concepción, con tales premisas, coherente o compatible lógicamente con el materialismo histórico, según se presume desde la propia consideración altermundista? Veamos.
El materialismo histórico parte, como postulado lógico, ontológico y metodológico frente al idealismo (expresado por Marx en el célebre Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política), del «ser social» como determinante de la «conciencia» (y no al revés), siendo así que esta «conciencia nacional euskaldún», como la catalanista o la galleguista, no se explican por sí mismas si no que requieren, en tanto que fenómenos suyos (y como cualquier otra forma de conciencia), un «ser social» que esté a su base.
Pues bien, ¿son acaso el abertzalismo, como el catalanismo y el galleguismo, formas de conciencia transparentes, y no deformadas, no ideológicas, de la realidad social a la que remiten?, es decir, ¿se encuentran a la base de estas formas de conciencia, en tanto que «ser social» suyo, a «Euskal Herría», a «Catalunya» o a «Galiza» como naciones en efecto ya formadas y en marcha, solo que reprimidas u oprimidas por el «Estado español», según se postula desde el abertzalismo, el catalanismo o el galleguismo?; dicho de otro modo, ¿es la existencia histórica, real, del País Vasco, Cataluña o Galicia como naciones «realmente existentes» lo que determina la evidencia (abertzale, catalanista, galleguista) de su carácter nacional?
Nosotros, desde luego,  negamos que esto sea así: la nada histórica de ese fantástico(nunca historicamente comprobado) ente llamado «Euskal Herría» (lo mismo puede decirse de Galiza o de Catalunya y los Països Catalans) no puede generar la conciencia nacional correspondiente, como tampoco puede brotar de Cataluña o de Galicia al no haberse estas constituido nunca como sociedades políticas soberanas; y es que de la nada, nada sale, siendo así que la formación de esa conciencia nacionalista, que no nacional, hay que explicarla por otras vías.
Pero, además, también negamos, y esto ya lo hacemos ad hominem (siendo este el objetivo fundamental de nuestro artículo), que la afirmación del carácter nacional de estos fragmentos de España pueda proceder del materialismo histórico marxista, un materialismo histórico en el que precisamente dicen moverse tales grupos y facciones «antifascistas».

Y es que, ¿qué pruebas se ofrecen por parte del altermundismo de la existencia histórica, real, de «Euskal Herría», de «Galiza» o de «Catalunya» como entidades nacionales?, ¿qué instituciones, qué formas de organización productivas, administrativas, judiciales, militares, diplomáticas... se pueden ofrecer desde el materialismo histórico que hablen de la existencia histórica de semejantes «naciones»?, ¿en dónde están las pruebas documentales y monumentales de la existencia de tal entramado institucional, con una trayectoria, un curso, que se pueda relatar históricamente, y cuya referencia sean, respectivamente, Catalunya, Euskal Herria, Galiza... como entidades soberanas?
Para el altermundismo, en efecto, y aquí comienzan nuestras sospechas, es suficiente, como prueba de la existencia nacional, con la propia «voluntad» de serlo; es decir, la mera presencia actual de esa «voluntad» de ser nación entre algunas facciones o grupúsculos de esas regiones, es suficiente según este altermundismo (es la suficiencia de un entimema), para hablar de la realidad histórica nacional de «Euskal Herría», Catalunya o Galiza..., siendo así que estas realidades sociales y culturales se revelan de manera prístina, sin ningún tipo de deformación, a través de la izquierda abertzale, del catalanismo republicano y del nacionalismo gallego como formas de conciencia características suyas. Una realidad, además, de la que no se puede dudar, dicen, sin recaer en el fascismo, cosa que precisamente se hace desde toda otra perspectiva política que actúe contemplando la conservación de España como unidad nacional.

Nos encontramos aquí pues, curiosamente, y siempre según el altermundismo, ante formas de conciencia por lo visto completamente depuradas de cualquier deformación ideológica (abertzalismo, catalanismo y galleguismo) que nos informan, a su vez, de un modo cristalino y transparente, insistimos, de la existencia de sociedades arcádicas (autogestionarias, en equilibrio perfecto tanto social, como medioambiental), surgidas in illo tempore, y que llevan luchando siglos, hasta milenios, intentando restaurar, frente al nacionalismo fascista e imperialista, esa soberanía perdida (autogestionaria y perfecta) que el «Estado español» suplantó (aunque se supone no aniquiló).
Ahora bien, desde la doctrina marxista, y aquí comienzan sus claros desajustes con este altermundismo que se dice representativo suyo, no es, desde luego, la mera «voluntad» de los miembros individuales que componen una sociedad lo que explica su surgimiento o constitución, sino que, más bien, es la sociedad un resultado de la acción productiva de los individuos que la componen pero, justamente, con «independencia de su voluntad»:
 «la estructura social y el Estado brotan del proceso de vida de determinados individuos; pero de estos individuos, no como puedan presentarse ante la imaginación propia y ajena, sino tal y como realmente son; es decir, tal y como actúan y como producen materialmente y, por tanto, tal y como se desarrollan sus actividades bajo determinados límites, premisas y condiciones materiales, independientes de su voluntad» (Marx y Engels, La Ideología alemana, L´eina editorial, pág. 17.)

Precisamente la voluntad individual, invariablemente ideologizada, se mueve generalmente conforme a representaciones deformadas de la realidad social, según la concepción marxista, permaneciendo la conciencia individual, por lo menos en las primeras fases del desarrollo social (en rigor en todas, salvo en la fase final), completamente opaca a la realidad de ese «ser social» que, sin embargo, se forma con el desarrollo de la propia actividad productiva individual (como es sabido, esta perspectiva es lo que ha hecho encuadrar a Marx dentro de la llamada «filosofía de la sospecha», junto a Freud y Nietzsche). Una actividad individual siempre enclasada en grupos (clases) cuya estructura imponen una dinámica que desborda completamente la conciencia individual a la que, sin embargo, a su vez, determina: precisamente es justo al final del desarrollo social (nunca al principio) cuando la conciencia individual se refunde con las condiciones objetivas que determinan la propia acción individual, constituyéndose la conciencia de este modo, y como antesala de la revolución, en «conciencia de clase». Dicho de otro modo, la conciencia individual deja de ser ideológica (deformada), justamente, cuando se convierte en «conciencia de clase», que es el paso previo de la abolición revolucionaria de todas las clases.

Una conciencia de clase, por cierto, y esto conviene subrayarlo una y mil veces, en la que no desaparece su sentido nacional (en contraste con lo que muchas veces se ha dicho), sino que lo conserva aunque no al modo burgués:
«Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del poder político, su exaltación a clase nacional, a nación es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía» (Marx y Engels, El Manifiesto Comunista, ed. Endymión, p. 62).
Y es que la «nación», según la concepción marxista, no es un concepto originario, que se forme por la vía de la «voluntad» individual de ser nación, como quiere este altermundismo pseudomarxista (siendo esto, en efecto, una petición de principio parecida a aquella de Moliére de la virtus dormitiva del opio), sino que la nación es un concepto «de clase» y que, como tal, aparece en el devenir histórico como una estructura objetiva bastante tardía, y cuya dinámica envuelve y arrastra a los individuos, insistimos, aún «por encima de su voluntad». En este sentido la nación para el marxismo es, sobre todo, la «nación burguesa» (aunque con vista a su transformación revolucionaria en «nación proletaria»), y es el resultado objetivo de procesos muy complejos que tienen que ver sobre todo con la explotación industrial del medio físico y social, con la «gran industria» capitalista, y todo lo que ello supone (comercio ultramarino, crédito financiero,...).

Precisamente del desarrollo a escala global de la «gran industria», a lomos de la nación burguesa, es de donde proceden las condiciones objetivas, como corolario suyo, para la ulterior constitución del proletariado como clase universal revolucionaria:
«[...] la gran industria universalizó la competencia (la gran industria es la libertad práctica de comercio, y los aranceles proteccionistas no pasan de ser, en ella, un paliativo, un dique defensivo dentro de la libertad comercial), creó los medios de comunicación y el moderno mercado mundial, sometió a su férula el comercio, convirtió todo el capital en capital industrial y engendró, con ello, la rápida circulación (el desarrollo del sistema monetario) y la centralización de los capitales. Por medio de la competencia universal obligó a todos los individuos a poner en tensión sus energías hasta el máximo. Destruyó donde le fue posible la ideología, la religión, la moral, &c., y, donde no pudo hacerlo, las convirtió en una mentira palpable. Creó por vez primera la historia universal, haciendo que toda nación civilizada y todo individuo, dentro de ella, dependiera del mundo entero para la satisfacción de sus necesidades y acabando con el exclusivismo natural y primitivo de naciones aisladas, que hasta ahora existía. Colocó la ciencia de la naturaleza bajo la férula del capital y arrancó a la división del trabajo la última apariencia de un régimen natural. Acabo, en términos generales, con todas las relaciones naturales, en la medida en que era posible hacerlo dentro del trabajo, y redujo todas las relaciones naturales a relaciones basadas en el dinero. Creo, en vez de las ciudades formadas naturalmente, las grandes ciudades industriales modernas, que surgían de la noche a la mañana. Destruyó, donde quiera que penetrase, la artesanía y todas las fases anteriores de la industria. Puso cima al triunfo de la ciudad comercial sobre el campo[...]. La gran industria creaba por doquier, en general, las mismas relaciones entre las clases de la sociedad, destruyendo con ello el carácter propio y peculiar de las distintas nacionalidades. Finalmente, mientras la burguesía de cada nación seguía manteniendo sus intereses nacionales aparte, la gran industria creaba una clase que en todas las naciones se movía por el mismo interés y en la que quedaba ya destruida toda nacionalidad; una clase que se desentendía realmente de todo el viejo mundo y que, al mismo tiempo, se le enfrentaba. La gran industria hacía insoportable al obrero no sólo la relación con el capitalista, sino incluso el mismo trabajo» (Marx y Engels, La Ideología alemana, L´eina editorial, págs. 60-61.)

La «gran industria», pues, impulsada por la nación burguesa (y la nación burguesa por la industria), es el gran demiurgo del Presente político, según el marxismo, un Presente dominado sí por el capitalismo internacional, pero en el que, a su vez, se ponen las bases de la internacionalización de los interes= es del proletariado (y su constitución como «clase universal»), en cuanto que la dinámica industrial desborda los intereses de la propia nación burguesa (plegados y reducidos al círculo del estado burgués). Una internacionalización, en cualquier caso, que tampoco significa para el marxismo, insistimos, la disolución «en sentido cosmopolita» de la nación, sino que el sentido nacional se conserva con la toma revolucionaria del poder político por parte del proletariado (ulteriormente, una vez consumada la revolución, el Estado caería por sí mismo).

Así pues, según el materialismo histórico, la nación se constituye (y no se destruye) en el contexto de la revolución industrial, siendo el imperialismo, como «fase superior del capitalismo», el modo por el que tiene lugar su expansión global.
En definitiva, según el marxismo, es la gran industria lo que conforma a la nación y no la abstracta, tautológica, y vacía «voluntad» individual (y es que fijar la constitución de la nación en la voluntad de serlo es puro idealismo, poniendo a la realidad a caminar de cabeza).
¿Qué tiene que ver pues la nación, tal como es concebida por el materialismo histórico, con esa «nación» progresista, constituida «originariamente» al margen de la industria capitalista, incluso al margen del Estado, sin más?


Ocurre aquí que el nacionalismo burgues (e incluimos aquí especialmente al abertzalismo), lejos de mantenerse en las coordenadas del materialismo histórico, lo que hace es practicar la confusión, además de bulto, entre «nacionalidad» y «nación», categorías bien distinguidas por el materialismo histórico (etnológica una, política la otra), y que en absoluto cabe confundirlas si es que queremos mantenernos en estas coordenadas:
«La nacionalidad no es todavía la nación, sino una agrupación de tribus afines por su idioma y origen, que viven en el mismo territorio. Las naciones surgen al desaparecer la dispersión feudal, en la época del capitalismo ascensional, sobre la base de la comunidad de vida económica, relacionada, a su vez, con la creación del mercado nacional» (Konstantinov, El Materialismo histórico, ed. Grijalbo, pág. 243.)

Y es que, en la perspectiva marxista y en rigor, ¿cómo interpretar pues el carácter nacional atribuido a tales fragmentos regionales de España?, ¿qué es en fin lo que se quiere decir cuando desde el altermundismo se habla de Euskal Herria, Galiza o Catalunya como naciones?
Pues si queremos movernos en las coordenadas del materialismo histórico aparecen dos opciones, no más: o bien (a) se dice nación en un sentido étnico, concibiendo a Euskal Herría, Galicia... como «nacionalidades»; o bien (b) se dice en un sentido nacional burgués, ligado al capitalismo industrial.
En cualquiera de las dos opciones resulta absurda desde el propio materialismo histórico aplicarlas a los fragmentos de una nación ya constituida:
Por un lado, (a) afirmar el carácter étnico de «Catalunya», «Euskal Herría», &c., (o cualesquiera otro fragmento de España) como si tales regiones estuviesen organizadas tribalmente, con sus jefaturas, relaciones elementales de parentesco determinando los vínculos sociales..., como si constituyesen en fin «sociedades primitivas», resulta tan completamente disparatado que no creemos merezca la pena ser discutido. Por otro lado, (b) concebir tales fragmentos como naciones canónicas, como «naciones burguesas» resultado del modo de producción capitalista y desarrolladas al margen de España, es una concepción completamente anti-histórica por anacrónica: ¿es que Catalunya o Galiza, en tanto que poderes autónomos, suponiendo que alguna vez existieran, hicieron la revolución burguesa y están ahora ya en trance y disposición de realizar la comunista? Algunos incluso fijan la constitución «nacional» de estos fragmentos en época preindustrial, incluso en la prehistoria, ¿ya se produjo entonces ahí, en plena prehistoria, la toma del poder por parte de algo así como el «tercer estado» destruyendo el modo de producción feudal?, ¿acaso no sería algo verdaderamente llamativo por extraordinario el que se produjera una revolución burguesa en el paleolítico superior y que, así, una «nacionalidad» amaneciese ya ab initio como «nación»?, ¿y cómo es que Marx, Engels o Lenin, por ejemplo, no tuvieron en cuenta estas «referencias» tan «notables»?
Así, entre el disparate o el anacronismo, camina la consideración «nacional» de los fragmentos regionales de España, no pudiendo justificar de ningún modo su existencia como «nación» desde el materialismo histórico, por más que emic se convoque por parte del altermundismo esta doctrina para ello.

Es más bien el idealismo anarquista (tipo absoluto bakunista o tipo federalista prodhoniano), confundido con el materialismo histórico, lo que alimenta estas concepciones (y es que bajo el «izquierdismo» todos los gatos son pardos). De este modo, al modo idealista ahora sí, se regresa en este punto a ideas sustancialistas, relacionadas con el «autós» griego (auto-determinación, auto-nomía, autogestión) para justificar, vía causa sui, una doctrina que, en buena medida, no es que difiera sin más del marxismo es que se opone frontalmente a él. Un idealismo que se torna muchas veces en sustancialista –es precisamente la «ideología alemana»– regresando a la idea clásica de sustancia («aquello que no necesita de otra cosa para existir»), alineada a la cultura como unidad social originaria (a veces a la raza), para proyectarla sobre el campo político y reconstituirlo (es la «Europa de los pueblos»), derribando imaginariamente las fronteras actuales, desde categorías etno-lingüísticas (por lo demás completamente oscuras y confusas) que hablan de una correspondencia biunívoca entre cultura y estado (una correspondencia que procede del Idealismo clásico –Fichte, Herder–, antagónico al marxismo).

En definitiva, la tesis de la «España plurinacional» es una tesis idealista, incompatible con el materialismo histórico, al basar la condición nacional de lo que no son sino fragmentos regionales simplemente en la «voluntad» de ser nación. Una voluntad, por cierto, procedente de sectores sociales actuales bien reaccionarios (completamente refractarios al socialismo comunista), llegando a formar grupúsculos y facciones (algunas ocupando magistraturas de gobierno en municipios, autonomías, &c..) que no han tenido ningún empacho en apelar, con frecuencia, a categorías como la raza, el adn, el rh, &c. o, directamente a Dios y al «Sagrado Corazón de Jesús», para justificar sus programas políticos facciosos.

21 agosto 2015

Los bagaudas, el pueblo en armas contra el Imperio Romano

Uno de los períodos históricos más estudiados de la Historia Antigua es la conocida crisis del Imperio Romano en el siglo III, que deviene en la división del mismo por parte de Diocleciano, entre Oriente y Occidente, en el año 284 dC. La reorganización de Diocleciano buscaba dar solución a una serie de problemas graves del poder imperial, como la presión bárbara y una conflictividad social derivada de la concentración de la propiedad en grandes latifundios, dificultades agravadas ante la incapacidad militar del Imperio. La situación era compleja y la lejanía de siglos dificulta aún más la comprensión de la relevancia de cada uno de los factores que determinaron el signo de los tiempos. En este marco se encuadra uno de tantos fenómenos de misteriosa y atractiva estampa histórica: el de los bagaudas, y su aura romántica de rebeldes primigenios capaces de poner en jaque a las legiones romanas. ¿Quiénes eran?
Los bagaudas, o las revueltas bagaudas, o el fenómeno bagauda… de muchas maneras se ha hecho referencia a una misma realidad histórica, y quizás todas estas acepciones sean correctas. Porque los bagaudas fueron, en efecto, una comunidad concreta de personas, adscritos a unos territorios, unas fechas, una extracción social y unas acciones y propósitos concretos. Porque las revueltas bagaudas existieron, y se discuten en la medida que se valoran los elementos definitorios del término. Y porque el fenómeno bagauda, también, fue lo bastante complejo y amplio geográfica y temporalmente como para complicar su definición, y poder conceptuarlo de una forma más abstracta, casi como una actitud social.
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Los historiadores han discutido alrededor del tema durante décadas, sin llegar a consensos mayoritarios para responder quiénes eran estas gentes o qué convertía a alguien en uno de tales sujetos. Y la diatriba parte del propio origen etimológico del término para explicar el sentido que adquiere en los textos antiguos. En raíz latina significaría “ladrón”, en raíz céltica “guerrero”. Lo que sí es de común acuerdo son las revueltas campesinas que tuvieron lugar a lo largo de esta época en la Galia y en Hispania, y especialmente en los territorios de Armórica y la Tarraconense. ¿Cuáles de estas revueltas campesinas fueron bagaudas? Según la atención que se preste a unas fuentes u otras se dividen las opiniones. Para algunos historiadores es fundamental la mención explícita en las fuentes escritas de la época, para otros lo es el mero reflejo de un actuar en consonancia con una definición ajena del concepto, en relación a su vez con la extracción social y las condiciones políticas y socioeconómicas del territorio donde se ubique dicha revuelta.
Los bagaudas, en cualquier caso, tenían una composición fundamental campesina, lo que no niega que en sus acciones pudieran participar otras capas sociales sometidas al poder de los possesores, la clase de los grandes propietarios, terratenientes generalmente residentes en la ciudad. A fin de cuentas, no solo el campesinado soportaba las lesivas cargas fiscales de los grandes terratenientes y un Imperio económicamente asfixiado por sus exigencias militares.
La primera revuelta campesina que se significa en las fuentes escritas como bagauda se data en el 285 dC, liderada en los límites norteños de la Galia por Aeliano y Amando, y reprimida tras dos años de enfrentamientos por las tropas del Maximiano. Después de ello, pasará un siglo hasta datar la primera gran oleada del movimiento bagauda, que se concentra en la Armórica —extremo noroeste de la actual Francia—. En el 407, y con una duración de diez años, tiene lugar la primera gran revuelta bagauda en la Armórica, tal y como lo consideran autores como el marxista E.A. Thompson. Es este el momento de las penetraciones de alanos, suevos y vándalos, de un poder imperial superado, hasta el punto de que se especula con la suplantación de su dominio en estos territorios por parte de los grupos campesinos sublevados, que podrían haber llegado a establecer una especie de estado o poder independiente. Sin embargo, será en los años 435 a 437 cuando tengan lugar las revueltas más consensudas como propiamente bagaudas por toda la historiografía actual. Liderados por Tibatton, en la Armórica, parece que la mayor de las sublevaciones campesinas fue ésta que se ocupó de reprimir Litorius, uno de los lugartenientes de Aecio. Se suele considerar el final simbólico de las rebeliones de este tipo en la Galia, a pesar de registrarse un nuevo enfrentamiento entre las fuerzas campesinas dirigidas por Eudoxio y los ejércitos imperiales, en el 448, en los Alpes.
Si la adjetivación de bagauda a los fenómenos de sublevación social campesina de la primera mitad del siglo V en la Galia ha dado para discusiones historiográficas, los sucesos de similar naturaleza ocurridos en Hispania a mediados de la misma centuria citan, lógicamente, no menos interpretaciones sobre su justa caracterización como bagaudas. Entre el 441 y el 443 tiene lugar una revuelta en la Tarraconense, centrada en una ciudadela próxima a Pamplona, llamada Aracelli. Existe amplio consenso en determinar esta sublevación del campesinado hispano como un episodio bagauda, en función a las menciones que hacen las fuentes escritas. En el 449, en Tarazona, un nuevo episodio de sublevación tiene como protagonistas a un Basilius, jefe bagauda, en alianza con el rey suevo Requiario, que se cobra la vida del obispo de León. Y aún en el 454 la bagauda se hace presente, para bastantes autores, en Ilerda, demostrando un amplio espacio de acción.
La historiografía ha debatido con gran profundidad sobre el tema. Los trabajos de E.A. Thompson, basados en una perspectiva socioeconómica, situarían a los bagaudas como ejemplo palpable de la rebelión campesina contra los patronos y terratenientes protegidos del Imperio. Ha sido la explicación social de Thompson, quizás, la de mayor influencia en la historiografía actual, corregida o complementada, en ocasiones, pero siempre tomada como gran referente de base, por autores como Gonzalo Bravo, Abilio Barbero o Marcelo Vigil. Explicaciones del fenómeno que se inclinan a dar la mayor importancia no a las contradicciones socioeconómicas, sino al contexto netamente político de debilidad imperial, son las de J.F. Drinkwater y las de R. Van Dam. La importancia de unas fuentes u otras, la interpretación de las mismas, escritos y excavaciones, permiten una de las disputas académicas más apasionantes sobre la historia tardorromana y la Antigüedad en general. Es totalmente aconsejable disfrutar de los textos de unos y otros autores sobre el fenómeno bagauda, no solo una clase de historia, sino de historiografía.
Y después de todo ¿quiénes eran los bagaudas? Lo que es evidente es que el término no puede adscribirse a una muy determinada estirpe, como románticamente desearíamos. Su acepción fue sinónimo de un sujeto campesino organizado y levantado en armas contra el Imperio Romano de Occidente y fundamentalmente contra las clases poseedoras de su entorno, en el norte de la Galia y de Hispania, y que, según el caso, establecieron alianzas con otras capas sociales sometidas e incluso con poderes extranjeros, llegando a organizarse socialmente con una relativa independencia. Pueden hacerse más disquisiciones, pero el tema de importancia no es tanto el quiénes fueron, sino el contenido que aportaron al sentido de su época.
Se podrá objetar que hay una laxitud terrible en definiciones de tal amplitud, pero lo cierto es que lo magno del debate sobre ciertos términos lo exige. Porque hay que bucear profundamente en el tema, y no se puede permanecer en la superficie insuficiente de unas pocas líneas. Los bagaudas como figura histórica, sobrenombre o pseudogentilicio en su momento histórico, se acabaron covirtiendo en algo más. El sustantivo originario se convirtió expansivamente en adjetivo, de la Galia a Hispania. El término tiene, así pues, un indiscutible carácter polisémico.
A fin de cuentas, todo análisis del pasado es una toma de posición en el presente. Las perspectivas y disputas historiográficas son necesarias e inevitables. La objetividad historiográfica, como la de cualquier análisis científico social, es una falacia. No puede haber tal cosa en un mundo hecho pedazos en innumerables divisiones, de todo tipo, y algunas antagónicas. Y subjetividad no quiere decir falseamiento ni falta a la verdad, aunque pueda también serlo. Reconocer tales cosas es el punto primordial para tomar mínimamente en serio a cualquier historiador, y la mejor manera para llegar a comprender lo más certeramente posible una realidad social, haya ocurrido hace quince minutos o quince siglos atrás.

20 agosto 2015

Historia de la V Asamblea (III)

 La creciente influencia del marxismo requiere también una clarificación para evitar la unilateralidad en el análisis. El otro punto urgente es el de la lengua, dado que «la única revolución nacional es la euskaldún». Txillardegi lamenta constatar que «en lo nacional (es decir: en lo idiomático, esencialmente) hay una despreocupación, un odio casi, inadmisible».
Sin embargo, el anuncio por parte del interior de que existe una respuesta detallada a sus críticas determina la decisión de Txillardegi (comunicada el 22-3-66) de suspender provisionalmente sus escritos. La respuesta llega, efectivamente, pocos días después, en vísperas ya del Aberri Eguna (10 de abril). El tono relativamente conciliador del escrito del Ejecutivo, más las tareas de difusión internacional de los acontecimientos ocurridos en Irún en dicha conmemoración —en la que dos militantes son heridos por la Guardia Civil, y son detenidos, entre otros, Iñaki Zubiaur y Patxi Iturrioz, miembros de la O. Política— paralizan las críticas de Txillardegi durante casi dos meses.

   La respuesta del Comité Ejecutivo, fechada el 24 de marzo, lo es especialmente al informe del día 6 de dicho mes. El escrito del Ejecutivo comienza por admitir los fallos cometidos respecto a la ausencia del euskera en el Zutik, a la falta de atención al exterior, a la inexistencia de actas de la IV Asamblea, y otros puntos. Niega, por el contrario, que exista el «dogmatismo marxista» denunciado por Txillardegi. Este punto es tratado, sin embargo, con cierta ambigüedad, pues, hábilmente, se parte de la definición peyorativa de «comunista» adelantada por Txillardegi, para negar que, si eso es comunismo, haya en el interior «la menor tendencia comunista». De todas formas, se asegura que una propuesta para que la IV Asamblea definiera a ETA como movimiento marxista-leninista-trotskista fue «unánimente rechazada, sin que obtuviera un solo voto a favor».
Sin embargo, la contradicción entre esta afirmación y el contenido de las actas de la IV Asamblea —que son remitidas por fin a Txillardegi en mayo—, es precisamente la causa inmediata del reinicio por parte de este último de sus escritos críticos. Dichas actas recogen, efectivamente, la aceptación por parte de ETA de «las aportaciones de Marx, Engels, Lenin, Trotski sobre los problemas sociales», si bien no «como base», sino como «aportaciones fundamentales». Una carta enviada por Ahmed (Julen Madariaga, asistente a la IV Asamblea) parece corroborar la versión del Ejecutivo contra la de las actas, aunque, a juicio de Txillardegi, el contenido de los Zutik confirma más bien «que el acta refleja la verdad». «Lo que no se entiende», comentará Txillardegi en un escrito fechado el 21 de mayo, es «la aparente tendencia a ocultarla».
En dicho escrito se adelantan ya los puntos que a juicio de su autor deben ser objeto de debate en la
V Asamblea y sobre los que se compromete a redactar otros tantos textos. Tales puntos son:
  1) Situación actual interna de ETA;
  2) estrategia vasca y estrategia norteña;
  3) la vía abertzale marxista-leninista;
  4) la vía abertzalesocialista aconfesional;
  5) problemas de organización interna.
Estos temas serán abordados por Txillardegi en una serie de escritos redactados en los meses siguientes bajo el encabezamiento común de «Ante la V Asamblea de ETA». El primero de ellos, «Situación interna de ETA», va fechado el mismo 21 de mayo en que anuncia la serie. La víspera ha enviado a las delegaciones la reproducción del artículo «Socialismo y libertad», previamente publicado en el n.° 63 de Zutik-Caracas. El 12 de junio redacta y envía la ponencia «Nacionalismo vasco e izquierditis norteña». Finalmente, el 5 de julio, días antes de su contacto personal con tres miembros del Ejecutivo, Txillardegi redacta una ponencia crítica sobre «El marxismo-leninismo».
En su conjunto, esta serie de trabajos no son sino la ordenación y sistematización de las ideas que ha ido exponiendo desde fines del año anterior en sus sucesivos informes.
    El texto sobre «situación interna» comienza por constatar el giro ideológico radical que la aceptación por la IV Asamblea del marxismo-leninismo-trotskismo, aunque sea como «aportaciones fundamentales», supone respecto a la definición incluida en los Principios aprobados en la I Asamblea, según los cuales «ETA se opondrá a la implantación de cualquier régimen dictatorial, sea fascista o comunista». Para Txillardegi, el «enfoque norteño de los problemas tiene en parte su base en la IV Asamblea», por lo que urge «llamar a las cosas por su nombre» y comenzar por reconocer abiertamente que en ETA existen al menos tres tendencias: la «marxista-norteña», representada por la dirección; la «marxista-abertzale», y la «socialista-abertzale». Dando por supuesto que la primera no tiene cabida en la organización, Txillardegi sugiere la posibilidad de alguna forma de federación entre las otras dos corrientes, dada la lógica tendencia a que cada una de ellas acabe formando un partido propio.
Lo más sobresaliente de la ponencia sobre «nacionalismo vasco e izquierditis norteña», es la enérgica reafirmación del carácter étnico y cultural (lingüístico ante todo) del nacionalismo que debe propugnar ETA. En el texto aparece repetidamente la palabra «científico» para dar más fuerza a la argumentación, en la que hay varias referencias a los textos más detallados publicados en Branka sobre el problema lingüístico. «La afirmación nacional, escribe Txillardegi, es ante todo afirmación lingüística euskaldún; y la afirmación colonialista antinacional es ante todo afirmación, abierta o encubierta, antieuskaldún»(muy en la linea de los actuales ask´s). Sobre esta base, la desviación «norteña española» denunciada se manifiesta, a juicio de Txillardegi, en dos aspectos principales: la posición ante la inmigración; y la identificación de toda opresión con la burguesía, olvidando el aspecto específicamente antinacional de esa opresión.
    Pero donde la posición en positivo de Txilardegi respecto a la opresión nacional queda más nítidamente reflejada es en el borrador de ideario que redacta el 4 de julio de cara a una eventual actualización de los Principios del 62 verdadera oda al exclusivismo etnico:
«En el sentido de la afirmación nacional, ETA proclama:
- El euskera es la única lengua nacional vasca y la única que tendrá rango y protección oficial. El Estado Vasco se proclama euskaldún.
- El primer quehacer nacional específico del Estado de Euskadi será la euskaldunización completa del país. Toda la enseñanza, prensa, radio, televisión, administración pública, etcétera, serán exclusivamente euskaldunes tras la fase transitoria.
- El español y el francés son las lenguas "imperialistas" importadas por el colonialismo opresor, y serán extirpadas del país por los medios que se estimen más eficaces, y sin más limitaciones que los derechos de las personas desnacionalizadas pero no enemigas del país.
- Los problemas referentes al trilingüismo transitorio serán tratados de modo científico en base a las experiencias de otros pueblos un día desnacionalizados y sometidos a genocidio cultural (Israel, Finlandia, Checoslovaquia, Filipinas, Armenia, etcétera), y hoy en posesión de su propia cultura nacional.
- ETA no propugna la creación de un cuadro jurídico autónomo sin contenido ni limitación geográfica-sociológica, sino la creación de un Estado Vasco al servicio de Euskal Herria, a edificar sobre las regiones que, con anterioridad al "genocidio", eran étnicamente euskaldunes y deseen volver a serlo al liberárseles de la cadena de alienaciones impuestas por los imperialistas. La nación vasca está así compuesta por las regiones étnicamente vascas que corresponden aproximadamente al Reino de Navarra, Señorío de Vizcaya, y regiones de Guipúzcoa, Álava, Lapurdi y Zuberoa; más las zonas un día usurpadas de Rioja Alta, Bureba, Jaca y Bearne pirenaico.(es decir, la GRAN EUSKADI de Krutwigg).
- Dada la exigüidad relativa de nuestra población nacional, por universalismo, y con el fin también de facilitar a los vascos el acceso a las literaturas especializadas y al contacto con otros pueblos, el Estado Vasco, siguiendo el ejemplo de otros países con lenguas de poca potencia demográfica (Suecia, Finlandia, Dinamarca, etcétera) facilitará el aprendizaje de una o varias lenguas, "no antivascas" hoy, de utilidad internacional reconocida, como el ruso, el inglés, el alemán o el esperanto.
- ETA condena el racismo y proclama la igualdad de derechos para todos los que contribuyen con su trabajo en el proceso productivo de la nación. Las poblaciones inmigradas, sean del origen que fueren, serán consideradas desde todos los puntos de vista como sujetos sometidos a idénticos deberes y gozando de idénticos derechos. Los inmigrados serán así protegidos con la máxima energía contra todo tipo de abuso causado por razones de origen; y tendrán a su disposición toda clase de facilidades para su integración cultural a la comunidad de adopción. Todo atisbo de chauvinismo racial por parte de los nativos será reprimido; pero, análogamente, todo servicio de tipo objetivamente imperialista, y todo alarde chauvinista español o francés por parte de los inmigrados contra nuestro pueblo o nuestra idiosincrasia será reprimido como acto imperialista.»
  
El escrito titulado «El marxismo leninismo» (15-julio-66) es más una charla de formación que una ponencia. La idea central del mismo es que el marxismo (y especialmente su expresión leninista) es una nueva «religión inmanante», por lo que la adscripción a tal doctrina se basa en «actos de fe». Txillardegi opone críticas de origen probablemente católico-progresista (inspirados quizás en el libro del jesuita Jean Yves Calvez, Le Marxisme), junto a argumentaciones de Sartre y otros existencialistas. Llama la atención la mención al «milenarismo» incluida en una cita de Eliade (el marxismo como doctrina escatológica en la que el «justo» es el proletariado y el Comunismo «la edad de oro»).
A raíz de la respuesta que la dirección del interior envía el 24 de marzo, y a la vista de que parte al menos de las polémicas surgidas se deben a «malentendidos mutuos», Txilardegi propone el 1 de mayo —y reitera el 20 del mismo mes— un contacto directo entre él y algunos responsables de la organización en el interior. Txillardegi propone realizar ese contacto entre el 10 y el 16 de julio. El contacto solicitado lo es con el «Comité Ejecutivo» ya que desconoce el desdoblamiento producido entre dicho órgano y la Oficina Política(1).
Al contacto asisten Patxi Iturrioz (ya no estaba en la carcel), Eugenio del Río y un tercer miembro de la dirección al que Txillardegi identifica en su informe como «A» y del que sólo dice que es «euskaldún y euskaltzale» y que «fue mero oyente» en la reunión. Esta se desarrolla por un espacio de 4 horas y «en términos de gran franqueza». Del Río comienza por lamentar las contradicciones existentes entre el acta y otros documentos y admite que ha habido cierto izquierdismo en algunos planteamientos. Las desviaciones denunciadas por Txillardegi apenas llegan a discutirse dado que los enviados del interior aseguran que casi todo lo escrito hasta el momento «está ya superado por la rápida evolución de la organización».
No ha habido ninguna infiltración de ESBA. Los errores sobre utilización del euskera en las publicaciones han existido pero van a ser subsanado de inmediato. En este punto hay una pregunta de Txillardegi bastante reveladora. «Consideremos los 20 etarras más representativos de la primera ola de ETA y cojamos los 20 más representativos de hoy. ¿Es que hay en los dos la misma firmeza respecto al euskera, característica esencial de un patriotismo cultural y no racista?» La respuesta de Del Río, según Txillardegi, fue: «no».
  
   El Ejecutivo no sabe nada, por otra parte, del presunto ingreso en ETA de FK (es decir: Federico Krutwig). La persona que debe hacer cualquier propuesta en ese sentido es, según ratifica la dirección, Txillardegi, como responsable de la delegación de Bruselas (y no Julen Madariaga, que es quien ha mantenido los contactos con el autor de «Vasconia»). El artículo de este último sobre «Nacionalismo Revolucionario» (Branka n.° 1) es considerado por el Ejecutivo «simplista» ya que «Euskadi no se encuentra en una situación tercermundista».
Tras el contacto, Txillardegi redacta un informe en tono neutro, limitándose a exponer lo tratado, sin apenas comentarios. Pero, según confiesa en una carta fechada el 11 de agosto, íntimamente está «aún más convencido» de la existencia de la desviación que venía denunciado, por lo que se reúne de inmediato con otros militantes de Euskadi Norte y de las federaciones exteriores —alguno de cuyos militantes se encuentran en la zona de Bayona pasando sus vacaciones— para aunar criterios de cara a la batalla de la V Asamblea.
Como resultado de esos contactos, Txillardegi comprueba que si existe unanimidad en la denuncia de la orientación de «Mixel», no todos lo hacen desde una perspectiva ideológica antimarxista. Por ello, del «doble revisionismo: español y comunistoide» que Txillardegi cree percibir en la línea del interior, sólo se fijará en el primero ,españolismo, al redactar, por encargo de los asistentes a la reunión, un informe crítico sobre el contenido de los últimos números de Zutik. «En el informe, escribirá en una nota aclaratoria fechada el 11 de agosto: sólo me he extendido en el aspecto del revisionismo español, por ser éste el único unánimemente admitido en el exterior; y porque la reunión de Bayona me encargó hacer un estudio que tuviera probabilidades de obtener la aprobación general del exterior. No porque yo no vea una línea marxista pura desde hace un año, como he denunciado repetidamente, sino porque la reunión de Bayona estimó que esta desviación marxista no tenía probabilidades de ser condenada unánimente por el exterior, dado que hay algunos marxistas-leninistas en ETA-exterior.»(inagurando una costumbre abertzale, detras del insulto "españolista"  viene la animadversión anticomunista).
  
   El informe sobre los Zutik analiza un total de 84 páginas correspondientes a los 12 números publicados entre julio del 65 y julio del 66, es decir, 20 artículos firmados, más el n.° 40, colectivo. El método seguido consiste en agrupar los artículos por firmas y deducir así el pensamiento de «Fernández», «Jon Landeta», «Beldarrain», «Zumelzu» y «Txomin». En la práctica, sin embargo, la crítica es global, distribuyendo los reproches en los apartados relativos a cada uno de los firmantes citados. Incluso alguna frase incluida por Txillardegi en el texto parece dar a entender que sospecha que diversas firmas corresponden a la misma persona.
Así, cuando opone el artículo «Los tres pilares del internacionalismo», de «Txomin», a las ideas de «Fernández», Txilladergi se cura en salud introduciendo entre paréntesis el comentario de que determinado artículo está «de acuerdo con «Fernández" y no con "Txomin", aunque sea inexplicable. La oposición que ve entre ambas firmas se basa en la frase de «Txomin según la cual «las contradicciones que se producen en la lucha de clases como consecuencia de una opresión nacional más o menos grande no serán superadas hasta que lo sean las causas del problema nacional mismo». Txillardegi considera contradictoria con dicha afirmación la idea de «Fernández» según la cual «el mantenedor de la odiosa opresión a que nos vemos sometidos» es el «capitalismo financiero». Para Txillardegi, tal afirmación supone olvidar que el verdadero «mantenedor de la odiosa opresión» es el Estado español —y francés—, que si hoy está al servicio del gran capital mañana puede estarlo al de «la SFI0, el PSOE o los PCs, tan enemigos de la independencia vasca como el más puro capital financiero». Y ello porque «la clave es el imperialismo de las naciones ocupantes».
De esta última consideración va a deducir Txillardegi, una vez más, la necesidad y urgencia de un Frente Nacional contra el «ocupante extranjero», idea que, junto a la del papel prioritario de la lengua como fundamentación más acabada de la reivindicación nacionalista, va a ser durante años el caballo de batalla de sus polémicas con las sucesivas desviaciones «españolistas» que va a denunciar en ETA(2).
Sin embargo, el planteamiento de ese Frente Nacional, y en particular la definición de quienes serían sus integrantes, no queda del todo clara, pues si por una parte se afirma que en él entrarían únicamente «cuantos quieran la independencia de Euskadi», por otra parece dar a entender que el PNV tendría su entrada en dicho frente como representante de la «burguesía nacional vasca». Esto supondría dar por hecho que el PNV es un partido independentista, lo que parece bastante discutible(3). Para Txillardegi, «lo malo del Aberri Eguna de Vitoria no es que fuera burgués, sino que fuera español a causa del PSOE». Por lo mismo, considera «poco honrado» que en el Zutik 40 se considere que el PNV es el partido de «los dueños reales de Euskadi».
Por lo demás, la mayoría de las críticas a los artículos de Zutik lo son por omisión. Así, el que a Zalbide se le considera un luchador «firme en su postura específicamente humana», en lucha contra «mil cosas», pero no como un «héroe nacional vasco», le parece a Txillardegi muy significativo. Como lo es para él que a propósito de la prensa que se edita en Euskadi, se la considere simplemente «al servicio de la burguesía», sin mencionar expresamente que «está escrita en lengua extranjera». Además, para Txillardegi, periódicos como Arragoa (del PC) o El Socialista (del PSOE) son «tan imperialistas y españolistas como La Gaceta del Norte».
En conclusión, el Zutik se ha convertido para Txillardegi en un «órgano pseudo-izquierdista al servicio del imperialismo y del colonialismo político y cultural del Estado español», por lo que se pide a la V Asamblea que «se nombre un Ejecutivo que represente y conduzca a nuestro movimiento y lucha por nuestras ideas y no por un ideal ajeno a ETA».
La idea del Frente Nacional (FN) había sido, a través de distintas formulaciones, consustancial a cual-
quiera de
quier proyecto estratégico de ETA desde sus orígenes. Esa idea era, por cierto, el punto de unión con las corrientes radicales del nacionalismo anteriores a la guerra del 36 y en particular con Yagi-Yagi. En ocasiones —en momentos de euforia organizativa o tras una agudización de los conflictos con el PNV u otras corrientes nacionalistas— ETA misma se convierte en germen del FN, del que quedan excluidas, por «objetivamente antinacionales», las otras fuerzas vascas. Pero, más a menudo, la idea de un Frente que incluiría a la burguesía nacional —y por tanto, inevitablemente, al PNV— forma parte de toda formulación estratégica de ETA.
En todo caso, la idea del FN es consustancial al planteamiento «etnicista» o «culturalista» de Txillardegi. El «frente de clase» propuesto por la Oficina Política se sitúa en las antípodas de tal concepción y de ahí su insistencia en el tema(4).
Entrando de lleno en la polémica, Txillardegi publica en Branka n.° 2 el artículo «Frente Nacional Vasco o Frente de clase» en el que concreta su posición. «Si se tiene de la opresión Nacional una visión seria (es decir: lingüística), escribe Txillardegi, el grado de opresión nacional es fácilmente determinable, puesto que se trata de medir el grado de GENOCIDIO LINGUISTICO».(tambien palabro que usa mucho el lider de los ASK´s, casualidad??)
Sólo quien olvida esto puede poner en duda la necesidad del FN; quienes lo hacen desde posiciones «pseudo-izquierdistas», actúan de hecho como apéndices del Estado burgués opresor» dado que facilitan un «desaprovechamiento patente de energías revolucionarias».(revolución nacional claro, no social) Y ello porque «lo efectivo, lo que aúna voluntades, lo que pone en marcha un cambio de estructuras, profundo en todos los planos es el FRENTE NACIONAL VASCO. Esa es hoy la tarea revolucionaria, pues sólo así se logra «la unanimidad contra los Estados que nos oprimen nacional y socialmente».(Sortu+EA+Aralar??) Frente a esta concepción, la de quienes propugnan hoy el Frente de Clase, «es un sueño imperialista condenado al fracaso».
Si ésa es la tarea, ¿qué fuerzas deberían integrar el FN? En principio, responde Txilardegi, «todos los movimientos o partidos vascos que luchan por la desalienación nacional de Euskadi a través de la independencia». El que algunos partidos cuyo origen nacionalista es indudable tengan hoy una política no independentista «puede deberse en ciertos casos y hasta cierto punto a una esclerosis de tipo reglamentario y errores de tipo táctico», en gran parte debidos a la guerra mundial y a la prolongación anormal del franquismo. Sería por tanto «una presunción grave» considerar a tales partidos incapaces de «corregir los errores del pasado y de imponer una evolución vasca». Con estas consideraciones, las fuerzas que para Txillardegi deben integrar el Frente Nacional serían: PNV, ANV, STV, ETA y ENBATA.
Ante la distancia abismal entre estos planteamientos y los que cree percibir en las publicaciones que le llegan del interior, Txillardegi, en contacto con otros miembros de la vieja guardia, piensa que ha llegado el momento de dar la batalla definitiva a la Oficina Politica. Para ello, apoya el pase al interior de Escubi, Bareño y Bilbao Barrena, los cuales se encargarán de hacer los contactos necesarios y sondear la opinión mayoritaria en el seno de la militancia. Pero, partidario de respetar al máximo la legalidad organizativa, centra su atención en la preparación de la Asamblea cuya convocatoria para Navidades solicita oficialmente en carta remitida el 24 de octubre y a la que se sumarán Tomás Lizarribar y «Jerónimo» (Benito del Valle). Unos días antes ha recibido el Zutik 43, con la toma de postura en favor de la participación en las elecciones sindicales, que para Txillardegi es la prueba concluyente de que la Oficina se alinea con el PC moskutero.
(1)Tras la caída de Zalbide (sept. 65), el Comité Ejecutivo queda integrado por «Zarra» (»El Viejo»), «El Calvo», «Soli», «Pirri», y «Mixel», que, como queda dicho, es el enlace con la O.P., a la que también pertenece. Junto a él forman parte de la O.P., Del Río ("Erreka") y Jon Nicolás ("Nikita"). Posteriormente se integrarán Kermán Urbisu, Iñaki Zubiaur y, ya en vísperas de la Asamblea, Ángel Uresberoeta. El peso creciente de la O.P. va paulatinamente marginando a los miembros del Ejecutivo, los cuales, excepto «Mixel», se dedican casi exclusivamente a tareas técnicas. De hecho, al contacto con Txilardegi no sólo acude «Erreka» como si fuera del Ejecutivo, sino que, según la apreciación de Txillardegi, es él quien lleva la voz cantante en casi todos los temas.
(2)Ver al respecto, entre otros, los siguientes artículos aparecidos en Branka.- «La evolución del imperialismo español en Euskadi», firmado por «USAKO», en Bran/ea n.° 6, febrero 68; «Sí al Frente Nacional Vasco» firmado por José Luis Alvarez Emparantza, en Branka n. 9, octubre 69; «Últimas actuaciones del social-imperialismo en Euskadi», por «USAKO», en Branka n.° 13, enero 71 (»USAKO» es la firma habitualmente utilizada por Txillardegi en sus artículos escritos en castellano).
(3) las posiciones de Txillardegi respecto al PNV (entre las que se incluyen a partes iguales propuestas de ruptura radical y denuncia pública, por una parte, y de alianza frentista —como en 1964—, por otra), merecerían un estudio específico. La clave puede quizás estar en la tantas veces subrayada «doble naturaleza» del PNV, expresada periódicamente en rupturas internas. En enero de 1980 Txillardegí publicó en Enbata un artículo sobre las tensiones entre «sabinianos» y «pactistas» —simbolizados respectivamente por Antón Ormaza y Xabier Arzallus— en el que insinúa la posibilidad de un Frente que englobaría a los primeros con Herri Batasuna y de hecho el grupo de Ormaza pedirá el voto para HB.
(4) Insistencia que se reproducirá en vísperas de la VI Asamblea (agosto 1970). Los escritos de Txilardegi de 1966 serán reeditados en 1970-1971 por... EGI Batasuna para combatir la nueva desviación, a la vez que el propio Txilardegi redacta otros textos similares (aparecidos en los números 9 y 13 de Branka).