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10 agosto 2015

Blas Infante, un loco religioso.

Se preguntarán algunos por qué dar importancia a la intimidad espiritual de Blas Infante, cuando la pregunta quizás debería ser ¿por qué no se le da?
El 15 de septiembre de 1924, Blas Infante viaja a Marruecos en una búsqueda que le llevará hasta la tumba de Al-Mutamid en Agmhat, población cercana a Marrakech, y que él mismo definirá como una peregrinación. Es allí, en una pequeña mezquita de Agmhat, donde Blas Infante realiza la Shahada, la conversión al Islam, adoptando el nombre de Ahmad, con dos testigos descendientes de moriscos, según relata Muhammed Ali Cherif Kettani en su libro Inbia’t al Islam fi Al-Andalus, editado por la Universidad de Islamabad en 1992.
Blas Infante a la usanza marroquíLa conversión al Islam de Blas Infante es bastante controvertida; la hija, María de los Ángeles Infante, lo desmintió en una entrevista. La gran mayoría de los investigadores infantianos pasa por alto este aspecto y, en el mejor de los casos, se centra en su interés en la cultura islámica, enmarcando la supuesta conversión en aquella fascinación de Infante por la historia y la cultura de Al-Andalus, casi un simbólico homenaje sin más importancia.
Un Blas Infante musulmán puede resultar bastante incómodo tanto para aquellos que desean un "Padre de la Patria Andaluza" católico, como para los que lo prefieren ateo. Lejos de la pretensión de demostrar si Blas Infante se convirtió o no al Islam —hecho que, de ser verdad, él nunca hizo público—, es, sin embargo, interesante respecto a esta cuestión prestar atención a sus propios textos.
Volvamos al viaje a Marruecos. De aquella Marrakech que le fascinó, ofreciéndole "una emoción de hogar", escribió, trasfigurando la hermandad cultural: "Marrakech es para mi peregrinación, el límite de la Tierra Santa, del Templo. En las formas de mi espíritu, ahora, los ritos viven. El alma ahora tiene oración, se ha encendido un religioso fervor. Ha vestido el hizam del alhinchante (peregrino). Hago una ablución en la fuente de la historia, con fecundos valores, hijos de una cultura que se pretendió cegar y que se hizo subterránea y de oscuro discurso.
Más allá del deseo de Infante de sumergirse en los orígenes culturales de Al-Andalus, de interiorizar la esencia de la filosofía que despertó al genio andalusí, el viaje a la tumba del rey-poeta de Sevilla y Córdoba, Al-Mutamid, es indudablemente una peregrinación. Infante supera su interés intelectual y rinde homenaje al rey cumpliendo un ritual islámico. En Agmhat repite el ritual que se realiza en la Meca; como los peregrinos alrededor de la la Kaaba, da siete vueltas a la tumba de Al-Mutamid en sentido opuesto al de las agujas del reloj. Él mismo escribe: “Y lo más particular es que en los términos o realidades subjetivas que se desarrollaron en mi peregrinación a Agmhat, averiguo actos interiores que se expresaron con autenticidad gracias a las ceremonias o exterioridades del Ritual de los Alhiches (peregrinos) a la casa de Dios, la prohibida, la Caaba. Es decir, que, inversamente, los ritos muslímicos de la peregrinación a la Meca, son para mí la traducción mágica en actos materiales, o la aprehensión mimética externa de hechos interiores plenos de significado profundo, expresivos del dinamismo espiritual que se verifica durante el transcurso de toda verdadera peregrinación”.
La relación de Infante con el Islam no se queda en Agmhat, sino que continúa a lo largo de su vida, en sus escritos, en sus alusiones a la Conquista, que no Reconquista, y en su casa decorada con caligrafía árabe diseñada por él mismo. Su interés por rescatar la cultura andalusí le lleva a crear los Centros Andaluces donde él mismo imparte clases de árabe.
La abundancia de textos manuscritos en lengua árabe y que tratan temas islámicos en su legado de inéditos, la inscripción en la pared de su despacho "Hijo mío, te recomiendo el libro de Allah, pues es más valioso que toda ganancia o herencia", los dos ejemplares del Corán de su biblioteca, manuscritos en los márgenes con sus comentarios, todo ello, guste o no, sugiere un interés más profundo que el meramente histórico, a pesar de la escasa importancia que le han dado los estudiosos de su obra, que lo equiparan al interés de Infante por otra religiones.
Quizás demuestre su profundo conocimiento del Islam el manuscrito que entregó al poeta Abel Gudra, para que éste lo leyera en el “Congreso de los Pueblos sin Estado”, celebrado en Delhi en 1930: ¿Qué nos queda del Islam? Nos queda del Islam el sentimiento de poder de Allah y su equilibrio. El Islam no es sólo espiritualidad, es también movimiento. Vivir no es solamente una idea, sino un conocimiento, y este conocimiento es nuestra experiencia de Al-Andalus en su época de esplendor. Palabras que sugieren un Islam desde dentro. Como estas otras: "El Profeta de nuestros antepasados de Al-Andalus que, como todos los profetas, será nuestro profeta, y el de todos los hombres libres en tanto cuanto digan la verdad, anunció esta verdad incontrovertible: '¡Ay del día en que un espíritu no comprenda a otro espíritu. Porque el espíritu es espíritu como la luz es luz!'. Trabajemos con suma cautela en estos principios para que Andalucía vuelva a ser inspirada por su propio genio y porque su libro vuelva a ser el Al-Korán como dice la Sura III: 'Aquellos a quienes les hemos dado Al-Korán y lo leen como deben leerlo'.
Liberado el Padre de la Patria Andaluza de todo cliché, el estudio serio de un Blas Infante musulmán abriría la puerta a interesantes investigaciones sobre la influencia del Islam —religión que no separa lo espiritual de lo social y lo político y que en esta indistinción de fronteras tiene su máxima señal de identidad—, sobre el pensamiento político de Infante, más allá de una romántica añoranza de un Al-Andalus mítico. Y enriquecería desde otro enfoque las interpretaciones, por ejemplo, de su lucha contra el latifundio, de su universalismo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"loco religioso": típica expresión de un cerdo imperialista español católico, apostólico y romano, por supuesto. Nada tiene de extraño que un patriota andaluz busca en el Islam la ideología de su verdadero esplendor cultural, económico, agrícola, urbano, social,...Si quería desprestigiar a Blas Infante consigue todo lo contrario.

Anónimo dijo...

para nosotros son locos religiosos todos, catolicos, judios, mahometanos, etc
vosotros si teneis dos varas de medir, mucha caña a los catolicos pero sumisos con los musulmanes.
Nosotros combatimos ambas metafisicas.
Esplendor cultural?? preguntaselo a los esclavos judios y cristianos de los "tolerantes" y esplendorosos musulmantes, lo hummis se llamaban?? pagaban un diezmo para no ser ejecutados por los cortacabezas.
Blas infante se desprestigia solito!!

Anónimo dijo...

Despues del paso de Grecia y Roma por tierras andaluzas tiene tela hablar de esplendor cultural,economico,etc...

Anónimo dijo...

idealismo y falsos mitos "progresistas", la religion es oscurantista y de todas ellas la peor es el islam.

Manuel Moguer Foncubierta dijo...

Calificar a alguien como loco religioso por abrazar una confesión religiosa no me parece correcto ni pertinente como no lo seria tampoco llamar locos ateos a los que confiesen no creer.