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14 agosto 2015

El imperialismo catalán

El imperialismo catalán

Ucelay Da Cal, Enric

El imperialismo catalán ¿Hasta qué punto han sido los movimientos nacionalistas españoles deudores del pensamiento nacionalista catalán? En una profunda investigación el autor desentraña el complejo juego de ideas que dió lugar al desarrollo inicial del catalanismo político, usando las palabras de sus progenitores, para enseñar, en las grandes tendencias de su época en Europa y América, cómo estuvieron enmarañados los discursos identitarios español y catalán. Uno de los grandes atractivos del este monumental estudio es el pormenorizado análisis que en él se lleva a cabo del concepto de imperio y de su evolución en el paso del siglo XIX al XX. En su largo epílogo el trabajo llega hasta las implicaciones para el falangismo y el franquismo.VER PRESENTACIONES EN NOTICIAS (Siga la pista a nuestros autores)
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Edhasa

ISBN: 978-84-350-2649-9
Tapa dura
1116 pp |
Precio con IVA: € 50.5.-

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La oligarquía empresarial catalana se posiciona en contra de la independencia de Catalunya y pide una tercera vía

http://elblogdecremacatalana.blogspot.com.es/2014/02/la-oligarquia-empresarial-catalana-se.html

Anónimo dijo...

El tan criticado centralismo español fue, como ha señalado Juan Pablo Fusi, más «legal» que «real». El Ejército nunca fue un foco de nacionalización de la población, dada la fragilidad de su estructura, la permanencia más o menos estable de conflictos y guerras intestinas que contribuyeron a la división; la organización de alternativas para el mantenimiento del orden público, como fueron las milicias nacionales; o la posibilidad ofrecida a las clases altas de sustituir la prestación obligatoria del servicio de armas. La esencial función nacionalizadora de la escuela estuvo igualmente distorsionada por la dificultad de establecer regulaciones y planes duraderos. De hecho, hasta la ley Moyano de 1857 no se fijaron criterios firmes para la organización del servicio; y aún entonces, se hizo recaer la responsabilidad principal de organizarla y financiarla en los ayuntamientos. Esta realidad, que duró hasta comienzos del siglo XX, produjo desastrosas consecuencias sobre la educación, que funcionó en una situación de penuria extrema, de falta de atención e insuficiencia de formación del personal responsable del servicio. En consecuencia, la administración fue incapaz de llevar a cabo una política lingüística que convirtiera al castellano en la lengua común de todos los españoles. A ello se unió la incapacidad de la clase política restauracionista para establecer una simbología, un ritual nacional: banderas, himnos, festividades, monumentos, etc, que simbolizaran las glorias de los antepasados y el orgullo de los ciudadanos a la hora de sentirse miembros de una patria común. Hasta 1908 no se estableció la implantación obligatoria de la bandera nacional en todos los edificios públicos; y hasta 1927 no se ordenó que se enarbolaran también en todos los buques mercantes. El himno nacional, la llamada Marcha Real, tampoco se declaró oficial hasta la misma fecha de 1908; pero careció de letra, salvo durante el régimen de Franco; y en eso estamos todavía. Tampoco fue construido ningún panteón nacional al estilo de la Abadía de Westminster o del cementerio del Père Luchaire en París. Lo que más se aproximó a ello fue el fallido Panteón de los Hombres Ilustres, en la basílica de Atocha, que se construyó entre 1891 y 1901. Fue significativo que el proyecto no se concluyera por falta de recursos económicos.