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19 agosto 2015

Historia de la V Asamblea (II)


c) Deberá ser un movimiento socialista-revolucionario, ni stalinista ni socialdemócrata, que luchará contra toda forma de alienación.
d) Deberá ser un movimiento democrático, tanto por el "tipo de socialismo propugnado (no burocrático), como por su funcionamiento interno.
e) Deberá ser un movimiento de unificación de la izquierda vasca que buscará la unidad por la base sin pretender «competir con las izquierdas más politizadas, más formalistas».
f) Y deberá ser, finalmente, un movimiento popular, que combata en todos los frentes, sin caer ni en el adaptacionismo derechista, ni en el izquierdismo infantil.

Como se ha adelantado antes, en uno de los escritos de crítica a la O.P. presentados en la V Asamblea (9) se acusaba a los autores de la ponencia «Por una izquierda... » de plagiar los planteamientos de la revista Acción Comunista. Su acusación se apoyaba fundamentalmente en la comparación de los puntos sobre organización que acabamos de resumir y el capítulo y del trabajo «Algunas notas sobre el problema de la organización», del también citado «Lorenzo Torres», incluido en el número 6 de Acción Comunista (editado en julio de 1966). Lorenzo Torres propone un partido que sea obrero (es decir que «considere a la clase obrera industrial como el protagonista de la revolución socialista»); un partido que sea revolucionario (o sea, que no se limite a la mejora de las condiciones económicas sino que combata en todos los frentes); un partido que sea democrático en su funcionamiento; y un partido que sea internacionalista.

La corriente «culturalista» que nosotros endosamos a Txillardegi, ASK o Mikel Antza:

La primera expresión de oposición a la «nueva línea» va a surgir en el exterior, siendo Txillardegi su portavoz más tenaz. Su desconfianza —según revelará posteriormente en un «informe al Ejecutivo»— proviene en realidad de antes de la IV Asamblea. Pero será a partir de la celebración de ésta, en el verano de 1965, cuando sus recelos se harán más intensos, según comunica a todas las delegaciones exteriores de ETA.
La situación del exterior en ese momento es la siguiente: Julen Madariaga se encuentra, junto con Eneko Irigaray, en Argel, ciudad que es considerada la sede oficial de la delegación exterior, según acuerdo de la IV Asamblea. Ambos han sido expulsados de Francia tras un juicio celebrado en Bayona el 7 de enero de 1965. Txillardegi, expulsado de Francia el 2 de enero del mismo año, se ha trasladado a Bélgica, desde donde atiende, con la información que le llega del interior, a las tres delegaciones americanas: Caracas, México y Buenos Aires. Otro grupo se encuentra en París, ciudad a la que, en enero de ese año, ha llegado el joven navarro, estudiante de medicina, José María Escubi Larraz (groseramente reivindicado por EHK que ignoran que formará las Celulas Rojas). Allí se encuentra, entre otros, con «Tomás» (Lizarribar), con «Pataki» (Elósegui) y con dos estudiantes de Economía «Simón» (Bareño) y «Balduino» (Bilbao-Barrena), que han tenido que exiliarse unos meses antes. Coincide también con un grupo de ex-seminaristas guipuzcoanos que se han trasladado a París para proseguir sus estudios. Entre estos últimos, Escubi hace amistad, en particular, con Mikel Azurmendi y José María («Txato») Aguirre, que pronto se integrarán a ETA en el interior.
En pocos meses, pues, se han producido cambios significativos en la estructura del exterior. Por una parte, la vieja guardia ha sido dispersada(10).
 Por otra, llega al exterior la segunda generación de cuadros de ETA, llamada a dirigir la organización a partir de la 2. parte de la V Asamblea.

Pese a su alejamiento, Txillardegi no ha dejado de enviar sus colaboraciones al Zutik. Sin embargo, desde el número 27 (febrero 65) ningún artículo suyo es publicado. A fines de ese año, un miembro de la dirección (que Txilardegi denomina con la inicial «M», que puede corresponder a «Mixel»: Patxi Iturrioz) le comunica que un artículo sobre los inmigrantes fue «rechazado por el Comité ideológico»".
Las denuncias de Txilardegi son al principio meramente hipotéticas. Se habla del peligro de que ETA caiga en una desviación «españolista», no de que tal desviación exista. El primer motivo de alarma es la «profunda marginación del euskera» (tan usual hoy en ciertas org.)de las publicaciones oficiales. Las noticias que le llegan sobre algunos miembros de la «actual dirección» (es el propio Txillardegi el que emplea la expresión, en noviembre del 65, insinuando la existencia de un corte respecto a la dirección o direcciones anteriores), que no conocen ni se preocupan por aprender el euskera, confirman esa confianza. Por esta época (otoño de 1965) Txillardegi  ha escrito ya probablemente su trabajo «Hizkunta eta pentsakera», que será incluido en el número 1 de Branka, revista a la que define como semioficial (12). El artículo citado forma parte, a su vez, de una serie de cuatro trabajos publicados a lo largo de 1966(13) en los que Txillardegi resume sus opiniones sobre el problema lingüístico. En su conjunto, estos trabajos, basados en las investigaciones de Ferdinand de Saussure, Benjamin Lee Whorf, Martinet, Lévi Strauss, Lacan y otros autores abundantemente citados por Txillardegi, tratan de demostrar el papel del idioma como guía y sostén del pensamiento, al que determina profundamente. Txillardegi se escandaliza en varias cartas y textos redactados en estos meses de que todavía haya quienes consideren a la lengua como mero «envolvente exterior» del pensamiento o que la clasifiquen, como a la religión o a la mitología, en el terreno de la superestructura. Reflexiones de este tipo aparecen, por ejemplo, en el trabajo «Del patriotismo vasco al regionalismo norteño», que redacta en octubr de 1965 para ser publicado, con fines polémicos, en 1a revista Tierra Vasca, editada por ANV en Latinoamérica. Ese tono polémico, aunque dirigido en primera instancia contra dos colaboradores de la citada publicación del exilio americano, puede ser retrospectivamente interpretado, por vía de insinuación, como una primera expresión de desconfianza hacia los nuevos redactores del Zutik. De hecho, poco después de recibir, en marzo del 66, el Zutik n.° 36 —al que calificaría de «norteñoide, como todos los anteriores»— considerará criticables «los ocho números anteriores» (si bien en otro escrito salvará al n.° 30, «Carta a los intelectuales», al que definirá como «el último Zutik vasco a mi entender»).

   Por otra parte, expresiones como «norteñismo», «desviación norteña española», etcétera, serán las utilizadas posteriormente para definir la línea de la O.P. (por ejemplo, en el artículo «Del patriotismo vasco al regionalismo norteño», publicado en enero del 66 en el Zutik-Caracas; o en la ponencia para la V Asamblea redactada en junio del 66 bajo el título «Nacionalismo vasco e izquierditis norteña»).
En un escrito fechado en el mismo mes en que redacta su artículo para Tierra Vasca, Txillardegi llama la atención sobre la incoherencia que a su juicio supone hablar de guerrilla y no aprender euskera, idioma con el que los futuros guerrilleros han de ganarse la confianza de los campesinos de las zonas montañosas de Euskadi. Unos días después —el 2 de noviembre— la desconfianza de Txillardegi, sin llegar todavía al nivel de acusación expresa, se manifiesta de manera mucho más directa en el escrito «Nuestro engreimiento», en el que pide menos «autosuficiencia y verbalismo» y más análisis concreto de la relación de fuerzas, posibles alianzas, etcétera. El escrito lamenta el abandono en que la dirección mantiene a la Federación Exterior y finaliza precisando que las críticas en él contenidas tienen un sentido «constructivo». Efectivamente, el tono reflexivo y moderado de la carta contrasta con el mucho más apasionado de los textos que Txillardegi redactará a partir de ese mes. Sin embargo, la desviación que va a denunciar en adelante no es todavía considerada irreversible. Prueba de ello es que, hasta junio de 1966 —en que redacta un «informe sobre el ejecutivo»—, todos los demás escritos van dirigidos «al ejecutivo». Los cauces internos regulares serán escrupulosamente respetados hasta el mes de marzo en que, por primera vez, Txillardegi decide enviar sus críticas a las delegaciones que dependen de él y a otros militantes de su confianza.
  
   Los informes abiertamente críticos se inician con el remitido a la dirección del interior el 26 de noviembre de 1965. Consecuente con ese carácter no irreversible de la desviación, el informe contiene sugerencias en positivo para corregir los errores denunciados. Txillardegi es el primero en advertir que los «Principios» aprobados en la I Asamblea (1962), y en particular el capítulo «social» de los mismos, están ampliamente superados por la evolución ideológica posterior. Pero advierte, paralelamente, contra el «alejamiento de la afirmación nacional» que cree percibir en la izquierdización y marxistización en curso y llama la atención, una vez más, sobre el desprecio del euskera que observa en las publicaciones y actitud de los dirigentes.
   Poco después, el 19 de diciembre, a la vista de los Zutik 32, 34 y 35 (el 33 no llegó a salir), Txillardegi concretará esas críticas en relación a artículos aparecidos en dichos números. En su opinión, de la lectura de tales artículos nadie puede deducir que existe una situación de opresión nacional. «Los artículos, escribe Txillardegi, hablan de clase, pero no de opresión española.» Por otra parte, la insinuación del Zutik 29 de que «los inmigrantes no se incorporan a la lucha vasca por culpa de los vascos ( ... ) es indigna de una publicación que ha sido patriótica hasta 1965». Al final del informe, la acusación de «españolismo» aparece por primera vez de manera expresa. «Reafirmo, dice Txillardegi, que ETA está tomando una tendencia española, que en el contexto de afirmación general vasca del país equivale a decir una tendencia españolista». Y ello porque los artículos analizados «me demuestran que la dirección actual de ETA juzga las cosas desde una posición objetivamente española».
   Durante todo el mes de enero de 1966 las críticas de Txillardegi se interrumpen. El día 6 de ese mes, Zalbide ha iniciado una huelga de hambre en la cárcel de Larrínaga (Bilbao) y la dirección pide a las delegaciones un esfuerzo especial de popularización internacional. Txillardegi, desde Bruselas, se dedica a esa tarea con entusiasmo y silencia mientras tanto toda crítica. Incluso cuando, el 8 de febrero (en que redacta el texto «Autocrítica de la situación»), reitera sus acusaciones, lo hace en un tono que otra vez es —aunque sólo momentáneamente— constructivo, en el sentio de incluir sugerencias para enderezar la situación. El informe incluye ya, sin embargo, referencias desfavorables a la creciente «marxistización de los Zutik».
El siguiente informe, fechado el 6 de marzo, se abre justamente precisando la acusación de que «ETA se ha convertido en un movimiento norteño y comunista». Aunque asegura que ambos términos los emplea «en sentido científico, sin carga peyorativa alguna», poco más adelante definirá ambas adjetivaciones con trazos ciertamente peyorativos.
Las pruebas que demuestran el carácter no patriota de la línea de la dirección son, entre otras, las siguientes: la falta de sensibilidad ante la problemática de Euskadi Norte como parte de la nación vasca; la incomprensión del papel «objetivamente alienante en lo nacional» de la presencia masiva de inmigrantes españoles en Euskadi; el olvido de otros movimientos de liberación nacional, como Israel, Quebec, Flandes, etcétera.
   
Respecto al comunismo —definido como la ideología de los que «creen que Marx tiene la verdad definitiva», su influencia es nefasta porque los comunistas "son reaccionarios en lo nacional dado que carecen de sensibilidad para todos los fenómenos o dimensiones que no aparezcan en sus libros sagrados". Para Txillardegi, los «actuales dirigentes de ETA sólo ven clases y lucha de clases, por lo que automáticamente se vuelven ateos en religión y apátridas en lo nacional».
Al haber caído en esta doble desviación respecto a lo que fueron sus orígenes, «ETA ha dejado de ser ETA y se ha convertido en ESBA, pasando del nacionalismo vasco progresista al comunismo español norteño».
   Diez días después, y a la vista de la falta de reacciones por parte del interior, Txillardegi decide hacer públicas sus críticas. Para ello redacta un nuevo escrito, dirigido en esta ocasión «a todos los militantes de ETA», en el que resume los escritos anteriores, precisando algunas acusaciones (como, por ejemplo, la de que ETA ha sido infiltrada por ESBA, dando tres nombres propios: Bordonabe, Uresberoeta y López).
   La acusación se concretará en el siguiente informe, fechado el 19 de marzo de 1966, en el que, tras acusar al Ejecutivo de «haberse vendido a ESBA», Txillardegi considera tener «derecho a pedir que tales elementos salgan de nuestra organización pues son vascos capados, son eunucos desde el punto de vista abertzale, son incapaces de producir exaltación patriótica y vasca a su alrededor».
   La situación creada en ETA, el confusionismo reinante, hacen urgente, en opinión de Txillardegi, la celebración de una Asamblea en la que se renueve el programa y se defina una estrategia. El primer punto a dejar claro es, en su opinión, el de la necesidad de una orientación de Frente Nacional, por oposición a la de Frente de Clase propuesta por la O.P. Esta clarificación es tanto más urgente a la vista de que hasta militantes como Zalbide se han visto contagiados por el «ultraizquierdismo actual» y propugnan la conversión de ETA en «un movimiento de clase». Txillardegi cita a Mao y su frente antijaponés con el Kuomintang para ilustrar su pensamiento, que parte de la «constatación de que euskadi es hoy un pueblo ocupado por un ejercito extranjero».



(9)«Comentario del escrito "Por una izquierda socialista revolucionaria vasca", del Comité Ejecutivo de ETA.»
(10)  Según recuerda Juan José Etxabe (luego mili y ESB) en una entrevista publicada en Garaia n.° 28 (10-17 de mayo de 1977), en la reunión celebrada en Biarritz en mayo de 1964 en la que ETA decide declararse socialista, participan siete personas: José María Benito del Valle, Julen Madariaga, Txillardegi, Eneko Irigaray, Sabin Uribe (»Felipe»), Elósegi y el propio Etxabe. La continuidad a través de los mismos dirigentes —para completar el cuadro de la vieja guardia bastaría añadir a los citados los nombres de José Manu Aguirre, que en ese momento se encuentra en México, y los de Rafa Albisu (padre de Mikel Antza) e Iñaki Larramendi, encarcelados, con condenas de 20 y 15 años, en Carabanchel— es, pues, total entre la I y la III Asamblea. Sin embargo, entre la reunión de mayo de 1964, poco después del intento de acercamiento al PNV para formar el Frente Nacional, y la IV Asamblea, en junio-julio, 1965, el grupo ha quedado totalmente dispersado. Por el contrario, nuevos cuadros como Zalbide(luego EE), Iturrioz(luego EMK) —éste más veterano—, Jon Nikolás(luego EE), y otros, que estaban en la cárcel en mayo del 64, participan activamente en la IV Asamblea.
(11) Se trata de un artículo enviado como réplica a otro aparecido en el Zutik 29 (mayo 65) bajo el título «De quién es la culpa?» Este artículo, que Txilardegi considera »indigno» e »inadmisible», insinúa que la causa de que los trabajadores inmigrantes no asuman las reivindicaciones nacionales vascas es la estrechez ideológica de los propios nacionalistas.
(12)Hizkuntza eta pentsakera» («Idioma y manera de pensar») sería publicado en Branka en el mes de abril de 1966. Sin embargo, ya en una carta fechada el 9 de octubre de 1965 —y luego, en otra del 2 de noviembre— anuncia su salida inminente, por lo que, probablemente, el texto ya estaba escrito en los días en que se inicia su desconfianza hacia la dirección del interior. El artículo en cuestión fue posteriormente publicado en castellano en un Zutik especial editado en Caracas en enero de 1967. La revista de estudios vascos Saioak reeditó el original euskérico en su número 3 (1979), seguido de una réplica de «M. Ereño» (Francisco Zalacaín), publicada en su día en la revista teórica del PC de Euskadi, Arragoa.
(13) Los otros tres artículos son «Hizkuntza eta herri-Kidetasuna» ("Idioma y connacionalidad"), aparecido en Branka n.° 2; «Hizkuntza eta erresuma» («La lengua y el Estado»), aparecido en Branka n.° 3; y, finalmente, "Hizkuntza gizonaren zerbitzuko" ("La lengua al servicio del hombre"), aparecido en la revista Zeruko Argia. Los tres artículos inicialmente aparecidos en Branka, más la contribución presentada en 1970 a la Semana Cultural de Bayona: «Euskeraren arazoa beste hizkuntza-pizkunderen argitan» («El problema del euskera a la luz de otros renacimientos lingüísticos» —se refiere a estudios realizados en Finlandia, Checoslovaquia e Israel—) fueron posteriormente reeditados en castellano por... EGI-Batasuna.

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