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20 agosto 2015

Historia de la V Asamblea (III)

 La creciente influencia del marxismo requiere también una clarificación para evitar la unilateralidad en el análisis. El otro punto urgente es el de la lengua, dado que «la única revolución nacional es la euskaldún». Txillardegi lamenta constatar que «en lo nacional (es decir: en lo idiomático, esencialmente) hay una despreocupación, un odio casi, inadmisible».
Sin embargo, el anuncio por parte del interior de que existe una respuesta detallada a sus críticas determina la decisión de Txillardegi (comunicada el 22-3-66) de suspender provisionalmente sus escritos. La respuesta llega, efectivamente, pocos días después, en vísperas ya del Aberri Eguna (10 de abril). El tono relativamente conciliador del escrito del Ejecutivo, más las tareas de difusión internacional de los acontecimientos ocurridos en Irún en dicha conmemoración —en la que dos militantes son heridos por la Guardia Civil, y son detenidos, entre otros, Iñaki Zubiaur y Patxi Iturrioz, miembros de la O. Política— paralizan las críticas de Txillardegi durante casi dos meses.

   La respuesta del Comité Ejecutivo, fechada el 24 de marzo, lo es especialmente al informe del día 6 de dicho mes. El escrito del Ejecutivo comienza por admitir los fallos cometidos respecto a la ausencia del euskera en el Zutik, a la falta de atención al exterior, a la inexistencia de actas de la IV Asamblea, y otros puntos. Niega, por el contrario, que exista el «dogmatismo marxista» denunciado por Txillardegi. Este punto es tratado, sin embargo, con cierta ambigüedad, pues, hábilmente, se parte de la definición peyorativa de «comunista» adelantada por Txillardegi, para negar que, si eso es comunismo, haya en el interior «la menor tendencia comunista». De todas formas, se asegura que una propuesta para que la IV Asamblea definiera a ETA como movimiento marxista-leninista-trotskista fue «unánimente rechazada, sin que obtuviera un solo voto a favor».
Sin embargo, la contradicción entre esta afirmación y el contenido de las actas de la IV Asamblea —que son remitidas por fin a Txillardegi en mayo—, es precisamente la causa inmediata del reinicio por parte de este último de sus escritos críticos. Dichas actas recogen, efectivamente, la aceptación por parte de ETA de «las aportaciones de Marx, Engels, Lenin, Trotski sobre los problemas sociales», si bien no «como base», sino como «aportaciones fundamentales». Una carta enviada por Ahmed (Julen Madariaga, asistente a la IV Asamblea) parece corroborar la versión del Ejecutivo contra la de las actas, aunque, a juicio de Txillardegi, el contenido de los Zutik confirma más bien «que el acta refleja la verdad». «Lo que no se entiende», comentará Txillardegi en un escrito fechado el 21 de mayo, es «la aparente tendencia a ocultarla».
En dicho escrito se adelantan ya los puntos que a juicio de su autor deben ser objeto de debate en la
V Asamblea y sobre los que se compromete a redactar otros tantos textos. Tales puntos son:
  1) Situación actual interna de ETA;
  2) estrategia vasca y estrategia norteña;
  3) la vía abertzale marxista-leninista;
  4) la vía abertzalesocialista aconfesional;
  5) problemas de organización interna.
Estos temas serán abordados por Txillardegi en una serie de escritos redactados en los meses siguientes bajo el encabezamiento común de «Ante la V Asamblea de ETA». El primero de ellos, «Situación interna de ETA», va fechado el mismo 21 de mayo en que anuncia la serie. La víspera ha enviado a las delegaciones la reproducción del artículo «Socialismo y libertad», previamente publicado en el n.° 63 de Zutik-Caracas. El 12 de junio redacta y envía la ponencia «Nacionalismo vasco e izquierditis norteña». Finalmente, el 5 de julio, días antes de su contacto personal con tres miembros del Ejecutivo, Txillardegi redacta una ponencia crítica sobre «El marxismo-leninismo».
En su conjunto, esta serie de trabajos no son sino la ordenación y sistematización de las ideas que ha ido exponiendo desde fines del año anterior en sus sucesivos informes.
    El texto sobre «situación interna» comienza por constatar el giro ideológico radical que la aceptación por la IV Asamblea del marxismo-leninismo-trotskismo, aunque sea como «aportaciones fundamentales», supone respecto a la definición incluida en los Principios aprobados en la I Asamblea, según los cuales «ETA se opondrá a la implantación de cualquier régimen dictatorial, sea fascista o comunista». Para Txillardegi, el «enfoque norteño de los problemas tiene en parte su base en la IV Asamblea», por lo que urge «llamar a las cosas por su nombre» y comenzar por reconocer abiertamente que en ETA existen al menos tres tendencias: la «marxista-norteña», representada por la dirección; la «marxista-abertzale», y la «socialista-abertzale». Dando por supuesto que la primera no tiene cabida en la organización, Txillardegi sugiere la posibilidad de alguna forma de federación entre las otras dos corrientes, dada la lógica tendencia a que cada una de ellas acabe formando un partido propio.
Lo más sobresaliente de la ponencia sobre «nacionalismo vasco e izquierditis norteña», es la enérgica reafirmación del carácter étnico y cultural (lingüístico ante todo) del nacionalismo que debe propugnar ETA. En el texto aparece repetidamente la palabra «científico» para dar más fuerza a la argumentación, en la que hay varias referencias a los textos más detallados publicados en Branka sobre el problema lingüístico. «La afirmación nacional, escribe Txillardegi, es ante todo afirmación lingüística euskaldún; y la afirmación colonialista antinacional es ante todo afirmación, abierta o encubierta, antieuskaldún»(muy en la linea de los actuales ask´s). Sobre esta base, la desviación «norteña española» denunciada se manifiesta, a juicio de Txillardegi, en dos aspectos principales: la posición ante la inmigración; y la identificación de toda opresión con la burguesía, olvidando el aspecto específicamente antinacional de esa opresión.
    Pero donde la posición en positivo de Txilardegi respecto a la opresión nacional queda más nítidamente reflejada es en el borrador de ideario que redacta el 4 de julio de cara a una eventual actualización de los Principios del 62 verdadera oda al exclusivismo etnico:
«En el sentido de la afirmación nacional, ETA proclama:
- El euskera es la única lengua nacional vasca y la única que tendrá rango y protección oficial. El Estado Vasco se proclama euskaldún.
- El primer quehacer nacional específico del Estado de Euskadi será la euskaldunización completa del país. Toda la enseñanza, prensa, radio, televisión, administración pública, etcétera, serán exclusivamente euskaldunes tras la fase transitoria.
- El español y el francés son las lenguas "imperialistas" importadas por el colonialismo opresor, y serán extirpadas del país por los medios que se estimen más eficaces, y sin más limitaciones que los derechos de las personas desnacionalizadas pero no enemigas del país.
- Los problemas referentes al trilingüismo transitorio serán tratados de modo científico en base a las experiencias de otros pueblos un día desnacionalizados y sometidos a genocidio cultural (Israel, Finlandia, Checoslovaquia, Filipinas, Armenia, etcétera), y hoy en posesión de su propia cultura nacional.
- ETA no propugna la creación de un cuadro jurídico autónomo sin contenido ni limitación geográfica-sociológica, sino la creación de un Estado Vasco al servicio de Euskal Herria, a edificar sobre las regiones que, con anterioridad al "genocidio", eran étnicamente euskaldunes y deseen volver a serlo al liberárseles de la cadena de alienaciones impuestas por los imperialistas. La nación vasca está así compuesta por las regiones étnicamente vascas que corresponden aproximadamente al Reino de Navarra, Señorío de Vizcaya, y regiones de Guipúzcoa, Álava, Lapurdi y Zuberoa; más las zonas un día usurpadas de Rioja Alta, Bureba, Jaca y Bearne pirenaico.(es decir, la GRAN EUSKADI de Krutwigg).
- Dada la exigüidad relativa de nuestra población nacional, por universalismo, y con el fin también de facilitar a los vascos el acceso a las literaturas especializadas y al contacto con otros pueblos, el Estado Vasco, siguiendo el ejemplo de otros países con lenguas de poca potencia demográfica (Suecia, Finlandia, Dinamarca, etcétera) facilitará el aprendizaje de una o varias lenguas, "no antivascas" hoy, de utilidad internacional reconocida, como el ruso, el inglés, el alemán o el esperanto.
- ETA condena el racismo y proclama la igualdad de derechos para todos los que contribuyen con su trabajo en el proceso productivo de la nación. Las poblaciones inmigradas, sean del origen que fueren, serán consideradas desde todos los puntos de vista como sujetos sometidos a idénticos deberes y gozando de idénticos derechos. Los inmigrados serán así protegidos con la máxima energía contra todo tipo de abuso causado por razones de origen; y tendrán a su disposición toda clase de facilidades para su integración cultural a la comunidad de adopción. Todo atisbo de chauvinismo racial por parte de los nativos será reprimido; pero, análogamente, todo servicio de tipo objetivamente imperialista, y todo alarde chauvinista español o francés por parte de los inmigrados contra nuestro pueblo o nuestra idiosincrasia será reprimido como acto imperialista.»
  
El escrito titulado «El marxismo leninismo» (15-julio-66) es más una charla de formación que una ponencia. La idea central del mismo es que el marxismo (y especialmente su expresión leninista) es una nueva «religión inmanante», por lo que la adscripción a tal doctrina se basa en «actos de fe». Txillardegi opone críticas de origen probablemente católico-progresista (inspirados quizás en el libro del jesuita Jean Yves Calvez, Le Marxisme), junto a argumentaciones de Sartre y otros existencialistas. Llama la atención la mención al «milenarismo» incluida en una cita de Eliade (el marxismo como doctrina escatológica en la que el «justo» es el proletariado y el Comunismo «la edad de oro»).
A raíz de la respuesta que la dirección del interior envía el 24 de marzo, y a la vista de que parte al menos de las polémicas surgidas se deben a «malentendidos mutuos», Txilardegi propone el 1 de mayo —y reitera el 20 del mismo mes— un contacto directo entre él y algunos responsables de la organización en el interior. Txillardegi propone realizar ese contacto entre el 10 y el 16 de julio. El contacto solicitado lo es con el «Comité Ejecutivo» ya que desconoce el desdoblamiento producido entre dicho órgano y la Oficina Política(1).
Al contacto asisten Patxi Iturrioz (ya no estaba en la carcel), Eugenio del Río y un tercer miembro de la dirección al que Txillardegi identifica en su informe como «A» y del que sólo dice que es «euskaldún y euskaltzale» y que «fue mero oyente» en la reunión. Esta se desarrolla por un espacio de 4 horas y «en términos de gran franqueza». Del Río comienza por lamentar las contradicciones existentes entre el acta y otros documentos y admite que ha habido cierto izquierdismo en algunos planteamientos. Las desviaciones denunciadas por Txillardegi apenas llegan a discutirse dado que los enviados del interior aseguran que casi todo lo escrito hasta el momento «está ya superado por la rápida evolución de la organización».
No ha habido ninguna infiltración de ESBA. Los errores sobre utilización del euskera en las publicaciones han existido pero van a ser subsanado de inmediato. En este punto hay una pregunta de Txillardegi bastante reveladora. «Consideremos los 20 etarras más representativos de la primera ola de ETA y cojamos los 20 más representativos de hoy. ¿Es que hay en los dos la misma firmeza respecto al euskera, característica esencial de un patriotismo cultural y no racista?» La respuesta de Del Río, según Txillardegi, fue: «no».
  
   El Ejecutivo no sabe nada, por otra parte, del presunto ingreso en ETA de FK (es decir: Federico Krutwig). La persona que debe hacer cualquier propuesta en ese sentido es, según ratifica la dirección, Txillardegi, como responsable de la delegación de Bruselas (y no Julen Madariaga, que es quien ha mantenido los contactos con el autor de «Vasconia»). El artículo de este último sobre «Nacionalismo Revolucionario» (Branka n.° 1) es considerado por el Ejecutivo «simplista» ya que «Euskadi no se encuentra en una situación tercermundista».
Tras el contacto, Txillardegi redacta un informe en tono neutro, limitándose a exponer lo tratado, sin apenas comentarios. Pero, según confiesa en una carta fechada el 11 de agosto, íntimamente está «aún más convencido» de la existencia de la desviación que venía denunciado, por lo que se reúne de inmediato con otros militantes de Euskadi Norte y de las federaciones exteriores —alguno de cuyos militantes se encuentran en la zona de Bayona pasando sus vacaciones— para aunar criterios de cara a la batalla de la V Asamblea.
Como resultado de esos contactos, Txillardegi comprueba que si existe unanimidad en la denuncia de la orientación de «Mixel», no todos lo hacen desde una perspectiva ideológica antimarxista. Por ello, del «doble revisionismo: español y comunistoide» que Txillardegi cree percibir en la línea del interior, sólo se fijará en el primero ,españolismo, al redactar, por encargo de los asistentes a la reunión, un informe crítico sobre el contenido de los últimos números de Zutik. «En el informe, escribirá en una nota aclaratoria fechada el 11 de agosto: sólo me he extendido en el aspecto del revisionismo español, por ser éste el único unánimemente admitido en el exterior; y porque la reunión de Bayona me encargó hacer un estudio que tuviera probabilidades de obtener la aprobación general del exterior. No porque yo no vea una línea marxista pura desde hace un año, como he denunciado repetidamente, sino porque la reunión de Bayona estimó que esta desviación marxista no tenía probabilidades de ser condenada unánimente por el exterior, dado que hay algunos marxistas-leninistas en ETA-exterior.»(inagurando una costumbre abertzale, detras del insulto "españolista"  viene la animadversión anticomunista).
  
   El informe sobre los Zutik analiza un total de 84 páginas correspondientes a los 12 números publicados entre julio del 65 y julio del 66, es decir, 20 artículos firmados, más el n.° 40, colectivo. El método seguido consiste en agrupar los artículos por firmas y deducir así el pensamiento de «Fernández», «Jon Landeta», «Beldarrain», «Zumelzu» y «Txomin». En la práctica, sin embargo, la crítica es global, distribuyendo los reproches en los apartados relativos a cada uno de los firmantes citados. Incluso alguna frase incluida por Txillardegi en el texto parece dar a entender que sospecha que diversas firmas corresponden a la misma persona.
Así, cuando opone el artículo «Los tres pilares del internacionalismo», de «Txomin», a las ideas de «Fernández», Txilladergi se cura en salud introduciendo entre paréntesis el comentario de que determinado artículo está «de acuerdo con «Fernández" y no con "Txomin", aunque sea inexplicable. La oposición que ve entre ambas firmas se basa en la frase de «Txomin según la cual «las contradicciones que se producen en la lucha de clases como consecuencia de una opresión nacional más o menos grande no serán superadas hasta que lo sean las causas del problema nacional mismo». Txillardegi considera contradictoria con dicha afirmación la idea de «Fernández» según la cual «el mantenedor de la odiosa opresión a que nos vemos sometidos» es el «capitalismo financiero». Para Txillardegi, tal afirmación supone olvidar que el verdadero «mantenedor de la odiosa opresión» es el Estado español —y francés—, que si hoy está al servicio del gran capital mañana puede estarlo al de «la SFI0, el PSOE o los PCs, tan enemigos de la independencia vasca como el más puro capital financiero». Y ello porque «la clave es el imperialismo de las naciones ocupantes».
De esta última consideración va a deducir Txillardegi, una vez más, la necesidad y urgencia de un Frente Nacional contra el «ocupante extranjero», idea que, junto a la del papel prioritario de la lengua como fundamentación más acabada de la reivindicación nacionalista, va a ser durante años el caballo de batalla de sus polémicas con las sucesivas desviaciones «españolistas» que va a denunciar en ETA(2).
Sin embargo, el planteamiento de ese Frente Nacional, y en particular la definición de quienes serían sus integrantes, no queda del todo clara, pues si por una parte se afirma que en él entrarían únicamente «cuantos quieran la independencia de Euskadi», por otra parece dar a entender que el PNV tendría su entrada en dicho frente como representante de la «burguesía nacional vasca». Esto supondría dar por hecho que el PNV es un partido independentista, lo que parece bastante discutible(3). Para Txillardegi, «lo malo del Aberri Eguna de Vitoria no es que fuera burgués, sino que fuera español a causa del PSOE». Por lo mismo, considera «poco honrado» que en el Zutik 40 se considere que el PNV es el partido de «los dueños reales de Euskadi».
Por lo demás, la mayoría de las críticas a los artículos de Zutik lo son por omisión. Así, el que a Zalbide se le considera un luchador «firme en su postura específicamente humana», en lucha contra «mil cosas», pero no como un «héroe nacional vasco», le parece a Txillardegi muy significativo. Como lo es para él que a propósito de la prensa que se edita en Euskadi, se la considere simplemente «al servicio de la burguesía», sin mencionar expresamente que «está escrita en lengua extranjera». Además, para Txillardegi, periódicos como Arragoa (del PC) o El Socialista (del PSOE) son «tan imperialistas y españolistas como La Gaceta del Norte».
En conclusión, el Zutik se ha convertido para Txillardegi en un «órgano pseudo-izquierdista al servicio del imperialismo y del colonialismo político y cultural del Estado español», por lo que se pide a la V Asamblea que «se nombre un Ejecutivo que represente y conduzca a nuestro movimiento y lucha por nuestras ideas y no por un ideal ajeno a ETA».
La idea del Frente Nacional (FN) había sido, a través de distintas formulaciones, consustancial a cual-
quiera de
quier proyecto estratégico de ETA desde sus orígenes. Esa idea era, por cierto, el punto de unión con las corrientes radicales del nacionalismo anteriores a la guerra del 36 y en particular con Yagi-Yagi. En ocasiones —en momentos de euforia organizativa o tras una agudización de los conflictos con el PNV u otras corrientes nacionalistas— ETA misma se convierte en germen del FN, del que quedan excluidas, por «objetivamente antinacionales», las otras fuerzas vascas. Pero, más a menudo, la idea de un Frente que incluiría a la burguesía nacional —y por tanto, inevitablemente, al PNV— forma parte de toda formulación estratégica de ETA.
En todo caso, la idea del FN es consustancial al planteamiento «etnicista» o «culturalista» de Txillardegi. El «frente de clase» propuesto por la Oficina Política se sitúa en las antípodas de tal concepción y de ahí su insistencia en el tema(4).
Entrando de lleno en la polémica, Txillardegi publica en Branka n.° 2 el artículo «Frente Nacional Vasco o Frente de clase» en el que concreta su posición. «Si se tiene de la opresión Nacional una visión seria (es decir: lingüística), escribe Txillardegi, el grado de opresión nacional es fácilmente determinable, puesto que se trata de medir el grado de GENOCIDIO LINGUISTICO».(tambien palabro que usa mucho el lider de los ASK´s, casualidad??)
Sólo quien olvida esto puede poner en duda la necesidad del FN; quienes lo hacen desde posiciones «pseudo-izquierdistas», actúan de hecho como apéndices del Estado burgués opresor» dado que facilitan un «desaprovechamiento patente de energías revolucionarias».(revolución nacional claro, no social) Y ello porque «lo efectivo, lo que aúna voluntades, lo que pone en marcha un cambio de estructuras, profundo en todos los planos es el FRENTE NACIONAL VASCO. Esa es hoy la tarea revolucionaria, pues sólo así se logra «la unanimidad contra los Estados que nos oprimen nacional y socialmente».(Sortu+EA+Aralar??) Frente a esta concepción, la de quienes propugnan hoy el Frente de Clase, «es un sueño imperialista condenado al fracaso».
Si ésa es la tarea, ¿qué fuerzas deberían integrar el FN? En principio, responde Txilardegi, «todos los movimientos o partidos vascos que luchan por la desalienación nacional de Euskadi a través de la independencia». El que algunos partidos cuyo origen nacionalista es indudable tengan hoy una política no independentista «puede deberse en ciertos casos y hasta cierto punto a una esclerosis de tipo reglamentario y errores de tipo táctico», en gran parte debidos a la guerra mundial y a la prolongación anormal del franquismo. Sería por tanto «una presunción grave» considerar a tales partidos incapaces de «corregir los errores del pasado y de imponer una evolución vasca». Con estas consideraciones, las fuerzas que para Txillardegi deben integrar el Frente Nacional serían: PNV, ANV, STV, ETA y ENBATA.
Ante la distancia abismal entre estos planteamientos y los que cree percibir en las publicaciones que le llegan del interior, Txillardegi, en contacto con otros miembros de la vieja guardia, piensa que ha llegado el momento de dar la batalla definitiva a la Oficina Politica. Para ello, apoya el pase al interior de Escubi, Bareño y Bilbao Barrena, los cuales se encargarán de hacer los contactos necesarios y sondear la opinión mayoritaria en el seno de la militancia. Pero, partidario de respetar al máximo la legalidad organizativa, centra su atención en la preparación de la Asamblea cuya convocatoria para Navidades solicita oficialmente en carta remitida el 24 de octubre y a la que se sumarán Tomás Lizarribar y «Jerónimo» (Benito del Valle). Unos días antes ha recibido el Zutik 43, con la toma de postura en favor de la participación en las elecciones sindicales, que para Txillardegi es la prueba concluyente de que la Oficina se alinea con el PC moskutero.
(1)Tras la caída de Zalbide (sept. 65), el Comité Ejecutivo queda integrado por «Zarra» (»El Viejo»), «El Calvo», «Soli», «Pirri», y «Mixel», que, como queda dicho, es el enlace con la O.P., a la que también pertenece. Junto a él forman parte de la O.P., Del Río ("Erreka") y Jon Nicolás ("Nikita"). Posteriormente se integrarán Kermán Urbisu, Iñaki Zubiaur y, ya en vísperas de la Asamblea, Ángel Uresberoeta. El peso creciente de la O.P. va paulatinamente marginando a los miembros del Ejecutivo, los cuales, excepto «Mixel», se dedican casi exclusivamente a tareas técnicas. De hecho, al contacto con Txilardegi no sólo acude «Erreka» como si fuera del Ejecutivo, sino que, según la apreciación de Txillardegi, es él quien lleva la voz cantante en casi todos los temas.
(2)Ver al respecto, entre otros, los siguientes artículos aparecidos en Branka.- «La evolución del imperialismo español en Euskadi», firmado por «USAKO», en Bran/ea n.° 6, febrero 68; «Sí al Frente Nacional Vasco» firmado por José Luis Alvarez Emparantza, en Branka n. 9, octubre 69; «Últimas actuaciones del social-imperialismo en Euskadi», por «USAKO», en Branka n.° 13, enero 71 (»USAKO» es la firma habitualmente utilizada por Txillardegi en sus artículos escritos en castellano).
(3) las posiciones de Txillardegi respecto al PNV (entre las que se incluyen a partes iguales propuestas de ruptura radical y denuncia pública, por una parte, y de alianza frentista —como en 1964—, por otra), merecerían un estudio específico. La clave puede quizás estar en la tantas veces subrayada «doble naturaleza» del PNV, expresada periódicamente en rupturas internas. En enero de 1980 Txillardegí publicó en Enbata un artículo sobre las tensiones entre «sabinianos» y «pactistas» —simbolizados respectivamente por Antón Ormaza y Xabier Arzallus— en el que insinúa la posibilidad de un Frente que englobaría a los primeros con Herri Batasuna y de hecho el grupo de Ormaza pedirá el voto para HB.
(4) Insistencia que se reproducirá en vísperas de la VI Asamblea (agosto 1970). Los escritos de Txilardegi de 1966 serán reeditados en 1970-1971 por... EGI Batasuna para combatir la nueva desviación, a la vez que el propio Txilardegi redacta otros textos similares (aparecidos en los números 9 y 13 de Branka).

1 comentario:

felder dijo...

que calados os tenia txillardegi