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27 agosto 2015

Historia de la V Asamblea (IV)


El izquierdismo  abertzale
Escubi, Bareño y Bilbao Barrena pasan al interior a fines de septiembre para preparar la Asamblea. Previamente, en julio, han tenido en Bruselas un contacto con Krutwig y Madariaga, que aparecen como principales exponentes de la corriente que Txillardegi define corno «abertzale-marxista-leninista». En la reunión de Bruselas participan también Txato Aguirre y Mikel Azurmendi.
Jesús M. Bilbao Barrena («Balduino») y José María Escubi («Labrit», en dos años pasara a estudiar marxismo y se distanciara de ETA V) son encargados de redactar un escrito que sintetice las conclusiones de la reunión. El color de las copias que posteriormente remiten al resto de los asistentes es la causa de que dicho escrito conserve siempre, en todas sus sucesivas versiones, la denominación de «Informe Verde».
En agosto, el informe se hace llegar a algunos viejos militantes exiliados como Elósegui, Edur Aguirre, Juan José Etxabe y otros. En un primer paso «experimental» del trío al interior, en el mismo mes de agosto —destinado a hacer algunos contactos—, el escrito es pasado también a los hermanos Etxebarrieta, jovenes talentos en ascenso.
Estos últimos, junto con Txato Aguirre y Azurmendi(luego recalcitrante antinacionalista), que también han regresado al interior ese verano, son los principales contactos con que cuenta el trío de enviados cuando, el 29 de septiembre, festividad de San Miguel, pasan definitivamente la frontera. En la primera semana de octubre, Bareño y Escubi dan una charla, en un local parroquial del barrio bilbaíno de Deusto, a un grupo de jóvenes militantes entre los que se encuentran Txabi Etxebarrieta, López Irasuegui(luego EIA) y Unzueta (luego dirigente de ETA VI), que pronto pasarán también a formar parte de diversos órganos de dirección de ETA.
También participa en la reunión Andoni Olábarri, que años después será miembro del Euskadi Buru Batzar del PNV.
En éste y otros contactos similares que, al margen de las estructuras oficiales, mantiene el trío con militantes de Vizcaya y Guipúzcoa, se plantean críticas a la línea de los Zutik, pero centradas casi exclusivamente en la acusación de «reformismo» y «sindicalismo», sin apenas mencionar la presunta desviación «españolista» que viene denunciando incansablemente Txillardegui desde casi un año antes ante la poderosa ola ideologica marxista.
 
   Estos contactos van otorgando a los enviados una autonomía cada vez mayor respecto a los dirigentes del exterior, que observan con creciente inquietud la evolución de los acontecimientos. Por una parte, a Txillardegi se le ha mantenido al margen de la reunión en que se discute lo que sería primer esbozo del «informe verde». Por otra, Krutwig y Madariaga no han sido consultados sobre las modificaciones que, tras los contactos realizados por el trío en el interior, ha ido experimentándo el texto, que ahora circula ya con el título de «informe verde revisado».
La inquietud de Julen Madariaga aumenta cuando es informado de que, en contra de su opinión, los tres enviados son contrarios a la adopción de medidas de fuerza (expulsión de los «desviacionistas», aún a riesgo de sufrir una escicisión) confiando en la posibilidad de ganar para sus posiciones a la mayoría de la militancia.
Esta es la razón de que, a fines de noviembre, en los mismos días en que Txillardegi recibe la comunicación oficial, firmada por «Mixel», de que la Asamblea se iniciará el 8 de diciembre en el interior, Madariaga decida pasar a San Sebastián y Bilbao con la intención de ejecutar un plan cuyo desenlace sería la expulsión de los componentes de la Oficina Política y la convocatoria de una asamblea a celebrar a mediados de diciembre en el exterior.
La táctica concreta de aplicación del plan es discutida por Madariaga con un grupo de militantes de Donosti que han redactado un escrito titulado: «Ante la actual situación de ETA presentamos la siguiente visión.» Este texto, de una violencia verbal inaudita, constituye una crítica a lo que considera posiciones «imperialistas españolas» en la O.P., y un esbozo de la táctica a seguir en la Asamblea. Dicha táctica (que se presenta, literalmente, como «alternativa ante la aparente imposibilidad de eliminar físicamente a los responsables de la traición, lo que sería a nuestro juicio el único camino correcto de eliminación») consiste en celebrar un «juicio con sentencia inmediata» que obligue a los «imperialistas españoles» a abandonar la Asamblea y la organización. Sólo tras este trámite continuaría la reunión, procediéndose a la renovación de cargos, etcétera. Se trata, en resumen, como se explica en el propio texto, de evitar dar a los «traidores la baza de explicar cuál es su estrategia y táctica».
Madariaga sintoniza inmediatamente con este planteamiento, aunque, llevándolo más lejos, es partidario de impedir incluso la posibilidad de que los miembros de la Oficina Política puedan estar presentes (para ser expulsados) al inicio de la Asamblea. Propone, por el contrario, que la expulsión les sea comunicada previamente mediante un escrito, rompiendo sin más toda relación con ellos. Este desenlace será sumariamente explicado al pueblo mediante un Zutik. Los militantes recibirán información complementaria a través del boletín interno Kemen, que se entregará junto con la comunicación oral de los nombres de los expulsados.
La iniciativa de aplicación de los tres puntos del plan será explicada, según se acuerda, en base a la siguiente argumentación (que el propio Madariaga plasmará en un escrito «a todas las delegaciones» firmado en Bayona el 28 de noviembre): «Viendo ellos (guipuzcoanos, nabarros, Zaragoza y otros sectores) el espantoso desaguisado actual de JOK (nombre clandestino de ETA), pór arte y gracia de Mixel y Cía., deciden dirigirse al que fue secretario de la IV Asamblea a fin de que, a petición expresa y apoyado por la inmensa mayoría de la base sana de JOK, tome las siguientes medidas: 1) Expulsar a «Mixel»; 2) disolver la Oficina Política; 3) convocar la V Asamblea para el 17 de diciembre fuera de Euskadi Sur.»
Este plan no encuentra, sin embargo, gran eco ni en el trío de conspiradores ni en los miembros del Ejecutivo contrarios a las posiciones del equipo de Iturrioz, lo que, a su vez, suscita las iras de Madariaga, que en adelante se referirá al C.E. como «los incapaces». Los tres enviados también serán duramente criticados por lo que Madariaga considera su «acostumbrada ambigüedad».
Con todo, los dos primeros puntos del plan son puestos en práctica por el Comité Ejecutivo, que, en una reunión celebrada sin la presencia de Iturrioz, elabora un escrito que concluye con la notificación a éste de su expulsión y disolución de la O.P. El escrito es entregado a «Mixel» en una nueva reunión del C.E., esta vez plenaria, celebrada en Motrico.
No es aceptado, por el contrario, el punto relativo al atraso de la Asamblea y a su celebración en el exterior. El Ejecutivo, de acuerdo con el trío, decide mantener la fecha del 8 de diciembre. Esta será la razón por la que Madariaga, que ha regresado a Bayona el 25 o 26 de noviembre, no participará, por primera vez desde la fundación de la organización, en la Asamblea Nacional. Esta se inicia con la concentración en la casa del cura de Gaztelu, la noche del 7 de diciembre, de los 42 delegados asistentes.
La notificación de expulsión de «Mixel» lleva la fecha del 20 de noviembre(1). Entre esta fecha y el inicio de la Asamblea en Gaztelu, los tres enviados multiplican sus contactos para garantizar la mayoría para sus posiciones. Mientras tanto, José Antonio Etxebarrieta, que había redactado un primer texto de crítica a las posiciones de la O.P. —texto que es pasado por Escubi al Ejecutivo y que tiene una influencia decisiva en el decantamiento definitivo de dicho órgano contra «Mixel», amplía el escrito con nuevas consideraciones sobre lo que considera «reformismo» de los planteamientos de la Oficina Política. El resultado es un escrito de unos 50 folios, que, leído en la Asamblea, será de hecho el principal acta de acusación contra el sector que va a resultar minoritario. El texto será conocido en adelante como «Informe Txatarra», por ser éste el seudónimo con que lo firma Etxebarrieta.
Se da la circunstancia de que el grueso de la argumentación «antirreformista» procede de la lectura por parte de Etxebarrieta de un ejemplar del «Qué hacer», de Lenin, que presta por aquellos días al autor del informe un antiguo dirigente de EGI, Gabi del Moral, que en esos momentos simpatiza abiertamente con las posiciones de la O.P., y que colaborará más tarde con ETA-berri.
El «Informe Txatarra», del que sólo se hicieron 4 o 5 copias(2), acusaba al planteamiento de la O.P., tal como se había expresado en los tres últimos Zutik (41, 42, 43) y demás publicaciones oficiales recientes, de:
Utópico: en cuanto plantea la lucha obrera en abstracto, prescindiendo de las condiciones concretas de Euskadi en 1966.
Ucrónico: en cuanto no distingue las necesarias etapas de la revolución vasca, y en particular la necesidad de una alianza coyuntural con la pequeña burguesía nacionalista.
A nacional: por omisión, en cuanto, lejos de potenciar las contradicciones políticas que se derivan de la existencia de la opresión nacional, las considera un obstáculo para la revolución.
Reformista: por plantear la lucha en el terreno exclusivamente sindical, despreciando lo específicamente político. Utópicamente reformista, además, por difundir ilusiones sobre la posibilidad de minar el poder del fascismo y las clases dominantes mediante un proceso de «reformas revolucionarias». La propugnada participación en las elecciones sindicales oficiales sería la prueba máxima de ese reformismo sindicalista y legalista.
Antiorganizativo: por pretender diluir a ETA en un vago frente de izquierdas.
Pacifista: por renunciar a una vía de paulatina desaparición del aparato estatal en Euskadi mediante la lucha armada.

La escisión
A la reunión de Gaztelu acuden 42 delegados, de los que 4 son mujeres. Por parte del Ejecutivo saliente están presentes todos sus miembros excepto «Mixel». Sin embargo, tan sólo Jon Nikolás («Nikita»), de entre los componentes de la O.P., acude a la Asamblea. Tampoco está Madariaga, ni ningún otro representante de la vieja guardia del exterior, con la excepción de Xabier Imaz Garay («Miguel»), que, tanto en esta sesión como en la segunda parte de la Asamblea (marzo 67), actuará en la práctica como portavoz de las posiciones de Txillardegi. De la dirección elegida directamente en la IV Asamblea únicamente está presente J. Aspuru («Zaharra»), miembro del Comité Ejecuvo que en cuanto termina la asamblea abandona la militancia.

(1) Jon Nicolás, en la nota incluida en el tomo 5  de la recopilación de «Documentos ETA», asegura que la decisión fue tomada entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre, y comunicada al interesado el día 5. La fecha del 5 de diciembre aparece también como la de la expulsión en un informe firmado por «Markos» y redactado en Bayona la noche del 11-XII, tras recibir un primer informe oral de «Miguel» sobre el desarrollo de la Asamblea.
También es posible que el documento fechado el 20-XI (y reproducido en la recopilación   como el texto oficial de la expulsión), no sea tal sino, quizás, un papel redactado espontáneamente por algún grupo de militantes descontentos. Llama la atención, en este sentido, que el documento no aparezca firmado por el Comité Ejecutivo, como parecería lógico, figurando en su lugar la simple mención «militante de ETA».
(2)De las que no se conserva ninguna, por lo que el texto no figura en la recopilación de Hordago.

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