Buscar este blog

28 agosto 2015

Historia de la V Asamblea (V)

 La representatividad de los delegados no corresponde a criterios claramente establecidos. Al transmitir su invitación a alguno de ellos, Escubi explica, simplemente, que el criterio es que acudan «todos los militantes que puedan aportar algo». Sin embargo, es cierto que la ausencia de algunos militantes significados (como por ejemplo los alaveses Emilio López Adán, Beltza, y Gonzalo Fontaneda) se debió realmente a fallos involuntarios de coordinación y no a la voluntad expresa de evitar su presencia, como en ocasiones se ha afirmado y escrito. Es probable, sin embargo, que a algunos delegados «sospechosos» no se les pasaran las citas con la suficiente diligencia. Respecto a la ausencia de Del Río (Erreka) y otros miembros relevantes de la O.P., existía cierta ambigüedad, pues aunque el texto oficial del C.E. sólo hablaba de la expulsión de «Mixel» (y la disolución de la Oficina Política), los delegados estaban convencidos de que la expulsión afectaba a todos los miembros de dicho órgano.
En cualquier caso, la ausencia de los miembros de la O.P. es el primer punto suscitado cuando, en la mañana del día 8, inicia sus trabajos el pleno de la Asamblea. Los delegados favorables al sector de «Mixel» y «Erreka» proponen que la Asamblea no se constituya oficialmente como tal hasta que estén presentes los cuatro miembros de la O.P. cuya ausencia denuncian. El mencionado sector (formado inicialmente por diez u once militantes) dirige sus interpelaciones a los miembros del Comité Ejecutivo, que se limitan a dar explicaciones genéricas poco convincentes. La voz cantante la llevan en este primer enfrenta miento Escubi, y, sobre todo, Imaz («Miguel»). Ambos exigen que, previamente a cualquier debate o explicación de fondo, todos los asistentes deben dar por oficialmente constituida la Asamblea, comprometiéndose, por tanto, a aceptar cuanto en ella se decida.
El sector rival —que comienza a ser denominado por el resto como «los disidentes»— rechaza tal planteamiento, así como la posibilidad de que la decisión de constitución oficial de la reunión en Asamblea sea tomada por votación mayoritaria. Tal votación, celebrada de todas formas, da una primera pista sobre la relación de fuerzas existentes en el seno de la Asamblea: Trece votan por suspender la reunión hasta que estén presentes los miembros de la O.P., y el resto, salvo dos o tres abstenciones(2), se pronuncian por continuar la reunión, en la que se decidirá la ratificación o no de la medida de expulsión adoptada por el Comité Ejecutivo.
El planteamiento que se somete a votación es el siguiente: Una vez aceptada por mayoría la constitución de la reunión en Asamblea Nacional de ETA, se pasará a discutir si se piensa o no que hay indicios suficientes como para considerar a los miembros de la O.P. responsables de una «desviación de tipo españolista». Si se considera que los datos son suficientes, no serán llamados y se votará la ratificación (o no) de la expulsión. La no convocatoria en tal caso se justifica por razones de seguridad, especialmente por existir la certeza de que la policía conoce la fecha aproximada de celebración de la Asamblea. Si los datos aportados no son considerados por la mayoría indicios suficientes de la existencia de tal «desviación españolista», los miembros de la O.P. serán llamados, continuándose la Asamblea con su presencia.
Este planteamiento es rechazado por los «disidentes» —que conocen ya, por el resultado de la votación anterior, la relación de fuerzas existente— anunciando paralelamente su intención de retirarse de la Asamblea para no avalar con su presencia una reunión que consideran ilegal. Esta declaración la hacen doce delegados, algunos de los cuales, en un momento dado, anuncian también su intención de dimitir de una organización «cuyo funcionamiento ha dejado de ser democrático». Tras una intervención conciliadora de Txabi Etxebarrieta (que, tras la constitución de la Asamblea como tal, ha sido elegido presidente de la misma en sustitución de «Miguel», que ha actuado provisionalmente como moderador hasta ese momento), los disidentes deciden retirar la dimisión, aunque mantienen su postura de no continuar en una Asamblea a la que no reconocen validez.
El Comité de seguridad previamente elegido (y compuesto por Xabier Izko, Xabier Imaz y un tercer militante) decide las medidas que corresponden tomar ante la situación creada. Puesto que la Asamblea debe continuar en el mismo local, los disidentes deberán permanecer en el interior del mismo hasta que finalice la reunión. Se acepta, de todas formas, la propuesta de los disidentes de garantizar la salida, como máximo, el día 11, domingo, por la mañana.
   Los disidentes abandonan el lugar donde prosigue(3) la Asamblea y pasan a una pieza vecina, donde, a su vez, discuten y elaboran un texto en el que reiteran sus argumentos contra los métodos, que califican de «fascistas», empleados por el sector rival. Durante las 48 o 50 horas que se mantiene esta situación son continuos los intentos mutuos de espionaje, tratando cada facción de conocer lo que va a hacer el grupo rival al finalizar la Asamblea. Pese a ciertos excesos y a la tensión característica de toda escisión, no es cierto (aunque así se haya señalado insistentemente por parte de algunas personas) que hubiese «guardias armadas para evitar que huyesen los disidentes», ni otras situaciones de violencia. Por lo demás, tal como había sido aprobado al inicio de la Asamblea, todas las (escasas) armas de los asistentes, incluidas las navajas de uso personal, habían sido requisadas por el Comité de Seguridad antes del inicio de los debates.
Estos prosiguen con la lectura, por parte de Txabi Etxebarrieta, del «informe Txatarra». La lectura del texto, «en voz alta y sin interrupciones» consume, según se recoge con insólita minuciosidad en el «Agiria», un tiempo de 95 minutos. El escrito del ex-egitxu José Antonio Etxebarrieta (cuyo título oficial era: «Análisis y Crítica del españolismo social-chauvinista») es considerado base de la votación que se realizará posteriormente sobre si se ratifica o no la expulsión decidida por el Ejecutivo. Sin embargo, y como complemento, es leído también otro texto de crítica a la Oficina Política, titulado «Comentario del escrito "Por una izquierda socialista vasca", del C.E. de ETA».
La autoría de dicho escrito corresponde probablemente a un grupo de miembros de Ela-berri que por esta época —y a través, en particular, de José Antonio Ayestarán— estaban en contacto con algunos sectores de ETA críticos con los postulados de la Oficina Política. En uno de sus últimos informes, Txillardegi alude a un grupo de militantes de ELA que «han confeccionado un violentísimo escrito contra el llamado "Por una izquierda revolucionaria vasca" de Fernández y su clan».
La votación —celebrada tras una ronda informal en la que diversos delegados añaden a la argumentación central diversos comentarios sobre afirmaciones o actitudes personales de los expulsados que confirmarían su «españolismo» —arroja el siguiente resultado: Todos los delegados a favor de ratificar la expulsión salvo un voto nulo y dos abstenciones. Este resultado, unido al hecho de que un militante de Mondragón (Jokin Barrutia), a priori considerado próximo a los planteamientos de la O.P., haya permanecido en la Asamblea tras la retirada de sus compañeros, hace que varios delegados pidan a los abstencionistas una «explicación de voto», clarificando su postura. La clara alusión a Barrutia es captada por éste, anunciando finalmente que se suma a la posición de sus compañeros, y se retira también de la Asamblea(4).
   El resto del tiempo, hasta la madrugada del domingo, se dedica a la discusión y redacción de un comunicado sobre la situación creada en la Asamblea, por una parte, y del documento «posiciones ideológicas», por otra. Hasta ese momento nadie habla —ni piensa, probablemente— de «escisión», sino de «disidencia», quizás porque la falta de experiencia de la mayoría de los delegados les hace creer de buena fe que se trata únicamente del desvarío de cuatro o cinco personas, sin posibilidad de incidir seriamente en lo que se llama la «base sana» de la organización.
   El mismo Txabi Etxebarrieta, que, como presidente y moderador de la reunión, mantuvo una actitud sensata y equilibrada, pidió repetidamente a los «disidentes» que reconsiderasen su postura y que «no se dejaran llevar por los nervios del momento». La postura de Etxebarrieta al respecto era probablemente sincera, y no motivada por su —por otra parte innato— sentido diplomático. Cabe recordar al respecto que hasta la llegada de los tres enviados del exterior, Etxebarrieta no sólo no había mostrado alarma alguna por el cambio de tono de las publicaciones, sino que, al menos hasta la aparición del Zutik 42, incluido dicho número, se mostraba de acuerdo con que «al fin comiencen a tratarse los temas con profundidad».
   Hay que recordar, que Txabi Etxebarrieta era un hombre muy culto para su edad (el 14 de octubre de 1966 había cumplido 22 años), al que no le resultaban extraños los debates sobre la «nueva izquierda europea» que por entonces estaban de moda entre los estudiantes progresistas. El libro de André Gorz Historia y enajenación, por ejemplo, hubiera figurado en la antología de las obras que le habían causado mayor impacto. Tampoco puede decirse que, en esta época, su visión del nacionalismo fuese de tal tipo que ignorase o despreciase lo que ocurría en el resto del Estado. Por ejemplo, participó muy activamente en las luchas estudiantiles relanzadas en todo el Estado a raíz del encierro de profesores y alumnos de la Universidad de Barcelona en el convento de los capuchinos de Sarriá. Los análisis de Zutik sobre el neocapitalismo, sobre la evolución de las formas de dominación franquista, sobre el nuevo movimiento sindical, etcétera, no le resultaban ni ajenos ni chocantes. Todavía en junio de 1967, durante su examen de grado en la Facultad de Económicas de Bilbao, Txabi Etxebarrieta basaría su exposición oral sobre las nuevas tendencias del capitalismo en análisis claramente inspirados en Gorz, Basso, etcétera. Es cierto, sin embargo, que esos análisis no le hacían poner en cuestión la perspectiva, a más o menos largo plazo, de una estrategia de tipo cubano —en la que creía desde comienzos de los 60—, ni en los presupuestos ideológicos nacionalistas de tipo neoaranista que le había transmitido su hermano José Antonio.
   Aunque el tema podría quizás ser objeto de un análisis más detallado sobre la generación a la que pertenecía, la verdad es que la radicalización nacionálista-aranista de Txabi y su círculo de amigos más próximos, producida a fines del 66, hasta el punto convertirse en aliados de Txillardegi, hubiera sido impensable apenas un año antes. El giro puede constatarse, por ejemplo, comparando sus primeros artículos en Zutik, publicados después de la escisión, con los escritos en el período 63-65 para la revista universitaria Sarriko, de la que llegaría a ser director. En los dos, artículos de esta época que conservamos: «Las religiones y el ateísmo» y «Un sentimiento no sentido» —sobre Unamuno y Ortega—, el rasgo dominante es la voluntad de situar la racionalidad como eje de toda, reflexión política o filosófica. Ciertamente, no sería ese el rasgo predominante de los escritos posteriores.
El escrito sobre los disidentes comienza ratificando la «expulsión de cuatro militantes que hizo el Comité Ejecutivo» y condenando «la llamada nueva línea». Todos los militantes deberán cortar cualquier contacto orgánico con los expulsados y atenerse, en el terreno político e ideológico, a las resoluciones incluidas en el texto «Posiciones ideológicas aprobadas por laV Asamblea». En cuanto al grupo de los «disidentes» se les sigue considerando militantes «mientras demuestren con sus actos su conformidad con los acuerdos de la V Asamblea», quedando, en caso contrario, «automáticamente expulsados».
   Las «Posiciones ideológicas aprobadas por la V Asamblea» es el otro texto elaborado inmediatamente antes de la renovación de los órganos de dirección. Inicialmente se presentó el «Informe verde revisado» como ponencia. Al ser desconocido por los delegados, se decidió retirarlo, reuniéndose en ponencia una comisión encargada de redactar unas propuestas breves que serían luego sometidas al pleno. La adscripción a la Comisión se consideró voluntaria. De todas formas, Escubi y Bilbao Barrena, junto con Txabi Etxebarrieta, por una parte, y Xabier Imaz, por otra, fueron quienes
llevaron la voz cantante. Los dos primeros basaron sus propuestas en los puntos del «Informe Verde».
   El resultado es un texto confuso y mal redactado que denota el alto nivel de improvisación con que fue realizado, a base de añadir, una detrás de otra, las sugerencias de los delegados, sin especial preocupación por la coherencia del conjunto. Consciente de esta falta de coherencia (agudizada probablemente por errores de picaje en la edición que fue publicada en el «Agiria»), Txabi Etxebarrieta preparó, sobre la base del texto original, un borrador, redactado en forma de preguntas y respuestas, que presentó a la 2.a parte de la Asamblea y que sería, a su vez, la base del texto «ideología oficial de Y»(5) adoptado en dicha sesión.
Quizás lo más sobresaliente de la discusión de las «Posiciones ideológicas» en el seno de la Comisión fueran los equilibrios entre las dos posturas extremas (las de Escubi y Bilbao Barrena, partidarios de una más clara definición marxista, por una parte, y la de Imaz Garay, receloso ante todo desliz en tal dirección, por otra) para mantener la frágil unidad lograda en la operación destinada a eliminar al grupo de Iturrioz. Así, fueron precisas todas las dotes diplomáticas de Etxebarrieta para dar con una fórmula unitaria (por lo demás, bastante confusa) en el párrafo destinado a definir el papel de la burguesía nacional en la revolución vasca. La frase en cuestión quedó así:

   «la burguesía nacional, sobre todo la pequeña burguesía, que hoy en día colabora en nuestra lucha con el pueblo trabajador, es HOY, EN SU PRACTICA SOLAMENTE, revolucionaria. Existe el peligro, no obstante, de que la burguesía nacional o elementos reformistas, tomen demasiada fuerza, castrando la revolución. Para cortar ese peligro real no tenemos otra salida que dar una fuerte conciencia al Pueblo trabajador, mostrándole claramente los fines y el sentido de su lucha».
    Poco antes se había afirmado que «es el pueblo y sólo él quien puede llevar a término la revolución integral». Sin embargo, a la hora de definir al «pueblo» se dice, que «es el oprimido», añadiéndose que «en la etapa actual se identifica con el conjunto de la nación vasca con relación al opresor: España y Francia», no quedando clara la distinción entre ese «pueblo oprimido» y el «pueblo trabajador» cuya conciencia será la garantía contra el peligro de que la burguesía nacional «tome demasiada fuerza».
   Otro punto de interés sobre los que se define la 1ª parte de la Asamblea (y que sin embargo no aparece ya en las resoluciones de la 2. parte) es el relativo al estatutismo y al PNV. El rechazo del estatutismo (que es frontal, aunque en el Zutik 44, publicado inmediatamente después de la Asamblea, se matiza la cuestión hablando del Estatuto como la vía intermedia hacia la independencia) se basa en razones ideológicas (supone la aceptación de la soberanía estatal) y de clase (corresponde a los intereses de la burguesía). Al PNV se le considera un partido «superado en los dos aspectos, nacional y social» y se le emplaza a «reivindicar la soberanía nacional vasca abandonando los intereses que le ligan a España», si no quiere «desaparecer por extinción».

  
   El último punto tratado es el relativo a la renovación de los órganos de dirección. El pleno aprueba dar un voto de confianza al ejecutivo saliente para nombrar una nueva oficina política y para dotarse a sí mismo de los refuerzos necesarios para garantizar la continuidad organizativa en el período provisional abierto hasta la celebración de la 2.a parte de la V Asamblea. Xabier Imaz, único delegado del exterior asistente, es encargado de supervisar el proceso, negociando con el Comité Ejecutivo saliente las nuevas incorporaciones. Entre éstas destacan las de Escubi y Bilbao Barrena, que pertenecen simultáneamente al Ejecutivo y a la Oficina Política. El nuevo Ejecutivo queda compuesto por 7 miembros, y la O.P., por 5.
La caída, en el mismo mes de diciembre, de Zaharra, el más veterano miembro del Ejecutivo y único superviviente en el cargo de los directamente elegidos en la IV Asamblea (1965), y la identificación por la policía de otros miembros del anterior equipo, facilita la hegemonía que Escubi y Bilbao Barrena ejercerán de hecho en la dirección y en toda la organización en el período inmediatamente posterior.

     Los nuevos cuadros que, junto con ellos dos, se incorporan a la Oficina Política son Txabi Etxebarrieta, su amigo Unzueta y El danés(luego conocido actor).
Antes de iniciarse la salida, y en una ronda de «temas organizativos varios», un delegado («Buda») plantea oficialmente la petición de ingreso en la organización de un sacerdote. La propuesta causa la extrañeza de la mayoría de los delegados, que, de todas formas, no se atreven a pronunciarse, trasladando la responsabilidad al Comité Ejecutivo. El candidato, Lukas Dorronsoro, cura de Gaztelu, acudiría ya como delegado, tres meses después, a la 2. parte de la V Asamblea.


El período interasambleario
Las primeras medidas adoptadas por el grupo que ha resultado mayoritario en la Asamblea de diciembre son: 1) realizar una fuerte campaña de prestigio y reafirmación organizativa en base a contactos con distintos medios vasquistas; 2) hacer público el «Agiria» (con la explicación de la escisión elaborada en el transcurso de la Asamblea) y publicar rápidamente un Zutik que reafirme las posiciones ideológicas; 3) iniciar los preparativos para la celebración de la 2.a parte de la Asamblea que establezca una clara definición ideológica y estratégica.


(1) De hecho, en el «extracto del acta de la V Asamblea», incluido en el «Agiria» editado como explicación externa al finalizar aquélla se habla de la expulsión por parte del C.E. de «cuatro miembros de la organización».

(2) La abstención más significativa es la de Fano (»Imanol»), en la actualidad fue gran amigo de Otegi y su hijo participó en los dialogos ETA-Zapa militantes de Vizcaya liberado en 1964, futuro dirigente del Frente Obrero en 1968-1969 y de ETA (VI) luego, y que en el momento de asistir a la Asamblea acaba de salir de la cárcel. Aunque finalmente se posicionará en favor de la mayoría, no dejará de criticar lo que considera un error de procedimiento por no permitirse la presencia de «Mixel», cuya capacidad militante subraya en una intervención que suscita la desconfianza de un sector de la mayoría.
(3) El local, cuyas condiciones de seguridad no eran óptimas, se encontraba en los bajos de la casa cural de Gaztelu. Para acondicionarlo, un equipo había excavado varios metros cúbicos de tierra y desperdicios amontonados allí durante años, y construido una cocina y un rudimentario retrete. El principal problema era el humo de los cigarrillos y de las velas que, según se informó a los asistentes, se filtraba por las rendijas del suelo de la planta superior. Las horas más peligrosas eran las del atardecer, cuando los niños del pueblo y algunos acompañantes se reunían en dicha planta para ver la televisión.
(4) Según Jon Nikolás (en su nota para «Hordago») hubo otro militante, procedente del «grupo autónomo del Cabra», que también se retiró de la Asamblea con posterioridad, sumándose a los disidentes.
(5) La letra Y (cuyo nombre en griego es ETA) fue adoptada en la 2º parte de la V Asamblea como nombre clandestino de la organización. Anteriormente el nombre en clave fue JOC. Más tarde sería COPE (de cooperativa).

No hay comentarios: