30 septiembre 2015

Crítica a Sortu por José Ortega

Tanto el discurso político de Sortu, como sus acciones a nivel social son equivalentes a las del ala “izquierda” del PSOE zapateril, salvo en una cuestión, la nacional. No hay ningún elemento que evidencie que su política tenga como fin algo parecido a una organización social coherente con los postulados socialistas. Su objetivo es uno: disputarse con el PNV cada cuatro años el gobierno de Euskal Herria. Es decir, obtener en Euskal Herria el espacio político que el PSOE tiene en el estado español. O dicho de otra manera, llegar a ser el PSOEH.
Para ello sus dirigentes pretenden construir una hegemonía “izquierdista” dentro del orden burgués, en el plano estricto de la representación electoral. No ponen en cuestión ni el reparto del trabajo ni la propiedad de los medios de producción, tampoco la estructura política que le corresponde al pueblo vasco más allá del aspecto territorial. El toque social de su programa es lo más cercano al socialismo que pueden pretender sus simpatizantes. Si ahora mismo no hay una crítica generalizada de la deriva ideológica entre la militancia abertzale, es por una simple razón: la fuerte filiación emocional que han provocado décadas de represión, asesinatos, encarcelamientos y torturas. Quizá surja un renovado juicio crítico entre las bases cuando cese la represión, o quizá ese juicio crítico esté ya herido de muerte. De todas formas, el último fracaso electoral en la CAV es fruto de la apatía de la gente al comprobar la utilización que han hecho sus dirigentes del poder institucional. No así en Navarra, a cuyos dirigentes aún no les ha dado tiempo a defraudar.
Los medios de comunicación afines al partido, como el Gara y la plataforma Naiz, constituyen la necesaria propaganda de la que se valen para ir moderando posturas en el trayecto hacia el paradigma de la socialdemocracia europea. Su postura otanista respecto al conflicto en Ucrania, así como el desplazamiento de la sección de economía de periodistas que aún hoy creen en la emancipación proletaria, son muestra de ello. Con un análisis mínimamente riguroso del contenido, cualquiera puede darse cuenta de que estos medios de comunicación aspiran a ocupar en Euskal Herria, el mismo espacio mediático que el grupo Prisa en el estado español. El ya muy trillado (y también ficticio) concepto de Nuevo tiempo político les sirve para justificar la pasmosa ausencia de cualquier crítica seria al sistema político y social.
Los líderes de Sortu utilizan maquiavélicamente la falsa paradoja violencia/vías pacíficas, cuando para la mayoría de las bases no existe tal conflicto, sino otro mucho más profundo: el que opone un verdadero movimiento popular, obrero y asambleario (minoritario), frente a la aceptación resignada de los mecanismos políticos que sustentan la economía neoliberal, ya que, entre otras razones, cuando hablan de vías pacíficas se refieren exclusivamente al voto. Hacen hincapié en el plano ético y eluden la explicación política de la violencia, apelando a la conciencia individual para la consecución de una unidad, que negando el debate público de esta cuestión en concreto, les permita la mayoría parlamentaria. Pero el hecho de que hace unos años no condenaran el asesinato de un colega del pleno municipal, y ahora condenen y juzguen intolerable una pintada en un batzoki da cuenta de su parámetro ético. También de su coherencia. En la renuncia de la violencia, han incluido también la renuncia de los ideales por los que se luchó de muchas formas, las más de las veces pacíficamente. Toda iniciativa de protesta que venga desde la base es marginada salvo que pueda ser utilizada para obtener réditos electoralistas, de este modo convierten la lucha política en una suerte de folclore carnavalesco que tiene que ver más con la construcción de una identidad vacía, que con la voluntad real de las personas que sudan y sangran para ganarse la vida.
Cuando se trata de entrar a fondo en el aspecto ético al que obliga la violencia que ha derivado del conflicto, se mantienen en una equidistancia descarada e hipócrita que les permite desentenderse de muchos de los que fueron compañeros de lucha y continúan represaliados, al tiempo que repiten una y otra vez el mantra de los derechos humanos, concepto ambiguo y abstracto donde los haya. Tan útil es para justificar la invasión de Irak como para pedir la libertad de Leopoldo López. En el miserable juego de la democracia burguesa, los dirigentes de Sortu entienden que también ha de valer para solicitar cortésmente al gobierno el acercamiento de los presos. Cualquier cosa con tal de no entrar en el fondo del asunto, no vaya a ser que la gente empiece a pensar realmente la cuestión política. Además, han de guardarse las formas ya que la nueva casta de políticos, funcionarios y liberados de toda índole han de procurarse un talante moderado. Mientras, el pueblo es despojado de toda responsabilidad y derecho a hablar.
La estructura orgánica de Sortu es vertical y no difiere mucho de la del resto de partidos al uso. Las decisiones se toman desde arriba y luego se trasladan a las bases para que a nivel local se actúe en consecuencia. Es decir, a los militantes les toca ejecutar las resoluciones que han tomado en otro centro, no les corresponde a ellos proponer ideas o estrategias, mucho menos definir la línea política del partido. La propuesta de un militante de base cualquiera, simplemente no entra en el debate porque cualquier campaña que se emprenda, cualquier tipo de manifestación, propaganda, acción… lo deciden esos pocos que se encuentran mucho más cerca de Madrid que del taller o de la cola del paro. Mientras personas capaces y con buenas iniciativas son marginadas sistemáticamente, los que se pliegan de forma obediente a las directrices, los que no cuestionan nada nunca, van medrando en el partido y obteniendo cargos de importancia en reconocimiento a los servicios prestados. Por eso los que forman la cúspide de la estructura orgánica y demás cargos electos suelen ser pedantes e intelectualmente mediocres, gentes cuya función no es sino reproducir dócilmente el absurdo ideológico y el artefacto institucional que le niega la libertad a Euskal Herria, si la gente aún les vota es más por un sentimiento de identidad que por la asunción crítica y racional de su programa. Además tienen la desvergüenza de hacer todo esto sin palancas y de día, a la vez que se jactan de democracia interna y hablan de pueblo como sujeto de decisión.
Dentro del partido hay personas que no ocultan sus intenciones de vivir de la política, ya no está mal visto el apego a las poltronas, tampoco el parasitismo de lo público, otrora tan criticado a los peneuveros. Por supuesto la rotación de los cargos no existe, ni tan siquiera por aquello de disimular. El objetivo marcado por la élite abertzale es la sustitución de la oligarquía burguesa del PNV, por otra más progre, cívica y juvenil, con unas gotitas de feminismo y otras de ecologismo (movimientos sociales legítimos de los que solo conservan el nombre con fines electoralistas), y también las gotitas de lo que haga falta, pues lo que les importa ya no son las ideas, sino el espacio electoral susceptible de ser conquistado.
No existe margen de maniobra dentro del parlamento, tampoco en el gobierno municipal ni en la diputación, lo repiten una y otra vez cerca de nuestros oídos, en voz baja, cuando salen del pleno. Sin embargo, todo el sacrificio, todas las horas y el trabajo de la militancia, está encaminado a multiplicar el número de culos que caben sentados en esos asientos, cuya mera existencia es el testimonio de una derrota histórica, la derrota del movimiento obrero durante las décadas de los setenta y los ochenta. Las buenas intenciones se convierten así en la expresión de la impotencia. La apatía y la desilusión surgen en el seno de los colectivos, asambleas… a nivel local, porque no existe un debate que establezca unas prioridades, porque no hay una discusión seria y profunda en torno a qué es lo que se quiere y cómo se puede hacer. La dinámica cotidiana es acatar el programa y no salirse de la ruta marcada, evitar el juicio racional y autónomo de personas libres. Y para estimular este mal hábito sin que nadie se salga del redil, los políticos tienen una coartada: dicen que esto es muy serio y que estamos construyendo soberanía, con lo cual uno no puede hacer lo que le dé la gana… incluido pensar. Se trata de reproducir punto por punto lo que en la transición creyeron que le correspondía al pueblo vasco, renovar el marco, generar consenso, renegociar las competencias, ajustar parámetros simbólicos, etc. o sea, reconstruir una mayoría democrática que se pueda mantener pacíficamente asentada, bajo un mismo tipo de administración pero modernizada, y sobre los cadáveres de lo que un día fueron ideales de transformación.
Yo denuncio que los dirigentes de la izquierda abertzale están haciendo el trabajo sucio del estado español, han tergiversado no sólo el lenguaje, sino también las ideas con el fin de que una gran masa de población rebelde asuma la lógica canalla de la oligarquía neoliberal y el status quo del espectáculo de la política. Van a necesitar una ikurriña muy grande para tapar toda la mierda que están generando. No, a la asunción del orden burgués. No, a la desactivación política de la población. No, a la mediocre comodidad del individuo sobre un mundo absurdo.

 Política, fútbol y KGB  Comunismo contra imperialismo capitalista

La URSS fue el primer país del mundo en constituir algo así como un ministerio de deportes, el Comisariado Supremo de la Cultura Física, que tuvo su origen en 1920. De este organismo surgió un primer programa para fomentar el deporte en la población y subvencionarlo y también un periódico exclusivo de deportes para fomentar el conocimiento de las diferentes disciplinas deportivas. Ese interés por la cultura física convirtió a la Unión Soviética en una superpotencia deportiva que compitió con Estados Unidos en un duelo sin cuartel. La Guerra Fría extendió rápidamente sus tentáculos al deporte y los terrenos de juego fueron nuevos campos de batalla en los que era importantísimo ganar.
 Para entender la cultura deportiva soviética y su fútbol hay que contar primero como se articuló aquel Comisariado Supremo de la Cultura Física. La manera de centralizar el deporte y organizarlo fueron las SSSR, las Sociedades deportivas voluntarias. Algo así como clubes o escuelas deportivas que agrupaban a todas las disciplinas y por las que pasaron millones de niños. Con sus matices, el sistema era brillante y los resultados y éxitos del deporte soviético fueron espectaculares. Aquellos centros de formación eran capaces de convertir a un esmirriado niño de madre vasca en uno de los mejores jugadores de la historia del hockey hielo: Valeri Kharlamov. En una entrevista en Jot Down el jugador de baloncesto Chechu Biriukov, también hijo de una niña española exiliada a Rusia durante la Guerra Civil, contaba que «la estructura de la Unión Soviética era magnífica para el deporte. Para cualquier deporte». Comentarios similares los han realizado deportistas que se formaron en aquel sistema como Talant Dujshebaev o Dima Popov. Sin entrar en política, objetivamente, era un buen sistema para el deporte base.
Kharlamov
Los clubes de fútbol estaban ligados a esas Escuelas, a su vez auspiciadas por los grandes organismos estales: el Torpedo era el club de la fábrica de automóviles ZIL, el Lokomotiv, el de la red de ferrocarriles, el Dínamo, el conjunto de la KGB, el CSKA, el del ejército o el Zenit, el de los trabajadores de la industria armamentística. Luego, algunos de ellos tenían sus ‘filiales’ fuera de Moscú, en otras repúblicas de la Unión Soviética. Este sistema pretendía también borrar de los equipos cualquier atisbo de nacionalismo o de sentimiento regionalista. No cabía convertir a los clubes en símbolos de la resistencia al poder de Moscú, era preferible que se vinculasen a un sindicato u organización y las numerosas repúblicas del territorio adoptaban también sus propios Dínamos o CSKAS. Las autoridades nunca consiguieron su objetivo, de hecho era un secreto a voces que en las concentraciones de la selección soviética de fútbol de los años ochenta los rusos iban por un lado y los ucranianos por otro. Lo mismo ocurría con las disputas del potente Dinamo de Kiev ucraniano con los clubes moscovitas en el campeonato liguero, que generaron muchas tensiones políticas dentro del Partido Comunista. Cuando el Aranat de Ereván armenio ganó la liga soviética en 1973 un sentimiento nacionalista invadió toda la república y lo mismo había ocurrido en Georgia con el Dínamo de Tiflis en 1964.
 Todos los equipos representaban a algún estrato concreto de la sociedad soviética excepto el Spartak de Moscú. La nota discordante del aquel entramado. Para algunos rusos ser aficionados del Spartak era una forma de decir no al sistema. Era el club del pueblo, Narodnaya Komanda, bautizado Spartak en honor a Espartaco, el gladiador que intentó libertar a los esclavos de Roma.  El Spartak estuvo asociado a los trabajadores de la industria alimentaria, a la cooperación industrial o al distrito de Red Presnya, pero sin ningún éxito. Aquello nunca caló entre la gente. Era el equipo del pueblo, de la gente oprimida, y al Estado aquella pieza de Tetris nunca le encajó correctamente. Curiosamente, el secretario general del Partido Comunista de la glásnot (‘apertura’) y la perestroika (‘reconstrucción’), Mijaíl Gorbachov, también era aficionado del Spartak. Se solía decir en la Unión Soviética que los niños eran seguidores del CSKA de Moscú mientras duraba su infancia, luego cumplían 18 años y eran llamados a filas obligatoriamente... En el ejército comprobaban la cruda realidad y dejaban de ser hinchas del CSKA para pasar a engrosar las filas de seguidores del Spartak.
 La relación de la KGB con el fútbol existió desde su inicio. En realidad, el cine y la literatura han inmortalizado estas siglas, quizá menos populares en la Unión Soviética, gracias a su pugna con la CIA. El Comité para la Seguridad del Estado, que es lo que significa KGB, surgió en 1954 pero antes fue lo mismo con otros muchos nombres: Cheka, GPU, OGPU, NKVD, MGB… El Dinamo de Moscú, el equipo del Ministerio del Interior, de la policía, fue fundado en 1923 por Félix Dzerzhinsky, fundador también de la Cheka, la organización de inteligencia política y militar cuyo único objetivo era eliminar y liquidar todo movimiento contrarrevolucionario. Depurar a los enemigos del régimen. En realidad, Dzerzhinsky rebautizó un club anterior que había sido fundado por dos empresarios textiles ingleses, los hermanos Charnock, y borró todo rastro previo.
El GPU, con su Dinamo ganó la primera liga soviética en 1936. Parecía claro quién movía los hilos dentro de la Unión Soviética y eso era lo que se reflejaba en los terrenos de juego.
 La memoria de Félix Dzerzhinsky, Félix de Hierro, es todavía venerada por los nostálgicos soviéticos y en el museo del FSB (aunque todo el mundo siga llamando a la agencia de inteligencia rusa la KGB) se exhiben su máscara mortuoria en bronce y su espartana mesa de trabajo… Todo lo contrario sufrió su estatua de homenaje, que fue derribada en la revuelta occidental contra el régimen gorbachoviano de 1991. No dejaba de ser un símbolo de la purga política. Ahora la monumental figura de hierro se encuentra relegada a un parque periférico con menos visibilidad, aunque dirigentes políticos actuales, vinculados a Putin, alaban públicamente a Félix Dzerzhinsky, pese a encabezar el Terror Rojo y ser la mano ejecutora de Stalin.
 El Dinamo de Moscú fue el primer club de fútbol que fundó el estado comunista. El director de la policía soviética más vinculado al fútbol fue, sin duda, Lavrenti Pavlovich Beria, que también fue presidente del Dinamo de Moscú, además de jefe del servicio secreto, el NKVD, hasta que murió ejecutado en 1953 condenado por ser un agente imperialista.
 Beria siempre estuvo obsesionado con el fútbol, deporte que practicó a buen nivel. El georgiano fue un extremo izquierdo (no podía ser otra cosa) durísimo, un perro de presa con grandes condiciones físicas. «¿Quizá un pelotón de ejecución sería una buena defensa?», le espetó al entrenador de su Dinamo de Moscú tras una derrota. No acabó ahí su reprimenda, le mandó seguir, investigar y hasta le encarceló sin motivo. Futbolistas que le habían plantando cara en el campo de fútbol o árbitros que le mostraron cartulinas amarillas en su época de jugador también sufrieron su ira cuando alcanzó el poder. Y eso que habían pasado décadas desde los incidentes en el terreno de juego.
Estatua de Starostin
Nikolai Starostin, extraordinario jugador de fútbol y de hockey hielo, fundó el Spartak para competir con el Dinamo que dirigía Beria. Ambos habían tenido sus más y sus menos ya de jugadores y por aquel enfrentamiento Starostin terminaría preso. Solamente el hijo de Stalin, Vasili, pudo sacarle de Siberia, aunque fuera para darse el capricho de que entrenara a su equipo. Para los oligarcas rusos, modernos o antiguos, tener bajo su mando un club de fútbol resulta irresistible. Aunque oficialmente figura como fundador del Spartak Ivan Artemiyev, a él le acompañaron un pequeño grupo de deportistas entre los que destacaban Nikolai Starostin y sus tres hermanos pequeños que fueron quienes verdaderamente impulsaron a la institución.

 Esa disputa deportiva, política y personal entre Beria y Starostin alcanzó su cénit en 1939. El Spartak y el Dinamo se enfrentaron en unas semifinales de Copa. El equipo del pueblo derrotó al del ministerio del interior en un derbi moscovita apasionante. Beria, fuera de sí, movió los hilos en la federación y borró todo rastro de la derrota de su equipo programando una repetición del choque, aunque el Spartak ya había ganado la final copera. Los rojiblancos volvieron a ganar la semifinal y el dirigente de la policía secreta intentó asesinar a Starostin, que tuvo que ser protegido por otras personalidades importantes de la cúpula dirigente del partido comunista y sobre todo por su popularidad. Hubiese sido un escándalo de dimensiones enormes.
Beria terminaría llevando a juicio a la estrella del Spartak, que fue detenida en 1942 junto con sus tres hermanos. Les acusaron de algo tan improbable como de conspirar para matar a Stalin. Pese a que el caso fue desestimado, Nikolai Starostin terminó diez años en un gulag siberiano acusado de hacer apología del deporte burgués. En 2003 se desclasificó un documento en el que se revelaba que la condena había sido en realidad por el robo y posterior venta a su beneficio de material deportivo en las tiendas que debía supervisar. Esos trapicheos a pequeña escala en el mercado negro soviético eran algo normal y Beria aprovechó cualquier excusa para condenarle. Incluso ordenó que borraran de los pies de fotos de la historia del Spartak a los cuatro hermanos Starostin, que pasaron a ser anónimos.
Cuando en 1948 el hijo de Stalin llevó de vuelta a Moscú a Starostin para entrenar a su equipo, el de las fuerzas aéreas soviéticas, el VVS, Beria montó en cólera y le dio 24 horas para huir de la ciudad. Vasili Dzhugashvili, el hijo de Stalin, y el mandatario de la policía secreta mantenían una pugna por el control del juego así que el exfutbolista se había convertido en un arma arrojadiza. El entrenador tenía que dormir en la misma cama que su protector, que además de contar con su guardia personal custodiando el domicilio se acostaba con una pistola debajo de la almohada. Así lo hicieron la primera noche con la amenaza de Beria impidiéndoles conciliar el sueño, luego la presión se fue relajando. Ya sin compartir cuarto, aunque sí la seguridad del domicilio del hijo de Stalin, Nikolai Starostin escapó por una ventana de su jaula de oro para ver a unos familiares y fue cuando la policía logró detenerle. Terminó de nuevo desterrado, en esta ocasión en Kazajistán, donde siguió entrenando con gran éxito. Cuando ejecutaron a Beria todos los hermanos Starostin fueron amnistiados y Nikolai se convirtió en seleccionador de la Unión Soviética, además de convertirse en presidente del Spartak hasta 1992.

LAS FUERZAS SIRIAS PRO- ASSAD. David Gonzales

Mientras Europa contempla cómo miles de refugiados sirios cruzan sus fronteras, otros tantos compatriotas continúan combatiendo en el país. Siria está devastada desde que estalló una rebelión contra el gobierno de Bashar Al-Assad, y cuatro años después la cosa no parece que vaya a mejorar. Parafraseando a un periodista que en 1990 escribió sobre la guerra civil mozambiqueña: “cuatro ejércitos mal alimentados y mal equipados se tambalean como boxeadores groguis en un punto muerto sin remedio”. En el ámbito diplomático, el presidente Al-Assad tiene el apoyo de Irán y Rusia pero, ¿qué otros aliados tiene sobre el terreno?
En rojo, las posesiones de los leales al gobierno, en verde las de la oposición, en amarillo los kurdos y en gris las posesiones de Daesh. Fuente: @arabthomness
En rojo, las posesiones de los leales al gobierno, en verde las de la oposición, en amarillo los kurdos y en gris las posesiones de Daesh. Fuente: @arabthomness
Los magníficos mapas que periódicamente cuelga en su cuenta de twitter el joven Thomas Van Linge permiten hacernos una idea de cómo está la situación en Siria. Y es que en apenas un año, el gobierno de Al-Assad ha perdido casi la mitad del territorio que poseía en enero de 2014. El rechazo de Occidente a darle apoyo militar y la guerra a tres y cuatro bandas son los principales motivos de la pérdida de poder de aquellos leales a Bashar Al-Assad y al Partido Ba’ath. Aun así, el presidente todavía tiene miles de combatientes a su favor sin contar al ejército sirio.
ARTICULO RELACIONADO: Estado islámico, el nuevo enemigo (Juan Pérez Ventura, Agosto 2014)

El FDN, pilar principal del bando pro-Assad

Las diferentes ramas del ejército sirio han quedado reducidas prácticamente a la mitad tras el estallido de la guerra civil en 2011, aunque aún siguen siendo una de las fuerzas más poderosas en este conflicto. La falta de personal –que no de material– obligó al gobierno a hacer un llamamiento a la población civil para que se enrolase, sin distinción de etnia, credo o sexo –véase el artículo del Telegraph publicaba un artículo sobre las “Leonas de la Defensa Nacional”, una brigada integrada única y exclusivamente por mujeres–.
Así pues, muchos cristianos, chiitas, drusos y alauíes se unieron a los Comités Populares para defender sus barrios de los sunitas. Los rebeldes los consideran guardianes de la minoría alauí, y tratan de convencer a las demás etnias de que sirven de carne de cañón para la minoría del presidente. Además, entre las filas del Ejército Libre se les conoce como shabiha (matones). Tal y como refleja el think tank Carnegie, el éxito de este cuerpo no se basa en un repentino fervor pro-gubernamental, sino en un plan urdido por el gobierno cuatro años atrás. Bashar Al-Assad, temiendo un efecto contagio de la Primavera Árabe, comenzó a distribuir equipamiento militar entre las familias leales al gobierno y a los desempleados más jóvenes, armando básicamente a la red clientelar que su familia y su partido mantenían desde la llegada al poder de Hafez Al-Assad, padre del actual presidente. Todo aquel que fuese susceptible de temer un levantamiento suní –minorías, ba’athistas, etc.– no dudó en enrolarse. En 2012 los Comités Populares, cuya función quedaba reducida a la protección de barrios y poblaciones, se unieron para formar las Fuerzas de Defensa Nacional, integradas a su vez al organigrama de las Fuerzas Armadas sirias. Algunas tribus sunitas también se unieron a las FDN aunque su aportación no es comparable a la aportación de alauitas o cristianos.
Como explica Jesús M. Pérez en su artículo “Lo que está en juego en Siria”, Irán vio en la creación de estas milicias una oportunidad para introducirse en la guerra y decidió mandar asesores de campo de la Guardia Revolucionaria para instruir a los milicianos de las FDN, convirtiéndolo en un cuerpo militar eficaz en la lucha contra rebeldes y yihadistas. Se calcula que este brazo del ejército tiene alrededor de cien mil efectivos y es considerado crucial en la supervivencia del régimen de Al-Assad.

El músculo del Partido

El Partido Ba’ath lleva en el poder 40 años combinando una serie de ideas panarabistas, socialistas y seculares que han logrado un gran apoyo entre la población alauí y las minorías religiosas sirias. Este apoyo se vio plasmado en 2012 en los batallones ba’athistas creados por Hilal Hilal, líder local del Partido en la ciudad de Aleppo, con la misión de ayudar a los soldados a defender la ciudad. Tal y como explica Aron Lund, editor de “Siria en Crisis” para el Carnegie Endowment for International Peace, las funciones de estos batallones eran las de apoyar al ejército en tareas de vigilancia y logística aunque el recrudecimiento del conflicto ha provocado su participación en algunos combates.
Desde la ciudad de Aleppo, las ramas locales del Partido fueron creando sus propias brigadas, especialmente en grandes urbes como Damasco, Latakia o al-Hasakah. Las cifras que barajan las fuentes más conservadoras bailan entre los 5.000 y los 10.000 efectivos.
Brigada Ba’athista en Al-Hasakah. Fuente: ARA News
Brigada Ba’athista en Al-Hasakah. Fuente: ARA News
Algunos medios como el Al-Monitor explican el éxito de este cuerpo a la hora de reclutar jóvenes suníes –cabe recordar al lector que esta etnia es una de las más beligerantes con el régimen y de donde salen los hombres que luchan para Daesh o el Ejército Libre–. Cuando el gobierno dio carta blanca a los combatientes en Alepo para enrolarse en las filas del ejército o en las milicias, los suníes prefirieron luchar en las milicias para así estar cerca de sus hogares y evitar servir bajo el mando de los alauitas, etnia que copa gran parte de los puestos más altos del ejército sirio. Esto ha hecho que actualmente gran parte de las brigadas ba’athistas estén compuestas por suníes.
El uso de fuerzas paramilitares por parte del Partido Ba’ath en Siria no es ninguna novedad puesto que el padre del actual presidente, Hafez Al-Assad, ya movilizó en la década de los ochenta a sus más leales seguidores para sofocar una rebelión islamista.

Alauitas y demás minorías

Sira es un país multiétnico poblado por alauitas, chiitas, suníes, kurdos, drusos… Todos ellos han vivido bajo una relativa paz hasta el estallido de la guerra civil, donde cada una de estas etnias se ha alineado con uno u otro bando. Los suníes representan más de la mitad de la población siria pero la etnia con más poder es la alauí, de la que forma parte Bashar Al-Assad, la cual tiene el control político y militar del país. Y son una rama chií. Junto con los levantinos –asirios, maronitas, etc.–, suponen un 20% de la población, la cual está concentrada en la parte occidental de Siria. Los kurdos se sitúan al norte y la mayoría de la comunidad drusa se encuentra en la provincia de Suweida. Las minorías, con excepción de los kurdos, están del lado gubernamental, especialmente, y como ya se ha escrito, los alauitas, los cuales ya han perdido 70.000 hombres en la guerra civil.
Población alauita en Siria y Turquía. Fuente: Wikicommons
Población alauita en Siria y Turquía. Fuente: Wikicommons
El presidente Al-Assad sabe que su etnia es el mayor apoyo que tiene en la guerra y que, como última solución, tal y como han apuntado algunos expertos, podría proclamarse un “Estado Alauí” como el que los franceses establecieron en los años 20 con tal de proteger su persona y su gente –más o menos como la República de Donetsk o la de Luhansk–.
La mayoría de los cristianos también está de lado del gobierno puesto que tanto Bashar, como su padre Hafez, han respetado su credo y el secularismo de las instituciones. El temor a una radicalización de un gobierno islamista como el que hubo con los Hermanos Musulmanes en Egipto o el que existe actualmente en una parte de Libia hace que muchos de los maronitas, árabes cristianos y levantinos apoyen y se alisten en las milicias pro-Assad aunque, como se puede suponer, también existen algunas comunidades que se han alineado con la oposición –no con el Daesh–, especialmente asirios.
Los drusos son un caso aparte. Mientras que sus líderes no apoyan a Bashar Al-Assad y las propias comunidades intentan evitar el reclutamiento de sus jóvenes por parte del ejército sirio, tampoco simpatizan con la oposición y, por supuesto, tampoco con el Estado Islámico. Sin embargo, su aislacionismo y aparente neutralidad se ha difuminado con la aparición del Daesh, el cual ha obligado a las comunidades drusas a organizarse en milicias para defender la provincia de Suweida. Así pues, el estatus de “neutralidad” que quieren mantener sus líderes cada vez está más escorado hacia Bashar Al-Assad. Los Ángeles Times calcula que hay 27.000 drusos en las fuerzas regulares y otros tantos en las milicias, con hermanos libaneses e israelíes –de los Altos del Golán–, ayudándoles. Dir al-Watan, que podría traducirse como el “Escudo de la Patria” es una de estas milicias pro-Assad que ha surgido en territorio druso con la irrupción de los yihadistas.

Brigadas internacionales y chiitas

El campo de refugiados de Nayrab, muy cercano a Alepo, aporta palestinos a la causa de Al-Assad. Asediado por los rebeldes, hizo que algunos de sus habitantes se posicionaran a favor del gobierno formando la “Brigada Jerusalem”. Su misión es defender el aeropuerto militar de la ciudad y el propio campo. Además de esta brigada, hay otros cuerpos de palestinos luchando integrados en las FDN como Al-Saiqa o Fatah al-Intifada, surgidos en otras zonas del país con gran número de palestinos.
También hay iraquíes y libaneses en las filas de Bashar Al-Assad. La situación que se vive en Irak es muy parecida a la siria, por lo que las facciones que luchan allí contra el Daesh han extendido sus tentáculos en territorio sirio, especialmente en las zonas chiíes, consiguiendo movilizar también a la población local, especialmente entre la población chií. La brigada Badr y la fuerzas de Hezbollah –tanto su rama libanesa como la iraquí, llamada “Kata’ib Hezbollah”– son las que tienen más repercusión, aunque hay media docena más que comparten situación y motivación. El propio Irán también tiene tropas desplegadas sobre el terreno; no sólo asesores militares sino también milicianos chiíes. La llamada de socorro de esta comunidad ha hecho que varias docenas de pakistaníes y afganos que profesan esta rama del Islam hayan sido vistos entre las filas de las milicias.
Milicianos de la Guardia Nacionalista Árabe en Damasco. Fuente: Brown-moses.blogspot.com
Milicianos de la Guardia Nacionalista Árabe en Damasco. Fuente: Brown-moses.blogspot.com
Por último hay que destacar a la Guardia Nacionalista Árabe, una milicia panarabista y secular que lucha contra el islamismo radical y rechaza la intervención occidental. Está integrada por ciudadanos de todo Oriente Medio y el Norte de África, especialmente Egipto, Palestina, Líbano y Túnez. Entre sus filas se puede observar retratos de Nasser, Saddam Hussein o el propio Bashar Al-Assad, todos ellos símbolos del panarabismo.

“Neonazis” y comunistas

And last, but not least. Aunque su relevancia en el campo de batalla no se puede comparar a las milicias mencionadas más arriba, las circunscritas a unos ámbitos políticos de extrema izquierda o extrema derecha llaman la atención a mucha gente.
El SSNP o Partido Nacionalista Social Sirio fue fundado por el griego-libanés Antoun Saadeh en 1932. Su ideología ultranacionalista y anti-sionista le granjeó muchos apoyos, convirtiéndose en una de las fuerzas políticas más importantes tras la independencia del país, aunque también ha provocado que las potencias occidentales y los demás partidos sirios hayan tachado a esta formación de neonazi. Aun así, actualmente está dentro del Parlamento sirio formando parte de la oposición “leal”, o sea, aquellos partidos que Bashar Al-Assad y el hegemónico Ba’ath permiten. En su larga historia el SSNP ha tenido enfrentamientos con éste último aunque la guerra civil y el surgimiento de un enemigo mayor les han posicionado de lado gubernamental.
Los combatientes de las milicias del SSNP llevan el símbolo del zawba’a o huracán rojo en sus ropas, siendo la mayoría de ellos cristianos o de otras minorías étnicas, los cuales ven en el discurso de este partido como un refugio contra el islamismo radical.
El secularismo en Siria y el respeto a las minorías también ha movilizado a los marxistas de noroeste, una zona dominada por el Ejército Libre, los cuales han formado Resistencia Siria o Muqāwamat al-Sūriyah. Fundada por Ali Kayali, cuyo verdadero nombre es Mihrac Ural, un turco con nacionalidad siria, tiene como objetivo proteger a las comunidades alauitas y chiitas de Daesh y los rebeldes. Aunque su número, menos de tres mil, no se puede comparar con el de las otras milicias, sí tienen una activa presencia en los medios y en la red, además de tener un supuesto apoyo por parte de algunos partidos de extrema izquierda europeos.
Ali Kayali (en el centro) rodeado de sus seguidores. Fuente: Joshualandis.com
Ali Kayali (en el centro) rodeado de sus seguidores. Fuente: Joshualandis.com
Así, como hemos podido ver, las fuerzas leales al gobierno están muy divididas y, aunque acaben ganando la guerra –cosa que parece plausible si finalmente Francia y Reino Unido se deciden a intervenir y Estados Unidos se sienta a negociar con Al-Assad– muchos expertos opinan que será muy difícil desarmar a tantos grupos y grupúsculos con ideologías y motivaciones tan diferentes.

Los Partidos Comunistas del Mediterraneo. Marcos Ferreira

El desarrollo de los partidos comunistas más representativos en la Europa mediterránea se vio siempre influenciado por las decisiones, estrategias y acontecimientos que sucedían en el bloque del este en general, y en la Unión Soviética en particular. La evolución del comunismo desde la década de 1970 en España, Portugal, Italia y Grecia se trata, sin lugar a dudas, de una historia de supervivencia. Curiosamente, una supervivencia en donde no el más adaptado a las circunstancias del momento sobrevivió, sino que fueron los elementos que menos adaptados estaban los que consiguieron sobrevivir a la hecatombe que para el comunismo supusieron los acontecimientos encuadrados entre 1989 y 1991.

Logotipos de los partidos que serán analizados en este texto. En la parte superior están las imágenes del Partido Comunista Italiano y el Partido Comunista Portugués, mientras que en la parte inferior están la marca del Partido Comunista Griego y el Partido Comunista Español

Cuando la revolución triunfó en el lugar menos esperado

En el año 1917 el Partido Comunista de la Unión Soviética, o como eran más conocidos en aquel entonces, el Partido Bolchevique, se hizo con los resortes del poder en el que hasta entonces había sido el Imperio Ruso. Con ello, el campo político e ideológico del comunismo dio un giro de 180 grados. Se suponía, siguiendo los escritos de la primera generación de escritores comunistas, entre ellos Karl Marx y Friedrich Engels, que la revolución debería triunfar en un país desarrollado industrialmente, principalmente en el Reino Unido o en Alemania. El hecho de que triunfase en un país atrasado desde el punto de vista capitalista como era la Rusia zarista, debió suponer una confusión para todos los teóricos y seguidores comunistas del momento. Pero lo que debió suponer con aún mayor fuerza fue un sentimiento de ilusión y alegría. La revolución proletaria por fin había llegado a un país y ahora sólo era cuestión de tiempo su extensión por el resto de Europa.
Con la ventaja del paso del tiempo, ahora sabemos que la revolución no se extendió masivamente por el mundo y que en algunos lugares llegó a través de armas que forzaban a la población, aunque sin querer esto negar la importancia del elemento autóctono en lugares como Yugoslavia, Albania, China o la República Checa. En aquel 1919 se intentaron varias revoluciones, principalmente en Alemania con la Revolución Espartaquista y en Hungría, con la República Soviética de Hungría liderada por Bela Kun.
Aquellas intentonas acabaron en un rotundo fracaso y con la aceptación de que la revolución a nivel mundial debería esperar para una mejor ocasión, la cual llegaría dos décadas años después – si los ortodoxos del comunismo permiten la licencia – en forma de Segunda Guerra Mundial y mezclada con llamamientos a la liberación nacional e intereses geoestratégicos soviéticos. Por consiguiente, en aquella época de entreguerras, la Unión Soviética el primer, y hasta el momento, único Estado del mundo liderado bajos postulados del marxismo, decidió afianzar su posición en el panorama internacional hasta que la situación para la expansión del comunismo por el mundo fuese más propicia.
Después del éxito de la revolución bolchevique, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) se convirtió en el líder del movimiento comunista mundial. La Tercera Internacional se puso en funcionamiento – fue creada oficialmente en 1915, aunque no tuvo su primer congreso hasta 1919 – y poco después se publicaron los veintiún puntos en los cuales se establecían qué condiciones debían cumplir todas aquellas agrupaciones que quisiesen tener un hueco en la nueva organización revolucionaria. Estos apartados tenían como principal objetivo marcar las pautas de desarrollo a través de las cuales los partidos comunistas del resto del mundo se desarrollarían.
El marxismo-leninismo había triunfado y ahora ese era el único camino, dejando de lado a otras posibilidades como el marxismo libertario o los socialdemócratas que en aquel momento aún creían en el socialismo, pero habían abandonado las pretensiones de alcanzarlo a través de la revolución. Por consiguiente, a partir de esos 21 puntos se creó en el campo comunista y marxista una división entre “ortodoxos”, que eran aquellos que seguían fielmente las pautas del marxismo-leninismo que eran marcadas por el PCUS, y los “otros” en donde entraban reformistas, comunistas de izquierda, etc. La Tercera Internacional o Internacional Comunista desapareció en 1943, pero eso no iba a significar una liberación de los partidos comunistas del mundo de las directrices soviética.
La II Guerra Mundial imprimió a los movimientos comunistas una legitimidad que hasta entonces nunca habían tenido, además de la oportunidad de alcanzar posiciones de poder. Era lo más cerca que el movimiento comunista estuvo de la revolución proletaria mundial. La mitad oriental de Europa pasaba a estar gobernada por partidos comunistas obedientes a Moscú. Además, parecía que en Grecia y en China las cosas podían seguir el mismo curso debido a que los partisanos comunistas estaban ganando terreno en ambos territorios.
Después de la II Guerra Mundial, un tercio de la población mundial estuvo bajo Estados dirigidos por élites comunistas que decían representar un modelo estatal diferente a aquel practicado por el capitalismo
Después de la II Guerra Mundial, un tercio de la población mundial estuvo bajo Estados dirigidos por élites comunistas que decían representar un modelo estatal diferente a aquel practicado por el capitalismo
Fue entonces cuando comenzaron a aparecer las primeras disensiones dentro del campo comunista en relación con la línea oficial que había que seguir. La Unión Soviética decidió no apoyar a los comunistas chinos que luchaban contra el ejército oficialista de Chiang Kai-shek, mientras que ordenó a Albania y a Yugoslavia que detuviesen su apoyo a los partisanos griegos. Stalin no tenía la más mínima intención de arriesgar su esfera de influencia y su glacis protector para la URSS por unos revolucionarios griegos y chinos, aunque a estos últimos los tuvo que aceptar ya que en 1949 las tropas de Mao Zedong obtuvieron la victoria y el control de China, a excepción de la pequeña isla de Taiwan.
No obstante, las relaciones con China se pudieron enmendar, aunque no fue así con las relaciones con Yugoslavia. En 1948 se produjo la ruptura entre Yugoslavia y el resto del campo comunista. Más allá de las razones que produjeron la ruptura, lo interesante para el caso que aquí se analiza es el hecho de que los comunistas yugoslavos emprendieron un camino diferente al de Moscú – el Socialismo Autogestionario – haciendo ver que las directrices de Moscú no eran las únicas para desarrollar el socialismo. No obstante, el punto de inflexión para la división del campo comunista en varias tendencias y corrientes llegó en 1956, con el informe secreto de Jruschov en el XX Congreso del PCUS.
Stalin había fallecido tres años atrás y las élites soviéticas decidieron suavizar los términos en los que la URSS se había desarrollado desde que el georgiano se hizo con el control a fines de la década de 1920. Este proceso, conocido como desestalinización, llevó a Jruschov a pronunciar un discurso en donde denunciaba, aunque fuese en términos parciales, la arbitrariedad y la dureza con la que Stalin había liderado a la URSS durante los últimos 20 años. Además, aunque fuese indirectamente, el reconocer errores en la gestión de Stalin también permitía a otros partidos comunistas revisar sus políticas e iniciar iniciativas relativamente autónomas e independientes, especialmente en aquellas zonas fuera del bloque soviético como China o la Europa occidental. Quizás pueda parecer contradictorio escribir que Jruschov facilitó la heterodoxia dentro del campo comunista si se consideran los acontecimientos de Hungría de 1956 o la construcción del muro de Berlín en 1961.
Sin embargo, esos acontecimientos se vieron motivados por motivos geopolíticos y geoestratégicos y no por cuestiones ideológicas. La represión de Hungría fue bastante reflexionada y sólo cuando estuvo claro que Imre Nagy quería salirse del bloque soviético las tropas del Pacto de Varsovia intervinieron, mientras que en el caso de Berlín, cambiar a las élites de la RDA mandaría un mensaje de debilidad sobre la capacidad de la URSS para gestionar sus asuntos dentro de su propia casa. Por consiguiente, la heterodoxia se permitió siempre y cuando no afectase a la posición estratégica de la URSS en Europa y así lo demuestran la política internacional autónoma de Rumania, el fracaso de los planes de división económica en el Comecon, la importancia de la Iglesia en la vida pública polaca, la aceptación de Yugoslavia como un modelo de socialismo alternativo o el hecho de que Albania rompiese relaciones con el bloque soviético para aliarse con la China de Mao tras la ruptura de esta con la URSS en la década de 1960. No obstante, sin lugar a dudas, donde más se noto esta manga ancha fue en los partidos comunistas de la Europa occidental, zona en la que Moscú no tenía ningún interés estratégico.

Los años en los que nos alejamos del Marxismo-Leninismo: el Eurocomunismo

Hablar de comunismo en la Europa occidental durante los años de la Guerra Fría es sinónimo de hablar del Partito Comunista Italiano (PCI) .Y hablar del PCI es lo mismo, al menos desde la década de 1970, de Eurocomunismo. Quizás parezca exagerado, pero el único partido comunista que alguna vez tuvo alguna oportunidad de lograr el poder en la Europa occidental fue el PCI. Ni el KKE (Partido Comunista Griego), ni el PCP (Partido Comunista Portugués), ni el PCE (Partido Comunista Español) jamás tuvieron la más mínima oportunidad de alcanzar el poder, a pesar de que fueron las principales fuerzas en resistir a las distintas dictaduras que se desarrollaron en los tres estados durante la Guerra Fría.
El PCI siempre había tenido una gran autonomía, especialmente en el campo cultural e intelectual, respecto a la línea marcada por la Unión Soviética. Aún así, durante las dos primeras década de la Guerra Fría, el PCI se mantuvo fiel al PCUS y no ejerció grandes críticas a los acontecimientos de Alemania 1953, Hungría 1956 y Alemania 1961. Sin embargo, el aplastamiento de la Primavera de Praga en 1968 fue manejado por los órganos comunistas italianos de una forma diferente. La chapucera solución de la Unión Soviética ante los acontecimientos en Checoslovaquia propició que muchos comunistas en la Europa occidental demandasen una diferenciación entre sus partidos y aquellos del bloque soviético. Así, la aparición y desarrollo del Eurocomunismo no fue un fenómeno únicamente italiano, sino que en él participaron otros partidos comunistas como el de España, el de Finlandia, el de Gran Bretaña o el de Austria. Sin embargo, sin el PCI, el Eurocomunismo no habría pasado de ser otra maniobra ideológica propuesta por partidos minoritarios o al margen de la legalidad.
“La amenaza roja” así es como apodaba la revista Time a Enrico Berlinguer
“La amenaza roja” así es como apodaba la revista Time a Enrico Berlinguer
En la adopción del Eurocomunismo tuvo gran importancia la figura de Enrico Berlinguer. El que quizás haya sido el más famoso de todos los secretarios generales del PCI, decidió que aquella cuestión de la dictadura del proletariado, del partido guía y la colectivización de los medios de producción no tenía ya cabida en Italia y en Europa Occidental, por lo que decidió poner sobre la mesa una propuesta en la que el PCI aceptase la democracia liberal, la OTAN, y la creación de una amplia convivencia de partidos para solucionar las cuestiones sociales, económicas y políticas. En resumen, el PCI renunciaba a todo aquello que suponía, no sólo el marxismo-leninismo, sino también el marxismo para convertirse en un Big Tent party . Y el giro ideológico funcionó a corto plazo, ya que en las elecciones de 1976 el PCI obtuvo los mejores resultados de su historia, quedando a apenas 4 puntos porcentuales de la Democracia Cristiana.
No obstante, aquel resultado no dejó de ser un oasis en medio del desierto que el comunismo y la izquierda más allá del socialismo pasaría desde la década de 1980 hasta el 2014 en el que Syriza venció las elecciones legislativas griegas, aunque no está muy claro si la victoria de Syriza será también un oasis en ese desierto. Sea como sea, lo que está claro es que durante la década de 1980 los resultados del PCI fueron cayendo, al igual que los del PCE que también se había sumado de manera entusiasta al Eurocomunismo. En el caso español, el PCE se integró en la segunda mitad de los ochenta en Izquierda Unida, mientras que el PCI desapareció en 1991 con un total de 177 representantes en la Cámara de los Diputados.
En rojo aquellas regiones donde el PCI obtuvo la mayor parte de votos a la Cámara de Diputados italiana, mientras que en blanco están aquellas regiones donde la Democracia Cristiana obtuvo la mayoría de los sufragios
En rojo aquellas regiones donde el PCI obtuvo la mayor parte de votos a la Cámara de Diputados italiana, mientras que en blanco están aquellas regiones donde la Democracia Cristiana obtuvo la mayoría de los sufragios
El Eurocomunismo fue un fracaso, no tanto por cuestiones endógenas sino por las exógenas. Así, la caída del bloque del este a fines de los 80 y comienzos de los 90 fue decisiva para deslegitimar el proyecto eurocomunista y los partidos que los representaban en la Europa occidental. El futuro estaba en el capitalismo neoliberal y en la democracia liberal y la única salida era aceptar el orden de las cosas y el ritmo de los tiempos para transformarse en socialdemócratas que aceptasen el orden neoliberal. Eso o convertirse en una agrupación de izquierdas más a la izquierda de los socialistas, pero que nunca tuviesen fuerza para convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda. No obstante, hubo una tercera salida, que fue la tomada por el PCP y el KKE.

Huyendo hacia adelante

En la reunión de partidos comunistas del año 1976 el campo del comunismo quedó dividido entre aquellos que seguían la doctrina marxista-leninista marcada por la URSS, y aquellos que deseaban alejarse de las directrices establecidas desde el Comité Central del PCUS. La mayoría de los partidos de la Europa occidental decidieron alinearse con las tesis eurocomunistas o bien como neutrales en la disputa entre ortodoxos y eurocomunistas. Los únicos partidos de la Europa occidental que se mantuvieron fieles a la línea marxista-leninista fueron el PCP y el KKE.
Mapa que refleja la división del comunismo tras la conferencia de 1976. Los países marcados en verde son los que se alejaron de la ortodoxia de Moscú. Los Estados en rojo los que siguieron alineados a los postulados del PCUS
Mapa que refleja la división del comunismo tras la conferencia de 1976. Los países marcados en verde son los que se alejaron de la ortodoxia de Moscú. Los Estados en rojo los que siguieron alineados a los postulados del PCUS
Ambos partidos siguieron alineados a la ortodoxia marxista-leninista incluso cuando está comenzó a ser desechada por Gorbachov en los años de la Glasnost y la Perestroika. Cuando el comunismo dejó de ser el sistema por el que una gran parte de Europa se regía, los partidos comunistas de ambos países mediterráneos debían afrontar una complicada situación. ¿Qué hacer? ¿Seguir los pasos de sus compañeros italianos y españoles y abrazar la socialdemocracia, o mantenerse fieles a sus principios y sobrevivir en la que se preveía una larga travesía por el desierto? Ambos partidos decidieron enrocarse en sus posiciones y sobrevivir lo mejor que pudiesen a la ofensiva neoliberal que les esperaba.
El camino no fue fácil, y menos en una Europa en donde el discurso dominante era aquel del fin de la historia, avance del capitalismo neoliberal a través del Tratado de la Unión Europea y de una sociedad menos ideologizada y con un pensamiento único en donde la política y la conciencia de clase tenían poco que decir. Sin embargo, ambos partidos consiguieron mantener a su base de votantes y militantes, consiguiendo así mantenerse a flote durante los veinte años que han transcurrido desde la caída del muro de Berlín hasta nuestros días. Más aún, ambos partidos han logrado mejorar sus resultados y por lo tanto aumentar su presencia en las instituciones, aunque de una forma marginal que ni tan siquiera le permite hacer algún tipo de sombra a los otros partidos de izquierda que tienen una posición dominante en la izquierda en sus respectivos países – el Partido Socialista en Portugal y Syriza en Grecia –.

¿Cuál es el futuro?

La situación del comunismo en la actualidad es muy diferente en los cuatro países recogidos en este artículo. Mientras que en Grecia y Portugal siguen existiendo partidos comunistas con una fiel base de militantes y un ligero aumento de simpatizantes, en España el PCE no es más otra fuerza dentro de una coalición que se debate entre la renovación o la desaparición. Aunque la situación más dramática para el comunismo se encuentra en Italia. No es que no existan partidos comunistas en Italia, pero estos son terriblemente minoritarios y sin relevancia alguna en la política y en la sociedad italiana.
Puede parecer una contradicción que haya sido en Italia en donde el comunismo haya sufrido más desde el fin de la Guerra Fría. Después de todo, el Eurocomunismo era una estrategia para adaptar el comunismo a los mecanismos de la democracia liberal y de la economía capitalista. Sin embargo, esa adaptación también se puede interpretar de otra manera. Cuando se renuncia a los principios básicos de la ideología en la que supuestamente se fundamenta el partido y se decide abandonar la movilización e ideologización de los militantes y simpatizantes, sucede que cuando todos los elementos están en contra es terriblemente sencillo abandonar el proyecto y bajar la cabeza, como sucedió con el PCI. Después de todo, ¿no tenía el PCI más fuerza a fines de 1980 en las instituciones y en la sociedad que el PCE, PCP y KKE juntos?
En Italia la importancia del comunismo es un solar, pero tampoco se puede decir que en el resto de los países mediterráneos aquí nombrados la situación no es mucho más halagüeña. En España y en Grecia, la hegemonía de la izquierda se la disputan otros, mientras que el KKE y el PCE – dentro de Izquierda Unida – no tienen ni los recursos, ni las estrategias y tampoco tienen el apoyo popular para poder disputar dicha hegemonía. El KKE tiene en Syriza un duro oponente con el que tiene que lidiar, mientras que Izquierda Unida tiene en Podemos y en el Partido Socialista a dos rivales que parece que son imbatibles para la organización en este momento. Aún así, la diferencia de ambos partidos es que el KKE tiene una base de militantes sólida que apoya al partido, tanto en los actos electorales, como en los actos de partidos y en las manifestaciones que el KKE o asociaciones afines a éste puedan convocar, algo que no sucede en el caso de Izquierda Unida, cuya base de militantes siempre ha sido fluctuante hacia el PSOE y ahora también hacia Podemos.
Tomando en consideración lo anterior, es posible que el único partido de los aquí analizados con una verdadera capacidad de crecer y discutir el liderazgo de los socialistas en la izquierda es el PCP. Habiendo conseguido mantener estable la base de militantes, el reto del PCP es aumentar dicha base, pero especialmente la de simpatizantes que vean en la hoz y el martillo portugués una verdadera alternativa política a los otros partidos del espectro político de la izquierda portuguesa, el Bloco de Esquerda y el Partido Socialista. Aunque, claro está, lo anterior no será algo sencillo y exigirá una estrategia a largo plazo en donde el PCP deberá abrirse más a la sociedad y a los medios de comunicación, al tiempo de establecer mayores lazos de colaboración con organizaciones de la sociedad civil con las que puedan tener puntos de vistas similares, asumiendo todos los riesgos que conlleva un aumento del flujo de información y la creación de alianzas con organizaciones independientes.
Sea como fuere y suceda lo que suceda, lo que sí que parece claro es que el comunismo en la Europa mediterránea deberá seguir sobreviviendo a la espera de mejores tiempos para volver a resurgir de sus cenizas, si es que dicho momento llega, algo imposible de asegurar en estos tiempos.

28 septiembre 2015

El proceso se frena con resultados agridulces

El resultado de Junts pel Sí es agridulce. La lista independentista ha ganado las elecciones pero se ha quedado lejos de la mayoría absoluta. La mitad de sus 62 escaños viene de Barcelona. Esa composición contrasta con la de Ciudadanos, que ha ganado 17 de sus 25 escaños en la provincia de la capital. También con la de la CUP, que gana siete de sus 10 escaños en Barcelona y que apenas tiene presencia en la Cataluña rural.

Ciudadanos ha sido la lista más votada en 11 municipios del cinturón rojo de Barcelona. Son lugares como Sant Boi, Castelldefels o Gavá donde se ha concentrado la inmigración de otros puntos de España y donde hasta ahora solía ganar el PSC.
El resultado ha sido muy distinto dentro de Barcelona. Junts pel Sí ha ganado en todos los distritos menos en el obrero Nou Barris. La lista independentista ha arrasado en distritos como Gràcia (46%), Eixample (44%), Sarrià (43%) o Les Corts (42%).

La suma de CiU y ERC ha rebasado la mayoría absoluta en todas las elecciones autonómicas desde 1980. Esta vez Junts pel Sí ha quedado lejos de traspasar esa barrera. En la lista se integran ERC y CDC pero no Unió, que ahora se ha desgajado de su socio de coalición.
En las elecciones autonómicas de 2012 las actuales fuerzas independentistas, CiU, ERC y la CUP, obtuvieron un total de 1.740.818 votos, que representan el 47,9% de los votos válidos y consiguieron 74 escaños. Los constitucionalistas, PSC, Partido Popular y Ciudadanos, recibieron 1.271.395 votos, que suponen el 35% del voto válido y 48 parlamentarios.
En la jornada de ayer las dos candidaturas independentistas, Juntos por el Sí y la CUP, sumaron 2.005.000 votos frente a los 1.771.000 votos conseguidos por PSC, PP, Ciudadanos y Unió. La distancia entre ambos bloques ha pasado de 470.000 votos en 2012 a los actuales 234.000. Los independentistas superan los 265.000 votantes, mientras que los constitucionalistas suben casi el doble; en 500.000 votantes. Las distancias se acortan.
La masiva participación de los catalanes ha permitido el avance del bloque constitucionalista en todos los factoresn votos, porcentaje y escaños, mientras que el frente independentista se frena.
En porcentaje de voto, los independentistas se estancan y pasan del 47,9% al 47,8%, lo que representa una bajada de 0,1% puntos porcentuales. Por el contrario, los partidos constitucionalistas remontan del 35% de 2012 al actual 41,9%, significando ello un incremento neto de 6,9 puntos, que contrasta con el agotamiento en porcentaje de los independentistas.
En cuanto a escaños, el bloque pro independencia baja de 74 diputados a 72, que son 2 menos, mientras que las candidaturas constitucionalistas suben de 48 a 52, mejorando su representación parlamentaria en 4 escaños.

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27 septiembre 2015

Henry Kamen - España y Cataluña Historia De Una Pasion

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Pincha en la foto para descargar el libro.
En este libro, el gran hispanista Henry Kamen, muy atacado por el nacionalismo español,  lleva a cabo una aguda reflexión sobre las relaciones históricas entre España y una de sus unidades constitutivas, Cataluña, centrándose en los sucesos acaecidos en 1714 y en la mitología que se ha generado sobre ellos. Porque, a lo largo de su historia, Cataluña ha sido víctima de ciertos procesos de desinformación fomentados por aquellos que prefieren no esforzarse en la comprensión de su pasado, que ha sido sistemáticamente distorsionado por ideólogos, políticos y periodistas que suelen basar sus discursos en información poco fiable.
Para Kamen, Cataluña no quedó aplastada ni reducida a la nada tras el 11 de septiembre de 1714,cuyo tercer centenario se conmemora ahora, sino que siguió siendo una región importante, próspera y floreciente, el territorio más rico de España. Así lo explica en estas páginas y así recuerda a los que perdieron hace tres siglos, unos hombres que compartían los mismos valores que la mayoría de los catalanes de hoy: la creencia en la unidad de España, pero también en la esencia y el carácter particular del pueblo catalán.

26 septiembre 2015

Quien es Raül Romeva "el bosnio".

Fue observador de la OSCE en los Balcanes, pintor aficionado y portero de waterpolo. Durante años Raül Romeva representó en Bruselas a un partido federalista de izquierdas y criticó con dureza a CiU. Ahora acompaña a sus líderes en la lista unitaria al Parlament. 

Raül Romeva i Rueda (Madrid, 1971) siempre se ha definido como “un culo inquieto” y la definición no le va mal a juzgar por su historial. Fue político, profesor de universidad, economista, doctor en Relaciones Internacionales, parlamentario, ensayista, novelista, ecologista militante, analista bélico, activista social, observador de la OSCE, nadador, buceador, portero de waterpolo, marinero, atleta, casteller, submarinista, patrón de barco, pintor aficionado y profesor de lambada. Su vida tiene tantos recovecos que no cabrían en los rótulos de una entrevista de televisión.
Y sin embargo por encima de todo Romeva es independentista. Una condición que ha puesto fin a 26 años al servicio de un partido (Iniciativa per Catalunya).

Romeva nació en Madrid porque allí estaban destinados sus padres, un profesor y una enfermera. Pasó su infancia en Aravaca y con nueve años llegó a Cataluña. La familia se instaló en Caldes de Montbuí, donde su padre regentaba una granja escuela. Aquella experiencia resultó decisiva para cultivar y alimentar dos de sus grandes pasiones: la literatura y la naturaleza. La primera le llevó a publicar ocho libros. La segunda, a afiliarse a un partido ecologista.
Durante su adolescencia empezó a soñar con ser capitán de barco después de ver los documentales de Jacques Cousteau. Todavía dice que le gustaría surcar el océano a bordo del Calypso. Su prolífica carrera política frustró su carrera como marino. También quiso ser deportista olímpico. Lo intentó con el atletismo pero se rompió el tendón de Aquiles del pie izquierdo. “La rehabilitación me llevó a la piscina. Los doctores me prescribieron nadar. Así llegué a entrenar con el seleccionador nacional de natación, el ya fallecido Paulus Wildeboer, en el CN Sabadell. Fue una de las mejores experiencias de mi vida”, recuerda.
Con 23 años empezó a trabajar para la UNESCO, donde le propusieron marcharse a Sarajevo como responsable del programa educativo y de Cultura de la Paz en Bosnia-Herzegovina. Entre 1996 y 1997 fue observador electoral de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en aquel país durante las primeras elecciones que se celebraron después de la guerra. Al terminar su trabajo, aprovechó para hacer su tesis doctoral sobre el conflicto balcánico. Romeva plasmó esas vivencias en cinco ensayos que se publicaron entre 1997 y 2003. Todos hablan de la última gran guerra europea del siglo XX, pero sobre todo de cómo prevenirla. En todos sus libros intenta aportar claves sobre el desarme y los retos pendientes en un territorio tan fragmentado y arrasado como la antigua Yugoslavia.
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Un culé en Estrasburgo

Acabada su etapa de emisario de paz en los Balcanes, arrancó la de europarlamentario. Su nombramiento tuvo lugar en 2004 y se integró en el grupo Verdes/ALE. Durante 10 años, su vida ha transcurrido a caballo entre Estrasburgo y Bruselas. Su hiperactividad laboral le llevó a convertirse en el parlamentario más trabajador de la Eurocámara. 595 intervenciones, 378 preguntas, 127 propuestas, 4 declaraciones y 2 informes es el bagaje de su paso por el Parlamento Europeo.
El eurodiputado convergente Ramon Tremosa lo define como un “súperpencaire”: en catalán, súpertrabajador. Se conocieron en Estrasburgo y aun defendiendo bandos distintos cuajaron una profunda amistad. “Romeva es una de esas personas a las que le confiaría mis tres hijos para que se los llevase de excursión por la montaña”, dice Tremosa, que ahora respalda a su amigo como candidato de la lista unitaria Junts pel Sí.
“Es todo lo contrario a la dogmática y sectaria izquierda española”, dice Tremosa. Escucha, comprende y argumenta. Sabe reconocer errores y exponer su punto de vista. A mí, por ejemplo, me hizo cambiar de opinión con respecto a la tasa Tobin”. La tasa Tobin es un arancel sobre las transacciones que proponen algunas fuerzas de izquierdas y que no encaja con la política económica de partidos conservadores como Convergència.
Tremosa subraya de Romeva su profunda hospitalidad y su rol de cicerone: “Recuerdo el día que llegué a Estrasburgo por primera vez. El Parlamento Europeo es enorme. Oriol Junqueras y yo íbamos tan perdidos que no sabíamos ni encontrar la puerta de entrada. Lo primero que hizo Romeva fue invitarnos a cenar a un self-service para explicarnos cómo funcionaba todo aquello, tan nuevo para nosotros. No importaba que defendiéramos intereses distintos. Estuvo disponible siempre que lo necesité. Mucho más que algunas personas de mi grupo. Recuerdo que Salvador Sedó, de Unió, nunca vino a mi despacho. ¡Y se supone que era de los míos! Lo que ocurre es que pertenecía al sector más españolista de Durán i Lleida. En cambio a Romeva lo encontraba en todas las causas”.
La más polémica llegó después de un Barça-Madrid que se jugó en enero de 2012: el central blanco Pepe le pisó la mano a Messi, el árbitro no lo vio, el comité de competición no lo sancionó… y Tremosa y Romeva elevaron la queja a la Comisión Europea.
“¿Cree la Comisión que estos hechos tan graves vistos por millones de personas y de niños (sic) deben quedar impunes?” decía la pregunta. Tremosa, que acabó retirando la pregunta, prefiere no hablar de aquel episodio “porque juntos hemos hecho cosas mucho más importantes e interesantes” pero recuerda: “Fue la única vez en mi vida que me sacó el Marca”.
GRA358. BARCELONA, 11/09/2015.- De iz. a der., Jordi Sanchez, Raul Romeva y Lluis Llach, en la manifestación con motivo de la Diada de Cataluña, hoy, en la calle Meridiana de Barcelona. La movilización, bautizada como la 'Vía Libre a la República Catalana" y organizada por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha avanzado desde el inicio de la Meridiana hasta el Parque de la Ciutadella, donde está el Parlament. EFE/Andreu Dalmau
Jordi Sanchez, Raül Romeva y Lluis Llach en la manifestación de la Diada de Cataluña. / ANDREU DALMAU / EFE

Cazas sobre Cataluña

Tremosa tampoco quiere referirse a otra cuestión que llevaron juntos y que generó cierta controversia. Ambos firmaron, junto a Maria Badia (PSC) una carta en la que solicitaban a la UE que impidiese una hipotética intervención militar del ejército español en Cataluña. Las maniobras de unos cazas en Lleida y las polémicas declaraciones de dos militares retirados y un eurodiputado popular (Aleix Vidal-Quadras) les llevaron a considerar que Cataluña podía ser invadida y que la UE debía evitar esa invasión.
“Los catalanes no están tranquilos cuando tienen varios cazas sobrevolando sus cabezas; eso nos provoca una gran incertidumbre”, defendió entonces Romeva. “Se ridiculiza usted solo”, respondió el periodista Carlos Herrera en un tenso diálogo que mantuvieron ambos en una entrevista en Onda Cero.
Tremosa asume la responsabilidad de la redacción de aquella carta: “Fue cosa mía; luego me encargué de convencer a Romeva y a la socialista Maria Badia para que firmasen”, reconoce el convergente.

Un taxi para dos

Precisamente Maria Badia es otra de las eurodiputadas con las que Romeva forjó una sólida amistad. Aparte del trato diario, lo que propició este fuerte vínculo fue un volcán de nombre impronunciable: Eyjafjallajökull: “En abril de 2010 se cerró gran parte del espacio aéreo europeo. Un volcán islandés entró en erupción y provocó una nube de ceniza que obligó a cancelar todos los vuelos durante varios días”, recuerda Badia, “Romeva y yo tuvimos que hacer en taxi el trayecto Estrasburgo-Barcelona. Nos pegamos diez horas de viaje de un tirón. Eso une mucho”.
A la eurodiputada del PSC no le ha sorprendido que Romeva acabe liderando la lista de Junts pel Sí. “En aspectos identitarios siempre se ha posicionado muy cerca de las tesis de ERC”. También reconoce que “el reto es arriesgado, porque en esa candidatura hay partidos con propuestas muy distintas en el ámbito social, pero todo obedece a la situación excepcional que vive el país”.
Otro de los asuntos que más se le recuerda al eurodiputado Romeva es su campaña para salvar el atún rojo. En 2009 empezó a solicitar que se prohibiera la pesca y el comercio de esa especie amenazada. Según decía, las políticas de la Unión Europea suponían “un certificado de defunción” para este túnido. “En 2048 habrá desaparecido del Mediterráneo si seguimos con este ritmo de pesca y sobreexplotación”.
Su constancia tuvo recompensa. El 23 de mayo de 2012, el Parlamento Europeo aprobó una serie de normas para reducir las capturas y reducir la pesca ilegal de atún rojo en el Atlántico oriental y en el Mediterráneo.
Algunos de sus compañeros en ICV explican con sorna que cada vez que ven a un diputado convergente pedir atún en un restaurante amenazan en tono jocoso: “¡Al Romeva vas!”.
El atún rojo es sólo un detalle. Romeva atacó muchas veces a sus colegas de CiU por defender políticas dañinas hacia el medio ambiente. “Si fuera por CiU”, dijo en junio de 2009, “Cataluña sería una gran autopista con centrales nucleares, construcciones y fábricas por doquier, y ni un árbol para dar sombra. Si quieren hacer demagogia, que no se erijan en los defensores de Cataluña”. Hoy los líderes de ese partido están en su lista.
(L-R) Junts pel si candidates, Catalonia's President Artur Mas, Oriol Junqueras, Raul Romeva, Carme Forcadell and Muriel Casals, put their hands together during a rally presenting the candidates of the coalition of pro-independence Catalan parties and civil societies at a campaign opening in central Barcelona September 11, 2015. REUTERS/Gustau Nacarino
REUTERS/Gustau Nacarino

La fe del converso

¿Qué hace entonces un socialista ecologista, tan crítico con Convergència, defensor de la tasa Tobin y del atún rojo liderando una candidatura que nombraría presidente al candidato de la derecha catalana? ¿En qué momento un eurodiputado que ha consagrado su vida a un partido federalista pasa a convertirse en la gran esperanza del independentismo catalán?
Según la versión oficial, la conversión de Romeva ocurrió hace poco más de medio año. El 2 de marzo de 2015 rompió el carnet de Iniciativa, el partido al que se afilió cuando cumplió la mayoría de edad. Se marchó por discrepancias con el modelo de país que aprobaron los suyos en la convención nacional del partido, que se celebró en marzo en Sabadell. Romeva, que nunca ha escondido su independentismo, entendió que su formación se equivocaba inclinándose por encajar Cataluña dentro de una España federal.
La moción se aprobó por un 87% de los votos y Romeva optó por marcharse. “Es una decisión dolorosa pero no la he tomado de la noche al día”, se justificó en su carta de despedida.
Antes de irse, tranquilizó al presidente de ICV, su amigo Joan Herrera. Le prometió que no formaría parte de ninguna otra lista, tal y como confirmó el propio Romeva en una entrevista a Catalunya Radio. No sólo empeñó su palabra con Herrera sino con toda la militancia del partido ecosocialista: dijo que no se presentaría como candidato con ningún otro partido.
Sólo cuatro meses después de su marcha, rompía su promesa igual que rompió su carnet: el 15 de julio era proclamado cabeza de lista de Junts pel Sí, la coalición conformada por Convergència, Esquerra y miembros de la sociedad civil. Romeva admitió entonces que le costó tomar esa decisión y que aceptó “por tratarse de un hecho excepcional y extraordinario”.
“Acepté dentro de ese contexto de excepcionalidad”, dijo al asumir la candidatura. “No podía dejar pasar la oportunidad de alcanzar un estado independiente a través de una revuelta de sonrisas contra un estado que ha apaleado a los catalanes con leyes injustas, multas millonarias y querellas indecentes”.
El nombramiento de Romeva chocó con las altas esferas de CiU pero la idea rondaba por su cabeza desde hacía tiempo. En 2008, cuando aún lucía cabellera, concedía una entrevista a Vilaweb en la que decía que en ICV “no se está hablando con tranquilidad del soberanismo”.
Cuatro años después en una entrevista para Televisió de Sant Cugat, la periodista Maria Xinxó se lo preguntó directamente: “¿Te gustaría liderar un proyecto independentista?”. Romeva (con la cabeza ya afeitada) dudó y acabó reconociendo: “Es complejo, pero si me preguntas si tengo ganas de hacer algo en ese ámbito, pues… sí. No te diré que no”.
Corría el año 2012 y Romeva estaba agotando su segundo y último mandato en la Eurocámara. Eran otros tiempos pero ya apuntaba maneras. Aún representaba a ICV en Bruselas pero en su grupo parecían adivinar qué camino seguiría: “Qué buen nacionalista eres”, le decía Ana Miranda, del BNG, cuando le veía empatizar con todas las causas nacionalistas que se presentaban en la Eurocámara.”Nunca me imaginé que fuese a acabar liderando una candidatura independentista”, dice la dirigente del Bloque. “Siempre lo vi muy comprometido con su partido”.
Miranda define a Romeva como “el anticasta” incluso en su forma de vestir: “Era de los pocos que no vestía de gris sino de color”. También destaca otro detalle: “Es uno de los pocos hombres que he conocido que se define como feminista convencido y que ejerce como tal”.
“Es el ejemplo de cómo debe ser un político por su capacidad de trabajo, su cultura, su humildad y su don de gentes”, dice Miranda. “Es una persona que escucha y que nunca impone sus opiniones. Es riguroso, trabaja desde las siete de la mañana, es joven y con una dilatada experiencia, habla varios idiomas… y además es guapo y no se lo tiene creído”. Esto último tiene mérito porque tenía motivos: a su despacho llegó más de una nota con la marca de unos labios pintados como única firma.
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CDC sí paga traidores

Su salida de ICV y su nuevo rumbo independentista han aumentado la popularidad de Romeva en Cataluña pero también le ha supuesto convertirse en una persona casi non grata en su antiguo partido. Nadie en ICV ha querido prestarse a participar en este perfil. “No estuvo en los debates previos a la convención del partido cuando diseñamos la hoja de ruta. Ni siquiera vino a la convención, pero unos días más tarde anunció que dejaba el partido por desacuerdos con esa hoja de ruta”, explican miembros del partido que no quieren desvelar su nombre.
El adiós de Romeva escoció en ICV. No tanto por su marcha en sí como por haber roto su promesa de no presentarse con ninguna otra lista. “Ha cambiado de equipo para hacer presidente a Mas”, contestaba lacónica recientemente la líder de ICV Dolors Camats.
Varios militantes ecosocialistas recuerdan que alguno propuso comer atún rojo durante una semana para protestar por su deserción.
Nadie sufrió más con el cambio de chaqueta de Romeva que su otrora amigo íntimo Joan Herrera. “Romeva se ha equivocado y me siento dolido”, repetía el presidente de ICV hasta la saciedad. Ambos mantuvieron un vínculo muy fuerte dentro y fuera de la política: una estrecha amistad, un negocio en común que fundaron sus respectivas parejas (la librería El pati dels llibres de Sant Cugat) y una trayectoria que se separó en el momento más decisivo: estas elecciones.
Herrera, que ya dijo adiós a la librería tras separarse de su pareja, se despidió entonces de uno de sus mejores amigos. “No me ha llamado”, lamentó. “Me tuve que enterar de su marcha porque nuestro jefe de prensa nos avisó del texto que había colgado. Lo llamé por teléfono y no me lo cogió. No hemos quedado e imagino que tendrá que pasar un cierto tiempo”.

‘Castellers’ en Sant Cugat

La posición que ocupa ahora Romeva ha provocado que pocos quieran hablar. Los ecosocialistas porque siguen dolidos con su marcha. Sus nuevos socios, porque no quieren perjudicarle. Lo mismo que sus amigos ajenos a la política. Por ejemplo, Gausacs, el grupo de castellers de Sant Cugat de la que Romeva forma parte. “Aunque ahora no venga por aquí, sigue siendo uno de los nuestros”, es lo máximo que alcanza a decir la presidenta de la entidad, que declina amablemente hablar “para evitar malentendidos y no molestar a Raül”.
Romeva es miembro de la entidad casi por casualidad. Entró por primera vez en el Centre Excursionista de Sant Cugat (local de ensayo de Gausacs) porque su hija quiso apuntarse. “Necesitaba saber, como padre, dónde estaba metiendo a mi hija. A los pocos días me propusieron formar parte de la colla y estoy encantado”, recordaba Romeva en la entrevista a la televisión de Sant Cugat. “Una de las cosas de las que estoy más orgulloso es de haberme cosido yo mismo el escudo de la entidad en mi camisa”, explicó.
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Precisamente sus dos hijos (Elda y Noah) fueron los principales motivos que esgrimió para dejar Bruselas y volver a Sant Cugat, su lugar de residencia actual. Dejó de dar vueltas por el mundo después de haber residido en Montpellier, París, Sarajevo, Bruselas y Estrasburgo.
La vida se presumía tranquila después de la Eurocámara. Tal vez disfrutar de su familia y volver a hacer travesías a nado o carreras de barcos en Menorca, como cada verano. También descansar allí escuchando Antònia Font, uno de sus grupos favoritos. Uno de sus temas preferidos es “Calgary 88”, que habla de una pareja de patinadores sobre hielo que gana el oro en una final olímpica… representando a España.
O quizás empezar otro libro. Los cinco primeros (publicados entre 1997 y 2003) fueron ensayos sobre el conflicto de Bosnia. Durante su etapa como eurodiputado se atrevió con el género de ficción para llenar las horas muertas. Aquellas noches de soledad en Bruselas resultaron fructíferas: desde 2012 viene publicando un título por año. En 2012 vio la luz su primera novela: “Sayonara Sushi”. El título engaña. No transcurre en Japón sino en Malta y Sushi es el apodo de la protagonista, una reportera de TV3. El argumento tiene que ver con sus batallas en el Parlamento Europeo: dos inmigrantes subsaharianos, cuya patera se acaba de hundir, salvan la vida encaramándose a la jaula de un barco pesquero.
¿Qué pescaba el barco? Efectivamente: atún rojo.
Su segundo trabajo de ficción llegó en 2013. “Retorn a Shambala” aborda otra de las obsesiones de Romeva: los conflictos energéticos. Una central nuclear que se desintegra vertebra todo el relato. La protagonista, como en su primera obra, vuelve a ser una periodista (además de nadadora). En todas sus novelas ha optado por una protagonista femenina con muchos rasgos propios de su carácter.
En 2014, entregado ya a la causa soberanista, publicó un libro electrónico sobre el proceso independentista. Som i serem una nació europea (i una carpeta incómoda). Catalunya vista des d’Europa. Es su vuelta al ensayo y aborda el proceso soberanista visto desde el exterior.
El 7 de septiembre estaba prevista la presentación de su noveno libro: Ponts de cendra (Puentes de ceniza), que tiene un poco de los ocho anteriores. Se trata de una novela  que transcurre en Bosnia: una historia de amor que acontece durante la guerra de los Balcanes. La editorial ha optado por retrasar la fecha de salida para no entorpecer la campaña electoral.
Por ahora, el libro tendrá que esperar. El descanso, también. Su catalanismo ha llevado a Romeva a emprender su aventura definitiva. Ya no será deportista olímpico ni se embarcará en el Calypso de Jacques Cousteau. Pero aún puede convertirse en el artífice de la independencia de Cataluña.

¿Unas elecciones más en Cataluña?.PTD

El 27 de Septiembre de este año van a celebrarse elecciones autonómicas en Cataluña que tendrán el objeto de elegir a los próximos diputados al Parlamento de Cataluña y el próximo gobierno de la Generalitat. Son las terceras elecciones en poco más de cuatro años, lo cual deja a la luz el transfondo de inestabilidad política en Cataluña, esta situación tiene sus causas en diversos factores, la crisis económica, la terrible situación social de las clases trabajadoras y populares catalanas, la corrupción política de los diferentes partidos que sostienen el “estabilishment” en Cataluña.
Sin embargo, ha sido la cuestión nacional la que ha marcado el panorama político catalán, polarizando a la sociedad catalana entre el apoyo o la oposición al proceso independentista que se está viviendo en los últimos años. Cataluña es una nación histórica que forma parte del Estado Español desde hace varios siglos. El nacionalismo catalán tiene manifestaciones principalmente políticas, por lo que es utilizado por la burguesía industrial catalana para lograr un compromiso con la oligarquía financiera española, incluida la catalana.
Las clases que han asumido con un mayor entusiasmo el nacionalismo han sido la pequeña-burguesía y las “capas medias” catalanas que han visto peligrar su estatus social y económico en diversas ocasiones por las acciones de los gobiernos centrales de España, esta pequeña-burguesía ha tenido diversas expresiones políticas siendo la más histórica la de Esquerra Republicana de Catalunya, (ERC) que en 1934 en un marco de lucha de clases convulsa e insurreccional, este partido dirigió una insurrección nacional cuyo motivo fundamental fue la aprobación de la Ley de Contratos de Cultivos por parte del gobierno reaccionario de Lerroux, que afectaba desfavorablemente a los pequeños campesinos catalanes, los “rabassaires”.
Desde la muerte de Franco, la burguesía catalana intervino en la llamada “Transición Española”[1].A través del Estado de las Autonomías la burguesía catalana obtuvo un amplio grado de autonomía política y económica con el Estado Español. Desde entonces la expresión política de la burguesía nacional catalana, Convergencia i Unió (CIU), ha participado como sostén fundamental del nuevo régimen oligárquico español bajo condición de un mejor trato y mejores condiciones por parte de su principal mercado y una mayor y mejor autonomía.
Este panorama se ha ido quebrando desde hace varios años por diversos desencuentros y divergencias políticas y económicas. En primer lugar, empezó con la anulación por parte del Tribunal Constitucional de una buena parte del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña que daba más competencias al gobierno autonómico en materias políticas, económicas y fiscales y definía a Cataluña como nación. Por su parte, el principal caballo de batalla de la burguesía nacional ha sido el “Pacto Fiscal”. Según esto Cataluña, por ser una Comunidad Autónoma más rica, pagaría más impuestos proporcionalmente que otras zonas del Estado Español. Por su parte la derecha nacionalista catalana ha enarbolado la bandera nacional para lograr sus fines, ha convertido el “pacto fiscal” en un agravio nacional y sus dirigentes no se han cortado a la hora de expresar declaraciones xenófobas y clasistas a la hora de señalar que “Cataluña está siendo expoliada” para seguir manteniendo a “andaluces y extremeños vagos”.
Por su parte el ala más reaccionaria de la oligarquía española (representada políticamente por el Partido Popular) ha rechazado totalmente el diálogo con las autoridades catalanas, sus medios de comunicación han iniciado una campaña “contra el separatismo” que, aunque según sus promotores no se dirigía contra el pueblo catalán, ha atacado elementos fundamentales de la cultura catalana y ha negado por activa y por pasiva al pueblo catalán su condición de nación. Una gran parte del pueblo catalán ha entendido esta campaña como una vuelta de la represión franquista (de la que este régimen y sus actuales gestores son herederos), contra los sentimientos nacionales y culturales catalanes. Esto ha provocado que las “clases medias” rurales y urbanas de Cataluña, así como un sector de la clase obrera, hayan virado hacia posiciones independentistas. La posición del gobierno central, en manos del Partido Popular, que se ha negado al diálogo y a permitir de manera legal la celebración de una consulta sobre la independencia.
Con esto las clases dominantes han intentado utilizar su vieja máxima, “divide y vencerás”, para intentar dividir a la clase obrera y a las capas populares en torno a los sentimientos nacionales. Esta última campaña electoral, así como  los anteriores comicios, ha girado en torno a la cuestión nacional y a la defensa u oposición sobre el proceso soberanista encabezado por el President Artur Mas. Los principales partidos y coaliciones que se presentan son los siguientes:
Las principales organizaciones políticas y sociales que apoyan el proceso independentista, a excepción de las CUP, se organizan en torno a la candidatura “Junts pel Sí”. Forman parte de esta candidatura las principales fuerzas políticas nacionalistas, Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) (que rompió la coalición con la democristiana Unió Democrática de Catalunya debido a la oposición de esta a la ruptura institucional que supondría el proceso soberanista) y Esquerra Republicana de Catalunya, así como a diversas asociaciones y movimientos sociales que apoyan la secesión de Cataluña y personalidades públicas. Esta candidatura está articulada en torno a la figura del actual President de la Generalitat y líder de CDC, Artur Mas (aunque el cabeza de lista de la misma sea, de iure, el exmilitante de ICV Raúl Romeva) y presenta un programa difuso centrado en el apoyo al “procés” y a la promesa de una Cataluña próspera e independiente en el seno de la Unión Europea y la OTAN.
Es una candidatura que representa los intereses de una parte de la burguesía catalana, así como gran parte de la pequeña-burguesía y los profesionales liberales, que ven su estatus económico amenazado por las acciones hostiles del gobierno central y su adscripción a un Estado Español perteneciente a la “periferia del sur de Europa”. Piensan que una Cataluña independiente libre de lastres y dentro de la Unión Europea prosperará hasta ponerse al nivel de los países del norte de Europa. Según los promotores de Junts pel Si, Artur Mas no aplicó las medidas anti-sociales y de austeridad en coherencia con la ideología neoliberal de su partido, sino debido a que no le quedaba otro remedio al ser estas políticas forzadas dentro del Estado español. Estas políticas de recortes no ocurrirían, según los propagandistas de Junts pel Sí, en una Cataluña independiente.
Por su parte, el Partit dels Socialistes de Catalunya, (PSC), federación catalana del PSOE, sufre una previsión de caída irremediable debido a sus posiciones “intermedias”: rechazo al proceso independentista pero defensa del diálogo y de la reforma del organigrama del Estado hacia un modelo federal. También ha sufrido debido a sus divisiones internas, la incapacidad de sus líderes y a que la oligarquía española (y la fracción de la burguesía catalana que apoya mantenerse dentro del Estado Español) lo han abandonado como partido viable para llevar a cabo sus intereses. Debido a sus vacilaciones y al papel que jugaron cuando gobernaron Cataluña con Pasqual Maragall y José Montilla, implementando recortes y medidas anti-sociales, han perdido el apoyo que antes gozaban entre la clase obrera catalana.
El Partido Popular de Cataluña es consciente de su debilidad debida a la percepción que el conjunto de la sociedad catalana tiene con respecto a la responsabilidad del gobierno central en el empeoramiento de las relaciones con Cataluña, así como la gestión general del gobierno del PP a favor de los intereses de la patronal y los grandes bancos en contra de las grandes mayorías sociales. Para ello el PP ha tirado la cara más “moderada”, representada por Alicia Sánchez Camacho, por otra abiertamente derechista promocionando a Xabier Albiol como candidato, el anterior Alcalde de Badalona que logró ganarse cierto apoyo de una parte de las capas populares de su localidad recurriendo a un discurso racista y anti-inmigrante. Su campaña se ha basado en el catastrofismo al que nos llevarían el “separatismo” y la “ruptura institucional”.
Ciudadanos (o “Ciutadans” como es conocido en Cataluña) representa la opción de la oligarquía española en Cataluña, así como de la burguesía catalana reacia a la independencia. Ha basado su campaña en el rechazo frontal al proceso independentista, mostrando de manera explícita su compromiso de permanencia de Cataluña en la UE y en España. Esta formación juega con el miedo de la posibilidad de que tras la independencia de Cataluña esta quede fuera de la UE, opción que ya han apoyado diversos líderes europeos, y las consecuencias económicas que esta situación podría conllevar a la sociedad catalana. Así mismo esta formación se presenta como la alternativa renovadora “sensata” opuesta tanto a los “partidos tradicionales” (PP-PSOE), como a los “nacionalismos excluyentes” (CDC-ERC) y a los “extremistas bolivarianos” (Podemos-IU-CUP). Un discurso que mezcla moderación, rechazo a la corrupción y “renovación”, en realidad oculta un programa claramente neoliberal que no se mueve un ápice de las recetas promovidas por los grandes centros financieros. A pesar de todo ello, y gracias a su supuesta “transversalidad ideológica”, ha logrado el voto en una parte de la clase obrera catalana.
Por su parte, las fuerzas del campo popular también se presentan divididas a esta cita electoral. El motivo ha sido principalmente la cuestión nacional, aunque tampoco hay que descartar otros motivos como diferencias de visión en temas tales como la pertenencia a la Unión Europea o el modelo social a construir. La implantación de estas fuerzas políticas estáfundamentalmente en los grandes centros urbanos de Cataluña, donde más se han desarrollado las luchas populares en los barrios contra las políticas de austeridad, los recortes, los desahucios.....
Catalunya Si es Pot es la principal candidatura de este tipo, se ha creado como candidatura que presenta un programa de “Unidad Popular” inmediato con medidas sociales moderadas y levemente anti-oligárquicas. El origen de esta lista está en las llamadas “candidaturas de unidad popular” que lograron un avance importante de las fuerzas democráticas y populares en el conjunto de la geografía estatal en las últimas elecciones municipales, destacando Barcelona en Común donde esta lista logró un triunfo importante llevando a la activista anti-desahucios Ada Colau a la alcaldía de la ciudad condal.
Forman parte de esta lista las fuerzas del reformismo estatal de Cataluña: Podem (la sección de Podemos en Cataluña), ICV, EUiA y Equo principalmente. Su candidato es un veterano activista social de Barcelona, Lluís Rabell. Su discurso político confronta tanto con las posiciones del nacionalismo catalán oficial, como con los partidos tradicionales: a los primeros los acusa de utilizar la bandera y los sentimientos nacionales para encubrir sus prácticas anti-sociales y neoliberales; a los segundos, de ser impulsores, junto a los primeros, de la política “austericida” que está lastrando a las clases populares y de querer afrontar el problema nacional catalán únicamente con la represión y la difusión de un discurso chovinista español. Presentan un programa minimalista de recuperación de los derechos sociales y democráticos perdidos durante estos últimos años, en la cuestíón nacional no son, por lo general, favorables a la independencia de Cataluña aunque si reconocen el carácter nacional del pueblo catalán y apuestan por permitir su derecho a decidir.
Esta candidatura deja de todas formas bastantes cabos sueltos, especialmente en torno a la cuestión de las relaciones con estructuras unitarias de imperialistas como la Unión Europea, de cuya reforma son partidarios. También tienen algunos de sus componentes una triste experiencia de gobierno en Cataluña, como es el caso de ICV en el “Tripartito” donde colaboró en la política de recortes y en la represión del movimiento popular. Es por eso que desde el Partido del Trabajo Democrático, pese a decantarnos por pedir el voto para esta candidatura (por ser una candidatura que defiende un programa anti-monopolista, no es partidaria de la independencia pero defiende el derecho a decidir), somos sumamente críticos con ella anunciando que las formaciones políticas de este tipo sin un movimiento obrero y popular que actúe de fiscalizador y un partido obrero que supere las contradicciones que los reformistas no pueden supercar ya que, debido a su errónea concepción de que puede transformarse el capitalismo mediante mayorías electorales en el marco del parlamentarismo burgués,, quedan limitadas a realizar pequeñas reformas sin cuestionar el sistema social. Además de remarcar las vacilaciones de estas formaciones para cumplir íntegramente su programa.
La Candidatura d'Unitat Popular (CUP) consiguió en las últimas elecciones al Parlament 3 escaños, y las encuestas electorales en estos comicios le dan cerca de 10 escaños. Esta fuerza formada por la confluencia de distintos grupos de la izquierda independentista defiende abiertamente principios como el anti-capitalismo, el anti-fascismo, la denuncia abierta de los organismos del imperialismo internacional, como son la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, y la solidaridad con los procesos anti-imperialistas y las luchas de liberación nacional. También se declaran abiertamente por la superación del capitalismo y por la construcción de una sociedad socialista, aunque desde una perspectiva pseudo-anarquista y asamblearia.
Pese a ser coincidentes en algunos aspectos y no dudar en las buenas intenciones de sus líderes , hay una cosa fundamental que nos separa: su visión acerca de la cuestión nacional. Según estos compañeros, firmes y entusiastas independentistas, Cataluña está viviendo una lucha de liberación nacional, por eso apoyan el proceso soberanista catalán, llegando a colaborar puntualmente con fuerzas de la derecha nacionalista catalana. Según esta visión, la independencia de Cataluña posibilitaría una oportunidad, debido a la ruptura con el Estado Español postfranquista, para iniciar un proceso revolucionario que de lugar a la construcción de una Cataluña “socialista y solidaria”.
Según análisis realizado anteriormente, Cataluña no es ninguna colonia , aunque percibe cierto grado de opresión política desde el Estado Español que se empeña en negar el hecho nacional catalán. La burguesía catalana ha colaborado y ha formado parte de la oligarquía española (fundiéndose con ella). Sus empresas y entidades financieras han participado directamente de la explotación que el imperialismo español han hecho en sus colonias y países dependientes (especialmente, América Latina). El actual proceso independentista deja al descubierto la fragilidad del imperialismo español y de las bases jurídicas en las cuales se asentaba el régimen de 1978.
Sin embargo, es sumamente erróneo que la independencia de Cataluña posibilite o ponga mejores condiciones para el desarrollo de un movimiento revolucionario. Este conflicto político está diseñado desde los principales actores para insuflar una conciencia nacional y chovinista en las masas obreras de Cataluña y de España, la polarización del voto entre Junts pel Si y Ciutadans es muestra de ello. Las masas obreras de Cataluña cuanto más imbuidas se encuentren de sentimiento nacional más difícil será para ellas desprenderse de la influencia de su burguesía, articular un movimiento obrero sólido y, principalmente, construir un partido político que represente sus intereses con verdadera independencia política.
Debemos denunciar todas las políticas que se planteen desde el gobierno central para reprimir el legitimo derecho a decidir su futuro por parte del pueblo catalán. No obstante debemos decir que si bien nosotros apoyamos el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos y naciones, también creemos que para lograr hacer algún día la revolución socialista en la Península Ibérica la clase obrera del Estado Español debe permanecer unida con independencia de su sentimiento nacional. Nos sería mucho más difícil a la clase obrera del resto del Estado hacer la revolución en un país sin su región industrial más importante y con la península inundada con la ideología chovinista.
Toda esta reflexión nos lleva a la conclusión de un hecho fundamental: Actualmente el proletariado español y catalán están huérfanos de referente político y actúan a la zaga de otras clases sociales que, en el caso que nos ocupa, utilizan el nacionalismo para fragmentar a los trabajadores y al pueblo enfrentándolos entre sí. La actual prioridad para las y los comunistas consiste en acelerar la necesaria reconstitución del partido de la clase obrera en España y Catalunya, logrando así articular una gran organización obrera que pugne por sus intereses y no por los de la burguesía nacionalista española y catalana o la pequeña burguesía y las capas intermedias. En ese sentido entendemos que la clase obrera es la única que puede resolver el problema nacional satisfactoriamente respetando el derecho de autodeterminación, combatiendo cualquier ejercicio de opresión nacional y de división entre trabajadores y, en definitiva, construyendo el único modelo de país que puede ser consecuentemente democrático: La República Democrática y socialista.

[1] Proceso histórico de cambios desarrollado durante los años 70, fundamentalmente políticos, que posibilitó a la oligarquía española aumentar considerablemente la base social de su régimen, cooptar o destruir las organizaciones obreras que habían luchado clandestinamente contra el fascismo e incorporar a España a las estructuras internacionales del imperialismo occidental, UE, OTAN, etc...