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26 septiembre 2015

Quien es Raül Romeva "el bosnio".

Fue observador de la OSCE en los Balcanes, pintor aficionado y portero de waterpolo. Durante años Raül Romeva representó en Bruselas a un partido federalista de izquierdas y criticó con dureza a CiU. Ahora acompaña a sus líderes en la lista unitaria al Parlament. 

Raül Romeva i Rueda (Madrid, 1971) siempre se ha definido como “un culo inquieto” y la definición no le va mal a juzgar por su historial. Fue político, profesor de universidad, economista, doctor en Relaciones Internacionales, parlamentario, ensayista, novelista, ecologista militante, analista bélico, activista social, observador de la OSCE, nadador, buceador, portero de waterpolo, marinero, atleta, casteller, submarinista, patrón de barco, pintor aficionado y profesor de lambada. Su vida tiene tantos recovecos que no cabrían en los rótulos de una entrevista de televisión.
Y sin embargo por encima de todo Romeva es independentista. Una condición que ha puesto fin a 26 años al servicio de un partido (Iniciativa per Catalunya).

Romeva nació en Madrid porque allí estaban destinados sus padres, un profesor y una enfermera. Pasó su infancia en Aravaca y con nueve años llegó a Cataluña. La familia se instaló en Caldes de Montbuí, donde su padre regentaba una granja escuela. Aquella experiencia resultó decisiva para cultivar y alimentar dos de sus grandes pasiones: la literatura y la naturaleza. La primera le llevó a publicar ocho libros. La segunda, a afiliarse a un partido ecologista.
Durante su adolescencia empezó a soñar con ser capitán de barco después de ver los documentales de Jacques Cousteau. Todavía dice que le gustaría surcar el océano a bordo del Calypso. Su prolífica carrera política frustró su carrera como marino. También quiso ser deportista olímpico. Lo intentó con el atletismo pero se rompió el tendón de Aquiles del pie izquierdo. “La rehabilitación me llevó a la piscina. Los doctores me prescribieron nadar. Así llegué a entrenar con el seleccionador nacional de natación, el ya fallecido Paulus Wildeboer, en el CN Sabadell. Fue una de las mejores experiencias de mi vida”, recuerda.
Con 23 años empezó a trabajar para la UNESCO, donde le propusieron marcharse a Sarajevo como responsable del programa educativo y de Cultura de la Paz en Bosnia-Herzegovina. Entre 1996 y 1997 fue observador electoral de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en aquel país durante las primeras elecciones que se celebraron después de la guerra. Al terminar su trabajo, aprovechó para hacer su tesis doctoral sobre el conflicto balcánico. Romeva plasmó esas vivencias en cinco ensayos que se publicaron entre 1997 y 2003. Todos hablan de la última gran guerra europea del siglo XX, pero sobre todo de cómo prevenirla. En todos sus libros intenta aportar claves sobre el desarme y los retos pendientes en un territorio tan fragmentado y arrasado como la antigua Yugoslavia.
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Un culé en Estrasburgo

Acabada su etapa de emisario de paz en los Balcanes, arrancó la de europarlamentario. Su nombramiento tuvo lugar en 2004 y se integró en el grupo Verdes/ALE. Durante 10 años, su vida ha transcurrido a caballo entre Estrasburgo y Bruselas. Su hiperactividad laboral le llevó a convertirse en el parlamentario más trabajador de la Eurocámara. 595 intervenciones, 378 preguntas, 127 propuestas, 4 declaraciones y 2 informes es el bagaje de su paso por el Parlamento Europeo.
El eurodiputado convergente Ramon Tremosa lo define como un “súperpencaire”: en catalán, súpertrabajador. Se conocieron en Estrasburgo y aun defendiendo bandos distintos cuajaron una profunda amistad. “Romeva es una de esas personas a las que le confiaría mis tres hijos para que se los llevase de excursión por la montaña”, dice Tremosa, que ahora respalda a su amigo como candidato de la lista unitaria Junts pel Sí.
“Es todo lo contrario a la dogmática y sectaria izquierda española”, dice Tremosa. Escucha, comprende y argumenta. Sabe reconocer errores y exponer su punto de vista. A mí, por ejemplo, me hizo cambiar de opinión con respecto a la tasa Tobin”. La tasa Tobin es un arancel sobre las transacciones que proponen algunas fuerzas de izquierdas y que no encaja con la política económica de partidos conservadores como Convergència.
Tremosa subraya de Romeva su profunda hospitalidad y su rol de cicerone: “Recuerdo el día que llegué a Estrasburgo por primera vez. El Parlamento Europeo es enorme. Oriol Junqueras y yo íbamos tan perdidos que no sabíamos ni encontrar la puerta de entrada. Lo primero que hizo Romeva fue invitarnos a cenar a un self-service para explicarnos cómo funcionaba todo aquello, tan nuevo para nosotros. No importaba que defendiéramos intereses distintos. Estuvo disponible siempre que lo necesité. Mucho más que algunas personas de mi grupo. Recuerdo que Salvador Sedó, de Unió, nunca vino a mi despacho. ¡Y se supone que era de los míos! Lo que ocurre es que pertenecía al sector más españolista de Durán i Lleida. En cambio a Romeva lo encontraba en todas las causas”.
La más polémica llegó después de un Barça-Madrid que se jugó en enero de 2012: el central blanco Pepe le pisó la mano a Messi, el árbitro no lo vio, el comité de competición no lo sancionó… y Tremosa y Romeva elevaron la queja a la Comisión Europea.
“¿Cree la Comisión que estos hechos tan graves vistos por millones de personas y de niños (sic) deben quedar impunes?” decía la pregunta. Tremosa, que acabó retirando la pregunta, prefiere no hablar de aquel episodio “porque juntos hemos hecho cosas mucho más importantes e interesantes” pero recuerda: “Fue la única vez en mi vida que me sacó el Marca”.
GRA358. BARCELONA, 11/09/2015.- De iz. a der., Jordi Sanchez, Raul Romeva y Lluis Llach, en la manifestación con motivo de la Diada de Cataluña, hoy, en la calle Meridiana de Barcelona. La movilización, bautizada como la 'Vía Libre a la República Catalana" y organizada por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha avanzado desde el inicio de la Meridiana hasta el Parque de la Ciutadella, donde está el Parlament. EFE/Andreu Dalmau
Jordi Sanchez, Raül Romeva y Lluis Llach en la manifestación de la Diada de Cataluña. / ANDREU DALMAU / EFE

Cazas sobre Cataluña

Tremosa tampoco quiere referirse a otra cuestión que llevaron juntos y que generó cierta controversia. Ambos firmaron, junto a Maria Badia (PSC) una carta en la que solicitaban a la UE que impidiese una hipotética intervención militar del ejército español en Cataluña. Las maniobras de unos cazas en Lleida y las polémicas declaraciones de dos militares retirados y un eurodiputado popular (Aleix Vidal-Quadras) les llevaron a considerar que Cataluña podía ser invadida y que la UE debía evitar esa invasión.
“Los catalanes no están tranquilos cuando tienen varios cazas sobrevolando sus cabezas; eso nos provoca una gran incertidumbre”, defendió entonces Romeva. “Se ridiculiza usted solo”, respondió el periodista Carlos Herrera en un tenso diálogo que mantuvieron ambos en una entrevista en Onda Cero.
Tremosa asume la responsabilidad de la redacción de aquella carta: “Fue cosa mía; luego me encargué de convencer a Romeva y a la socialista Maria Badia para que firmasen”, reconoce el convergente.

Un taxi para dos

Precisamente Maria Badia es otra de las eurodiputadas con las que Romeva forjó una sólida amistad. Aparte del trato diario, lo que propició este fuerte vínculo fue un volcán de nombre impronunciable: Eyjafjallajökull: “En abril de 2010 se cerró gran parte del espacio aéreo europeo. Un volcán islandés entró en erupción y provocó una nube de ceniza que obligó a cancelar todos los vuelos durante varios días”, recuerda Badia, “Romeva y yo tuvimos que hacer en taxi el trayecto Estrasburgo-Barcelona. Nos pegamos diez horas de viaje de un tirón. Eso une mucho”.
A la eurodiputada del PSC no le ha sorprendido que Romeva acabe liderando la lista de Junts pel Sí. “En aspectos identitarios siempre se ha posicionado muy cerca de las tesis de ERC”. También reconoce que “el reto es arriesgado, porque en esa candidatura hay partidos con propuestas muy distintas en el ámbito social, pero todo obedece a la situación excepcional que vive el país”.
Otro de los asuntos que más se le recuerda al eurodiputado Romeva es su campaña para salvar el atún rojo. En 2009 empezó a solicitar que se prohibiera la pesca y el comercio de esa especie amenazada. Según decía, las políticas de la Unión Europea suponían “un certificado de defunción” para este túnido. “En 2048 habrá desaparecido del Mediterráneo si seguimos con este ritmo de pesca y sobreexplotación”.
Su constancia tuvo recompensa. El 23 de mayo de 2012, el Parlamento Europeo aprobó una serie de normas para reducir las capturas y reducir la pesca ilegal de atún rojo en el Atlántico oriental y en el Mediterráneo.
Algunos de sus compañeros en ICV explican con sorna que cada vez que ven a un diputado convergente pedir atún en un restaurante amenazan en tono jocoso: “¡Al Romeva vas!”.
El atún rojo es sólo un detalle. Romeva atacó muchas veces a sus colegas de CiU por defender políticas dañinas hacia el medio ambiente. “Si fuera por CiU”, dijo en junio de 2009, “Cataluña sería una gran autopista con centrales nucleares, construcciones y fábricas por doquier, y ni un árbol para dar sombra. Si quieren hacer demagogia, que no se erijan en los defensores de Cataluña”. Hoy los líderes de ese partido están en su lista.
(L-R) Junts pel si candidates, Catalonia's President Artur Mas, Oriol Junqueras, Raul Romeva, Carme Forcadell and Muriel Casals, put their hands together during a rally presenting the candidates of the coalition of pro-independence Catalan parties and civil societies at a campaign opening in central Barcelona September 11, 2015. REUTERS/Gustau Nacarino
REUTERS/Gustau Nacarino

La fe del converso

¿Qué hace entonces un socialista ecologista, tan crítico con Convergència, defensor de la tasa Tobin y del atún rojo liderando una candidatura que nombraría presidente al candidato de la derecha catalana? ¿En qué momento un eurodiputado que ha consagrado su vida a un partido federalista pasa a convertirse en la gran esperanza del independentismo catalán?
Según la versión oficial, la conversión de Romeva ocurrió hace poco más de medio año. El 2 de marzo de 2015 rompió el carnet de Iniciativa, el partido al que se afilió cuando cumplió la mayoría de edad. Se marchó por discrepancias con el modelo de país que aprobaron los suyos en la convención nacional del partido, que se celebró en marzo en Sabadell. Romeva, que nunca ha escondido su independentismo, entendió que su formación se equivocaba inclinándose por encajar Cataluña dentro de una España federal.
La moción se aprobó por un 87% de los votos y Romeva optó por marcharse. “Es una decisión dolorosa pero no la he tomado de la noche al día”, se justificó en su carta de despedida.
Antes de irse, tranquilizó al presidente de ICV, su amigo Joan Herrera. Le prometió que no formaría parte de ninguna otra lista, tal y como confirmó el propio Romeva en una entrevista a Catalunya Radio. No sólo empeñó su palabra con Herrera sino con toda la militancia del partido ecosocialista: dijo que no se presentaría como candidato con ningún otro partido.
Sólo cuatro meses después de su marcha, rompía su promesa igual que rompió su carnet: el 15 de julio era proclamado cabeza de lista de Junts pel Sí, la coalición conformada por Convergència, Esquerra y miembros de la sociedad civil. Romeva admitió entonces que le costó tomar esa decisión y que aceptó “por tratarse de un hecho excepcional y extraordinario”.
“Acepté dentro de ese contexto de excepcionalidad”, dijo al asumir la candidatura. “No podía dejar pasar la oportunidad de alcanzar un estado independiente a través de una revuelta de sonrisas contra un estado que ha apaleado a los catalanes con leyes injustas, multas millonarias y querellas indecentes”.
El nombramiento de Romeva chocó con las altas esferas de CiU pero la idea rondaba por su cabeza desde hacía tiempo. En 2008, cuando aún lucía cabellera, concedía una entrevista a Vilaweb en la que decía que en ICV “no se está hablando con tranquilidad del soberanismo”.
Cuatro años después en una entrevista para Televisió de Sant Cugat, la periodista Maria Xinxó se lo preguntó directamente: “¿Te gustaría liderar un proyecto independentista?”. Romeva (con la cabeza ya afeitada) dudó y acabó reconociendo: “Es complejo, pero si me preguntas si tengo ganas de hacer algo en ese ámbito, pues… sí. No te diré que no”.
Corría el año 2012 y Romeva estaba agotando su segundo y último mandato en la Eurocámara. Eran otros tiempos pero ya apuntaba maneras. Aún representaba a ICV en Bruselas pero en su grupo parecían adivinar qué camino seguiría: “Qué buen nacionalista eres”, le decía Ana Miranda, del BNG, cuando le veía empatizar con todas las causas nacionalistas que se presentaban en la Eurocámara.”Nunca me imaginé que fuese a acabar liderando una candidatura independentista”, dice la dirigente del Bloque. “Siempre lo vi muy comprometido con su partido”.
Miranda define a Romeva como “el anticasta” incluso en su forma de vestir: “Era de los pocos que no vestía de gris sino de color”. También destaca otro detalle: “Es uno de los pocos hombres que he conocido que se define como feminista convencido y que ejerce como tal”.
“Es el ejemplo de cómo debe ser un político por su capacidad de trabajo, su cultura, su humildad y su don de gentes”, dice Miranda. “Es una persona que escucha y que nunca impone sus opiniones. Es riguroso, trabaja desde las siete de la mañana, es joven y con una dilatada experiencia, habla varios idiomas… y además es guapo y no se lo tiene creído”. Esto último tiene mérito porque tenía motivos: a su despacho llegó más de una nota con la marca de unos labios pintados como única firma.
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CDC sí paga traidores

Su salida de ICV y su nuevo rumbo independentista han aumentado la popularidad de Romeva en Cataluña pero también le ha supuesto convertirse en una persona casi non grata en su antiguo partido. Nadie en ICV ha querido prestarse a participar en este perfil. “No estuvo en los debates previos a la convención del partido cuando diseñamos la hoja de ruta. Ni siquiera vino a la convención, pero unos días más tarde anunció que dejaba el partido por desacuerdos con esa hoja de ruta”, explican miembros del partido que no quieren desvelar su nombre.
El adiós de Romeva escoció en ICV. No tanto por su marcha en sí como por haber roto su promesa de no presentarse con ninguna otra lista. “Ha cambiado de equipo para hacer presidente a Mas”, contestaba lacónica recientemente la líder de ICV Dolors Camats.
Varios militantes ecosocialistas recuerdan que alguno propuso comer atún rojo durante una semana para protestar por su deserción.
Nadie sufrió más con el cambio de chaqueta de Romeva que su otrora amigo íntimo Joan Herrera. “Romeva se ha equivocado y me siento dolido”, repetía el presidente de ICV hasta la saciedad. Ambos mantuvieron un vínculo muy fuerte dentro y fuera de la política: una estrecha amistad, un negocio en común que fundaron sus respectivas parejas (la librería El pati dels llibres de Sant Cugat) y una trayectoria que se separó en el momento más decisivo: estas elecciones.
Herrera, que ya dijo adiós a la librería tras separarse de su pareja, se despidió entonces de uno de sus mejores amigos. “No me ha llamado”, lamentó. “Me tuve que enterar de su marcha porque nuestro jefe de prensa nos avisó del texto que había colgado. Lo llamé por teléfono y no me lo cogió. No hemos quedado e imagino que tendrá que pasar un cierto tiempo”.

‘Castellers’ en Sant Cugat

La posición que ocupa ahora Romeva ha provocado que pocos quieran hablar. Los ecosocialistas porque siguen dolidos con su marcha. Sus nuevos socios, porque no quieren perjudicarle. Lo mismo que sus amigos ajenos a la política. Por ejemplo, Gausacs, el grupo de castellers de Sant Cugat de la que Romeva forma parte. “Aunque ahora no venga por aquí, sigue siendo uno de los nuestros”, es lo máximo que alcanza a decir la presidenta de la entidad, que declina amablemente hablar “para evitar malentendidos y no molestar a Raül”.
Romeva es miembro de la entidad casi por casualidad. Entró por primera vez en el Centre Excursionista de Sant Cugat (local de ensayo de Gausacs) porque su hija quiso apuntarse. “Necesitaba saber, como padre, dónde estaba metiendo a mi hija. A los pocos días me propusieron formar parte de la colla y estoy encantado”, recordaba Romeva en la entrevista a la televisión de Sant Cugat. “Una de las cosas de las que estoy más orgulloso es de haberme cosido yo mismo el escudo de la entidad en mi camisa”, explicó.
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Precisamente sus dos hijos (Elda y Noah) fueron los principales motivos que esgrimió para dejar Bruselas y volver a Sant Cugat, su lugar de residencia actual. Dejó de dar vueltas por el mundo después de haber residido en Montpellier, París, Sarajevo, Bruselas y Estrasburgo.
La vida se presumía tranquila después de la Eurocámara. Tal vez disfrutar de su familia y volver a hacer travesías a nado o carreras de barcos en Menorca, como cada verano. También descansar allí escuchando Antònia Font, uno de sus grupos favoritos. Uno de sus temas preferidos es “Calgary 88”, que habla de una pareja de patinadores sobre hielo que gana el oro en una final olímpica… representando a España.
O quizás empezar otro libro. Los cinco primeros (publicados entre 1997 y 2003) fueron ensayos sobre el conflicto de Bosnia. Durante su etapa como eurodiputado se atrevió con el género de ficción para llenar las horas muertas. Aquellas noches de soledad en Bruselas resultaron fructíferas: desde 2012 viene publicando un título por año. En 2012 vio la luz su primera novela: “Sayonara Sushi”. El título engaña. No transcurre en Japón sino en Malta y Sushi es el apodo de la protagonista, una reportera de TV3. El argumento tiene que ver con sus batallas en el Parlamento Europeo: dos inmigrantes subsaharianos, cuya patera se acaba de hundir, salvan la vida encaramándose a la jaula de un barco pesquero.
¿Qué pescaba el barco? Efectivamente: atún rojo.
Su segundo trabajo de ficción llegó en 2013. “Retorn a Shambala” aborda otra de las obsesiones de Romeva: los conflictos energéticos. Una central nuclear que se desintegra vertebra todo el relato. La protagonista, como en su primera obra, vuelve a ser una periodista (además de nadadora). En todas sus novelas ha optado por una protagonista femenina con muchos rasgos propios de su carácter.
En 2014, entregado ya a la causa soberanista, publicó un libro electrónico sobre el proceso independentista. Som i serem una nació europea (i una carpeta incómoda). Catalunya vista des d’Europa. Es su vuelta al ensayo y aborda el proceso soberanista visto desde el exterior.
El 7 de septiembre estaba prevista la presentación de su noveno libro: Ponts de cendra (Puentes de ceniza), que tiene un poco de los ocho anteriores. Se trata de una novela  que transcurre en Bosnia: una historia de amor que acontece durante la guerra de los Balcanes. La editorial ha optado por retrasar la fecha de salida para no entorpecer la campaña electoral.
Por ahora, el libro tendrá que esperar. El descanso, también. Su catalanismo ha llevado a Romeva a emprender su aventura definitiva. Ya no será deportista olímpico ni se embarcará en el Calypso de Jacques Cousteau. Pero aún puede convertirse en el artífice de la independencia de Cataluña.

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