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01 octubre 2015

Asalto al Cabo Krestoviy; Misión infantería naval soviética

El año 1944 fue el de la destrucción prácticamente definitiva del ejército alemán, tanto en el este como en el oeste; y si bien la operación en Falaise y la cabalgata hacia la “Línea Sigfrido” han sido algunas veces consideradas, en lo que a masificación de recursos y bajas y daños causados se refiere, equivalentes a las grandes campañas del frente del este, lo cierto es que el punto de comparación sigue en el este, en la lucha titánica que sostuvieron el “Ostheer” alemán y las fuerzas armadas de la Unión Soviética. Dicho esto, desde un humilde punto de vista esta es la gran pega que tiene el frente del este: su masificación, que nos obliga a hablar de cuerpos de ejército y de ejércitos, antes que de compañías y divisiones, escondiendo a menudo bajo el pesado manto de lo estratégico y operacional interesantísimas maniobras tácticas.

Sin embargo la historiografía ha evolucionado, las divisiones soviéticas han ido saliendo a la luz, y no solo ellas, sino que también han ido volviendo a la historia unidades muy pequeñas, prácticamente desconocidas, que, mucho más allá de las grandes formaciones de carros que tanto cautivan la imaginación, cumplieron misiones de película en situaciones tácticas complejas. Una de ellas fue el destacamento comandado por el Kapitan Barchenko-Emelianov, al que dedicaremos una larga serie de entradas.

I.- El Escenario.
Pongámonos en situación. Corre el año 1944, estamos en octubre y nos encontramos en el extremo más septentrional del frente del este. Un escenario tan septentrional, de hecho, que ha sido adjudicado al OKW, el organismo encargado de dirigir las operaciones en el frente del oeste. Nos referimos al –entonces- extremo norte de Finlandia, que tras la guerra pasaría a formar parte del Oblast de Murmansk, en la Unión Soviética. Allí se halla desplegado el 20. Gebirgs-Armee (que es el ejército alemán que opera en el centro norte del país nórdico), que debido a la paz firmada por  Finlandia con la Unión Soviética,  tiene que retirarse a Noruega; y para ello, debido a la escasez de vías de comunicación que crucen la tundra, es vital que el XIX Gebirgs-Armeekorps, su fuerza más septentrional, contenga a los soviéticos al este de Petsamo.

Estos, por su parte, han decidido tratar de atrapar y destruir a la mayor parte de las fuerzas alemanas antedichas; pero sobre todo, su objetivo es el XIX Gebirgs-Armeekorps, y para acabar con él consideran imprescindible cortar la carreta que lleva de Petsamo a Kirkenes -que es una de sus principales vías de suministro- más allá de su retaguardia. Una vez cercado, su destrucción completa no debería ser difícil.
La operación contra los alemanes, que empezará el 7 de octubre, había sido  planificada por los soviéticos en forma de doble pinza: por el sur las fuerzas terrestres, y por el norte las navales. En consecuencia, y para cumplir con su parte, la Flota del Norte del Admiral Golovko planificó una serie de desembarcos anfibios cuya finalidad era atacar a los alemanes en la retaguardia de su escasamente defendido flanco norte y bloquear sus vías de comunicación, retirada y suministro. Uno de estos desembarcos fue el previsto para el 12 de octubre, con el objetivo de tomar el puerto de Liinakhamari, en la bahía de Petsamo, al norte de dicha localidad. Sin embargo dicho puerto estaba defendido por una batería de costa de cuatro piezas de 150mm emplazadas en el Cabo Krestoviy, en el lado opuesto de la bahía, que podían causar una sangría entre las embarcaciones ligeras previstas para trasladar a las tropas de asalto. Esta batería debía ser eliminada antes del desembarco.
                     


II.- La fuerza
Para el asalto al Cabo Krestoviy el mando de la Flota del Norte soviética decidió reunir, en una sola fuerza, tropas provenientes de dos unidades bien distintas:
Infantería Naval de la Flota del Norte soviética. La proporción de armas semi-automáticas era muy alta en estas unidades.
–  El Destacamento de Reconocimiento de la Región defensiva del Norte. Era una fuerza de infantes navales veteranos con una buena cantidad de operaciones de reconocimiento en su haber, todas ellas ejecutadas durante los años anteriores en las costas ocupadas por los alemanes en Finlandia y en la URSS. Su jefe, desde junio de 1943, era el Kapitan I.P. Barchenko-Emelianov, quien también comandará la nueva fuerza compuesta.
–    Y el Destacamento de Reconocimiento de la Flota del Norte. Este estaba compuesto por marinos voluntarios, provenientes de diversas unidades de superficie y submarinos de la fuerza naval basada en Poliarnyi. Esta fuerza también tenía ya, en octubre de 1944, un gran historial de combate, pues había participado en varias operaciones encubiertas tras las líneas alemanas, tanto en Finlandia y la URSS, como en territorio noruego. Su jefe, el Starshiy-Laytenant V. N. Leonov,  era además un veterano de la unidad, a la que había llegado como voluntario procedente la flota submarina, para ir ascendiendo poco a poco, primero a oficial, en 1942, y luego a comandante del destacamento, puesto que ostentaba desde finales de 1943.
El total de combatientes reunidos ascendía a 195, de los que un centenar pertenecía a la primera de las unidades citadas, y los noventa y cinco restantes a la segunda.

III.- El Objetivo.
La unidad, a la que desde ahora nos referiremos con el nombre de Destacamento Barchenko-Emelianov, había sido reunida con el fin de enviarla    a destruir las cuatro piezas de 150mm que los alemanes habían emplazado en el cabo Krestoviy. Estos cañones no solo cerraban el acceso por la bahía de Petsamo hasta el puerto del mismo nombre, cuestión secundaria pues se esperaba tomar esta localidad desde tierra; sino que también controlaban el acceso directo al puerto de Liinakhamari, que estaba al otro lado de la bahía, y podían causar graves bajas, tanto a las embarcaciones que debían trasladar a la fuerza de desembarco como a las tropas, una vez desembarcadas.
El Cabo Krestoviy, visto desde la Bahía de Petsamo.
Además de destruir los cañones, los asaltantes iban a tratar de cumplir un segundo objetivo: engañar a los alemanes para que pensaran que el asalto principal se estaba efectuando en la orilla este de la Bahía de Petsamo y desguarnecieran la orilla oeste.
                        


IV.- El Plan y su Preparación.
No sabemos con precisión cuándo empezó a prepararse esta operación, pero si sabemos que desde que se empezó a preparar la ofensiva Petsamo-Kirkenes, en la primavera de 1944, la STAVKA había insistido mucho para que el Frente de Karelia y la Flota del Norte colaboraran estrechamente en la ofensiva, con lo cual es muy probable que ya desde el primer momento se empezaran a planificar los diversos desembarcos anfibios, incluido el de Liinakhamari y el que aquí nos interesa, que era una operación de apoyo al antedicho.

Lo que sí sabemos es que la fuerza fue reunida por primera vez  en torno al 11 de septiembre y que durante las cuatro semanas siguientes fue sometida a un entrenamiento intensivo que incluyó, entre otras muchas actividades, varios ensayos generales de la operación -que fueron llevados a cabo en los terrenos pelados de la península de Rybatchiy, muy parecidos a su objetivo-, y diversos ejercicios de coordinación con la Fuerza Aérea de la Flota del Norte, que se encargaría de apoyarlos.
Además, llevar a la fuerza hasta su objetivo se previó un traslado en dos fases. La primera fue el traslado por mar. Para ello, se decidió que la fuerza se uniría a otra mayor que había recibido la misión de desembarcar en la bahía de Malaia Volokavaia durante la noche del 9 al 10 de octubre para atacar por la retaguardia al Grupo Divisionario Alemán Van der Hoop. Mientras la fuerza principal tomaba tierra al este del Cabo Puneinenniemi el destacamento Barchenko-Emelianov lo haría al este para después marchar rápidamente, a través de la tundra, hacia el interior del territorio. La segunda fase consistiría pues una marcha por tierra hasta el objetivo, al que los hombres de reconocimiento debían llegar al anochecer del día 11 de octubre. Entonces esperarían la orden de ataque, pues si bien su jefe sabía qué debía destruir, no sabía cuándo debía hacerlo. Finalmente, si tenían éxito, esperarían hasta la noche del 12 para ser evacuados, seguramente a Liinakhamari con el fin de participar en el asalto a dicho puerto.

V.- El Viaje por Mar.
Acababa la tarde del 9 de octubre de 1944 cuando los hombres del Destacamento Barchenko-Emelianov fueron embarcados en tres embarcaciones: dos pequeños  cazasubmarinos y un torpedero; que de inmediato zarparon hacia su destino. En aquel momento el mar pertenecía a la armada soviética, al menos hasta la península de Varanger, y en consecuencia el viaje no tuvo incidentes dignos de ser reseñados hasta que llegaron a la bahía de Malaia Volokovaia.
A la 01:00 del 10 de octubre, las tres embarcaciones se separaron de la fuerza principal y cayeron a estribor para dirigirse al Cabo Punainenniemi, al que llegaron poco después. La oscuridad polar y una densa cortina de humo artificial cubrieron a los asaltantes, que a pesar de todo se vieron un tanto entorpecidos por el fuego de las baterías de costa alemanas, cuyos focos trataban de romper la oscuridad para localizar los blancos. Sin embargo todo ello tuvo poco efecto sobre los hombres de Barchenko-Emelianov, que consiguieron llegar a tierra sin bajas y perdiendo tan solo una de las seis radios que llevaban con ellos. Más duro resultó el desembarco para el 63er Batallón de Infantería Naval, la fuerza principal, pero esa es otra historia.

Para explicar un desembarco tan sencillo hay que entender que los alemanes no tenían efectivos suficientes para cubrir toda la costa con eficacia, de modo que la defensa de esta quedaba encomendada a núcleos de tropas de mayor o menor importancia que durante el día efectuaban patrullas y durante la noche se atrincheraban en los puntos defensivos, desde donde la artillería podía batir las playas, pero no más. A consecuencia de esto nuestros protagonistas consiguieron internarse en la tundra con relativa facilidad; lo peor vendría después.
VI.- El Viaje por Tierra.
La marcha, en dirección suroeste, fue durísima. El terreno apenas tenía vegetación, de modo que no había dónde esconderse en aquella región baldía, donde colinas calvas, cubiertas por grandes lajas de piedra, daban paso a barrancos por los que discurrían arroyos salvajes, y allí donde el terreno parecía suavizarse un poco, entonces los arribes de los cauces de agua se convertían en pantanales. A dos o tres kilómetros de la costa los lagos y la piedra quebrada dieron paso a una serie de líneas de elevaciones con cimas cercanas a los 300m de altitud (que puede parecer escasa, pero si tenemos en cuenta que los hombres venían de la costa y como era el terreno, muy quebrado, nos haremos una idea más cabal del tipo de ascensión que tuvieron que llevar a cabo).

Una visión un tanto artística de la infantería naval soviética

A las dificultades del terreno hay que añadir las inclemencias meteorológicas, un fuerte viento marino, que mantenía la temperatura en torno a los 0º, y, en algún momento de la noche, una tormenta de nieve, que se abatió sobre los marinos. Seguramente esta ayudó a ocultarlos de la observación alemana, pero sin duda sumó una incomodidad más a la dureza de la marcha, que aún iba a empeorar.
Al amanecer del día 10 de octubre la nevada se convirtió en una lluvia persistente, que borró el blanco del suelo y obligó a los hombres a quitarse sus blusones claros de camuflaje, pues así vestidos destacaban en exceso sobre el terreno marrón-gris de la tundra, con lo cual se incrementó su sensación de frío, y su incomodidad.

En esta foto, de un tirador, podemos apreciar lo importante que era un buen camuflaje blanco… en la nieve.

Fue por poco tiempo, sin embargo, pues en cuanto el sol, no demasiado intenso, del otoño ártico, inició su escaso ascenso, el destacamento se detuvo. El día era el reino de las patrullas alemanas, y su misión no era arrastrarse en diversos combates con diversos grupúsculos de enemigos, que podían retrasarlos, sino llegar al Cabo Krestoviy sin ser localizados. En consecuencia, se escondieron en una serie de cuevas rocosas, huecos y refugios diversos (no hay que olvidar que se trataba de 195 hombres) para pasar el día. Empapados, helados y cansados, si descansaron seguramente no fue mucho. Sin embargo se trataba de tropas veteranas, entrenadas y motivadas, y su capacidad para el combate no decayó.

En este plano de la campaña soviética se puede analizar la ofensiva soviética junto con el asalto a Liinakhamari, en la Bahía de Petsamo.

La noche del 10 al 11 de octubre vio a nuestra columna recorriendo de nuevo la tundra. Con tanto cuidado como esfuerzo, consiguieron avanzar 15km en las 18 horas de oscuridad y semioscuridad que siguieron, hasta que el amanecer del día 11 los obligó a refugiarse de nuevo, en esta ocasión en una zona de densos matorrales al sur del Lago Sisajarvi. Sin embargo el tiempo apremiaba y durante la jornada del 11 van a permitirse solo un descanso, antes de seguir avanzando bajo la luz crepuscular del otoño ártico. Justo al anochecer llegarán a un pequeño cabo de tierra que se adentra en la Bahía de Petsamo. Desde él pueden ver tanto su destino, el Cabo Krestoviy, silueteándose hacia el sur; como el puerto de Liinakhamari, que se halla al otro lado de la bahía. Sin embargo aún les queda un obstáculo físico que superar: un elevado acantilado vertical, que tardarán seis horas en descender. Ya es e noche cuando llegan al lugar desde el que asaltarán la posición alemana.

VII.- Los Instantes Previos.
El sistema de comunicaciones mediante radio que implementaron los “grupos especiales” soviéticos en el ártico estaba basado, durante la ruta de aproximación, en al menos dos contactos al día; luego, durante la acción, el ritmo se incrementaba hasta un contacto cada dos horas.
Sin embargo, la frecuencia de los contactos no significaba que los mandos sobre el terreno tuvieran en sus manos toda la información; así fue, al menos, en este caso. Aunque gracias a la concienzuda planificación y a los intensos entrenamientos ejecutados durante la fase de preparación Barchenko-Emelianov había partido de su base con un conocimiento preciso de su objetivo, había dos cosas que no conocía: su función como parte de una operación de mayor envergadura, y la fecha y la hora a la que iba a tener que atacar.

Ruta aproximada tomada por los soviéticos en su fase de aproximación al objetivo por tierra.

La primera cuestión es especialmente importante porque, en virtud de las tropas empleadas por los soviéticos –una mezcla de destacamentos diversos y voluntarios- para el asalto a Liinakhamari, se ha planteado la posibilidad de que esta fuera una operación improvisada. Sin embargo, si tenemos en cuenta que la misión de Barchenko-Emelianov llevaba gestándose desde hacía más de un mes, hay que llegar a la conclusión que la operación, en su conjunto, llevaba prevista desde hacía tiempo, y en consecuencia no se improvisó.
Por otro lado, el hecho de que el Kapitan Barchenko-Emelianov no supiera que su misión formaba parte de una acción mayor, y su desconocimiento de la hora y el día precisos para ejecutarla –aunque seguramente algo debió sospechar si tenemos en cuenta la fecha de su desembarco y el tiempo de traslado previsto- eran medidas de seguridad básicas, del tipo habitualmente empleado por los soviéticos para ocultar sus intenciones militares. En caso de ser capturado por los alemanes, poca información iba a poder darles.


Vista del extremo norte del cabo, donde se ubicaron las baterías alemanas.

Cuando en las primeras horas nocturnas de aquel 11 de octubre el Kapitan conectó con el Cuartel General Avanzado de la Flota del Norte, sito en la Península de Sredniy, se le informó finalmente de la importancia de su acción dentro del marco de la operación contra Liinakhamari, averiguó también el momento en que iba a tener que atacar: sería aquella misma noche, sin tiempo para descansar.
Antes de atacar el Kapitan Barchenko-Emelianov reunió a los jefes de su destacamento para explicarles su plan, darles las pertinentes órdenes verbales y soltarles la inevitable arenga.
Para el asalto a las posiciones alemanas en la península, la fuerza fue divida en tres partes:
–          El Destacamento de Reconocimiento de la Flota del Norte de Leonov, en el ala izquierda, recibió como objetivo la batería de cuatro piezas antiaéreas situadas en la parte sur del cabo.

Vista oblícua del cabo en la que se puede ver el acantilado. Los soviéticos tuvieron que bajar de noche, escalando; por otro lado, la oscuridad y las malas condiciones atmosféricas impidieron que los alemanes los detectaran.


–          Una de las dos secciones del Destacamento de Reconocimiento de la Región Defensiva del Norte, en el ala derecha, fue enviado a atacar la batería alemana, que se hallaba a la orilla del agua, en el extremo norte del cabo, con órdenes de neutralizarla.
–          Y en el centro, finalmente, las dos secciones restantes del destacamento recibieron la orden de atacar y tomar el punto defensivo, dotado con blocaos y trincheras, que se hallaba en el centro del cabo, a unos 300m al norte de la posición de la batería antiaérea, y que guardaba el acceso a la batería.
Una vez orientados los hombres, las tres fuerzas se separaron, y empezó el lento avance hacia los objetivos.

VIII.- Asalto: la noche del 11 al 12.
Parece que hay dudas sobre quien disparó la bengala que dio inicio al asalto. Pero si es cierto que cuando la señal luminosa se alzó en el cielo, los hombres de Leonov, por ejemplo, aún se estaban arrastrando bajo la pantalla de alambre de espino que protegía las piezas antiaéreas. Es incluso posible que fueran los propios alemanes quienes, por alguna razón, la dispararan. Si fueron ellos, desde luego, no se esperaban lo que se les venía encima, porque fueron sorprendidos por completo.

Posiciones alemanas y ejes de asalto soviéticos. Debido a la falta de fuentes más concretas, todos ellos son aproximados.

Leonov y sus hombres no tardaron en abrir brecha en la alambrada y lanzarse al asalto, matando y expulsando a los artilleros alemanes en un combate cuerpo a cuerpo para el que estos no estaban en absoluto preparados. Sus búnkeres y sus piezas fueron tomados con rapidez, y pronto estas fueron giradas contra sus antiguos dueños, quedando servidas por los ex-artilleros soviéticos que se habían incorporado, tiempo atrás, al destacamento de Leonov. Fue una suerte, porque los alemanes contraatacaron inmediatamente.
En el punto defensivo sito en el centro de la península, las cosas tampoco fueron mal para los atacantes. Tras una breve refriega los alemanes supervivientes, y algunos hombres más que habían llegado retirándose desde la batería antiaérea, se retiraron a toda prisa hacia los cañones de 150mm, que se hallaban al norte del cabo. El Kapitan Barchenko-Emelianov, que se hallaba personalmente con este destacamento, no tardó en establecer allí su puesto de mando.

El pie de esta foto de los años 70 indica que estas son algunas de las posiciones alemanas en el extremo norte del cabo. En todo caso, el terreno coincide.

La sección que atacó la posición de los cañones, que era el objetivo principal, sin embargo, no tuvo tanta suerte. Los alemanes estaban bien posicionados en trincheras y búnqueres, sitos detrás de largos tendidos de alambre de espino, desde los que consiguieron repeler el primer asalto soviético, que tenía como misión tomar la batería desde tierra. Tras el rechazo de este ataque frontal los asaltantes cambiaron de maniobra, destacando un pequeño grupo de tropas para que rodearan la batería por el oeste y atacarla siguiendo la orilla rocosa. Fueron las propias fuerzas de la naturaleza las que se encargaron de frustrar este intento; cuando la marea subió, los atacantes tuvieron que retirarse.


Cañones antiaéreos alemanes de 88mm. La posición es muy similar a la del Cabo Krestoviy.

¿Y los cañones? ¿Conseguirían poner en peligro el asalto previsto para la noche siguiente? Lo cierto es que la situación de los cañones tras fracasar el asalto a la batería es un tanto misteriosa, pues las fuentes no se aclaran. Algunas indican que los alemanes los destruyeron, mientras que Leonov alegó en todo momento que estos estaban disparando contra su posición, junto a las piezas antiaéreas, en apoyo de uno de los contraataques alemanes. El argumento es importante, como luego veremos.
Mientras tanto, incapaz de tomar la posición de la artillería, Barchenko-Emelianov se puso en contacto con sus superiores y les informó de lo que estaba pasando.
IX.- Asalto: el 12 de octubre.
La situación, al alba, era la siguiente.
En la batería antiaérea, la fuerza comandada por el Starshiy-Laytenant Leonov llevaba toda la noche sometida a furiosos contraataques, ejecutados mayoritariamente por fuerzas alemanas que habían cruzado por mar desde Liinakhamari en pequeñas embarcaciones. Esto  ya suponía cierto éxito para la misión soviética, pues habían conseguido debilitar la guarnición de la ciudad al otro lado de la bahía. Los insistentes ataques alemanes disfrutaron, además, del apoyo de fuego indirecto suministrado tanto por las baterías costeras sitas en Liinakhamari como, tal vez, por la que estaba en el extremo norte del Cabo Krestoviy.

El contraataque alemán, durante la mañana del 12.

Las bajas causadas a la fuerza de Leonov por estos contraataque fueron tan importantes que esta, finalmente, fue incapaz de seguir resistiendo y de conservar las piezas de 88mm, y se retiró a una colina cercana, aunque no sin llevarse los cierres de las culatas de los cañones, dejándolos inutilizados.
El punto defensivo central, ocupado por Barchenko-Emelianov y las dos secciones que lo acompañaban también sufrió, a lo largo de la mañana, una serie de duros contraataques. Sin embargo, en este caso, los alemanes fueron contenidos; en gran parte gracias al auxilio de la aviación naval soviética, que llevó a cabo diez ataques aéreos en cuatro horas, y también, de paso, soltó sobre las posiciones de los marinos varios contenedores con munición y provisiones, que fueron muy bien venidos. No fue el único apoyo recibido: la artillería de largo alcance establecida en la Península de Srednii también actuó, ejecutando varios fuegos de contrabatería y de apoyo, aunque casi al límite de su alcance.

La leyenda de esta foto indica que se trata de Semion Agafonov, Héroe de la Unión Soviética. Se trata de uno de los sargentos del destacamento Leonov.

A mediodía la posición central había quedado asegurada definitivamente, y Barchenko-Emelianov se permitió enviar una de sus secciones y dos escuadras en apoyo de Leonov, que con estos refuerzos pudo lanzar el asalto que retomó la batería antiaérea. Al atardecer esta, y un buen tramo de la orilla adyacente, estaban en manos soviéticas. Con esto no solo habían recuperado las piezas antiaéreas, sino que también bloquearon el acceso de eventuales refuerzos provenientes del otro lado. Algunos grupos aislados de alemanes fueron capturados, mientras que otros consiguieron retirarse hasta la batería de 150mm, en el norte del cabo, a la que ahora nos referiremos.


Tropas soviéticas desembarcando de una pequeña embarcación. Muchas de las empleadas en el ártico por ambos bandos fueron de este tipo.

Allí apenas hubo acción durante la jornada. Los soviéticos habían sido rechazados y no tenían hombres suficientes para renovar el ataque. Los alemanes, por su parte, tampoco lanzaron desde allí contraataque alguno, con lo cual, el lugar más importante de la batalla, el objetivo principal, quedó en el limbo. No deja de tener lógica, sin embargo, que los atacantes se preocuparan por consolidar sus líneas antes de conquistar una posición que pudiera ser perdida inmediatamente después, con fuertes bajas.
Al anochecer, salvo algún disparo esporádico, todo había quedado tranquilo.

X.- El Asalto: la noche del 12 al 13 de octubre.
Entre las 23:00 y las 24:00 del 12 de octubre una fuerza “ad hoc”, compuesta por alrededor de 660 voluntarios, se lanzó, en tres oleadas, al asalto del puerto de Liinakhamari. La artillería de costa alemana sita en el Cabo Krestoviy no intervino y la segunda misión encomendada al destacamento Barchenko-Emelianov quedó así cumplida. Los artilleros alemanes se habían enfrentado a sus  propios problemas y, o bien debido a la destrucción de sus piezas, o bien gracias a la presión de los comandos, no habían sido capaces de actuar contra los atacantes, al otro lado de la bahía.

Tropas alemanas circulando por el pelado paisaje ártico, escoltan a una columna de prisioneros soviéticos.

También durante esa noche, el Kapitan Barchenko-Emelianov recibió refuerzos: una compañía de infantería naval del 63er batallón, el mismo que había desembarcado en la bahía de Malaia Volokavaia en la noche del 9 al 10; y una sección de las tropas enviadas a asaltar Liinakhamari, cuya torpedera había quedado fuera de combate en la bahía y que había tenido que vadear hasta la orilla más cercana.
Sin embargo el líder de los asaltantes decidió no emplear estas fuerzas para lanzar un nuevo asalto contra la posición de los cañones, sino que, con toda seguridad más sabiamente, seleccionó a uno de los oficiales alemanes que habían caído en sus manos y lo envió a la batería para que obtuviera la rendición de los defensores. Tal vez el oficial si estaba al tanto de la llegada de los refuerzos, o tal vez fuera muy convincente, porque lo cierto es que poco antes del amanecer los 78 oficiales y soldados que guarnecían la posición de la batería, se rindieron.

XI.- El asalto al Cabo Krestoviy, conclusiones.
Sin duda esta no fue la única acción de este tipo ejecutada por los soviéticos durante la guerra. Sin dura ni siquiera fue la más importante, pero fue un buen ejemplo de todas ellas, y hay varias cuestiones reveladoras que puede merecer la pena comentar.


Tropas soviéticas desembarcando en la costa. Muchas de las operaciones anfibias que ejecutaron se parecieron a esto.


En primer lugar, la fusión de las dos unidades 30 días antes del asalto fue un acontecimiento poco ordinario que, sin embargo, revela no solo la capacidad de planificación, sino también la capacidad de improvisación y la flexibilidad que para entonces había adquirido el pensamiento militar soviético. Abundando en esta línea, es interesante señalar que la elección de un terreno similar a aquel en el que se llevaría a cabo el asalto como campo de entrenamiento también es reveladora del cuidado con que tanto la flota como el ejército soviéticos estaban planificando sus operaciones; estamos muy lejos de los asaltos furiosos, a doble o nada, apenas sin preparar, de los primeros meses de la guerra.
Además, el desembarco de la fuerza en un punto relativamente alejado de su destino, aprovechando otra operación de mayor tamaño como cobertura; el traslado de la fuerza por tierra, atreviéndose a cruzar un terreno muy difícil para llegar hasta el cabo Krestoviy; y el concepto mismo de la operación, destinado a destruir una amenaza potencial mientras se distraía la atención de los defensores del auténtico objetivo; fueron una prueba importante de la capacidad para pensar complejamente que los estados mayores soviéticos habían adquirido durante más de tres años de guerra.


Otra vista del Cabo Krestoviy y de la bahía. Petsamo quedaría al fondo, y Liinakhamari en la ensenada en el borde derecho de la foto.

XII.- Epílogo.
Estos combates significaron, prácticamente, la última acción de guerra de los hombres de la fuerza de Barchanko-Emelianov. Los únicos que volvieron a embarcar con destino a una tierra teóricamente enemiga fueron los hombres del Destacamento de Reconocimiento de la Flota del Norte, que fueron enviados hacia Vardo, en la península de Varanger, el 30 de octubre. La unidad desembarcó a 20 km al sur de la localidad, pero en su camino hacia ella solo encontró civiles contentos de recibirlos; los alemanes ya habían abandonado el lugar, destruyendo el puerto y su equipamiento, y abandonando los depósitos de comida, material y armas pequeñas que tenían en la ciudad.
Los hombres de Leonov se lo entregaron todo a los noruegos, y se sentaron a esperar el relevo.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

muchos de esos heroes acabaron muriendose de hambre en los gulags, acusados de todo tipo de pecados. unos campeones de las libertades siempre los comunistas ultranacionalistas rusos, en particular el renegado georgiano.

Anónimo dijo...

tu eres nacionalista vasco, cierto??

Anónimo dijo...

claro, la duda ofende.

Anónimo dijo...

A q te refieres, primer anonimo?