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23 octubre 2015

El marxismo y la cuestión nacional


Resultado de imagen de marx engels leninCentrados, fundamentalmente, en resolver los problemas inherentes a la emancipación social de la clase obrera, Marx y Engels no elaboraron de forma sistemática una teoría del nacionalismo. No obstante, tal teoría se puede deducir, tanto de la metodología del materialismo histórico, como de las posiciones de los clásicos del marxismo sobre los problemas de Irlanda, Polonia, Hungría, Italia, Alemania, &c. Preocupados por la actitud de los trabajadores ingleses ante los obreros irlandeses, Marx y Engels elaboraron su posición ante la causa nacional irlandesa, sintetizándola en el lema: «No puede ser libre un pueblo que oprime a otro».
Analizando las consecuencias políticas de la revolución democrático-burguesa, que se manifestó en buena parte de Europa durante 1848, Marx y Engels escribieron: «Ante el proceso revolucionario desencadenado en Europa durante 1848, nos vemos obligados a precisar nuestras opiniones sobre el problema nacional.» Tales posiciones –según los especialistas marxistas en el tema del nacionalismo Haupt, Löwy y Weill– coinciden con las de la izquierda europea , para la que la Revolución burguesa, debido a su intento de promover la liberación y unificación de las naciones oprimidas, debía de apoyar su causa. En el proceso de desarrollo de las revoluciones democrático-burguesas, que eclosionó en 1848, la izquierda era entonces nacional, y ser nacional en Europa era ser de izquierdas, en la medida en que realizar la unidad nacional suponía romper el sistema político surgido del Congreso de Viena y de la Santa Alianza.

Para tales autores marxistas –Haupt, Löwy y Weill– el rechazo de la abstracción es lo que caracteriza la posición de Marx y Engels sobre el problema nacional. Así difieren de la concepción liberal del derecho a la autodeterminación. Según tales autores, Marx y Engels rechazaron la aplicación de tal derecho como principio absoluto, circunscribiendo su alcance y su puesto entre los objetivos del movimiento obrero. Según los casos, minimizan o acentúan el valor instrumental de un principio percibido siempre a través de la dinámica revolucionaria. Es antinómico del principio de las nacionalidades –que ignora por completo la gran cuestión del derecho a la existencia nacional de los pueblos o naciones de Europa– tal y como la formularon tanto Napoleón III como Bakunin–, pese a que toda nación es un hecho natural que debe disponer sin reservas del derecho natural a la independencia, de acuerdo con el principio de libertad absoluta.
La concreción de Marx y Engels Por el contrario, en los clásicos del marxismo, la concreción es muy precisa. El derecho a la autodeterminación ,
1) Está circunscrito únicamente a las nacionalidades históricas.
2) Tiene un valor subordinado a la lucha por la emancipación de los trabajadores.
En consecuencia, durante esta etapa del desarrollo de las concepciones de Marx y Engels, la denominada «cuestión nacional» es sólo un problema subalterno cuya solución se produciría, simultáneamente, por el desarrollo económico y las transformaciones sociales que de él se derivarían. Por ello, Haupt, Löwy y Weill describen los rasgos esenciales de esta fase del desarrollo de las concepciones de Marx y Engels sobre la cuestión nacional. Así:
1) La posición de Marx y Engels sobre el problema nacional no descansa sobre una certidumbre absoluta
2) Está circunscrita exclusivamente a las grandes naciones históricas.
3) Tiene un valor subordinado a la prioridad de la lucha por la emancipación de los trabajadores.

Naciones históricas y naciones sin historia
Aunque en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels utilizaron la famosa frase «Los obreros no tienen patria» –como dura crítica de la marginación política y social en que habían sido sumidos los trabajadores– y de sus planteamientos internacionalistas, no por
ello dejaban de constatar que el proletariado se convierte en clase nacional al asumir su función emancipatoria. Por otra parte, el ámbito natural de la lucha de clases es el del Estado-nación.
Para Marx, la nación moderna es la constituida por una sociedad global amplia, que se basa en la integración de una amplia superficie territorial y de una población considerable; integración realizada mediante una fuerte industria, unas comunicaciones y unos transportes desarrollados, así como en la participación en un amplio mercado nacional común a todas sus regiones. La nación funciona y está dotada de una continuidad histórica como tal, a partir de la interdependencia de las distintas clases implicadas en el funcionamiento de un sistema económico determinado. Según esta concepción marxista, las tradiciones nacionales son unos fenómenos reales. Reflejan el desarrollo económico de la sociedad, las relaciones de clases en los diferentes periodos, y las características especiales, posiblemente únicas, de la historia de cada país. Según Maxime Rodinson –uno de los tratadistas más destacados de los temas nacionales– «Así se presentan las naciones modernas que interesaban a Marx y Engels, o sea, esencialmente, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, España, los EEUU y Rusia». A juicio de Rodinson, «Marx estableció una clara conexión entre estas concepciones y su teoría fundamental de las clases sociales, a través de la 'clase nacional' o de la 'clase dirigente'. En cada periodo de la historia de un pueblo, existe una clase que, al servir a sus intereses particulares sirve a los intereses generales de la nación. Así, en la estructura de la teoría marxista, esta concepción tiene la ventaja de conciliar el hecho evidente de que la nación está dotada de una cierta unidad y persigue unos determinados objetivos comunes», precisa Rodinson.

Al considerar a las naciones como unas categorías históricas, como un marco de la acción, Marx y Engels hicieron entrar sistemáticamente el problema nacional en la evolución social general. Desde esa perspectiva, consideraban que el valor de las aspiraciones nacionales estaba en función de la situación de cada nación. Es cierto que, en general, eran hostiles a la opresión nacional, como a las restantes formas de opresión, partiendo de la idea de que el concepto de libertad no es divisible, y de que existe una interconexión entre todas las libertades y todas las opresiones. Sin embargo, más que en esta idea –que se aplicará al problema nacional a partir de 1860– con su célebre frase «No puede ser libre un pueblo que oprime a otro, Marx piensa al principio en virtud de una determinada concepción del desarrollo económico. El marco del progreso social es para Marx la gran unidad económica. Sólo así podrá completarse el progreso económico y sólo así también la unificación geográfica, vinculada a las condiciones económicas, podrá provocar una cierta debilitación, una desaparición progresiva de las diferenciaciones nacionales. Al razonar de ese modo, Marx se refiere a un proceso de evolución histórica que ha caracterizado a algunos países europeos entre 1789 y 1848. Partiendo de tales presupuestos, Marx considera interesante apoyar las reivindicaciones nacionales que vayan en el sentido de lograr grandes unidades económicas y políticas, al mismo tiempo que restaba toda relevancia histórica a las reivindicaciones de las pequeñas entidades nacionales, cuyos valores, esencialmente desintegradores, de las convenientes grandes unidades nacionales.

La excepción de Polonia
En la misma perspectiva económico política, y porque se basa en el ejemplo de los países industrializados o en vías de industrialización, Marx se interesa por las aspiraciones de los países desarrollados donde existe un gran proletariado, o tiene posibilidades de crecer, rechazando, en general, las aspiraciones de las naciones de base campesina. Sin embargo, existe una excepción: la Polonia agraria, por la que muestra un gran interés. La razón es la de que Polonia se opone a Rusia, ya que Marx considera que el régimen zarista de Rusia constituye la gran reserva de la reacción europea. Por consiguiente, la lucha nacional de los polacos reviste un carácter revolucionario. Entonces Marx destacaba, además, el permanente interés que los revolucionarios europeos mostraban por la causa nacional polaca.

Marx y Engels sobre la nación
Maxime Rodinson en sus trabajos sobre marxismo y nacionalismo, (La cuestión nacional y El marxismo y la nación) sostiene que Marx no es nacionalista, a la manera del romanticismo alemán o la del Tercer Mundo actual. Para Marx, la nación no es un dato primordial, más o menos profundamente anclado en la naturaleza, predestinado, en todo caso, a formar un Estado independiente. Es una formación histórica contingente, que podría haber sido muy distinta de lo que es. En consecuencia, es perfectamente concebible, por ejemplo, que la nación francesa no incluyera a su región meridional actual, o dejara aparte al Franco-Condado, de la misma forma que no incluyera a la Bélgica valona o a la Suiza francesa.
Desde esta perspectiva marxista, no son los derechos de cada grupo nacional formar una nación independiente, un Estado independiente, los objetivos sociales más importantes, sino avanzar hacia un sociedad socialista. En este caso, en última instancia, todo debe quedar subordinado a tal objetivo socialista. En una carta a Berstein, escrita en 1882, a propósito de una rebelión nacionalista dálmata, precisaba Engels: «Tenemos que colaborar en la liberación del proletariado occidental y debemos subordinar a este objetivo todos los restantes y, por muy interesantes que sean los Estados balcánicos y demás, cada que vez su esfuerzo de liberación entre en conflicto con los intereses del proletariado, ¡que otros se ocupen de ellos! También los alsacianos están oprimidos... pero, si en vísperas de una posible revolución liberadora, provocan una guerra entre Francia y Alemania, excitan nuevamente el odio entre ambos pueblos, retrasan de ese modo la hora de la Revolución, yo diría ¡Alto! ¡Tened la misma paciencia que el proletariado europeo! En cuanto este se libere, vosotros seréis igualmente libres. ¡Hasta ese momento no toleraremos que estorbéis los progresos del proletariado en lucha!»
Para Rodinson, el texto de la carta de Engels transcrito, no es una manifestación de chovinismo europeo occidental. El proletariado europeo occidental ve sus intereses situados en un primer término, porque para Marx y Engels no hay la menor duda de que se identifican con el núcleo del proletariado mundial. Era también entonces la posición de Kant, que decía: «el derecho a la autodeterminación de los pueblos aparece subordinado a las exigencias de la evolución social general, cuya fuerza motriz principal es la lucha de clases del proletariado.»

Según el estudio de Rodinson que citamos, Marx reconoce las realidades étnico-nacionales. Sin embargo, los intereses específicos de algunas de ellas deben sacrificarse al interés general de la lucha del proletariado que puede coincidir con el interés general de otras naciones. Así, en el curso de la crisis revolucionaria de 1848, Marx se manifestó en contra del movimiento de los checos y los croatas, porque ese movimiento, de los denominados eslavos del sur podía ser manipulado por la Rusia reaccionaria en contra del pueblo húngaro, y consideraba que la lucha de los húngaros por su independencia favorecía el futuro del movimiento revolucionario
Nación y nacionalidades
Para la debida comprensión del tema que estamos abordando, conviene tener en cuenta el enfoque marxista de los conceptos de nación y nacionalidad. Así, el término nación recubre el concepto de Estado-nación, tal y como se forjó durante la Revolución Francesa, asimilando las fronteras estatales a las fronteras «naturales», lingüísticas, &c. Esta concepción coincide con la tesis del profesor Gustavo Bueno, en su obra España frente a Europa, de que el Estado precede a la nación política.
Sin que la distinción entre nación y nacionalidad quede claramente establecida, Marx y Engels designaron con este último término una formación política que precede a la nación y que puede darle nacimiento sin que, no obstante, haya de llegar en toda circunstancia a desarrollarse en nación y a constituirse en Estado independiente.
Naciones revolucionarias y naciones contrarrevolucionarias
Se observan algunas diferencias, en la utilización de los conceptos referentes a la cuestión nacional, entre Marx y Engels, sin que ello implique divergencias fundamentales en el contenido de sus posiciones. Marx utiliza , con mayor frecuencia, la dicotomía naciones revolucionarias, naciones contrarrevolucionarias. Por su parte, Engels usa preferentemente una terminología hegeliana; naciones históricas y naciones sin historia (geschitslose), término este último con el que se designa a los pueblos que en el pasado han sido incapaces de constituir Estados y que ya no tienen la fuerza nacional suficiente para conquistar la independencia nacional. Nacionalidades consideradas como contrarrevolucionarias, en tanto que formaciones nacionales agrarias. Por ser «naciones bárbaras», tienen que ser forzadas a la civilización, arrebatadas a su existencia de pueblos de agricultores y pastores, cuestión que implica su «desnacionalización», ya que se verán obligadas a seguir las huellas de la nación más fuerte, y, por consiguiente, a sucumbir en un proceso inevitable de asimilación.
La distinción entre las dos categorías de naciones –las históricas y las no históricas– se basa en una distinción entre naciones industriales modernas y naciones campesinas. Tiene como consecuencia la demarcación entre:
1) naciones viables, portadoras del desarrollo histórico, es decir «grandes naciones europeas», claramente definidas.
2) naciones no viables, o retrógradas, que incluye tanto a las naciones occidentales que se consideran extinguidas, como etnias y nacionalidades de Europa central y oriental, que, debido al desarrollo desigual de la historia, han permanecido en el estado feudal, sin capacidad de desarrollarse en naciones.
Naciones dominantes y naciones oprimidas
Según Georges Raupt, la terminología de Marx y Engels sobre la cuestión nacional, se hará marxista a partir de 1860, a partir de la nueva problemática abierta por Irlanda, Marx y Engels introdujeron la distinción entre naciones oprimidas y naciones dominantes.
A partir de la década del 60 –del siglo XIX– especialmente después de la insurrección polaca de 1863, conceden Marx y Engels en sus preocupaciones y actividades, una mayor atención y peso a los movimientos nacionales, en general, insistiendo a partir de entonces en el vínculo que existe entre todas las formas de opresión y la imposibilidad, para el proletariado de una nación opresora, de adquirir su libertad, si acepta que la libertad de otros pueblos sea pisoteada por su país. Hasta entonces, por ejemplo, Marx y Engels habían mantenido una posición negativa respecto a la cuestión nacional irlandesa. A partir de la década del 60, observarán que la independencia de Irlanda, que anteriormente parecía imposible, se ha hecho inevitable y, sobre todo, que, «para la liberación del proletariado inglés, hay que apoyar la palanca en Irlanda».
De ello se deduce que, en la cuestión nacional, Marx y Engels razonaron siempre en una perspectiva revolucionaria, ajustando constantemente sus ideas a los datos reales de la situación, negándose a encerrarse en actitudes rígidas y permanentes. 

La relevancia estratégica de la cuestión irlandesa
En definitiva, existen dos etapas diferenciadas en las posiciones de Marx y Engels sobre la cuestión nacional, que culminan en considerar que la clave de la cuestión británica es la cuestión irlandesa y que la cuestión británica es la clave de la cuestión europea. Ello planteaba, en términos nuevos, la relación entre el movimiento nacional y el movimiento obrero. A partir de entonces, la lucha de las naciones oprimidas se aborda también como cuestión colonial y puede servir de detonador para la lucha de la clase obrera, del movimiento obrero, de la nación dominante. De ello dedujeron, para Irlanda e Inglaterra, una inversión de las prioridades de Marx y Engels. Ya no será la revolución social la que solventará el problema nacional, sino que la liberación de la nación oprimida, puede constituir un supuesto previo para la emancipación de la clase obrera. La nueva concepción supone unas relaciones políticas completamente distintas, basadas en una alianza estratégica entre el movimiento de liberación nacional y el movimiento obrero. Lucha de clases y lucha nacional, se convierten en complementarias y solidarias sin confundirse ni superponerse. Con ello, se amplía también la terminología marxista a través de la nueva problemática abierta por la cuestión irlandesa. Marx y Engels introdujeron la relevante distinción entre naciones oprimidas y naciones dominantes.

5 comentarios:

Andrés Anduiza dijo...

Es un clásico de la "vieja guardia" marxista sostener que la autodeterminación es una reivindicación básicamente burguesa, con la que las burguesías locales buscan la hegemonía en sus territorios sin la presión de sus aliados de clase estatales. Pero como dejáis claro en estas notas, Marx y Engels no eran muy categóricos en este aspecto y admiten casos particulares, así como la posibilidad de que la liberación de la clase obrera pueda ser más fácilmente alcanzable a través de, o después de, la autodeterminación nacional.

Por este motivo, quizás sería caer en el dogmatismo, o incluso en un fanatismo doctrinario, insistir en que toda reivindicación nacional es burguesa. Descendiendo al caso concreto de Euskal Herria, y con los datos que se conocen de la "extracción social" de los militantes de Herri Batasuna, Bildu y formaciones similares, creo que el componente obrero de las mismas es muy elevado como para calificar su reivindicación social de "burguesa" sin traicionar a la verdad histórica. Es prácticamente seguro que Marx y Engels, si hubiesen conocido la lucha vasca por la autodeterminación y su evolución histórica, habrían desarrollado una teoría socio-política particularizada para el caso de Euskal Herria, y habrían concluido que en esta nación concreta la liberación social sólo puede realizarse a través de la liberación nacional o en simultaneidad con ella. No se puede ignorar a este respecto la larga tradición de autoritarismo y de absolutismo del Estado español, ni el carácter reaccionario en extremo de sus gobiernos de uno y otro signo.

Agur eta aurrera!

Anónimo dijo...

Pues no lo sabemos pero ahí queda
Yo apuntaria la mutación sufrida por Bildu de fuerte extracción obrera en los setenta a un partido ahora mismo repleto de funcionarios publicos.
Lamentablemente Engels y Lafargue mantuvieron una correspondencia muy fluida con los comunistas españoles, entonces socialistas, y nunca hicieron hincapie en esa cuestión, Lafargue incluso estuvo por aqui.
No olvidemos que el nacionalismo vasco empieza a finales del XIX y principios del XX, y que el antagonismo entre los obreros socialistas y los nacionalistas del PNV fue fatal y continuo con pistolas de por medio.

Anónimo dijo...

Me parece super-marxista diferenciar a los "funcionarios públicos" de los "obreros", dando a entender que no son la misma clase obrera.

Anónimo dijo...

Marx y Engels lo dejan muy claro: la autodeterminación de las naciones no tiene nada que ver con tus sueños húmedos, Andrés Anduiza. Marx y Engels de conocer '''''la lucha vasca'''''', que la conocían y entraba dentro de las naciones sin historia (sin Estado) siendo un absoluto atraso hacer nada con ellas, dirían exactamente lo mismo que en sus textos: no, gracias. El punto de partida es España y se reconoce a España como nación, no hay más.

Adiós y que vaya bien.

Anónimo dijo...

La ''extracción'' es lo de menos porque no dice nada. Bildu y cía siguen siendo tan peleles de la burguesía o más que los burgueses mismos manejando el cotarro separatista.