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14 octubre 2015

Los Fueros por Xabier Zabaltza



Éuscara iii ezquero, Fueroac ez dirá bicico. Fueroac naí dituenac. Éuscara maite izan beardu.
JUAN IGNACIO IZTUETA, C.1842
La democracia es, en una palabra, el sistema vascongado aplicado a toda España.
Joss MARIA ORENSE, C.1859
Los fueros son los cojones de Navarra.
UN CONCEJAL CARLISTA DE MAÑERU, EN TIERRA ESTELLA, C.1918


EN ESTAS LÍNEAS PRETENDO EXPONER la hipótesis de que la creación de una conciencia foral en las cuatro provincias de la Vasconia peninsular es el producto de la casualidad histórica. En efecto, a pesar de que el debate al respecto dista mucho de estar cerrado, en los textos forales parece plasmarse, sobre un sustrato autóctono pirenaico, la influencia indeleble del derecho romano, común al Occidente medieval, e, indirectamente, también germánica, por lo que no existían diferencias fundamentales entre el régimen foral vasco y el de territorios vecinos, como Aragón, Bigorra, Bearne, Barétous, Ossau y Cataluña. Por otro lado, por referirme sólo a las instituciones de derecho público, el régimen foral no era idéntico en cada uno de los territorios vascos. Las Juntas Generales de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya y el Bilçar de Labort eran más "democráticos" que las Cortes de Navarra o los Estados bajonavarros. Sola, a pesar de su exiguo tamaño, tenía de todo: la Cour d'Ordre, controlada por lo nobles, y el Silviet, donde sólo podía participar el Tercer Estado.

Decía que la conciencia foralista de Vasconia es fruto de la casualidad porque Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca tenían también sus instituciones privativas, pero las perdieron al tener la mala fortuna de estar en el bando de los vencidos en la Guerra de Sucesión (1704-1715). En esa guerra, los vascos peninsulares apostaron por los Borbones, y aragoneses, catalanes, valencianos y mallorquines por los Austrias. Cuando Felipe V, el primer Borbón español, apelando al "derecho de conquista" abolió, por medio de los Decretos de Nueva Planta, los regímenes forales de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca, posiblemente no se apercibió de que, a partir de entonces, el Reino de Navarra, el Señorío de Vizcaya, el Condado de Alava y la Provincia de Guipúzcoa serían una aberración jurídica. A partir de 1716, estos cuatro territorios fueron, no por méritos propios, sino por errores estratégicos de los demás, los únicos que mantuvieron cierta autonomía en la Monarquía. Desde entonces, los diversos reyes y ministros, apremiados por comerciantes locales a los que interesaba trasladar las aduanas del Ebro (donde permanecieron hasta 1841) a los Pirineos, estuvieron siempre al acecho buscando alguna excusa que les permitiera la derogación definitiva del régimen peculiar vasco y la constitución de un mercado nacional integrado, forzando así la solidaridad entre los cuatro territorios, en especial, los de la Vasconia occidental. Como en la Corona de Aragón, sería una guerra la que otorgara la oportunidad al Gobierno de Madrid para integrar el régimen foral en "la unidad constitucional de la Monarquía": la primera carlistada (1833-1840) en el caso de Navarra y la segunda (1872-1876), en el caso de las otras tres provincias.

    Existe un consenso en la historiografía actual en relativizar el carácter foral de las guerras carlistas, lo que no hace más que incrementar la sensación de casualidad de todo el proceso que estamos analizando. Pero, para 1876, en los cuatro territorios se había creado una tradición de defensa del particularismo imposible de abortar. Esos ciento sesenta años (desde la promulgación de la última Nueva Planta en 1716 hasta la abolición de los Fueros de las Provincias Vascongadas en 1876) son claves para la comprensión de qué significa el fuerismo. En ese siglo y medio largo, con la impagable coartada intelectual de Friedrich Carl von Savigny (1779-1861) y la romántica Escuela Histórica del Derecho, que hizo furor a lo largo y ancho de Europa, los fueros dejaron de ser contemplados en Vasconia como un privilegio, sino concedido al menos tolerado por los monarcas, para ser sentidos por la población como la Ley Vieja, la encarnación de la Tradición con mayúsculas. Y eso vale tanto para Navarra como para las Provincias Vascongadas. Tan fuerista es Sabino Arana, fundador del Partido Nacionalista Vasco, como Jesús Aizpún (1928-1999), fundador de la Unión del Pueblo Navarro, aunque para el primero los fueros se identifican con la eterna independencia vasca y para el segundo con una no menos metafísica autonomía de Navarra dentro de la unidad indivisible de España.
 Varias son las razones que explican el mantenimiento de la peculiaridad jurídica vasca después de 1716, que poco tienen que ver con un supuesto Volbsgeist, navarro, vasco o español. En primer lugar, la insuficiencia de las comunicaciones con Castilla, que favorecía cierto autogobierno. En segundo lugar, la dificultad de los territorios vasco-españoles para abastecerse, por lo que precisaban de un comercio sin trabas con Francia. En tercer lugar, el escaso peso económico del país, que no compensaba el riesgo que conllevaba una alteración del régimen foral, como demostraría la machinada de 1718. Finalmente, relacionado con esto último, su posición estratégica, ya que la propia Corona era la primera interesada en que los territorios vascos se defendieran a sí mismos en caso de guerra con Francia, ahorrándose el coste que suponía la contratación de mercenarios.

Que la articulación de la conciencia protonacional vasca en torno al Fuero tiene mucho de contingente queda probado por el hecho de que en la Vasconia continental la Ley Vieja (es precisamente un suletino, Joseph Eguiateguy, el primero que habla de lege zaharrak poco antes de la Revolución) nunca tuvo una importancia excesiva en la elaboración de su conciencia colectiva. ¿Por qué? La razón es evidente. En la Monarquía francesa, las leyes privativas de todas las provincias, incluidas las del Reino de la Baja Navarra y los vizcondados de Labort y Sola, fueron abolidas en la famosa noche del 4 de agosto de 1789, recién comenzada la Revolución Francesa. En las tres provincias vasco-francesas el hecho diferencial no podía sustentarse en el Fuero, ya que no sólo los vascos, sino también los habitantes de algunos (otros) países de Gascuña, y los de Artois, Bearne, Borgoña, Bretaña, Cambrésis, Córcega, Delfinado, Flandes, Foix, Languedoc y Provenza perdieron sus états en 1789. En Francia no hay un período de ciento sesenta años para la elaboración de complicadas justificaciones (pseudo)históricas del particularismo institucional. Por eso, los movimientos nacionalitarios de los pueblos del Hexágono tuvieron que basarse casi en exclusiva en la lengua.
Visto lo visto, resulta difícil comprender cómo hoy en día el foralismo haya podido convertirse en una mera excusa para separar a Navarra de las Provincias Vascongadas. Los que dicen defender una Navarra "foral y española" sin duda no tienen conocimiento del mapa de España que Francisco Jorge Torres Villegas realizó en 1852, en el que las cuatro provincias de la Vasconia meridional aparecen caracterizadas como la "España foral", mientras a los antiguos países de la Corona de Aragón se les denomina "España incorporada o asimilada", y a las demás provincias "España uniforme o puramente constitucional" (y a los territorios africanos, Ceuta y Melilla incluidas, "España colonial"). Pero es que pretender que la foralidad distingue a Navarra de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya es poco menos que absurdo, porque esas tres provincias son también territorios forales, según reconoce la Disposición Adicional Primera de la Constitución de 1978. Aun en el caso de que Navarra se integrara en Euskadi no perdería necesariamente su Convenio Económico, que hoy, fuera de tecnicismos, es idéntico al Concierto Económico de la Vasconia occidental, pues los dos se basan en la Ley de 25 de Octubre de 1839 y en la Constitución de 6 de diciembre de 1978, diga lo que diga el segundo párrafo de su disposición derogatoria, Mikel Aranburu Urtasun, que fue director del Servicio de Gestión Tributaria del Gobierno de Navarra durante la negociación del Convenio de 1990, ha estudiado la emulación mutua y vergonzante entre ambos regímenes, desde el Convenio de 1969 hasta el Concierto de 2002, y a su clarificadora obra, Provincias exentas, me remito.
Creo que este apartado confirma lo arbitrario de la fundamentación de la conciencia navarra en los fueros. Pero, para bien o para mal, el foralismo en Navarra es algo más que una ideología. Sería más exacto hablar de él como subsunción, dada su capacidad para aglutinar en torno a sí los diversos intereses de partido y de clase. Hoy en día muy pocos navarros se atreven a hablar en público contra los fueros y los "derechos históricos", pues desde la extrema izquierda a la extrema derecha y desde el españolismo extremo al vasquismo extremo existe un consenso en torno a ellos (cuestión diferente es qué entiende cada uno por "fueros"). Sobre los fueros no existe disonancia en Navarra, a pesar de que podría pensarse que un sistema peculiar para cuatro provincias es una pesada carga para organizar las otra cuarenta y seis de manera federal. Eso demuestra una vez más que una conciencia colectiva no se basa sólo en elementos objetivos sino en la capacidad que tienen las elites para que esos elementos sean aceptados con naturalidad.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno, los comunistas luchamos contra todo privilegio. hay que abrir el debate.

Anónimo dijo...

y los abertzales lucharemos contra los comunistas uniformadores. abrid el debate que os esperamos...a ostias.

Wasconiae Eterna dijo...

El debate es el siguiente:
¿ quieren las demás regiones de España tener convenio económico propio igual que Navarra y vascongadas ?

O es que a lo mejor no se atreven a tener """" privilegios """"" por que saben que cuesta mucho pero que mucho esfuerzo mantenerlos. sobretodo a base de impuestos forales.

No es casualidad que la CAV y la CFN sean de las autonomías más caras a la hora de ponerte a vivir.

Aquí la conciencia de ahorro en el ciudadano medio, para tener un futuro medianamente seguro (que no siempre se cumple) viene de generaciones atrás.

Pero claro es más glamuroso vivir el día día. a la aventura. hoy tiramos todo por la ventana y mañana ya veremos lo que comemos. y si no ya pediremos al Estado. o a los servicios sociales. O rabamos diciendo que no tenemos para comer.

Ya sabéis a que zonas de España me refiero. las vemos todos los días en Televisión.

Wasconiae Eterna dijo...

Lo que quieren es que las comunidades más "saneadas" ( no digo que Navarra y Euskadi lo sean ) se pongan a la altura de la miseria y despilfarro de las demás, para que se lleven más financiación las que más territorio tienen o las más pobladas a la hora de repartir el presupuesto general del Estado.

Anónimo dijo...

Más impuestos aqui que en otro lado??, no creo, de momento el padre del rey fue a Navarra a morir porque habia menos impuestos sucesorios.