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07 noviembre 2015

El titoismo

En el transcurso de la Segunda Guerra mundial se gestó otro revisionismo, esta vez, en Europa: el titoismo, corriente que apareció en un momento en que las contradicciones entre el imperialismo y el socialismo se agudizaron. En las nuevas condiciones surgidas en la postguerra, mientras el imperialismo pugnaba por resolver problemas derivados de su dominación y explotación del denominado “tercer mundo”, el socialismo, encabezado por la URSS debía consolidarse y otorgar ayuda, tanto a los países del Campo socialista como a los recientemente liberados de la opresión imperialista.
Fue en esta difícil situación internacional que el titoismo hizo su aparición, presentándose abiertamente como una corriente contraria al marxismo leninismo. Es sabido que durante los años de la Segunda Guerra Mundial, Tito y su grupo se inclinaban política e ideológicamente a los EE.UU e Inglaterra, países con los que mantenían permanentes contactos y conversaciones secretas. Por eso, no es extraño que estos países apoyaran desde un principio al titoismo, para impedir la construcción del socialismo en Yugoslavia. Vieron en la teoría de este revisionismo la ideología que podía servir de modelo para que los demás países socialistas degeneraran y se desligaran de la Unión Soviética; además, podía ser utilizado para frenar las luchas de liberación nacional y social de los países oprimidos y explotados por el imperialismo.

Los titoistas comenzaron su labor contrarrevolucionaria, revisando los principios fundamentales del marxismo leninismo sobre el rol, tanto del Partido de la clase obrera, como del Poder del proletariado. Liquidaron el Partido Comunista convirtiéndolo en una Liga sin teoría ni programa de clase, marxistas leninistas. Igual que el browderismo, el titoismo tomo la “democracia americana” como modelo para instaurarlo en Yugoeslavia, esgrimiendo el argumento de que la colectivización de la agricultura constituía un “modelo ruso”.
Haciendo una crítica constructiva a la “Liga Comunista” yugoeslava, Stalin les hizo conocer sus puntos de vista en varias cartas, en una de las cuales escribió:
“No es casual que los dirigentes del Partido Comunista Yugoslavo estén eludiendo la cuestión de la lucha de clases y la represión de los elementos capitalistas en las aldeas; se considera al campesinado como un todo orgánico, y el partido no moviliza sus fuerzas en un esfuerzo por superar las dificultades que nacen del aumento de los elementos explotadores en las aldeas”.
   Con la consigna demagógica de “las fábricas a propiedad de la clase obrera”, los titoistas, crearon grupos de trabajadores “propietarios” que se enfrentaban entre sí. Renunciando abiertamente al marxismo leninismo, hicieron del anarcosindicalismo su doctrina, proclamando que su socialismo era auténtico porque se basaba en la “autogestión”, en “los productores directos” y no en el Estado socialista, el que debía desaparecer, sin necesidad de que cumpliera su papel como dictadura del proletariado en la construcción del socialismo. Esta era la tesis con la cual Tito y su grupo se presentaban como “marxistas creadores”, opuestos al “stalinismo”, demostrando de este modo que su lucha contra el marxismo leninismo la disfrazaban como una lucha contra la herencia teórica y política defendida por Stalin.
No debe extrañar a nadie que la construcción del “socialismo de autogestión” yugoeslavo haya recibido el apoyo económico del imperialismo norteamericano. En este “socialismo” no existe la propiedad social de los medios de producción, sino la propiedad de grupos particulares. La distribución no se realiza según el trabajo, sino según las ganancias y las aptitudes comerciales de cada empresa. La producción no se realiza para abastecer a las necesidades del pueblo sino para el enriquecimiento de personas particulares. A esto hay que agregar el desarrollo no planificado de la economía, la espontaneidad, la anarquía y el libre juego de los precios. En resumen, un “socialismo” al que hoy le llaman “de mercado” como el “socialismo chino”, es decir, un “socialismo” que es capitalismo.
Los revisionistas yugoeslavos tuvieron la audacia de afirmar y proponer a los partidos de la clase obrera que lucharan por la “autogestión”, como una nueva forma de transformación socialista de la economía de los países capitalistas, sin necesidad de tomar el poder. Esta era la “vía pacífica” que los titoistas pretendían imponer al movimiento comunista internacional para desviarlo de sus luchas revolucionarias y castrarlo ideológicamente. El titoismo hizo de Yugoeslavia un país dependiente del imperialismo y este terminó borrando del mapa ese Estado “socialista”, “no alineado”, partidario de la colaboración más amplia con los países capitalistas.
La degeneración de la economía socialista en Yugoslavia ha dejado enseñanzas que el movimiento comunista internacional debe tener presente para que no se repitan, principalmente las siguientes:
Con la conquista del Poder por la clase obrera no termina la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. Esta lucha se agudiza en la medida en que el nuevo Poder impulsa adelante la construcción del socialismo, provocando una feroz resistencia de la burguesía y sus aliados del interior y el exterior, especialmente del imperialismo.
Después del V Congreso del PCY, Tito desató una feroz represión contra los miembros del Partido por su apoyo a la Resolución del Cominform que condenó el revisionismo yugoslavo. Cientos de miles de leales comunistas fueron encarcelados y muchos fusilados. En 1949 Yugoslavia cerró sus fronteras a los guerrilleros comunistas griegos y en 1950 votó en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de la guerra contra Corea del Norte, poniéndose al servicio del imperialismo anglo norteamericano.La experiencia yugoslava enseña que el Partido del proletariado puede caer bajo el control y dirección de capas y sectores sociales no proletarios, degenerando en Partido reformista burgués aliado del imperialismo y sometido dócilmente a sus exigencias. La Liga Comunista yugoslava se convirtió en un simple instrumento del imperialismo norteamericano. Se ha dicho, con toda razón, que el imperialismo yanqui convirtió a la Yugoslavia titoista en la “mula madrina” detrás de la cual debían seguir todos los países socialistas para restaurar el capitalismo. No cabe duda que esta “mula madrina” cumplió su misión hasta el fin. La “perestroika” fue una repetición de la experiencia yugoeslava y de su socialismo de “autogestión”.

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