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19 noviembre 2015

Historia de EIA I

HISTORIA DE EIA
1. La concepción
En el invierno de 1974 y primavera de 1975 ETA (p-m) lanzó una de las mayores ofensivas protagonizadas hasta entonces por ETA en cualquiera de sus épocas y ramas. Esta ofensiva tuvo la virtud de romper los planes que la oligarquía tenía para renovar un poco sin cambiar nada. Ahogó el "espíritu de febrero", tuvo la virtud de que, tanto ante las masas vascas y del Estado como a nivel internacional, el proyecto Arias quedaba totalmente desenmascarado. Pero sin embargo, cuando era preciso dar un paso adelante, cuando no se podía quedar todo en desenmascarar sino que había que dar una respuesta a la salvaje represión franquista tanto a nivel armado como de masas, a pesar de los esfuerzos por montar organizaciones de masas tipo LAB, IAM, BAT, se comprobó que no se estaba a la altura de las circunstancias, pero también que el fallo no era nuevamente organizativo o de falta de espíritu de sacrificio de la vanguardia, sino de otras cosas que en aquel entonces no se acababan de comprender con claridad.
Por otro lado, la voladura de Carrero consiguió cerrar las puertas a cualquier proyecto de continuación del franquismo sin Franco, que propugnaban el sector financiero de la burguesía y el OPUS, al tiempo que ETA se dividía en tres grupos (milis, poli-milis y LAIA). El haber acabado con las maniobras del trío Arias-Fraga-Areilza sirve para que obtenga luz verde el proyecto de Suárez apoyado por el sector industrial de la oligarquía, mientras ETA y el conjunto de la izquierda abertzale sea una auténtica encrucijada dramática.

     La lucha decidida de ETA sirve para abrir más el espacio de libertad, pero éste es más aprovechado por los grupos reformistas, que en la coyuntura anterior no tenían realmente ningún margen de maniobra, con lo que se reduce a su vez el margen de maniobra de ETA.
Al mismo tiempo había un hecho fácilmente constatable:
mientras los otros grupos, incluso los de ideología revolucionaria, se movían en un margen de permisibilidad, sin embargo cualquiera de los simpatizantes o colaboradores de cualquiera de las organizaciones de la izquierda abertzale era reprimido como si fuera militante de ETA. Esta constatación fue decisiva en 1975 para que se planteara la necesidad de la construcción del partido como una tarea urgente y a corto plazo. Ya en la escisión entre milis y polimilis se vio que uno de los criterios de la escisión era fundamentalmente el tema de la organización, y ya decía Gramsci que la cuestión de la organización es lo que divide a los marxistas de los que no lo son. ETA (m) veía la necesidad de deslindar la actividad política de masas y la lucha armada, pero en ningún caso se preocupó de organizar y dar directrices sobre cómo había que organizar, pese a concebir que era inevitable y necesario un proceso más o menos largo de democracia burguesa. ETA (p-m), por el contrario, se organizaba al modo de un partido armado de vanguardia y con unas organizaciones de masas que no estaban limitadas por su objetivo independentista, confiando en poder dar un salto del franquismo a la revolución.
Por eso la derrota de 1975 fue tan grave que hizo que se tuvieran que replantear varias cosas. Fundamentalmente el tema de la relación organizativa entre la lucha armada y la actividad política. Segundo: se asumió que la democracia burguesa era una fase necesaria del proceso revolucionario vasco. Ambas constataciones llevaban a una misma conclusión: la necesidad de un partido.
Ahora bien, ¿cómo sería ese partido?
Si como decía Gramsci, el problema de la organización "divide a los marxistas de los que no lo son", ya hasta antes de la VII Asamblea Nacional el punto más conflictivo entre milis y poli-milis residía en la importancia concedida a la organización, tanto de un partido de vanguardia y sus características, como de las organizaciones de masas. Esta cuestión se irá agravando y agudizando en el futuro, aunque temporalmente en vísperas de la VII Asamblea Nacional y en la propia Asamblea habrá un espejismo, el último quizá, de que era posible unificar todo el movimiento político surgido alrededor de y por la lucha de ETA en único partido político.
Era y ha sido bastante natural y comprensible que los principales problemas ideológicos y estratégicos tomaran la forma de cuestiones organizativas. Este fenómeno comienza con los primeros ideólogos de ETA ya en 1964 y posteriormente en 1970. La explicación hay que buscarla en el origen de todo el movimiento eta, proveniente fundamentalmente del campo ideológico del nacionalismo vasco. Las escisiones o los problemas en los grupos provenientes del PCE o PSOE se caracterizan porque sus divergencias toman una forma general relacionada con escisiones y tendencias del movimiento comunista internacional, de modo que a menudo se interrumpe el debate sobre cuestiones políticas y organizativas para resolverlas de un modo dogmático. En el campo nacionalista, en cambio, se peca sin embargo de una cierta falta de capacidad de abstracción para plantear las cuestiones organizativas ligadas con una teoría revolucionaria y una estrategia determinada al socialismo en nuestro país.
Tanto una rama como otra que reivindica las siglas ETA hablan de que luchan por una Euskadi libre, socialista, independiente, reunificada y euskaldun. Pero sería inútil esforzarse en buscar documentos donde se explique qué se quiere decir con esos adjetivos ni cómo se pueden conquistar. Por eso, en el debate sobre el modelo organizativo del partido, en alguna manera, se concentraban todos los problemas organizativos, políticos, estratégicos, etc.
Así las cosas, dos son las cuestiones fundamentales que se plantean en la VII A.N. de ETA (p-m): en primer lugar, el modelo organizativo que ha de adoptar el partido; y segundo, si el partido que se funde como continuador de la lucha de ETA ha de ser el partido de los trabajadores vascos o, por el contrario, ha de ser un partido "popular" que tenga como principal objetivo la organización de lo que entonces se llamaba "sectores sociales de la izquierda abertzale". Es decir, lo que posteriormente se planteará mucho más claro: cómo montar un partido comunista, un nuevo partido nacionalista,o montar un partido de la clase obrera de Euskadi.


Entonces quizá no estaba tan clara la realidad; y entre los partidos y los simpatizantes de ETA existía la falsa ilusión de que la izquierda abertzale constituía la inmensa parte de la población vasca. Ilusión justificable en alguna medida por dos razones. Primero, porque el peso de la lucha antifranquista en Euskadi recayó en muy buena medida sobre la izquierda, de tal manera que la mayoría de los acontecimientos de la lucha antifranquista de Euskadi están relacionados con ETA y la izquierda abertzale. Y segundo, porque en el seno de la izquierda abertzale se daban prácticamente todas las ideologías sociales, desde la extrema izquierda que rozaba con la autonomía obrera de LAIA ez, hasta el jelkidismo de antiguos disidentes del PNV, de forma que se fomentaba la creación de una falsa imagen de agrupar a todas las capas sociales.
Para comprender la respuesta a estos problemas vamos a analizar los textos que se escribieron en aquel momento:
- "Sobre la necesidad de un partido independentista de los trabajadores vascos ' de Ortzi
- "Otsagabia".

1 comentario:

Anónimo dijo...

ha costado mucho tiempo, pero ya entendemos que el independentismo es nacional y no es exclusivo del pueblo trabajador.