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05 noviembre 2015

SANTIAGO ALBA, PILOTO FRUSTRADO por Carlos Tena

La filosofía brota del asfalto, de las palmeras, de las nalgas oscilantes de una fan del guaguancó o de una simple charla con el vendedor de jabitas a la puerta del agromercado.

Todo lo que me rodea es bello, incluso los huecos en la calle, las manchas en la pared y los autocares vetustos. Huele a vida, a sonrisa, mientras en Europa apesta el hedor de la muerte. El mismo que desprende Santiago Alba.

Fue en 2002 cuando visité por vez primera la web Rebelión.org. En mi paseo por aquella villa rebelde, recuerdo que visité una iglesia de estilo churrigueresco levantada por el mentado Alba (hoy sátrapa y censor Mayor de aquel portal), donde con su habitual y fundible estilo monacal y opusdeísta, colocó un largo y puntiagudo chapitel contra su colega Gabriel Albiac.

Los dardos lanzados por el niño-de-mamá del programa de TVE “La Bola de Cristal” (hoy Bala y Bulo), no debieron dar en el blanco, habida cuenta de la indiferencia del entonces profesor y luego catedrático de la Facultad de Filosofia de la Universidad Complutense madrileña, que optó por el silencio más harpomarxiano ante las garambainas literarias con las que Alba quiso adornar su histérica arremetida. El motivo para denostar de Albiac era justo. La forma, miserable.

SANTIAGO Y GABRIEL, HERMANOS SIAMESES POR FUERA Y POR DENTRO
SANTIAGO ALBA Y GABRIEL ALBIAC, HERMANOS SIAMESES EN IDEOLOGÍA, VESTIMENTA Y CRÁNEO

La xenofobia más neonazi asomaba el trasero en unos párrafos dignos de Felipe González Gal y no de un supuesto filósofo dueño de argumentos y reflexiones siquiera irónicas, que desmontaran lo burdo y torpe del infame escrito de Albiac contra el entonces presidente de Venezuela, comandante Hugo Chávez.

Alba mostraba su esvástica queriendo desnudar a Don Gabriel, aunque su íntimo deseo era encerrarlo en un Mauthausen que podría haber dirigido sin el menor problema, de haber vivido en aquel III Reich.

Santiago Alba, tan moderado en su tono como conferenciante, dejó caer sobre Albiac sus instintos más bastardos, escribiendo: “A Albiac le conviene no existir. Porque si pudiese demostrar su existencia y el Tribunal Internacional se pusiera finalmente en marcha, quizás acabase sentado en el banquillo por negacionismo, colaboracionismo, exaltación de la violencia, xenofobia y racismo. Nos conviene que no exista”.

Trece años más tarde, ¡oh sarcasmos de la vida¡, Alba se trueca en colaboracionista del terror y exaltador de la violencia, arrastrando a sus monaguillos del Club de Fans de Pablito.

Aquellos que se rasgaron las vestiduras ante el penoso artículo de Albiac, imploran hoy por Leopoldo López, el terrorista opositor felizmente condenado a prisión y recogen en sus pañuelos las lágrimas de cocodrilo de Lilian Tintori, esposa de aquel.

Impresionante muestra de la capacidad de debate de este filósofo, cuyas fuentes de información sobre lo que acontecía en Libia y hoy en Siria, proceden de los mismos lupanares informativos donde bebe Albiac: la cadena qatarí Al Jazeera (de la que dimitieron decenas de periodistas, hartos de tanta falsead acerca del conflicto libio), el Observatorio Libio (hoy Sirio) de DDHH, sito en un bar londinense, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, organismos cuyas condenas sobre el campo de exterminio de Guantánamo o los miles de crímenes de la OTAN, se escriben con letra pequeña o no existen.

Desde que Alba fue nombrado mamporrero de las “primaveras de colores”, la pasión asesina que mostró en su ataque a Albiac se revuelve contra el fan de Occidente, iniciándose una abducción imparable. Alba ya es Albaiac.

EL PILOTO DE BOMBARDERO SANTIAGO ALBAIAC, ANTES DE PARTIR HACIA SIRIA PARA MASACRAR A QUIEN FUERE
EL PILOTO DE BOMBARDERO SANTIAGO ALBAIAC, ANTES DE PARTIR HACIA SIRIA PARA MASACRAR A QUIEN FUERE

Ese atractivo por la violencia, esa hipnosis ante las masacres terroristas de los rebeldes primaverales, los cuerpos descuartizados de niños, las bombas de la OTAN cayendo sobre Trípoli, eran todo un orgasmo para el filósofo. Y como matar no es lo suyo (aunque lo imagine a cada segundo) decide ser travieso y escribe el esperpento titulado “B-52”.

Cuando leí la crítica que mi admirado Javier Couso hizo sobre la “travesura” teatral (donde las metáforas alcanzan la cima de los discursos de Albaiac), comprendí que la oculta vocación de este tipo de psicópatas es convertirse en piloto de bombardero.

Couso, a quien complació el juego y no se lo reprocho (yo ví cinco veces La vida de Brian y diez El Jovencito Frankenstein, aunque no sea lo mismo), decía entre otras cosas:

“Tanto en su forma escrita, como cuando cobra vida en un teatro, esta obra es necesaria, porque nos disecciona el pensamiento que da belleza a la destrucción, que hace normal el genocidio y que eleva moralmente una cultura donde, tras las bambalinas de los sueños, se esconde la realidad del infierno”.

Como diría mi amiga Patricia: total, total, total. Un retrato más que aproximado de lo que en verdad defiende y promueve Santiago Albaiac.

Su morboso placer ante la brutalidad indiscriminada es digno de José María Aznar, cuando no de Billy el Niño, como su alborozo ante las bestialidades del ejército islámico, ya sea en Homs o Palmira. Fascinación por la violencia.

Una de las teorías más admirables de Freud se refería a las pulsiones, concepto que en el psicoanálisis se utiliza para definir un impulso psíquico. Para el padre de la psiquiatría moderna, hay dos fundamentales: La pulsión de muerte o Tánatos, en oposición a la pulsión de vida o Eros. Santiaguito bebe un largo trago de la primera y un sorbo de la segunda.

Decía don Sigmund que la tendencia fundamental de todo ser viviente es regresar a su estado inorgánico desde donde emergió, a través de la reducción completa de las tensiones. Albaiac debe tener una tensión de 1000 voltios y no posee un reductor al hoc.

Por eso se encierra en la pulsión de la Parca como una necesidad primaria, convirtiéndose en otra suerte de Bruja Avería, para vomitar todos sus fantasmas y demonios, todos sus anhelos de destrucción y de muerte. Lo malo es que lleva casi 35 años dando el coñazo.

Ahí dejo dos frases del frustrado piloto de bombardero. Dos sentencias típicas del cura-párroco que desde el púlpito regaña cariñosamente a sus feligreses, como dando a entender que todos somos pecadores:

“DISFRUTAMOS DESTRUYENDO Y LUEGO TENEMOS REMORDIMIENTOS” y “VISTO DESDE ARRIBA ES CASI INEVITABLE DESTRUIR EL MUNDO”.

Qué malos sois, hijos míos… El plumero se le ve desde la estratosfera.

Uno, que en su modestia puede blasonar de haber obtenido los títulos de piloto de avioneta y velero (aparato sin motor), jamás he sentido otra pasión cuando manejaba los mandos que imaginar a Ava Gardner a mi lado.

Otros, mientras vuelan en un 747 miran a tierra y comienzan a soltar bombas imaginarias como quien tira piedras a la policía.

Afortunadamene son millones los que jamás hemos tenido anhelos de esa clase, porque nos hemos dedicado a echar una mano en la construcción de ese mundo mejor y posible, que psicópatas como Santiago Albaiac quieren destruir.

No obstante, nos conviene que este tipo exista… pero recluido en una cartuja hasta que León Trotsky le llame a su seno.

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