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02 diciembre 2015

Historia de EIA (III)


Mucho más interés ofrecía la ponencia  Otsagabia que fue en definitiva la que se debatió y aprobó en la VII A.N. de ETA.
Se pone mucho más el acento en la cuestión del carácter dirigente del partido.
Se parte de unas posiciones mucho más críticas y realistas y autocríticas respecto a lo que ha representado la historia y la realidad de ETA para el pueblo vasco.

Es decir, se ven ya, en algo que puede aparecer como una cuestión meramente organizativa, aspectos estratégicos sobre el propio contenido de la revolución vasca. Se parte más de la idea de la construcción de un partido revolucionario de la clase obrera, de corte independentista,que de la organización de las masas que pueden apoyar y simpatizar con ETA.
La crítica a ETA es realmente dura. Según la ponencia de Otsagabia "ETA no ha sido capaz de llevar a cabo la segunda fase revolucionaria: después de concienciar, organizar".
ETA ha representado a la vanguardia más radicalizada y luchadora del pueblo trabajador vasco, pero no ha representado claramente los intereses de la clase obrera.
ETA no ha teorizado los intereses objetivos de las clases revolucionarias.
La teoría y la estrategia de la revolución hoy por hoy no están elaboradas.
ETA no ha cumplido el papel de partido dirigente.
Podemos decir que sólo partiendo de la constatación de estos límites de lo que hasta 1976 había representado la lucha de ETA, es como era posible dar un importante salto cualitativo que representa una auténtica ruptura con todo lo anterior, pero manteniendo lo positivo de la trayectoria anterior.
Partiendo del reconocimiento de estos límites es como se sientan las piedras angulares, aunque sólo se dibujen a grandes rasgos, de una estrategia al socialismo en Euskadi y la naturaleza del partido dirigente necesario para llevar a cabo tal tarea.
    Estamos en condiciones de hacer un balance de lo que representó el que se hiciera tal valoración y se diera una nueva orientación a un sector importante de la izquierda abertzale.
Lo más positivo de la VII A.N. fue que se pusieran las bases políticas, estratégicas y organizativas para un partido auténticamente nuevo en Euskadi (los inicios marxistas leninistas de EIA). Precisamente por partir de la constatación de los límites de la actividad revolucionaria hasta entonces; y porque no se plantea el problema, como lo hacían otros grupos contemporáneos, en términos de "espacios políticos", es como se logra tras  años de lucha conquistar un espacio específico más o menos definido.
Los aspectos positivos de la ponencia aprobada en la VII A.N. son precisamente aquellos que tratan de superar las limitaciones constatadas en la lucha anterior de ETA. Evidentemente éstas no se superan de la noche a la mañana y un partido obrero no nace hecho y derecho como Minerva de la cabeza de Júpiter. Pero es importante que se pongan las piedras angulares para plantear una nueva política, una política de clase.
Además de señalar el carácter de clase del partido, se añade que "el partido ha de representar al sector más combativo de la clase obrera y de todo el pueblo, al sector más consciente de las contradicciones sociales existentes en Euskadi y de los mecanismos de la lucha de clases en todas sus manifestaciones tanto nacionales como sociales".
Esto se concretiza en:
- Una teoría revolucionaria que parte, a la vez, del análisis de la experiencia histórica de la lucha de nuestro pueblo, y del análisis de otras teorías revolucionarias para recoger aquello que pueda contribuir a nuestra lucha y que ha de definir en base a ambas cosas las fases (previsibles) de la revolución vasca.
- Una estrategia de toma del poder basada, por una parte, en las alianzas de clases que más favorezcan el proceso revolucionario vasco, y por otra, en la correcta combinación de los medios políticos y militares.
-Unos programas tácticos de intervención —línea política - que incluyen una política de alianzas entre grupos políticos, la potenciación de organismos de masas y los programas concretos que han de llevarse adelante.
Tras caracterizar la revolución vasca como una revolución nacional,se añade que "la teoría de la revolución vasca habrá de recoger los elementos fundamentales inspiradores de la teoría marxista-leninista, es decir, la teoría de la toma del poder político por un bloque de clases objetivamente revolucionarias (conjunto del PTV) dirigidos por la clase obrera, así como de las experiencias posteriores que la han ido enriqueciendo (China, Cuba, Vietnam)".
Pero si hace referencia a "los elementos fundamentales inspiradores de la teoría marxista-leninista", y no a la propia "teoría marxista-leninista" bastante lexa de la teoría revolucionaria vasca, todavía se añade que "decimos bien 'recoger los elementos fundamentales', ya que una de las mayores preocupaciones al elaborar dicha teoría ha de ser la de evitar caer en dogmatismo y aplicaciones esquemáticas de cualquier tipo que ahogarían su dinámica convirtiendo su elaboración en una discusión académica de citas de patriarcas".
Es decir, que se ofrecen unos puntos de referencia que tratan sobre todo de excluir resueltamente cualquier opción socialdemócrata. Y teniendo en cuenta el grado de conciencia de clase y la poca elaboración marxista en el seno de ETA, es evidente su importancia. Pero se trata también de no aceptar el mito, no por extendido menos falso ,de que hay ya una teoría de la revolución acabada de una vez por todas y recogida en las 150 páginas de "Fundamentos del leninismo—, donde trata de sintetizar Stalin todas las ricas y enormes aportaciones al marxismo de Lenin y la experiencia rusa.
Todo ello nos obliga a una labor teórica de crítica (en sentido marxista), de analizar punto por punto estas aportaciones leninianas, estudiar su relación con el cuerpo teórico marxista, el materialismo histórico y dialéctico, para extraer aquellas formulaciones de valor general, y por tanto, obligados puntos de referencia para elaborar la teoría de la revolución vasca. No era otra nuestra pretensión en el Congreso de Lejona, donde se analizó el carácter nacional de la revolución vasca y se estudió dé un modo dialéctico la aportación de Lenin a la cuestión nacional.


Es exactamente esto mismo lo que queremos llevar a cabo ahora respecto a la teoría marxista del partido, otra de las, aportaciones leninianas fundamentales.
Desde el punto de vista estratégico se definen como objetivos finales el socialismo y la independencia. Esta última cuestión se matizó más en el Congreso de Lejona, cuando se decía que el socialismo no constituye un modo de producción y que no es sino una formación social intermedia entre el capitalismo y la sociedad sin clases, el comunismo.
En el Otsagabia queda de un modo explícito que estos objetivos, "entrañan la necesidad de utilizar la coacción militar contra ella". Aunque se añade que "no es planteable en ningún modo una estrategia de ataque frontal".
"En esta fase un partido es tanto más dirigente cuanto mayor es su capacidad de organización"
Se ofrece esta línea maestra de actuación: "la estrategia que el partido ha de adoptar frente a la democracia burguesa ha de ser, pues, la de una participación activa en todos los cauces que ella brinda; pero al mismo tiempo, en la potenciación de organismos autónomos de poder popular a todos los niveles".
Sin embargo, es necesario también hacer un análisis de las deficiencias de la ponencia Otsagabia. Deficiencias provenientes, bien de  propio origen y los límites que él imponía, o bien de un desconocimiento real del grado de conciencia de las masas y del peso real de las distintas opciones políticas en el seno de la sociedad vasca. Lo cual era lógico en una sociedad que carecía de libertades democráticas y sometida a la más dura represión y, por tanto, donde las opciones reformistas no tenían ningún marco natural de expresión, mientras los revolucionarios se centraban principalmente en la lucha armada.
Estas deficiencias se centran de manera especial en un desconocimiento real del grado de conciencia de las masas, de la historia pasada de nuestro pueblo y del movimiento obrero, y del peso de los partidos tradicionales en el seno del pueblo. De hecho, se produce una extraña contradicción: entre la seguridad de que era necesario atravesar por un largo período de democracia burguesa, y la minusvaloración de las corrientes ideológicas no revolucionarias de las masas en Euskadi.
Se parte de concebir la contradicción dominante como la que existe entre la oligarquía y el PTV; y se ignoran las fuerzas intermedias, sólo porque éstas no podían manifestarse.
No se tienen en cuenta las contradicciones existentes en el bloque histórico dominante, que analizarían más tarde, aunque no de un modo muy profundo, en el Congreso de Lejona de EIA.
Y no se tiene en cuenta el peso específico del PNV ni se analizan su peso en la sociedad vasca y las causas del mismo.
Hay una gran ausencia de análisis del PSOE y la socialdemocracia, como no podía ser menos, pues su éxito del 15 de Junio constituyó para todos una auténtica sorpresa.
Esto, por lo que respecta al conocimiento de la sociedad vasca, lo cual en alguna medida era consecuencia lógica del aislamiento en que se desarrollaba la izquierda abertzale.
Otra gran ausencia era que, respecto a la línea política a corto y medio plazo, se ofrecían muy pocos elementos. En realidad no se proponía otra cosa que seguir apoyando a los organismos de masas de la izquierda abertzale (LAB,LAM, etc.) y potenciar un organismo unitario amplio donde tuviera una presencia importante la izquierda abertzale.
En alguna medida, existe una relación directa entre el desconocimiento (ausencia de análisis) de las fuerzas reformistas (PNV, PSOE, fundamentalmente), de su incidencia social, el no tener en cuenta las distintas fracciones de la oligarquía, y la falta de previsión de que pudiera producirse una transición del franquismo a la democracia burguesa sin ruptura democrática y dirigida por un sector de la oligarquía.
La ponencia de Otsagabia analizaba correctamente lo que estaba en juego y las diferencias entre el franquismo y la democracia burguesa ("cambiar la dominación basada en la coacción física por una dominación basada en el consetimiento"), pero contenia un gran vacio sobre la linea politica a desarrollar  durante el complejo proceso de transicion.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

que bien que todo termino en el exitazo mayor que se ha conocido en la historia del pueblo trabajador vasco: el PSE-EE.

Anónimo dijo...

El camino a la revolución socialista no es rectilineo, tiene avances y retrocesos, sino diselo a Sortu que han llegado a las mismas conclusiones que EE pero 40 años más tarde. hay que ser brutico!!

ARANZADI PUBLICACIONEZ dijo...

Los que fundamos EE: ES, EK, EIA y otro si llegamos a saber que acabará 40 años antes en el PSE nos vamos a la IA directamente en 1977.