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14 diciembre 2015

Unas breves notas sobre la contrarrevolución en Albania (1989-1997). Gazeta de antropologia ml

tomado de Gazeta de antropologia ML.

En el Partido del Trabajo de Albania y su Poder soviético, las alabanzas a Hoxha tanto desde su comprensión y afinidad de principios como desde la táctica de ensalzamiento jruhchovista que tanto Stalin como el mismo Hoxha sufriesen y denunciasen (sin frutos aparentes, como se ve en Ramiz Alia, que encarnaba a Jrushchov, Tito, Gorbachev y demás fauna farsante en una misma persona), se daban cita con cierta facilidad. Aprovechaban el carácter heróico de Hoxha para esconder la teoría marxista-leninista sobre que la historia la hacen las masas y no tanto los “héroes”. La usaron para castrar su obra revolucionaria una vez muertos ambos casos. Se nota quienes lo admiraban (citaban de Hoxha o Stalin, según el caso), y quienes lo adulaban desde el oportunismo con la finalidad castrante que expone Lenin al comienzo de “El Estado y la revolución”. Éstos últimos elementos sólo lo mencionaban (a Hoxha, en nuestro caso particular) para ocultarse, sin citar nada del autor relacionado al tema tratado en los informes. Esto es patente en los informes clave de este proceso; 1986 y 1990.
Ocurre en 1985 que Enver Hoxha muere. Desde entonces hasta 1998, la total restauración del capitalismo no fue patente. Desde 1989 hasta 1998 (cuando se ratifica la nueva ley máxima: en 1991 había sustituido a la constitución socialista de 1976 con un “borrador provisional” de dudosa legalidad), Albania fue un país revisionista (el último en pie quizás sin contar a Yugoslavia, desmembrada como tal a principios de los dos mil, pero que llevaba la trayectoria revisionista más larga de todas  -1948 hasta 1999-). Los acontecimientos se aceleraron debido a la guerra civil de 1997. Ésta fue el intento de un pueblo descabezado de su vanguardia organizada (recordemos que en el período revisionista, grandes marxistas-leninistas como Nexhmije Hoxha fueron encarcelados sin miramientos) para atacar a un proceso revisionista que había acabado con la paciencia alienada de ésta gente, alienación producida por los impostores enmascarados como comunistas que aprovecharon la muerte de Enver Hoxha para propagar el pillaje más sanguinario.
La época de 1985 hasta 1989 es una época de cambios revisionistas muy paulatinos introducidos por el verdugo Ramiz Alia (que encontró tremenda fortuna al librarse por un pelo de las purgas marxista-leninistas de los 70 tardíos) gracias al camuflaje de una serie de intelectuales revisionistas como Fatos Nanos, el mismo Ramiz Alia, Sali Berisha, Gramoz Ruçi, etc…
De hecho, hasta 1987 (a raíz del IX Congreso del P.T.A. en 1986) no hay indicios de cambios serios contra la dictadura del proletariado; sólo se dieron los adormecimientos que ocurriesen en la U.R.S.S. tras la guerra mundial por saboteadores que ocultaban la verdad al pueblo y a los grandes marxistas (Stalin y Hoxha respectivamente), al mediar entre ellos como organismos opacos. La Guerra adormeció en el caso soviético la capacidad autocrítica del pueblo para denunciar desde los sóviets a los revisionistas; reinaba la falsa calma de que “todo iba bien”. En Albania algo similar pasó tras la muerte de Enver Hoxha: se intentaba embriagar al pueblo con esa idea antes entrecomillada al levantar impresionantes estatuas a Hoxha (ver el principio de “El Estado y la Revolución”, de Lenin) y hacer poco más. Para ello, el aislamiento de los verdaderos marxista-leninistas fue fundamental en ambos casos, en el soviético con las “muertes misteriosas” de cuadros como Andréi Zhdánov, y en el albanés con la cantidad y dispersión concentrada de cuadros oportunistas camuflados (seguramente, vacilantes con buenas intenciones que no estaban lo suficientemente preparados, aunque dominasen teóricamente el marxismo, como ocurriese con Vulko Chevrenkov en Bulgaria), además de con la ambigüedad de los Congresos post-Hoxha, que dejaban libertad de acción a los revisionistas al dejar libertad a la malinterpretación; los Congresos eran poco concisos y en lugar de explicar las cosas, las nombraban de manera que satisficiese a “todos”. Cuando los marxista-leninistas comenzasen a confiar en que aún podrían apelar a una disciplina interna supuestamente sana para combatir posibles desviaciones claras, ya era demasiado tarde. Si no, que se lo digan a Nexhmije Hoxha, que acabó presa como muchos otros.
En el Informe de Ramiz Alia al IX Congreso del P.T.A. (1986) se apeló de manera no marxista a la “necesaria unidad monolítica del pueblo en torno a su dirección del Partido”, sin aclarar que ésta debía ejercerse en las organizaciones de masas, por el debate entre vanguardia y masas organizadas, siguiendo los principios establecidos por Stalin en base a Marx, Engels y Lenin, y seguidos por Hoxha, que quedasen aclarados en “Cuestiones del leninismo”, de 1926. Se resumen superficialmente en que nada puede hacer el Partido obligando a las masas, sino convenciéndolas, etc… Nada de ésto se apunta en el ambiguo informe de Alia.
La forma que tomó la contrarrevolución albanesa, donde no hubo tiempo de generar teorías revisionistas aplicables paulatinamente por tanto tiempo como en la U.R.S.S. y el resto de ejemplos contrarrevolucionarios, demuestra que el camino era mucho más empinado para los oportunistas que intentaban destruir la revolución (intentos teóricos anti-marxistas hubiesen sido combatidos si se presentasen como lo hiciese Jrushchov en la URSS). La justa línea marxista-leninista se hizo notar como un enemigo contra el que Alia necesitase la intervención de la OTAN en 1997 para “poner paz” a la manera imperialista.
En 1991 se produjo la transformación definitiva del P.T.A. en el abiertamente burgués P.S.A. Ésta estuvo acompañada del fin del VIII Plan Quinquenal (1986-1991), que aunque no era abiertamente revisionista, no produciría más que un estancamiento infligido por la directiva revisionista entonces a la cabeza, que, aunque no consiguiese acabar con el socialismo, lo debilitó para el golpe final. Fue algo así como el periodo de no cumplimiento de las tesis del XIX Congreso del P.C.U.S. de 1952, ya a los dos años de su puesta a punto (en 1954). No se produjo ningún adelanto, y ésto, para el socialismo, cuando no hay una representación clara marxista-leninista en el Partido y no existe un fuerte poder soviético que ejerza como algo común todas las facetas del centralismo democrático, es un golpe demoledor. ¿No había centralismo democrático en el P.T.A.? Sí, lo había. Pero ya vemos que tardaron poco los secuaces de Alia en apelar a adormecerlo; “seguid siempre nuestra estela, sin que os demostremos lo cierta que es”, decían en el informe de 1986 implícitamente.
Lo que sí que ocurrió en el período 1986-1991 fueron grandes revisiones organizativas (sobre todo a raíz de 1990, cuando al parecer las presiones de los revisionistas a su cabecilla Alia resultaron demasiado fuertes para este y comenzaron a realizarse auténticas “jrushchovadas” en temas organizativos), especialmente al final del mismo período, desde 1989 (cuando aparecen los últimos grandes textos marxistas de la gente del Partido) hasta la fecha de culmen.
Ahora bien. ¿Por qué se esperó hasta 1997 para la revuelta popular? Porque la reorganización de un Partido de vanguardia en tales condiciones de suma dureza no es nada rápido. A los mismos albaneses les tomó desde 1938 hasta 1944 construir el primer Partido, el P.C.A. Además, muchos de los grandes marxistas de mayor edad, como Nexhmije Hoxha, se liberaron en 1995 de la prisión. Eso deja un margen de dos años, cuando los acontecimientos explotaron por una crisis capitalista en la Albania oportunista de entonces (1989-1997). Mientras que el pueblo no había estallado, la confusión y aislamiento de los marxistas que quedaron debía de haber sido digna de verse. Ante tal situación no es de extrañar que cuando el pueblo clamaba contra los traidores en 1997, el destacamento de vanguardia del mismo estuviese aún inmaduro e incapacitado para otra cosa más que para ser disuelto por las fuerzas del nuevo Estado burgués. El pueblo albanés se vio sumido desde entonces en una gran crisis casi continua, que intentó paliarse con los acontecimientos chovinistas de Kosovo, etc… Hoy, la más que dominante dirección revisionista del movimiento obrero posterior, a cargo del nuevo P.C.A., que se traicionó a sí mismo con el paso de los años, y que lo ha convertido en un simple abanderado del nacionalismo, hace que el pueblo albanés siga desorganizado.
EL DOCUMENTO CLAVE, EL DISCURSO DE RAMIZ ALIA ANTE EL DÉCIMO PLENO DEL PARTIDO EN 1990.
Se hace gala de los últimos grandes ataques contra la sociedad socialista:
a) Fusión del Partido y los colectivos de masas, algo inaceptable porque genera un régimen burocrático en lugar de luchar contra ésto y además desorganiza a la vanguardia, a los elementos avanzados de la clase obrera y el pueblo, y presupone que si la fusión es necesaria para darse debate con las masas, éste no se produce en las organizaciones de gobierno: éstas han dejado de ser soviéticas para convertirse en burocráticas.
“El noveno pleno reflejó claramente el espíritu militante y anti-burocrático de nuestro Partido. La celebración de reuniones abiertas en las organizaciones de base con la libre participación de los miembros de los colectivos ha situado la actividad de dichas organizaciones de base y de todos los comunistas bajo el control directo de las masas: se ha enarbolado el papel creativo del pueblo trabajador al planificar las directrices para el desarrollo, y se ha fortalecido la unidad del Partido con el pueblo” (Ramiz Alia, op. cit., p. 5).
Subrayamos esas “reuniones abiertas” que sólo significa lo que hemos citado anteriormente: se anula el rol de vanguardia del Partido y se funde éste con las organizaciones de masas. ¡Es el partido el que acude a las organizaciones de masas pero no viceversa, pues ésto último ocasionaría la pérdida de la vanguardia proletaria y el descabezamiento de la revolución! Así lo han expuesto los clásicos del marxismo, pero Alia, tomado su nombre, viola su obra.
b) La sabandija de Alia sigue envileciendo la memoria de Hoxha al utilizar la lucha antiburocrática desde el marxismo-leninismo que éste realizase, de nuevo sin recaer más que en su nombre y no en los procesos, para encubrir la opuesta y supuesta lucha que Alia lideraría en los 90 bajo esa misma denominación. Al parecer lo tenía todo estudiado, este maldito revisionista.
c) Se hace un llamamiento a la “autogestión” y a la descentralización de las unidades productivas, cuyo paso previo es abandonar la “propiedad estatal”, que era de los sóviets, para hacerla “de todo el pueblo” y alejar a los sóviets y su organización de la del Estado, quedando éste en manos de una burocracia partisana que podía hacer lo que quisiese, contra la situación marxista-leninista en que la dirección del partido no podría por más que hacerse mediante el debate con las masas en sus organizaciones, que constituían la base del Estado.
“El décimo pleno del C.C. es una profundización del trabajo que hiciésemos en el noveno pleno. El objetivo principal de la reunión era debatir medidas para la mejora del mecanismo económico. La esencia de éstas medidas, como el camarada Adil [1] señaló muy correctamente en el informe que recitó, es el fortalecimiento de la eficiencia económica; la creación de condiciones para la auto-financiación de las empresas, para la participación de su pueblo trabajador en la distribución de los beneficios que obtengan en exceso del plan [en lugar de acumularlos para mejorar prestaciones de acuerdo a éste plan; ademas de que todo lo dicho hasta ahora precisa, para ir a “buen puerto”, a un puerto capitalista, de las medidas burocráticas antes citadas – A. So.], para el establecimiento de relaciones, requeridas por el tiempo, entre el centralismo y las competencias de las bases durante el esbozo y el rendimiento de los planes; para incrementar el papel de los métodos económicos de mercado, atrayendo a los precios hasta los valores [si bien Stalin y Hoxha dejaban claro que para que la colectivización triunfase, éstos precios debían de ser menores a los valores, v. Stalin, “Problemas económicos del socialismo en la U.R.S.S.” – A. So.].” (Ramiz Alia, op. cit., p. 13).
d) Se dice que las decisiones (por ejemplo) de los campesinos sobre los presupuestos deben ser tomadas por ellos mismos sin el Partido, lo que es de un antimarxismo impresionante. ¡Y que ésta sabandija liberal hable de erradicar el liberalismo y seguir los planteamientos del camarada Enver en el mismo informe en el que nos cuenta semejantes paridas!
“Para resolver la cuestión de los suministros, que es la mayor preocupación del Partido para satisfacer las necesidades del pueblo, la decisión que tomamos en este pleno en relación a la parcela personal [de cada campesino cooperativista – A. So.] tiene una gran importancia. Hay que dejar al campesinado cooperativista considerar y decidir por ellos mismos en cada aldea cómo el problema de los suministros debe ser resuelto. Dondequiera que ellos decidan que la parcela colectiva debería mantenerse, que se les deje proceder en éste camino. […] En éste caso, sin embargo, se deben tomar medidas para fortalecer las pequeñas parcelas. Si un camepsino decide que quedarse una vaca para su usufructo personal es más productivo, que la cooperativa les deje hacer. En éste caso, se les podría pagar en especie con el stock de las cooperativas, o éste stock podría ser comprado a aquéllos miembros que aún no han llevado a cabo la colectivización de sus productos. Ahora, en tanto a las granjas estatales [sovjóses en la U.R.S.S. -A. So.], ahí sus suministros deberían de ser asegurados […] solo mediante las pequeñas parcelas.” (Ramiz Alia, op. cit., pp. 24-25).
O sea que si alguien quería aprovecharse del usufructo colectivo, se le debería dejar hacerlo si era más “efectivo” (querría decir rentable, lo que significa el imperio no restringido de la ley del valor), y que el Partido en éstas decisiones no tenía “por qué inmiscuirse”. Así se garantiza que la colectivización, tras paralizada con el Plan de 1986, se echase atrás.
e) Se creó un más que sospechoso “Instituto de la rehabilitación” ese mismo 1990, lo que explicaría la facilidad con que, desde entonces, el Partido cayese en la desgracia oportunista, llenándose de sabandijas que ayudaron a Ramiz Alia a aislar a los marxistas-leninistas serios.
f) Hay una declaración más o menos normalita (para salir del paso) contra los ejemplos de países revisionistas, pero no pueden ser vistos más que como una distracción ante lo que el mismo Alia estaba proyectando dentro de Albania.
g) Se juega y coquetea con el planteamiento revisionista de que la dictadura del proletariado sólo persiste hasta que dejan de existir las clases antagónicas. (p. 38-39).
h) Se juega con el nacionalismo. Se habla del “ideal democrático de todos los albaneses” y no de la lucha de clases (p. 40).
i) ¡Se llama a colaborar con la C.E.E. (Comunidad Económica Europea)!
“Para llevar a cabo las decisiones del IXº pleno nuestros órganos estatales deben actuar en dirección el Mercado Común Europeo. Se ha creado, en Europa occidental, una comunidad de Estados en la cuál no sólo asuntos económicos sino políticos están siendo unificados. Ésta comunidad es una realidad bien reconocida en todo el mundo. El establecimiento de lazos diplomáticos [no sólo comerciales -A. So.] y contactos con ésta servirá a nuestros intereses políticos y económicos, y así incrementará la cooperación entre sus miembros individuales y nosotros, la cuál ya se ha convertido en una práctica útil”. (Ramiz Alia, op. cit., p. 45).
Si a ésto le sumamos que las medidas pro- imperio de la ley del valor de fronteras para adentro estaban siendo acometidas sin miramientos, podemos entender la deuda que Albania contrajo con el bloque imperialista norteamericano-británico, cuyos fines se vieron en los actos cordiales con el gobierno norteamericano en Kosovo.
j) Defensa de la coexistencia pacífica de tipo jrushchovista (p.48-49).
k) En vistas a lo anterior, se llama a normalizar relaciones con Yugoslavia (!) entre otros.
“Y en lo que se refiere a la República Popular Socialista de Albania, se ha aclarado frecuentemente que está preparada para ha lar con Yugoslavia para la completa normalización de las relaciones entre ambos países, así como sobre otros problemas que pueden ser de interés por ambas partes, procediéndose desde los intereses de la buena vecindad, seguridad en la región, y paz en general. Nuestro país otorga una gran importancia al asunto de la cooperación entre los Estados balcánicos […]. Éste año, la reunión entre representantes de los Estados balcánicos será celebrada en Tirana. Haremos todo lo posible porque ésta reunión sirva como punto de inflexión para el fortalecimiento de la buena vecindad y relaciones fraternales entre nuestros países” (Ramiz Alia, op. cit., p. 50).
La aprobación de éstas medidas revisionistas y otras más, para la que seguramente se contó con el aislamiento de los cuadros marxista-leninistas y además con la destrucción de facto de la crítica desde abajo hacia arriba en plenos extraordinarios, etc…, fue fundamental para comprender lo que llevamos diciendo a lo largo del todo el documento. Los recovecos de éste período histórico serán alumbrados por la investigación científica de los marxistas-leninistas en éste tema tan importante para conocer las formas que toma la contrarrevoluición burguesa.
LAS PROTESTAS DE 1997 Y LA GUERRA CIVIL
·En 1992, con la creación del sistema multipartidista de manera provisional y el creciente descontento con Ramiz Alia, provocan el triunfo de otro revisionista del ex- P.T.A., que había fundado el llamado “movimiento democrático”; Sali Berisha. El pueblo, descontento con la restauración capitalista, no estallaría hasta cuando no lo hiciese la crisis económica, cinco años después.
·El P.C.A. era demasiado débil y muchas de las organizaciones protestantes acabaron siendo simples mafias anarquistas, etc… En las organizaciones que buenamente se pudieron crear para hacer frente al gobierno (las cuáles por la razón aducida no eran un restablecimiento de la dictadura del proletariado, aunque muchos de los manifestantes estuviesen ahí por su respeto a Enver Hoxha), el P.S.A. no tardó en hacer entrismo para, como un menchevique, ganarse a las masas y evitar que éstas luchasen por la transformación de la protesta en revolución (garantizada si el P.C.A. hubiese afianzado su dirección de las mismas).
·Más información para contrastar:
NOTAS:
[1] Adil Çarçani, primer ministro de la Asamblea Popular Suprema desde 1982 hasta 1991 aproximadamente, que fue conocido por su informe titoísta al IX Pleno del C.C. sobre el cuál Alia hace la referencia en su informe. Fue uno de los revisionistas de la camarilla de Ramiz Alia que más tarde sirvieron de cabeza de turco para los juicios a miembros del ex-P.T.A., para encubrir condenas a eminentes marxistas como Nexhmije Hoxha, metiéndolos en un mismo saco. Algo similar había pasado en la U.R.S.S. con Beria, por ejemplo.
BIBLIOGRAFÍA:
Informe al IX Congreso del P.T.A. por Ramiz Alia, 1986 (en inglés):
Discurso en el Xº Pleno del CC del P.T.A., por Ramiz Alia, 1990 (en inglés):

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